miércoles, 27 de mayo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 27-5-2026: «Exhorto a todos y a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia»

* «Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a ‘una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia’, se lleve a cabo ‘después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes’ (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por  ‘una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral’ (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Sigo con preocupación la guerra en Ucrania, que se ha intensificado significativamente en los últimos días. Deseo expresar mi solidaridad con quienes sufren los recientes ataques, incluidos los perpetrados contra civiles. La guerra no resuelve los problemas, sino que los agrava; no crea seguridad, sino que multiplica el sufrimiento y el odio. Donde caen misiles y drones, también caen las esperanzas, se destruyen hogares y lugares de culto, se pierden vidas inocentes. Encomiendo a todos los pueblos heridos por la guerra a la protección de la Virgen María, Reina de la Paz»

 

27 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial”, ha dicho el Santo Padre León XIV al reflexionar en su catequesis de hoy sobre la continuidad magisterial en la reforma litúrgica, en la plaza de San Pedro ante decenas de miles de fieles.


León XIV ha destacado la necesidad de adaptar las formas rituales a las exigencias de los tiempos sin perder la tradición. El Papa ha explicado que, con el fin de favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establece una fórmula muy eficaz que marca la dirección a seguir para el futuro. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 27 de mayo de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 2. La reforma de la liturgia: tradición y desarrollo



Queridos hermanos y hermanas:

En la Encíclica Mediator Dei, el Venerable Pío XII escribe que «la Iglesia, en realidad, es un organismo vivo, y por eso crece y se desarrolla también en lo que toca a la sagrada liturgia, adaptándose a las circunstancias y a las exigencias que se presentan en el transcurso del tiempo y acomodándose a ellas» (I,V).

En plena continuidad con este principio, el Concilio Vaticano II en el Proemio de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) reconoce «que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia» (n. 1). De hecho, la asamblea conciliar se había reunido con el objetivo de «acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia» (ibid.).

En aquel momento histórico se advertía fuertemente la necesidad de una renovación de las formas rituales, mediante las que desde hacía siglos la Iglesia había realizado la glorificación de Dios y la santificación del pueblo cristiano. Gracias al movimiento litúrgico se había madurado la convicción, expresada posteriormente por san Juan Pablo II, de que «existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida» (Carta Dominicae Cenae, 13).

Para favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium indica, por lo tanto, con una fórmula muy eficaz la dirección a seguir: «Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso» (SC, 23).

El Papa Benedicto XVI acogió en esta declaración de intenciones el «programa de reforma» de los Padres conciliares, «en equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura» (Discurso a los participantes en el Congreso por el 50° aniversario de la fundación del Instituto litúrgico pontificio de San Anselmo, 6 de mayo de 2011).

El Concilio afirma la legitimidad de ese proceso arraigado en la auténtica Tradición, distinguiendo dentro de la liturgia «una parte que es inmutable por ser la institución divina» de «otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados» (SC, 21).

A lo largo de los siglos se han producido constantemente cambios de este tipo, con el fin de consentir a los fieles una fructuosa participación, por medio de las acciones rituales, en el ministerio pascual de Cristo, fundamento de la fe cristiana. El culto de la Iglesia, por lo tanto, se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización. Hoy es necesario renovar esta energía en continuidad con la auténtica y viva tradición católica, es decir, según una dinámica dirigida a introducir a los creyentes en la plenitud de la verdad.

Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a «una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia», se lleve a cabo «después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes» (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral» (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla.

Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy nos ilustra acerca de cómo la reforma de la Sagrada Liturgia, manifestada en la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, mientras custodia la sana tradición de la liturgia, al mismo tiempo supone un desarrollo. Por eso, con el fin de hacer crecer más la vida cristiana entre los fieles, favorecer la comunión de todos los creyentes en Cristo y fortalecer todo aquello que ayude a atraer a todos al seno de la Iglesia (cf. SC 1), la asamblea conciliar reconoció la necesidad de una adaptación a las exigencias actuales, renovando por ende las formas rituales de la Sagrada Liturgia.

Esta necesidad la podemos constatar a lo largo del caminar de la Iglesia, pues bien, el culto se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Que la liturgia, que nos ayuda a la glorificación del Señor y a nuestra propia santificación, sea siempre valorada y respetada por todos, sobre todo en la celebración de los sagrados misterios. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Sigo con preocupación la guerra en Ucrania, que se ha intensificado significativamente en los últimos días. Deseo expresar mi solidaridad con quienes sufren los recientes ataques, incluidos los perpetrados contra civiles.

