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viernes, 18 de septiembre de 2026

John Edwards era Bautista, cambió la fe por las drogas y en prisión «Jesús habló a mi corazón: `lo intentaste, ahora tienes una nueva vida y te vas a ir de aquí conmigo’»   

 John Edwards, a punto de perder su matrimonio, pensando en el suicidio y atrapado en la pesadilla de las drogas, fue detenido por la DEA... y entre rejas le esperaba una propuesta de Dios

* «Me levanté después de la Misa para irme, llegué a la puerta, y de repente, sentí una mano en mi hombro. No conocía a nadie allí. Me di la vuelta y dije `padre´, refiriéndome al sacerdote, y me dijo: ‘Hola, John’. Recordó mi nombre, me había conocido una vez cinco años antes. Y dijo: ‘No sé por qué tu familia no está aquí, pero Dios quiere que te diga que todo va a estar bien’. Y lo miré y pensé, ‘¿cómo puede saber eso?’ Y él dijo: ‘John, disfruta tu día, feliz Pascua’. Se dio la vuelta y se fue. Fui y me senté en el auto de mi papá y dije: ‘Eso es todo, eso es todo. Voy a recuperar a mi familia. Voy a dar mi vida a ti, Señor’… Dios dice: ‘Oye amigo, solo necesito un poco de ti. Solo necesito tu corazón y tu confianza’. Estas cosas muy simples»

Camino Católico.- Cerca de cumplir los 45 años, John Edwards se define como felizmente casado con Ángela, padre de Jacob y dos gemelas, Caitlin y Allyson y, sobre todo, como "un discípulo de Jesucristo". Pero como ha relatado, "no siempre fue así".

Nacido en Midtown (Memphis), recuerda como una de sus grandes pasiones acudir a su iglesia bautista y pasar allí el mayor tiempo posible con su familia y amigos.

Pero al cumplir los 18 años y empezar la universidad, la estabilidad emocional que le proporcionaba su entorno, su propia iglesia y su propio grupo de amigos desapareció.

Tenía que comenzar solo, preguntándose cuál sería el nuevo lugar en el que encajar. Recuerda que finalmente se decidió por una fraternidad universitaria. Y también que el día que la visitó por primera vez como miembro sería también el último en pisar una iglesia durante años.

"En lo más bajo": LSD, marihuana y cocaína

La historia que sigue es similar a la que han relatado multitud de películas y series, pero consecuencias reales y sin final feliz.

Edwards lo probó todo, desde el LSD hasta pastillas y marihuana. Recuerda especialmente la noche en que tomó "una de las peores decisiones" de su vida al probar la cocaína.

Al principio, lo vivió como algo inocente, una novatada. "Podíamos beber mucho, salir de noche, era algo divertido. Pero como muchas cosas que empiezan pareciendo inocentes, no siempre lo son".

John tenía dinero suficiente como para permitirse "el lujo" para sí mismo y también para sus amigos. Invitaba a alcohol, gasolina y drogas, pero la escena pronto dejó de ser agradable.

"Todo acabó girando siempre en torno a dónde consumíamos, dónde conseguiríamos las drogas, en qué casa lo haríamos… pronto nos separamos", explica.

Enganchado, pero solo de nuevo, recuerda aquel momento como "el punto más bajo" en el que podía estar, consumiendo unos 20 gramos de cocaína y 30 cervezas al día.

Matrimonio, familia y acercamiento a la fe

"Pero Dios me visitó una noche cuando entré a un bar y conocí a Ángela. Ella trajo ese `algo´ a mi vida cuando necesitaba a alguien que se preocupara realmente por mí. Desde esa noche salimos, ella me aguantó y nos casamos poco después", recuerda.

Aquel fue su primer acercamiento al catolicismo. Pero él creía que "las drogas pararían, que se irían solas, que decirle `sí´ a alguien para toda la vida solucionaría los problemas"… y no fue así.

Comenzaron a llegar los hijos. Primero Jacob, al que "adoraba". Años después llegarían Caitlin y Allyson y Ángela, buscando llevar la fe a su marido, le perseguía para ir a misa en familia. Él, como cada domingo por la mañana, solo quería que pasase el tiempo… y la resaca.

Pero un día, en 2011, decidió ir a la parroquia de San Francisco, dirigida por el mediático sacerdote Larry Richards. Emocionado por su llamado a la acción, la virilidad y la virtud, empezó a leer sus libros y pareció que durante un par de semanas había cambiado de vida… "pero las drogas volvieron".

