Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

domingo, 27 de septiembre de 2026

Papa León XIV en el Rosario en Lourdes, 27-9- 2026: «Virgen Inmaculada, que la luz que llevamos esta noche en nuestras manos no se apague en nuestras vidas, ilumine el futuro, abriéndonos a las promesas de la vida eterna»

* «Ella es la Estrella del mar —Stella maris— que nos socorre en las tribulaciones, como san Bernardo lo expresó tan bellamente: ‘¡Oh tú que te sientes lejos de tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, no desvíes los ojos de la luz de esta estrella! […] Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te sostiene, no caes; si ella te protege, no tienes que temer; si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta’» 

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News en español, con la meditación del Papa 

* «’¡Yo soy la Inmaculada Concepción!’. Es precisamente así, como María se presentó en este mismo lugar, con gran humildad, pero agradecida a Dios por el privilegio absolutamente único del que Ella gozó y que representa para nosotros la aurora de la salvación. Por los méritos de su Pasión y su Resurrección, Jesús quiso preservar a su Madre de toda mancha del pecado original; hizo de Ella una nueva Eva sobre la que el demonio jamás tendrá poder alguno, y a partir de la cual, todo vuelve a empezar, todo vuelve a ser posible, tanto para el mundo como para cada uno de nosotros.Por eso, su apoyo y su intercesión no son secundarios para el cristiano que desea acoger la gracia de la Redención obtenida por la sangre de Jesús y luchar contra el mal» 


27 de septiembre de 2026.- (Camino Católico)  “Oh Virgen Inmaculada, haz que la luz que llevamos esta noche en nuestras manos no se apague jamás en nuestras vidas, sino que ilumine el futuro, abriéndonos, desde ahora, a las promesas de la vida eterna”, ha concluido el Papa León XIV su meditación al final del rezo del Santo Rosario y la procesión de las antorchas, en la que han participado decenas de miles de fieles, y que ha sido el último acto del Pontífice en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes.



Para León XIV, la luz de las antorchas representa la esperanza cristiana, una esperanza que permanece incluso cuando la vida está marcada por el sufrimiento, la enfermedad o las dificultades. De manera especial, se dirigió a los enfermos, a quienes presentó como testigos privilegiados de la fuerza de la fe y del amor. Citando a Pío XII, recordó que Lourdes ofrece el sorprendente testimonio de personas que, aun llevando consigo grandes sufrimientos, son capaces de transmitir serenidad, paz y alegría.

“Y si tal milagro es posible —el de suscitar serenidad y alegría en medio de la prueba—, es porque Dios nos concede la gracia de dirigir nuestra mirada hacia un futuro más lejano, más allá de nuestro horizonte terrenal, un futuro de felicidad infinita en Dios, que estamos seguros de alcanzar si nos mantenemos firmes en la fe y la caridad.”

León XIV recordó las palabras con las que María se presentó a santa Bernardita: «Yo soy la Inmaculada Concepción». “Es precisamente así, como María se presentó en este mismo lugar, con gran humildad, pero agradecida a Dios por el privilegio absolutamente único del que Ella gozó y que representa para nosotros la aurora de la salvación.”

Por los méritos de su Pasión y su Resurrección, afirmó, Jesús quiso preservar a su Madre de toda mancha del pecado original; hizo de Ella una nueva Eva sobre la que el demonio jamás tendrá poder alguno, y a partir de la cual, todo vuelve a empezar, todo vuelve a ser posible, tanto para el mundo como para cada uno de nosotros. En el vídeo de 13 TV se escucha y visualiza toda la meditación del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:

VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A FRANCIA

25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026

REZO DEL SANTO ROSARIO Y PROCESIÓN AUX FLAMBEAUX

MEDITACIÓN DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Santuario de Nuestra Señora de Lourdes

Domingo, 27 de septiembre de 2026

Esta noche nos hemos reunido para responder a la petición que Nuestra Señora dirigió a los sacerdotes a través de santa Bernardita: «Que se venga aquí en procesión». Qué conmovedor es ver al pueblo fiel, generación tras generación, responder con amor y confianza a la tierna invitación de la Virgen María. Qué consolador es escuchar a los cristianos cantar himnos llenos de fervor y fe, y caminar, con una luminaria en la mano, hacia su Madre del cielo, la Madre que Jesús nos dio en la cruz.

