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lunes, 4 de mayo de 2026

Christopher con 12 años se preguntó «¿quién es el verdadero Dios? Investigué, leí el capítulo 6 del Evangelio de San Juan y vi que la Eucaristía es sin duda el cuerpo y la sangre de Jesucristo y me he bautizado católico»

Christopher recibiendo la Eucaristía por primera vez, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

* «Un día estaba navegando por Instagram y me topé con un vídeo que explicaba la diferencia entre protestantes y católicos. Así que me sumergí en ese mundo y vi muchos debates; fue así como realmente me adentré más profundamente en la teología. Investigué sobre los apóstoles y la historia de la Iglesia primitiva»

Camino Católico.-  A pesar de haber crecido en un hogar no religioso, creer en Dios era algo natural para Christopher. Dado que su abuela le había puesto ese nombre porque quería que llevara el nombre de un santo, parecía inevitable que, algún día, el adolescente de Sídney acabara teniendo una relación con Dios.

"Tenía clases de religión en el colegio y creía que Jesús era Dios", cuenta Christopher a The Catholic Weekly. "Pero no era algo en lo que pensara mucho, simplemente así eran las cosas, porque no había conocido nada más", añade.

Sin embargo, a los 12 años, Christopher empezó a hacerse preguntas más profundas, una de las cuales le llevó a emprender un riguroso proceso de investigación sobre la teología y la filosofía de diferentes religiones, incluido el catolicismo. 

"¿Quién es el verdadero Dios? ¿Tengo una idea correcta de Él? Era algo en lo que pensaba cada vez que tenía ocasión, así que lo investigaba poco a poco", dice.

Christopher es bautizado, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

Empezando de forma general, exploró diversas religiones para ver si alguna fe distinta del cristianismo podía ser verdadera. El cristianismo pronto destacó sobre las demás.

"Un día estaba navegando por Instagram y me topé con un vídeo que explicaba la diferencia entre protestantes y católicos. Así que me sumergí en ese mundo y vi muchos debates; fue así como realmente me adentré más profundamente en la teología. Investigué sobre los apóstoles y la historia de la Iglesia primitiva. Entonces me di cuenta de la verdad sobre la Eucaristía y leí el capítulo 6 del Evangelio de San Juan. Vi que la Eucaristía es sin duda el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Así que pensé: «Vale, tengo que ir a la iglesia que tenga esto»", confidencia Christopher.

En ese momento, Christopher debía decidir entre la ortodoxia y el catolicismo. Aunque al principio no tenía una respuesta clara, su decisión se basó finalmente en la unidad, la universalidad de la Iglesia católica y el Credo de Nicea. 

Así, a los 14 años, se inscribió en los cursos de Iniciación Cristiana para Adultos (RICA), aún sin estar seguro, pero con una actitud abierta. "Decidí intentarlo", señala.

Christopher es confirmado, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

Con la orientación y el apoyo del padre Dariusz Basiaga SDS y de los feligreses de la parroquia St Luke's de Revesby, Christopher recibió los sacramentos de iniciación el Domingo de la Divina Misericordia y eligió a San Agustín como su santo de confirmación. "Quería alguien a quien admirar, y sentí una gran conexión con él; simplemente sentí que estaba destinado a estar con él", afirma.

Al confidenciar lo que vivió en su Primera Comunión, comenta de forma sintética pero radical... que le llamó la atención lo diferente que se sentía respecto a la comunión en otras iglesias. "Mi cuerpo se sentía diferente", dice. 

Christopher espera vivir su fe más profundamente y convertirse en el mejor católico que pueda ser. A otros de su edad que buscan la verdad, les ofrece un consejo sencillo: "Simplemente hazlo: confía en Dios. Llegará un momento en que Dios te aclare el camino. Él te dirá: «Ven aquí», porque esta es su verdadera Iglesia".

José Luis Rubio Willen fue modelo en Cibeles, compañero de Almodóvar, empresario de la noche, locutor, cantante y hoy dirige la comisión para beatificar a Isabel la Católica: «Dios tenía guardado para mí que moriré sacerdote»

José Luis Rubio Willen, director de la Comisión para la Causa de beatificación de la Reina Isabel la Católica / Foto: Cedida - El Debate

* «Fue en torno al año 2000. Yo estaba en el mundo de la noche, con mi discoteca, con mi novia, con una estructura mental totalmente diferente. Me avisaron para colaborar en la Comisión de Isabel la Católica; me dejé llevar y empecé a trabajar en temas de oficina. Yo entonces era como cualquier chico normal de ahora, pero mi familia era muy creyente, y ‘la leche que se mama nunca se derrama’. Al ir relacionándome de nuevo con las cosas de la religión, empecé a notar que me sentía muy a gusto. Y ahí, trabajando, es donde me viene la vocación y, oye, ¡qué cosa tan bonita!. Yo no quería ser sacerdote; ni lo deseaba ni lo pensaba, hasta me parecía una locura. Pero estaba en un momento propicio, había terminado una relación larga, y ahí se produce el cambio. Fui a pedirle orientación a la Reina Isabel y también a santa María de la Alhambra, y la respuesta fue clara. Yo lo considero un milagro moral; desde entonces estoy aquí y soy feliz»

