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miércoles, 3 de junio de 2026

José Antonio Sau, periodista y escritor: «No podría vivir sin rezar porque estoy continuamente haciéndolo, nos hace mejores personas y es la forma en la que Dios se manifiesta a los demás y hace su voluntad»

José Antonio Sau ora continuamente durante su vida cotidiana

* «Reflexiono y oro de forma continua. A veces me he sorprendido orando, por ejemplo, cuando voy por la calle, de un sitio a otro y, al reflexionar sobre el momento vital, ya sea coyuntural o general, que atravieso. Es algo incluido en mi cotidianidad. No tengo que ir a una parroquia para hacerlo, aunque de vez en cuando me escapo a alguna y tengo una conversación incluso más íntima. Lo he integrado tanto en el día a día y tengo tanta conversación interior con Jesús que casi podría decirse que lo hago partícipe de esa oración de forma continua… Lo que hago es dialogar continuamente con Jesús como si fuera un buen amigo al que le cuento todo, le pido consejo y le explico mis planes para que los sopese y me enseñe el camino. A veces le he pedido demasiado para mí. Ahora le pido más por los demás. A veces no he estado a la altura de lo que Él nos pide, pero hay que mejorar continuamente, no solo por uno, sino por los demás»

Camino Católico.-  José Antonio Sau es periodista y escritor, y con diversos reconocimientos en ambos ámbitos. HA SIDO responsable de comunicación del Clúster Marítimo-Marino de Andalucía, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en prensa escrita, especialmente en La Opinión de Málaga. Autor de varios libros, entre los que destacan ‘La chica de los ojos manga’ (2016, La Isla de Siltolá, finalista del XIII Premio Setenil al mejor libro de relatos editado en España), ‘Lola Oporto’ (Ediciones del Genal, 2018, finalista del I Premio Icue Negro, otorgado por el Festival de literatura policiaca Cartagena Negra) e ‘Historia de un suicida’ (La Isla de Siltolá, 2021), es, también, hermano del Sepulcro y no se achica a la hora de declarar su fe y en esta entrevista de Ana María Medina en el portal de la Diocésis de Malága comparte su testimonio de su estrecha relación con Dios.

- ¿Quién le enseñó a rezar? ¿Qué recuerda de eso?

- En casa, mi abuela materna era muy creyente y recuerdo que me enseñó algunas oraciones cuando era pequeño. Mi madre también contribuyó bastante a que yo forjase una relación íntima con esta práctica, que, sobre todo, se ha afianzado a partir de los últimos años, ya bien entrado en la vida adulta. Antes sólo oraba yo, ahora también escucho. Pero hay un sacerdote que influyó mucho en mí: mi parroquia de toda la vida ha sido Santa María Goretti y, cuando tenía ocho o nueve años, tuvimos un párroco que se llamaba Agapito. Hacía misas para niños los domingos a las once de la mañana. La iglesia se llenaba. Sacerdotes como él me hicieron acercarme a la iglesia. Hoy su recuerdo se concreta en forma de sonrisa.

- ¿Qué significa la oración en su vida? ¿Podría vivir sin rezar? 

- No tengo un momento concreto del día para hacerlo. Lo cierto es que he descubierto que lo hago continuamente, a veces uno cree que está inmerso en un soliloquio, analizando su vida y poniendo las cosas en perspectiva, y resulta que al final lo que hago es dialogar continuamente con Jesús como si fuera un buen amigo al que le cuento todo, le pido consejo y le explico mis planes para que los sopese y me enseñe el camino. A veces le he pedido demasiado para mí. Ahora le pido más por los demás. A veces no he estado a la altura de lo que Él nos pide, pero hay que mejorar continuamente, no solo por uno, sino por los demás. No podría vivir sin rezar y es una práctica integrada en mi día a día. Rezar nos hace mejores personas, por lo menos a quienes sí creemos. Y una buena persona es una bendición en su círculo íntimo, porque es la forma en la que Dios se manifiesta a los demás y hace su voluntad.

- ¿En qué momentos la tiene más presente?

