Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

martes, 10 de febrero de 2026

Antonietta Raco, curada de Esclerosis Lateral, último milagro reconocido en Lourdes: «Sentí un gran dolor en ambas piernas y después una sensación de alivio envolvente; algo le había pasado a mi cuerpo pero tenía miedo»

Antonietta Raco, italiana curada milagrosamente en Lourdes en 2009, milagro reconocido en 2025

* «Los médicos, las enfermeras que siempre me levantaban de la silla de ruedas para ponerme en una cama, estaban inmóviles, observándome. El médico jefe, el profesor Adriano Chiò, vino a recibirme. Se quedó impresionado. Me sometió a una larga serie de pruebas. Finalmente, sin decir palabra, me abrazó y nos emocionamos. La ciencia, señaló, no podía explicarlo… Yo ya era creyente, mi fe sólo se fortaleció. Siempre he considerado a la Virgen como una madre. En mi sencillez siempre he confiado en ella. No niego que, después de lo que me pasó, siento esa presencia a mi lado, como le puede pasar a todas las demás personas que confían en ella. ¿Yo elegida para un milagro? Somos solo un instrumento en las manos de Dios. Por supuesto, cuando escuchaba los pasajes del Evangelio, oía historias de milagros. Pero nunca piensas que aquellos acontecimientos, tan lejanos en el tiempo, pudieran volver a ocurrir. En cambio, nuestra fe nos permite comprender que Dios está siempre presente entre nosotros, entonces como ahora» 

Camino Católico.-  En el mes de abril de 2025 la Iglesia reconoció como un milagro por la intercesión de la Virgen de Lourdes la sanación de la italiana Antonietta Raco, que vivió una experiencia especial en las piscinas de Lourdes en 2009 y se curó repentinamente de su esclerosis múltiple, una esclerosis lateral primaria que durante 4 años había ido empeorando.

La Iglesia ha esperado estos años para confirmar que la curación era total y definitiva. Es el milagro número 72 que la Iglesia reconoce en el santuario (aunque muchas más personas han declarado mejorías, curaciones, conversiones, etc…)

En la catedral de Maria Annunziatta, en la diócesis italiana de Tursi, donde vive Antonietta, el obispo Vincenzo Orofino puso su firma solemne en una ceremonia en abril reconociendo el carácter milagroso de la curación. Vito Salinaro, del diario Avvenire, acudió a Francavilla in Sinni (Potenza, Italia) a hablar con la milagrada.

El periodista destaca la «serenidad cotidiana» en los ojos de Antonietta, que hoy tiene 67 años.

En la catedral, en el acto solemne, el obispo la abraza y le dice que aquel hecho inexplicable de 2009, 16 años antes, es ya oficialmente reconocido como milagro. Una pequeña multitud de periodistas quiere hablar con ella.

«Quizás no lo demuestre, pero en realidad siento una gran emoción por lo que sucedió durante la Misa Crismal del miércoles, en Tursi, donde el obispo habló de un signo divino de curación. Soy consciente de lo que pasó. Pero sinceramente os digo que para mí nada ha cambiado [estos días]», explica la milagrada.

El cambio fue el 2009, explica. «Era el 5 de agosto de 2009, cuando, después de 4 años, me levanté de la silla de ruedas y comencé a caminar nuevamente. Pero yo ya era creyente, mi fe sólo se fortaleció», detalla.

El momento exacto de la curación: dolor, alivio y una voz

En realidad, en 2009 acudió a Lourdes más bien para orar por una niña que conocía con ELA. Para ella misma, que llevaba cuatro años de enfermedad, sólo pedía paz para afrontarla. Estaba entonces impresionada por casos de pacientes terminales a quienes se les había retirado el soporte vital.

Unas voluntarias ayudan a una peregrina en una de las llamadas piscinas, o bañeras, de Lourdes

«A finales de julio [de 2009] participé en una peregrinación con Unitalsi, no necesariamente para que rezaran por mí. Cuando llegó mi turno en la piscina, tres ‘damas’ me ayudaron a entrar al agua. Poco después, dos se alejaron, mientras una continuó ayudándome. Entonces esta señora también se alejó un poco de mí. Y he aquí que fue entonces cuando sentí la presencia de otra persona sujetándome el cuello. Entonces, con dificultad, intenté darme la vuelta pero no había nadie allí».