Esa luz que nos guía y nos atrae es la de la esperanza que nunca nos abandona, incluso durante nuestra peregrinación por esta vida, a menudo marcada por las pruebas, pero ya plena de la alegría de sabernos hijos de Dios, amados y salvados por Jesús. Las personas enfermas son testigos privilegiados de esta transfiguración de la existencia a través de la fe y del amor a Dios y al prójimo. Necesitamos participar en esta procesión con ustedes, queridos enfermos, para comprender lo que significa realmente. Como decía el Papa Pío XII: “Nunca, en ningún lugar de la tierra, se ha visto semejante cortejo de sufrimientos, nunca semejante resplandor de paz, serenidad y alegría» (cf. Carta enc. Le pèlerinage de Lourdes, 2 julio 1957).

Y si tal milagro es posible —el de suscitar serenidad y alegría en medio de la prueba—, es porque Dios nos concede la gracia de dirigir nuestra mirada hacia un futuro más lejano, más allá de nuestro horizonte terrenal, un futuro de felicidad infinita en Dios, que estamos seguros de alcanzar si nos mantenemos firmes en la fe y la caridad. Por eso, san Pablo nos anima: «Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará» (Rm 8,18). Tengan siempre presentes estas palabras de oro, queridos enfermos: No hay comparación entre los sufrimientos del tiempo presente y la gloria que se revelará en nosotros.

Estamos, pues, llamados a perseverar en nuestro camino, una y otra vez, mientras se nos concedan días de vida en este mundo, por el que María nos precede. Y acudiremos confiados a Ella, cuya Inmaculada Concepción resplandece como un faro en medio de la noche. Ella «es signo de la victoria del amor, de la bondad y de Dios, dando a nuestro mundo la esperanza que necesita. Volvamos esta noche la mirada hacia María, tan gloriosa y tan humana, dejándola que nos lleve a Dios que es el vencedor» (Benedicto XVI, Procesión con antorchas, 13 septiembre 2008).

«¡Yo soy la Inmaculada Concepción!». Es precisamente así, como María se presentó en este mismo lugar, con gran humildad, pero agradecida a Dios por el privilegio absolutamente único del que Ella gozó y que representa para nosotros la aurora de la salvación. Por los méritos de su Pasión y su Resurrección, Jesús quiso preservar a su Madre de toda mancha del pecado original; hizo de Ella una nueva Eva sobre la que el demonio jamás tendrá poder alguno, y a partir de la cual, todo vuelve a empezar, todo vuelve a ser posible, tanto para el mundo como para cada uno de nosotros.

Por eso, su apoyo y su intercesión no son secundarios para el cristiano que desea acoger la gracia de la Redención obtenida por la sangre de Jesús y luchar contra el mal. Ella es la Estrella del mar —Stella maris— que nos socorre en las tribulaciones, como san Bernardo lo expresó tan bellamente: «¡Oh tú que te sientes lejos de tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, no desvíes los ojos de la luz de esta estrella! […] Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te sostiene, no caes; si ella te protege, no tienes que temer; si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta» (San Bernardo, Segunda homilía Super Missus est, 17).

Así pues, queridos hermanos y hermanas, peregrinos y enfermos, que han venido tanto de Francia como de todo el mundo para participar en esta procesión de luz, ferviente y serena, traemos nuestras intenciones más anheladas y urgentes para presentárselas a Nuestra Señora: nuestras intenciones personales y nuestras intenciones por el mundo. Al contemplarla en su Inmaculada Concepción, una alegría y una esperanza invencible brotan en nuestro corazón pues, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y coronada de estrellas, es gloriosa, es poderosa; y, al mismo tiempo, es humilde, está muy cerca de nosotros, es la Madre de Jesús, es nuestra Madre.

