Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

viernes, 8 de mayo de 2026

Ángela Medina tenía un herpes, Dios la sanó «y sentí que Él me decía: ’quiero que hagas películas para mí?’»; como productora estrena en cines “Día 8, el Soplo del Espíritu”, la biografía real del taumaturgo padre Emiliano Tardif

Ángela Medina, productora, explica las muchas intervenciones de Dios en la película “Día 8, el Soplo del Espíritu”, sobre Emiliano Tardif / Foto: Goya Producciones

* «Yo tenía un herpes zóster y le preguntaba a Dios: ¿qué quieres de mí? Rezando el Rosario, el Señor me sanó. Cuando rezaba, sentí que la Virgen me decía: "fíjate, mi hijo sanaba con barro y saliva". Eso me llegó al corazón. Pensé: 'tengo agua bendita, puedo mezclarla y hacer barro, ponerla en mi cara'. Mi herpes era como una culebra, que me tenía un nervio levantado. Ya llevaba dos semanas sin dormir y lloraba. Pero me puse el barro y fue maravilloso, divino, sentí que se bajaba esa inflamación. Y fue entonces cuando sentí que el Señor me decía: 'Quiero que hagas películas para mí'»

  Trailer de la película “Día 8: el soplo del Espíritu

Camino Católico.- Llega a los cines de España Día 8: el soplo del Espíritu (ver pinchando sobre el enlace donde verla), la primera película sobre un personaje famoso en la Renovación Carismática Católica, el padre Emiliano Tardif, misionero del Sagrado Corazón. Es también una historia de ficción que engancha, la de una chica joven, influencer de moda, que choca con su familia y busca su lugar.

No es un documental, sino una historia de ficción, un drama espiritual (con final feliz), en el que se insertan datos biográficos reales del padre Tardif, sus principales enseñanzas y una curación real que sucedió por su intercesión.


El padre Tardif (1928-1999) está en proceso de beatificación desde 2010. Se hizo famoso por sus numerosos viajes internacionales y sus encuentros de oración y sanación en los que reunía a multitudes en estadios. Fue el fundador de la comunidad Siervos de Cristo Vivo, con presencia hoy en República Dominicana, Italia, España, EEUU, Panamá, Cuba, Argentina y Colombia.


El alma detrás de la película es la productora Ángela Medina, que con Joan Monegro, el director José Gómez y mucha pasión por el personaje filmaron la historia con su productora Effeta Films en República Dominicana.


Ángela Medina explica a Pablo J. Ginés en Religión en Libertad cómo Dios la fue involucrando en esta aventura. Todo empezó con una curación asombrosa.


Un rosario, barro y agua bendita


"Yo tenía un herpes zóster y le preguntaba a Dios: ¿qué quieres de mí? Rezando el Rosario, el Señor me sanó. Cuando rezaba, sentí que la Virgen me decía: "fíjate, mi hijo sanaba con barro y saliva". Eso me llegó al corazón. Pensé: 'tengo agua bendita, puedo mezclarla y hacer barro, ponerla en mi cara'. Mi herpes era como una culebra, que me tenía un nervio levantado. Ya llevaba dos semanas sin dormir y lloraba. Pero me puse el barro y fue maravilloso, divino, sentí que se bajaba esa inflamación. Y fue entonces cuando sentí que el Señor me decía: 'Quiero que hagas películas para mí'".


El actor Juan Ángel interpreta al padre Emiliano Tardif, que aceptaba reticente que unos carismáticos rezasen por él / Foto: Película “Día 8, el Soplo del Espíritu”

Pero Ángela tardó 10 años en meterse en ninguna película. "Tengo un trabajo fijo, ¿cómo voy a hacer películas?", se decía. "Pero Dios me sacó de ese trabajo. Una persona a la que le dije que tenía que hacer películas, y me animó, conocía de cerca al padre Tardif, precisamente. Primero filmamos Toy Aficiao, en 2022. Después Rango de Honor, en 2023. Me sirvieron de ensayo y ya vi que, sí, que ya podía hacer una película completamente de fe".

¿Por qué Emiliano Tardif? "Fue un Pentecostés personal"


Ángela Medina nunca ha pertenecido a la Renovación Carismática, y de hecho hoy participa en Cursillos de Cristiandad. Pero sí ha ido a encuentros carismáticos de adoración, y conoció a Tardif en persona hace décadas.


"De jovencita fui a una misa de sanación del padre Emiliano Tardif. Era un encuentro de tres días, veía a la gente que se sanaba y pensé 'esto hay que contarlo'", recuerda la productora.