Primera recaída: "Quiero que Dios cambie mi vida"

Y lo hicieron con fuerza. Relata que, aunque no lo hacía a propósito, ni si quiera parecía importarle el hecho de tener hijos o una esposa maravillosa.

"Mi madre murió y lo único que me hizo sentir mejor fueron las drogas y el alcohol. No sentía nada. Me quedaba despierto hasta tarde, bebiendo entre 15 y 18 cervezas cada noche, fumando cigarrillos y consumiendo cocaína", relata.

Una de esas noches sintió algo raro. "Plap, plap, plap, plap… el corazón empezó a palpitar violentamente. Pero no quería despertar a Ángela y que me encontrara así porque sabía que podía dejarme… Pensé que iba a morir".

John Edwards, a la derecha de la imagen, entró a una fraternidad universitaria buscando apoyo y amigos... pero allí fue consciente de que "muchas cosas que empiezan pareciendo inocentes, no siempre lo son"

En pleno ataque, pensó en rezar y se dirigió a Dios prometiendo que si le salvaba, no volvería a consumir. Todo volvió a la normalidad. Se acostó y, por segunda vez, tomó la resolución de confesarse y recuperar su vida, entonces "fuera de control".

"Le dije al sacerdote que era un mal padre, un marido terrible, inmaduro y que no sabía como cambiar y ser diferente. Quiero que Dios cambie mi vida", suplicó.

Segunda caída, antes de Pascua y detenido

La Semana Santa estaba cerca y, una vez más, parecía que Edwards iba a cambiar de vida. Especialmente tras la absolución, cuando se sintió vulnerable por primera vez en su vida y decidió romper con sus adicciones y tirarlo todo, la cocaína, el alcohol… incluso el tabaco.

Pero cuando llegó el jueves santo, cayó de nuevo y antes de recoger a su hijo compró un nuevo cargamento del que consumir. Con lo que no contaba era que la DEA -la entidad federal que se encarga de combatir el tráfico y el consumo de drogas en Estados Unidos- le seguía. Segundos después, quedaba detenido y caminaba a prisión.

"Nunca olvidaré esa puerta gigante con barrotes, entrar y darme la vuelta mientras la puerta se cerraba lentamente con ese ruido característico", relata.

No paraba de pensar que su vida había terminado, a dónde iba a ir, cómo había llegado hasta ahí o qué pasaría con su mujer y sus hijos. "¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?", se repetía. Y entonces, las palpitaciones volvieron, llevándole al borde de la desesperación y a pensar incluso en acabar con su propia vida.

Un mensaje de Dios: "Ahora tienes una nueva vida"

"Entonces sucedió lo más extraño. Estaba allí sentado y de repente me invadió la calma. Nunca había sentido algo así y me invadió el pensamiento de que no podía hacer nada salvo sentarme hasta que me dejasen ir", recuerda.

Edwards solo pasó unos días en prisión. Pero con esa celda cerrándose tras de sí por última vez, supo que había sucedido algo más relevante que salir de la cárcel.

"Recuerdo mirar hacia atrás, en la celda, donde Jesús acababa de hablar a mi corazón. Recuerdo haber pensado que lo tenía solo a él y me decía `lo intentaste, tu vida ha terminado, ahora tienes una nueva vida y te vas a ir de aquí conmigo´", relata.

Edwards acabó detenido por la DEA, a punto de perder su matrimonio. Entre rejas, un mensaje de Dios le motivó a cambiar de vida para siempre... y dedicársela a él

Aquel día era Pascua de Resurrección. En lo que parecía toda una analogía evangélica, Edwards se reconcilió con su padre cuando le recibió de su retención, le pidió perdón por sus errores y decidió acudir a una iglesia que visitó años atrás.


"Dios quiere que te diga que todo va a salir bien"

Tras la experiencia entre rejas, no dudó en entrar a misa y probar… y nuevamente, sucedió algo inexplicable: "Me levanté después de la Misa para irme y de repente, sentí una mano en mi hombro. No conocía a nadie allí. Me di la vuelta y dije `padre´, y me dijo: 'Hola, John'. Recordó mi nombre, me había conocido una vez cinco años antes. Y dijo: 'No sé por qué tu familia no está aquí, pero Dios quiere que te diga que todo va a estar bien. John, disfruta tu día, feliz Pascua'".