Oh Virgen Inmaculada, haz que la luz que llevamos esta noche en nuestras manos no se apague jamás en nuestras vidas, sino que ilumine el futuro, abriéndonos, desde ahora, a las promesas de la vida eterna.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 27-9-2026

Rezo del Santo Rosario guiado por el Papa León XIV y procesión de las antorchas en el Santuario de Lourdes, 27-9-2026

Foto: Vatican Media, 27-9-2026


27 de septiembre de 2026.- (Camino Católico)   Última cita del Papa León XIV en Lourdes. Esta noche ha presidido el rezo del Santo Rosario y la tradicional procesión de las antorchas en Lourdes, uno de los momentos más significativos de la peregrinación al santuario mariano. Ante miles de peregrinos y enfermos llegados de Francia y de distintos lugares del mundo, el Pontífice en su meditación ha invitado a caminar junto a María con una fe sencilla y confiada, recordando la petición que la Virgen dirigió a santa Bernardita: «Que se venga aquí en procesión». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la oración del Santo Rosario y la procesión de las antorchas.



Papa León XIV en homilía en Lourdes, 27-9-2026: «La Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos, que la necesitamos, sino también ‘por los pecadores’, por un mundo que va mal»

* «Jesús mismo no se anda con rodeos cuando exhorta a la penitencia, tal y como nos lo relata, por ejemplo, san Lucas: ‘Si ustedes no se convierten, morirán’ (13,5). Pero él amplía el horizonte de la vida terrenal al de la vida eterna. Mientras que la felicidad aquí en la tierra es una realidad efímera, relativa y, por desgracia, a veces inaccesible para algunos, la verdadera felicidad, en la esperanza, está prometida a todos y debería ser el objetivo principal de nuestra búsqueda, de nuestros esfuerzos y de nuestras decisiones. ¿Acaso no le dijo la Virgen María a santa Bernardita: ‘No te prometo que serás feliz en este mundo, sino en el otro?’»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «’¡Te lo prometo!’. Sí, la vida eterna es una promesa firme y segura que el Señor nos hace. Ya nos la ha alcanzado con su muerte en la cruz y su resurrección, y ya la hace realidad cada día en nosotros por la gracia del bautismo. Está a nuestro alcance, pero a nosotros corresponde acogerla libremente, aferrarnos a ella y no ponerle obstáculos; y el obstáculo para la gracia y la vida eterna, el único obstáculo para este amor, es el pecado, el retraerse en sí mismo, ese rechazo a Dios que nos encierra en nuestras propias tinieblas. Por tanto, está en juego nuestra responsabilidad personal, y es grande. Dios nos ha querido libres, pues la libertad es una condición del amor; no se puede amar por obligación. Esta libertad que se nos ha dado, debemos emplearla para decir “sí” a Cristo y, con la ayuda de su gracia, seguir los pasos de María; un “sí” que se renueva sin cesar, hasta nuestro último aliento: ‘ahora y en la hora de nuestra muerte’, como decimos en el Ave María» 

27 de septiembre de 2026.- (Camino Católico)  “La Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos, que la necesitamos, sino también ‘por los pecadores’, por un mundo que va mal”, ha reflexionado el Papa León XIV durante su homilía de la Misa de esta mañana que ha celebrado en la pradera del Santuario de Lourdes, ante 150.000 personas, donde ha reiterado la exigencia de conversión y ha exhortado a ser misioneros de la esperanza.


Los textos que propone la liturgia este domingo “se relacionan con un aspecto central del mensaje que la Virgen María vino a confiar a santa Bernardita: una llamada a la conversión, a la vez tierna y apremiante”, resaltó León XIV, quien agrega que, en el Evangelio, “Jesús dirige una mirada de verdad y profunda tristeza hacia los corazones cerrados: «y ustedes […] no se arrepienten» (Mt 21,32)”.




“¿Por qué esta herida en el corazón de Cristo? Porque Dios no quiere la perdición de sus hijos”, recalca el Pontífice, quien explics que, por esta razón, los llamados a la penitencia resuenan en las Sagradas Escrituras y atraviesan toda la predicación del Evangelio a lo largo de los siglos, y “adquieren una gravedad salvífica para manifestar su urgencia y necesidad: es hoy -no mañana- cuando hay que convertirse; ahora es el tiempo favorable, el día de la salvación”.



“Sí, Dios desea que el hombre viva, que abra los ojos y vuelva a Él”, reitera el Papa, quien indica que convertirse significa “abandonar los senderos del extravío para seguir el Camino de la Vida, abriendo así nuestro corazón a la única Alegría que nunca se acaba”, y subraya que “Jesús mismo no se anda con rodeos cuando exhorta a la penitencia”, pero “amplía el horizonte de la vida terrenal al de la vida eterna”.





