Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

domingo, 19 de abril de 2026

Aideé Citlali Manzano, psicóloga de 42 años: «Había sido Testigo de Jehová, me alejé de Dios, me detectaron un tumor y vi que necesitaba tener la guía de Dios... el respaldo de la Iglesia Católica y me he bautizado»

Aideé Citlali Manzano Mediana es bautizada la noche de la Vigilia Pascual, el sábado santo, 4 de abril de 2026 / Foto: EWTN Noticias

* «Dios es un Padre muy amoroso, que sabe cuántos cabellos tenemos, qué hay en nuestros sentimientos, qué hay en nuestro corazón»

Camino Católico.- Aideé tenía 42 años, dos hijas y un tumor recién extirpado cuando decidió que ya no podía más sola. Había sido Testigo de Jehová de niña, pero hacía años que no pertenecía a ninguna iglesia.  

Fue en la Rectoría de San Buenaventura, al sur de la capital, durante la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Esa noche, junto a otras 18 personas, Aideé Citlali Manzano Mediana recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y contrajo matrimonio por la Iglesia. 

Redescubrir a Dios 

Aideé, psicóloga de 42 años, es madre de dos hijas junto a su esposo Francisco. En entrevista con ACI Prensa, relata que durante mucho tiempo pensó que sólo con “creer en Dios era suficiente para salir adelante”. Sin embargo, algo cambió en los últimos años.

“A pesar de que yo había tenido acercamiento con la Iglesia Católica, yo decía: ‘sí me gusta, pero pues yo no necesito pertenecer a ninguna iglesia, ni a ninguna religión, porque yo tengo a Dios en mi corazón y eso es suficiente’”, cuenta. 

Reconoce que un momento decisivo de aprender más de Dios llegó cuando le detectaron un tumor en 2024. Aunque enfrentó la operación para extirparlo con valentía, el proceso posterior fue distinto. “A los dos meses empecé a sentir como que me iba para abajo, depresión, empezaron a cambiar muchas cosas”, recuerda. 

Cuenta que se decía a sí misma: “yo puedo sola”. Sin embargo, llegó a un límite y en 2025 reconoció que no podía más y que “necesitaba tener la guía de Dios... el respaldo de una iglesia como la Iglesia Católica, de una religión”. 

Antes ya había sido Testigo de Jehová. “Participé activamente hasta la edad de 15 años. Aunque yo creía en Dios no sentía que pertenecía a esa ideología”, dice. Con el paso del tiempo, se alejó por completo de la práctica religiosa y, como ella misma relata, “varios años me alejé de Dios”. 

Tras concluir sus estudios en psicología, comenzó a hacer voluntariado en el Hospital General Dr. Rubén Leñero, en el área de urgencias y traumatología. Fue en ese entorno donde, gracias al testimonio de un sacerdote y dos psicólogas católicas, comenzó a tener nuevas preguntas de fe.  Sin embargo, reconoce que en ese momento “no tenía oídos para oír”. 

Después de admitir que necesitaba a Dios y a la Iglesia Católica, se acercó con la convicción de permanecer en ella. En la comunidad de San Buenaventura encontró el acompañamiento espiritual que buscaba. 

Con el apoyo de Francisco, su pareja, se preparó para recibir los sacramentos. En la pasada Vigilia Pascual recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y contrajo matrimonio por la Iglesia. 

Hoy vive esta nueva etapa con entusiasmo. En su hogar colocó una repisa donde conserva su Cirio Pascual y espera añadir imágenes y otros signos religiosos para que ese espacio “sea un lugar para Dios”.  

También reconoce que aún desea seguir aprendiendo, ya que “hay otras oraciones que yo los escucho decir y no me las sé”. “Nuestros padrinos de boda nos hicieron el favor de regalarnos unos rosarios y nos dijeron: ‘los rezan juntos’, y yo dije: ‘sí, pero no sé rezar el rosario’”. 

Aunque siempre creyó en Dios, hoy lo contempla de otra manera: como “un Padre muy amoroso”, que sabe “cuántos cabellos tenemos, qué hay en nuestros sentimientos, qué hay en nuestro corazón”.

