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lunes, 13 de abril de 2026

Papa León XIV a la comunidad católica argelina, 13-4-2026: «Caminar juntos, vivir, rezar, porque la fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer una verdadera fraternidad»

* «San Carlos de Foucauld, que había reconocido su vocación a ser presencia orante. Escribía: ‘Me siento feliz, feliz de estar a los pies del Santísimo Sacramento a todas horas’. Y aconsejaba: ‘Recen mucho por los demás. Conságrense a la salvación del prójimo con todos los medios a su alcance: oración, bondad, ejemplo’... La oración une y humaniza, refuerza y purifica el corazón, y la Iglesia en Argelia, gracias a la oración, siembra humanidad, unidad, fuerza y pureza a su alrededor, llegando a lugares y contextos que sólo el Señor conoce»

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con todo el discurso del Papa 

* «Una parte considerable del territorio de este país está ocupada por el desierto, y en el desierto no se sobrevive en soledad. La aspereza de la naturaleza redimensiona toda presunción de autosuficiencia y nos recuerda a todos que necesitamos los unos de los otros, y que necesitamos a Dios. Es la fragilidad reconocida la que abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera» 

 


13 de abril de 2026.- (Camino Católico)  “Unidos por la misma aspiración a la dignidad, al amor, a la justicia y a la paz. Hijos deseosos de caminar juntos, de vivir, rezar, trabajar y soñar, porque la fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer una verdadera fraternidad”.

Estas palabras del Papa León XIV durante el encuentro con la comunidad católica de argelinos, reunidos en la basílica de Nuestra Señora de África, signo y patrimonio de unión entre musulmanes y cristianos, sirvieron para subrayar que, en un mundo donde las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, el ejemplo de las comunidades e incluso en las familias de Argelia, su forma de vivir juntos, unidos y en paz, es un gran signo, como el de los mártires que sin pretensiones y sin clamor, sino con serenidad y firmeza han puesto su confianza en el Señor.

El Santo Padre entró en la Basílica de Nuestra Señora de África que, desde la cima de una colina, con el mar del fondo, en el centro de Argel, surge como recinto de una estatuilla de bronce de la Virgen María que, en 1840, fue regalada al primer obispo de Argel. Cuánta historia de conflictos, terremotos, devoción y trabajo perfilaron en esta edificación de estilo bizantino, donde se venera una estatua de la Virgen Negra, se reza en las dos capillas dedicadas a San Agustín y a su madre, Santa Mónica, y lugar donde se rinde homenaje a los diecinueve mártires de Argelia, asesinados en los años 90 del siglo XX.

Un ramo de flores ofrecidas por dos niñas, la cruz y el agua bendita para la aspersión, le son dadas por el rector del templo, el padre Peter Claver Kogh y al llegar al altar central las palabras de bienvenida del arzobispo de Argel, cardenal Jean-Paul Vesco. Que desde Argelia haya partido el Evangelio hacia muchos países del continente, que 9 de cada 10 personas que cruzan el umbral de la basílica de Nuestra Señora de África, considerada patrimonio y orgullo del país, son de religión musulmana, que una inscripción reafirme esta fraternidad: “Recen por nosotros y los musulmanes”, fueron solo algunos de los aspectos tocados por el arzobispo. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la alocución del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026))

ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD ARGELINA

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Basílica de Nuestra Señora de África (Argel)

Lunes, 13 de abril de 2026


En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

La paz esté con ustedes.

Queridos hermanos en el episcopado,
queridos sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas,
amados hijos de la Iglesia en Argelia:

Con gran alegría y afecto paternal me encuentro hoy con ustedes, que son una presencia discreta y preciosa, arraigada en esta tierra, marcada por una historia antigua y por luminosos testimonios de fe.

Su comunidad tiene raíces muy profundas. Son herederos de una multitud de testigos que han dado la vida, impulsados por el amor a Dios y al prójimo. Pienso particularmente en los diecinueve religiosos y religiosas mártires de Argelia, que decidieron estar junto a este pueblo compartiendo sus alegrías y sus dolores. Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto.