Mientras que “la felicidad aquí en la tierra es una realidad efímera, relativa y, por desgracia, a veces inaccesible para algunos”, la verdadera felicidad, “en la esperanza, está prometida a todos y debería ser el objetivo principal de nuestra búsqueda, de nuestros esfuerzos y de nuestras decisiones”, recalca León XIV, quien remarcó: “¿Acaso no le dijo la Virgen María a santa Bernardita: «No te prometo que serás feliz en este mundo, sino en el otro»?”.




“Impulsados por la oración de los enfermos y el amor de nuestra Madre, caminen con confianza hacia el futuro. No teman las tormentas del mundo: la Santa Madre de Dios vela sobre su caminar, protege a la Iglesia con su manto de ternura y, como Estrella radiante de la mañana, guía sus pasos para darlos a luz, en la alegría, a la vida misma de su Hijo Jesús”, concluye el Papa, quien antes de terminar la Misa ha rezado el Ángelus y ha propuesto: “Aquí la Inmaculada se apareció a santa Bernardita con el Rosario y guió su oración. Por eso, invito hoy a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el santo Rosario durante el próximo mes de octubre, con la intención particular de que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A FRANCIA

25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026


SANTA MISA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Prairie del Santuario di Nuestra Señora de Lourdes

Domingo, 27 de septiembre de 2026



Hermanos y hermanas, peregrinos venidos de Francia y de todo el mundo, al verlos esta mañana reunidos en la casa de nuestra Madre, contemplo el rostro universal de la Iglesia. Algunos de ustedes han atravesado continentes, superado fatigas y traído sus alegrías y sus cargas hasta esta Gruta sagrada. ¡Qué alegría estar juntos, con un solo corazón, como una sola familia!

Quiero saludar de manera especial a los peregrinos procedentes de todas las provincias y diócesis de Francia. Hoy pisan el suelo de esta tierra bendita que ha recibido tantas gracias. Que esta peregrinación reavive la llama de la fe en sus hogares y en sus parroquias. Lleven el consuelo de Lourdes a sus vecinos, a sus seres queridos y a todo el pueblo francés.

Los textos que nos propone la liturgia este domingo se relacionan con un aspecto central del mensaje que la Virgen María vino a confiar a santa Bernardita: una llamada a la conversión, a la vez tierna y apremiante. En el Evangelio, Jesús dirige una mirada de verdad y profunda tristeza hacia los corazones cerrados: «y ustedes […] no se arrepienten» (Mt 21,32). ¿Por qué esta herida en el corazón de Cristo? Porque Dios no quiere la perdición de sus hijos. El profeta Ezequiel nos lo recuerda: «Cuando el justo se aparta de su justicia y comete delitos, morirá a causa de ello» mientras que, si se convierte, «ciertamente, vivirá y no morirá» (cf. Ez 18,26.28). Por esta razón, los llamados a la penitencia resuenan en las Sagradas Escrituras y atraviesan toda la predicación del Evangelio a lo largo de los siglos. Adquieren una gravedad salvífica para manifestar su urgencia y necesidad: es hoy —no mañana— cuando hay que convertirse; ahora es el tiempo favorable, el día de la salvación (cf. 2 Co 6,2). Sí, Dios desea que el hombre viva, que abra los ojos y vuelva a Él. Convertirse significa abandonar los senderos del extravío para seguir el Camino de la Vida, abriendo así nuestro corazón a la única Alegría que nunca se acaba.

Jesús mismo no se anda con rodeos cuando exhorta a la penitencia, tal y como nos lo relata, por ejemplo, san Lucas: «Si ustedes no se convierten, morirán» (13,5). Pero él amplía el horizonte de la vida terrenal al de la vida eterna. Mientras que la felicidad aquí en la tierra es una realidad efímera, relativa y, por desgracia, a veces inaccesible para algunos, la verdadera felicidad, en la esperanza, está prometida a todos y debería ser el objetivo principal de nuestra búsqueda, de nuestros esfuerzos y de nuestras decisiones. ¿Acaso no le dijo la Virgen María a santa Bernardita: «No te prometo que serás feliz en este mundo, sino en el otro»?