En 2020, estaba en confinamiento por el coronavirus. Su esposo, que es diácono permanente, le llevaba la comunión a la habitación. Tenía en la mesita de noche el libro clásico de Tardif, Jesús está vivo. "Lo leí entre llantos y risas, porque la verdad es que es un libro divertido. Fue espectacular. Sentí el soplo del Espíritu Santo, como un calor fuerte en el pecho. Lo llamo un pentecostés personal, fue muy especial. Y me dije: 'esta es mi película'. Llamé al guionista y le pedí que escribiera ya, que Dios pondría los fondos".


En Madrid, en FITUR, un inversionista le dijo: ¿quieres 15 o 20? [millones de pesos dominicanos]. Ella dijo: "dame 20". Con eso podía empezar. "Al final costó 60 millones, pero todo fue fluyendo".


Como la causa de canonización del padre Emiliano llegó al Vaticano en marzo de 2023, tras su fase en República Dominicana, se fueron abriendo más puertas. "Eso permitía hablar más de él, antes era todo muy hermético", comenta.



Ángela Medina, productora de la película “Día 8, el Soplo del Espíritu”, sobre Emiliano Tardif / Foto: Goya Producciones

Oración sin cesar y un censor peculiar


Ángela desde el primer día quiso tener un ministerio de oración que se dedicara a orar por la película. "Hay un joven que se llama César Estévez y trabajó conmigo en esto todo el tiempo. Él tiene un grupo carismático y allí recibieron una palabra de conocimiento que nos decía: 'El Señor está obrando y está escogiendo quién va a trabajar en esta película'. Así que no estábamos preocupados por el casting".

Una ayuda peculiar vino de Raúl Berzosa, hermano de Verónica Berzosa, fundadora de Iesu Communio, quien fue obispo de Ciudad Rodrigo de 2011 a 2019. Estaba en República Dominicana, fue el censor del guion y varias veces acudió al rodaje.


Una biografía fiel al libro y a los vídeos de Tardif

La parte de la película que cuenta momentos de la vida del padre Tardif es detalladamente fiel a lo que él cuenta en sus libros y en sus predicaciones, grabadas en vídeo. Tardif era bastante escéptico respecto a los carismáticos, y cuando vinieron a orar por él en el hospital, en Canadá, con mucha vergüenza pidió que cerraran la puerta. La película lo recoge. "El padre dijo que se cerró la puerta pero que ya había entrado el Espíritu Santo", señala Ángela, recogiendo su estilo lleno de humor.


La película no insiste con demasiadas imágenes religiosas. Hay apenas una estampa de Jesús y el Sagrado Corazón, "porque el padre Emiliano era misionero del Sagrado Corazón". "A la hora de poner alguna imagen de la Virgen pusimos la de Guadalupe, porque es una de las advocaciones más conocidas en el mundo, y también el padre Emiliano era conocido en muchos países. Pero podíamos haber puesto la Virgen de Altagracia, muy popular en Dominicana", admite la productora.


La película muestra a gente alabando, anima a leer la Biblia y cita varios versículos. Se ven sacerdotes revestidos en misa, pero no se les ve realmente celebrar. Quizá para compensar, el filme acaba con una frase que Emiliano Tardif repetía a los miembros de la Comunidad de Siervos de Cristo Vivo: "Si descuidan la adoración eucarística, todo se desmorona".



En Día Ocho, una familia desunida se enfrenta a un drama de salud, pero detrás hay una historia real de milagros / Foto: Película “Día 8, el Soplo del Espíritu”

Un actor no muy religioso


El intérprete del sacerdote es el actor colombiano-español Juan Ángel Samper, que le da vida, calor, cercanía y un toque simpático, también con su acento francés.


Pero Ángela quería que el actor, "que no es muy de iglesia" entendiera la fuerza del personaje. Buscaron a personas que hubieran conocido al padre Emiliano para que le hablaran de él. "Una vez una señora dijo al actor: 'el padre Emiliano no se rascaba así'. Juan Ángel dijo: 'bueno, esperen, que sí, lo voy a representar, pero no soy él".

Ángela añade que el actor, tras la película, dijo que el padre Emiliano le había ayudado: gracias a esa película había mejorado su relación con su madre. Juan Ángel le llevo a su mamá libros del padre Tardif y eso mejoró el trato entre ellos.


Un testimonio de sanación real


Es asombrosa la cantidad de personas que declaran haberse sanado en una oración con el padre Tardif, sea en Dominicana, en España o en Líbano. La periodista Marie-Sylvie Buisson escribió Emiliano Tardif: levántate y anda (ediciones MSC), fruto de acompañarle en su gira libanesa de 1994, y recogiendo docenas de testimonios de sanaciones un año después.

Ángela quería que la película terminara con un caso real de sanación, que pudiera contarlo a cámara para añadirlo al final, tras la parte de ficción.


"Vimos varios testimonios. Pero nuestro guionista, un día que fue al colegio a recoger a su hijo, se encontró una señora que iba contando a cualquiera su testimonio de sanación con Emiliano Tardif. Y nuestro guionista dijo: 'señora, cuéntemelo a mí'. Y me llamó: 'Ángela, Dios me mandó el testimonio que buscábamos'. Le dije: 'tómale el número, vamos a ver si tiene papeles'. Y sí. Es Dolly Guerra, vimos su documentación, los análisis, las placas que le hicieron al niño. ¡Guardó las placas [de rayos-x], que son de la época, y las prestó para mostrarlas en la película!"


La señora Dolly contó todo su testimonio un día, con todo el equipo de la película reunido. Otro día vino su hijo, y hablaron los dos y se grabó. El hijo, a su vez, también vivió otra intercesión del padre Tardif.


Filmar carismáticos de verdad... y que suene bien


Un mérito de la película es que recoge una escena de alabanza, oración espontánea y oración en lenguas, armónica, serena y con excelente calidad de sonido, sin alboroto ni cacofonía. Ángela está muy satisfecha de que no es nada fingido, sino oración real.


"Teníamos que llenar esa parroquia de gente. La que se ve es una parroquia donde de verdad el padre Emiliano predicó en cierta época. Convocamos ¡y mucha gente vino feliz de servir". Eran unas 300 personas, lo llenamos. Les dije: 'No queremos que ustedes actúen o finjan. Cuando el director diga que es hora de hacer oración, ¡hagan oración real, alaben al Señor de verdad, pídanle por la película y por la causa del padre Emiliano! De verdad, que no sea actuación'. Y como era gente real en oración real, quedó bien".


Pero hubo más. "En postproducción invitamos a otro grupo de oración para una oración muy larga, mucho rato, para tener más efectos de sonido, para añadir y la oración en lenguas en el estudio. Pero es real, la película tiene personas orando de verdad. Y la película incluye toda su oración de sanación completa".


En los cines de España... y luego a EEUU, México, Colombia...


España es el primer país fuera de República Dominicana que recibe en cines la película Día 8, el soplo del Espíritu. En festivales ya tiene un itinerario. "En Arizona nos dieron un premio y laureles. Al público hispano y la gente de cine les gustó. En Nueva York, en el festival de cine, tuvimos lleno. En Miami, en el Festival Latinoamericano también.


Y van llegando solicitudes. El actor es famoso en Colombia, así que también llegará allí. Y a cines de EEUU en septiembre, y a México, con ayuda de Gaby Jacoba y el festival de cine católico", va explicando Ángela.


Y todo empezó con una curación y, diez años después, una experiencia del Espíritu Santo confinada con el coronavirus.

María Olguín, ilustradora, no creía en Dios: «A los 26 años increpé al Señor: ‘Si existes, sal del sagrario’. Un seminarista vino, invocó al Espíritu Santo y supe que Dios existía»

María Olguín, ilustradora, miembro de la familia Valiván / Foto: Fotografía: Dani García - Misión

* «Yo pensaba que Dios y la Virgen me miraban mal por mis pecados. Así que un día pedí a Dios que me concediese el compromiso de rezar 15 minutos diarios de por vida. El día que se lo pedí, estuve media hora, que me resultó larguísima y aburrida. Pero por la noche empecé a sentir una sed superfuerte de Dios. Necesitaba físicamente estar ante el sagrario, aunque estaban las iglesias cerradas. Fui literalmente corriendo a casa del párroco, le dije que no sabía qué me pasaba, pero que necesitaba estar ante el sagrario, y en lugar de pensar que estaba loca, me abrió la iglesia y me dejó a solas. Al entrar, caí de rodillas… y entendí que dentro del sagrario estaba, está Dios. Mi Dios de amor infinito. La fuente del amor, metido en una cajita. Entendí que Él es Dios. Que si he tenido amor en mi vida ha sido porque Él lo puso en mi corazón el día de mi bautismo. Aunque sé que suena raro, entendí como por ciencia infusa su entrega en la cruz, su presencia en la Eucaristía, por qué hacen falta sacerdotes para los sacramentos… Fue como entender de golpe la fe católica»

Camino Católico.- Sus imágenes de ángeles cuidando a enfermos y médicos en plena primera ola del COVID-19 hicieron que María Olguín pasara, en días, de 700 a 7.000 seguidores. Actualmente tiene 49.600 en Instagram. Ella ya había sido pionera de una corriente de ilustradores católicos, cuyas imágenes ayudan a rezar a miles de personas en todo el mundo. Pero lo más interesante de este miembro de la familia Valiván no es su trayectoria profesional, ni su creatividad artística, sino una vida interior fuera de lo común, que muestra, desde la suave fragilidad de su sensibilidad, cómo actúa hoy “la mano poderosa de Dios”. La entrevista José Antonio Méndez en Misión