Son también herederos de una tradición aún más antigua, que se remonta a los primeros siglos del cristianismo. En esta tierra resonó la ferviente voz de Agustín de Hipona, precedida por el testimonio de su madre, santa Mónica, y de otros santos. Su memoria es una clara llamada a ser, hoy, signos creíbles de comunión, diálogo y paz.

A todos ustedes, queridos hermanos, y a aquellos que, no pudiendo estar presentes, siguen este encuentro a la distancia, expreso mi gratitud por el compromiso cotidiano con el que hacen visible el rostro materno de la Iglesia. Agradezco a Su Eminencia las palabras que me ha dirigido, y también a Rakel, Ali, Monia y la Hna. Bernadette por lo que han compartido. A la luz de lo que hemos escuchado, quisiera que nos detengamos a reflexionar juntos sobre tres aspectos de la vida cristiana que considero muy importantes, especialmente por su presencia aquí: la oración, la caridad y la unidad.

Ante todo, la oración. Todos la necesitamos. Lo subrayaba san Juan Pablo II hablando a los jóvenes: «El hombre —decía— no puede vivir sin orar lo mismo que no puede vivir sin respirar» (Encuentro con los jóvenes musulmanes en Casablanca, 19 agosto 1985, 4). De ese modo, presentaba el diálogo con Dios como un elemento indispensable no sólo para la vida de la Iglesia, sino también para la de cada persona. Asimismo lo había comprendido san Carlos de Foucauld, que había reconocido su vocación a ser presencia orante. Escribía: “Me siento feliz, feliz de estar a los pies del Santísimo Sacramento a todas horas” (Carta a Raymond de Blic, 9 diciembre 1907) y aconsejaba: “Recen mucho por los demás. Conságrense a la salvación del prójimo con todos los medios a su alcance: oración, bondad, ejemplo” (Carta a Louis Massignon, 1 agosto 1916).

A este respecto, Ali, hablando de su experiencia de servicio en Notre Dame d’Afrique, nos ha dicho que muchos vienen aquí para orar en silencio, presentar y encomendar al Señor sus preocupaciones y a las personas que aman y encontrar a alguien dispuesto a escucharlos y a compartir las cargas que llevan en el corazón, y ha visto cómo tantos se van serenos y felices de haber venido. La oración une y humaniza, refuerza y purifica el corazón, y la Iglesia en Argelia, gracias a la oración, siembra humanidad, unidad, fuerza y pureza a su alrededor, llegando a lugares y contextos que sólo el Señor conoce.

Un segundo aspecto de la vida eclesial en el que quisiera detenerme es el de la caridad. Nos ha hablado de ello, en particular, la Hna. Bernadette, compartiendo su experiencia de asistencia a los niños con discapacidad y a sus padres. En lo que ha dicho, percibimos el valor de la misericordia y del servicio no sólo como ayuda a los más frágiles, sino sobre todo como lugar de gracia, en el que cualquiera que se deje involucrar crece y se enriquece. La Hna. Bernadette nos ha contado cómo a partir de un sencillo e inicial gesto de cercanía —la visita a los enfermos— han nacido, cual retoños, primero un sistema de acogida y, después, una organización asistencial cada vez más articulada, una verdadera comunidad en la que muchísimas personas participan, tanto en los acontecimientos alegres como en los dolorosos, unidos por vínculos de confianza, amistad y familiaridad. Un ambiente así es sano y sanador, y no sorprende el hecho de que, en él, el que sufre encuentre los recursos necesarios para mejorar la propia salud, llevando al mismo tiempo alegría a los demás, como en el caso de Fátima.

Por lo demás, el amor a los hermanos es precisamente el que ha animado el testimonio de los mártires que hemos recordado. Frente al odio y a la violencia, permanecieron fieles a la caridad hasta el sacrificio de la vida, junto con tantos otros hombres y mujeres, cristianos y musulmanes. Lo hicieron sin pretensiones y sin clamor, con la serenidad y la firmeza de quien no presume ni desespera, porque sabe en quién ha puesto su confianza (cf. 2 Tm 1,12). Para todos, citamos las palabras sencillas de Fray Luc, el anciano monje médico de la comunidad de Notre-Dame de l'Atlas, quien ante la posibilidad de partir y de ponerse a salvo de posibles peligros, a costa de abandonar a sus pacientes y amigos, él respondía: “Yo quiero quedarme con ellos” (C. Henning - T. Georgeon, Fratel Luc di Tibhirine. Monaco, medico e martire, Ciudad del Vaticano 2025, Introducción), y así lo hizo. El Papa Francisco, al recordarlo a él y a todos los demás, con motivo de la beatificación, decía: «Su testimonio valiente es fuente de esperanza para la comunidad católica argelina y semilla de diálogo para toda la sociedad. Que esta beatificación sea para todos un estímulo para construir juntos un mundo de fraternidad y solidaridad» (8 diciembre 2018).