La guerra no resuelve los problemas, sino que los agrava; no crea seguridad, sino que multiplica el sufrimiento y el odio. Donde caen misiles y drones, también caen las esperanzas, se destruyen hogares y lugares de culto, se pierden vidas inocentes.

Encomiendo a todos los pueblos heridos por la guerra a la protección de la Virgen María, Reina de la Paz.

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que su peregrinación a Roma, y ​​en particular a las tumbas de los Apóstoles, reavive su fe en Cristo: que Él sea la luz y el camino de su vida.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV


Fotos: Vatican Media, 27-5-2026

Sor Bernadette Moriau padecía una patología en cauda equina y su curación es el 70º milagro de Lourdes: «Era Jesús quien pasaba entre nosotros; una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’ y podía moverme»

¿Por qué yo? Sor Bernadette Moriau terminó aceptando su curación como un misterio de Dios. En la imagen, durante la entrevista que le hizo la CBS en diciembre de 2022

* «Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase… ¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!. Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante. Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez. He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma»

Camino Católico.- El 11 de febrero de 2018, festividad de la Virgen de Lourdes, el obispo de Beauvais, Noyon y Senlis, Jacques Benoit-Gonnin, se dirigió a los fieles de su diócesis para anunciarles "una hermosa gracia que el Señor ha hecho en la diócesis": la curación milagrosa de Sor Bernadette Moriau, que se convietió así en la septuagésima certificada por la exigente comisión médica de Lourdes.

Recientemente, el programa 60 Minutes de CBS News dedicó un reportaje conducido por Bill Whitaker a los milagros de Lourdes, que incluye una entrevista a Sor Bernardette y a varios médicos que analizaron el caso.



Sor Bernadette es una religiosa de 83 años, nacida cerca de Valenciennes, junto a la frontera belga. Religiosa de las Franciscanas Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús, ingresó en la congregación a los 19 años en Nantes, donde fueron fundadas a finales del siglo XIX por la Madre María Teresa de la Cruz (Sophie-Victorine Gazeau de La Brandanière, 1829-1911).


Incurable


Padecía una patología en la llamada cola de caballo o cauda equina, agrupación nerviosa en el extremo de la médula espinal fundamental para la movilidad de las extremidades inferiores y la funcionalidad de los órganos pélvicos. 


Fue operada cuatro veces de la columna vertebral, la primera en 1968 y la última en 1975. No hubo ninguna mejoría y a partir de 1988 fue quedando progresivamente inválida por las consecuencias neurológicas de su enfermedad.


En 1994 empezó a tomar morfina para paliar su dolor incapacitante. Llevaba un corsé lumbar, y además a partir del año 2000 le pusieron una sonda para orinar, dado que la parálisis le afectaba también a la vejiga.

 

En 2004 un pie se le torció a consecuencia de lo mismo, y tenía que llevar una prótesis día y noche para intentar corregirlo.


"Yo sabía que no podría mejorar", explica Sor Bernadette en un vídeo difundido entonces por la diócesis.


 


En diciembre de 2006 se trasladó desde Nantes de nuevo al norte, al departamento de L'Oise donde hoy vive, y comenzó a tratarla el doctor Christophe Fumery, quien en febrero de 2008 le propuso ir a Lourdes como enferma. "Yo había estado ya allí acompañando a otros, en la época en la que aún podía caminar, pero nunca había pensando en ir para mí", recuerda: "Pero me dije, ¿por qué no? Me llamo Bernadette [como la santa vidente, Bernadette Soubiroux], y es el 150º aniversario de las apariciones [1858], podría ser una gracia". Se apuntó para la peregrinación de julio.


"Jesús pasaba entre nosotros"


Espiritualmente fue una experiencia intensa: "Me impactó pasar por la gruta, esa presencia misteriosa de María y de la pequeña Bernadette. Realmente me impactó. Luego participé en el sacramento de la reconciliación y recibí junto a los enfermos el sacramento de la Unción, que para mí supuso una fuerza para continuar el camino”.


Luego tuvo lugar la procesión del Santísimo y la bendición de los enfermos en la basílica de San Pío X: "Realmente me impactó, porque yo estaba en una silla, no podía ir muy lejos. Era Jesús quien pasaba entre nosotros y nos bendecía por mediación de nuestro obispo. Y en mi oración sentí como una voz que me decía: ‘Estoy ahí, veo tus sufrimientos y el de tus hermanos y hermanas enfermos. Ofrécemelo todo’. Yo recé mucho por los enfermos, pero nunca había pedido mi curación, porque no se me ocurrió, pensaba que terminaría mis días así. Pero realmente sentí esa presencia de Jesús”.



