* «Pablo reconoce nuestra vulnerabilidad: ‘Padecemos tribulaciones, pero no estamos aplastados’. No aplastados, porque el poder de Dios nos salva. ‘Estamos trastornados’ – reconoce – ‘pero no desesperados’. Hay algo de Dios que nos da esperanza. Somos perseguidos, pero no abandonados; golpeados, pero no asesinados. Siempre está esta relación entre el barro y el poder, el barro y el tesoro. Nosotros tenemos un tesoro en vasijas de barro. Pero la tentación es siempre la misma: encubrir, disimular, no creer que somos barro. Esa hipocresía con nosotros mismos»
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