«Luego sentí un gran dolor en ambas piernas. Y después una sensación de alivio envolvente. En ese momento oí, a mi izquierda, una hermosa voz femenina: era suave, ligera. Nunca había oído nada igual. Me dijo: ‘¡No tengas miedo, no tengas miedo!’ Pero yo estaba temblando, temblaba de miedo. Algo inexplicable estaba sucediendo, además porque sólo yo podía escuchar esa voz. No sabía en absoluto que estaba curada».

Por ese miedo, explica, en ese momento no se lo contó a nadie. Siguió usando la silla de ruedas. «Algo le había pasado a mi cuerpo pero tenía miedo, no podía revelarme a mí misma ni a mis seres queridos qué era. Después de todo, nuestra fe no se basa en hechos que deban exhibirse».

Volvió a casa. Unos días después, en la tarde del 5 de agosto, «estaba viendo la televisión sentada en el sofá, con mi marido a mi lado, cuando esa voz, la voz de Lourdes, regresó. ¡Qué miedo! “Llama a tu marido”, me dijo, “díselo”. Pero ¿qué se supone que debía decirle?, pensé. Estaba nervioso. Pero aún se oye la voz: «Llama a tu marido y díselo». Entonces llamé a mi marido Antonio y encontré la fuerza para intentar levantarme por mis propios medios. ¡Lo hice! Di algunos pasos y luego incluso algunos giros. Mi marido no podía creer lo que veía. Y le conté todo».

Su marido, Antonio, llamó al médico local, y también avisaron al párroco, que entonces era Franco La Canna (hoy es párroco en Chiaromonte). El párroco reunió la información para comunicarla al obispo Francescantonio Nolè (fallecido en 2022).

Antonietta Raco, a la izquierda en silla de ruedas en 2009, a la derecha curada y como voluntaria de UNITALSI

El asombro de los médicos

El médico dijo que lo que veía no era razonable ni explicable. Encargó a Antonietta acudir al centro de ELA del Hospital Molinette de Turín, donde ella había recibido sus tratamientos.

Antonietta entró caminando en el hospital, donde la conocían. «Los médicos, las enfermeras que siempre me levantaban de la silla de ruedas para ponerme en una cama, estaban inmóviles, observándome. El médico jefe, el profesor Adriano Chiò, vino a recibirme. Se quedó impresionado. Me sometió a una larga serie de pruebas. Finalmente, sin decir palabra, me abrazó y nos emocionamos. La ciencia, señaló, no podía explicarlo».

Los médicos le habían dicho que ella no tenía ninguna posibilidad de recuperación.

Desde entonces, ha sido examinada muchas veces y por muchos médicos. Acudió al Bureau des constatations médicales de Lourdes, la oficina médica oficial que examina este tipo de casos en el santuario. «He sido evaluada por especialistas italianos y extranjeros. También les dije que si mi historia puede ayudar a entender mejor esta enfermedad, todas las pruebas son bienvenidas».

La relación con la Virgen María

Antonietta explica su relación con la Virgen.

«Siempre he considerado a la Virgen como una madre. En mi sencillez siempre he confiado en ella. No niego que, después de lo que me pasó, siento esa presencia a mi lado, como le puede pasar a todas las demás personas que confían en ella. ¿Yo elegida para un milagro? Somos solo un instrumento en las manos de Dios. Por supuesto, cuando escuchaba los pasajes del Evangelio, oía historias de milagros. Pero nunca piensas que aquellos acontecimientos, tan lejanos en el tiempo, pudieran volver a ocurrir. En cambio, nuestra fe nos permite comprender que Dios está siempre presente entre nosotros, entonces como ahora».

Desde entonces, Antonietta se ha hecho voluntaria de Unitalsi, la gran organización italiana que desde 1903 lleva enfermos a Lourdes. Unitalsi tiene entre 6.000 y 7.000 voluntarios, pero sin duda Antonietta es una incorporación muy especial.

«Han hecho mucho por mí [en Unitalsi], con mucho cariño, y quiero hacer algo por los demás. Sin su ayuda no habría tenido la oportunidad de ir a Lourdes. Pero eres voluntario cada día, simplemente estando al lado de una persona que está sufriendo, por ejemplo».

Hoy considera que «Lourdes es mi casa. Y no hay un momento a lo largo del día en que mi mente no regrese a su Gruta».

