* «Sentí la necesidad de arrodillarme, rezar y dar gracias a Dios. El Espíritu Santo me inspiró una oración de agradecimiento, que me conmovió con lágrimas y después me hizo rendirme. Allí mismo me entregué a Dios, con mis pecados, mi desempleo, mi esposa, mis hijos, mis preocupaciones. De rodillas en la tierra, el polvo del que fui creado, me rendí a Dios, a Jesús»
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