- Reflexiono y oro de forma continua. A veces me he sorprendido orando, por ejemplo, cuando voy por la calle, de un sitio a otro y, al reflexionar sobre el momento vital, ya sea coyuntural o general, que atravieso. Es algo incluido en mi cotidianidad. No tengo que ir a una parroquia para hacerlo, aunque de vez en cuando me escapo a alguna y tengo una conversación incluso más íntima. Te diría que las primeras horas de la mañana son las que más uso para esta práctica. Antes, cuando iba desde el periódico al Ayuntamiento y pasaba junto a la Catedral, mientras el sol se derramaba sobre esas piedras antiguas y nobles, me invadía una sensación de bienestar inmensa y me daba por orar. Lo he integrado tanto en el día a día y tengo tanta conversación interior con Jesús que casi podría decirse que lo hago partícipe de esa oración de forma continua. Un amigo que falleció hace algún tiempo le dijo a otro: si esto, de lo que se trata, es de ir cuando se pueda o cuando te llame, al Sagrario o al templo que quieras, y echar allí un rato contigo y con Él, y contarle tus cosas. Siempre me acuerdo de ello.

- ¿Cómo reza, en qué momento, en qué lugar?  

- Pues como te he comentado, lo hago de forma continua durante el día, sobre todo cuando voy de un sitio para otro. A veces, si el trajín cotidiano me lo permite, entro en una iglesia y echo un rato a solas con Jesús y María. A veces he reflexionado sobre el trato que tengo con ellos y lo que busco, fundamentalmente, es apoyo y consuelo. Recuerdo algunos momentos puntuales de mi vida, tal vez cuando estaba más perdido, en los que oré y me fui muy confortado: por ejemplo, a veces, cuando era muy joven, iba a la capilla que el Descendimiento tiene en el Hospital Noble y, en los últimos años, a la abadía de Santa Ana, sede de mi cofradía. Aunque reconozco que tengo una relación especial con dos imágenes, son las que más sentimientos provocan en mí y, por consiguiente, más oraciones, cuando me hallo frente a ellas: Jesús Cautivo y la Virgen del Rocío. Pero lo cierto es que me gusta sorprenderme hablando con Él como si fuera un amigo, retomando tal vez una reflexión o una conversación del día anterior.

- ¿Por qué recomendaría la oración a alguien que no la practique?  

- Si uno está perdido, si uno está inmerso en el trajín del día a día y piensa que nadie lo escucha, si uno pasa un mal momento, si uno necesita de los demás pero es incapaz de encontrarlos, hay una manera muy fácil de tender un puente entre él y Dios, que es orar. Lo mejor es hacerlo en la soledad de la casa o en la intimidad de una parroquia, buscando la quietud de la tarde o el refugio de una mañana ajetreada. Y, si a uno le va bien, si su familia y amigos tienen salud, si sus sobrinos y sus hijos avanzan en la vida con bienestar, si uno no le pide mucho a la existencia, más allá de dar y de darse, también la oración puede complementar mucho, porque se convierte en un acto para dar gracias y, cuando uno está agradecido, se transforma en un instrumento de Dios, que quiere, sobre todo, que seamos buenas personas. El cristianismo siempre se concreta con una sonrisa franca y abierta al otro. Y para sonreír así a los demás, uno de los mejores caminos es la oración continua en la que no solo hablemos nosotros, sino que también hemos de escuchar.

- ¿Cuál es su oración para recomendar?  

- Cuando oro suelo hacerlo con mis propias palabras. Al final, tejo un soliloquio que, si estoy atento, se convierte en un diálogo entre un padre y su hijo o, como a mí me gusta verlo, como mi mejor amigo, la mejor compañía que uno puede tener. Pero en esto soy clásico: me sigue fascinando la introspección que me facilita el simple hecho de rezar un Padre nuestro o un Ave María. Son mis dos oraciones preferidas. Y las entono prácticamente todos los días. También suelo persignarme bastante. A veces lo hago de forma automática. Cuando me doy cuenta de que lo hago, sonrío.

