Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida dejando a Jesucristo ser quien ocupe el lugar central.
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Irene Alonso contando su testimonio de fe y vida familiar
* «El día que estábamos enterrando a mi hija Nazaret fui muy consciente del regalo que suponen los hijos y de la poca ascendencia que tenemos sobre ellos. Los hijos no son más que un préstamo y cuidarlos es un privilegio. La muerte de Nazaret fue el primer paso hacia una fe madura, ya que hasta entonces había vivido de la fe heredada de mis padres. Israel, mi marido, lo tuvo claro desde el principio y decía: ‘Nuestra misión con nuestros hijos es que lleguen al cielo, y con Nazaret ya lo hemos conseguido’»
Vídeo del testimonio de Irene Alonso, madre de 12 hijos, en el programa 'Ecclesia es domingo' de 13 TV
Camino Católico.- En la familia de Irene Alonso, madre de 12 hijos, la fe es el motor principal. "Si yo no tuviera a Dios en mi vida, sería imposible que sostuviera la familia que sostengo", ha confesado. Para ella, cuando se vive "descansando en la gracia, solo hay que dejarse llevar, dar tu sí, pequeñito, y con eso el Señor hace maravillas". Conocida en redes sociales como 'Soy una madre normal', esta madre de 12 hijos comparte el día a día de su familia con más de 200.000 seguidores para luchar contra los prejuicios. En una entrevista en 'Ecclesia es domingo' de 13 TV, Alonso se alinea con el mensaje del Papa León XIV a los jóvenes: no tener miedo al matrimonio.
Mientras que 8 de cada 10 jóvenes españoles consideran que formar una familia es más difícil que nunca, según el último barómetro de The Family Watch. Irene Alonso ha afirmado que entiende el temor de los jóvenes, ya que "el mundo nos empuja a pensar que la felicidad está en la autorrealización", mientras que "la familia es todo lo contrario, es el dejar de ser yo para que sean los demás". Según ella, este principio responde más al Evangelio que a la corriente actual, y aunque el Evangelio "a veces da miedo", al vivirlo se descubre que "solo así se puede ser feliz".
Irene Alonso y su familia hace unos días
La pérdida que afianzó su fe
Uno de los momentos clave en su vida fue la muerte de su cuarta hija, Nazaret, que falleció recién nacida. "El día que estábamos enterrando a mi hija fui muy consciente del regalo que suponen los hijos y de la poca ascendencia que tenemos sobre ellos", ha explicado. Para Alonso, los hijos "no son más que un préstamo" y cuidarlos es un "privilegio".
La muerte de Nazaret supuso un "punto de inflexión" en su vida y fue el "primer paso hacia una fe madura, ya que hasta entonces había vivido de la fe heredada de mis padres”. Su marido, Israel, lo tuvo claro desde el principio: "Nuestra misión con nuestros hijos es que lleguen al cielo, y con Nazaret ya lo hemos conseguido". Irene Alonso siente que su hija, que tenía síndrome de Down, es una "intercesora maravillosa" y asegura que "un hijo en el cielo es como garantía de que nos ganamos el cielo".
El matrimonio, cimiento del hogar
Irene Alonso insiste en que cuidar la relación de pareja es fundamental, ya que "el matrimonio es el cimiento del hogar". Ha advertido del peligro de que los hijos pasen a ser el centro, pues cuando estos se van, los cónyuges pueden encontrarse con "un desconocido después de 20 años de matrimonio", algo que le parece "durísimo".
Irene Alonso con su esposo Israel
Para ella, la conclusión es clara: "Cuidar del matrimonio es cuidar de los hijos". Sostiene que "todo el tiempo que inviertas en mejorar tu matrimonio, lo estás invirtiendo en mejorar la vida de tus hijos", porque ellos repetirán los patrones que ven en casa. Si ven un matrimonio sólido, buscarán lo mismo para sus futuras familias.
