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domingo, 11 de octubre de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 11-10-2026: «Me han detectado un nódulo en el pulmón en una fase muy temprana y he decidido operarme para removerlo; agradezco su cercanía espiritual y me encomiendo a sus oraciones»

 

* En respuesta a las preguntas de los periodistas, el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, precisa «que la intervención está prevista para los primeros días de la próxima semana y que el tiempo previsto para la estancia hospitalaria tras la operación es de aproximadamente una semana»

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «La alegría que anunciamos no es artificial, sino profunda, concreta, real, hermosa como los rostros de las personas que encontramos, verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, las manos estrechadas, los gestos de bien de nuestras jornadas. Y es un don de Dios para la salvación del mundo. Pidamos a María, Madre del Señor, que nos ayude a crecer en esta alegría y a anunciarla siempre y en todas partes, también allí donde no es comprendida; con generosidad, con valentía y con fe»

11 de octubre de 2026.- (Vatican News / Camino Católico) “Queridos amigos: recientemente, durante una revisión, los médicos me han detectado un nódulo localizado en el pulmón. Se ha detectado todavía en una fase muy temprana y está bien localizado. Los médicos consideran oportuno intervenir. Por eso, siguiendo sus consejos, he decidido operarme para removerlo. La operación ya está programada para los próximos días. Les agradezco su cercanía espiritual y me encomiendo a sus oraciones”, ha explicado el Papa León, al final del Ángelus de este domingo, 11 de octubre, en la plaza de San Pedro, ante decenas de miles de fieles.

En respuesta a las preguntas de los periodistas, el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, precisa «que la intervención está prevista para los primeros días de la próxima semana y que el tiempo previsto para la estancia hospitalaria tras la operación es de aproximadamente una semana».

León XIV ha centrado su reflexión previa al Ángelus en la parábola del banquete de bodas, narrada en el Evangelio de Mateo, en la que un rey invita a numerosas personas a la boda de su hijo, pero muchos rechazan la invitación: “Los invitados, en lugar de unirse a la fiesta, se echan atrás y prefieren seguir ocupándose de sus asuntos. Algunos, incluso, molestos, insultan e incluso matan a los mensajeros del rey” explica el Papa.

León XIV ha recordado que esta actitud, por desgracia, también se produce hoy en día, en nuestra vida cotidiana: “También esto, lamentablemente, sucede: no siempre el bien que ofrecemos es comprendido, reconocido, apreciado; es más, a veces es malinterpretado y rechazado”. Ante esta realidad, el Pontífice invita a no desanimarse y actuar como el rey, que no suspendió la celebración por el rechazo, sino que amplió la convocatoria y envió a sus servidores a llamar a más personas por las calles, para que la alegría de los esposos pudiera convertirse en un don para todos. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:  

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

XXVIII domingo del Tiempo Ordinario, 11 de octubre de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy, en el Evangelio, Jesús habla de la fiesta de bodas que un rey prepara para su hijo (cf. Mt 22,1-14).

El matrimonio de un hijo es un momento especial para cada familia, y este padre, feliz, quiere compartir su alegría con todos. Ofrece un banquete e invita a muchas personas. Santo Tomás de Aquino dice, al respecto, que el bien tiende por naturaleza a difundirse: «Bonum dicitur diffusivum sui» (Summa theologiae, I, q. 5 a. 4, ad 2). También la imagen de nuestro relato, en el contexto concreto de una experiencia cotidiana, nos habla de esta realidad. Cuando sucede algo bueno, se enciende una luz que lleva a incluir a los demás en la propia felicidad.

Sin embargo, ante un ofrecimiento tan hermoso, los invitados, en vez de unirse a la fiesta, dan un paso atrás y prefieren seguir ocupándose de sus propios asuntos. Es más, algunos, molestos, insultan e incluso matan a los mensajeros del rey. Lamentablemente, esto también sucede: el bien que ofrecemos no siempre es comprendido, reconocido o apreciado; a veces incluso es malinterpretado y rechazado. Pero eso no debe desanimarnos. El rey, frente al rechazo, no suspende la boda ni cancela los festejos; es más, extiende su invitación a un número aún mayor de personas, enviando a sus siervos a llamarlas por las calles, de modo que la alegría de los esposos sea un don para todos.  

Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿a quién representan los protagonistas de esta historia? San Jerónimo identifica al rey con el Padre de los cielos, al esposo con Jesús y a la esposa con la Iglesia (cf. Comentario al Evangelio de san Mateo, Libro III, cap. 22). Entre los protagonistas, entonces, estamos también nosotros, elegidos por el Señor para compartir con Él nuestra existencia y para ser junto a Él portadores de vida. La fiesta de bodas es la nuestra, y la sala del banquete son nuestras iglesias, nuestras casas, los lugares donde vivimos, y donde cada día el Hijo del Rey, Jesucristo, vuelve a declararnos su amor y espera nuestro “sí”. Allí nosotros lo encontramos, como la esposa, con la vestidura blanca del Bautismo y ataviados con las joyas de las buenas obras, que nos acercan a Dios y entre nosotros.

La alegría que anunciamos no es artificial, sino profunda, concreta, real, hermosa como los rostros de las personas que encontramos, verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, las manos estrechadas, los gestos de bien de nuestras jornadas. Y es un don de Dios para la salvación del mundo.

Pidamos a María, Madre del Señor, que nos ayude a crecer en esta alegría y a anunciarla siempre y en todas partes, también allí donde no es comprendida; con generosidad, con valentía y con fe.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Mantua, fue beatificada sor María Ignacia Isacchi, fundadora de la Congregación de las Hermanas Ursulinas del Sagrado Corazón de Jesús. Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la caridad la hizo entregarse con valor al servicio de los necesitados y desfavorecidos. Que su ejemplo reavive en todos nosotros el deseo de ser, en medio del mundo, testigos del amor evangélico hacia todos.

La guerra en la martirizada Ucrania sigue causando sufrimientos incluso mucho más allá de sus fronteras, especialmente en los países más pobres, donde tantas personas dependen de las importaciones de cereales. Hago un llamamiento apremiante a las partes en conflicto para que permitan el transporte seguro de cereales por el mar Negro. El pan de cada día de millones de personas no puede ser rehén de la guerra.

Hoy se celebra en Italia la Jornada en memoria de las Víctimas de los Accidentes Laborales. Saludo a la Asociación Nacional de Mutilados e Inválidos del Trabajo y aliento los esfuerzos de prevención.

Dirijo mi más cordial bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos.

Saludo a los miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros en Roma y a cuantos han participado en la procesión con la venerada imagen del Crucificado. Agradezco sus oraciones por la visita pastoral que realizaré a Perú.

Acojo con alegría a los fieles de la Eparquía Greco-Católica de Mukáchevo, en Ucrania, acompañados por su obispo; a la Asociación de Fieles Hakuna; a las Antiguas Alumnas de Jesús-María de España; al Coro y a la Escuela Coral de la Catedral de Haarlem, en los Países Bajos; y a los fieles procedentes de Viena.

Saludo a los jóvenes de la vicaría de Chiaravalle, en la diócesis de Senigallia; a los miembros de la sección provincial de la AIDO de Belluno; al grupo «Ars Enotria» de Cosenza; y al equipo femenino de fútbol del Hospital de Biella.

Queridos amigos: recientemente, durante una revisión, los médicos me han detectado un nódulo localizado en el pulmón. Se ha detectado todavía en una fase muy temprana y está bien localizado. Los médicos consideran oportuno intervenir. Por eso, siguiendo sus consejos, he decidido operarme para removerlo. La operación ya está programada para los próximos días. Les agradezco su cercanía espiritual y me encomiendo a sus oraciones. Gracias y feliz domingo.

Papa León XIV


Fotos: Vatican Media, 11-10-2026

P. Jesús Sánchez Adalid: «Tras una Experiencia Cercana a la Muerte dicen que la muerte no existe. Quien regresa vive intensamente, ama más, intenta solucionar algunos daños pero ya no se sienten de aquí»

El sacerdote Jesús Sánchez Adalid ha escrito el libro 'Buscando la luz' en el que profundiza sobre la Experiencia Cercana a la Muerte con numerosas testimonios

* «Algunos empiezan a venir a misa, modifican muchas de sus costumbres y el trato con otras personas, eran más benevolentes, más tolerantes, capaces de perdonar... Perdía sentido el prestigio, el dinero, incluso algunos cambiaban de amistades buscando a personas más espirituales»

Vídeo del sacerdote Jesús Sánchez Adalid que habla de la Experiencia Cercana a la Muerte (ECM) en el programa 'Ecclesia es domingo' de 13 TV

Camino Católico.-  La vida después de la muerte es una de las inquietudes que ha rodeado al Hombre a lo largo de su historia. Los católicos tienen la respuesta, pero... ¿qué ocurre con esas personas que han tenido una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte)? ¿Qué ven? ¿Cómo regresan? ¿Cómo les cambia haber estado en el más allá durante un tiempo limitado?

