* «Me gusta una Iglesia italiana inquieta, cada vez más cercana a los abandonados, a los olvidados, a los imperfectos. Anhelo una Iglesia alegre con rostro de mamá, que comprende, acompaña, acaricia. Sueñen también ustedes esta Iglesia, crean en ella, innoven con libertad. El humanismo cristiano que están llamados a vivir afirma radicalmente la dignidad de toda persona como Hijo de Dios»
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