Y llegamos así al tercer punto de nuestra reflexión: el compromiso por promover la paz y la unidad. El lema de esta visita son las palabras de Jesús resucitado: «¡La paz esté con ustedes!» (cf. Jn 20,21), y en una imagen tomada de los mosaicos de Tipasa se lee: “In Deo, pax et concordia sit convivio nostro”, que podríamos traducir: “En Dios, la paz y la armonía pueden reinar en nuestro vivir juntos”. La paz y la armonía han sido características fundamentales de la comunidad cristiana desde sus orígenes (cf. Hch 2,42-47), por deseo mismo de Jesús (cf. Jn 17,23), que dijo: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35). San Agustín afirmaba al respecto que la Iglesia «engendra a los pueblos, pero todos son miembros de uno solo» (Sermón 192, 2) y san Cipriano escribía: «El mayor sacrificio delante de los ojos de Dios es la paz y la unión fraternal, y un pueblo unido a proporción que están unidos el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo» (Sobre la oración dominical, IV, 95). Es hermoso, hoy, al oír tanta riqueza de palabras y de ejemplos, hacer eco de lo que hemos escuchado.

Es signo de ello, como nos ha recordado Su Eminencia, esta misma basílica, símbolo de una Iglesia de piedras vivas donde, bajo el manto de Nuestra Señora de África, se construye la comunión entre cristianos y musulmanes. Aquí el amor maternal de Lalla Meryem reúne a todos como hijos, cada uno rico en su diversidad, unidos por la misma aspiración a la dignidad, al amor, a la justicia y a la paz. Hijos deseosos de caminar juntos, de vivir, rezar, trabajar y soñar, porque la fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer una verdadera fraternidad, como nos ha dicho Monia, y como ha testimoniado Rakel, compartiendo su experiencia en la Tlemcen Fellowship. En un mundo donde las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, en las comunidades e incluso en las familias, su forma de vivir juntos, unidos y en paz es un gran signo. Así unidos, difundan la hermandad, inspirando en quienes los rodean deseos y sentimientos de comunión y de reconciliación, con un mensaje tanto más fuerte y claro cuanto testimoniado en la sencillez y en la humildad.

Una parte considerable del territorio de este país está ocupada por el desierto, y en el desierto no se sobrevive en soledad. La aspereza de la naturaleza redimensiona toda presunción de autosuficiencia y nos recuerda a todos que necesitamos los unos de los otros, y que necesitamos a Dios. Es la fragilidad reconocida la que abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera.

Por eso, queridos hermanos y hermanas, los animo a continuar su labor en tierras argelinas, como comunidad de fe unida y abierta, presencia de la Iglesia «sacramento universal de salvación» (Conc. Ecum. Vat. II, Lumen gentium, 48). Gracias por todo lo que hacen, por su oración, por su caridad y por su testimonio de unidad. Les aseguro mi recuerdo en la oración ante el Señor y, encomendándolos a María, Nuestra Señora de África, los bendigo de corazón.

PAPA LEÓN XIV


Fotos: Vatican Media, 13-4-2026

Catalina Davis era médium, en un retiro ante el Santísimo entregó su vida a Dios y fue liberada de una posesión demoníaca con exorcismos: «Experimenté que mi cuerpo iba por un lado, pero mi alma estaba con Dios»

Catalina Davis contando su testimonio de conversión 

* Al abrir una Biblia por Isaías 7, sintió que Dios le hablaba directamente y experimentó un amor que la transformó por completo: «Cuando la palabra dice que el Espíritu Santo te abre el entendimiento, puedo asegurar que te lo abre»

Vídeo del testimonio de Catalina Davis en el programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.-   Lo que comienza como una búsqueda de soluciones fuera de la medicina tradicional puede convertirse en un laberinto espiritual con un alto precio. Esta es la experiencia de Catalina Davis, autora del libro 'La gran prisión: El precio oculto de las terapias alternativas', quien ha relatado en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV su recorrido personal desde practicante y médium de la Nueva Era hasta su conversión al catolicismo y su posterior liberación de una posesión demoníaca.