      Vídeo de la parte central del programa “Cuanto te quiero”, emitido el 4 de julio de 2013 por Radio Televisión de Castilla y León, en el cual el padre José Luis Rubio Willen cuenta su historia con testimonios de sus feligreses y cuantos colaboran con él  

Camino Católico.-  Granadino de origen, aunque afincado en Valladolid desde los nueve años, José Luis Rubio Willen se ordenó sacerdote a los 60 años. Antes tuvo otra vida: fue locutor de radio, cantante de un grupo de música, director de documentales, modelo y fotógrafo en la Pasarela Cibeles, dueño de varias discotecas y tiendas de surf, pionero del tecno en Castilla León… Hoy, con 80 años, se reivindica como «cura de pueblo» tras su paso por parroquias como Carpio, Bobadilla, Brahojos o El Campillo. Desde esa experiencia, dirige la Comisión para la Causa de Beatificación de la Reina Isabel la Católica, a la que define como una figura de «gran fuerza contra el mal» y cuya santidad «nadie puede poner en duda».

«Este ha probado de todo, pero ya se cansará…», decían de él cuando se ordenó sacerdote, pero José Luis Rubio afirma a Alfa y Omega: «Dios tenía guardado para mí este final. Moriré sacerdote».

José Luis, en el centro, de azul, con los DJ’s de su Willen Project / Foto: Cedida - Alfa y Omega

En Valladolid, ya de joven empezaron a despuntar en él las inquietudes artísticas. «En 1967 se inauguró la emisora Cope en Valladolid, y me avisaron para llevar la parte juvenil, lo que después fue cadena 100, entrevistando a los grupos de entonces, Los Brincos, el Dúo Dinámico, Los Bravos… Desde la medianoche hasta las dos de la madrugada, donde presentábamos novedades musicales. Tenía mucho tirón, porque era la hora en la que la gente joven volvía de las discotecas o todavía estaba despierta. Además, fui cantante y formé parte de un grupo en aquellos años. Empecé a cantar en la universidad, en colegios mayores, en teatros… Era cantautor y luego formamos una banda, pero ahí entró la droga, y de todos los que estábamos, el único que queda soy yo»,  asegura a El Debate.

Y añade que «fue una época muy fuerte. Conocí a mucha gente. Recuerdo conversaciones con Nacho Cano en las que hablábamos de aquella etapa de la movida madrileña. Él era más joven, pero compartíamos ese ambiente. Yo me dejaba llevar por lo que me gustaba. Me gustaba la música, monté una tienda de música; me gustaba la discoteca, monté discotecas, introduciendo el tecno en Castilla León, y empecé en sitios como Alaejos, donde arranqué esa etapa. Era un ambiente muy fuerte, muy vivo».

Hay una anécdota muy significativa de su época como empresario de la noche relacionada con la construcción de una iglesia en Valladolid Que la relata así:

«Eso fue en el año 1975, cuando yo estaba montando una discoteca en Alaejos. Da la casualidad de que el constructor era el mismo que el de la iglesia de los Jesuitas, el Sagrado Corazón. Yo había elegido un tipo de techo para la discoteca y, en plena obra, me llamaron diciendo que habían medido mal y que necesitaban justo ese mismo techo. Entonces imagínese la situación: los dos proyectos en plena obra. Yo llamé al constructor porque aquello era una responsabilidad tremenda. Pero al final tomé la decisión de cederles todo el techo que tenía para la discoteca. Gracias a eso pudieron terminar la iglesia tal y como está hoy. Luego tuve que poner otro distinto en la discoteca, en blanco, que con el tiempo se amarilleaba y no era lo mismo. Pero, bueno, lo hice por mayor gloria de Dios. Siempre digo que los Jesuitas tienen una parte de techo de discoteca en su iglesia».

José Luis Rubio Willen durante su etapa de modelo, año 1982 / Foto: Cedida - El Debate

José Luis Rubio Willen también formó parte del ambiente creativo del mundo de la moda:«Estuve en la pasarela Cibeles con diseñadores como Francis Montesinos, Jesús del Pozo o Manuel Piña, que eran los grandes nombres en aquel momento. Trabajé en ese oficio, aunque no era lo que más me gustaba; lo hice para entender ese mundo, para ver cómo funcionaba. Luego me pasé a la fotografía, que me interesaba más. En paralelo estaba el cine. Yo trabajaba en documentales, en esa época en la que toda película tenía que llevar uno delante. Estaba contratado por una productora que se encargaba de eso y allí coincidí con los inicios de Pedro Almodóvar. Él llegó con su primera película, hecha prácticamente con sus propios medios, en 16 milímetros, y buscaba que se la distribuyeran. Era una película muy sencilla, pero ya se veía el talento que tenía».

No quería ser sacerdote, pero Isabel la Católica y un crimen lo cambiaron todo

Pero Dios tenía otros planes para José Luis Rubio Willen que llevaba una vida muy dinámica: «Fue en torno al año 2000. Yo estaba en el mundo de la noche, con mi discoteca, con mi novia, con una estructura mental totalmente diferente. Me avisaron para colaborar en la Comisión de Isabel la Católica; me dejé llevar y empecé a trabajar en temas de oficina. Yo entonces era como cualquier chico normal de ahora, pero mi familia era muy creyente, y ‘la leche que se mama nunca se derrama’. Al ir relacionándome de nuevo con las cosas de la religión, empecé a notar que me sentía muy a gusto. Y ahí, trabajando, es donde me viene la vocación y, oye, ¡qué cosa tan bonita!».