Papa León XIV en la Audiencia General, 3-6-2026: «El rito da forma a la acción litúrgica y a nuestra vida, que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo, si participamos con cuerpo, mente y corazón»

* «’Signo’ y ‘símbolo’ son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo»

 


3 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor”, ha subrayado el Papa León XIV en la audiencia general celebrada este 3 de junio, ante decenas de miles de fieles, en su tercera catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium en la que  ha profundizado en el significado del rito, los signos y los símbolos dentro de la liturgia, continuando así su reflexión sobre los documentos del Concilio Vaticano II.


Tras el habitual recorrido en papamóvil entre fieles y peregrinos en la Plaza de San Pedro, el Papa, llegado al atrio de la Basílica Vaticana, explica en primer lugar que "los ritos de la liturgia cristiana" son, en la práctica, "la mediación eclesial mediante la cual nos alcanza el don divino", y no simplemente «un revestimiento exterior del misterio sacramental".

El Santo Padre ha dicho que "a través del rito sagrado somos formados para escuchar la Palabra de Dios, dar gracias y adorar, compartir fraternalmente y vivir la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por una misma fe”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:




LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 3 de junio de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 3. El rito, el signo, el símbolo

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con las catequesis sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (SC), queremos pararnos a reflexionar sobre algunos elementos que constituyen la sagrada liturgia, como el rito, el signo y el símbolo.

El Concilio Vaticano II, beneficiándose del valioso trabajo del Movimiento litúrgico, nos ha ayudado a redescubrir una verdad muy viva en la conciencia de la Iglesia antigua y en la enseñanza de los Padres. Los ritos de la liturgia cristiana no son un revestimiento exterior del ministerio sacramental, un conjunto de ceremonias arbitrarias, sino que son la mediación eclesial a través de la que nos llega el don divino. Precisamente por eso el Concilio invita a comprender el Mysterium fidei que se realiza en la liturgia a través de los ritos y de las oraciones (cf. SC, 48).

El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos (cf. ibid.) respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor. A través del sagrado rito nos formamos en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y en la adoración, en el hecho de compartir de forma fraterna y en la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por la misma fe.

El rito nos implica en una secuencia de gestos y de oraciones bien definida, que a veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad. Su lógica no consiste en encorsetar la libertad en esquemas. Al contrario, con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe actividades frenéticas, reconduciéndonos a lo esencial. Descubrimos así otra dimensión de la acción, que no se rige por los cálculos productivos y otra experiencia del tiempo y del espacio. En el rito experimentamos una lógica de gratuidad, encontramos un descanso que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la gracia divina, aprendemos a vivir a un ritmo habitado por el Espíritu Santo.

La gramática del rito está entretejida con los signos y los símbolos propios de la liturgia. En ella, como afirma el Concilio, «los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre» (SC, 7). El Catecismo de la Iglesia Católica profundiza el valor de estos signos, recordando que «su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo» (n. 1145). Es emblemático el signo del agua: de los orígenes de la creación al diluvio, del paso del Mar Rojo al Jordán, hasta el agua que brota del costado de Cristo y se convierte en signo sacramental de la inmersión de su muerte y resurrección.

“Signo” y “símbolo” son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento. Sobre todo, los símbolos tienen una dimensión singular performativa y transformadora, tanto hacia los elementos materiales que los componen, como hacia aquellos que entran en contacto con ellos, generando pertenencia, tocando el corazón y la mente, suscitando auténticas relaciones eclesiales.

En la Carta Apostólica Desiderio desideravi, el Papa Francisco, haciendo suya una afirmación de Romano Guardini, identificaba «la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos» (n. 44). Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo (cf. 1Ts 5,23).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con las catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, hoy nos centramos en tres elementos constitutivos de la Sagrada Liturgia: el rito, el signo, el símbolo. El rito —en el que estamos llamados a participar con cuerpo, mente y corazón— es el medio eclesial que, dando una forma definida a la oración, nos ayuda a alcanzar los dones divinos. Está compuesto de signos sensibles que realizan la santificación del hombre (cf. SC 7), como el agua en el bautismo; y de símbolos, que nos ayudan a dar significado y valores más profundos a la realidad que percibimos.