Recientemente, Alonso ha hecho un descubrimiento que ha cambiado su forma de ver su vida: "He descubierto que mi vocación no es al matrimonio y a la maternidad, que mi vocación es a ser la esposa de mi marido, específicamente, y a ser la madre de mis hijos". Considera que su historia está "muy bien diseñada" y que en su marido está el "complemento perfecto" para ella.
* «Jesús dice: ‘El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí’. En el momento en que comienza a enviar en misión a sus apóstoles, el Señor los quiere libres de cualquier atadura. Pero vale para todos el hecho de que también los afectos más importantes encuentran su plenitud gracias al amor que Cristo nos da. Pensemos, por ejemplo, en la vida matrimonial: sólo se la puede vivir plenamente “dejando” la casa de los padres (cf. Mt 19,6) para comprometerse en la relación conyugal. Pensemos también en el crecimiento de los hijos: se les ayuda a realizarse y a ser felices educándolos para valerse por sí mismos y tomar sus decisiones… Jesús nos invita a abrazar la Cruz: Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia. Del mismo modo, si vivimos en la lógica del don, también nosotros seremos capaces de engendrar vida nueva en nuestras relaciones»
Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican Newstraducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus
* «Deseo expresar mi cercanía a las hermanas y hermanos venezolanos afectados por los recientes terremotos que provocaron numerosas víctimas y heridos, así como ingentes daños materiales. Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, renuevo mi cercanía espiritual a sus familiares, a los lesionados y a quienes han sido golpeados por esta tragedia. Así mismo, manifiesto mi gratitud y aliento a cuantos trabajan con generosidad en las labores de búsqueda y de asistencia»
28 de junio de 2026.- (Camino Católico) “En un mundo en el que perder parece ser una debilidad y se vive obsesionado por tener y poseer. Sin embargo, el amor da fruto sólo en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro”, ha dicho el Papa León XIV en su alocución previa a la oración del Ángelus de hoy, 28 de junio, III domingo del tiempo ordinario.
Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, ante unos 20 mil fieles romanos y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, no obstante la tórrida jornada, el Pontífice reflexiona sobre el Evangelio que propone la liturgia del día que refiere algunas exhortaciones de Jesús para seguirlo y ser testigos de su Reino. “No se trata de actos exteriores, sino de comprometer todo nuestro ser en una relación de amor con Él”, puntualizó León. Y indica tres actitudes necesarias para que el amor dé fruto: desprendimiento, pérdida y hospitalidad.
“Quien retiene la vida sólo para sí mismo en realidad la pierde, porque esta no se abre a la alegría del amor y se vuelve estéril” afirma. Y es por ello que “Jesús nos invita a abrazar la Cruz. Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia”. Del mismo modo, si vivimos en la lógica del don, también nosotros seremos capaces de engendrar vida nueva en nuestras relaciones.
Una vez más el Papa León XIV ha manifestado su cercanía y solidaridad a Venezuela, duramente golpeado por el doble terremoto del pasado 24 de junio que afectó sobre todo al estado costero de La Guaira. Al término del Ángelus, el Papa elevó al cielo su oración por la población. En el vídeo deVatican Newsse visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:
PAPA LEÓN XIV
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
XIII domingo del Tiempo Ordinario, 28 de junio de 2026
Hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
También en el Evangelio de hoy (Mt 10,37-42), escuchamos algunas exhortaciones de Jesús para seguirlo y ser testigos de su Reino. No se trata de actos exteriores, sino de comprometer todo nuestro ser en una relación de amor con Él. Y para dar fruto, el amor requiere al menos tres cosas: el desprendimiento, la pérdida y la hospitalidad.
Ante todo, el desprendimiento. Jesús dice: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (v. 37). En el momento en que comienza a enviar en misión a sus apóstoles, el Señor los quiere libres de cualquier atadura. Pero vale para todos el hecho de que también los afectos más importantes encuentran su plenitud gracias al amor que Cristo nos da. Pensemos, por ejemplo, en la vida matrimonial: sólo se la puede vivir plenamente “dejando” la casa de los padres (cf. Mt 19,6) para comprometerse en la relación conyugal. Pensemos también en el crecimiento de los hijos: se les ayuda a realizarse y a ser felices educándolos para valerse por sí mismos y tomar sus decisiones. Dice san Agustín: «Es cosa triste perder lo que amas; pero a veces también el agricultor pierde lo que siembra» (Sermón 330, 2). Sólo “perdiendo” esa semilla, arrojada en la tierra, podrá verla florecer.