Todas las respuestas las ofrece el sacerdote Jesús Sánchez Adalid en su libro 'Buscando la luz', donde comienza haciendo referencia a las ECM, y evoluciona hacia sus explicaciones y el significado de la luz, tan arraigada al cristianismo. “No es un tratado sobre el más allá ni lo que hay después de la muerte”, ha aclarado en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV. Y subraya que “después de una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM) dicen que la muerte no existe. Eso me desconcertaba. Quien regresa vive intensamente, ama más, intenta solucionar algunos daños pero ya no se sienten de aquí".

Los médicos reconocen que existe ECM cuando en un paciente desaparecen las constantes vitales y el corazón deja de funcionar: “Primero hay una salida del cuerpo de la camilla, algunos me han contado la operación que le estaban haciendo en ese momento, lo que habían conversado los médicos... Inmediatamente después puede haber un túnel, un cambio de situación, de realidad... Suele haber una música que armoniza esta realidad y te produce una paz indescriptible”, ha detallado Sánchez Adalid.

Finalmente, la persona conversa con un ser de luz o una voz que identifica, pero no sabría decir a quién le pertenece. Es el momento en el que la vida de la persona pasa por delante. “Es un mosaico donde están todas las escenas de su vida y las reconocen perfectamente. Ves las veces que has herido a los demás, los pensamientos de la persona en ese momento, el mal que has hecho y el bien que has dejado de hacer. Un examen de conciencia inesperado y asombroso”, subraya.

'Buscando la luz' parte de una experiencia personal del propio Sánchez Adalid a lo largo de sus 35 años de sacerdocio. Más de tres décadas en las que ha conocido las experiencias de personas que han experimentado una ECM.

En un primer momento no le dio excesiva importancia, aunque con el tiempo suscitó su curiosidad y comenzó a investigar. “Me contaban personas, en medio confesión, que habían tenido un accidente o un infarto y se encontraron al borde de la muerte y tuvieron una serie de experiencias que no eran fáciles de describir porque no forman parte de la realidad cotidiana. Aparecen otros colores, formas... no es fácil de explicar”, afirma.

Lo que más llamó la atención de Sánchez Adalid es el cambio en el patrón de vida de estas personas que han atravesado el muro. “Algunos empiezan a venir a misa, modifican muchas de sus costumbres y el trato con otras personas, eran más benevolentes, más tolerantes, capaces de perdonar... Perdía sentido el prestigio, el dinero, incluso algunos cambiaban de amistades buscando a personas más espirituales”, ha explicado.

Sánchez Adalid ha conocido cientos de testimonios que ahora comparte en 'Buscando la luz'. Uno de los más impactantes tiene como protagonista a Andrea y sus padres.

“Andrea me cuenta que su madre está en el hospital muy grave y me pide rezar por ella. Rezamos y me comunica que su madre prácticamente ha fallecido, con un hilo de vida. Al día siguiente llamo y me dice que su madre se está recuperando. Pensé que era la mejoría antes de la muerte. Pero se repone totalmente, vuelve a casa y cuenta a su hija cosas que ha vivido en el hospital. Andrea cree que ha perdido la cabeza y viene a hablar conmigo. La madre le dice que había salido de su cuerpo, que se ha visto en su cama, que había estado con su padre que murió hacía años y un hermano de ella. Tuvo deseo de irse con su familia y traspasar una suerte de pared que se encuentra al otro lado, pero le dijeron que no, que Andrea y sus nietos la necesitan y regresó”.

Testimonios similares a los de Andrea los puede contar por cientos Jesús Sánchez Adalid. En este sentido, lamenta que otros muchos que han experimentado una ECM no lo cuentan por miedo al rechazo. “Es algo tan difícil de explicar que consideraban que habían perdido la cabeza o tenían una esquizofrenia”, recalca.