Los símbolos son además gestos sencillos —como arrodillarse, darse la paz— o acciones más complejas como los actos constitutivos de cada sacramento, que transforman tanto los elementos materiales, como a quienes entran en contacto con ellos, generando un sentido de pertenencia, tocando el corazón y la mente y suscitando auténticas relaciones eclesiales.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a dejarse formar por los ritos de nuestras celebraciones, participando activamente en ellos, para que estos verdaderamente sean un encuentro vivo con el Señor. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Quisiera dirigirme especialmente a los sacerdotes y religiosos de Oriente Medio: acompaño su ministerio y las esperanzas de sus respectivos países con mis oraciones y mi bendición.

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Esta semana celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, o, según la formulación latina más conocida, la Solemnidad del Corpus Christi. En la Eucaristía, contemplamos a Jesús, el pan partido y entregado por cada uno de nosotros. Una expresión de la piedad eucarística popular son las procesiones con el Santísimo Sacramento que tienen lugar en las calles de muchos países; en este sentido, los animo a mantener viva esta hermosa manifestación de testimonio público de la fe.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV













Fotos: Vatican Media, 3-6-2026

Raúl Berzosa, pintor de arte sacro: «Pinto rezando; ’pedid y se os dará’; Jesús siempre me reconforta y me da esperanza; Cuanto más rezamos, más tiempo queremos estar con Él que te escucha siempre»


Raúl Berzosa ante una de sus obras de arte sacro

* «Rezar es muy importante. Es mi ‘conversación’ con Dios y, junto a la lectura del evangelio diario, me da muchísima paz interior y me ayuda a crecer en mi labor artística. Como ser humano que tiene sus miedos y debilidades, intensifico las oraciones en ocasiones, eso sí, y no hablo solo por mí, sino cuando pido también por otras personas o situaciones… La oración la recomiendo porque es un modo maravilloso de hablar con Dios, de forma íntima. Además, cuanto más rezamos, mayor tiempo queremos estar con Él. Jesús te escucha siempre. Mi oración favorita es el Padrenuestro. Es mi frase por excelencia, Jesús nos lo enseñó y nos mostró cómo hablar desde la sencillez con el Padre»

Camino Católico.-  Raúl Berzosa (Málaga, 1979) es, a sus 47 años, uno de los grandes pintores de arte sacro contemporáneo, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Sus obras se encuentran hoy repartidas por varios continentes –del Vaticano a China, de EE.UU. a Gran Bretaña, pasando por México o Argentina– y han conquistado a miles de personas por una fuerza espiritual que trasciende lo meramente artístico. Porque, como sostiene el propio pintor, “la Belleza no deja a nadie indiferente”: habla de Dios y alcanza directamente el alma. 

Influenciado por el mundo cofrade en el que creció, el estilo realista de Raúl Berzosa ha cautivado a miles de personas en iglesias, universidades o palacios episcopales de todo el mundo. Ha retratado a Papas y cardenales, ha pintado a grandes santos, y cómo no, ha recreado con colores vibrantes escenas emblemáticas de la vida de Jesús, José y María.  “A san José lo he pintado tantas veces que me suele acompañar”, comenta el artista a Misión. Además de diseñar sellos para la Santa Sede y realizar grandes obras para presbiterios de iglesias en países tan diversos como China o Guatemala, hay un proyecto que ocupa un lugar especial en su trayectoria: el techo del oratorio de santa María Reina y Madre, conocido ya como la “Capilla Sixtina de Málaga”. Allí, Berzosa tuvo que coger un arnés y subirse durante meses en un elevador para pintar más de 140 metros cuadrados de escenas e imágenes que dejan sin palabras a quien las contempla. El artista defiende que, en una sociedad marcada por el feísmo, la belleza del arte sacro sigue siendo un camino privilegiado para la salvación de las almas.

Raúl Berzosa ha pintado a Papas, entre ellos a Benedicto XVI con quien posa en la imagen

“La fe es uno de los pilares de la creación del arte sacro. Si quiero que las pinturas funcionen y ayuden a las personas a orar necesito tener fe, ir más allá de crear una obra de calidad. Hay que buscar que transmita a la persona que se pone delante del lienzo o que ve la imagen en una pantalla. Diría que pinto rezando. La pintura es también mi forma de oración”, asegura Raúl Berzosa a Misión.

Siempre vio rezar en el seno de su familia, lo que le ha hecho crecer cultivando este encuentro con Dios en lo cotidiano. “Mi madre es una persona muy creyente y practicante, de ella lo aprendí. Por supuesto, también influyó mi formación en los Hermanos Maristas, donde el rezo y la formación religiosa es esencial, junto a la educación y a otros valores”, recuerda el pintor en el portal de la Diócesis de Málaga.

Para Berzosa, “rezar es muy importante. Es mi ‘conversación’ con Dios y, junto a la lectura del evangelio diario, me da muchísima paz interior y me ayuda a crecer en mi labor artística. Como ser humano que tiene sus miedos y debilidades, intensifico las oraciones en ocasiones, eso sí, y no hablo solo por mí, sino cuando pido también por otras personas o situaciones. ‘Pedid y se os dará’. Jesús siempre me reconforta y me da esperanza”, asegura.

Raúl Berzosa pintando a la Sagrada Familia, San José, el Niño Jesús y la Virgen María

Rezar ante la Sábana Santa

La rutina que tiene es que “mi estudio se encuentra cerca de la iglesia de san Antonio María Claret. Es la iglesia de mi niñez. Y siempre que voy andando a mi estudio entro para saludar al Señor en el Sagrario y dar las gracias por el nuevo día”, transparenta.

Este artista no duda en invitar a ser asiduos en la oración, especialmente a aquellas personas que no han descubierto aún la riqueza de esta práctica. “La oración la recomiendo porque es un modo maravilloso de hablar con Dios, de forma íntima. Además, cuanto más rezamos, mayor tiempo queremos estar con Él. Jesús te escucha siempre. Mi oración favorita es el Padrenuestro. Es mi frase por excelencia, Jesús nos lo enseñó y nos mostró cómo hablar desde la sencillez con el Padre”.

Su momento favorito para rezar es antes de irse a dormir, delante de una reproducción de la Sábana Santa, que forma parte especial de su vida. “Es muy importante para mí a la hora de orar. Siempre la he visto presidiendo la casa de mis padres, y también la tengo en mi taller, en mi casa y en mi cartera… siempre viene conmigo, o más bien, yo siempre voy con Él. Cuando pinto a Jesús, la tengo muy presente, porque para mí es su auténtico rostro; es más, alguna vez he hecho algún Cristo más sindónico”, confiesa.

“También es importante para rezar el Santísimo, y una cita ineludible con Él todos los jueves en la iglesia de San Antonio María Claret, cuando voy andando para el taller paso por delante de la puerta y el Señor expuesto ‘me llama’», comparte.

Otra de las obras de arte sacro de Raúl Berzosa

El arte sacro evangeliza

Respecto a lo que aporta el arte sacro a una sociedad secularizada dice que “estoy convencido de que el arte sigue siendo una herramienta extraordinaria para la evangelización. La pintura ha sido históricamente una de las grandes disciplinas del arte, el gran medio para mostrar la realidad y presentar ideas a través de imágenes. En el caso del arte sacro, además, está al servicio del culto y posee un carácter profundamente litúrgico. Estamos en una sociedad que no sólo presenta el feísmo, sino que, además, lo ensalza. Los que nos dedicamos a la obra sacra vamos a contracorriente. En el arte sacro se busca la belleza, y esto se topa con un mundo donde es evidente que destaca lo grotesco, lo feo. Y si eso lo unes a un estilo realista como el mío, nos ven como de otra época. Creo que, como dijo Dostoyevski en su novela El idiota, la belleza salvará al mundo. Y cuando hablamos de belleza, no nos referimos únicamente a una obra bella, sino a que esa belleza, como dijo el papa Benedicto xvi, sea un camino para encontrar a Dios”.

Su pasión por la pintura se produjo “con 12 o 13 años cuando comencé a dibujar cómics. Llevaba al papel lo que veía en la televisión. Mi padre, viendo que no se me daba mal, me apuntó en un taller local, dirigido por el pintor Rando Soto. Ahí tuve mi primer contacto con el óleo y después estuve con José Antonio López, otro pintor local”, relata Berzosa.

El arte sacro afloró en Berzosa “en el año 2000 en que realicé mi primera pintura pública: el cartel de la salida procesional de la cofradía del Rocío de Málaga. Esas primeras obras cofrades sirvieron para plasmar la necesidad que tenía de hacer arte sacro. Luego, poco a poco, fueron derivando, pues ya no copiaba las imágenes de las cofradías, sino que creaba mis propias figuras. Hoy, el arte sacro ocupa, con diferencia, la mayor parte de mi producción”.

Y prosigue: “Soy licenciado en Historia del Arte, esto me ha ayudado bastante en mi formación para la creación de arte sacro, pero estas no son simples obras que sirven para embellecer o decorar un lugar, sino que transmiten un mensaje. Para poder llegar a transmitirlo estudié bastantes obras de arte sacro. Esto me aportó muchísimo a la hora de crear la iconografía de las obras religiosas”.

Refiriéndose en que lugar desearía pintar una obra sacra suya, Raúl Berzosa dice que “no me suelo poner metas. Muchas cosas que he hecho ni llegué a soñarlas, pero sí hay algo que tengo pendiente y que espero cumplir: realizar una obra para alguna iglesia de Tierra Santa. Y también algún proyecto para África y Oriente Medio, lugares donde el arte sacro puede ayudar”.

Raúl Berzosa en el elevador pintando el techo del oratorio de santa María Reina, en Málaga. Este ha sido el desafío más importante al que se ha enfrentado como artista

De las obras que ha realizado, la que más le ha tocado el corazón es “seguramente, mi principal proyecto se encuentra en mi ciudad, el oratorio de Santa María Reina. Ha sido mi obra de mayor tamaño y la última parte está dedicada a la coronación de la Virgen María. El lugar para representar este momento tan importante de Nuestra Madre es el techo del oratorio, una obra con una infinidad de figuras, más de 140 metros cuadrados, pintura acrílica directamente sobre el muro. Fue una obra compleja para la que tuve que salir del taller –de mi espacio– donde tengo mis óleos, mis caballetes, coger un arnés y subir a un elevador durante meses”.

Y el artista concluye compartiendo destacando un cita de la Escritura: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).

Keishera Joubert, madre del ‘bebé milagro’ que nació dos veces: «Me dije: ‘Dios me puso en esta habitación por una razón… Necesito que esto no se trate de mí, sino de salvar a mi hijo y servir al Señor’; Oré mucho»

Greg y Keishera Joubert sonríen orgullosos sosteniendo a su pequeño bebé milagro, Cassian / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

* «No había absolutamente nada más que pudiera hacer que mirar los monitores y rezar a Dios para que se hiciera su voluntad una vez más… Dios nos eligió para que Cassian pudiera dar este salto en la ciencia médica. Dios transformó nuestra mayor tristeza en un gran avance de la ciencia médica, y ahora existe una nueva era de tratamientos para estos bebés... que antes se enfrentaban a un diagnóstico devastadoramente fatal. Ahora podemos decir que estos bebés tienen una buena probabilidad de sobrevivir»

Camino Católico.- A principios de 2025, Keishera y Greg Joubert se alegraron muchísimo al saber que esperaban un segundo hijo. Pero a las 19 semanas, un diagnóstico devastador truncó su ilusión: Cassian padecía el síndrome de obstrucción congénita de las vías respiratorias altas (CHAOS, por sus siglas en inglés), una afección rara y generalmente mortal en la que una membrana gruesa bloquea las vías respiratorias.

Sin darse por vencidos, la pareja católica encontró esperanza en el Dr. Emanuel Vlastos del Hospital Orlando Health Winnie Palmer en Florida. Cuando una cirugía prenatal estándar no logró romper la membrana, el Dr. Vlastos propuso una alternativa radical e innovadora. A las 25 semanas, los médicos practicaron una cesárea parcial para extraer a Cassian, sacando solo su cabeza y brazos del útero. Aún sostenido por la placenta, los especialistas realizaron una delicada traqueotomía para crear una vía respiratoria antes de devolverlo al útero de su madre. 