Sor Bernadette Moriau, en Lourdes, junto a un sacerdote, en la peregrinación donde fue curada


El día 8 de julio regresaron: “Volví muy cansada del viaje y muy dolorida, pero realmente feliz".

Tres días después tuvo lugar el milagro.

"Es costumbre hacer una Adoración todas las semanas", explica: "El día 11 estaba en la capilla con una hermana, Sor María Albertina. La adoración era a las cinco de la tarde, y a las 17.45 reviví la experiencia de la presencia de Jesús que había vivido en la basílica, en la bendición de los enfermos. ¡Yo estaba en comunión con Lourdes, no podía ser de otra manera! Sentí un bienestar en todo mi cuerpo".


Sor Bernadette concluyó su turno de adoración y regresó a su celda: "Volví a mi habitación sobre las seis, y allí una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’. Yo, sin saber qué me pasaba, sin plantearme nada, me lo quité todo, en un acto de fe, como cuando en el Evangelio Jesús le dice al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete’. Para mi sorpresa, podía moverme. Mi pie, que estaba torcido, se recolocó. Fui a donde estaba la hermana y le dije: ‘Mira lo que me está pasando’".


La religiosa no lo dudó. Cortó el circuito de neuroestimulación que llevaba, dejó de tomar morfina de golpe y dejó de sondarse. "No tuve ningún síndrome de abstinencia de la morfina", añade.


Su conmoción personal fue intensa: "Me derrumbé, estuve llorando varios días. Me preguntaba qué me pasaba, porque no me lo podía ni imaginar". Su cuñada vio a verla y salieron de paseo por el bosque: "Anduve varios kilómetros, algo que no había podido hacer desde hacía años".


Perplejidad médica

Era un fin de semana. El lunes acudió al médico: "Llegué a las siete de la mañana, llorando, diciéndole ‘No sé qué me pasa’. Él vio el cambio. Me dijo que se sentía feliz. Me examinó y no encontró ningún signo clínico".


Al poco tiempo acudió a Nantes a una cita prevista desde hacía tiempo en la unidad del dolor: "Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase".


Sor Bernadette explica que, del mismo modo que acudió a Lourdes por indicación del doctor Fumery, fue él mismo quien se tomó "muy a pecho" lograr el reconocimiento de la curación: "Enseguida hizo un informe. Yo tenía un informe médico completo con cartas de los hospitales e historia clínica de todos los sitios por los que había pasado", que eran varios porque "en la vida religiosa se viaja, no se está siempre en el mismo lugar. Así que pude aportar todos esos documentos".


El reconocimiento


Ese dossier se envió a Lourdes el 11 de diciembre de 2008, y en julio de 2009, durante una nueva peregrinación, Sor Bernadette compareció en una gran sala ante "unas ochenta personas del mundo médico". 


Tras ser interrogada y examinada la documentación, el doctor Alessandro de Franciscis, quien ese mismo año había sido nombrado por el obispo de Tarbes y Lourdes como 15º Médico Permanente del santuario y presidente de la Oficina de Constataciones Médicas que examina cada caso de posible curación, preguntó a todos los científicos presentes y se abría o no el dossier. No hubo dudas.



El doctor Alessandro de Franciscis, desde 2009 al frente de la certificación de las curaciones extraordinarias en Lourdes. El proceso es exigente desde el punto de vista científico e incluso molesto para quien ha de pasar por él, por la multiplicación de revisiones y controles a lo largo del tiempo


"El dossier se abrió, y a partir de ahí todos los años me vieron expertos y pasé controles de todo tipo, incluso de psiquiatría", explica la religiosa: "A partir de ese momento tuve que someterme a muchos controles, porque es muy estricto. Pero al mismo tiempo ha sido una experiencia, porque he conocido gente muy comprensiva, ha sido un descubrimiento. Es cierto que hay que querer pasar por ello, y yo he querido porque la gracia que he recibido no la podía guardar para mí, significaba poder dar testimonio de las maravillas de Dios y de los beneficios de Dios".


La gran pregunta y su respuesta


Sor Bernadette vive "con emoción" el hecho de que su curación haya sido el septuagésimo milagro reconocido oficialmente en Lourdes. Pero una pregunta le rondó la cabeza desde el principio, y aún hoy: "¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!".


Pero no hay respuesta: "Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante".



Sor Bernadette Moriau en Lourdes onde ha seguido acompañando enfermos con regularidad después de su cruración milagrosa 


Y tiene claro para qué ha de servir: "Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez".