En este sentido, el amor es también pérdida. Nos cuesta comprenderlo, especialmente en un mundo en el que perder parece ser una debilidad y se vive obsesionado por tener y poseer. Sin embargo, el amor da fruto sólo en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro, a perder un poco de tiempo para escuchar a un amigo, a perder un poco de comodidad para compartir una situación de dificultad. Quien retiene la vida sólo para sí mismo —dice el Evangelio— en realidad la pierde (cf. v. 39), porque esta no se abre a la alegría del amor y se vuelve estéril. Por eso Jesús nos invita a abrazar la Cruz: Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia. Del mismo modo, si vivimos en la lógica del don, también nosotros seremos capaces de engendrar vida nueva en nuestras relaciones.
Y finalmente, la hospitalidad. El amor, en efecto, se expresa en elecciones y acciones concretas, en un compromiso hecho de pequeños gestos cotidianos, como el de ofrecer un vaso de agua a quien tiene sed (cf. v. 42). Jesús, al enviar a sus discípulos delante de Él, les pide que vayan sin provisiones, es decir, necesitados, porque de este modo podrán suscitar hospitalidad en aquellos que encuentren a su paso. Y así, recibiendo a quien viene en nombre de Jesús, lo recibe a Él y al Padre celestial que lo ha enviado. El amor al Señor pasa siempre por la manera fraterna en que acogemos a los demás.
Queridos amigos, recemos a la Virgen María, que amó a su Hijo sabiendo también perderlo; que ella nos ayude a ser testigos humildes y alegres del amor de Cristo.
Oración del Ángelus:
Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…
Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…
Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…
Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.
Amen.
Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…
Benedictio Apostolica seu Papalis
Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.
Amen.
Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
Deseo expresar mi cercanía a las hermanas y hermanos venezolanos afectados por los recientes terremotos que provocaron numerosas víctimas y heridos, así como ingentes daños materiales. Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, renuevo mi cercanía espiritual a sus familiares, a los lesionados y a quienes han sido golpeados por esta tragedia. Así mismo, manifiesto mi gratitud y aliento a cuantos trabajan con generosidad en las labores de búsqueda y de asistencia.
Doy ahora la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos, agradeciéndoles por haber venido incluso con este calor.
Saludo a los fieles de la diócesis de Kumba, en Camerún y a todos aquellos de otros países.
Saludo a los jóvenes religiosos Camilianos; a los grupos parroquiales de Priolo Gargallo, Avola, Regalbuto y Bari; a los scouts de Rovereto y a los chicos de Mestrino, de la diócesis de Padua, que recibieron la Primera Comunión y la Confirmación.
¡Les deseo a todos un feliz domingo! Y nos vemos de nuevo mañana con motivo de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo.
Tito Unda nunca se alejó de Dios ni de la Iglesia, se formó sobre el catolicismo, pero su encuentro con Jesucristo se ha producido a los 36 años
* «La clave no estaba en recibir más contenido, más doctrina, más argumentos. Me había pasado la vida buscando a Dios, pero poniendo el acento en mí, en mi comprensión, pero Cristo no entra por la cabeza, la cabeza puede ayudar a anclar ciertas cosas. Pero la cabeza sola…, Cristo no es un argumento, es una persona viva… Vivía más en la norma de los diez mandamientos que en la alegría de la resurrección y ahora vivo más en los Hechos de los Apóstoles, los primeros siglos del cristianismo, las cartas de los apóstoles y los padres de la Iglesia»
Camino Católico.- Tito Unda estudió en un colegio del Opus Dei en Madrid. Asistió a medios de formación (círculos), retiros y convivencias en un centro de la Obra durante su adolescencia.