Catalina Davis describe este mundo como una trampa seductora pero peligrosa. “Realmente tú no te das cuenta, pero estás atrapado en una especie de prisión de cristal. Aparentemente todo va bien, pero cada vez que haces una terapia alternativa es un barrote”, explica. Su testimonio busca alertar sobre los riesgos de corrientes que, según ella, alejan a las personas de la fe y las introducen en una espiral de determinismo y falsas promesas.

Una sanación inexplicable, la puerta a la Nueva Era

La incursión de Catalina Davis en las terapias alternativas comenzó a los 23 años, cuando sufrió una misteriosa enfermedad que le provocó la pérdida de más del 50% de la vista y el oído. Tras un peregrinaje por consultas de médicos, psicólogos y psiquiatras que solo le ofrecieron un diagnóstico de 'ansiedad' y medicaciones muy fuertes sin resultado, su familia y ella decidieron explorar el mundo esotérico. Recorrieron videntes, médiums y chamanes en busca de una cura que no llegaba.

La situación cambió radicalmente cuando acudió a un 'terapeuta holístico' en Madrid. “Entré después de cinco años cansada de recorrer no solo los médicos tradicionales, sino diferentes terapias alternativas, y en 20 minutos me sané”, relata. El impacto de esa curación instantánea fue tan profundo que la convenció de la veracidad y bondad de esos métodos, llevándola a sumergirse por completo en ese universo para, más tarde, convertirse ella misma en terapeuta.

Davis explica que estas prácticas, como los registros akáshicos, las constelaciones familiares o la biodescodificación, operan bajo un principio determinista. Sostienen que la vida actual está condicionada por supuestas vidas pasadas o por los actos de los antepasados, atrapando a la persona en un ciclo del que parece imposible escapar. “Es como si, de alguna manera, nosotros repitiésemos el patrón de eso que está pasando”, señala, creando una dependencia constante de nuevas terapias para solucionar problemas que se multiplican.

Catalina Davis junto a su libro 'La gran prisión: El precio oculto de las terapias alternativas'

De terapeuta a médium entre 'seres de luz'

Su implicación la llevó a formarse en múltiples disciplinas y a ejercer como terapeuta, llegando a cobrar 150 euros por sesión y hasta 3.000 euros por retiros espirituales. Con el tiempo, también fue reconocida como médium, un supuesto don que, según explica, no se elige. “En mi caso, se supone que yo era médium sensitiva, con lo cual tú puedes reconocer y percibir los espíritus que están a tu alrededor”, afirma. Perteneció a un grupo de cincuenta médiums donde, asegura, las experiencias paranormales eran reales y palpables.

Sin embargo, advierte que detrás de estas manifestaciones se esconde una realidad mucho más oscura. “La experiencia es real, porque tú estás siendo engañado por el maligno”, sentencia. Davis asegura que los llamados 'seres de luz', un término recurrente en la Nueva Era, son en realidad demonios que interactúan con las personas para engañarlas. Esta actividad, subraya, tiene graves consecuencias para la salud física y mental de quienes la practican.

La liberación: conversión, exorcismo y misión

El punto de inflexión para Catalina Davis fue una conversión “tipo San Pablo” que duró apenas doce horas. Sucedió durante un retiro de la Fraternidad Verbum Dei al que llegó por casualidad. Allí, al abrir una Biblia por Isaías 7, sintió que Dios le hablaba directamente y experimentó un amor que la transformó por completo. “Cuando la palabra dice que el Espíritu Santo te abre el entendimiento, te puedo asegurar que te lo abre”, confiesa. Esa noche, frente al Santísimo, entregó su vida a Dios.

