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miércoles, 5 de agosto de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 5-8-2026: «Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual»

* «Para que tal deseo se haga realidad, la Liturgia de las Horas debe acogerse y vivirse cada vez más en la vida ordinaria de los bautizados y de las comunidades. A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular, a los catecúmenos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oración cristiana. Cada semana y cada día, la Eucaristía y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Espíritu Santo a través de su Cuerpo. En esta oración, Cristo ‘une a Sí la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza’ (SC, 83); así, día a día, estamos asociados cada vez más al misterio pascual y conformados a Él»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «En la conmemoración de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, pedimos a la Santísima Virgen que nos ayude a ser fieles en la oración para que Dios siempre ocupe el primer lugar en nuestras vidas... Los exhorto a todos a mantener firme la esperanza, abandonándose en las manos de Jesús, quien, con su irrevocable sacrificio de amor, nos salvó»

 

5 de agosto de 2026.- (Camino Católico).-  “La oración, como dimensión fundamental de nuestra humanidad, necesita ser redescubierta desde la verdad. En este sentido, el Papa san Pablo VI afirmó: ‘Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual’”. Así lo subraya León XIV en la quinta catequesis de la audiencia general sobre la Sacrosanctum Concilium, la Constitución que el Concilio Vaticano II dedicó a la liturgia, sobre el tema «La oración de la Iglesia».

Una audiencia celebrada hoy, 5 de agosto, tras la pausa del mes de julio, en la Basílica de San Pedro, debido al intenso calor que se registra estos días en Roma. Tras recorrer la nave central para saludar a los 5 000 fieles presentes, el Papa explica que desea detenerse en la dimensión eclesial de la oración litúrgica. Tal y como sugiere San Pablo en el pasaje de la Carta a los Efesios que se ha leído al comienzo de la catequesis, «es el Espíritu Santo quien nos enseña a orar», y lo hace morando en la Iglesia desde el día de Pentecostés. Desde entonces, recuerda el Concilio en su primer documento aprobado, «la Iglesia nunca dejó de reunirse en asamblea para celebrar el misterio pascual», leyendo las Escrituras, celebrando la Eucaristía y dando gracias a Dios «por su don inefable en Cristo Jesús».

“En nuestra época, en contextos dominados por una mentalidad eficientista y consumista, la oración puede parecer algo inútil e insignificante. En un mundo en el que la ciencia y la técnica pretenden dar todas las respuestas, orar puede parecer una forma de evasión”, reflexiona León XIV.

Incluso en «diversas familias cristianas», lamenta el Sumo Pontífice, “ya no se transmite la oración, mientras que numerosas personas corren el riesgo de confundirla con una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Basílica de San Pedro

Miércoles, 5 de agosto de 2026


Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 5. La Oración de la Iglesia

Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

En esta catequesis retomamos la reflexión sobre la Constitución conciliar sobre la liturgia Sacrosanctum Concilium (SC). Hoy nos detenemos en la dimensión eclesial de la oración litúrgica.

Como sugiere el Apóstol Pablo, es el Espíritu Santo el que nos enseña a rezar. Desde el día de Pentecostés, el Espíritu habita en la Iglesia, inspirando cada una de sus actividades y, en particular, la oración. La vida de la primera comunidad, nacida en Jerusalén después de la Pascua de Jesús es una vida en el Espíritu entregado por el Señor resucitado. «Desde entonces, – dice el Concilio – la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo “cuanto a él se refiere en toda la Escritura” (Lc., 24,27), celebrando la Eucaristía, en la cual “se hacen de nuevo presentes la victoria y el triunfo de su muerte”, y dando gracias al mismo tiempo “a Dios por el don inefable” (2 Cor., 9,15) en Cristo Jesús, “para alabar su gloria” (Ef., 1,12), por la fuerza del Espíritu Santo» (SC, 6).

En nuestro tiempo, en los contextos dominados por una mentalidad centrada en la eficiencia y en el consumismo, la oración puede parecer algo inútil e irrisorio. En un mundo donde la ciencia y la técnica pretender dar todas las respuestas, rezar puede parecer una forma de evasión. Además, incluso en muchas familias cristianas ya no se transmite la oración, mientras que numerosas personas corren el riesgo de confundirla con una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal. La oración, en cambio, en cuanto dimensión fundamental de nuestra humanidad, merece volver a ser descubierta en su verdad.

La Constitución Sacrosanctum Concilium tomó en serio esta exigencia. Y esto alegraba profundamente al Papa San Pablo VI, que, promulgando este primer documento aprobado por el Concilio Vaticano II, afirmó: «Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual» (Discurso, Basílica de San Pedro, 4 de diciembre de 1963).

En la Constitución, de hecho, el término “la oración” designa toda la liturgia. Esta perspectiva es decisiva, porque orientó la reforma litúrgica dándole como eje portante la participación activa de los fieles. La liturgia se presenta ante todo como el lugar del encuentro, de la iniciativa de Dios que se hace cercano a la humanidad en su Hijo, «el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo» (SC, 5), al que podemos responder «por Cristo, con Cristo y en Cristo, en la unidad del Espíritu Santo», es decir, gracias a la «la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre» (SC, 84).

Por eso, San Pablo VI deseaba ardientemente que la Liturgia de las Horas, es decir, la oración pública cotidiana de la Iglesia, inseparable de la Eucaristía, impregnara profundamente, reavivara, guiara y expresara toda la oración cristiana y alimentara eficazmente la vida espiritual del pueblo de Dios (cf. Const. ap. Laudis canticum).

Para que tal deseo se haga realidad, la Liturgia de las Horas debe acogerse y vivirse cada vez más en la vida ordinaria de los bautizados y de las comunidades. A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular, a los catecúmenos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oración cristiana.

Cada semana y cada día, la Eucaristía y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Espíritu Santo a través de su Cuerpo. En esta oración, Cristo «une a Sí la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza» (SC, 83); así, día a día, estamos asociados cada vez más al misterio pascual y conformados a Él.

Afirma San Agustín: «Cuando hablamos a Dios en la oración, no debemos separar de Él al Hijo; y cuando reza el cuerpo del Hijo, que no separe de sí mismo su cabeza; que sea, por lo tanto, el mismo único salvador de su cuerpo, que el Señor nuestro Jesús Resucitado, Hijo de Dios, el que reza por nosotros, que reza en nosotros y que es rezado por nosotros. Reza por nosotros como sacerdote nuestro; reza en nosotros como cabeza nuestra; le rezamos nosotros como nuestro Dios. Reconocemos, entonces, en él nuestra voz y su voz en nosotros» (Enarr. in psalmum LXXXV: PL 37, 1081).

Vinculada a la Eucaristía, cuya luz prolonga, la Liturgia de las Horas santifica el tiempo de nuestra vida cotidiana: por la mañana, empezamos el día con alegría y gratitud; a mediodía, pedimos la fuerza de la fidelidad en medio de la fatiga; por la tarde, una vez terminado el trabajo, las Vísperas acompañan en momento del atardecer; por la noche, nos dormimos encomendándonos a la paz de Dios. Cada hora es un acto de esperanza: durante nuestra peregrinación terrenal velamos con toda la Iglesia esperando el regreso glorioso del Señor.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Retomamos hoy las catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, centrándonos en la dimensión eclesial de la oración litúrgica. La oración, como dimensión fundamental de nuestra humanidad, necesita ser redescubierta desde la verdad. En este sentido, el Papa san Pablo VI afirmó: «Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual» (Discurso, Basílica de San Pedro, 4 diciembre 1963).

El Pontífice, de feliz memoria, deseaba que la Liturgia de las Horas, que es inseparable de la Eucaristía, penetrara y orientara profundamente toda la oración cristiana, alimentando así la vida espiritual de todo el Pueblo de Dios (cf. Cost. ap. Laudis Canticum). A este respecto, podemos afirmar que la Eucaristía y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Espíritu Santo por todo su Cuerpo.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a valorar la Eucaristía y la Liturgia de las Horas como grandes tesoros milenarios de la Iglesia, y que, a través de nuestro amor a ellas, podamos día a día ir santificando nuestras vidas. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Hoy, en la conmemoración de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, pedimos a la Santísima Virgen que nos ayude a ser fieles en la oración para que Dios siempre ocupe el primer lugar en nuestras vidas.

Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Los exhorto a todos a mantener firme la esperanza, abandonándose en las manos de Jesús, quien, con su irrevocable sacrificio de amor, nos salvó.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 5-8-2026

Emilio Ferrando: «Llevaba 35 años alejado de Dios y tuve una vida de éxito, pero todo se desmoronó; era adicto a la cocaína e intenté suicidarme; mi cuñado me trajo a Medjugorje engañado, conocí a Dios y dejé la adicción»

Emilio Ferrando fue para tres días a Medjugorje y lleva viviendo allí ahora hace doce años y medio desde su conversión

* «El Señor lo encajó todo para que entrase en la iglesia de Santiago Apóstol en Medjugorje. Cuando lo hice, tras más de 20 años adicto, mi problema con las drogas se acabó de golpe: nunca tuve síndrome de abstinencia y el Señor me libró de la droga en ese mismo momento… Me encontré con un sacerdote croata que hablaba español y me acabé confesando con él. Fue mi resurrección: lo primero que hice al volver fue hacer las paces con mi familia, contarles mi problema y confesé que lo único en lo que pensaba era en volver: tenía que regresar solo»

Vídeo del testimonio de Emilio Ferrando en 2016 en H.M. Televisión  

Camino Católico.- Cuando Emilio Ferrando tenía 13 años, la muerte de su padre fue traumática para toda la familia. Se adentró precozmente "en un infierno" en el que la droga se apoderó de su vida durante décadas. Un día, iba a saltar por la ventana cuando su perro lo impidió. Pronto supo que Dios y la Virgen María querían devolverle a la vida. Él, doce años y medio después lo resume así: "Llevaba 35 años alejado de Dios. Tuve una vida de éxito, pero todo se desmoronó. Era adicto a la cocaína. Tuve un intento de suicidio. Mi cuñado me trajo a Medjugorje engañado”.

