* «Para que tal deseo se haga realidad, la Liturgia de las Horas debe acogerse y vivirse cada vez más en la vida ordinaria de los bautizados y de las comunidades. A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular, a los catecúmenos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oración cristiana. Cada semana y cada día, la Eucaristía y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Espíritu Santo a través de su Cuerpo. En esta oración, Cristo ‘une a Sí la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza’ (SC, 83); así, día a día, estamos asociados cada vez más al misterio pascual y conformados a Él»
Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma
* «En la conmemoración de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, pedimos a la Santísima Virgen que nos ayude a ser fieles en la oración para que Dios siempre ocupe el primer lugar en nuestras vidas... Los exhorto a todos a mantener firme la esperanza, abandonándose en las manos de Jesús, quien, con su irrevocable sacrificio de amor, nos salvó»
5 de agosto de 2026.- (Camino Católico).- “La oración, como dimensión fundamental de nuestra humanidad, necesita ser redescubierta desde la verdad. En este sentido, el Papa san Pablo VI afirmó: ‘Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual’”. Así lo subraya León XIV en la quinta catequesis de la audiencia general sobre la Sacrosanctum Concilium, la Constitución que el Concilio Vaticano II dedicó a la liturgia, sobre el tema «La oración de la Iglesia».
Una audiencia celebrada hoy, 5 de agosto, tras la pausa del mes de julio, en la Basílica de San Pedro, debido al intenso calor que se registra estos días en Roma. Tras recorrer la nave central para saludar a los 5 000 fieles presentes, el Papa explica que desea detenerse en la dimensión eclesial de la oración litúrgica. Tal y como sugiere San Pablo en el pasaje de la Carta a los Efesios que se ha leído al comienzo de la catequesis, «es el Espíritu Santo quien nos enseña a orar», y lo hace morando en la Iglesia desde el día de Pentecostés. Desde entonces, recuerda el Concilio en su primer documento aprobado, «la Iglesia nunca dejó de reunirse en asamblea para celebrar el misterio pascual», leyendo las Escrituras, celebrando la Eucaristía y dando gracias a Dios «por su don inefable en Cristo Jesús».
“En nuestra época, en contextos dominados por una mentalidad eficientista y consumista, la oración puede parecer algo inútil e insignificante. En un mundo en el que la ciencia y la técnica pretenden dar todas las respuestas, orar puede parecer una forma de evasión”, reflexiona León XIV.
Incluso en «diversas familias cristianas», lamenta el Sumo Pontífice, “ya no se transmite la oración, mientras que numerosas personas corren el riesgo de confundirla con una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:
LEÓN XIV
AUDIENCIA GENERAL
Basílica de San Pedro
Miércoles, 5 de agosto de 2026
Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 5. La Oración de la Iglesia
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
En esta catequesis retomamos la reflexión sobre la Constitución conciliar sobre la liturgia Sacrosanctum Concilium (SC). Hoy nos detenemos en la dimensión eclesial de la oración litúrgica.
Como sugiere el Apóstol Pablo, es el Espíritu Santo el que nos enseña a rezar. Desde el día de Pentecostés, el Espíritu habita en la Iglesia, inspirando cada una de sus actividades y, en particular, la oración. La vida de la primera comunidad, nacida en Jerusalén después de la Pascua de Jesús es una vida en el Espíritu entregado por el Señor resucitado. «Desde entonces, – dice el Concilio – la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo “cuanto a él se refiere en toda la Escritura” (Lc., 24,27), celebrando la Eucaristía, en la cual “se hacen de nuevo presentes la victoria y el triunfo de su muerte”, y dando gracias al mismo tiempo “a Dios por el don inefable” (2 Cor., 9,15) en Cristo Jesús, “para alabar su gloria” (Ef., 1,12), por la fuerza del Espíritu Santo» (SC, 6).
En nuestro tiempo, en los contextos dominados por una mentalidad centrada en la eficiencia y en el consumismo, la oración puede parecer algo inútil e irrisorio. En un mundo donde la ciencia y la técnica pretender dar todas las respuestas, rezar puede parecer una forma de evasión. Además, incluso en muchas familias cristianas ya no se transmite la oración, mientras que numerosas personas corren el riesgo de confundirla con una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal. La oración, en cambio, en cuanto dimensión fundamental de nuestra humanidad, merece volver a ser descubierta en su verdad.