Por parte materna, una parte de su familia era muy cercana al Camino Neocatecumenal y en ocasiones había participado en Misas y actividades de este iter eclesial. Y, por si esto fuera poco, también tenía una parroquia con bastante vida -San Ignacio, en Torrelodones- y una excelente relación con el párroco.
Aquí no acaba el itinerario de conocimiento directo de instituciones eclesiales. Tito también conoció Comunión y Liberación cuando sus padres se acercaron al movimiento, en su casa acogieron a un joven de la Comunidad del Cenáculo, hizo un retiro de Effetá y peregrinó a Tierra Santa con Hakuna en los inicios de la asociación.
Un año especial
Sin embargo, su auténtico encuentro con Dios no llegó en ninguno de esos contextos. Llegó a los 36 años, hace tan solo unos meses, después de un periodo en el que se sucedieron varias desgracias en su entorno más cercano: perdió a dos hijos a los pocos meses de embarazo; una amiga colombiana, casada y con una niña, murió de cáncer tras años de lucha; otros amigos perdieron a un hijo de 2 años de forma repentina; un sobrino, también pequeño, pasó semanas en una UCI; también una prima y después una buena amiga.
Lo llamativo no es solo la acumulación de malas situaciones una detrás de otra, sin coincidir pero sin apenas descanso. No hubo enfado con Dios. No hubo crisis de fe. Tampoco fue un golpe dramático que lo dejara en el suelo y desde el que clamara hacia el cielo desesperado.
Fue algo más sutil y profundo: “Yo no pensaba que estuviera hecho polvo, pero claramente la sucesión de todas esas cosas y el ejemplo de cómo las vivían los protagonistas me estaban ablandando muchísimo. Fueron doce meses que me hicieron ser más consciente de mi vulnerabilidad, de que hay cosas que tienes que poner en manos de Dios, dice a Omnes.
La chica colombiana ocupa un lugar especial en su relato. La mujer de Tito se hizo amiga suya durante su enfermedad, empezaron a ir juntas a un grupo de adoración de Hakuna, y algo en ese proceso fue tirando de la cuerda también en él. “Tengo claro que ese fue el momento que catalizó mi ‘conversión’. Era una persona que tenía su fe, pero lo que te removía de ella era cómo sobrelleva la enfermedad con alegría, con aceptación. Lo más parecido a un ángel en la tierra que he conocido. Si me voy al cielo, la primera persona de la que tengo la certeza absoluta de que está ahí es ella”.
De la cabeza al corazón
Desde el punto de vista laboral, Tito es emprendedor y ha trabajado en varias startups tecnológicas, pero también tiene un marcado perfil intelectual. Es de esos adolescentes que habían leído a Dostoievski antes de los 18 años y, quizá por eso, tiene esa tendencia a procesar todo por la cabeza dándole muchas vueltas.
La paradoja es que un hombre que había pasado su vida en entornos de formación cristiana, que había leído, estudiado, ido a Misa, que sabía perfectamente quién era Jesucristo en términos doctrinales, y que sin embargo no era algo vivo y real en su día a día.
Lo que hizo que su fe se encendiera como nunca hasta entonces fue realizar, junto a su mujer, un Seminario de Vida en el Espíritu de la Renovación Carismática Católica en octubre de 2025.
“La clave no estaba en recibir más contenido, más doctrina, más argumentos. La clave fue que la Gracia decidió tocar mi corazón de una forma nueva, de forma que me sentí amado por Dios de un modo que nunca había experimentado”, relata Tito.
“Me había pasado la vida buscando a Dios, pero poniendo el acento en mí, en mi comprensión, pero Cristo no entra por la cabeza, la cabeza puede ayudar a anclar ciertas cosas. Pero la cabeza sola…, Cristo no es un argumento, es una persona viva”, asegura.
Para él, uno de los descubrimientos más importantes fue descubrir la oración de alabanza: “una oración a la que tú no vas ni a pedir por una intención, ni a dar gracias, ni a pedir perdón. Y cuando haces eso, dejas de orar desde el yo, nada gira en torno a ti. Lo importante es Él. Apagas tus capacidades, te abres y le dejas actuar”.