Oración por la salud del Papa León XIV, que ha pedido nuestra intercesión mientras se prepara para someterse a una cirugía esta semana.


 

Devrim era musulmana y soñó con un anciano de blanco: «Soy Juan, San Juan, todo irá bien»; era Juan XXIII que le cambió la vida y se bautizó católica

San Juan XXIII reza con una niña enferma, en una de sus fotos más conocidas

* «Cristo sólo espera nuestro sí para hacerse compañero de nuestra existencia. Ese vacío que sentía en mi corazón de joven en Turquía ha sido colmado por su presencia amorosa. Ahora que soy cristiana me doy cuenta de que el bautismo no es el final de un camino, sino un nuevo inicio, y soy feliz de poder decírselo a todo el mundo»

Camino Católico.-  Devrim era una chica turca y musulmana que no conocía nada del Papa Juan XXIII: ni su nombre, ni su aspecto, ni su existencia ni mucho menos que este Papa había vivido 3 años en Turquía.

Y sin embargo, por alguna razón el Papa Roncalli quiso participar en su vida de forma asombrosa muchos años después de fallecido. La historia, que se publicó primero en una web en italiano dedicada al Papa Juan XXIII, se puede leer en el libro de testimonios Cristianos venidos del Islam (LibrosLibres, 2007). La Iglesia celebra la fiesta de San Juan XXIII cada 11 de octubre.

Una joven turca que buscaba a un Dios cercano

Devrim nació y vivió en Turquía hasta los 29 años. Su familia era musulmana y creyente, aunque integrada en el estilo de vida más laico de la Turquía moderna, poco fervorosa.

“Mis padres me hablaban de nuestro grande y único Dios. Repetían que el Corán es la revelación última y definitiva. Que el Islam es la mejor religión, pero que debemos respetar a quienes profesen otra. Yo rezaba sola. Rara vez iba a la mezquita. No me consideraba una persona especialmente devota pero, al mismo tiempo, sentía un fuerte deseo de un Dios con el que dialogar. Había un vacío en mi corazón, pero no lograba comprender como podía colmarlo”.

Un novio en Italia

A los 29 años Devrim se instaló en Italia, como intérprete en una empresa de envíos internacionales. Allí conoció a un chico siciliano, Beppe, se enamoraron y se casaron por lo civil. Pero con el tiempo, entendieron que deseaban que Dios bendijera su amor, y acudieron a su parroquia de Verona.

A Devrim se le abría un mundo al escuchar cómo el párroco, Don Francesco, le presentaba al Dios cristiano.

“Su hablar de Dios como amigo, como compañero de la vida cotidiana del hombre, hacía crecer en mí la curiosidad hacia el catolicismo, hacía centellear ante mis ojos una divinidad cercana, concreta y fascinante. Don Francesco repetía que Dios es como una luz siempre encendida fuera de la ventana y que es suficiente abrir para que entre en nuestra casa. Y yo me preguntaba: ¿alguna vez he abierto realmente mi ventana?”

Pero ella aún no pensaba hacerse cristiana. Sólo quería una boda cristiana con su marido católico.

En principio la fecha estaba establecida para el 7 de octubre del 2000, pero en agosto comunicaron desde la Curia diocesana que habían surgido “dificultades” en el expediente, nunca detalladas, que bloqueaban el proceso.

Beppe se enteró mientras estaba en Sicilia repartiendo invitaciones a su familia. Devrim lloraba en Verona: ¿estaba Dios en contra de bendecir su unión?

Y entonces tuvo el sueño.

"Un anciano de blanco con grandes orejas"

“Una noche tuve un sueño que quedó nítidamente impreso en mi mente cuando desperté. En el dormitorio estaba un hombre anciano, vestido de blanco, un poco inclinado sobre sí mismo por la edad, con grandes orejas, grandes mofletes y los dientes ligeramente torcidos, que me miraba sonriendo”.

- ¿Quién eres? –preguntó Devrim en el sueño.

- Soy Juan, San Juan –dijo el anciano, poniendo su mano sobre el hombro de ella. –No temas, todo irá bien.