Nosotros veníamos a charlar con María Olguín sobre temas de actualidad, como el boom de las ilustraciones católicas, o cómo se plantea el futuro una persona que quiere dedicarse profesionalmente a evangelizar. A fin de cuentas, eso es lo que ella hace no solo con sus imágenes, sino también como parte de Valiván, la empresa familiar en la que trabaja junto a sus padres y hermanos, y cuya serie infantil La casita sobre roca ven millones de personas en YouTube y EWTN. Bueno, veníamos a eso y a aprovechar que bajaba a Madrid desde su casa en mitad de la montaña asturiana, para compartir juntos un pedazo de un famoso pastel de limón. Pero aunque terminamos por hacerle esas preguntas y ella, que no es muy de dulces, se animó con el merengue flambeado, la conversación fue por otros derroteros, de una hondura espiritual impactante. “Soy muy tímida pero no me voy a cortar, porque el Señor me ha dicho que te abra el corazón de par en par”, nos dice apenas nos sentamos, con una libertad propia de quien mantiene una inusual inocencia de espíritu. 

Y es que María Olguín Mesina no es una dibujante más que pinta imágenes sagradas con un toque naíf, dentro de esa llamativa corriente de creación artística que crece en redes sociales como Instagram, sino una mujer tocada por Dios de un modo muy singular, que plasma en sus láminas las visiones interiores que le regala la Providencia. “Intento pintar lo que el Señor y la Virgen me muestran. Pero no puedo y me frustro mucho, porque son imágenes que veo, no con los trazos con los que pinto, sino de verdad. ¡Y son de una belleza increíble!”, nos confiesa. 

Sin afectaciones, sin aspavientos, ni rarezas, vive con naturalidad y alegría un misticismo auténtico y sincero. Por eso, durante la conversación le brotan, de modo irrefrenable, palabras, ideas y vivencias sobre la fe que no tienen nada que ver con frases hechas, ni con los ardores típicos de los conversos. Y eso que ella misma experimentó una conversión profunda, pues aunque fue criada en la fe, a los 9 años descubrió, en plena misa, que ni creía en Dios, ni podía comprender cómo alguien podía aguantar en aquellos bancos…

María Olguín, ilustradora, transparenta su camino espiritual / Foto: Fotografía: Dani García - Misión

- Después de esa experiencia con 9 años, ¿cómo se vive la adolescencia en una familia que lo fía todo a Dios, como la suya?

- Muy mal. Yo viví una adolescencia y una primera juventud muy difíciles. Esos años estuvieron marcados por una muy baja autoestima. No me quería interiormente y me odiaba exteriormente. Estaba obsesionada con la ropa, con el físico, me veía fea, me despreciaba. Tuve problemas con la alimentación, una crisis afectiva fortísima… Y no creía en Dios. 

- Y eso que trabajaba con su familia en Valiván, que es un proyecto de evangelización para jóvenes… 

- Sí. Yo me sabía las cosas de la fe, y en la vida de mis padres había visto cosas increíbles, en las que ahora reconozco la mano poderosa de Dios, como cuando estuvimos a punto de perderlo todo por una deuda grande y nos llegó una donación por el importe exacto necesario. Por mucho que me sintiera seca, me aburriera en misa o me enfadara, veía que algo raro pasaba. Pero cuando nos poníamos a rezar o pasaba por el Santuario Hogar que teníamos en casa, era una tortura.

- ¿Y qué le ocurrió para cambiar?

- Con 26 años fui a Brasil, a la boda de una amiga. Allí vi a un grupo de personas enamoradas de Cristo, que vivían su fe con auténtica felicidad. Iban a las favelas a ayudar, me hablaban de Jesús y de la Virgen como si estuvieran vivos… Y me dio una rabia enorme.

- ¿Rabia? ¿Por qué?

- ¡Porque reconocí que tenían razón! En esta época en la que estamos viviendo cosas muy duras y momentos históricos muy importantes y muy graves, cosas de una trascendencia espiritual inmensa, en las que Dios no deja de mandarnos señales que ve cada vez más gente, lo que tenemos que hacer es ser santos. No sabemos qué nos va a venir, pero sí que tenemos que estar preparados para vivir lo que sea con Él. Tal y como está el mundo, solo podemos ser santos. Y no se puede ser santo sin tener una relación personal, auténtica, con Cristo. Dios quiere esa vida íntima con cada uno. Él nos quiere místicos, esto no es para cuatro gatos. Y por eso en el fondo todos deseamos esa relación intensa e íntima con Él. Lo que pasa es que, o nos perdemos con las cosas del mundo, o no nos fiamos de Dios. Y nos quiere fieles a la fe de la Iglesia, que está muy herida y muy postrada, y solo se mantiene en pie porque la sostiene el Señor. No soy nada intelectual, pero el otro día leí una frase de Karl nosequé [Rahner]: “El cristiano del siglo XXI será místico o no será”. ¡Y es tal cual! 