Y en este punto confiesa que «yo no quería ser sacerdote; ni lo deseaba ni lo pensaba, hasta me parecía una locura. Pero estaba en un momento propicio, había terminado una relación larga, y ahí se produce el cambio. Fui a pedirle orientación a la Reina Isabel y también a santa María de la Alhambra, y la respuesta fue clara. Yo lo considero un milagro moral; desde entonces estoy aquí y soy feliz». 

José Luis Rubio Willen con el músico Hugues Aufray en la noche parisina en los años 80 / Foto: Cedida - El Debate

También influyó en su vocación un crimen que se cometió en Valladolid: «una persona cercana a un chico que había cometido un delito grave vino a verme para que hablara con él. Ese chico estaba pagando cárcel y le martilleaba la conciencia lo que había hecho; yo entonces le llevé a ver a un sacerdote, Francisco Cerro, hoy arzobispo de Toledo, y se confesó y se quedó tranquilo. Esto me hizo mucho pensar en lo que es la vida, lo seria que es la vida».

Poco después, y con ayuda de monseñor Cerro, entró en el seminario y al cabo de cuatro años recibió la ordenación sacerdotal, al convalidarle los estudios que había realizado de joven. «La verdad es que me salía de cualquier edad canónica para cualquier puesto y para cualquier deseo mundano, y la verdad es que me ha servido para ser más feliz.Reconoce también que «si de joven me lo pasé muy bien, de sacerdote sigo pasándomelo muy bien».

Respecto a su vida presbiteral dice que «he sido sacerdote en pueblos muy pequeños donde la gente no te olvida y te quiere. He estado en Carpio, Bobadilla, Brahojos, El Campillo... he sido tremendamente feliz. Me considero cura de pueblo y creo que los curas no nos jubilamos. Mientras tenga salud, sigo entregando mi vida a la Iglesia».

José Luis Rubio Willen en su época de cantante, año 1983 / Foto: Cedida - El Debate

La beatificación de Isabel la Católica pendiente de un milagro

El padre José Luis Rubio Willen dirige actualmente la Comisión para la Causa de Beatificación de Isabel la Católica, un proceso que se remonta a los años 50 y que ha pasado por distintas fases: «El proceso empieza a caminar en 1958, con motivo de la apertura de la Causa de Canonización de Isabel I de Castilla. En noviembre de 1972 se presentan ante Roma los trabajos de la fase diocesana y se inicia allí el proceso apostólico. Desde entonces ha habido distintas etapas: una primera, con Vicente Rodríguez Valencia y su equipo, con un estudio histórico muy profundo; luego una segunda, con Vicente Vara Sanz, en la que se continúa ese trabajo y se difunde más la figura de Isabel; y luego la etapa actual, que es la que me toca a mí, donde asumo la dirección tras su fallecimiento. Ahora mismo, el proceso está terminado, en Roma, con un milagro pendiente de estudiar».

En cuanto a si la beatificación pueda salir adelante en un plazo cercano, dice que «en la reciente visita del nuncio de Su Santidad en España, monseñor Piero Pioppo, dijo ‘pronto la veamos beata’, y lo dijo claro y sin complejos. Ahora bien, hay que tener en cuenta que este es un proceso de gran envergadura; ella traspasa diócesis, naciones y continentes. Como yo digo, Isabel la Católica es santa sin altar y también es sierva de Dios, lo que significa que nadie puede poner en duda que está ante la presencia de Dios y que es intercesora privada entre lo divino y lo humano. Es importante también entender una cosa: los santos no los hacen ni los papas, ni los cardenales, ni los obispos; los santos los da Dios en el momento en que más se necesitan. Para mí, entre los milagros más grandes de la Reina Isabel destaca la fuerza que tiene contra el mal. Es una fuerza, créame, igual que la que pueda tener la Virgen María o el Padre Pío».

En cualquier caso, al echar la vista atrás, José Luis reconoce que «yo duraba poco en las cosas, y he conocido la causa después, ya de sacerdote: que lo que me tenía guardado Dios en mi vida era este final. Como con San Agustín».

Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta, padres de 15 hijos: «Son un don de Dios y me casé confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio; nunca nos planteamos tener X hijos y pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno»


Paloma Carmona González, su marido y sus quince hijos forman la familia más numerosa de la Comunidad de Madrid / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

* «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos  siempre con la ayuda de mi esposo Luis y de Dios que siempre llega donde yo no puedo. Tengo a la Virgen María como Madre y referente, porque me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado» 

 Vídeo del testimonio de Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta en el programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.- «Mi familia nace hace 41 años cuando mi marido, Luis Ángel Soler Areta, y yo decidimos casarnos por la Iglesia y confiando que Dios siempre estuviese en medio de nuestro matrimonio. Él ha sido fiel, ha estado grande y estamos alegres, aunque también hemos tenido dificultades» afirma Paloma Carmona González, madre de 15 hijos, de entre 39 y 16 años, que forma parte del Camino Neocatecumenal, a Sandra Madrid en Infomadrid.

Tener hijos, asegura Paloma Carmona González, fue algo que ella y su marido Luís  nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que Dios les iba indicando / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

El Señor siempre ha sido fiel

Sin embargo, lo que no es tan natural es tener 15 hijos. Algo que, según asegura Paloma, su marido y ella nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que el Señor les fuera trayendo. «Los dos venimos de familias grandes, los dos tenemos nueve hermanos, y nos educaron igual dentro de la Iglesia. Yo me casé muy jovencita confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio. Nunca nos planteamos tener X hijos. Pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno para nosotros», explica a Paula Baena en El Debate.

“No me siento especial, me siento agradecida por haber hecho esta obra que Dios me ha dado. No me planteé cuando me casé en tener muchos hijos, me fié del Señor y he tenido 18 embarazos, tres no llegaron a término, y estos quince hijos son un don del Señor que he recibido bien”, ha explicado Paloma en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV.

Luis Ángel reconoce que el peor momento llegó con el tercer hijo: “Yo decía que si Paloma tiene a uno en brazos y yo a otro, ¿qué hacemos con el tercero que nace? Era una montaña. Pero poco a poco, a lo largo de la historia el Señor, nos fue enseñando a no temer, no hay nada imposible para Dios. Yo decía cómo lo vamos a hacer, el piso... y Paloma me decía alégrate, no temas, nada es imposible para Dios”.

El matrimonio, que pertenece al Camino Neocatecumenal, se conoció en la parroquia. Paloma en un primer momento no veía a su futuro marido como el padre de sus hijos, aunque reconoce que “me atrajo su voz, su forma de cantar”.

Luis Ángel, en cambio, pronto se enamoró de Paloma, que era hija del responsable del Camino Neocatecumenal en su comunidad parroquial. Para la familia, esta realidad eclesial “ha sido la base de nuestro acompañamiento” y el canal para traspasar la fe a sus hijos. “La mayor herencia que nos han dejado nuestros padres es que estamos aquí de paso, que nuestra vida tiene un fin que es el Cielo”.

Para Paloma, la cofundadora de los 'kikos', Carmen Hernández, fue también inspiración en la maternidad: “Ella decía que la mujer tenía el útero, que es la fabrica de la vida”. De ahí que para ella sea doloroso que haya mujeres que rechacen ese don.

Paloma, que estudió Administrativo, explica que decidió no trabajar para cuidar de su familia. Su primer hijo nació a los 15 meses de casarse, «y a partir de ahí empezaron a llegar los demás». Asimismo, destaca que «ha sido fantástico no perderme ni un momento de sus vidas». En este sentido afirma que ha renunciado a mucho pero que ha recibido más. 

Rememora sus inicios como madre -tuvo a sus primeros nueve hijos en nueve años- como complicados, también da gracias porque han sido «muy buenos». «El sueño lo respetaban. Hemos dormido muy bien. Seis horas pero muy bien dormidas», celebra.

Aunque reconoce que a lo largo de la crianza de sus hijos -de los cuales seis todavía siguen bajo el techo paterno, mientras que el resto ya les han dado 28 nietos, y otros cuatro en camino. “Se sabe hasta la fecha de nacimientos de cada uno”, comenta Luis Ángel refiriéndose a su mujer en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV , donde han contado como es la vida en una familia tan numerosa.

Ha habido dificultades y momentos complicados, como cuando su marido se quedó en paro estando ella embarazada de su décimo tercer hijo, subraya que al final el Señor siempre les ha dado lo que han necesitado. «Quiero decir que nunca nos ha faltado de nada. Hemos comido todos los días», subraya.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus hijos y nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

«Educarlos en el amor y en el perdón»

También explica que su oficio- vocación es ser madre. «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos», siempre con «la ayuda de Luis», que es el padre de familia, y de «Dios que siempre llega donde yo no puedo».

Como familia, Paloma destaca que viven muchas alegrías, por ejemplo, cuando ves cómo tus hijos «se quieren, se perdonan, se aman, se ayudan y se aconsejan». En definitiva, «disfrutan unos de los otros». Además destaca que su familia «es una piña». Somos 53 entre hijos, nietos, nueras, yernos. En este sentido recuerda que su marido y ella han intentado «educarlos en el amor y en el perdón», y así que lo hagan con los demás. Y nos da la clave: «fiarnos de Dios». En este aspecto recuerda también a la Virgen María como «Madre y referente», porque «me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado».

Loa comentarios de las personas

Interrogada sobre qué comentarios ha recibido de la gente a lo largo de su vida por tener tantos hijos, Paloma sentencia que le han dicho «muchas tonterías». «¡Me han llegado a decir que si era una equivocación! Pero nosotros siempre hemos dado testimonio de nuestra fe», señala.

Con todo, admite que, al principio, lo pasaba mal porque la gente se metía mucho con ella. «Yo pensaba, '¿pero me meto yo en su vida, señora?'», evoca. «Íbamos en la furgoneta y veías a la gente contando cabezas, y yo salía y les decía ¡vamos diez! o los que fuéramos», cuenta, divertida.

Pero las críticas por sus 18 embarazos, dieron paso a muestras de admiración. «Madres del cole se quedaban asombradas y yo les daba hasta envidia. Me decían 'si yo hubiera hecho como tú, Paloma, y hubiera tenido otro hijo...», declara.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

Paloma señala que su familia llama la atención. Lo que más suele preocupar a la gente es la organización, pero cuando vienen a casa y nos conocen, lo que más les sorprende «es la relación que tenemos entre todos».

Sobre el descenso de la natalidad generalizada que existe en España, esta madre de familia numerosa cree que se debe, en parte, a que «la sociedad ha apartado a Dios de sus vidas y, si apartas al dueño de la vida, ¿para qué vas a dar vida?». Al mismo tiempo, también apunta a que esta generación «valora mucho el trabajo y el dinero, que está muy bien valorarlo, pero no te puede manipular ni condicionar para una serie de cosas».

En este sentido, sostiene que ellos nunca han «hecho las cosas sobre el papel, tipo en agua gastamos X... porque si realmente lo hiciéramos así, no podríamos vivir». «Mi marido, además, ahora está jubilado y todavía tenemos seis hijos en casa, o sea que sería imposible. Pero bueno, de todas hemos salido», agrega.

“Vivimos con un engaño de la sociedad, de que un hijo cuesta tanto, de que si el trabajo, todo se hace un mundo, tienes un hijo y le tienes que llevar a mil cosas... Mis hijos han hecho el deporte que han querido, no les he llevado a mil cosas, y mis hijos son felices. No hay que dar caprichos absurdos a los hijos”, afirma.

Pero esto no significa que todo haya sido un camino de rosas, como sostiene Luis Ángel: “Hemos recibido de nuestros hijos mucho más de lo que hemos dado, pero hemos dormido poco muchas noches, las enfermedades, accidentes, penurias económicas... tantas cosas que hemos tenido pero en todos los acontecimientos ha habido una palabra de esperanza y un mirar al cielo”, ha aseverado.

La educación tampoco es tarea sencilla con quince hijos, pertenecientes a generaciones distintas. El matrimonio tuvo un apoyo importante en sus hijos mayores. “Cuando tuve mi primer hijo y empezó la adolescencia, no había móviles todavía. A mi los móviles no me gustan mucho porque tienen muchos peligros. Viendo la sociedad les vas educando según ves lo que hay. Los mayores me han ayudado en muchos temas como la organización de la casa”, ha expresado Paloma.

Para Luis Ángel, lo más importante es que sus hijos “son buenas personas y se quieren”. De hecho, la relación tan cercana que mantiene la familia genera extrañeza en su entorno: “Somos una piña, con los mayores sobre todo tengo una confianza que no es normal. Yo veo compañeros de trabajo con problemas con sus hijos y es una bendición”.

En este sentido, Paloma asegura no haber sentido ninguna frustración como consecuencia de la maternidad: “Yo tengo una fortaleza fuera de lo normal, he podido con todo y no me he quejado de nada. Eso lo aprendí de mi madre. No me siento frustrada para nada, me siento muy realizada teniendo tantos hijos. No cambiaría nada de lo vivido y hemos pasado situaciones de sufrimiento”.

Una forma de vivir que no ha estado exento de críticas en el exterior: “Cuando iba al colegio con los niños, las mamis se metían conmigo y yo le dije una vez a una: '¿yo me meto con usted? Pues respéteme'. Yo he sido feliz con mi vida”, afirma convencida.

Alberto de la Fuente: «Secuestrado, 290 días en una ‘caja’ llena de cámaras, hice un pacto con Dios allí dentro. Rezaba 500 oraciones diarias aferrado a mi medalla de San Benito»


"En ese momento hice un pacto con Dios, no le endosé la responsabilidad de que me sacara sino que fue hacer un trabajo en conjunto. Ese día se gestó una comunión increíble", relata Alberto de la Fuente

* «Durante mi cautiverio, los primeros días, sí que estaba enfadado y decepcionado con Dios, no entendía por qué me sucedía a mí, cuando yo no era una persona que se metiera con nadie. No entendía bien si era un castigo. Pero, en un momento de lucidez, dentro de todo ese ruido que había en 'la caja', porque estaba intoxicado de cortisol, en continuo estrés, comencé a hablar con Dios y le dije: 'tengo claro que Tú no me pusiste aquí, que esto no es un castigo, que no me quieres dar ninguna lección, pero juntos vamos a salir de esta prueba, Tú vas hacer tu parte fuera de los cuatro muros de esta caja y yo haré la mía dentro. Él cumplió con su parte, y yo también. Ese día se gestó una comunión increíble, que nunca se había dado, ni en mi bautizo ni en mi confirmación. Fue un diálogo de tú a Tú, y, desde entonces, durante nueve meses, tuve diálogos y diálogos con Dios» 

 Vídeo de Mater Mundi en el que Alberto de la Fuente cuenta su testimonio

Camino Católico.-  Alberto de la Fuente y de la Concha es un empresario mexicano, tiene 45 años, es padre de dos niños, está casado y el 29 de noviembre del año 2016, a punto de cumplir los 38, fue secuestrado a plena luz del día cerca de Puebla (México). Durante 290 días vivió aislado del mundo exterior, sin ver la luz del sol, rodeado de cámaras, con música y ruido de fondo constante. Ni siquiera pudo sufrir el síndrome de Estocolmo, porque nunca pudo ver ni oír a las personas que lo mantenían retenido.

Cuando se van a cumplir diez años del terrible suceso, Juan Cadarso en Religión en Libertad  ha charlado con este sobreviviente que logró mantenerse con vida en "una caja" de 1,5 m de ancho por 2 m de largo. Gracias a un pacto con Dios, y a una "visión" que tuvo de su hijo pequeño, este empresario, que compagina su trabajo con ser escritor y conferenciante, se autoimpuso reencontrarse un día sano y salvo con sus seres queridos.

Lo que van a leer a continuación es la increíble historia de un hombre "común y corriente" que luchó cada día por no resignarse a morir sepultado en lo que llamaría "aquel contenedor de almas". 

Alberto de la Fuente ha contado su testimonio en La caja. Crónica de un secuestro de 290 días. Puedes comprarlo en este enlace.

-¿Quién es Alberto de la Fuente?

-Soy un sobreviviente de un secuestro que duró 290 días. A pesar de ello, he tratado de reconstruir mi vida como si no hubiera sucedido, lo que me convierte en una persona común y corriente. Soy padre de familia, empresario y, ahora, escritor y conferenciante.

Mi único propósito es ayudar con mi testimonio a personas que están viviendo una situación difícil, que están desesperanzados, que no encuentren la manera de salir de sus problemas. Me gusta compartir mi historia, por si puedo guiarlos en esa oscuridad. Es una historia que le puede ayudar a cualquier persona.

-¿Nos puedes describir cómo era "la caja"?

-Desde que me secuestraron, desde el minuto uno, me cubrieron los ojos, me esposaron y me pusieron una especie de antifaz con el que no podía ver nada. Cuando logré ver otra vez me encontraba en un lugar de dimensiones ridículas. Yo a 'la caja' la llamo 'el contenedor de almas'. Era un espacio de 1,5 m de ancho por 2 m de largo, si estiraba mis brazos tocaba las paredes, y si caminaba tres o cuatro pasos me encontraba con otro de los muros.

Este lugar estaba cubierto por entero de gris. Cada pared tenía una mirilla desde donde me observaban los secuestradores. En el techo, que tendría una altura de 2,10 cm había dos lámparas led, donde ponían siempre la luz a una baja intensidad. En medio había un detector de movimiento, por si en algún momento se me ocurría patear la caja o tirar la puerta. En dos de las esquinas había dos cámaras de videovigilancia infrarroja, y, en las otras dos esquinas, había dos bocinas forradas de gris por donde me martirizaban con música a todo volumen las 24 horas.

El mobiliario era muy precario, al no ser un cuarto corriente, no tenía instalaciones de ningún tipo: no tenía baño, no tenía lavabo, no tenía ducha. Básicamente tenía un colchón muy pequeño, que era casi como dormir en el suelo. Esto me causó muchos dolores de cervicales y de espalda durante semanas.

Recreación de 'la caja' en la que estuvo encerrado Alberto. 

También había ciertos artículos de necesidad básica, como un cepillo de dientes, papel higiénico, un pequeño banco para sentarme, y el lugar donde hacía mis necesidades, que era una especie de nevera naranja portátil, que, afortunadamente, tenía una tapa. En una de las paredes había dos extractores de aire, por supuesto, no había ventanas. No tuve contacto con la luz del sol durante nueve meses y medio. Había, además, una puerta pequeña, por donde me introdujeron, que no tenía bisagras ni cerradura. Tenía su mirilla y una trampilla, como en las cárceles, por la que me metían la comida y los libros. 

-El 29 de noviembre se cumplieron ocho años del día en el que fue secuestrado...

-Ese día era, también, el aniversario de boda de mis padres, que acaban de cumplir ahora 50 años de casados. Los primeros aniversarios fueron más difíciles, eran días que no me apetecía salir a la calle o intentaba irme de viaje. No es una fecha que me encante ni me emocione, a mí me gusta más celebrar el 14 de septiembre, que fue la fecha de mi liberación.

Le he ido restando peso y nostalgia a la situación, porque si algo me impuse desde que salí fue intentar recuperar mi vida con la mayor normalidad posible. No me quiero estancar en un hecho que ya pasó, aún hay secuelas y llevo cicatrices, más del alma que físicas. En ese encierro hubo más violencia psicológica que física, aunque también me pegaron.

-¿Y, cómo fue ese 14 de septiembre?

-El anhelo de cualquier persona que esté privada de libertad es volverse a reencontrar con los suyos, con su familia. En el encierro uno se da cuenta de que lo verdaderamente importante, y por lo que vale la pena luchar, es por la familia. En ese tiempo tenía una niña de un año, y un niño de tres años y medio. Siempre digo que mis hijos fueron mi mayor dolor pero, también, mi mayor motor. Fueron los motivos por los que traté de no romperme dentro de 'la caja', todos los días pensaba y rezaba por volverlos a ver.

En un secuestro tan largo, la única manera de sobrevivir es encapsulando o anestesiando tu lado más humano. Tienes que volverte un hombre de piedra para poder soportar lo insoportable. Durante los primeros meses lloraba cinco o seis horas seguidas, pero los últimos meses ya ni siquiera podía llorar.