“A la mañana siguiente recibo una llamada del párroco: nuestra petición de matrimonio había obtenido la aprobación directamente del obispo de Verona, monseñor Flavio Carrazo”.

Devrim entendió que había sido algún tipo de sueño premonitorio, pero no lo contó porque no entendía quién era el viejecito de blanco.

Pero unos días más tarde, domingo, viendo la televisión, vio una ceremonia en la Plaza de San Pedro: el Papa Juan Pablo II estaba proclamando un beato, se desenrollaba un tapiz y aparecía el rostro del viejecito desconocido con el que había soñado.

“Beppe, ¡ven a mirar! ¿Ves ese rostro en la tela? ¡Es él, es el viejecito con el que soñé hace unos días!”, grita a su marido.

Así apareció el rostro de Juan XXIII en el tapiz de la beatificación el 3 de septiembre del 2000.

Beppe no sabía nada del sueño, pero sí conocía al viejecito. Explicó a la joven turca que ese hombre anciano era el difunto Papa Juan XXIII… y ahora la Iglesia lo proclamaba beato.

Un escalofrío recorrió la espalda de Devrim. Y quiso saberlo todo sobre Juan XXIII.

Un Papa que vivió en Turquía

En primer lugar quería fotos, más fotos, para compararlo con el anciano de blanco de su sueño.

Después descubrió asombrada que ella no fue la primera turca que interesó a Juan XXIII: había vivido en Estambul de 1934 a 1937, en la nunciatura, y durante años y años rezó por Turquía y su pueblo.

“Nada de coincidencias, son signos de la misteriosa presencia de Dios en mi vida”, diría después. “¿Por qué una mujer musulmana iba a soñar con un santo del que ni siquiera conocía su existencia?”, planteó.

Después de la boda religiosa, Devrim quiso saberlo todo sobre la Iglesia, la fe católica y Jesús. Acribilló a preguntas a amigos y parientes. Finalmente se apuntó a un catecumenado con su párroco.

Cuando en 2005 nació su hija, la pequeña Anna, ambas, madre y niña, fueron bautizadas en la Vigilia Pascual, el 26 de marzo de ese año.

Desde el día de su boda, una foto de Juan XXIII está en la mesilla de noche de Devrim y Beppe.

Y ella habla de su relación con Cristo: “Él sólo espera nuestro sí para hacerse compañero de nuestra existencia. Ese vacío que sentía en mi corazón de joven en Turquía ha sido colmado por su presencia amorosa. Ahora que soy cristiana me doy cuenta de que el bautismo no es el final de un camino, sino un nuevo inicio, y soy feliz de poder decírselo a todo el mundo”.

San Juan XXIII fue canonizado por el Papa Francisco en abril de 2014.

Testimonio publicado en Camino Católico en 2014, republicado con correcciones menores

Pablo García y Lola Sánchez tienen 6 hijos, 3 de ellos adoptados con necesidades especiales: «Abrazamos el plan de Dios, el plan B, de bueno; ojalá cada día podamos abandonarnos más a la voluntad del Señor»

Pablo García y Lola Sánchez con sus seis hijos / Foto: Elena M. Tascón - ECCLESIA

* «Nunca me he enfadado con Dios. He sufrido, pero he dicho: ‘Dios sabrá’. Recuerdo una vez que una catequista me dijo: ‘Estás amargada porque quieres ser madre de hijos perfectos, y a lo mejor Dios te llama a ser madre de los que nadie quiere’... Ojalá cada vez seamos un poco menos yo y más Dios. Porque donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia»

Vídeo de 13 TV en el que Lola Sánchez cuenta su testimonio en marzo de 2025, cuando todavía tenía 5 hijos y estaba cercana la adopción del sexto

Camino Católico.-  Durante el encuentro del Papa con los presidentes de conferencias episcopales se escucharán varios testimonios de familias. Luis Rivas en ECCLESIA ha acompañado una tarde a los García Sánchez, testimonio de vida cristiana. Tienen seis hijos, tres con discapacidad: «Abrazamos el plan de Dios. El plan B, de bueno»

En el amplio y luminoso salón de un piso en Madrid, el silencio no es ni tan siquiera un recuerdo. El espacio, organizado de manera impecable y desahogada, permanece saturado de voces en sus diferentes etapas de la infancia, el arrastrar rítmico de un andador y risas imprevistas. Es una tarde cualquiera. Pablo García, director de Tecnología de una compañía de reciclaje, cruza el umbral de su hogar tras una intensa y estimulante jornada laboral. Viene de un entorno profesional dinámico y exigente, donde prima la eficiencia.