Tras su conversión, comprendió que necesitaba ayuda para salir de la “prisión” en la que se había metido. Una misionera le recomendó acudir a un exorcista, un consejo que resonó en ella como la respuesta que necesitaba. El camino no fue fácil y describe un aterrador episodio que vivió sola en su casa, cuando se manifestó el maligno por primera vez. “Yo lo que viví y experimenté es que mi cuerpo iba por un lado, pero mi alma estaba con Dios”, recuerda sobre la asistencia divina que sintió en ese momento.

Finalmente, se sometió a varios exorcismos. Explica que es un proceso riguroso que requiere un discernimiento previo, incluyendo informes médicos y psiquiátricos, y el consentimiento de la persona. A través de la oración, los sacramentos y la intervención de los sacerdotes exorcistas, los dones paranormales que tenía desaparecieron, dando paso a una vida de fe y a la fundación del Movimiento Creo, una asociación de fieles aprobada por el obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, que ha ayudado ya a cerca de 5.000 personas a abandonar la Nueva Era y regresar a la Iglesia Católica.

Andrea Payán, coach, 26 años, era atea y se ha bautizado: «Pasé por muchas cosas y Jesucristo es quien me hizo sentir como nunca antes: sostenida, protegida, amada, vista; nunca me he vuelto a sentir sola»

Andrea Payán, coach, cuenta su alegría al bautizarse con 26 años; recuerda haber sido una atea bastante convencida en su adolescencia / Foto: Canal de YouTube de Andrea Payán

* «Al creer en Dios intento cada día obrar lo más parecido a Jesús, seguir los 10 mandamientos, tener en cuenta la misericordia, el perdón, la bondad, el amor… Dios siempre ha estado ahí y estará. Y tú acudes a su encuentro, porque Él te lleva buscando toda la vida. Y además de forma paciente, sin presiones, ni agobios ni imposiciones, porque Dios de hecho nos da el libre albedrío de creer o no en él, no te obliga a creer. Entonces, cuando acudes a este encuentro, todo cambia, la vida cambia por completo. Al menos esa es mi vivencia, que estoy feliz, que estoy contenta, estoy pletórica de haber recibido por fin los sacramentos»

  Video del testimonio de Andrea Payán de su canal de YouTube

 Camino Católico.-  Andrea Payán, de 26 años, es una coach especializada en apoyar relaciones de pareja. En distintas redes lleva tiempo hablando de familia, infancia, valores y relaciones sanas entre hombres y mujeres. Es de Leganés (diócesis de Getafe) y esta Vigilia Pascual se bautizó (aquí el video corto con el obispo Ginés). 

"A mis 26 años he recibido el bautismo, la confirmación y la Eucaristía. En esta pasada Vigilia Pascual, el 4 de abril, recibí los sacramentos y me convertí oficialmente en hija de Dios, hija de la luz. Y para mí fue una noche muy muy especial. Antes del bautizo me iba el corazón a mil por hora. Empecé a emocionarme y la verdad que fue una experiencia inolvidable. Pese a ser 3 horas de vigilia se me pasó volando", explica Andrea Payán en un vídeo en su canal de YouTube.


En el mismo vídeo comenta, reflexionando: "Yo sé cómo es la vida sin creer en Dios, sin saber que existe Jesús, y sé cómo es mi vida ahora. Y hay gente que escucha esto y dice, 'Ah, ¿os creéis superior moralmente?' No. De hecho, yo sí que me creía superior moralmente cuando era atea, porque yo crecí escuchando que los creyentes son personas débiles que se agarran a algo porque son incapaces de de hacer frente a la vida, necesitan como esa ilusión de que algo existe y que eran incrédulos, incluso ignorantes. Yo ahora como cristiana y creyente no considero que los ateos o agnósticos sean malas personas, porque yo personalmente considero que era buena persona cuando no creía en Dios. O sea, tenía unos buenos valores, valores cristianos, aunque no fuera creyente. Ahora bien, ahora soy mejor persona", añade.


Una crisis de desesperanza


Andrea habló también en directo en el programa de televisión Vamos a Ver, que presenta Patricia Pardo, ella también católica de fe viva (ha ayudado a acercarse a la fe al presentador Christian Gálvez), cuenta Religión en Libertad.


"Yo no vengo de familia creyente y, efectivamente, no recibí el bautismo de pequeña, que es lo común", ha explicado Andrea en Vamos a Ver. 