El mensaje final de Antonietta es: «Nunca debemos perder la esperanza. La vida hay que vivirla hasta el final».

LAS FECHAS

En Julio del 2010 Antonietta declaró su curación ante la oficina médica de Lourdes. Empieza la investigación oficial de la oficina.

En el Año 2017, en reunión de la oficina médica de Lourdes, constatan la curación de Antonietta, calificada de inexplicable, según los conocimientos médicos.

En Noviembre del año 2024, el Comité Médico Internacional de Lourdes, declaró que la Sra Antonietta Raco estaba curada de su dolencia de ELP.

En abril de 2025 el obispo proclama el milagro.

Vídeo en italiano de Antonietta Raco en el que cuenta su testimonio de curación

Kim, de madre atea y abuelos musulmanes, encontró a Cristo en el santuario de Lourdes: «Entendí que Dios existía; Al mirar a la Virgen María, sentí una paz total, una ausencia total de dudas»

Viendo la fe de los enfermos y peregrinos y como tocan la roca de la gruta de la Virgen de Lourdes, Kim entendió que Dios existía 

* «Durante la preparación de mi bautismo, mi madre no quiso acompañarme en este proceso y declaró que no vendría. Ella pensó que estaba influenciada por mis amigos. Convencida por mi padre, finalmente asistió a la misa de los ritos de elección y pudo escucharme dar mi testimonio. Ese día me dijo: ‘Entiendo, realmente conociste a Dios’» 

Camino Católico.-  Kim, de 23 años y su familia viven en Francia. Su madre, explica, es atea. Su padre es católico no practicante, y casi nunca dice nada de su fe. Sus abuelos son musulmanes. Ya antes de nacer ella, su familia decidió que no la formarían en ninguna religión. Pero la matricularon en colegios católicos por su buen nivel académico.

Los horarios familiares requerían llevar a la muchacha muy pronto por la mañana: a las 7:30 ya estaba en el instituto. «Una mañana, la responsable de pastoral me invitó a ir a la capilla, donde se organizaban tiempos de oración. Le dije que no sabía nada al respecto, que ni siquiera sabía si Dios existía. Ella me dijo: “Vamos, que hace calor en la capilla”. Curiosa, la seguí. El ambiente era muy especial, muy reconfortante, muy tranquilo. Leían pasajes del Evangelio. La vida de Jesús parecía bastante interesante. Me dejé retar y volví con regularidad», explica al portal de la Comunidad del Emmanuel.

Por esa curiosidad, se animó a apuntarse a unas clases de catequesis. Luego pidió permiso a sus padres para participar en una peregrinación a Lourdes.

Comprendió que Dios existía

El santuario le impactó y la hizo reflexionar. «Me llamó mucho la atención la inmensa fe de todos estos enfermos, gente que rezaba el rosario continuamente y esperaba una sola cosa: tocar la roca de la cueva. A través de esta fe en María, entendí que Dios existía», relata.

La fe de los enfermos impactó en Kim y tuvo su encuentro con Dios y la Virgen María                   

Al volver, convencida de que Dios existe, explicó a sus padres que se quería bautizar, pero ellos se oponían.

Al año siguiente volvió a Lourdes. «Al mirar a la Virgen María, sentí una paz total, una ausencia total de dudas», recuerda. De nuevo, pidió permiso a sus padres para bautizarse, pero ellos no se lo permitían.

Más adelante, durante la fiesta de Epifanía (Reyes), escuchó una moción interior: “En lo profundo de mi corazón escuché al Señor decirme: “¡Ve! » Al terminar la misa, fui a ver al sacerdote para pedirle el bautismo. Mis padres no lo tomaron muy bien pero yo sabía que Dios estaba conmigo».

Unos meses más tarde, el día antes de bautizarse, la estudiante volvió a Lourdes. «Traje un poco de agua de Lourdes, de la cual vertí unas gotas en el agua bautismal», explica, conmovida. Sucedió el 10 de junio de 2018.

«Durante la preparación de mi bautismo, mi madre no quiso acompañarme en este proceso y declaró que no vendría. Ella pensó que estaba influenciada por mis amigos. Convencida por mi padre, finalmente asistió a la misa de los ritos de elección y pudo escucharme dar mi testimonio. Ese día me dijo: ‘Entiendo, realmente conociste a Dios’».

Ahora es la madre la que anima a la hija a ser perseverante en la vida de fe y en la misa dominical. «Este año me pidió que fuéramos en familia a la misa de Navidad. Será la primera vez», explica.

Mirar a la Virgen cuando las cosas no van bien

Han pasado 6 años desde que se bautizó. Su fe ha soportado pruebas y dudas. «He tenido muchas dudas, pero nunca he cuestionado ni la existencia ni la presencia de María. Incluso cuando ya no ‘sentía’ nada con Dios, cuando tenía la impresión de atravesar el desierto, María estaba allí como un pilar imposible de desarraigar. María siempre me hace volver a lo básico. Constantemente me trae de regreso a Dios», explica.

Ya bautizada, pudo volver a Lourdes una cuarta vez. «Cuando las cosas no van bien, sólo tengo que mirar a María y siento que ella me lleva en sus brazos». Siente que se apoya en María cuando reza el rosario y cuando canta el Salve Regina. Cuando escucha esta oración, reconoce, «siempre me sale una pequeña lágrima porque esta canción realmente rinde homenaje a la belleza de María».

John Traynor, protagonista del 71 milagro de Lourdes, relata cómo fue curado: «Salté de la cama, me arrodillé, acabé el Rosario, corrí hacia la puerta, aparté a los dos camilleros y veloz fui hasta la gruta»


John Traynor saliendo de Lourdes, y a su llegada a Liverpool empujando la silla de ruedas

* «Aquel día el arzobispo de Reims llevaba el Santísimo y a su paso me bendijo. Acababa de pasar cuando me di cuenta de que se había producido un gran cambio en mí. Mi brazo derecho, que había estado muerto desde 1915, estaba violentamente agitado. Rompí los vendajes y me santigüe con él por primera vez en años» 

Camino Católico.- Hace poco más de un siglo, el 11 de noviembre de 1918, acabó la Primera Guerra Mundial, uno de los conflictos bélicos más sangrientos de la historia y que dejó millones de muertos y otros tantos de heridos. Uno de ellos fue el soldado británico natural de Liverpool, John Traynor, que quedó inválido debido a los múltiples disparos de una ametralladora en Gallipoli (Turquía) y que ahora es el protagonista del 71º milagro oficialmente reconocido de la Virgen Lourdes, el 8 de diciembre de 2024, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

Pobre y desahuciado tras una guerra que le dejó sin poder andar, con un brazo también paralizado, con una herida abierta en la cabeza y con varios ataques de epilepsia al día, su curación milagrosa en Lourdes en 1923 resultó un auténtico acontecimiento en Liverpool, pues había pasado por las manos de numerosos médicos que le dieron como un caso de imposible curación.

Una fe y amor a la Virgen transmitida desde niño

El padre Patrick O´Connor, misionero de San Columbano, conoció bien a Jack Traynor y recopiló toda la documentación que pudo para contar este hecho sobrenatural.

De origen irlandés, Traynor quedó huérfano joven pero la fe, el amor a la Eucaristía y la devoción a la Virgen María quedaron impreso en él desde su infancia. Algo que le sería de gran ayuda en la dura vida que le tocaría vivir.

Tras estallar la I Guerra Mundial en 1914 fue movilizado en la marina británica. En Amberes recibió en la cabeza el impacto de metralla y durante cinco semanas estuvo inconsciente. Al año siguiente fue enviado como expedicionario a Egipto y la actual Turquía. Allí él y sus compañeros fueron masacrados hasta que gracias a numerosos refuerzos pudieron abrirse paso ante los otomanos. Así siguió hasta que el 8 de mayo realizando una carga de bayonetas fue alcanzado por los disparos de una ametralladora. Recibió numerosos impactos de bala: en la cabeza, en el pecho, en un brazo, en la clavícula…

De origen irlandés, John Traynor quedó huérfano joven pero la fe, el amor a la Eucaristía y la devoción a la Virgen María quedaron impreso en él desde su infancia

Este fue el inicio de un sinfín de intervenciones quirúrgicas y de traslados de un hospital a otro. Tenía un brazo destrozado el cual querían amputar, comenzó a sufrir ataques de epilepsia y a perder la movilidad en las piernas hasta no poder ni moverlas. Y además buena parte de sus órganos estaban dañados.