“He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma".


(Testimonio publicado originalmente  en Religión en Libertad el 12 de febrero de 2018 y actualizado posteriormente)

Álvaro Simón: «Con 7 años mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, me enamoré de una chica, hice la carrera de Historia y porque soy imperfecto, seré sacerdote, un canto a la vida de Cristo que está vivo»

Álvaro Simón, en el centro, con el sacerdote José Andrés y su sobrino, Enrique / Foto: Infomadrid

* «Quiero servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro, ayudando a sanar desde el buen humor y el acompañamiento. Desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy. Decir que Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña»

Camino Católico.- «Mi corazón barruntaba que tenía que ser del Señor, pero no sabía en qué forma». Álvaro Simón tenía 7 años cuando tuvo una experiencia particular del amor de Dios. En su familia eran creyentes, pero no de Misa, con lo que la relación que el pequeño Álvaro entabló con Dios fue en el oratorio de su colegio, los escolapios de Zaragoza. «Allí me enseñaron a rezar», una fe que empezó a vivir más en el silencio de su corazón.

Recuerda su Primera Comunión, que vivió con mucha alegría. Los años pasaron y de aquella época «doy gracias al Señor que me permitió enamorarme de una chica». Pero «en mi corazón veía que era de Dios» y percibía que era posible concretar esa pertenencia en una vida sacerdotal. De hecho, «hice la carrera de Historia sabiendo que tarde o temprano tenía que caer del guindo» dice a Infomadrid.

Álvaro Simón con el padre Laplana, un monje de Montserrat, que acompañándolo le enraizó en el Señor / Foto: Infomadrid

Entonces fue determinante el padre Laplana, un monje de Montserrat con el que Álvaro contactó a través de Facebook. El joven iba a verle a la abadía —esas «frikadas» que uno hace a veces, se ríe, igual que «por una chica eres capaz de hacer cualquier locura»— y estos encuentros marcaron «un antes y un después», porque se descubrió a sí mismo, descubrió la vida de oración y aprendió a «no tener miedo de mis sombras» y fragilidades.

En ese tejido de la historia de Álvaro, el Señor lo llevó, por un amigo común, a compartir vida con un sacerdote de Madrid y su sobrino (José Andrés y Enrique), que lo acogieron en su casa mientras estudiaba un máster en Historia de las Religiones en la Universidad Complutense de Madrid.

Álvaro Simón con monaguillos, detrás en el centro / Foto: Infomadrid

El dolor de la muerte de un padre

Fue en ese tiempo cuando se concretó su entrada en el Seminario Conciliar de Madrid. Era el curso 2019-2020. La primera generación del propedéutico y la de la pandemia. «En el verano del desconfinamiento, mi padre falleció por covid». «Pero me vio entrar en el seminario y me vio feliz». Unos comienzos «rocosos», aunque Álvaro seguía con el mismo amor a Jesús que a sus 7 años.

Ese sufrimiento que experimentó en carne propia «ha sido la asignatura que me ha preparado para acompañar el sufrimiento de los demás». Es como si pudiera decir «te entiendo y vamos a caminar juntos».

Álvaro Simón, el primero por la derecha / Foto: Infomadrid

Los años de seminario le han ayudado a Álvaro «a aceptarme como soy y a procurar ser muy humano; entré muy perfeccionista, y he descubierto que porque soy imperfecto, puedo ser sacerdote». Además de aprender a convivir y de ver el paso de Dios por la vida, también ha descubierto «el peso de las mediaciones y de dejarte ayudar». Y asegura que el seminario no es tanto hacer como responder. A una llamada. A Dios.

Álvaro hace actualmente su etapa pastoral en la parroquia San Clemente Romano de Villaverde. Como diácono, le gustaría atreverse a «servir desde lo hondo del corazón hasta lo hondo del corazón del otro», sin temer el sufrimiento, ayudando a sanar desde «el buen humor y el acompañamiento». Y como sacerdote, querría, «desde mi pobreza, ser testigo de la presencia de Dios hoy, aquí, en este Madrid». Ser «un canto a la vida en Cristo», decir que «Dios te ama, sufre, vive, disfruta, te acompaña». Que «Jesús está vivo».


Álvaro Simón compartiendo formación con jóvenes / Foto: Infomadrid

Visita del Papa

Álvaro y su curso serán los diáconos de León XIV. Se han ordenado el sábado 23 de mayo, a escasos días de la visita del Papa,  un «regalo». Además de él son ya diáconos Alfonso Blanco, Álvaro Solé y Óscar Jesús Concejal. «Poder diaconar con el Papa León» lo ve como un «signo de entregar la vida por la Iglesia», que es precisamente, concluye, lo que para él brilla en los sacerdotes.