Pero en esta casa, esa lógica se desmorona de inmediato. Desde el pasillo, Bubi, su hija china con síndrome de Down, se acerca y le grita «¡Hola, papá!» con la voz más graciosa que uno pueda imaginar. Bubi lanza besos, aplaude y choca. Las fatigas y enfados de su padre se deshacen en una sonrisa. Lola Sánchez, la mamá, reconoce que «es la única persona en el mundo capaz de quitarle un cabreo a mi marido a las 12 de la noche».

En el hogar de los García Sánchez, seis hijos —Teresa (19), Pepe (14), Juan (13), Roque (9), Bubi (4) y Marifree (3), «más uno que está en el cielo» desde las ocho semanas, como apunta siempre Teresa—, conviven desafiando las convenciones sociales y los proyectos de vida. Lola define estas vueltas de tuerca como su motor personal: «Mis redes sociales —que utiliza para dar testimonio de su vida familiar en Cristo y de que se puede ser plenamente feliz en las necesidades especiales— se llaman Abrazando el plan B, porque, en nuestro caso, nada ha sido el plan A, el mío. Todo ha sido un plan B, el de Dios. El bueno».

En su matrimonio de dos décadas —Lola acaba de cumplir 43 años y Pablo tiene 44—, la gracia ha transformado el desorden en gloria de Dios, a través de una fe de cada día en la debilidad y el disfrute, en la autenticidad y los imprevistos. Porque la historia de Pablo y Lola no escapa a los pecados de juventud.

Él, quinto de 11 hermanos y «un desastrillo en los estudios», jamás pensó en familias, y mucho menos numerosas. Lola, en cambio, procedía de un hogar pequeño de dos hermanos y tenía un solo sueño en la vida: «Ser madre». Ambos coincidían en encuentros del Camino Neocatecumenal, donde se encontraban y desencontraban sin mayor compromiso. «Hacíamos lo que nos daba la gana», recuerda ella. «Estábamos, por así decirlo, desordenados, porque, cuando no sabes usar tu libertad, acabas en el libertinaje, y todos sabemos que esto no te encamina a la felicidad».

El cambio

Y así, hasta que, sobre los 18 años, una convivencia sobre la encíclica Humana Vitae y la Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II les despejó el horizonte. Lejos de sonarles a exhortación, les voló la cabeza como una liberación hermosa. «Me sentí muy querido por la Iglesia», recuerda Pablo, «al tomar conciencia de cómo mi cuerpo está habitado por el Espíritu Santo». Les cambió la vida: iniciaron «un noviazgo realmente sanador», en el que la Iglesia actuó como madre: «Cuando has hecho de tu libertad y de tu capa un sayo, tienes muchas heridas, y curar eso requiere mucha misericordia», admiten los dos.

Se casaron jóvenes, abriéndose camino en el mundo laboral desde muy pronto con gran esfuerzo. Pablo metía cable para una empresa de telecomunicaciones, mientras Lola era secretaria. Pero tenían claro su faro y destino: querían formar una familia cristiana. Su evolución y crecimiento profesional con el paso de los años —con Lola forjando una sólida carrera en una gestora de fondos de inversión, y Pablo como director de tecnología— lo interpretan como una clara provisión de Dios: «Todo es por un sí con rectitud de corazón».

La familia García Sánchez al completo / Foto: Elena M. Tascón - ECCLESIA

Los hijos

Teresa, la primogénita, nació pronto. Un regalo del Señor al que no acompañaron más. «Los hijos no llegaban», cuenta Pablo, visiblemente afectado. Tuvieron un diagnóstico médico de esterilidad y tres años de sufrimiento conyugal, hasta que descubrieron un don entre tanto dolor: «Nunca me he enfadado con Dios. He sufrido, pero he dicho: “Dios sabrá”», reconoce Lola. «Recuerdo una vez que una catequista me dijo: “Estás amargada porque quieres ser madre de hijos perfectos, y a lo mejor Dios te llama a ser madre de los que nadie quiere”. No le di mucha importancia, pero aquello fue madurando en mi corazón y acabó encendiendo el deseo de adoptar niños con necesidades especiales», agrega.