Un desecho humano

Finalmente llegó de vuelta a Liverpool donde junto a su mujer vivió una vida muy humilde hasta que en 1923 ocurrió algo que cambiaría su vida para siempre. Una vecina llegó a su casa y le habló de una peregrinación diocesana a Lourdes. Con el escaso dinero que tenía guardado la familia, vendiendo algunas de sus pertenencias y empeñando otras, decidió que iría a ver a la Virgen. Y se apuntó.

No fue sencillo pero logró montar en el tren que le llevaría hasta el santuario. En varias ocasiones ya en Francia estuvieron a punto de dejarle en algún hospital pensando que iba a morir al no soportar el viaje.

Su terrible llegada a Lourdes

“Llegamos a Lourdes el 22 de julio, y fui trasladado con el resto de los enfermos al hospital ‘Asile’ cerca de la gruta. Estaba en unas condiciones terribles, ya que mis heridas y llagas no habían sido vendadas ni cambiadas desde que salí de Lourdes”, recordaba John en el testimonio escrito que dejó al padre O´Connor.

John Traynor, una vez curado pero todavía débil a su salida de Lourdes en 1923

Seis días sería la estancia en Lourdes. Los primeros días estuvo muy enfermo, con hemorragias y ataques constantes. Todos creían que moriría allí. Sin embargo, debido a su obstinación y cierta terquedad logró que lo bañaran ocho veces en las piscinas del manantial.

Algo ocurrió en una de las piscinas

Era la tarde del 25 de julio y todo seguía igual en él. No notaba ningún tipo de mejoría. Pero él quiso que le volvieran a bajar a las aguas del manantial de Lourdes. Recuerda en su escrito que “llegó mi turno, y cuando estaba en el baño, mis piernas paralizadas se agitaron violentamente. Los camilleros se alarmaron una vez más pensando que estaba teniendo otro ataque. Luché por ponerme de pie sintiendo que podía hacerlo fácilmente, y me pregunté por qué todo el mundo parecía estar en mi contra. Cuando me sacaron de la piscina lloré de pura debilidad y agotamiento”.

Los camilleros le vistieron rápidamente para montarlo en la camilla y llevarlo a la procesión. “Aquel día el arzobispo de Reims llevaba el Santísimo y a su paso me bendijo. Acababa de pasar cuando me di cuenta de que se había producido un gran cambio en mí. Mi brazo derecho, que había estado muerto desde 1915, estaba violentamente agitado. Rompí los vendajes y me santigüe con él por primera vez en años”, escribía.

Se quiso levantar pero los camilleros y enfermos que ya conocían su temperamento pensaron que podría montar el espectáculo y se lo llevaron dándole algo para tranquilizarlo. Le acostaron. Aquella noche apenas durmió, pero sí rezó bastante tiempo, sobre todo el Rosario.

El milagro se había producido

Por la mañana –recordaba- “salté de la cama. Primero, me arrodillé en el suelo para terminar el Rosario que había estado recitando, luego corrí hacia la puerta, aparté a los dos camilleros y salí corriendo por el pasillo hacia el aire libre”.

No había caminado desde 1915 y su peso había disminuido sobremanera. Ya en la calle, John Traynor corrió velozmente hacia la gruta de la Virgen, que se encontraba a unos 300 metros. Allí volvió a arrodillarse todavía con el pijama y empezó a rezar y a dar las gracias a la Virgen María. “Todo lo que sabía era que debía agradecérselo y la Gruta era el lugar para hacerlo”.

John Traynor a su llegada a Liverpool le esperaba una multitud, y él apareció empujando su propia silla

La noticia empezó a difundirse por Lourdes casi al instante, al punto de que cuando dejó de rezar, John encontró a una multitud asombrada mirándole fijamente. Lo mismo ocurría con las personas que se fue cruzando por la calle o en el hospital. De hecho, afirmaba que “fui al baño a lavarme y afeitarme. Otros hombres estaban allí antes que yo. Les di los buenos días a todos, pero ninguno de ellos me respondió, sólo me miraban asustados, me preguntaba por qué”.

Un nuevo examen médico

Ahora la multitud se congregaba a las puertas del hospital. El sacerdote de la peregrinación que en un primer momento no quería que fuera porque moriría en el camino quería verlo pero era imposible llegar a él. Al final logró sortear a las personas, y una vez que vio a John Traynor completamente curado se derrumbó y se echó a llorar.