- Creo que nos hemos ido un poco. Estábamos en Brasil… ¿Qué hizo al sentir aquella rabia?

- Me fui a un sagrario y empecé a gritar en mi corazón: “Trabajo para Ti desde hace años, he pasado muchísimos aprietos por Ti… ¡pero no tengo fe, no creo en Ti, no te siento! Y mira a esta gente: tienen fe, están enamorados de Ti, les pasan cosas sobrenaturales y son felices aunque tienen problemas”. Y empecé a increparle en mi interior: “Si de verdad estás ahí, ¿por qué no te conozco? Eres injusto. Te has pasado de la raya. Esta gente te conoce y yo no. Si de verdad existes, sal del sagrario. ¡Hazme algo! ¡Lo necesito!”. 

- ¿Y lo hizo?

- (Ríe). En ese momento llamó a la puerta de la capilla un seminarista y me preguntó si podía rezar por mí, imponiéndome las manos. Yo no sabía qué era eso y dije que sí. Me puso las manos en la espalda, empezó a invocar al Espíritu Santo, y al rato me dijo: “El Señor quiere que sepas que esta sequedad que sientes no es para toda la vida, solo es para fortalecerte”. Esa fue la primera vez que supe que Dios existía y, tal vez, me hablaba a mí. 

- La conversión, aún mayor, que vino después da para un libro más que para una entrevista…

- ¡Totalmente!  Y eso que he alternado años de sequedad con momentos en los que, por decirlo de alguna forma, me pasaban cosas. Yo no soy nada especial. Si te contara mis pecados, fliparías. Lo único que he hecho ha sido pedirle al Señor que se me mostrase, pero tratando de estar cerca de Él por si eso ocurría. La gente tiene que pedir a Dios con confianza y sin alejarse. Si le pidiéramos más, nos daría más.

- Como le dio con el seminarista…

- Sí. Cuando volví a España seguí en contacto con él. En un momento en el que había entrado de nuevo en una espiral autodestructiva, él me recomendó escribir la historia de mi vida, leer Historia de un alma, de Teresa de Lisieux, y, si quería cambiar mi vida, comprometerme a hacer 15 minutos de oración diarios para toda la vida. Hice las dos primeras, pero con la tercera no podía. ¡No aguantaba ni 5 minutos!  Yo pensaba que Dios y la Virgen me miraban mal por mis pecados. Así que un día pedí a Dios que me concediese el compromiso de rezar 15 minutos diarios de por vida.

- ¿Y así ocurrió?

- El día que se lo pedí, estuve media hora, que me resultó larguísima y aburrida. Pero por la noche empecé a sentir una sed superfuerte de Dios. Necesitaba físicamente estar ante el sagrario, aunque estaban las iglesias cerradas. Fui literalmente corriendo a casa del párroco, le dije que no sabía qué me pasaba, pero que necesitaba estar ante el sagrario, y en lugar de pensar que estaba loca, me abrió la iglesia y me dejó a solas. Al entrar, caí de rodillas… y entendí.

María Olguín, ilustradora, le pidió a Dios que le concediera rezar 15 minutos cada día / Foto: Fotografía: Dani García - Misión

- ¿Qué es lo que entendió? 

Que dentro del sagrario estaba, está Dios. Mi Dios de amor infinito. La fuente del amor, metido en una cajita. Entendí que Él es Dios. Que si he tenido amor en mi vida ha sido porque Él lo puso en mi corazón el día de mi bautismo. Aunque sé que suena raro, entendí como por ciencia infusa su entrega en la cruz, su presencia en la Eucaristía, por qué hacen falta sacerdotes para los sacramentos… Fue como entender de golpe la fe católica. Solo podía reírme y llorar. Allí mismo compuse la canción Que se quiebre. 

- ¿Y al salir?

- Me vi como la mujer más guapa del mundo. Me miraba y pensaba: “¿Qué me ha pasado, que ahora soy así de guapa?”.  Yo, que no me había valorado nunca, que detestaba mi cuerpo, después de eso incluso dejé durante años de maquillarme y ponerme pendientes porque me parecía demasiado guapa (ríe).  Él me cambió la mirada hacia mí, y también hacia la naturaleza y hacia los demás.

- En los 12 años siguientes no volvió a tener experiencias de fe tan fuertes. Sin embargo, muchas de sus láminas (no las que hace por encargo, por ejemplo, para Misión) nacen en su oración…

- El Señor, por pura gracia, me ha hecho conservar la paciencia y me ha dado muchas ocasiones para ejercitar la fortaleza y la confianza en que Él es el único pilar. La oración me da muchos momentos de consuelo, pero en la vida de fe no podemos vivir solo de sensaciones sobrenaturales, porque nos romperíamos físicamente.

- Me dejo en el tintero un sinfín de preguntas, pero ¿cómo desea terminar la entrevista?

- Mi deseo más grande es que cada uno de los hijos de Dios le pida más: que le pida fuego en el corazón, que le pida incluso dones sobrenaturales. Porque Él está deseando concedérnoslos.

“Quien se acerque a la Virgen María, se encontrará con Jesús”

María Olguín acaba de publicar en instagram una ilustración de una joven llevando flores a la Virgen. Junto al video, comparte un testimonio en el que reconoce con claridad la presencia de María a lo largo de su vida.

La ilustradora señala que gran parte de su niñez transcurrió en el colegio “Corazón de María” en Barcelona, donde no todos vivían la fe con la misma intensidad.

“¡Me encantaba ese colegio! Era un colegio de monjas. Monjas por las que yo me sentía muy muy querida. Mi familia, era una de las pocas familias del colegio católica practicante. Vamos, que éramos casi los únicos que íbamos a misa los domingos. Quizá por eso, esas monjas nos querían especialmente.

He de reconocer, que desde niña yo me sentía un poco ‘la rara’. La que se sabía todas las respuestas en las pocas Eucaristías que había en el colegio, la que respondía (siempre poniéndome muy muy roja) en las clases de religión”.

Sin embargo, había un momento del año en el que todo cambiaba: el mes de mayo.

“En Mayo TODOS llevábamos flores a la Vírgen. No recuerdo cuántas veces, quizá una por semana. Y cantabamos: ‘Venid y vamos todos, con flores a María, con flores a María, que Madre nuestra es’”.

Años después, a los 26, Olguín vivió su encuentro personal con Cristo que marcó un antes y un después. Fue un momento de gracia que renovó profundamente su fe. Con el tiempo, comprendió algo que antes no veía con claridad: la Virgen había estado presente en todo su camino.

“Hubo un milagro en mi corazón. Tiempo más tarde me di cuenta de lo importante que había sido la Virgen en ese encuentro. Ella había estado detrás de todo. Quien se acerque a María, se encontrará con Jesús. Ella es el camino más rápido, corto y seguro para llegar a Él”.

Hoy, desde su vocación como ilustradora, busca transmitir esta verdad y animar a otros a acercarse a la Virgen con confianza. “¡Este mes llevémosle flores! ¡Cantémosle mil canciones! Ella nos espera para regalarnos su amor”.

Damian Sylwestrzak, el árbitro FIFA que estudió teología, que quería ser profesor de religió y reza en el vestuario «En los momentos difíciles voy a la iglesia, me arrodillo y encomiendo a Dios todo lo que estoy viviendo»

A Damian Sylwestrzak, árbitro FIFA, la fe lo llevó a matricularse en la Facultad de Teología de Wrocław (Polonia) / Foto: Archivo

* «Tengo mis rutinas antes de un partido, que no llamaría rituales, sino más bien hábitos. Gracias a ellos, puedo entrar en ritmo y concentrarme. También tengo un momento para rezar antes de salir del vestuario, algo que siempre hago. Siempre llevo conmigo una imagen de Jesús Misericordioso con la inscripción "Jesús, en ti confío", que está muy desgastada, pero por el gran cariño que le tengo, no pienso en cambiarla. Con el primer silbato hago la señal de la cruz, agradeciendo por mi pasión y poniendo en manos de Dios todo lo que hago… A menudo pienso en lo que sucederá después de la muerte. A veces me preocupa este tema, y ​​cuando surgen esas inquietudes, la fe me tranquiliza. Es mi consuelo y mi guía en la vida. Sé que a veces, gracias a la fe y a las enseñanzas de la Iglesia, mi esposa y yo vamos en contra de lo que el mundo ofrece. Pero estoy feliz con nuestras decisiones; nunca me he arrepentido de ellas, e incluso me siento orgulloso de muchas»

Camino Católico.- Damian Sylwestrzak estudió teología, consideró la posibilidad de enseñar religión en la escuela y hoy es árbitro de la Ekstraklasa, la máxima categoría de fútbol profesional en Polonia, e internacional de la FIFA. En una entrevista con Karolina Binek en Misyjne, Damian Sylwestrzak habla sobre la fe, la familia, las decisiones difíciles en el campo y la importancia de la oración, incluso antes de un partido.

- ¿Cómo es posible que alguien que hoy es árbitro en la Ekstraklasa e internacional de la FIFA haya estudiado teología?

- Siempre me han interesado estos temas. Desde niño, quise profundizar en la teología para comprender mejor. También sentía la necesidad de obtener un título universitario tradicional, que requiere libros y una inmersión profunda en su contenido. Fue allí donde conocí a mi esposa. Finalmente, completé otros estudios.

- En aquel entonces, cuando comenzaste tus estudios, ¿existía algún plan para enseñar religión en la escuela?

- Me preguntaba qué haría profesionalmente después de estudiar teología. Consideré la posibilidad de dar clases de religión en una escuela. Pero no empecé a pensar seriamente en mi futuro después de graduarme hasta que conocí a mi esposa. Al mismo tiempo, ya era árbitro en una liga regional, así que estaba muy lejos de donde estoy hoy. En secreto, esperaba que el arbitraje fuera mi profesión. Mirando hacia atrás, puedo decir que fue una idea descabellada, pero fue fantástico que se hiciera realidad.

- ¿La fe siempre ha sido importante y ha estado presente en tu vida?

- Sí. Me hice monaguillo en cuanto alcancé la edad requerida para ese papel en mi parroquia, o incluso un poco antes. Lo disfrutaba. A veces incluso participaba en varias misas los domingos. La liturgia y el servicio me fascinaban profundamente. Sin embargo, durante mi juventud, viví diferentes momentos. A veces me sentía más cerca de Dios, a veces más lejos. Pero la fe siempre estuvo presente. Al tomar diversas decisiones importantes en mi vida, uno de los factores clave que consideraba era la fe y qué sucedería después de mi muerte.

- ¿Sueles rezar antes de un partido o tienes algún otro ritual?

- Tengo mis rutinas antes de un partido, que no llamaría rituales, sino más bien hábitos. Gracias a ellos, puedo entrar en ritmo y concentrarme. También tengo un momento para rezar antes de salir del vestuario, algo que siempre hago. Siempre llevo conmigo una imagen de Jesús Misericordioso con la inscripción "Jesús, en ti confío", que está muy desgastada, pero por el gran cariño que le tengo, no pienso en cambiarla. Con el primer silbato hago la señal de la cruz, agradeciendo por mi pasión y poniendo en manos de Dios todo lo que hago.

- ¿Alguna vez has sentido un conflicto interno entre tu conciencia, tu fe y las reglas del juego?

- No, nunca he tenido ese tipo de conflicto. Tomo decisiones automáticamente en el campo. Ese es mi trabajo. Sin embargo, ha habido situaciones en las que sentí lástima por alguien, mucha lástima. Tuve que mostrarle la tarjeta roja, aunque sabía que el jugador no tenía intención de cometer la falta; simplemente sucedió así.

- ¿Cómo lidias con la presión de los aficionados y las críticas posteriores al partido? Porque a veces se critica a los árbitros por decisiones como mostrarle una tarjeta roja a alguien.

- No hay una única solución para estas situaciones. Por un lado, a lo largo de los años arbitrando, he aprendido un poco a lidiar con ellas. He desarrollado mecanismos de defensa que me ayudan a bloquear lo que sucede a mi alrededor. A menudo, durante un partido, no puedo oír lo que sucede en las gradas. No puedo oír cuando alguien me grita o canta cánticos ofensivos sobre mí. Sin embargo, no me gusta que, después de un partido, mis hijos y mi esposa, por ejemplo, lean algo sobre mí en internet y luego lo revivan. Sucede rara vez, pero sucede. Siempre intento analizar mi trabajo y sacar conclusiones para el futuro. Aunque después de un partido en el que surgió alguna controversia, el desayuno siempre sabe un poco diferente durante unos días. Pero en esas situaciones, mi familia es un gran apoyo y una vía de escape para mí. Salimos a pasear en bicicleta, a caminar, al cine, a un restaurante. Me permite olvidarme del arbitraje por un tiempo. Elegí una profesión que tiene muchos aspectos hermosos, pero a veces también un precio alto, y lo acepto.

- ¿Sucede que en casa, con tus hijos y tu esposa, hablas del partido, de lo difícil que te resulta asimilar algo que ocurrió en el campo?

- Hablamos de ello a veces. Intento mostrarles a mis hijos que es imposible no cometer errores en la vida. Hay que aprender de ellos y seguir adelante. Si me hubiera rendido tras el primer error, no estaría donde estoy hoy. Lo más positivo de estos errores es probablemente que mis hijos lo ven todo desde la distancia y pueden observar cómo levantarse y no tener miedo a intentarlo y equivocarse. Esa es la única manera de crecer. Intentamos que no sea un tema tabú, así que hablamos de ello de vez en cuando. Aunque no soy de los que expresan sus sentimientos fácilmente. Así que mi mujer tiene un hueso duro de roer con este tema.

- Si alguien se comporta de forma agresiva contigo en el campo, ¿cómo reaccionas?

- Situaciones así no suelen ocurrir. Aunque después de tantos años en esta profesión, pocas cosas en el campo me sorprenden. La gran mayoría de mis relaciones con los jugadores son positivas y se basan en la confianza. Claro que hay momentos difíciles durante los partidos. Intento ser comprensivo y, al menos brevemente, explicar mi decisión, señalar algo, para que el jugador pueda entenderlo después. Pero cuando un jugador se pasa de la raya, doy un giro de 180 grados y marco una línea firme.


A Damian Sylwestrzak, árbitro FIFA, participaba en varias misas cada domingo y creció con una sensibilidad espiritual que nunca abandonó / Foto: Archivo

- En su opinión, ¿puede un árbitro dar testimonio de fe a través de su actitud en el terreno de juego o antes del partido?

- Creo que todos pueden dar testimonio de su fe, incluso un juez. Intento hacerlo con pequeños gestos. Sin embargo, lo más importante para mí es dar testimonio principalmente en el seno de mi familia. Tratamos de cultivar costumbres, como rezar juntos antes de acostarnos o persignarnos antes de comer. Lo mismo ocurre al persignarnos al pasar por delante de una iglesia.

- ¿Cómo logras compaginar el arbitraje con la vida familiar, siendo padre y esposo a tiempo completo?

- A veces lo consigo, y a veces no. Hay épocas en las que estoy mucho en casa, hablamos de muchos temas diferentes, bromeamos. Y luego hay épocas en las que simplemente llego a casa para volver a hacer la maleta. Es muy difícil porque a mis hijos les encanta que pase tiempo con ellos. Así que, a lo largo de los años, el papel de mi esposa ha sido muy importante. Ella consigue salvar la distancia entre las veces que estoy en casa y las veces que estoy fuera. Porque cuando estoy fuera, todo recae sobre sus hombros. Llevamos más de una década organizándonos así, aunque a veces es increíblemente difícil. Nuestra solución y remedio para estas dificultades son los viajes frecuentes juntos. Al menos una vez al trimestre, hacemos las maletas y nos vamos a algún sitio juntos. A veces son unas vacaciones más largas, a veces vamos a Casubia, adonde viajo para los partidos en verano.

- ¿Los niños te preguntan a menudo sobre Dios y la fe?

- Preguntan a menudo. Hacen preguntas cada vez más difíciles, y entre bromas y en serio, empiezo a lamentar no tener un título en teología, porque no siempre puedo responderlas. Una de mis hijas ya recibió su Primera Comunión, y mi hijo la recibirá este año. Aunque nuestra hija de ocho años es la que más pregunta sobre la fe y Dios. Son conversaciones muy profundas, porque los temas que le interesan son difíciles e incómodos. Pero mi esposa y yo estamos contentos de que nuestros hijos nos planteen estos dilemas y de que podamos hablar abiertamente de estos temas en casa. Esa es nuestra fortaleza.

- Mencionaste que rezas antes de un partido. ¿Alguna vez te han criticado por tu fe?

- No, nunca nadie me ha criticado. Aunque sí ha habido algunas bromas sobre mi visión del mundo. Una vez, incluso me aconsejaron que no me persignara antes de un partido. Siempre lo hice, y aún lo hago. Luego rezo, no necesariamente para que el partido salga bien (aunque me encantaría), sino simplemente para encomendarlo a Dios, agradeciéndole por estar aquí, por lo que hace y por haber encontrado en la tierra una pasión tan interesante que puedo cultivar.

- ¿Crees que el deporte puede contribuir al desarrollo espiritual?

- Creo que el deporte puede ayudar en todo. No le veo ninguna desventaja a una vida activa. ¿Pero puede ayudar al desarrollo espiritual? Por mi propia experiencia, puedo decir que sí. El deporte te enseña a ganar y a perder. Y las críticas y la presión que a veces cargo me llevan a la iglesia. En los momentos difíciles, me resulta más fácil ir a la iglesia, arrodillarme y encomendarle a Dios todo lo que estoy viviendo. También suelo ir para dar gracias por algo o simplemente para reflexionar.

- Para resumir nuestra conversación, me gustaría que me dijeras quién es Dios para ti hoy.

—Tengo esperanza en lo que vendrá después de esta vida terrenal. A pesar de mi corta edad, a menudo pienso en lo que sucederá después de la muerte. A veces me preocupa este tema, y ​​cuando surgen esas inquietudes, la fe me tranquiliza. Es mi consuelo y mi guía en la vida. Sé que a veces, gracias a la fe y a las enseñanzas de la Iglesia, mi esposa y yo vamos en contra de lo que el mundo ofrece. Pero estoy feliz con nuestras decisiones; nunca me he arrepentido de ellas, e incluso me siento orgulloso de muchas.