Hay que dejar actuar a Dios 

El P. Guillermo, que ha acompañado a Aideé en su proceso, asegura que ha visto cambios evidentes. Entre ellos destaca “una mayor conciencia de la filiación divina”. 

También observa “una conciencia que Dios hace nuevas todas las cosas y por lo tanto una renovada esperanza”, así como la experiencia de saberse que dentro de la Iglesia Católica siempre se sentirá “acogida, amada e impulsada para caminar renovando su vida y su vida concreta de cada día”. 

Un signo que el sacerdote subraya es que  ha vivido un verdadero “encuentro personal con el Señor” a partir del “testimonio callado, silencioso, entregado, alegre” de las personas que han influido en su vida. 

Por ello, hace una invitación a los demás católicos a ser testimonio y dejarse “guiar por el Señor y compartir esta vida, esta alegría que nos inunda a nosotros, esta esperanza que tenemos”.

Papa León XIV en homilía en Angola, 19-4-2026: «Mantengan la mirada fija en Jesús en la Palabra y en la Eucaristía; el Señor Resucitado camina a nuestro lado y, unidos a Él, vencemos la muerte y vivimos como resucitados»

* «Experimentamos la compañía del Señor sobre todo en la relación con Él, en la oración, en la escucha de su Palabra, que hace arder nuestro corazón como el de los dos discípulos, y sobre todo en la celebración de la Eucaristía. Es aquí donde nos encontramos con Dios. Por eso, hay que estar siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual» 

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Hoy es necesario mirar hacia el futuro con esperanza y construir la esperanza del futuro. No tengan miedo de hacerlo. Jesús Resucitado, que recorre el camino con ustedes y se entrega como pan partido, los anima a ser testigos de su resurrección y protagonistas de una nueva humanidad y de una nueva sociedad» 

19 de abril de 2026.- (Camino Católico) “Mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía. En ambas percibimos que el Señor Resucitado camina a nuestro lado y, unidos a Él, también nosotros vencemos la muerte que nos asedia y vivimos como resucitados” ha subrayado el Papa León XIV en la homilía de la primera misa celebrada en Angola, en la explanada de Kilamba, esta mañana 19 de abril.  Además, el anhelo de paz que brota de África se extiende, gracias a las palabras de León XIV pronunciadas antes de finalizar la misa en la oración del Regina Caeli, al corazón de Europa, ensangrentado por el conflicto en Ucrania y en todo Oriente Medio, donde el Papa espera que cesen definitivamente todas las hostilidades.



Hablando en portugués, ante unos 100 mil fieles, el pontífice ha iniciado su homilía agradeciendo a los presentes por la cálida bienvenida que le brindaron. Su reflexión se inspiró en el Evangelio de este tercer domingo de Pascua, en el que el Señor nos habla a través del relato de los discípulos de Emaús.


En esta escena inicial del Evangelio el Pontífice ve reflejada la historia de Angola: un “país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad”: “La conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza”.




Ante esta larga situación de dolor, se corre el riesgo, advierte el Papa, de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: “perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo”. Pero recuerda que la “Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es que “Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026)


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Kilamba (Angola)

Domenica, 19 aprile 2026



Queridos hermanos y hermanas:


Con el corazón lleno de gratitud celebro la Eucaristía entre ustedes. Gracias a Dios por este don y gracias a ustedes por la cálida bienvenida que me han brindado.


En este tercer domingo de pascua el Señor nos ha hablado con el Evangelio de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35). Dejémonos iluminar por esta Palabra de vida.


Dos discípulos del Señor, con el corazón lastimado y triste, salen de Jerusalén para regresar a Emaús, su aldea. Vieron morir a aquel Jesús en el que habían confiado y al que habían seguido y, ahora, decepcionados y derrotados, regresan a sus casas. «En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido» (v. 14); Necesitan hablar de ello, volver a contarse lo que han visto, compartir lo que han vivido, aunque corran el riesgo de quedarse atrapados en el dolor, cerrados a la esperanza.