El día que debía volver a Inglaterra tres médicos volvieron a examinarle y confirmaron que podía caminar perfectamente, que había recuperado la función de su brazo derecho, que recuperó la sensibilidad en las piernas, que la abertura de su cráneo había disminuido considerablemente y que no había tenido más crisis epilépticas.

Cuando John se quitó el último de los vendajes al volver de la gruta el día antes de volver a casa encontró que todas las llagas habían cicatrizado.

La bendición no del arzobispo sino al arzobispo

En el tren viajaba aturdido por todo lo que le había pasado y por todo lo que le rodeaba. En una de las paradas se abrió la puerta de su compartimento y era el arzobispo Keating de Liverpool, que también estaba en la peregrinación. “Me arrodillé para obtener su bendición. Me levantó y me dijo: ‘John, creo que debería recibir yo tu bendición’. No podía entenderlo. Nos sentamos, y al mirarme me dijo: ‘John, ¿te das cuenta de lo mal que estabas y de que la Virgen Santísima te ha curado milagrosamente?’. Entonces todo volvió a mí, el recuerdo de mis años de enfermedad y los sufrimientos del viaje a Lourdes y lo mal que había estado. Comenzó a llorar, y el arzobispo comenzó a llorar, y los dos nos sentamos allí, llorando como dos niños. Me di cuenta plenamente de lo que había sucedido”.


La noticia también había llegado a Liverpool y la prensa contaba la asombrosa noticia del milagro de John. La Policía tuvo que custodiar la estación de tren ante la cantidad de gente que había allí esperándole.

Una vida nueva para John

Ya sanó pudo tener su propio negocio de transporte de carbón y hasta 12 trabajadores a su cargo. “Levantó sacos de carbón que pesan casi 200 libras y puedo hacer cualquier otro trabajo que pueda hacer un hombre sano. ¡Pero oficialmente todavía estoy clasificado como 100% discapacitado y permanentemente incapacitado!”.

Era tal la seguridad que los médicos tenían de que nunca se curaría de su invalidez que los facultativos y funcionarios del Ministerio de Pensiones de Guerra nunca quisieron revocar  la pensión de invalidez completa.

Cada año desde su curación John Traynor fue a Lourdes como camillero

Viajó a Lourdes cada año desde su curación

“Nunca he permitido que ningún dinero llegue a mi familia en relación con mi cura o la publicidad que la ha seguido. Sin embargo, Nuestra Señora también ha mejorado mis asuntos temporales, y gracias a Dios y a Ella, ahora tengo una situación cómoda y todos mis hijos están bien provistos. Tres de ellos han nacido desde mi cura, uno de ellos es una niña a la que hemos llamado Bernadette”.

Además, aseguraba que “una gran cantidad de conversiones en Liverpool se han dado tras el milagro”. Tras esto John, volvió a Lourdes como enfermo. No faltó ni un solo año hasta su muerte, yendo incluso en algunas ocasiones hasta dos o tres veces en el mismo año.

John falleció en 1943,  víspera de la Inmaculada, por una hernia, nada relacionado con sus antiguas dolencias. Vivió 20 años de forma sana y mostrando al mundo el amor de María por el hombre.

El relato de un testigo

Quienes le conocieron años después de la curación nos dejan un fresco vívido y consolador de él. Así nos lo describe un testigo ocular:

“Le vi por primera vez cuando caminaba por el andén con mi maleta y le vi esperando para subir al vagón en el que esperaba viajar. Era un hombre de complexión robusta, de un metro setenta y cinco de estatura, con un rostro fuerte, sano y rubicundo, vestido con un traje gris algo desaliñado y cargado con su bolsa de viaje, que destacaba entre la multitud que le rodeaba. Le acompañaban dos de sus hijos pequeños y ocho o diez peregrinos irlandeses e ingleses que regresaban de Lourdes. John Traynor era un milagro porque, según todas las leyes de la naturaleza, no debería estar allí de pie, robusto y sano. Debería haber estado, si hubiera estado vivo, paralizado, epiléptico, lleno de llagas, encogido, con el brazo derecho arrugado e inútil y un enorme agujero en el cráneo. Esto era lo que había sido. Así fue como la habilidad médica tuvo que dejarlo, después de hacer todo lo posible. Así fue como la ciencia médica certificó que debía quedarse». De él recuerda con gratitud su fe viril sin excesos, su personalidad natural y modesta, una inteligencia limpia enriquecida precisamente por la fe sin haber podido forjarla con estudios superiores”.