Fue el suceso que necesitó para tomar una resolución definitiva. "Voy a recuperar mi vida y a entregártela, Señor", prometió.

Su siguiente paso fue enfrentarse cara a cara con su adicción. Fue su padre el que le llevó al centro, pero lo que no esperaba era ver allí a Ángela. Él la miró de arriba abajo, atónito e incrédulo al escuchar que no iba a dejarle pasar solo por aquella situación.

Treinta días después, no quedaba nada del viejo Edwards. Se había desintoxicado, dejó las drogas y el alcohol y empezó a redirigir su día a día.

Nuevo mensaje, ahora a un dedicado evangelizador

Una mañana, entró a la Iglesia y Dios terminó por "cambiar" su vida y le permitió "ver la belleza de la Eucaristía. Sentí que estaba hablando a mi corazón, como dándome el regalo de conocer las claves para seguir a Cristo".

John se confesó, comenzó a frecuentar la comunión y supo que podía ser una mejor persona. Desde entonces, dedica su vida por entero a su familia, a su fe y la evangelización a través de varios apostolados. Se cuentan por cientos las personas a las que desde entonces sigue llegando a través de Just a Guy in the Pew, que dirige. Su apostolado tiene como fin ayudar a edificar en cada parroquia grupos de hombres que se sirvan de apoyo mutuo en la vida de la gracia y la lucha contra el pecado a través de cuatro pilares: la adoración, el compañerismo y la camaradería, la entrega y la formación.

Concluye con un mensaje a otros hombres que pueden ser víctima de las adicciones o la debilidad, invitándoles a "convertirse en los hombres por los que Él murió, para que sean lo que necesitan su familia e hijos y lo que todos necesitamos, porque nos necesitamos los unos a los otros".

Vídeo en inglés en el que John Edwards cuenta su testimonio

Adnaloy Estrada se alejó de Dios, se adentró en la New age, era proaborto, odiaba a su padre, en un Curso Alpha rezó, fue a Medjugorje y «me enamoré de Jesucristo»

Adnaloy Estrada pasó años lejos de Dios, sin poder perdonar, derrochando, lejos de Dios y buscando en la New Age, sin paz

* «En Medjugorje me confesé y al salir  era como si me hubiesen dado un baño de agua fresca, como si me hubiesen quitado muchísimo peso de encima. Me sentí totalmente renovada por el Señor. Llegué transformada de esa peregrinación, al punto que mi familia no me reconocía. Yo no lo entendía muy bien, pero era la Virgen que había sanado por fin mi corazón roto y herido. Mi párroco dijo en una homilía: tenemos que tender puentes. Y yo pensé en mi padre: tenía que buscarlo y hacer efectivo el perdón de mi corazón. Lo llame por teléfono y pude reconciliarme con él. He podido abrir mi corazón, que es nuevo, la Virgen lo sanó, estoy muy feliz y solo quiero hacer lo que el Señor me pida para transmitir ese amor a otras personas, el camino del perdón, que es muy hermoso»

Vídeo del testimonio de Adnaloy Estrada en el programa "Cambio de Agujas" de H.M. Televisión

Camino Católico.- Adnaloy Estrada, 49 años, madre de dos hijos, venezolana natural de Caracas, en España desde 2001, ha contado su testimonio de conversión a "Cambio de Agujas", el programa de testimonios de H.M. Televisión. Enfadada con su padre, que había llevado una doble vida, y volcada en una vida mundana, lejos de Dios, tres pasos la transformaron: un Camino de Santiago, acercarse a la oración en un Curso Alpha y un Via Crucis y una confesión en Medjugorje.

Una infancia tranquila, una adolescencia herida

Nació en el seno de una familia católica y de niña iba a un colegio religioso. "Desde niña me sentí muy querida por Dios; en el colegio visitábamos enfermos, barrios necesitados, ayudábamos en la catequesis en los barrios".

Adnaloy Estrada cuando era pequeña

Su madre era profesora y su padre se dedicaba a ventas. Pero cuando ella tenía 13 años, a partir del famoso Viernes Negro económico de Venezuela, en febrero de 1983, las cosas empezaron a ir muy mal y tuvieron que vender su piso e ir a vivir a casa de la abuela. "Ahora mis padres dormían en un colchón en el suelo y yo compartía habitación con mi hermano. Nunca nos había pasado eso", recuerda.

El padre de Adnaloy metió a la familia en graves deudas, con hipotecas y pisos que no pagaba. Los abogados venían a protestar. Y el padre pasaba muchos días fuera de casa. Luego pidió más dinero para sus negocios poco fiables. La familia le dijo que no, y él se enfadó y se fue.

Poco después descubrieron que él llevaba una doble vida desde hacía diez años. Tenía otra familia, tenía otra mujer e hija.

"Esa hija tenía la misma edad que habría tenido mi hermano si mi padre no hubiera llevado a mi madre a abortar", detalla Adnaloy. Saber todo eso, llenó a Adnaloy de "muchísimo odio". "Me sentí muy triste, me hizo una herida muy grande en el corazón que hizo que me separara de mi padre definitivamente, y también de mi abuela paterna, con la que tenía una relación bastante buena. Ella murió sin que yo llegara a perdonarla".

¿Y la fe de la familia en estos años? Iban a misa, pero en todas esas dificultades, de los 13 a los 23 años, ni ella ni la familia se apoyaban de verdad en Dios. Más allá de la misa, no había más experiencia de fe.

Adnaloy Estrada con su familia

Ruptura dolorosa y alejamiento de la fe

El divorcio de la madre de Adnaloy fue muy duro. "Ella lloraba y parecía que no tenían fin sus lágrimas", recuerda.

Un pariente les dejó dinero para pagar las deudas de hipotecas de su padre y ella ya pudo ponerse a estudiar medicina. Adnaloy se casó por la Iglesia porque era lo que siempre había soñado. "Mi hermano me llevó al altar, a mi padre ni le avisé ni lo invité".

Adnaloy Estrada el día de su boda

Entre la vida de casada y al estar muy centrada en los estudios de medicina, Adnaloy se alejó mucho de la práctica religiosa. Iba a misa alguna vez. Al cumplir 30 años, por la crisis política de Venezuela, ella, su hijita de un año y su marido, hijo de españoles, emigraron a España.

En España, por influencia de compañeros y profesores, adoptó una percepción no cristiana de la medicina. "Empecé a apoyar el aborto, la libertad de género, la decisión de cambiar de género... cualquier cosa que quiera la persona. Me alejé más del Señor". Ella estaba convencida de todo eso.

Una vida de gastos y un vagar por la New Age

"Dedicaba muchas horas a mi trabajo, a hacer guardias interminables para ganar mucho dinero y que a mi familia no le faltase nada. Llevé a mi marido a complacerme, a que me llevara de viaje, a gastar mucho dinero. Empecé a acumular una enorme deuda".

Alejada ya de Dios y sintiendo un cierto vacío, buscó apoyarse en terapias alternativas y en cosas de la Nueva Era o New Age.

"Estuve practicando el yoga. Estuve acercándome a cosas muy extrañas como registros akáshicos, el reiki, muchas otras cosas que entraron en mi vida porque yo permití que eso pasara", lamenta. También creía en la reencarnación y otras cosas confusas.

"Nada de eso me hacía feliz, mi corazón estaba cada vez más vacío", recuerda. "Yo buscaba a Dios pero no me daba cuenta de que lo estaba buscando", entiende hoy.

El Camino de Santiago: ¡acepta tu responsabilidad!

Volvía a tener problemas económicos, como en su dura adolescencia, y sentía rabia. Incluso empezó a pensar en separarse de su marido: quizá proyectaba contra él la rabia que había tenido contra su padre, el otro hombre de su vida que la había dañado económica y emocionalmente.

En esa fase, se animó a hacer el Camino de Santiago. Caminando con una amiga enfermera, hablando con ella, Adnaloy fue reconociendo una cosa: ella intentaba cargar contra su marido acusaciones que en parte eran también responsabilidad de ella. Ella también había sido derrochadora y descuidada en la economía familiar. Fue un primer paso hacia la mejoría: reconocer su parte de responsabilidad.

El esposo de Adnaloy Estrada con los hijos del matrimonio

Curso Alpha: ¡puedes orar por otros, tratar con Dios!

Un segundo paso llegó cuando una amiga la invitó a un Curso Alpha. "Son unas cenas, con una charla y luego en pequeños grupos se hace una discusión de la charla. Yo iba porque me invitó una amiga y por curiosidad, a ver qué era eso, sin expectativas".