Esta promesa, pronunciada aquí mismo, resuena con especial fuerza en esta tierra de Francia y sacude nuestras mentalidades contemporáneas. En este momento de la historia, en el seno de una sociedad que busca el progreso y el bienestar material, pero que a veces se ve tentada a olvidar el horizonte de la eternidad, María viene a recordarnos la grandeza y la trascendencia de nuestra vocación a la vida, a la vida eterna. Frente a las corrientes actuales que pretenden redefinir el valor de la vida humana ante la enfermedad, el sufrimiento o la vejez, la Gruta de Massabielle se erige como un santuario de la esperanza cristiana. Aquí no se rechaza ninguna fragilidad. Sus muletas, sus sillas de ruedas, sus lágrimas ocultas no son obstáculos: son el lugar, por excelencia, donde ustedes son respetados plenamente, acogidos y transformados por el amor infinito de Dios. Lourdes es el lugar bendito de una profesión de fe en la belleza y la sacralidad de la vida, porque allí es acogida como un don precioso de Dios, llamado a florecer para la eternidad en el amor del Padre.

«¡Te lo prometo!». Sí, la vida eterna es una promesa firme y segura que el Señor nos hace. Ya nos la ha alcanzado con su muerte en la cruz y su resurrección, y ya la hace realidad cada día en nosotros por la gracia del bautismo. Está a nuestro alcance, pero a nosotros corresponde acogerla libremente, aferrarnos a ella y no ponerle obstáculos; y el obstáculo para la gracia y la vida eterna, el único obstáculo para este amor, es el pecado, el retraerse en sí mismo, ese rechazo a Dios que nos encierra en nuestras propias tinieblas. Por tanto, está en juego nuestra responsabilidad personal, y es grande. Dios nos ha querido libres, pues la libertad es una condición del amor; no se puede amar por obligación. Esta libertad que se nos ha dado, debemos emplearla para decir “sí” a Cristo y, con la ayuda de su gracia, seguir los pasos de María; un “sí” que se renueva sin cesar, hasta nuestro último aliento: «ahora y en la hora de nuestra muerte», como decimos en el Ave María.

Encontramos la insistente llamada a la conversión en las palabras que María pronunció aquí mismo: “¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!”. Ella repite la palabra tres veces; e invita a Bernardita a realizar ciertos gestos. ¿Esto por qué? ¿Acaso somos lentos para comprender? ¿Nos consideramos sin pecado con demasiada facilidad? ¿Acaso no la practicamos suficientemente?  La Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos, que la necesitamos, sino también “por los pecadores”, por un mundo que va mal. ¿Cómo no van a conmover nuestros corazones los conflictos cada vez más extendidos, que destruyen tantas vidas inocentes? Sin embargo, el mal que sufre nuestra época proviene del corazón del hombre; Dios no es responsable de ello: «¿es injusta mi conducta? —dice a los hijos de Israel—, ¿Acaso no es injusto el proceder de ustedes?» (Ez 18,25). Por lo tanto, son los corazones de los hombres los que hay que cambiar, empezando por el nuestro.

La penitencia es una obra inspirada por el amor en solidaridad con la humanidad: amor a Dios, con el que queremos reparar la herida de su Corazón causada por nuestros pecados; amor a todos nuestros hermanos los hombres que no escuchan esta llamada a la conversión y a quienes sus faltas los conducen hacia la muerte. Esta exigencia de conversión compromete a la propia Iglesia en su peregrinación terrenal. Debe, ante todo, tener el valor de vivir esa conversión. Para sanar las profundas heridas, las infidelidades y los dolorosos extravíos cometidos en su seno, debemos someternos humildemente a la mirada purificadora del Señor. Es indispensable reconocer nuestras propias faltas para nuestro progreso espiritual, como escribía san Agustín: «Que te desagrade siempre lo que eres si quieres llegar a lo que aún no eres» (Sermón 169, 18).

El recordatorio de nuestra Madre acerca del deber que tenemos de oración y conversión nos llena de una gran esperanza, pues ella nos indica el medio para cambiar el curso de los acontecimientos, medio que no es otro que el de asociarnos a la Pasión de Cristo. Queridos enfermos que conocen el sufrimiento, tan numerosos en Lourdes, ustedes tienen la posibilidad de vivir sus penas y sus dolores en este espíritu de ofrenda para entrar en ese proceso redentor que tanto necesita el mundo. En este sentido, están verdaderamente en el corazón de la Iglesia y su papel es insustituible.