Álvaro Solé: «Una hermanas mía murió y me alejé de la Iglesia 7 años, en un retiro espiritual me encontré con Dios, al perder el trabajo escuché en la Eucaristía el pasaje del joven rico y le dije al Señor: ‘Yo seré tu sacerdote’»

Álvaro Solé sigue su camino para ser sacerdote después de haber sido ordenado diácono / Foto: Infomadrid

* «Dios sigue llamando y sigue enviando pastores a su pueblo. Es el Señor quien ha obrado y quien me ha sostenido, puedo confiar en que seguirá sosteniéndome en este sí»

Camino Católico.- Álvaro Solé ha sido ordenado diácono este sábado, 23 de mayo, en la catedral de la Almudena junto con 9 seminaristas del Seminario Conciliar de Madrid, entre ellos Alfonso Blanco, Óscar Jesús Concejal y Álvaro Simón. Procede de una familia de ocho hermanos. Uno de ellos tiene síndrome de Down y la muerte de una de sus hermanas fue precisamente el acontecimiento que marcó su alejamiento de la Iglesia.

Retiro espiritual

Su historia comenzó hace siete años, cuando decidió entrar al seminario tras un profundo proceso de conversión iniciado en un retiro espiritual. «Yo estaba muy alejado de la Iglesia. No iba a misa, no me confesaba y no tenía vida de comunidad», recuerda en Infomadrid. Aquel encuentro con el Señor, transformó por completo su mirada y le permitió volver a reconocer la presencia de Dios en su día a día.

Después de ese momento, regresó poco a poco a la vida de la Iglesia. Comenzó a participar en un grupo de jóvenes, retomó la oración y volvió a recibir los sacramentos. «Había estado prácticamente siete años sin pisar una iglesia», explica.

Álvaro Solé, el segundo por la izquierda en la fila de detrás, con su familia / Foto: Infomadrid

«Yo seré tu sacerdote»

La pregunta vocacional apareció poco después de su conversión, aunque no fue fácil aceptarla. «La primera vez que me pregunté por qué no ser sacerdote», rechazó la idea». A los dos años, volvió una segunda vez, y «también la rechacé». Sin embargo, la insistencia del Señor fue abriendo camino en su corazón.

El momento decisivo llegó cuando Álvaro perdió su trabajo. Ese mismo día escuchó en la Eucaristía el pasaje del joven rico: «Si quieres ser perfecto, vende todos tus bienes, así tendrás un tesoro en el Cielo y luego ven y sígueme». Aquellas palabras tocaron profundamente su vida. «Por primera vez respondí que sí». Le dijo al Señor «Yo seré tu sacerdote».

Alegría y esperanza

Reconoce que aquel primer «sí» era pequeño, pero con el tiempo se ha ido fortaleciendo y madurando en el seminario. Ahora, a pocos días de su ordenación, vive este momento con gran «alegría y esperanza», apunta el futuro diácono.

También afirma que «es impresionante ver cómo todo el pueblo de Dios comparte esta alegría tan grande». En sus parroquias —San Benito Menni de Carabanchel y actualmente San Juan Evangelista, en la zona del Parque de las Avenidas— ha experimentado «el cariño y la cercanía» de tantas personas que rezan por él y le acompañan en estos momentos.

Álvaro Solé, el segundo por la derecha de los que están de pie, con sus compañeros que también han sido ordenados diáconos / Foto: Infomadrid

Apoyo de toda la Iglesia

Álvaro percibe que la alegría de la comunidad no es solo por él, sino porque «Dios sigue llamando y sigue enviando pastores a su pueblo». También agradece el apoyo recibido en el movimiento de Comunión y Liberación, del que forma parte, así como el acompañamiento de su familia, amigos y personas que han compartido «su camino de fe».

Además, señala que, durante todo este tiempo, ha visto como «es el Señor quien ha obrado y quien me ha sostenido, puedo confiar en que seguirá sosteniéndome en este sí». Y concluye agradecido por el apoyo de toda la Iglesia. «Es el pueblo de Dios quien me acompaña, reza por mí y me sostiene».

Por último, Álvaro recuerda que, durante su etapa en el seminario, conoció la noticia que su padre, Gabriel Solé, sintió también la llamada al diaconado permanente. Así, mientras Álvaro ha sido ordenado diácono transitorio el 23 de mayo, su padre recibirá la ordenación como diácono permanente el próximo 20 de junio.