Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

martes, 7 de abril de 2026

Enkhjin Baatar, de 21 años: «Perdí el móvil en el autobús, fui a rezar al Niño Jesús ante el Belén, el teléfono no apareció; comprendí el poder de la oración Jesús escucha y responde a su manera; y me he bautizado católica»


Enkhjin Baatar posa para una fotografía frente a la Catedral de San Pedro y San Pablo en Ulán Bator, Mongolia / Foto: Cedida - UCANews

* «Lo que me atrae de la Iglesia Católica es el altar, donde el Cuerpo y la Sangre de Jesús son sacrificados y entregados a los fieles. Esto alimenta el alma. Quiero experimentarlo personalmente, Anhelaba el día en que iba a recibir por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Jesús»

Camino Católico.- En una fría tarde de invierno en la capital de Mongolia, una estudiante universitaria se arrodilló en silencio ante un belén navideño en la Catedral de San Pedro y San Pablo. Había perdido su teléfono en un autobús abarrotado y se sentía impotente. Siguiendo la sugerencia de un amigo, había ido a rezar. Para Enkhjin Baatar, de 21 años, ese pequeño acto de confianza se convirtió en el punto de inflexión de un camino espiritual que aún continúa desarrollándose.

Enkhjin creció en la provincia de Hinti en el seno de una familia humilde y trabajadora. Sus padres, Uugan Baatar y Enkh Tuvshin, trabajan en una fábrica de procesamiento de carne para mantener a Enkhjin y a sus dos hermanas menores, Enkhguun, de 15 años, y Enkhmaa, de 13.

Al igual que muchos jóvenes de Mongolía de zonas rurales, se mudó a Ulán Bator para cursar estudios universitarios, llevando consigo la tranquila determinación de una estudiante de primera generación. Fue allí donde conoció a Khashdorj Michael Arvanai, un compañero de clase católico y monaguillo de la catedral.

Su familia —abuela, tía y primos— asisten regularmente a misa en la pequeña comunidad católica de Mongolia, que cuenta con poco más de 1.500 miembros en un país de más de tres millones de habitantes.

A través de la amistad, Enkhjin comenzó a encontrar una forma diferente de vivir la fe: “A través de él Khashdorj Michael Arvanai, comencé a conocer a Jesús de una manera más personal”, explica a UCANews

Una oración ante el pesebre

Tras perder su teléfono durante la Navidad, Enkhjin le confió su angustia a Arvanai. Él le sugirió rezar ante el pesebre, pidiendo la ayuda del Niño Jesús. “La experiencia fue profunda, No recuperé el teléfono gracias a las oraciones, pero sí obtuve mucha tranquilidad. “Fue entonces cuando empecé a comprender el poder de la oración. Jesús escucha. Cuando pedimos con fe y Él responde a su manera”, asevera.

Según ella, sus padres no tienen creencias religiosas y la dejaron en libertad de creer en la religión que quisiera. No se pudo contactar con sus padres, ya que viven en un pueblo remoto. “No hay razón para que rechacen mi decisión», añade. Mis padres confían en mí. Saben que las decisiones que tomo son buenas para mi vida”, añade.


Enkhjin, tercera por la derecha, posa para una fotografía con sus familiares / Foto: Cedida - UCANews

Atraída por el sacrificio de Cristo en el altar

Enkhjin había visitado previamente una iglesia protestante y notó su énfasis en las Escrituras. Sin embargo, según ella, lo que la atrajo al catolicismo fue el altar.

“Lo que me atrae de la Iglesia Católica es el altar, donde el Cuerpo y la Sangre de Jesús son sacrificados y entregados a los fieles. Esto alimenta el alma. Quiero experimentarlo personalmente, Anhelaba el día en que reciba por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Jesús”, dice.

Fue aceptada oficialmente como catecúmena el año pasado, y en esta vigilia pascual fue bautizada en la Catedral de San Pedro y San Pablo.

La Iglesia de Mongolia, establecida apenas en 1992 tras la caída del comunismo, es todavía joven, compuesta en gran parte por conversos y sostenida por comunidades muy unidas y el acompañamiento personal.

La trayectoria de Enkhjin es emblemática de esa realidad: la evangelización a través de la amistad. Tuya, la abuela de Arvanai, ha observado con cariño el crecimiento espiritual de la joven: “Es una chica inteligente y devota. Todavía no comprende muchas enseñanzas de la Iglesia, pero dice: ‘Tengo fe en Jesús’”.