El pequeño Cassian en el hospital poco después de nacer la segunda vez / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

Seis semanas después, Keishera rompió aguas. Un enorme equipo de 30 profesionales médicos se movilizó para realizar una cirugía final con el fin de asegurar la respiración de Cassian fuera del útero. Literalmente, nació dos veces.

«Cuando me enteré del diagnóstico, fue devastador», explica Keishera Joubert al National Catholic Register. «Me eché a llorar desconsoladamente. Corrí a la habitación y lloré a lágrima viva en un rincón. Existía la posibilidad de que ni siquiera sobreviviera al embarazo».

El pequeño Cassian ha superado un largo camino y ahora está a solo 3 meses de celebrar su primer cumpleaños / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

El diagnóstico suele ser fatal para la mayoría de los bebés. Keishera comenta que, durante su encuentro con el doctor Vlastos, ni siquiera mencionó la posibilidad de interrumpir el embarazo. En cambio, el médico adoptó una actitud proactiva y elaboró ​​un plan para tratar a Cassian en el útero. 

Cuando una cirugía láser laparoscópica inicial no logró perforar la densa obstrucción, el equipo médico optó por una alternativa radical e innovadora: un procedimiento EXIT (Tratamiento Intraparto Ex Utero). 

Durante la compleja cirugía, los médicos extrajeron parcialmente a Cassian mediante cesárea, sacando solo su cabeza y brazos del útero. Mientras aún se mantenía completamente alimentado por la placenta de su madre, un equipo de especialistas en otorrinolaringología logró realizar una pequeña incisión debajo de la obstrucción para practicarle una traqueotomía que le salvó la vida. Una vez asegurada la vía aérea con un tubo, Cassian fue colocado de nuevo en el útero para continuar su desarrollo. 

El bebé Cassian está siendo operado en el útero para corregir sus vías respiratorias / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

Tras la cirugía, Keishera pasó seis semanas en reposo absoluto en la unidad de maternidad del hospital, conectada a monitores fetales las 24 horas del día. 

“Tuve que asimilar la idea de que podría estar aquí hasta el final del embarazo”, recuerda Keishera, señalando cómo tuvo que cambiar su perspectiva, pasando de su propia incomodidad a un enfoque espiritual más profundo. 

“Tuve que volver mi perspectiva hacia Dios y decir: ‘Dios me puso en esta habitación por una razón… Necesito que esto no se trate de mí, sino de salvar a mi hijo y servir al Señor’. Así que, básicamente, así pasé la mayor parte del tiempo. Oré mucho.” 

La montaña rusa médica alcanzó su punto álgido seis semanas después, con el nacimiento de Cassian. Su estancia en la UCIN estuvo marcada por una incertidumbre increíble, incluyendo un momento aterrador durante una limpieza rutinaria de la traqueostomía en el que el bebé estuvo a punto de sufrir un paro cardíaco. 

Un sacerdote católico unge al bebé Cassian durante su estancia en el hospital / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

“Tuve que quedarme allí quieta, impotente, mientras varias personas entraban corriendo a la habitación”, dice Keishera. “No había absolutamente nada más que pudiera hacer que mirar los monitores y rezar a Dios para que se hiciera su voluntad una vez más”. 

Tan solo una semana después de aquel encuentro cercano con la muerte, Cassian recibió el alta para volver a casa. 

Hoy, con nueve meses de edad, Cassian está creciendo sano y salvo junto a su hermano mayor, Matthias, que tiene casi 3 años. 

Reflexionando sobre el vertiginoso año vivido, Keishera considera el logro médico de su hijo como un testimonio de entrega absoluta. 

Greg y Keishera Joubert acariciando a su pequeño bebé milagro, Cassian / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

“Ahora mismo, sé que ha pasado aproximadamente un año desde que supimos de su diagnóstico... Dios nos eligió para que Cassian pudiera dar este salto en la ciencia médica”, dice. 

“Dios transformó nuestra mayor tristeza en un gran avance de la ciencia médica, y ahora existe una nueva era de tratamientos para estos bebés... que antes se enfrentaban a un diagnóstico devastadoramente fatal. Ahora podemos decir que estos bebés tienen una buena probabilidad de sobrevivir”, concluye.