Hermanos y hermanas, en esta escena inicial del Evangelio veo reflejada la historia de Angola, de este país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad. En efecto, la conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza.


Cuando se lleva mucho tiempo sumergido en una historia tan marcada por el dolor, se corre el riesgo de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo. Ellos caminan, sin embargo, siguen detenidos en los hechos ocurridos tres días antes, cuando vieron morir a Jesús; conversan entre ellos, pero sin esperanza de encontrar una salida; continúan hablando de lo que ha sucedido, con la angustia de quienes no saben cómo volver a empezar, ni si es posible hacerlo.


Queridos hermanos, la Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es precisamente esta: Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura, abriéndonos los ojos para que podamos reconocer su obra y concediéndonos la gracia de empezar de nuevo y reconstruir el futuro.


El Señor se acerca a los dos discípulos desanimados y sin esperanza y, al hacerse su compañero de camino, los ayuda a recomponer los fragmentos de aquella historia, a mirar más allá del dolor, a descubrirles que no están solos en el camino y que les espera un futuro en el que sigue habitando el Dios del amor. Y cuando Él se detiene a cenar con ellos, se sienta a la mesa y parte el pan, entonces «los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron» (v. 31).


Para nosotros, y también para ustedes, queridos hermanos y hermanas angoleños, queda así trazado el camino para volver a empezar: por un lado, la certeza de que el Señor nos acompaña y tiene compasión de nosotros; por otro, el compromiso que Él nos pide.


Experimentamos la compañía del Señor sobre todo en la relación con Él, en la oración, en la escucha de su Palabra, que hace arder nuestro corazón como el de los dos discípulos, y sobre todo en la celebración de la Eucaristía. Es aquí donde nos encontramos con Dios. Por eso, hay que estar siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual. Permanezcan fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía. En ambas percibimos que el Señor Resucitado camina a nuestro lado y, unidos a Él, también nosotros vencemos la muerte que nos asedia y vivimos como resucitados.


A esta certeza de no estar solos en el camino se añade también un compromiso generoso capaz de aliviar las heridas y reavivar la esperanza. En efecto, si los dos discípulos de Emaús reconocen a Jesús cuando parte el pan para ellos, eso significa que también nosotros debemos reconocerlo así: no sólo en la Eucaristía, sino en cualquier lugar donde haya una vida que se convierta en pan partido, en cualquier lugar donde alguien se haga don de compasión como Él.


La historia de su país, las consecuencias aún difíciles que deben soportar, los problemas sociales y económicos y las diferentes formas de pobreza reclaman la presencia de una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino y escuchar el lamento de sus hijos. Una Iglesia que, con la luz de la Palabra y el alimento de la Eucaristía, sepa reavivar la esperanza perdida. Una Iglesia formada por personas como ustedes, que se entregan tal y como Jesús partió el pan para los dos discípulos de Emaús. Angola necesita obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y religiosos, laicos y laicas que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de construir espacios de fraternidad y de paz, de realizar gestos de compasión y solidaridad hacia quienes más lo necesitan.


Con la gracia de Cristo Resucitado podemos convertirnos en ese pan partido que transforma la realidad. Y así como la Eucaristía nos recuerda que somos un sólo cuerpo y un sólo espíritu, unidos al único Señor, también nosotros podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir. Sólo así será posible un futuro de esperanza, sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido.


Hermanos y hermanas, hoy es necesario mirar hacia el futuro con esperanza y construir la esperanza del futuro. No tengan miedo de hacerlo. Jesús Resucitado, que recorre el camino con ustedes y se entrega como pan partido, los anima a ser testigos de su resurrección y protagonistas de una nueva humanidad y de una nueva sociedad.


Queridos hermanos, en este camino pueden contar con la cercanía y la oración del Papa. Pero también yo sé que puedo contar con ustedes, y se lo agradezco. Los encomiendo a la protección y a la intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de Muxima, para que siempre los sostenga en la fe, la esperanza y la caridad.