La Constitución Sacrosanctum Concilium tomó en serio esta exigencia. Y esto alegraba profundamente al Papa San Pablo VI, que, promulgando este primer documento aprobado por el Concilio Vaticano II, afirmó: «Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual» (Discurso, Basílica de San Pedro, 4 de diciembre de 1963).
En la Constitución, de hecho, el término “la oración” designa toda la liturgia. Esta perspectiva es decisiva, porque orientó la reforma litúrgica dándole como eje portante la participación activa de los fieles. La liturgia se presenta ante todo como el lugar del encuentro, de la iniciativa de Dios que se hace cercano a la humanidad en su Hijo, «el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo» (SC, 5), al que podemos responder «por Cristo, con Cristo y en Cristo, en la unidad del Espíritu Santo», es decir, gracias a la «la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre» (SC, 84).
Por eso, San Pablo VI deseaba ardientemente que la Liturgia de las Horas, es decir, la oración pública cotidiana de la Iglesia, inseparable de la Eucaristía, impregnara profundamente, reavivara, guiara y expresara toda la oración cristiana y alimentara eficazmente la vida espiritual del pueblo de Dios (cf. Const. ap. Laudis canticum).
Para que tal deseo se haga realidad, la Liturgia de las Horas debe acogerse y vivirse cada vez más en la vida ordinaria de los bautizados y de las comunidades. A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular, a los catecúmenos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oración cristiana.
Cada semana y cada día, la Eucaristía y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Espíritu Santo a través de su Cuerpo. En esta oración, Cristo «une a Sí la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza» (SC, 83); así, día a día, estamos asociados cada vez más al misterio pascual y conformados a Él.
Afirma San Agustín: «Cuando hablamos a Dios en la oración, no debemos separar de Él al Hijo; y cuando reza el cuerpo del Hijo, que no separe de sí mismo su cabeza; que sea, por lo tanto, el mismo único salvador de su cuerpo, que el Señor nuestro Jesús Resucitado, Hijo de Dios, el que reza por nosotros, que reza en nosotros y que es rezado por nosotros. Reza por nosotros como sacerdote nuestro; reza en nosotros como cabeza nuestra; le rezamos nosotros como nuestro Dios. Reconocemos, entonces, en él nuestra voz y su voz en nosotros» (Enarr. in psalmum LXXXV: PL 37, 1081).
Vinculada a la Eucaristía, cuya luz prolonga, la Liturgia de las Horas santifica el tiempo de nuestra vida cotidiana: por la mañana, empezamos el día con alegría y gratitud; a mediodía, pedimos la fuerza de la fidelidad en medio de la fatiga; por la tarde, una vez terminado el trabajo, las Vísperas acompañan en momento del atardecer; por la noche, nos dormimos encomendándonos a la paz de Dios. Cada hora es un acto de esperanza: durante nuestra peregrinación terrenal velamos con toda la Iglesia esperando el regreso glorioso del Señor.
Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
Retomamos hoy las catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, centrándonos en la dimensión eclesial de la oración litúrgica. La oración, como dimensión fundamental de nuestra humanidad, necesita ser redescubierta desde la verdad. En este sentido, el Papa san Pablo VI afirmó: «Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual» (Discurso, Basílica de San Pedro, 4 diciembre 1963).
El Pontífice, de feliz memoria, deseaba que la Liturgia de las Horas, que es inseparable de la Eucaristía, penetrara y orientara profundamente toda la oración cristiana, alimentando así la vida espiritual de todo el Pueblo de Dios (cf. Cost. ap. Laudis Canticum). A este respecto, podemos afirmar que la Eucaristía y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Espíritu Santo por todo su Cuerpo.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a valorar la Eucaristía y la Liturgia de las Horas como grandes tesoros milenarios de la Iglesia, y que, a través de nuestro amor a ellas, podamos día a día ir santificando nuestras vidas. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:
Hoy, en la conmemoración de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, pedimos a la Santísima Virgen que nos ayude a ser fieles en la oración para que Dios siempre ocupe el primer lugar en nuestras vidas.
Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Los exhorto a todos a mantener firme la esperanza, abandonándose en las manos de Jesús, quien, con su irrevocable sacrificio de amor, nos salvó.
¡Mi bendición para todos!
Papa León XIV
Fotos: Vatican Media, 5-8-2026