Peregrinos, hermanos y hermanas, no se irán de Lourdes tal y como llegaron: se marcharán como misioneros de la esperanza. Ese es el milagro de este lugar: suscitar la alegría de la esperanza en medio de la prueba y el dolor. La Virgen María sana nuestras miradas y transfigura nuestros corazones, dándoles paz. Conviértanse, en sus países, sus diócesis y sus familias, en testigos activos de esta fuerza y esta ternura divinas, que nos permiten continuar el camino y alcanzar la meta. Impulsados por la oración de los enfermos y el amor de nuestra Madre, caminen con confianza hacia el futuro. No teman las tormentas del mundo: la Santa Madre de Dios vela sobre su caminar, protege a la Iglesia con su manto de ternura y, como Estrella radiante de la mañana, guía sus pasos para darlos a luz, en la alegría, a la vida misma de su Hijo Jesús.

Amén.

PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 27-9-2026

Papa León XIV en el Ángelus en Lourdes, 27-9-2026: «Aquí la Inmaculada se apareció a santa Bernardita con el Rosario y guió su oración e invito a rezarlo el mes de octubre, para que se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto»


Camino Católico.- “Aquí la Inmaculada se apareció a santa Bernardita con el Rosario y guió su oración. Por eso, invito hoy a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el santo Rosario durante el próximo mes de octubre, con la intención particular de que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto”, ha propuesto el Papa León XIV, ante 150.000 fieles, ante la imagen de la Virgen de Lourdes en su santuario en Francia, antes de finalizar la misa que ha celebrado este domingo 27 de septiembre, momento en que ha rezado la oración mariana del Ángelus.

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

Además ha invitado a todos a rezar el Ángelus, «oración sencilla y magnífica, que nos ayuda a vivir cada día en conformidad con la voluntad de Dios, siguiendo el modelo de la Virgen María». 

En su homilía de la Santa Misa, el Pontífice ha señalado que “la Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos, que la necesitamos, sino también ‘por los pecadores’, por un mundo que va mal”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:  


VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A FRANCIA

25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Prairie del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes

Domingo, 27 de septiembre de 2026

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo con afecto a todos ustedes que han participado en esta celebración eucarística. ¡Gracias por su presencia! Hago extensivo mi saludo a cuantos se han unido a nosotros a través de los medios de comunicación, de manera especial a los enfermos.

Ahora rezaremos juntos el Ángelus, oración sencilla y magnífica, que nos ayuda a vivir cada día en conformidad con la voluntad de Dios, siguiendo el modelo de la Virgen María.

Antes de hacerlo quisiera pedirles algo que me viene del alma al estar en este lugar. Aquí la Inmaculada se apareció a santa Bernardita con el Rosario y guió su oración. Por eso, invito hoy a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el santo Rosario durante el próximo mes de octubre, con la intención particular de que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto. Acompañemos la oración con actos concretos de penitencia y de misericordia, y con el compromiso de favorecer siempre el diálogo y la reconciliación.

¡Que nuestra Madre santísima interceda por nosotros!

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.


Papa León XIV



Fotos: Vatican Media, 27-9-2026

Santa Misa de hoy, XXVI domingo del Tiempo Ordinario, presidida por el Papa León XIV, en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, 27-9-2026

Foto: Vatican Media, 27-9-2026


27 de septiembre de 2026.- (Camino Católico)   El Papa León XIV ha celebrado la Santa Misa del XXVI domingo del Tiempo Ordinario en la Pradera del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Francia, ante 150.000 fieles. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.



En su homilía, el Pontífice ha señalado que “la Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos, que la necesitamos, sino también ‘por los pecadores’, por un mundo que va mal”.


“Aquí la Inmaculada se apareció a santa Bernardita con el Rosario y guió su oración. Por eso, invito hoy a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el santo Rosario durante el próximo mes de octubre, con la intención particular de que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto”, ha propuesto el Papa León XIV, antes de finalizar la misa que ha celebrado este domingo 27 de septiembre, momento en que ha rezado la oración mariana del Ángelus.