PAPA LEÓN XIV


Fotos: Vatican Media, 19-4-2026

Papa León XIV en rezo del Rosario en Angola, 19-4-2026: «La Virgen nos pide que nos dejemos transformar por los sentimientos de su corazón, para ser como Ella constructores de justicia y portadores de paz»

* «Rezar el Rosario nos compromete a amar a cada persona con corazón maternal, de manera concreta y generosa, y a dedicarnos al bien de los demás, especialmente de los más pobres. Una madre ama a sus hijos, aunque sean diferentes entre sí, a todos del mismo modo y con todo el corazón. También nosotros, ante la Madre del corazón, queremos prometer hacer lo mismo, esforzándonos sin medida para que a nadie le falte el amor y, con él, lo necesario para vivir dignamente y ser felices: para que quien pasa hambre tenga qué comer, para que todos los enfermos reciban los cuidados necesarios, para que a los niños se les garantice una educación adecuada, para que los ancianos vivan serenamente los años de su madurez. Una madre piensa en todas estas cosas; María piensa en todas estas cosas y nos invita también a nosotros a compartir su solicitud»

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con todo el discurso del Papa 

* «¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra! Esto nos enseña el corazón de María, el corazón de la Madre de todos. Salgamos, pues, de este santuario como “ángeles-mensajeros” de vida, para llevar a todos la caricia de María y la bendición de Dios»

 


19 de abril de 2026.- (Camino Católico) En Angola Su Santidad el Papa León XIV ha presidido el rezo del Santo Rosario en el Santuario de Mama Muxima y ha dirigido un emotivo discurso final, lleno de esperanza, compromiso social y un fuerte llamado a la paz a las 30.000 personas que han asistido a la oración:. “La Virgen nos pide que nos dejemos transformar por los sentimientos de su corazón, para ser como Ella constructores de justicia y portadores de paz”.

Uno de los momentos más conmovedores del discurso fue cuando el Pontífice habló de Mama Muxima como una Madre cercana y silenciosa que sostiene el corazón de la Iglesia. Ha recordado cómo innumerables personas han acudido allí con lágrimas, promesas y peticiones, incluso a través de cartas y mensajes enviados desde lejos, confiando en la intercesión maternal de la Virgen. El Papa resalta que “Mama Muxima acoge a todos, escucha a todos y reza por todos”, reafirmando la dimensión universal de la fe mariana y el papel de María como refugio espiritual.

Durante el Rosario, se meditaron los Misterios Gloriosos, que el Santo Padre interpreta como una contemplación del destino cristiano y del sentido de la misión evangelizadora. Señala que Cristo resucitado venció la muerte y mostró el camino hacia el Padre, pero que también entregó el Espíritu Santo para fortalecer a la Iglesia en su camino.

Inspirado por el ejemplo de María, el Papa ha invitado a los fieles a caminar hacia el cielo con alegría, llevando la luz del Resucitado a todos los hermanos y hermanas que se encuentran en el camino. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la alocución del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026)


DISCURSO DEL SANTO PADRE

AL FINALIZAR LA ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO

Explanada frente al Santuario de “Mama Muxima” (Muxima)

Domingo, 19 de abril de 2026

Queridos hermanos y hermanas:

Queridos jóvenes, miembros de la Legión de María y devotos de Mama Muxima, la Madre del corazón, con alegría comparto con ustedes este momento de oración mariana.

Hemos rezado juntos el Santo Rosario, una devoción antigua y sencilla, nacida en la Iglesia como oración para todos. San Juan Pablo II la definió como la oración de un cristianismo que ha conservado «la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a “remar mar adentro” […], para anunciar, más aún, “proclamar” a Cristo al mundo como Señor y Salvador» (Carta ap. Rosarium Virginis Mariae, 1).

Al mirarlos a todos ustedes, Iglesia viva y joven de Angola, y al compartir este momento intenso y lleno de fervor, me parece que las palabras de mi santo predecesor se adaptan de manera muy especial a esta gran comunidad, en la que sin duda se siente la frescura de la fe y la fuerza del Espíritu.