La muerte del padre y el alejamiento de Dios

Tenía 13 años y su padre, un prestigioso arquitecto, acababa de inaugurar la Obra Social de la Caixa, en Madrid. Era Navidad, y volvía junto a su familia en Valencia cuando tuvo un mortal accidente de tráfico.

"Mi vida cambió en cuestión de 1 segundo. Mi madre pasó de ser ama de casa con 42 años y 8 hijos a dirigir una empresa de más de 70 trabajadores. Su muerte fue traumática, no entendía nada. No es lo mismo que una enfermedad, que te da tiempo a despedirte de él. No lo acepté y saqué a Dios de mi vida y dejé de ir a misa", explica.

El hecho de que su colegio fuese católico no era obstáculo para que un verdadero alijo de drogas fuese una de las principales distracciones en la hora del descanso. "Con 14 años empecé a tener mis primeros flirteos con la droga, tenía una compañera de 15 que en vez de tomarse `el típico bocata se fumaba dos porros en media hora".

 Emilio Ferrando en la adolescencia cuando se alejó de Dios

La doble vida y la adicción

Emilio no tardó en seguir a su compañera. Empezó a fumar porros con ella, "iba a clase colocado" y todo empezó a complicarse. Eran los años 80, tiempos de la "ruta del bakalao" y la movida, y Emilio seguía en el colegio cuando empezó a experimentar con drogas químicas, mescalina y ácidos "para poder estar hasta 72 horas sin parar".

Cuando viajó a Nueva York, su "Sodoma y Gomorra particular", el joven se sumergió "en una vorágine de promiscuidad sexual" y drogas en la que el LSD la heroína y otras drogas psicodélicas eran parte de su día a día. "Al principio las utilizaba para divertirme pero llegado un momento, se apoderaron de mi vida", afirma.

Pero Emilio siempre pudo mantener "una doble vida" con su familia y un trabajo de éxito sin que se viesen afectados. "Tenía un cargo de responsabilidad en una multinacional americana, ganaba muchísimo dinero y compraba lo más caro", explica.

Ese puesto le permitía tener una vida "absolutamente superficial". Podía irse a Ibiza y gastar 6000 euros en un fin de semana, yendo a fiestas "con gente muy importante de Madrid donde todo el mundo consumía, daba igual del partido político que fuesen".

Pero la droga tuvo consecuencias. "Empecé a tener problemas de comunicación, dejé de salir y relacionarme, un camello me traía la droga a casa y me ponía `hasta las cejas´", admite.

El dinero también comenzó a ser un problema, ya que "si lo primero que haces al despertarte es meterte una raya y consumes 2 o 3 gramos al día, las consecuencias económicas son enormes".

Emilio aún podía compaginar su adicción con un buen nivel de vida cuando empezó a tener graves problemas de salud, contrajo hepatitis c y le tuvieron que ingresar sucesivamente en multitud de hospitales.

Emilio Ferrando con la imagen de la Virgen en Mejugorje

El desmoronamiento y el intento de suicidio 

En 2008, Emilio estaba cerca de tocar fondo. "Era la crisis, había dejado la multinacional y me costaba encontrar trabajo", explica.

Durante un tiempo pudo emprender y comenzar sus propios proyectos, pero los costes de su adicción comenzaban a ser insostenibles: "Empecé a tener problemas económicos, impagos de la hipoteca, el banco se me echó encima y perdí la casa. Estaba arruinado".

Emilio cuenta que en ese momento su vida no tenía ningún sentido, tenía a "todo el mundo encima" y la relación con su familia estaba prácticamente rota. Con el último dinero que le quedaba compró 5 gramos de cocaína y empezó "a esnifar una raya detrás de otra". Tenía que estar muy drogado para lo que iba a hacer.

Emilio abrió la ventana de su balcón, se preparó para coger carrerilla y lo único en lo que podía pensar era en el tiempo que iban a tardar en desatar a su mascota. "Cuando iba a lanzarme para suicidarme, mi perro empezó a ladrar, se puso delante de mí y me empujó hacia atrás sobre sus dos patas. Le abracé y entendí que Dios le había utilizado para que no lo hiciese", explica.

La transformación en Medjugorje

El mismo día, cuenta Emilio años después, su cuñado soñó que debía llevarle a Medjugorje y para lograrlo le ofreció un puesto en su empresa con la condición de que le acompañase.

"Siempre dije que fue un complot familiar en el que todos sabían a dónde iba menos yo, y cómo última esperanza de mi familia, decidieron enviarme a Medjugorje", comenta.

Nada más llegar, Emilio solo quería dar marcha atrás, volver a su casa y abandonar "aquel pueblo frío y oscuro, pero solo tenía 1 euro en el bolsillo y dependía completamente de mi cuñado".