Enkhjin y su amigo Khashdorj Michael Arvanai que la invitó a ir a rezar ante el Belén (a la derecha) posan para una fotografía / Foto: Cedida -
UCANews

El llamado misionero 

En Mongolia, donde la práctica budista tradicional y las influencias seculares dan forma a gran parte de la sociedad, la conversión a menudo no comienza con la instrucción doctrinal, sino con la experiencia vivida. 

Cuando se le preguntó cómo esperaba servir a la Iglesia, Enkhjin respondió que quería convertirse en lectora, es decir, proclamar la Palabra de Dios a los demás.

Su imaginación está marcada por el Evangelio de Juan. Se ve reflejada en Andrés, quien lleva a su hermano, Simón Pedro, ante Jesús, diciendo: «Hemos encontrado al Mesías». 

“Al igual que el apóstol Andrés, mi amigo Arvanai me acercó a Jesús. Este es un momento muy importante en mi vida como joven mongola. En el futuro, también quiero convertirme en un ‘Andrés’ para muchos ‘Pedros’, llevándolos a Jesús. Entiendo que este es el papel de todo misionero en esta joven Iglesia en Mongolia”.

Sachini Dilshani era budista: «Sufrí una afección cutánea persistente con 30 heridas sangrantes, busqué la intercesión de la Virgen María para pedirle a su hijo Jesucristo que me cure, Él me sanó y me he bautizado católica»


Sachini Dilshani Weerakoon recibirá el bautismo y se convertirá en miembro de pleno derecho de la Iglesia Católica el 4 de abril / Foto: Cedida - UCANews

Camino Católico.- Durante su adolescencia, Sachini Dilshani Weerakoon sufrió una afección cutánea persistente que le provocaba heridas sangrantes en ambas piernas. Pero ahora, a los 20 años, habla de ello no con dolor ni vergüenza, sino con gratitud.

Durante casi ocho años, esta mujer de Sri Lanka sufrió de ampollas abiertas en ambas piernas casi todos los meses —a veces más de 30 a la vez— que, según los médicos, eran causadas por una enfermedad autoinmune.

Con frecuencia, las heridas se abrían y sangraban, impidiéndole “dormir, trabajar o viajar con libertad”, según cuenta a UCANews. A menudo, esto le provocaba fuertes dolores de cabeza, lo que agravaba su malestar.

En mayo de 2025, Sachini Dilshani Weerakoon afirma que las ampollas dejaron de aparecer, lo que ella considera una cura milagrosa que cambió su vida y su fe. “Creo que Jesús sanó mis piernas por completo”, dice con una sonrisa.

Esta joven contaba los días que faltaban para la Vigilia Pascual del pasado 4 de abril en la iglesia de San Judas Apóstol en Ashokapura, su pueblo, donde fue bautizada como católica.

Ashokapura, situada a unos 225 kilómetros al norte de la capital, Colombo, pertenece a la diócesis de Anuradhapura. La aldea es predominantemente budista, como el resto del país, pero cuenta con 30 familias católicas que conviven con sus 400 familias budistas.

Sachini Dilshani Weerakoon nació en una familia budista y creció practicando el budismo. "Aunque hemos sido budistas durante generaciones, mis padres nos llevaban a la iglesia de San Judas para encender velas", explica.

Estas prácticas son comunes en su aldea, donde el templo budista se encuentra cerca de la iglesia parroquial católica, y católicos y budistas se apoyan mutuamente en sus actividades religiosas. Los aldeanos también celebran juntos las festividades de otras religiones.

“Por eso existe una fuerte amistad entre budistas y católicos”, sonríe Sachini Dilshani Weerakoon. “Encender velas en la iglesia forma parte de la rutina de nuestra familia, especialmente en los cumpleaños —el mío y el de mis padres—, para pedir bendiciones divinas”, dice.

Tras casarse hace dos años con Puthum Lakshan Silva, un católico, comenzó a encender una lámpara de aceite frente a las estatuas de Jesús y la Virgen María durante sus oraciones diarias.

También solía visitar el santuario de Madhu, un santuario mariano en la diócesis de Mannar, en el norte del país, que es frecuentado tanto por católicos como por muchos budistas. “En el santuario de Madhu, busqué la intercesión de la Virgen María para pedirle a su hijo Jesucristo, Dios, que me cure”. Tras una peregrinación, se sintió curada y no le volvieron a salir ampollas. «Me ha curado por completo», afirma.

Tras su sanación, sintió el llamado a convertirse al catolicismo y lo comentó con su párroco, Granville Chrisantha Srilal. Él le aconsejó que asistiera a misa y a clases de religión todas las semanas. Su catequista, Mahesha Manori, dice que Sachini Dilshani Weerakoon está "estudiando con mucha dedicación. Se esfuerza por fomentar el crecimiento espiritual, combatir la soledad y la desesperación, y compartir la fe con los demás”. Por su parte, el párroco asegura que la joven tenía el deseo personal de recibir el bautismo "sin ninguna presión de nadie".

El padrino de Sachini Dilshani Weerakoon, Nicholas Silva, y su madrina, Piyasenage Premalatha, también esperaban con ilusión su bautismo. “Está contando los días para recibir la Eucaristía”, dice Premalatha antes de la Vigilia Pascual.

Su familia también la ha apoyado en su decisión. Su esposo, Pathum Lakshan Silva, afirma que su decisión fue "puramente personal" y que "nunca la presionó de ninguna manera en asuntos religiosos".

La madre de Silva, Piyasenage Ramyalatha, de 44 años, que enseña religión a estudiantes budistas en el templo del pueblo, dijo que la decisión de Sachini Dilshani Weerakoon refleja la libertad religiosa en el pueblo.

Los católicos y budistas del pueblo dan "un ejemplo al mundo al convivir", declara Ramyalatha, quien también enseñó budismo a Sachini Dilshani Weerakoon.

Ramyalatha "nunca se negó a mi conversión al catolicismo", dice Sachini Dilshani Weerakoon mientras pasaba junto al templo budista y entraba en la iglesia para encender una vela.

“Creo en Jesús”, asegura   Sachini Dilshani Weerakooncon firmeza mientras entraba en la iglesia con un paso ligero, como para demostrar que ya no tenía ampollas dolorosas.

David Patterson: «Me enojé por el divorció de mis padres, abandoné la fe, bebía alcohol hasta perder el conocimiento, mi madre rezaba por mí, fui a un retiro, me confesé y 6 meses después Dios sanó mis adicciones»

David Patterson contando su testimonio de conversión 

* «Cuando comenzó la primera charla, el orador captó mi atención. Me habló del amor de Dios. Dijo que ‘un simple “sí” a Cristo cambiará tu vida para siempre’. Continuó: ‘Hoy es 15 de agosto. Corran al Sacramento de la Reconciliación y sean libres. Hagan de hoy el día en que le dijeron “sí” a Jesús’. Me tocó la fibra sensible, porque, más que nada, anhelaba ser libre y sabía que no lo era. Así que esa noche corrí a confesarme. Mientras me confesaba, me sentía cada vez más ligero, y cuando el sacerdote me dio la absolución, me sentí libre. Me sentí transformado»

Camino Católico.- David Patterson, tiene 38 años, vive en Toronto (Canadá) y es el creador del portal Yes Catholic de Canadá, en el que cuenta su poderosa historia de conversión. Este medio cuenta con el apoyo de figuras de la Iglesia en Canadá, como el Arzobispo Emérito Cardenal Thomas Collins de Toronto.

Aunque la madre de David era católica, tras el divorcio de sus padres, él sintió resentimiento hacia su padre y deseaba que este "sintiera su dolor". También empezó a preguntarse "si la gente realmente creía en Jesús".

En noveno grado, pasó un verano en la casa de campo de su padre y terminó involucrándose profundamente con la marihuana, el alcohol y las fiestas. Con su adicción al alcohol llegaba a perder el conocimiento. Cuando regresó a la escuela en otoño, se juntó con malas compañías y continuó llevando una vida imprudente durante la secundaria y la universidad. De hecho, en un momento dado, David le preguntó a un amigo por qué le dolía la cabeza cuando no bebía, y el amigo le respondió: "Tienes los colmillos del lobo. Eres un alcohólico; bienvenido al club".

Afortunadamente, la madre de David nunca dejó de orar por su conversión. Cuando ella le pidió que asistiera a un retiro católico, él accedió a regañadientes y fue allí, que después de confesarse tuvo un encuentro con Dios. Su conversión se produjo el 15 de agosto de 2009, cuando tenía 21 años. Después de crecer seis meses en su relación con Cristo y perseverar en los sacramentos, el Señor le sanó de sus adicciones. Esta es su historia contada en primera persona.

David Patterson junto a su esposa Alexandra y su madre en el evento ‘Lift Jesus Higher Rally’ de 2017 en Toronto, Ontario

«Dios elige a los quebrantados, sana nuestros corazones y nos ama incluso cuando volvemos a caer»

De niño, tenía muchas preguntas sin respuesta sobre la fe. Cuando estaba en noveno grado, quería ver si alguien  realmente  creía en Jesús y en la Iglesia Católica, pero, para ser honesto, no vi a nadie que lo hiciera. Así que pensé: "¿Para qué?". Ya había experimentado mucha confusión y enojo por el divorcio de mis padres, y aunque mi madre seguía intentando animarme —convenciéndome de que hablara con tal o cual sacerdote—, yo ya estaba harto de todo eso, y solo tenía 15 años.

Ese verano, mi vida se fue al traste rápidamente. Me pasé todas las vacaciones bebiendo, fumando y juntándome con malas compañías. Lamentablemente, esa fue una muestra de toda mi experiencia en el instituto. Ojalá pudiera decir que mi época universitaria fue diferente, pero la verdad es que bebía con frecuencia, incluso hasta el punto de perder el conocimiento por culpa del alcohol.

Pero hay algo que debes entender. Aunque yo no pensaba en el cristianismo ni en Jesús, mi madre no había perdido la esperanza en mí. Rezaba por mí. Me insistía constantemente para que fuera a un retiro espiritual, y finalmente, para que dejara de  insistir , cedí.

El retiro no empezó bien. Estaba enfadado y no quería estar allí, así que me senté afuera en el aparcamiento gritándole a mi madre, intentando convencerla de que no quería entrar, deseaba marcharme. En medio del alboroto sentí que me tocaban el hombro y vi a un sacerdote con sombrero de vaquero. Era cariñoso y paciente, y me dijo: ‘Hijo, creo que deberías quedarte’. No solo me calmó, sino que incluso me convenció de quedarme, aunque seguía escéptica.

Cuando comenzó la primera charla, el orador captó mi atención. Me habló del amor de Dios. Dijo que “un simple «sí» a Cristo cambiará tu vida para siempre”. Continuó: «Hoy es 15 de agosto. Corran al Sacramento de la Reconciliación y sean libres. Hagan de hoy el día en que le dijeron “sí” a Jesús».

Me tocó la fibra sensible, porque, más que nada, anhelaba ser libre y sabía que no lo era. Así que esa noche corrí a confesarme. Mientras me confesaba, me sentía cada vez más ligero, y cuando el sacerdote me dio la absolución, me sentí libre. Me sentí transformado.

Al regresar del retiro, comencé a ir a misa solo. Empecé a frecuentar el sacramento de la Reconciliación. Y después de seis meses de estar cerca de Jesús, Dios sanó mis adicciones. Así que sí, Dios rompió las cadenas de mi vida.

Meses después, participé en otro retiro espiritual. Mientras oraba ante la Eucaristía, Dios puso una imagen en mi mente. Vi a un grupo de adolescentes alabando a Dios en el sótano de la iglesia donde crecí. Al día siguiente, como estaba en mi ciudad natal, fui a esa iglesia y hablé con el sacerdote, contándole lo que había visto. Su expresión cambió de inmediato. Me dijo: «Qué curioso, porque ayer tuvimos una reunión para hablar de buscar un coordinador de pastoral juvenil. Creo que tú podrías serlo».

Me sentía tan indigno. Si aquel sacerdote hubiera sabido dónde había estado y qué había hecho en mi vida, estaba seguro de que no me habría pedido que fuera coordinador de la pastoral juvenil. Pero no sabía que así es cómo obra Dios. Él elige a los quebrantados, sana nuestros corazones y nos ama incluso cuando volvemos a caer.

Acepté el puesto de coordinador de jóvenes y me asombró lo que Dios era capaz de hacer, aunque no tenía ni idea de lo que estaba  haciendo. Y lo curioso es que estaba tan concentrado en intentar ayudar a estos jóvenes desde mi propia fragilidad que olvidé por completo que Jesús me estaba ayudando constantemente a mí.

Lo sé porque el primer día de nuestro primer campamento de verano conocí a una monitora que cambió mi vida para siempre. Se llamaba Alexandra y era preciosa.

David Patterson junto a su esposa Alexandra

Cuando decidimos empezar a salir, nos tomamos de las manos, inclinamos la cabeza y le pedimos a Dios que nos bendijera y fuera el centro de todo lo que hiciéramos. Sé que nos escuchó. Después de salir durante meses, comenzamos una novena —una oración de nueve días— para discernir si estábamos llamados al sacramento del matrimonio. Durante toda la semana, lo único que oía en mi corazón era: «Propónme matrimonio».

Verás, Dios seguía actuando en mí, e incluso estaba dispuesto a involucrar a mi amigo para ayudarme a llegar a donde necesitaba ir. Un día, en medio de una conversación, mi amigo me preguntó de repente: "¿Amas a Alexandra?". 

Sin dudarlo, le dije que sí y que incluso estaba pensando en proponerle matrimonio el jueves (¡ni siquiera sé de dónde saqué la idea del jueves!). Pasamos el resto de la noche planeando cómo conseguiría el permiso de sus padres y el anillo.

La noche anterior al jueves, Alexandra me llamó y me dijo: «Oye, estaba pensando que mañana es el noveno día de nuestra novena para ver si estamos llamados al matrimonio». A la mañana siguiente fuimos a misa y luego a un lugar con vistas a un lago, el mismo sitio donde tuvimos nuestra primera cita. Fue allí donde le pedí a Alexandra que pasara el resto de su vida conmigo. ¡Por suerte, dijo que sí!

Fue un día muy especial, y sin embargo, Dios quería que supiera que también tenía otro significado que yo desconocía. Tras investigar un poco, me di cuenta: le había propuesto matrimonio a mi esposa el 15 de agosto, y fue el 15 de agosto de 2009 cuando regresé a la Iglesia. ¿Coincidencia? No lo creo.

La verdad es que yo era un desastre, pero era Su desastre. A pesar de todo, Dios nunca ha dejado de amarme y, al igual que mi madre, nunca se ha dado por vencido conmigo.

Alexandra y yo nos casamos un año después y hemos sido bendecidos con dos hijos. San Juan Pablo II dijo: «La vida con Cristo es una aventura maravillosa». ¿Sigo siendo un desastre? Sí. Pero sé que Dios obra todo para su gloria.

David Patterson

Palabra de Vida 7/4/2026: «He visto al Señor y ha dicho esto» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 7 de abril de 2026, martes de la Octava Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 20, 11-18:

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella les contesta:

«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice:

«¡María!».

Ella se vuelve y le dice:

«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Jesús le dice:

«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro»».

María Magdalena fue y anunció a los discípulos:

«He visto al Señor y ha dicho esto».

Que en esta Octava de Pascua nos dejemos renovar por el amor de Cristo resucitado, viviendo con valentía y fe en su presencia / Por P. Carlos García Malo

 


Oremos por Nicole, de 44 años, madre de familia con tres hijas pequeñas, que padece un cáncer agresivo desde hace 5 años. Le van a aplicar un tratamiento experimental como último recurso para intentar erradicar la enfermedad

 


lunes, 6 de abril de 2026

Papa León XIV en el Regina Caeli, 6-4-2026: «Jesús hoy a nosotros nos dice: ‘No teman; Vayan a anunciar’; Él se convierte en la buena noticia que hay que testimoniar en el mundo porque ha muerto por nosotros, es el Hijo de Dios»

* «Al celebrar el día nuevo que el Señor ha hecho para nosotros, la liturgia celebra el ingreso de toda la creación en el tiempo de la salvación; la desesperación de la muerte es removida para siempre, en el nombre de Jesús»

    

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Regina Caeli

* «Con particular afecto, a la luz del Resucitado, recordamos hoy al Papa Francisco, que precisamente el Lunes de Pascua del año pasado entregó su vida al Señor. Al recordar su gran testimonio de fe y de amor, recemos juntos a la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que podamos convertirnos en anunciadores cada vez más luminosos de la verdad» 

8 de junio de 2025.- (Camino Católico) “Jesús también hoy a nosotros nos dice: ‘No teman. Vayan a anunciar’ (v. 10). Jesús mismo se convierte así en la buena noticia que hay que testimoniar en el mundo: la Pascua del Señor es nuestra Pascua —la Pascua de la humanidad— porque este hombre, que ha muerto por nosotros, es el Hijo de Dios, que por nosotros ha dado su vida. Así como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro”. Este ha sido el centro de la reflexión del Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Coeli de este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua.

A los más de ocho mil fieles y peregrinos que se han congregado en la Plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios, el Santo Padre les ha manifestado el tradicional saludo pascual: “¡Cristo ha resucitado! ¡Feliz Pascua!”. Y les ha dicho que, este saludo, lleno de asombro y de alegría, nos acompañará toda la semana.

Y antes de concluir su alocución, León XIV ha recordado “con particular afecto, a la luz del Resucitado”, al Papa Francisco, quien precisamente el Lunes de Pascua del año pasado entregó su vida al Señor. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre y la oración del Regina Caeli, cuyo texto completo es el siguiente:

PAPA LEÓN XIV
REGINA CAELI
Plaza de San Pedro
Lunes del Ángel, 6 de abril de 2026


Queridos hermanos y hermanas, ¡Cristo ha resucitado! ¡Feliz Pascua!


Este saludo, lleno de asombro y de alegría, nos acompañará toda la semana. Al celebrar el día nuevo que el Señor ha hecho para nosotros, la liturgia celebra el ingreso de toda la creación en el tiempo de la salvación; la desesperación de la muerte es removida para siempre, en el nombre de Jesús.


El Evangelio de hoy (Mt 28, 8-15) nos pide elegir entre dos relatos: el de las mujeres, que han encontrado al Resucitado (vv. 9-11), o el de los guardias, que han sido sobornados por los jefes del sanedrín (vv. 11-14). Las primeras anuncian la victoria de Cristo sobre la muerte; los segundos anuncian que la muerte vence siempre y en todo caso. En su versión, Jesús no ha resucitado, sino que su cadáver ha sido robado. De un mismo hecho, el sepulcro vacío, brotan dos interpretaciones: una es fuente de vida nueva y eterna, la otra de muerte cierta y definitiva.


Este contraste nos hace reflexionar sobre el valor del testimonio cristiano y sobre la honestidad de la comunicación humana. A menudo, el relato de la verdad es oscurecido por fake news —como se dice hoy—, es decir, por mentiras, alusiones y acusaciones sin fundamento. No obstante, frente a tales obstáculos, la verdad no permanece oculta, al contrario, viene a nuestro encuentro, viva y radiante, iluminando las tinieblas más densas. Tal como a las mujeres que fueron al sepulcro, Jesús también hoy a nosotros nos dice: «No teman. Vayan a anunciar» (v. 10). Jesús mismo se convierte así en la buena noticia que hay que testimoniar en el mundo: la Pascua del Señor es nuestra Pascua —la Pascua de la humanidad— porque este hombre, que ha muerto por nosotros, es el Hijo de Dios, que por nosotros ha dado su vida. Así como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro.


Queridos amigos, ¡cuán importante es que este Evangelio llegue sobre todo a quienes están oprimidos por la maldad, que corrompe la historia y confunde las conciencias! Pienso en los pueblos atormentados por la guerra, en los cristianos perseguidos por su fe, en los niños privados de la educación. Anunciar con palabras y obras la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza, que de otro modo sería sofocada en manos de los violentos. Cuando es proclamada en el mundo, la Buena Nueva disipa toda sombra, en cada época.


Con particular afecto, a la luz del Resucitado, recordamos hoy al Papa Francisco, que precisamente el Lunes de Pascua del año pasado entregó su vida al Señor. Al recordar su gran testimonio de fe y de amor, recemos juntos a la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que podamos convertirnos en anunciadores cada vez más luminosos de la verdad.



Oración del Regina Caeli: 


V/. Reina del Cielo, alégrate; aleluya.

R/. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V/. Resucitó según dijo; aleluya.

R/. Ruega por nosotros a Dios; aleluya;

V/. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.

R/. Porque resucitó en verdad el Señor; aleluya.


Oración:


¡Oh, Dios!, que te dignaste alegrar al mundo por la Resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: concédenos, te rogamos, que por la mediación de la Virgen María, su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.



Después el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Les doy una cordial bienvenida a todos ustedes, queridos peregrinos provenientes de Italia y de diversos países. Saludo particularmente a los chicos del Decanato de Appiano Gentile. Envío también un recuerdo especial a todas las personas que, en diferentes partes del mundo, participan en las iniciativas promovidas con motivo de la Jornada Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, mientras reitero mi llamamiento para que el deporte, con su lenguaje universal de fraternidad, sea un espacio de inclusión y paz


Doy las gracias a todos aquellos que, en estos días, me han enviado sus buenos deseos con motivo de la Santa Pascua; sobre todo, agradezco sus oraciones. Que, por la intercesión de la Virgen María, Dios recompense a cada uno con sus dones.


Les deseo a todos ustedes que vivan con alegría y fe este lunes del Ángel y los demás días de la Octava de Pascua, en los que se prolonga la celebración de la Resurrección de Cristo. Y que perseveremos implorando el don de la paz para todo el mundo.


¡Que pasen un feliz lunes del Ángel!


Papa León XIV



Foto: Vatican Media, 6-4-2026