Aprendió a abandonarse
Tito es el primero en reconocer que su formación anterior no fue un obstáculo. Fue, de hecho, una base necesaria. Lo que le faltaba no era saber más, sino ceder el control de su vida. Y eso, para alguien con un perfil muy racional, muy competente, acostumbrado a medir resultados en entornos empresariales, no es fácil.
Cuando empezó a preguntarse qué quería Dios de él —qué significaba todo este proceso, qué cambios implicaba— buscó dirección espiritual. Dio con un sacerdote del Opus Dei y tuvo una conversación que, según cuenta, lo dejó hecho polvo. “Salí de ahí desconcertado. Vine a buscar respuestas y me fui del revés. Me dijo que la voluntad de Dios no era que hagas cosas. Que la voluntad de Dios es conquistar mi corazón. Y yo estaba buscando un business plan con hitos concretos, algo medible que guiara mis pasos con seguridad”.
Esa tensión entre responsabilidad personal para asumir sus obligaciones y abandono en los brazos de Dios es uno de los hilos conductores de su proceso. De la Obra aprendió la cultura del esfuerzo y la responsabilidad y del Camino el amor gratuito de Dios. Sin embargo, la renovación carismática le ayudó a “conseguir integrar la responsabilidad y el abandono. Es muy fácil abandonarse en Dios cuando solo el milagro es posible, cuando una enfermedad no deja otra opción. Lo difícil es abandonar en Dios cosas que crees que dependen de ti”.
Más allá de los debates habitualmente estériles sobre si unos carismas son mejores que otros, quizá lo más razonable es reconocer la absoluta soberanía de la Gracia de Dios, que opera siempre al margen de las clasificaciones, tocando las fibras más íntimas del corazón de cada persona en el momento preciso y de la manera en que decide hacerlo.
¿Cómo vive ahora?
Tito confiesa que vivió muchos años anclado más en el Antiguo Testamento que en el Nuevo. “Vivía más en la norma de los diez mandamientos que en la alegría de la resurrección”, y ahora confiesa que “vivo más en los Hechos de los Apóstoles, los primeros siglos del cristianismo, las cartas de los apóstoles y los padres de la Iglesia”.
Añade que no está mucho más loco que otros cristianos. “Todos afirmamos creer en la resurrección de Cristo, pero yo hasta hace poco no me daba cuenta de lo que implicaba eso en mi vida”.
Y no deja de ser llamativo que Dios no haya eclipsado la racionalidad que preside habitualmente la vida de Tito, más bien la ha potenciado: desde entonces lee la Escritura y el Catecismo con más atención; ha leído a santa Teresa y San Ignacio de Loyola, el Kempis y otros clásicos de espiritualidad.
Hoy Tito va a alabanzas los martes con su mujer. Tiene tres hijos y espera el cuarto. Acaba de aceptar una nueva oferta de trabajo. Y cuando habla de Jesucristo en conversación corriente, ya no le suena raro.
Treinta y seis años no son un retraso. Son, a veces, el tiempo permitido por la Providencia para derramar su Gracia.
Libro gratuito en que cuenta su testimonio
Tito Unda cuenta su testimonio en el libro gratuito “Embotado: La inesperada conversión de un cristiano al cristianismo”.Escrito durante el propio proceso, no es solo el relato de hechos que únicamente encuentran explicación a la luz de la fe, sino un intento de buscar respuestas sobre el sentido del dolor, el discernimiento de la voluntad de Dios y cómo vivir con responsabilidad y abandono.
Portada del libro de Tito Unda en el que relata su testimonio
El resultado es el testimonio de un católico que descubre, quizá por primera vez, y a pesar de haberlo tenido cerca durante años, a Jesucristo. Una muestra de que la llamada a volver a nacer también es para quienes creían haber nacido ya en Él.
Christophe Flippo junto a su esposa Claire que cuando pasaban por un a crisis le pidió que dejará la masonería y volviera al catolicismo
* «Ese día que lo dejé recibí un signo: leí un texto de san Atanasio de Alejandría en una revista que decía: Tu hermano es Dios`’. Fue un mensaje para dejar de buscar ‘hermanos’ en mi anterior comunidad; ahora mi hermano es Cristo. Lo que cambió mi vida fue volver a ser cristiano. Dejas de juzgar. Antes, si veía a alguien pidiendo en la calle, juzgaba que era su culpa por beber o no trabajar; ahora simplemente le ayudo porque necesita ayuda. Ser cristiano te da esperanza y alegría»
Camino Católico.- “Practiqué la masonería durante 21 años. Pasé por todos los niveles y capas. Me siento legitimado para hablar de ello porque tengo una gran experiencia. Trabajé en París en los rituales de la masonería y fui varias veces lo que llamamos “Venerable”, que es el maestro de una logia. Sobre por qué entré: como la mayoría de la gente, buscaba un sentido a la vida. Mucha gente que entra viene de una cultura cristiana, pero no es practicante. Puede que Dios esté muy lejos de ellos, y ese era mi caso”, dice Christophe Flippo a Omnes, quien asegura que “en apenas unos segundos y por petición de mi mujer, dejé la logia y volví de nuevo al catolicismo”. Además, precisa que “en la fe cristiana, eres salvado por la redención de Jesucristo. En la masonería y la alquimia, intentas salvarte a ti mismo para volver a ser el ‘Adán perfecto’ previo a la caída. Es una vía para perderse totalmente”.
Hoy, a punto de jubilarse con 66 años, cuenta su testimonio para desmitificar algunos conceptos sobre esta organización y explicar las razones por las que es imposible conjugar la fe católica con la masonería.
Christophe Flippo explica que “en el pasado, mi mujer y yo teníamos fe y educamos a nuestros hijos en la fe cristiana, pero progresivamente nos fuimos alejando de ella debido a la propia masonería. Personalmente, siempre he tenido en mente la pregunta de Leibniz: “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”. Es decir, ¿por qué tenemos un mundo, personas en él y conciencia de quiénes somos en medio de un universo lleno de violencia y explosiones nucleares? Me parecía increíble y buscaba respuestas en libros esotéricos antes de ser masón. Al final, entré porque alguien de mi entorno me lo propuso”.
Dos tipos de masonería: atea y deísta
“No se puede entender la francmasonería como una sola organización; hay dos tipos. Una es atea o laica y la otra es deísta, que cree en un dios genérico o un “arquitecto” que creó el mundo, pero nada más”, dice Christophe.
Y precisa que “la parte atea es muy importante en Francia. Su objetivo es construir un mundo nuevo y mejor, lo cual trae consigo el modernismo y cuestiones sociales como el aborto. Toda la “evolución” de la sociedad está liderada principalmente por esta parte atea. Hubo una época, en la Tercera República francesa de 1870, en la que el 80 % de los diputados eran masones, por lo que su influencia fue enorme hasta la Segunda Guerra Mundial”.
Christophe Flippo ha vuelto a Cristo después de 21 años en la masonería
En ese sentido señala que “los masones ateos hacen mucha política porque quieren promover su visión de la sociedad. Por eso, cuando ves a alguien hablando de masonería en la televisión o periódicos, casi siempre es de este lado. Toda la red de negocios y política está en ese lado, porque para ser político necesitas dinero y contactos”.
“La otra parte, la deísta, se basa en la tradición del Reino Unido y su constitución se estableció en el siglo XVIII, hacia 1715. Fue creada por dos pastores protestantes con la idea de buscar la paz, en una época de guerras entre católicos y protestantes. Querían sentar a la gente a la mesa para discutir sobre filosofía con tolerancia, sin la Iglesia de por medio. Cuando el Imperio Británico se expandió, reclutaron a personas locales en India o China para apoyarlos y manipularlos. Para que esto funcionara entre diferentes religiones, eliminaron cualquier mención a la fe cristiana. Así, un musulmán, budista o hinduista puede ser masón porque el único punto común es el ‘Gran Arquitecto del Universo’”, reflexiona Christophe.
Rituales que te alejan del Dios único y te llevan al paganismo
La praxis de la masonería genera estas consecuencias: “El problema es que construyen rituales y una historia basada en una mezcla de muchas culturas: alquimia, ritos griegos, egipcios, templarios y también la Biblia. En el rito de emulación, que es el más conocido, el nombre del ‘Gran Arquitecto’ cambia en cada nivel. Empieza como arquitecto, luego geómetra, y en un nivel llega a llamarse “divinidades”, en plural, lo cual ya es un problema para una fe monoteísta. Al final, el nombre es una concatenación de tres dioses: Jehová, Baal (el dios sirio) y On o Ra (el dios egipcio del sol). Te alejas del Dios único y terminas en un punto plenamente pagano”.
Por eso advierte que “la masonería deísta es totalmente incompatible con la fe cristiana, porque relativiza. Todo es igual: desde el mito de Isis y Osiris hasta la resurrección de Cristo. En resumen, a los masones les cito la primera frase de Cristo en el Evangelio de Juan: ‘¿Qué buscáis?’”.
“Ahora mi hermano es Cristo”
Después de 21 años en la masonería llegó el momento de volver a Jesucristo y según Christophe sucedió así: “Me fui en unos pocos segundos, aunque amaba la masonería. Me fui porque mi mujer me lo pidió. Estábamos redescubriendo la fe cristiana en una peregrinación en Francia y atravesábamos una crisis. Mi esposa dijo que la crisis se debía a que yo era masón, y como esposo, mi prioridad es ella”.
Christophe Flippo con su esposa Claire que le pidió que dejará la masonería y volviera al catolicismo
Pero al dar ese paso, “ese día que lo dejé recibí un signo: leí un texto de san Atanasio de Alejandría en una revista que decía: Tu hermano es Dios`’. Fue un mensaje para dejar de buscar ‘hermanos’ en mi anterior comunidad; ahora mi hermano es Cristo”.
Y el fruto de volver al catolicismo es perceptible en su manera de actuar:”Lo que cambió mi vida fue volver a ser cristiano. Dejas de juzgar. Antes, si veía a alguien pidiendo en la calle, juzgaba que era su culpa por beber o no trabajar; ahora simplemente le ayudo porque necesita ayuda. Ser cristiano te da esperanza y alegría”.
Dificultades para vivir el matrimonio si uno de los dos es masón
La espiritualidad que cada persona se construye para sí en la masonería provoca serias dificultades para la vida matrimonial: “Es un problema para las parejas porque construyes tu espiritualidad solo. Tu esposa no puede entender los rituales, que son extraños y progresivos. Se crea una brecha. Una mujer me contó una vez que su marido, que era masón, le pidió el divorcio durante una cena simplemente diciendo: ‘No tenemos nada más que compartir’. Él estaba construyendo algo por su cuenta y ella estaba sola.
Para Christophe Flippo “la masonería no es una secta. Es difícil entrar, pero es fácil irse. No se bebe sangre, ni se escupe sobre Cristo. Pero sí es un extravío filosófico. Una búsqueda progresiva que aleja de Cristo en favor de las tradiciones paganas. Sin embargo, la ‘fraternidad’ es falsa. El día que te vas, desapareces para ellos. Yo estaba llorando en mi última reunión porque estaba triste por dejar a mis hermanos, pero al día siguiente nadie me llamó. La relación es con el grupo, no entre individuos”, concluye.
28 de junio de 2026.- (Camino Católico)Homilía de Mons. José Manuel Lorca, obispo de Cartagena, y lecturas de la Misa de hoy, domingo, de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, apóstoles, emitida por 13 TV, desde la Catedral de Murcia.
28 de junio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, domingo, de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, apóstoles, presidida por Mons. José Manuel Lorca, obispo de Cartagena, emitida por 13 TV desde la Catedral de Murcia.