"Siempre fui muy atea, además, estudié el bachillerato de ciencias puras y siempre decía que la razón y la fe están enemistadas. Creía eso. A través de una situación dura, una época muy difícil, pasé por una crisis existencial y caí en depresión, en un trastorno de la conducta alimentaria, no sabía qué estudiar... Sentí ese vacío y la desesperanza de verlo todo negro", ha comenzado explicando la joven.



Andrea Payán se ha bautizado en abril de 2026, en la Vigilia Pascual / Fotos: Facebook de Andrea Payán

"Llegó un día, con 18 años, toqué fondo, pensé que la vida era sufrimiento y que, para no sufrir, no había que estar en esta vida. Es un pensamiento común para aquellas personas que pasan por un momento duro. Pero otro día me vino otro pensamiento de que tenía que haber algo más. Ahí empezó una búsqueda a través de leer, investigar y empecé a hacer terapia. Comencé esa espiritualidad, me replanteé si habría algo que estaba ahí, que te ayuda, que te hace llevar mejor las cosas", añade.


"Me topé con el cristianismo, con la Biblia, con Jesús"


"En esa búsqueda me topé con el cristianismo, con la Biblia, con Jesús y ahí entendí que, pese a todo el sufrimiento que hay, podía ser más ligero y llevadero con la fe, creyendo en Dios. Fue algo que no fue repentino, no fue de la noche a la mañana, sino que fue progresivo. Fue una búsqueda. En mi caso, sé cómo es la vida siendo atea, sé cómo es creyendo en Dios".


En el mismo programa de televisión comenta: "Hay bastante desesperanza, muchas personas tanto adultas como jóvenes que se quitan la vida, con un vacío existencial... Tenemos todo, pero seguimos estando tristes, hay mayores tasas de depresión y peor salud mental. Creo que, como las generaciones más jóvenes hemos estado tan alejados de Dios que hemos llegado y decidido siendo más adultos. Creo que hay un anhelo y los adultos y jóvenes están ahora abrazando la fe".


En el caso de sus parientes, detalla que "me han dicho que si a mí me hace feliz, que lo ven, son testigos de primera mano de cómo ha cambiado mi vida al ser creyente, se alegran mucho".


"Alzo la voz, sin vergüenza"


En su canal de YouTube, Andrea Payán cuenta más sobre sus sentimientos y pensamientos como nueva cristiana. "Alzo la voz y digo orgullosa que soy cristiana, que me he bautizado por la Iglesia Católica sin miedo, sin vergüenza, porque aunque muchas personas nos digan que esto es una mala noticia, es una desgracia que los jóvenes se acerquen a la fe, el auge de jóvenes acercándose a la iglesia, realmente es una muy buena noticia. Realmente es una noticia esperanzadora. ¿Por qué? Porque acercarse a Dios no tiene absolutamente nada de malo", añade, quizá recordando unos comentario de la actriz Silvia Abril molesta porque se convierten muchos jóvenes.


"El sistema hoy en día está hecho para corrompernos y para destruir. Para destruir al hombre, a la mujer, la infancia, la familia, para ir en contra de lo bueno, de lo justo, de lo bello, de la verdad. Entonces, conoces a Jesús, que nos dice, "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6). Y Jesús también nos dijo que la verdad nos hace libres. En este mundo nos dicen que no existe una verdad, que la verdad es relativa, es subjetiva, que no existe el bien ni el mal, todo es relativo según la interpretación de la persona y eso lo único que hace es confundirnos, nos hace perder nuestra identidad, nuestras raíces, perder vínculos sociales sólidos, perder buenos valores que nos hacen buenos ciudadanos, buenos hijos, hermanos, vecinos, padres, madres".


Una civilización buena se construye sobre los 10 mandamientos


"La realidad es que nuestra sociedad, nuestra civilización y el buen progreso, lo bueno que hemos ido construyendo y logrando se basa en los valores cristianos. Seas creyente o no, si todos siguiéramos los 10 mandamientos, el mundo sería un lugar mejor", insiste.


"Ya tenía esos valores, pero al creer en Dios me esfuerzo más en ser mejor persona. Al menos intento cada día obrar lo más parecido a Jesús, intentar seguir esos 10 mandamientos, tener en cuenta la misericordia, el perdón, la bondad, el amor", comenta después.


Incluso criticar a los cristianos da relevancia a Cristo

Luego considera que incluso cuando se critica al cristianismo se le da relevancia a Cristo. "Aquellos que nunca han escuchado sobre ello o los que no tienen ni idea, esa insistencia en atacar también les genera una curiosidad. Así que ¡gloria a Dios!", comenta.


"Yo ya llevo tiempo defendiendo la familia, los valores cristianos, al hombre, la mujer, la infancia. Hablo de todo aquello que se considera políticamente incorrecto. Y ahora que me he bautizado y que he recibido al Espíritu Santo, hay una mayor fuerza y hay una mayor pasión en mí. Si ya la había, pues ahora aún más", asegura.

Luego se pregunta si las nuevas conversiones son por postureo o moda.


"No es postureo. Pienso que puede haber personas que lo hagan por intereses o por moda como pueden seguir otras modas. Ahora bien, bendita moda. Prefiero esto a ciertos bailecitos de TikTok, prefiero esto a ser un therian y sentirte un animal. Ahora bien, creo que verdaderamente hay una búsqueda. ¿Por qué? Porque nos han quitado a Dios. Es decir, nuestros padres y abuelos, quisieran o no, que eso es otra cuestión, escucharon sobre Jesús, hicieron catequesis, recibieron los sacramentos, pero mi generación y otras generaciones de jóvenes directamente no hemos escuchado hablar de Jesús, no hemos leído la Biblia, no hemos leído nada, no hemos recibido la palabra, no hemos tenido la oportunidad de decidir...", comenta.


La sociedad del "yo y ya" no es sana


Ella, que es coach de relaciones, explica que "vivimos en la sociedad del yo y del ya, queremos todo ya, todo rápido, efímero, al instante, sin esfuerzo, sin involucrarnos, sin comprometernos, tanto en las relaciones como en el trabajo, en los proyectos, en construir una buena salud, tener unas buenas finanzas, en cualquier ámbito no nos comprometemos. Y aparte la sociedad nos incita a ser individualistas, egoístas, a mirar por nosotros mismos. Entonces, eso todo lo que hace es que tengamos mucha sed. Cuando hemos probado todo y ves que por ahí no es, te empiezas a preguntar, ¿es esto todo o habrá algo más? Cuando pasamos por depresiones, por pérdidas, por malos momentos, empieza una búsqueda". Y explica luego: "Yo pasé por muchas cosas hasta que llegué a Jesús. Y Jesús es quien verdaderamente me hizo sentirme como nunca antes, sentirme sostenida, protegida, amada, vista. Nunca me he vuelto a sentir sola".


Recuerda que hacia los 16 años "tuve depresión. Pasé por unas épocas muy oscuras, o sea, veía todo negro, no tenía esperanza porque no no tenía fe. Ahí era atea. Y todo eso cuando tocas fondo en medio de la oscuridad, derrotado, solo, abatido, sin ninguna esperanza".


"Quizás ahí escuchas por fin a Dios, porque Dios siempre ha estado ahí y estará. Y tú acudes a su encuentro, porque Él te lleva buscando toda la vida. Y además de forma paciente, sin presiones, ni agobios ni imposiciones, porque Dios de hecho nos da el libre albedrío de creer o no en él, no te obliga a creer. Entonces, cuando acudes a este encuentro, todo cambia, la vida cambia por completo. Al menos esa es mi vivencia, que estoy feliz, que estoy contenta, estoy pletórica de haber recibido por fin los sacramentos".


Desde las redes, defender la familia


Finalmente, aclara que el contenido de su canal de YouTube, sobre familia y relaciones humanas, "pues va a seguir siendo de defensa del hombre, de la mujer, de la infancia, de la familia, reaccionar y comentar ciertos acontecimientos. Yo escucho a personas que no son creyentes, me gusta ciertas cosas que cuentan. Hay personas que ni siquiera tienen mi misma línea de pensamiento, pero me aportan o me ayudan a aprender y reflexionar en ciertos aspectos. Si solo escuchamos aquello que confirma lo que creo, pues tampoco nos permitimos cambiar, reflexionar", añade.