Pero allí sucedió algo muy importante: la oración.

Un estudio descubrió hace unos años que es el doble de fácil conseguir que alguien rece por otro que conseguir que rece por uno mismo. Métodos de nueva evangelización hoy suelen animar a la gente a rezar, especialmente por otros. Y eso abre un canal con Dios.

En ese curso Alpha se hizo una oración de sanación invocando al Espíritu Santo. "Para mí eso fue muy novedoso, me llamó muchísimo la atención. ¡Se podía orar por otras personas! Para mí eso era, creo, desconocido o lo tenía olvidado. Me gustó mucho esa oración de sanación porque me hizo ver que la forma que tenemos de relacionarnos con el Señor es a través de la oración. Nos dijeron que es como cuando tienes una relación con alguien: has de tener detalles, escribirle cartas... la oración es así. Y allí empecé a orar por otras personas: ¡yo nunca había orado por otras personas!"

"Fue maravilloso, un milagro por intercesión de la Virgen"

Por esas fechas, su tío estaba muy enfermo, y Adnaloy y su familia no sabían muy bien qué decisiones médicas eran más adecuadas. "Ya estaba yo apegada a la oración, era el Año de la Misericordia, y empecé a rezar una versión mía del rosario de la Misericordia".

Los médicos les dijeron que su tío estaba a punto de morir. Adnaloy y su familia pidieron que lo pasaran a una sala, para acompañarlo en su tránsito. "Fue muy impresionante, porque lo dejaron sólo con la alimentación, lo básico, sin soportes, en pocos días empezó a mejorar y al final nos dijeron los médicos que estaba curado. ¡Para nosotros fue maravilloso, un gran milagro por intercesión de Nuestra Señora la Virgen! Creo que fue lo que más abrió mi corazón a Dios entonces".

Adnaloy Estrada y su esposo

En Medjugorje: "vi pasar mis pecados, me confesé"

Después, Adnaloy se sintió invitada por la Virgen a ir a Medjugorje. "Allí hicimos un Via Crucis tradicional en la montaña de Medjugorje. Allí conocí una persona que subía con nosotros, un chico que había estado 14 años en coma profundo. Su familia había orado con fe por él durante años, y él había despertado del coma tras 14 años y daba gracias a la Virgen, subiendo con nosotros".

Adnaloy habló allí con un sacerdote y "de una forma muy sencilla me explicó que yo estaba equivocada en muchas cosas. Fue como si viera pasar mi vida, con mis pecados, como si el Señor me diera el don de verme con mis pecados, lo alejada que estaba... y me sentí tan amada por el Señor, me sentía tan indigna... que tuve que ir corriendo, corriendo, al Sacramento de la Reconciliación".

Esa confesión en Medjugorje la cambiaría para siempre. "Fue salir de allí y era como si me hubiesen dado un baño de agua fresca, como si me hubiesen quitado muchísimo peso de encima. Me sentí totalmente renovada por el Señor. Fue como que me enamoré de Jesucristo. Un momento muy hermoso".

Poder para perdonar y reconstruir

De vuelta a España, ella no era ya la misma. "Llegué transformada de esa peregrinación, al punto que mi familia no me reconocía. Yo no lo entendía muy bien, pero era la Virgen que había sanado por fin mi corazón roto y herido".

Y la gran prueba de que Dios actuaba y transformaba se dio con el poder de perdonar en su vida familiar. "Mi párroco dijo en una homilía: tenemos que tender puentes. Y yo pensé en mi padre: tenía que buscarlo y hacer efectivo el perdón de mi corazón. Lo llame por teléfono y pude reconciliarme con él. Tras ese paso conseguí también que mi hermano y mi madre tuvieran con mi padre una relación cordial. Pude contactar con mi hermana allí, y hoy soy capaz de hablar con mi hermana, la llamo hermanita y le tengo mucho amor".

"He podido abrir mi corazón, que es nuevo, la Virgen lo sanó, estoy muy feliz y solo quiero hacer lo que el Señor me pida para transmitir ese amor a otras personas, el camino del perdón, que es muy hermoso", concluye, emocionada.

Fede Carranza, cantante de Jésed: «Era inseguro, me aboqué en la pornografía, la sexualidad y el alcohol hasta que dije: ‘Señor, ya no quiero estar lejos de ti. Extraño vivir en paz. Quiero corregir el rumbo’»


Fede Carranza, cantante del Ministerio de Música católico Jésed

* «Dios no es un padre de acuerdos. Dios sale a buscarte. Toma tu corazón y lo exprime, te convierte, te sostiene y te da vida. Recuerdo que Tomás mete su mano y toca el costado de Cristo y le dice “Señor mío y Dios mío…mi Dios”. Pensé: “Tengo que hablar con San Francisco de Asís”» 

Testimonio de Fede Carranza entrevistado en un vídeo por Veronica Brunkow 

Camino Católico.- Fede Carranza, cantante del Ministerio de Música católico Jésed, hasta poder testimoniar a Cristo ha tenido que recorrer un largo camino no exento de dificultades: “De adolescente andaba con inseguridades y las tapaba, no las sanaba; empiezo a incursionar en la pornografía y en la impureza”, dice entrevistado en un vídeo por Veronica Brunkow.  También la promiscuidad sexual y su embriaguez reiterada con alcohol le determinaron la vida. 

El inicio de su conversión se produjo cuando tocó fondo estudiando en la universidad y despertó después de una noche de alcohol. Se encontraba tan mal que fue a buscar silencio en la capilla y  “le dije al Señor: ‘Ya no quiero estar lejos de ti, Señor. Me hartan las cosas, extraño vivir en paz. Quiero corregir el rumbo’”. Así empezó su combate para descubrir el amor de Dios. Esta es una síntesis de su historía de vida que cuenta en el vídeo:    


Fede Carranza estuvo en Asís orando durante su camino de conversión

«Dios no quiere un contrato contigo, o tu servicio. Dios te quiere a ti. Dejé que el Señor me mostrara cómo manejar mi vida»       
   
 

Mi historia es la historia del hijo pródigo. Nací en Monterrey. De adolescente, quería explorar otras cosas y descubrir más sobre mí mismo. Yo tenía todo en la casa de mi padre. Tenía amigos a raíz de su interés por la música. Yo andaba con inseguridades y las tapaba, no las sanaba; así que empiezo a incursionar en la pornografía y en la impureza para tapar mi inseguridad. Si no ves la muerte como natural, todo se distorsiona y se contamina. Varias personas cercanas murieron. Termine la Preparatoria y me fui de casa, lleve una vida muy mundana. Ya no quería tapaderas para mi inseguridad. Empecé a andar con amigos que traían la misma crisis que yo.

Mi rompimiento con Dios fue lento, pero salir de casa de mi padre fue como un símbolo. Cuando me embriagaba en compañía de amigos, sacaba mis inseguridades y eso te acaba de romper porque nadie te arropa. Hacer confidencias en ese estado te lleva a caer en vacíos. Cuando tropiezas en vacío no ves el piso, es como tropezar en la noche: No sabes con qué te vas a golpear ni de dónde cogerte. Eso pasa en las relaciones sexuales fuera del matrimonio: crees que tienes todo bajo control y no es así, caes en el vacío. Vuelven a mi mente pensamientos deprimentes.

Estaba en segundo año de universidad, estaba reprobando. No me interesaba nada el estudio; no sabía cuánto gastaba mi papá en mí. Un día me dijo mi padre: ¿No te gustaría estudiar en Estados Unidos en Stubenville? Yo le dije que sí, me fui un verano, me encantó. En enero del 2008 me fui a estudiar la carrera de Comunicación. Allí toqué fondo. Desperté en la casa de un amigo, nos habíamos emborrachado, yo tenía la camisa sucia y me estallaba la cabeza. Me fui a mi habitación y no podía dormir. Pensé: “Me tengo que ir a un lugar silencioso”. Busqué la capilla, era domingo y había Misa. Me quedé y le dije al Señor: “Ya no quiero estar lejos de ti, Señor. Me hartan las cosas, extraño vivir en paz. Quiero corregir el rumbo”.


Fede Carranza, cantando con el Ministerio de Música católico Jésed

Me dije: “No tengo brújula. Estoy reventado. Ando en concupiscencias…”. Regresé a Monterrey y traté de portarme bien con algunas excepciones. Le dije al Señor: “Te sirvo pero te deshonro”. Me di cuenta de que me estaba dañando, había una rotura entre mi alma y mi cuerpo. Esto duró cuatro años, hasta que una amiga me dijo: “No te veo contento, andas deprimido y no eres de una pieza. Necesitas ayuda profesional”. Después de cuatro sesiones me dice la psicóloga: “El problema es que no te amas, no te has aceptado, rechazas tu infancia”. Había empezado a hablar con un sacerdote y le dije; “No quiero orar”. Me dijo: “Lo entiendo, porque no conoces a Dios”. Me hirió, y era verdad, me hirió Dios con la llama de amor viva. Sentí el amor paternal de Dios que exprimía mi corazón con amor, te quebranta y te cura.

Dios no es un padre de acuerdos. Dios sale a buscarte. Toma tu corazón y lo exprime, te convierte, te sostiene y te da vida. Recuerdo que Tomás mete su mano y toca el costado de Cristo y le dice “Señor mío y Dios mío…mi Dios”. Pensé: “Tengo que hablar con San Francisco de Asís”.

Decidí ir dos semanas a Europa y aprovechar para ver a mi hermana que vive en Holanda.

En el primer día del viaje fui a Segovia, donde está enterrado San Juan de la Cruz. En el altar hay una oración que dice: “No me quitarás Dios mío lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero, por eso me holgaré que no tardarás si yo espero. Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos y la Madre de Dios y todas las cosas son mías y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Entonces ¿qué pides?, ¿qué buscas alma mía? Tuyo es todo esto y todo es para ti. No te pongas a menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera, gloríate en Su gloria, escóndete en ella y goza y alcanzarás las peticiones de tu corazón”.

Fede Carranza

Comprendí que, si alguien sabe historias de amor es Dios.

Decido pasar tres días en Asís, apagar teléfonos y guardar silencio. Llegué a Asís, a rezar ante la tumba de San Francisco. Me dije a mí mismo: “Dios no quiere un contrato contigo, o tu servicio. Dios te quiere a ti”.

Comprendí que la mística católica se ha perdido en estos tiempos. La vida mística va a salvar a la humanidad porque es la única manera en que vamos a amarnos a nosotros mismos y a los demás. Si supiéramos lo que valemos, amaríamos la vida… Los que abortan o matan es porque ellos mismos no saben lo que valen.


Fede Carranza

Cuando regresé dejé que el Señor me mostrara cómo manejar mi vida. Fui con la psicóloga y me dijo: “Ya dejaste de ser niño. Ahora hablas como hombre. Ya no necesitas mi ayuda”.

Volví con el sacerdote y le dije: “Descubrí que no sé nada”. El comentó: “Este es el mejor momento para conocer a Dios”.

Lo primero que descubres cuando Dios te quebranta es que Él siempre ha estado siempre allí, contigo. Ahora sirvo al Seños sin condiciones. Estoy feliz, estoy pleno en Él. Me agarro de tres cosas: de la lectura inteligente de los evangelios, que son un mapa para conocer a Jesucristo. Me apoyo en los santos, en sus escritos, y en los sacramentos.

 Fede Carranza

Ministerio de Música católico Jésed

Boštjan Rakovnik y Mihaela, matrimonio, han superado todas sus crisis: «Cada día invitamos a Jesús a nuestra relación; estamos conectados entre nosotros y con Él, quien siempre está cerca»

Boštjan Rakovnik y su esposa, Mihaela, un matrimonio esloveno, han afrontado todas sus crisis con oración perseverante / Foto: Osebni arhiv - Aleteia

* «Nos nutrimos espiritualmente con Dios, a lo largo del día, con la oración y el amor mutuo. Al encontrarnos con el prójimo, con la Palabra de Dios y con Jesús entre nosotros, en la Eucaristía… Como tenemos una capilla en el trabajo, me detengo allí todos los días y le pido a Jesús que me acompañe en las relaciones de ese día. No siempre es fácil, pero es la voluntad de Dios»

Camino Católico.- Boštjan Rakovnik, de Eslovenia, es un hombre que, incluso en un día completamente normal, sabe reconocer las oportunidades para nuevos comienzos; pero sobre todo, para el amor. Él es un ejemplo a seguir para muchos de quienes lo conocen. Trabaja como técnico de mantenimiento en un hospital, y en su tiempo libre prefiere pasar el rato con su esposa Mihaela y sus seres queridos. Participa activamente en la asociación pastoral de su parroquia y, todos los días, junto con su esposa, reza por la paz en el movimiento "La Obra de María".

Boštjan Rakovnik y su esposa, Mihaela, invitan cada mañana a Jesucristo a su relación / Foto: Boštjan Rakovnik - Aleteia

“Cada día decido empezar de nuevo. La relación matrimonial es muy importante para mí. Vale la pena invertir en ella. Mi esposa y yo casi siempre planeamos el día juntos. Por la mañana tomamos café e invitamos a Jesús a nuestra relación. Estamos conectados entre nosotros y con Él, quien siempre está cerca. La Misa es una parte importante del día para nosotros”, comparte  Boštjan Rakovnik en Aleteia.

“Una de las muchas actividades diarias que son importantes para mi paz interior es el dado del amor. En él hay frases como: ‘Ama a tu enemigo’, ‘Sean uno’, ‘Ama a Jesús en cada persona’, ‘Ama primero’… Lanzo el dado cada día y trato de vivir así desde hace varias décadas. Y debo reconocer que soy testigo vivo de milagros constantes”, asegura.

“Con nosotros vive Jasna, la hermana de mi esposa, que tiene una discapacidad desde la infancia; también tenemos a nuestra perrita, Biba, y un jardín grande. Cuando estamos juntos, todos estamos muy felices y hay un ambiente agradable. Pero todos necesitamos el amor mutuo para que esto siga vivo y siga adelante. Cada uno de nosotros debe cumplir con su parte y con el deber del que es responsable. Cuando eso no ocurre, por lo general, es difícil. En esos momentos hay que empezar de nuevo. En las relaciones hay que saber acercarse y también dejar al otro en paz”, asevera Boštjan.

Boštjan Rakovnik trabajando en su jardín / Foto: Osebni arhiv - Aleteia

“En el trabajo, las relaciones pueden ser buenas o malas. A menudo, yo mismo soy el culpable de ellas. Mis compañeros de trabajo son mi ‘espejo’. A menudo me pregunto qué más puedo hacer por ellos. Como tenemos una capilla en el trabajo, me detengo allí todos los días y le pido a Jesús que me acompañe en las relaciones de ese día. No siempre es fácil, pero es la voluntad de Dios”, subraya este técnico de mantenimiento en un hospital.

“Mi tiempo para mí se ve enriquecido por un grupo de voluntarios de la Obra de María. Cada 14 días nos reunimos desde toda Eslovenia y nos enriquecemos con la vida de Jesús entre nosotros. También me enriquece el paseo diario con mi perrita Biba y, por supuesto, la vida con mis seres queridos”, reconoce.

Boštjan Rakovnik confidencia que “el estereotipo de que los hombres somos el cabeza de familia, pues no se aplica en mi caso. A menudo estoy en la cocina, ayudando a mi esposa. Nos apoyamos mutuamente y tratamos de ser iguales el uno para el otro, incluso en las demás tareas del hogar. Mimo a mi esposa llevándole café a la cama y un masaje en las plantas de los pies. Lo que más valora es que la ayude sin quejarme. Se trata de pequeños detalles. Mi regalo mensual es un ramo de flores cada 15 del mes, cuando celebramos nuestro aniversario de boda. La apoyo en los días difíciles, por lo general debido a casos complicados en el trabajo. La cercanía es la verdadera relación, y eso es lo que ella valora”.

Boštjan Rakovnik dice que su matrimonio se nutre espiritualmente con Dios / Foto: Osebni arhiv - Aleteia

A Boštjan Rakovnik y a su esposa, Mihaela, no han podido tener hijos propios y pese a ello pueden ser fructíferos: “Lo hemos afrontado con mucho diálogo y aceptando la situación, sin compadecerse de uno mismo y ayudando al prójimo. Tenemos a Jasna, y en el pasado también cuidamos a personas mayores: a mi suegra, a mi papá y a mi mamá. Tenemos varios ahijados, a quienes acompañamos en su camino por la vida. Si cada día miras a tu alrededor, verás a alguien que necesita tu ayuda”.

El acontecimiento o prueba en la vida que más ha hecho reflexionar a Boštjan es: “sin duda, la boda. También el cuidado de una persona con discapacidad, y darme cuenta de que no tendríamos hijos propios. Más tarde, también la búsqueda de un nuevo empleo”.

Para concluir, Boštjan explica que “nos nutrimos espiritualmente con Dios, a lo largo del día, con la oración y el amor mutuo. Al encontrarnos con el prójimo, con la Palabra de Dios y con Jesús entre nosotros, en la Eucaristía”.