Cuando me notifican, mediante un comunicado, que se había llegado a una negociación, estaba tan muerto en vida que ni siquiera sentí nada. No fue el sentimiento que hubiera esperado, apenas se me escapó una o dos lágrimas, además, no sabía si era verdad o estos personajes estaban jugando con mi psicología.

Cuando me reencontré con mi familia pudo parecer un encuentro más bien frío, como si hubiera estado de vacaciones. Más allá de que volví con 25 kilos menos y totalmente blanco por no haber visto el sol. Pero, no me desmoroné, no me desarmé, por esa coraza que se había creado durante mi cautiverio. Para volver a recuperar los sentimientos tuvieron que pasar todavía un par de meses.

-¿Qué le dijeron sus hijos al verlo?

-Mis hijos eran muy pequeños. La niña fue la que menos se resintió de mi desaparición. Lo que sí fue duro fue cuando me vio al llegar a casa, que ni siquiera me reconoció. De las cosas que más sufrí fue que tardara mucho en reconocerme y en cogerme cariño.

El niño, como manteníamos una relación muy cercana, a pesar de que tenía tres años y medio, preguntaba por mí prácticamente todos los días. Mi familia optó por mentirle, y decirle que, por un tema de trabajo, tuve que irme a vivir a España. El niño siempre me tuvo en su corazón, y, desde que me vio, corrió hacia a mí, me abrazó. Durante muchos meses, cada vez que iba al baño, se quedaba en la puerta, cuidándome, como para que papá no se volviera a escapar. 

El empresario Alberto de la Fuente en una peregrinación a Santiago de Compostela con su libro "La caja" en el que cuenta su testimonio

 -¿Y su mujer?

-Siempre supe que corría un riesgo muy alto de ser asesinado, porque en mi país muchas veces los secuestradores no cumplen con el trato. Pero pensaba en ese reencuentro con mi mujer y me preparé por si ese día llegaba. Fueron tantos meses que, muchas veces, lo dudé. Así que decidí que en vez de desarmarme o llorar era bueno hacerle una broma.

Nosotros, antes del secuestro, teníamos una boda a la que no queríamos ir, y estábamos buscando una excusa. Se me ocurrió decirle eso a mi mujer. Al verme, nos dimos un abrazo y le dije que había encontrado una buena excusa para no ir a la boda. Se me quedó mirando como si me hubiera vuelto loco, luego entendió la importancia de romper el hielo con una broma.

-Se acerca la Navidad... ¿cómo fueron esos días lejos de los suyos?

-Fue terrible, nunca había valorado tanto una fecha tan significativa. Mi secuestro tuvo la particularidad de que nunca tuve contacto con mis secuestradores, no podía hablar con ellos ni ellos conmigo. Todo era por carta redactada por ordenador. Dentro de 'la caja' los vi tres veces y no los vi, porque entraban disfrazados con monos blancos, como si fueran trajes bacteriológicos.

Fue un cautiverio de completa soledad, una soledad muy dura pero que también me permitió muchísima introspección y conexión espiritual. Esa Navidad, que yo no sabía si era 25 de diciembre o no, porque no tenía forma de constatar el paso del tiempo, fue terrible. Ahí entendí que la verdadera importancia de esas fechas es estar con la gente que amas, que los regalos y los brindis son lo de menos.

-Habla de conexión espiritual... ¿cómo era su relación con Dios antes del secuestro?

-Yo era un católico por imposición geográfica. No era un gran practicante, pero siempre he creído en Dios, nunca me fue ajeno. Siempre supe que había algo más allá de lo entendible, una fuerza que nos cuida y que nos protege.

Durante mi cautiverio, los primeros días, sí que estaba enfadado y decepcionado con Dios, no entendía por qué me sucedía a mí, cuando yo no era una persona que se metiera con nadie. No entendía bien si era un castigo.

Pero, en un momento de lucidez, dentro de todo ese ruido que había en 'la caja', porque estaba intoxicado de cortisol, en continuo estrés, comencé a hablar con Dios y le dije: 'tengo claro que Tú no me pusiste aquí, que esto no es un castigo, que no me quieres dar ninguna lección, pero juntos vamos a salir de esta prueba, Tú vas hacer tu parte fuera de los cuatro muros de esta caja y yo haré la mía dentro. Él cumplió con su parte, y yo también.

Para la persona que está en libertad puede parecer algo muy simple, pero me propuse levantarme con la mejor actitud, empecé a rezar muchísimo, a comer todos los alimentos que me daban, me gustaran o no, comencé a hacer ejercicio, para producir endorfinas, y que no muriera de tristeza, a leer todos los libros que me dieran, aunque la literatura era horrible, todo eran libros de zombis.

En ese momento hice un pacto con Dios, no le endosé la responsabilidad de que me sacara sino que hiciéramos un trabajo en conjunto. Ese día se gestó una comunión increíble, que nunca se había dado, ni en mi bautizo ni en mi confirmación. Fue un diálogo de tú a Tú, y, desde entonces, durante nueve meses, tuve diálogos y diálogos con Dios.  

-¿Se encomendaba a algún santo o a la Virgen?

-Cuando me metieron en 'la caja' me quitaron la ropa, me desnudaron al 100% y me dieron un uniforme carcelario, que también era gris. Lo único que me dejaron fue una medalla de San Benito, que me regaló mi esposa cuando éramos novios, era como una conexión directa con mi mujer y con Dios. La apretaba con fuerza cuando rezaba, desde entonces nunca me la he quitado, ni para lavarla.

A San Benito le recé muchísimo, en ese momento no tenía ni idea de quién era ni por qué era famoso, luego ya me enteré de que la gente le reza para mantener al mal fuera. También me encomendé mucho a la Virgen de Guadalupe. Hacía más de 500 oraciones cada día. Eran avemarías y padrenuestros, que eran casi las únicas que conocía. Llevaba tanto tiempo sin decirlas que, al principio, me costaba recordarlas. Cuando no rezaba estaba hablando con Dios.

A los cuatro meses hubo un momento muy especial. Después de luchar mucho y echarle ganas, al no tener noticias del mundo exterior, me vino un bajón emocional muy fuerte. Empecé a coquetear con una depresión. Hubo dos días en los que dejé de hacer mi rutina, mis ejercicios, dejé de comer y, simplemente, estaba tumbado todo el día. Siempre he pensado que fue Dios el que me mandó esa señal.

Entonces, pude ver la imagen de mi hijo pequeño, a unos pocos centímetros de mí. Él no me dijo nada, simplemente nos miramos, y, en ese momento, comprendí que era una señal de Dios. Que no dependía de mí que estos tipos entraran y me pegaran un tiro en la cabeza, pero sí de la actitud con la que enfrentara al encierro. Lo tenía que hacer de la mejor manera, porque, si se daba el milagro de mi liberación, quería que mi familia me viera fuerte, no a una persona que se había vuelto loca, o a alguien débil. Gracias a esa 'aparición' se renovó toda mi actitud.

Alberto junto a su familia tras terminar el Camino de Santiago

-¿Qué sentimientos tiene hacia sus captores?

-En su momento, antes de mi encierro, tuve la suerte de oír un testimonio de una persona que estuvo 257 días secuestrada en condiciones muy similares a las mías, en los años noventa. Cuando estaba intentado adaptarme a 'la caja' buscaba información en mi cabeza  que me pudiera ayudar a sobrevivir, y me acordé de la charla de este personaje.

Sus puntos eran: encomendarse a Dios, que era algo que ya había aceptado; hacer ejercicio, llegué a hacer nueve horas de ejercicio diario, y, la tercera, era 'no canalices tu energía odiando a las personas que te tienen cautiva, si haces eso te vas a enfermar, canalízala mejor en las razones por las que quieres salir de ahí'.

Es muy difícil odiar a quien nunca viste, a quien nunca oíste, con los que no tuve ni siquiera el síndrome de Estocolmo, porque no hubo nunca esa relación. Al principio buscas a quien echarle la culpa, con quién estar enfadado, pero, con el paso del tiempo, entendí que si seguía cargando con esa bola de odios y resentimientos lo único que iba a pasar es que no iba a disfrutar de mi anhelada libertad.

Llegué a la conclusión de que yo ya había sufrido demasiado en la vida, y que, ahora, tocaba mirar para adelante. Que si no sanaba emocionalmente iba a terminar salpicando a la gente que mas quería.

-¿Sirvió para algo todo este sufrimiento?

-Fue una experiencia que me habría ahorrado si hubiera podido. A mí el secuestro me sigue doliendo mucho, pero, dentro de todo, me permitió conocer lo fuerte que soy. Me descubrió muchas características que no sabía que tenía.

Gracias a esta experiencia he priorizado lo que realmente es importante en la vida. Me dio una mirada que me permite ver la vida de manera distinta, vivir una situación límite te da una sensibilidad muy especial. 

-¿Y, ahora, cómo se lleva con Dios?

-Ya no tengo la misma conexión que en 'la caja', no porque crea menos sino porque estoy en mi día a día cotidiano. Siempre le voy a estar agradecido y no hay día que no amanezca y le de gracias por estos tiempos extras que me ha regalado. Yo ya soy más de los que agradecen que de los que piden.

»He hecho tres caminos de Santiago. Al primero llevé a mi mujer. Al segundo invité a mi padre, porque fue el negociador directo y tuvo que cargar con una piedra muy pesada. De sus decisiones dependía mi vida. Y hace un año hice el tercero con mi mujer y mis hijos. De las mejores experiencias de mi vida. Los niños no saben la historia completa, pero se la vamos dosificando. Siempre agradezco por la vida y es lo que le trasmito a mis hijos.

-¿Qué busca contando su testimonio en un libro?

-El libro encierra muchos mensajes, pero me gusta sintetizarlo en que las personas no le den el poder a ninguna circunstancia, que cada uno es el capitán de su navío y el guionista de su vida. Aunque la situación sea difícil, si se tiene actitud y fe, se puede salir adelante. 

»A los que están sufriendo, que crean en sí mismos y en Dios, y le echen ganas, porque siempre hay motivos para salir, yo soy un ejemplo viviente. Soy un sobreviviente de una situación extrema y he podido recuperar la felicidad.

»Como escribí en una libreta dentro de 'la caja': el tiempo que me robaron lo voy a triplicar. Mi secuestro fue un viaje a los confines de la propia oscuridad, donde yo era el único pasajero y Dios, mi piloto. 

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