En un primer momento, Pablo se resistió con las dudas habituales sobre su capacidad para querer del mismo modo a un niño adoptado y, además, uno de los no llamados a «triunfar» en el mundo. Pero Lola, «que puede llegar a ser tremendamente insistente», inició entonces una campaña de «publicidad subliminal» dejando folletos y revistas estratégicamente por todos los lugares que frecuentaba su marido. Finalmente, «pudiendo negarme una vez más, acabó respondiéndole: “Lo voy a rezar durante un fin de semana”. No sé por qué dije aquello, pero lo dije», rememora él. Y se retiró a un convento en Córdoba para discernirlo. Allí, el prior, sin saber lo que traía en su corazón, le espetó: «La voluntad de Dios nunca es fácil, pero te da la paz». Esa paz de la aceptación le acompañó durante todo el viaje de vuelta en el tren. Entregaron los papeles para la adopción el 1 de febrero de 2012. El 20 de julio de 2012 llegó Pepe. «El Señor siempre te supera: mi gran sueño había sido tener un hijo rubio y de ojos azules. Pues toma: Teresa era —y es— supermorena. Y ahí, al ver a su bebé de cuatro meses, rubio, con ojos azules y síndrome de Down, me sentí desbordada por la emoción. Tanto que no pude sostenerlo y tuvo que cogerle Pablo», relata Lola.

«Cuando me dieron a Pepe», recuerda Pablo, «sentí que el fracasado era yo. Sentí que la paz volvía a mí, que todas esas ideas malas que había ido acumulando se iban volando y que las piezas del puzle recobraban su sitio». A sus 14 años, Pepe juega al rugby y se acaba de apuntar a fútbol, superando barreras que su padre nunca logró traspasar.

Al mes y medio de la adopción de Pepe y, para total pasmo de la ciencia médica, Lola se quedó nuevamente embarazada. Dios daba otra vuelta de tuerca: «Con ese embarazo, el Señor parecía querer decirme: “Confía, porque mi proyecto es mejor… Hago lo que quiero, soy el dueño de la vida y de la muerte”». Al año de nacer Juan, llegaría Roque, el tercer hijo natural de la familia, mientras las pruebas confirmaban el diagnóstico de infertilidad de la pareja. 

En esta especie de juego de los planes, durante la pandemia de 2020 fue Pablo quien sugirió volver a adoptar. Pero en esta ocasión, Lola, quien se veía con la vida ya encarrilada, ofreció resistencia: «Me salió mi pereza, mi egoísmo… ya tenía la faceta de madre cubierta con cuatro hijos. Además, iban creciendo y ya empezaba a ver la luz». El combate entre inquietud y resistencia fue intenso en la pareja, hasta que, de nuevo, unas palabras providenciales movieron la voluntad. Una noche, ante sus negativas, Pablo le dijo a su mujer: «Qué fácil es abortar a los hijos del corazón, porque, total, no estás matando a nadie».

Fragilidad y confianza en Dios

La respuesta a la caída del caballo fue Bubi, una niña china con síndrome de Down y problemas importantes: sonda, hipertensión pulmonar y una cardiopatía incurable. Padece disfagia y se ahoga con su saliva, requiriendo reanimaciones serias. «Yo he visto a mi hija azul hasta el cuello, eso no me echa para atrás», afirma Lola. En 2024, tras una sedación rutinaria en el hospital para una infección de oído, Bubi sufrió una crisis de hipertensión pulmonar al ser desentubada. Lola vio a su hija ponerse azul y fría: «Fue el minuto más largo de mi existencia —relata entre lágrimas—. Le dije a la Virgen María: “Yo ya no puedo hacer nada. O lo haces tú, o yo hasta aquí he llegado”».

Pablo, que se encontraba de viaje de trabajo, recibió las noticias con angustia: «En ese momento, depositas tu falta de fuerza donde ya no llegas. Personalmente, sentí una paz profunda al decir: “Señor, tú sabrás. Nuestra misión es llevar a nuestros hijos al cielo”». Bubi sobrevivió, y aquella experiencia traumática supuso una liberación para su madre: «Ahí descubrí que Dios también está detrás del sufrimiento. Aprendí a dejarlo en sus manos, a confiar… y a vivir».