Tras 25 años metido en las drogas, hostil a la fe desde grupos de extrema izquierda y abortistas y con "una vida precoz en todo", Emilio comenzó su viaje pensando que "era el peor caso para ir a Medjugorje".

Sin embargo, lo que ocurrió al llegar le mostró lo equivocado que estaba. "El Señor lo encajó todo para que entrase en la iglesia de Santiago Apóstol. Cuando lo hice, tras más de 20 años adicto, mi problema con las drogas se acabó de golpe: nunca tuve síndrome de abstinencia y el Señor me libró de la droga en ese mismo momento", relata.

Pasado el tiempo, Emilio cuenta que de no haberse confesado su vida no habría sido la misma. Pero entonces no lo sabía, y en un principio se negó a ponerse de rodillas tras 35 años de oscuridad y de pecado.

"Me encontré con un sacerdote croata que hablaba español y me acabé confesando con él", explica. "Fue mi resurrección: lo primero que hice al volver fue hacer las paces con mi familia, contarles mi problema y confesé que lo único en lo que pensaba era en volver: tenía que regresar solo", explica.

Pero esta vez volvería solo y sin límite de tiempo, y lo primero que hizo al volver fue visitar la estatua blanca de la virgen. "Me puse de rodillas y le dije: `Me han dicho que eres madre. Si eres madre de todos, también eres mi madre. No sé cómo encontrar sentido a mi vida ni cómo llegar a tu hijo, pero si eres madre me tienes que ayudar a llegar a tu hijo y conocerle´".

Sus palabras fueron escuchadas. Emilio comenzó a trabajar en la delegación de Radio María de Medjugorje y la Virgen le ayudó "a conocer a su hijo. Yo se lo pedí, ella lo ha hecho y me ha hecho un hombre nuevo", afirma.

Pasado el tiempo Emilio comenzó a organizar peregrinaciones para visitar el centro de apariciones, y una de sus conocidas le confesó que siempre ponía su ejemplo cuando le preguntaban por Medjugorje. "Cuando intento explicar qué es, enseño una foto tuya del primer día que viniste y otra con tu cara sonriente y tus ojos diferentes de los últimos días: eso es Medjugorje".

Emilio fue para tres días a Medjugorje. Doce años y medio después, continúa viviendo en la localidad bosnia, que es lugar de peregrinación de millones de católicos de todo el mundo. “No tenía ni idea de lo que era Medjugorje. Llevaba 35 años alejado de Dios y de la fe”, reconoce.

Magda en una confesión volvió al Señor que obró milagrosamente para que pudiera tener 4 hijos por intercesión del Beato Honorato de Biała: «Antes de conocer a Dios, vivía con miedo; he aprendido a confiarle todo»

Magda, su esposo Zenón y sus cuatro hijos / Foto: Archivo Własne - Aleteia

* «En el hospital, mientras lloraba y estaba aterrorizada, una enfermera me preguntó si podía rezar por mi. Fue entonces cuando Dios nos ayudó. Una paz inmensa me invadió. Comprendí que Dios estaba con nosotros. Esta confianza me trae una paz profunda. Sé que Dios siempre vela por nosotros»

Camino Católico.- Durante su primer embarazo, los médicos le dijeron a Magdalena que una grave enfermedad genética representaba un riesgo mortal tanto para ella como para su bebé. También le aconsejaron que no volviera a embarazarse. Sin embargo, más de veinte años después, Magda es madre de cuatro hijos.

Consagrada a la Virgen María desde niña por su madre, Magda creció en la fe en Polonia. En su adolescencia, la lectura de un libro sobre las almas del purgatorio impactó profundamente su vida espiritual. Sin embargo, durante la secundaria y luego en la universidad, se fue alejando gradualmente de la Iglesia y los sacramentos, atraída por las fiestas con sus amigos. Durante este tiempo, su familia continuó orando por ella y por su conversión, hasta que un día, su parroquia recibió una imagen del Señor de la Misericordia. Al verla, Magda sintió de repente el deseo de confesarse. Así fue como regresó a la fe. 

Durante la Jornada Mundial de la Juventud en Roma en el año 2000, se dio cuenta de que se podía amar la música rock, como ella, y aun así vivir la fe plenamente. Entonces se unió al movimiento Renovación en el Espíritu Santo, asistió a varios retiros y pronto conoció a Zenón, un joven creyente apasionado por la música, de quien se enamoró y con quien se casó en 2003.

Un diagnóstico impactante y la ayuda del beato Honorato de Biała Podlaska

Magda quedó embarazada de su primer hijo. Pero apenas ocho semanas después, un fuerte dolor en la pierna izquierda reveló una trombosis masiva. Los médicos descubrieron entonces que padecía trombofilia hereditaria grave. El diagnóstico fue alarmante: tanto un parto natural como una cesárea presentaban grandes riesgos para la madre y el bebé.

“En el hospital, mientras lloraba y estaba aterrorizada, una enfermera me preguntó si podía rezar por mi. Fue entonces cuando Dios nos ayudó. Una paz inmensa me invadió. Comprendí que Dios estaba con nosotros", recuerda a Dorota Niedźwiecka en Aleteia. La enfermera también le dio una oración por su hijo, que recitó durante todo su embarazo.



Magda y su esposo Zenón / Foto: Archivo Własne - Aleteia

En su octavo mes de embarazo, un amigo jesuita le aconsejó que encomendara a su hija al beato Honorato de Biała Podlaska en su festividad. Este frailencontrarmee capuchino polaco luchó por la independencia de Polonia en el siglo XIX y fundó 27 congregaciones y comunidades religiosas que trabajaron para preservar la fe y ayudar a los perseguidos. El beato también se distinguió como un eficaz intercesor en las dificultades familiares. Magda comenzó entonces a rezarle junto a su esposo y, contra todo pronóstico, el parto transcurrió sin mayores complicaciones. Su hija, Ania, nació sana.

Una nueva prueba y una recuperación inesperada

Los médicos recomendaron esperar antes de considerar otro embarazo. La pareja entonces consideró la adopción. Pero antes incluso de iniciar el proceso, Magda descubrió que estaba embarazada de nuevo. "Nos enteramos en un día simbólico: Nochebuena. Comprendimos que este hijo tan deseado era un regalo de Dios", relata Magda. En su octavo mes, Magda comenzó a sentir dolores de espalda y de costado. Mientras buscaba un lugar tranquilo para rezar, entró en una iglesia capuchina y se encontró cara a cara con el retrato del Beato Honorato de Biała Podlaska. Lo interpretó como una señal providencial y le encomendó a su hijo y el parto una vez más. Dos meses después, su hijo Stas nació sin complicaciones.

Un mes después de dar a luz, Magda supo que la enfermedad aún la aquejaba. También padecía otra enfermedad genética: espondilitis anquilosante. El dolor era a veces tan intenso que ya no podía cargar a sus hijos. Durante el día, su madre los cuidaba, y por la noche, su esposo. Decidió ofrecer este sufrimiento a Dios en oración. Unos meses más tarde, recibió otro diagnóstico: osteoporosis avanzada. "Tenía miedo. Me preguntaba qué iba a pasar después", relata.

Seis meses después de este diagnóstico, durante una misa de sanación oficiada por una figura carismática, escuchó las palabras: "Magdalena está curada de osteoporosis". Convencida de que era ella, se sometió a más pruebas. Los resultados demostraron inequívocamente que la osteoporosis había desaparecido. Los médicos incluso repitieron las pruebas para confirmar lo que apenas podían creer. Para Magda y su esposo, esta curación fue una invitación a intentar tener un tercer hijo. Desde el comienzo de este tercer embarazo, lo encomendaron una vez más al Beato Honorato.

Un accidente providencial y una entrega total a Dios

Unos meses después, Magda sufrió un accidente de coche. El accidente le provocó un parto prematuro y salvó la vida de su bebé. Los médicos descubrieron un nudo grande en el cordón umbilical. Unos días después, podría haberse apretado por completo y su bebé podría no haber sobrevivido. Pero el pequeño Antos nació sano y salvo, y Magda organizó una misa de acción de gracias. Descubrió que se celebraba el día de la festividad del beato Honorato. Magda sonrió: "Lo vi como una confirmación de que él seguía velando por nosotros", confesó.



Magda y su familia / Foto: Archivo Własne -
Aleteia

Poco después, la pareja encontró la casa de sus sueños, por la que habían orado durante mucho tiempo. Fue en esta época cuando nació su cuarto hijo, Krzysiu. Mientras tanto, a pesar del empeoramiento del dolor articular, Magda conoció a un médico que la ayudó a adoptar un estilo de vida más saludable y eso la ayudó a recuperar su vida. Pudo retomar su trabajo como psicóloga y, junto con su esposo, se involucró activamente en la vida de la Iglesia. Hoy, dirige dos grupos de oración para el rezo del rosario.

Al reflexionar sobre su camino, Magda encuentra un hilo conductor: la presencia fiel de Dios a su lado y la constante intercesión del beato Honorato. "Antes de encontrarme con Dios, vivía con un miedo inmenso. Hoy, a pesar de las dificultades, he aprendido a confiarle todo. Esta confianza me trae una paz profunda. Sé que Dios siempre vela por nosotros".

Carmina Santamaría que contó al Papa en Barcelona su intento de suicidio: «Abrazar a León XIV fue sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual y me perdona; Dios estuvo conmigo antes de ese paso desesperado»

Carmina Santamaría Tejada cuenta su testimonio de superación de la depresión dos meses después de haberlo compartido con el Papa León XIV en Barcelona

* «La mano de Dios estuvo conmigo antes, incluso antes de ese paso desesperado. Perseveré durante tanto tiempo... no solo gracias a una buena terapia, que me ayudó muchísimo. Estábamos saliendo de la pandemia de la COVID-19, y recuerdo ir a misa todas las tardes. Llevábamos mascarillas, y lloraba durante toda la misa porque ya no me quedaban fuerzas. Y aun así, antes de irme, decía: 'Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana; puedo aguantar un día más'. Y eso fue lo que hice cada día»

Video de Vatican News del testimonio de  Carmina Santamaría Tejada

Camino Católico.- A poco menos de dos meses de su testimonio ante León XIV, en el estadio de Barcelona, la joven Carmina Santamaría Tejada recuerda cómo salió de la oscuridad de la enfermedad que la llevó incluso a intentar suicidarse. «La cabeza empieza a jugarte malas pasadas, la sonrisa se convierte en un muro, llegas a pensar que vales menos que una piedra y te olvidas de ti misma». La ayuda, aunque tardía, llegó gracias a las terapias, a la música y a aquella cita diaria para asistir a Misa. Y enfatiza: «Abrazar a León XIV fue sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual y me perdona; Dios estuvo conmigo antes de ese paso desesperado».

Carmina Santamaría Tejada tiene un rostro radiante y una sonrisa sincera. Es profesora de español de treinta y cinco años. Encontró el valor para romper lo que ella llama un tabú: hablar de salud mental. Ha compartido con millones de personas su lucha contra la depresión, que, desde la adolescencia, le causó un sufrimiento inimaginable e incluso la llevó a un intento fallido de suicidio. El 9 de junio de este año, Carmina y otros jóvenes se reunieron en el Estadio Olímpico de Barcelona para un encuentro con el Papa, compartiendo sus esperanzas y preocupaciones.

El abrazo del Papa: un respiro y descanso  para el alma.

«Fue un abrazo verdaderamente cálido, un abrazo que me brindó consuelo. Como cuando estás cansado y de repente alguien te abraza y todo el peso desaparece: esa carga emocional, ese pesado equipaje que llevas… Abrazar al Papa fue como sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual, el Señor me perdona» Así recuerda Carmina a Vatican News, casi dos meses después, su sincera conversación con León XIV, la sensación de ser profundamente comprendida y la experiencia de la gracia: una presencia amorosa, paternal y muy tangible. «Fue un momento de respiro y descanso para el alma.»

Era el comienzo de la Cuaresma . Carmina trabajaba en la pastoral juvenil de Barcelona, ​​preparando canciones para el coro que dirige. El sacerdote a cargo de la pastoral se le acercó y le contó que acababa de presenciar un suicidio. Estaba profundamente afectado. «Hablamos y le conté mi historia personal, una parte de mi vida que él desconocía. Unos días después, me llamó y me pidió que compartiera mi experiencia con el Santo Padre durante su próxima visita. Me preguntó: "¿Te gustaría hacerle una pregunta al Papa?"»

Encuentros con Dios: una razón para vivir

Así, de una conversación casual surgió la oportunidad de sacar la oscuridad a la luz, la cual, gracias al tratamiento adecuado, finalmente se transformó de nuevo en luz: una luz interior y una luz para los demás. Carmina habla de la "segunda oportunidad" que recibió tras su fallido intento de suicidio. "La mano de Dios estuvo conmigo antes, incluso antes de ese paso desesperado. Perseveré durante tanto tiempo... no solo gracias a una buena terapia, que me ayudó muchísimo. Estábamos saliendo de la pandemia de la COVID-19, y recuerdo ir a misa todas las tardes. Llevábamos mascarillas, y lloraba durante toda la misa porque ya no me quedaban fuerzas. Y aun así, antes de irme, decía: 'Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana; puedo aguantar un día más'. Y eso fue lo que hice cada día".

Música y coro: un bálsamo para el alma

Carmina da clases de inglés y música. La música —cantar, componer, tocar la guitarra y el piano— siempre ha sido su vía de escape emocional, que también se convirtió en una forma de terapia. «Cuando me sentía mal, cuando estaba deprimida, me ayudaba mucho. Cogía la guitarra y empezaba a cantar. Cantaba himnos a la Virgen María, incluso canciones tristes, le cantaba al Señor. Y cuando terminaba, simplemente me sentía mucho más tranquila. Me ayudó muchísimo y me hizo sentir mucho mejor».

También lo expresó durante un evento especial, al día siguiente de reunirse con el Papa en el estadio. En la iglesia de Sant Augustin de Barcelona, ​​su coro, "Sent la Creu", ofreció el acompañamiento musical para el encuentro del Papa con trabajadores de obras de caridad en el barrio del Raval.

Carmina Santamaría Tejada, a la izquierda, es la directora del coro «Sent la Creu», que  ofreció el acompañamiento musical para el encuentro del Papa con trabajadores de obras de caridad en el barrio del Raval en la iglesia de San Agustín en Barcelona

Irradia seguridad en sí misma, compromiso y la capacidad de crear armonía, tanto en su interior como a su alrededor. Tiene la habilidad de transformar la cruz en liberación. De hecho, ya lo había hecho antes, cuando cargó la gran cruz de los jóvenes ante el Papa en el estadio. Una «carga» que se convierte en «gloria».

La pandemia y la fragilidad de la juventud

Carmina es la quinta de seis hermanos y habla con orgullo de su hermosa y numerosa familia. Originaria de Alicante, imparte clases en un colegio de Hospitalet y mantiene un vínculo muy fuerte con sus alumnos. Reconoce su vulnerabilidad. La adolescencia es, por naturaleza, una etapa de especial vulnerabilidad, y las redes sociales se están convirtiendo en una amenaza cada vez mayor para la salud mental de los jóvenes. Es ampliamente aceptado que la pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión; hasta el día de hoy, muchos chicos y chicas siguen experimentando las consecuencias psicosomáticas de este periodo tan traumático.

Para Carmina, la pandemia también exacerbó problemas que ya existían. "Cuando era adolescente, sufrí depresión y nunca me curé del todo. Simplemente seguí adelante. Y entonces llegó la COVID. Estaba estudiando en la universidad mientras trabajaba casi a tiempo completo. El agotamiento, la creencia de que no valía nada, de que era una carga para los demás... La sensación de que solo me necesitaban cuando ayudaba a los demás. Como persona, no valía nada. Y ese sentimiento se hizo cada vez más fuerte."

Y añade: “No te das cuenta hasta que llegas a un punto de agotamiento total, tanto mental como físico. Es entonces cuando tu mente empieza a jugarte malas pasadas. Te dice que no vales nada, que tienes que hacer algo pero que no puedes hacerlo bien. Sigues trabajando, esforzándote al máximo, trabajando aún más duro, hasta que finalmente empiezas a pensar que vales menos que la piedra que tienes al lado. Y te olvidas de ti mismo”.

Una sonrisa se convierte en un muro

El olvido de uno mismo deja de ser un signo de sana humildad y se convierte en un deseo de borrar la propia existencia, de desaparecer, de apartarse del camino. «Es un error del que solo te das cuenta cuando ya has tocado fondo y te preguntas: "¿Y ahora qué?". Lo primero que pensé al despertar del intento de suicidio —convencida de que no volvería a despertar— fue: "¿Qué he hecho? Si quiero vivir, ¿cómo he podido llegar a este punto? Durante tantos años he luchado por seguir adelante, por salir de esto. ¿Cómo he podido acabar así?"»

Providencialmente, uno de sus hermanos, con quien mantiene una relación particularmente cercana, la animó a buscar ayuda profesional después de casi tres años de este doloroso proceso. «Pedí ayuda demasiado tarde», admite. Hoy ha recuperado la alegría de vivir y la disfruta plenamente. Muchos deseos la invaden, entre ellos formar una familia. Pero, sobre todo, su perspectiva y su conciencia han cambiado, incluyendo la comprensión de que el sufrimiento no debe «espiritualizarse» ni reducirse únicamente a la dimensión espiritual. Esta fue la respuesta que recibió de León XIV . «El Señor lo sabe», asegura Carmina. «El Señor camina con nosotros. Es todopoderoso». «Pero en esos momentos, uno no se da cuenta».

Carmina Santamaría Tejada haciendo camino 

Tabú adolescente: Siempre conectados, pero solos

"Hablar de estas cosas sigue siendo un gran tabú", señala. Lo ve a diario en la escuela, observando las máscaras que se ponen los jóvenes. "Estamos muy conectados, pero de una manera muy superficial. No desarrollamos relaciones profundas. Antes tenías tres amigos, pero esos eran vínculos realmente valiosos. Hoy tienes quinientos amigos, y tus relaciones son muy superficiales. No es que estas personas no sean valiosas, es la relación en sí la que es superficial. Así es como te engañas a ti mismo. Piensas: 'Tengo muchos amigos, hablo con mucha gente, así que no estoy solo'. Pero en realidad, estás solo. Porque cuando sufres, cuando tienes problemas, no sabes a quién contárselo. No sabes en quién confiar para que no se rían de ti, te juzguen o se lo cuenten a otra persona".

Por eso la gente no habla de ello. Se aíslan aún más. Y una sonrisa, aunque hermosa, también puede ser mortal. En mi caso, nadie a mi alrededor sabía que sufría de depresión. ¿Por qué? Porque siempre he vivido con una sonrisa. Siempre. Es como una barrera: la gente ve una sonrisa y deja de preocuparse. Y la mente tiene un poder enorme. Si no aprendes a controlarla, puede destruirte por completo.

¿Dónde ha quedado la empatía?

"Me preocupan mis alumnos. Esto me preocupa mucho porque veo mucho sufrimiento en ellos, mucho sufrimiento silencioso. Veo que no se abren, que están muy cerrados, que hay mucha pretensión: fingen que son geniales, que todo está bien, que son líderes... Por eso en la escuela intentamos que tomen conciencia de la importancia de tener un corazón sano, una mente sana y una vida sana. Sin embargo, veo que luchan con una enorme presión por ser bellos, perfectos, interesantes, siempre más a la moda. Y eso no ayuda en absoluto." Lo que realmente ayuda es no tener miedo de nuestra propia agitación interior. El Papa también nos lo recordó en su mensaje en vídeo dirigido recientemente a los jóvenes portugueses que participaron en el encuentro "Alégrense" en Lamego. Se trata de recuperar la conciencia de que somos seres humanos, no superhéroes. Así son los santos. Así es Cristo.

«Valores como la empatía y el respeto están desapareciendo, porque al final, solo importan mis intereses, mis preocupaciones, mi espacio... No compartimos, no hablamos, no entablamos un diálogo real, no hay un intercambio auténtico, no hay voluntad de ceder», afirma Carmina. León XIV nos recuerda que recuperar nuestra humanidad —incluso en sus dimensiones frágiles y vulnerables— nos capacitará para transformar el mundo para mejor. Carmina lo sabe hoy. Y a esto dedica su vida. Reproducimos a continuación el texto completo de la pregunta que Carmina hizo al Papa y la respuesta de León XIV:

Carmina Santamaría Tejada preguntando al Papa León XIV hace dos meses en Barcelona

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

VIGILIA DE ORACIÓN

RESPUESTAS DEL SANTO PADRE A LAS PREGUNTAS DE LOS JÓVENES

Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Martes, 9 de junio de 2026

Santo Padre, en un mundo donde las cosas se gritan, hay aspectos de la vida que permanecen callados, con vergüenza; como la depresión, una enfermedad silenciosa que afecta a muchas personas, jóvenes y adultos, y que conlleva una oscuridad, aislamiento y un dolor inmensurable. A veces, este dolor es tan abrumador que la idea de desaparecer parece la única salida. Yo misma luché por salir de esta enfermedad, en silencio durante años, y una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida. Estoy aquí porque Dios me dio una segunda oportunidad, y le estaré eternamente agradecida, pero hay muchos otros que continúan enfrentándose a esta oscuridad. Por eso, le pregunto de todo corazón: ¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?

Ante todo, gracias por compartir hoy tu experiencia de sufrimiento. Me conmueve que puedas hablar de ella, que estés aquí entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda posibilidad que el Señor te ha dado. Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso que vemos en muchos personajes del Evangelio: en contacto con Jesús, aun quien se siente perdido recobra confianza en la vida, sana la enfermedad y puede levantarse para volver a vivir.


En la teva pregunta, t’has referit en primer lloc a la “malaltia silenciosa” que és la depressió, i és important prendre consciència de com la salut mental es veu cada vegada més amenaçada en el context de societats que es consideren avançades. És un senyal de que hi ha quelcom profundament equivocat en una certa idea de creixement que sotmet a les persones a pressions i tensions que comprometen equilibris fonamentals. Per això es necessita un sistema sanitari que inclogui entre les seves prioritats aquest malestar invisible i generalitzat, que afecta també als joves.

Les teves paraules, tanmateix, ens han mostrat que el dolor posa a prova la fe i el sentit que li donem a la vida. Això és cert per a tothom, no solament per aquells que en algun moment travessen la prova de la malaltia.


[En tu pregunta, te has referido en primer lugar a la “enfermedad silenciosa” que es la depresión, y es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas. Es una señal de que hay algo profundamente erróneo en una cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales. Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes.


Tus palabras, sin embargo, también nos han mostrado que el dolor pone a prueba la fe y el sentido que le damos a la vida. Esto es cierto para todos, no sólo para quienes en algún momento atraviesan la prueba de la enfermedad.]


Mientras te escuchaba, pensé en esas horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús cuando se acercaba la hora de su muerte. Los Evangelios, en los momentos de la última cena y de la oración en Getsemaní, subrayan que estaba cayendo la tarde, que estaba anocheciendo, así como poco antes de morir en la cruz nos dicen que “toda la tierra quedó en tinieblas”. Pero, en realidad, no se trata sólo de un sufrimiento personal; el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad. En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia.


Pasar por esta experiencia es difícil, lo atestigua varias veces la Sagrada Escritura; hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, o confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza. Y, en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos haya abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan, un grito que Jesús hizo suyo en la cruz, diciendo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.


Hay una catequesis sobre las últimas horas de Jesús, en la que Benedicto XVI dice que su sufrimiento se vuelve oración y grito, y que eso vale también para nosotros: frente a las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y está cerca aun cuando aparentemente calla. Pero pienso que no podemos hacerlo solos. En las horas de dolor, al menos en cuanto sea posible, debemos abrirnos a alguien que nos ayude a expresar una oración sencilla, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano y nos haga salir de este grito.


Estas experiencias ofrecen un mensaje también a nosotros creyentes, a toda la Iglesia: no debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la “voluntad de Dios” o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas. Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante. Recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios, la vida renace siempre.


Papa León XIV