Nos encontramos en un santuario donde, durante siglos, muchos hombres y mujeres han rezado, en momentos de alegría y también en circunstancias tristes y muy dolorosas de la historia de este país. Aquí, desde hace mucho tiempo, Mama Muxima interviene silenciosamente para mantener vivo y palpitante el corazón de la Iglesia, un corazón hecho de muchos corazones: los de ustedes y los de tantas personas que aman, rezan, celebran, lloran y, a veces, incluso ante la imposibilidad de acudir físicamente, confían en cartas y mensajes postales sus peticiones y sus promesas, como ha recordado Su Excelencia. Mama Muxima acoge a todos, escucha a todos y reza por todos.

Hemos meditado los Misterios gloriosos de la vida de Jesús, contemplando en su glorificación nuestro destino y en su amor nuestra misión. Cristo, en la Pascua, venció a la muerte, mostrándonos el camino para volver al Padre. Y para que también nosotros podamos recorrer esta senda luminosa y exigente, haciendo partícipe al mundo entero de su belleza, nos ha dado su Espíritu, que nos anima y nos sostiene en el camino y en la misión. Al igual que María, también nosotros estamos hechos para el cielo, y hacia el cielo caminamos con alegría, mirándola a Ella, Madre bondadosa y modelo de santidad, para llevar la luz del Resucitado a los hermanos y hermanas que encontramos, como lo hemos hecho simbólicamente al comienzo de cada “decena”, a través de representantes de cada vocación y edad.

Como recordó Mons. Sumbelelo, este santuario, dedicado a la Inmaculada Concepción, ha sido espontáneamente “rebautizado” por los fieles como Santuario de la “Madre del corazón”. Es un título precioso, que nos hace pensar en el Corazón de María: un corazón limpio y sabio, capaz de conservar y meditar los acontecimientos extraordinarios de la vida del Hijo de Dios (cf. Lc 2,19.51). Al rezar juntos, también nosotros hemos hecho lo mismo, dejándonos acompañar por María en el recuerdo de Jesús. Hemos recorrido con Ella varios momentos de la vida de su Hijo, para alimentar en nosotros un amor universal como el suyo (cf. Carta ap. Rosarium Virginis Mariae, 11).

Entonces, rezar el Rosario nos compromete a amar a cada persona con corazón maternal, de manera concreta y generosa, y a dedicarnos al bien de los demás, especialmente de los más pobres. Una madre ama a sus hijos, aunque sean diferentes entre sí, a todos del mismo modo y con todo el corazón. También nosotros, ante la Madre del corazón, queremos prometer hacer lo mismo, esforzándonos sin medida para que a nadie le falte el amor y, con él, lo necesario para vivir dignamente y ser felices: para que quien pasa hambre tenga qué comer, para que todos los enfermos reciban los cuidados necesarios, para que a los niños se les garantice una educación adecuada, para que los ancianos vivan serenamente los años de su madurez. Una madre piensa en todas estas cosas; María piensa en todas estas cosas y nos invita también a nosotros a compartir su solicitud.

Queridos jóvenes, queridos miembros de la Legión de María, queridos hermanos y hermanas, la Virgen nos pide que nos dejemos transformar por los sentimientos de su corazón, para ser como Ella constructores de justicia y portadores de paz. Aquí hay un gran proyecto en marcha: la construcción de un nuevo santuario que tenga capacidad para acoger a todos los que vienen en peregrinación. Especialmente ustedes, jóvenes, considérenlo un signo. También a ustedes la Madre del Cielo les confía un gran proyecto: el de construir un mundo mejor, acogedor, donde ya no haya guerras, ni injusticias, ni miseria, ni deshonestidad, y donde los principios del Evangelio inspiren y moldeen cada vez más los corazones, las estructuras y los programas, para el bien de todos.

¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra! Esto nos enseña el corazón de María, el corazón de la Madre de todos. Salgamos, pues, de este santuario como “ángeles-mensajeros” de vida, para llevar a todos la caricia de María y la bendición de Dios.

Mama Muxima, tueza kokué, Mama Muxima, tutambululé: “Madre del corazón, venimos a ti para ofrecerte todo”, así dice el Himno a Mama Muxima, y continúa: “Venimos a pedir tu bendición”.

Queridos amigos, ofrezcamos todo a María entregándonos a los hermanos y, por su intercesión, recibamos con alegría la bendición del Señor, para llevarla a todos aquellos con quienes nos encontremos. Amén.

PAPA LEÓN XIV


Fotos: Vatican Media, 19-4-2026

Papa León XIV en el Regina Caeli en Angola, 19-4-2026: «Que callen las armas en Ucrania y se siga el camino del diálogo y continuar los diálogos de paz, para hacer permanente el cese de las hostilidades en todo el Medio Oriente»

19 de abril de 2026.- (Camino Católico) El anhelo de paz que brota de África se extiende, gracias a las palabras de León XIV pronunciadas antes de finalizar la misa en la oración del Regina Caeli, en Kimbala ante unas 100 mil personas, al corazón de Europa, ensangrentado por el conflicto en Ucrania y en todo Oriente Medio, donde el Papa espera que cesen definitivamente todas las hostilidades. Su pensamiento se dirige en particular a la situación en el Líbano.

El Papa confía a la «Madre y compañera de camino, la alegría de la Resurrección». Por cada parte de la humanidad que sufre a causa de los conflictos, a ella se dirige la súplica del Pontífice, que ella, Madre de Jesús, Madre del Corazón, "nos ayude a sentir siempre viva y fuerte, cerca de nosotros, la presencia de su Hijo resucitado". En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre y la oración del Regina Caeli, cuyo texto completo es el siguiente:

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Regina Caeli


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL
(13-23 DE ABRIL DE 2026)
PAPA LEÓN XIV
SANTA MISA
REGINA CAELI
Kilamba (Angola)
Tercer Domingo de Pascua, 19 de abril de 2026

Queridos hermanos y hermanas:

Unámonos ahora en oración a María Regina Coeli, Reina del Cielo, para compartir con ella, nuestra Madre y compañera de camino, la alegría de la Resurrección.

Con este canto gozoso no queremos borrar ni sofocar el grito de los que sufren, sino más bien abrazarlo y unirlo a nuestra voz, en una nueva armonía, para que incluso en el dolor permanezca viva la luz de la fe, y con ella la esperanza en un mundo mejor.

Lamento profundamente el reciente intensificarse de los ataques contra Ucrania, que siguen afectando también a los civiles. Expreso mi cercanía a quienes sufren y aseguro mi oración por todo el pueblo ucraniano. Renuevo el llamamiento para que callen las armas y se siga el camino del diálogo.

En cambio, es motivo de esperanza la tregua anunciada en Líbano, que representa un brote de alivio para el pueblo libanés y para el Levante. Aliento a quienes están trabajando por una solución diplomática a continuar los diálogos de paz, para hacer permanente el cese de las hostilidades en todo el Medio Oriente.

Cristo ha vencido a la muerte, y es con esta certeza que todos nosotros, unidos a Él y en Él como un solo cuerpo, hoy y cada día nos comprometemos a hacer crecer a nuestro alrededor los frutos de la Pascua, que son el amor, la verdadera justicia y la paz, más allá de todo obstáculo y dificultad.

Que la Madre de Jesús, Madre del Corazón, nos ayude a sentir siempre cercana, viva y fuerte la presencia de su Hijo resucitado.


Oración del Regina Caeli: 


V/. Reina del Cielo, alégrate; aleluya.

R/. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V/. Resucitó según dijo; aleluya.

R/. Ruega por nosotros a Dios; aleluya;

V/. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.

R/. Porque resucitó en verdad el Señor; aleluya.


Oración:


¡Oh, Dios!, que te dignaste alegrar al mundo por la Resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: concédenos, te rogamos, que por la mediación de la Virgen María, su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


Papa León XIV



Foto: Vatican Media, 19-4-2026