El último giro de guion llegó el año pasado con Marifree. Durante sus oraciones, y a pesar de o precisamente por su conocimiento de la discapacidad, Lola siempre le había pedido al Señor: «Lo que tú quieras, Dios mío, pero no me des una parálisis cerebral». Tras comprometerse, a la niña le fue diagnosticada, precisamente, una parálisis cerebral pocos días antes de la entrega. 

La de Marifree está siendo su adopción más difícil. Como su madre intuía al querer evitar esta situación, la niña arrastra frustraciones por una rigidez física que exige disciplina constante. Lola asume el papel, durísimo, de ser «la mala de la película» para exigirle avances que le hagan bien. «Me ha costado mucho aceptar esto. Pero un sacerdote durante una confesión me dijo una vez: “El bien que hagas y el mal que recibas te sirvan como redención”. Y es exactamente esto, porque esta niña es una oportunidad de hacer el bien. Yo no siento que haga el bien por amar a mis hijos o adoptar niños con necesidades especiales, pero con Marifree estamos sufriendo mucho. No es fácil amar sufriendo, por eso estamos haciendo un bien». Esta hija los ha despojado del orgullo que pudiera quedarles, pues sacarla adelante «es para la gloria de Dios, no para la nuestra», afirma Lola. 

La prueba de la enfermedad

El pasado 16 de julio, la realidad de los García Sánchez volvió a sacudirse. De manera providencial, tras un dolor estomacal fortuito, los médicos descubrieron un tumor maligno en el riñón de Lola. Un cáncer silencioso, que nunca da la cara y que, gracias a esa «diosidad» que llevó al enfermero a hacer una prueba que no debía hacer y que nunca se hace, fue descubierto. Del dolor de barriga nunca más se volvió a saber.

«Podría pensar que Dios me ha elegido para tener un cáncer, y podría enfadarme. Pero no me he enfadado. Soy la mimada del Señor a la que se lo encuentran, la mimada de los planes b», relata Lola. Al quirófano entró con una estampa de la oración «Ocúpate tú», que invita a descargar las angustias de la vida en Cristo. «Cuando ya no dominaba mi pensamiento por la anestesia, vi un monte, al buen ladrón y a Jesucristo crucificado. No vi a nadie más y me dormí», narra. «Al despertar, me encontré ante un fondo blanco de resplandor cegador. Volví a ver a Dimas y a Jesús. El buen ladrón repetía: “Acuérdate de mí”, mientras Cristo, desclavando sus brazos, se inclinaba con ternura y tiraba de él hacia arriba. Durante esta experiencia que vieron mis ojos cuando no controlaba mi mente, sentí la presencia de Chema, nuestro párroco —fallecido una semana antes—, que me susurraba: «¿Te das cuenta de lo que hace Dios contigo? Dios no solo te recoge porque eras la oveja perdida, también te da pasto verde. Él se supera siempre».

Al subir a planta, lloró ante su madre y su esposo. No por dolor, sino por la revelación: «Dios me ha hablado y me ha contestado a aquello que llevo toda la vida queriendo saber», les dijo. Había vivido bajo la tensión de tener que «hacer» cosas para Dios, de justificar su salvación con sus propias fuerzas. En el quirófano, la respuesta fue: «Solo necesito que tengas la suficiente humildad para decirme: “Acuérdate de mí”». «No eligió a un apóstol. Me presentó al buen ladrón, a mí, con todos mis pecados. Él no era un santo; solo reconoció que Jesús era Dios y que lo necesitaba. Eso es lo único que Dios espera de mí», reconoce.

Esta es la teología cotidiana de su casa. Aprendida con sangre en el cuidado de los hijos y en la aceptación de los límites. Para Pablo y Lola, la adopción y la apertura a la vida no son heroísmo, sino el camino para experimentar una alegría que el mundo, con sus promesas de felicidad fácil y descarte del débil, es incapaz de comprender. «Ojalá cada día podamos abandonarnos más a la voluntad de Dios», concluye ella. «Ojalá cada vez seamos un poco menos yo y más Él. Porque donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia».