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martes, 28 de julio de 2026

Dos nuevos milagros atribuidos a San Charbel en 2026: La abogada Georgianne Walker de EEUU sanada de una seria infección en el abdomen y la libanesa Racha Charbel de un tumor en la columna vertebral

Monasterio de San Marón, Annaya (Líbano), donde se encuentra el santuario y la ermita de San Charbel | Foto: ABBOUD AZER - Shutterstock.

Camino Católico.-  A principios de 2026 fueron reportados dos nuevos milagros atribuidos a la intercesión de San Charbel: uno en Estados Unidos y otro en el Líbano, ambos relacionados con la curación de dos mujeres contra toda expectativa médica, según publica ACI Mena.

Venerado por los fieles como el "médico del cielo", San Charbel está asociado ahora con más de 30.000 milagros reportados. Desde su ermita en las montañas del Líbano hasta las habitaciones de hospitales, su intercesión continúa llegando a los necesitados, trascendiendo fronteras, culturas y generaciones.

Un caso de sanación en Estados Unidos

La abogada Georgianne Walker, nacida en 1975 en South Bend, Indiana, relató que se sometió a una cirugía abdominal en diciembre de 2024, la cual fue seguida pronto por una seria infección en la parte inferior del abdomen. Esta le causó un dolor intenso y una ansiedad persistente, requiriendo seis semanas de tratamiento con antibióticos. Si bien los síntomas disminuyeron gradualmente, la herida quirúrgica permaneció abierta, inflamada y sin cicatrizar.

A pesar del cercano seguimiento por parte de su cirujano y otros profesionales médicos, la herida no mostró mejoría. Durante diez meses, Walker cambió sus vendajes a diario debido al sangrado continuo. Al no observarse mejoría, su cirujano finalmente concluyó que era necesaria una segunda operación para extirpar el tejido inflamado y programó una nueva cirugía.

En septiembre de 2025, Walker contó que recibió la visita de George Issa, un amigo libanés que había sanado por intercesión de San Charbel Makhlouf tres años antes. Issa trajo consigo un pequeño frasco de aceite de San Charbel y la animó a orar por su intercesión y ungir su herida con el aceite.

El uso del aceite bendito ha sido una práctica arraigada en la tradición cristiana oriental y continúa hasta nuestros días. En el caso de San Charbel, esta antigua costumbre permanece activa. Los monjes del Monasterio de San Marón en Annaya continúan bendiciendo el aceite con las reliquias del santo y lo distribuyen a los fieles que piden su intercesión para la curación y otras gracias.

Walker relató que rezó y aplicó el aceite a la herida, tras lo cual sanó por completo. Dijo que tuvo una recuperación completa y ya no fue necesaria la segunda cirugía. Para la abogada, su curación fue por la intercesión de San Charbel y agradeció tanto al santo como a Issa. Afirmó que este acontecimiento le cambió la vida.

La curación se registró oficialmente el 17 de enero de 2026.

Una recuperación sin explicación médica

El segundo milagro reportado en el 2026 tuvo como beneficiara a Racha Charbel, quien nació en 1987 en Jezzine, un pueblo de montaña en el sur del Líbano. Ella ingresó en el hospital el 1 de octubre de 2025 debido a un fuerte dolor de espalda. Una resonancia magnética realizada bajo la supervisión de su médico, Christian Atiya, especialista en neurocirugía y cirugía vascular, reveló que tenía un tumor en la columna vertebral identificado como un meningioma, de 2,3 cm de largo y 0,3 cm de grosor.

Según su médico, el tumor no respondía a la medicación, representaba un riesgo para los nervios y vasos sanguíneos raquídeos y solo podía tratarse mediante extirpación quirúrgica. Se programó una resonancia magnética de seguimiento tres meses después para controlar su progresión y se fijó el 7 de enero de 2026 como fecha de ingreso hospitalario en caso de que fuera necesaria la cirugía.

Racha relató que en la noche del 6 de enero puso su mano sobre la imagen de San Charbel que colgaba sobre su cama y, antes de dormirse, pidió al santo que intercediera por su sanación.

En la mañana del 7 de enero de 2026, regresó al hospital para una nueva resonancia magnética. Se le informó que el examen duraría aproximadamente 45 minutos y que podría prolongarse si fuera necesario. La exploración se completó en unos 20 minutos y reveló un hallazgo inesperado: el tumor había desaparecido por completo.

Según Racha, su médico le dijo que no había explicación médica para la desaparición y que un tumor así no podía desaparecer sin intervención quirúrgica.

El 17 de enero de 2026, Racha Charbel realizó una visita de agradecimiento al Monasterio de San Marón en Annaya, donde registró oficialmente la curación y presentó los informes médicos pertinentes. Posteriormente declaró que la experiencia marcó un punto de inflexión en su vida y profundizó su fe.

Un santo y un río de misericordia

El santo libanés, sacerdote y monje ermitaño de rito maronita, era ampliamente conocido por las intercesiones que le atribuían católicos, musulmanes y seguidores de otras religiones, como los drusos. San Charbel falleció el 24 de diciembre de 1898. Fue beatificado por el Papa Pablo VI el 5 de diciembre de 1965 y canonizado por el mismo pontífice el 9 de octubre de 1977.

En diciembre de 2025, el Papa León XIV se convirtió en el primer pontífice en visitar la tumba de San Charbel durante su viaje al Líbano.

León XIV describió la intercesión del santo como “un río de misericordia”, recordando en particular la peregrinación mensual que se celebra el 22 de cada mes en memoria de un milagro concedido a una mujer llamada Nouhad El Chami, una devoción que sigue atrayendo a miles de peregrinos.

lunes, 27 de julio de 2026

Annie: «Tenía que hacerme diálisis de urgencia y dije a san Charbel: ‘Te he rogado tanto y no has hecho nada; ahora tienes que curarme’; Luego, el médico al ver los análisis afirmó: «¿qué has hecho? Ya no necesitas diálisis»

Annie, devota de San Charbel, en el Líbano / Foto: Vatican Media

* Annie, que reza al santo todos los días desde el anuncio de su médico, atribuye su «curación milagrosa» al santo patrón del Líbano. Ella entregó toda la documentación médica al sacerdote encargado de analizar las curaciones en el monasterio, segura de ser la 14ª persona salvada por San Charbel Makhlouf en 2024

Camino Católico.- Annie y su hermana Seta viven juntas en un barrio popular de Beirut. Viuda y sin hijos, Annie no tiene ingresos. Seta, en cambio, trabaja, pero su salario, en millones de libras libanesas, representa sólo unas pocas decenas de dólares mensuales. Demasiado poco para vivir, no lo suficiente para sobrevivir. Annie perdió su trabajo bien remunerado como secretaria en 2004 debido a un estado de salud frágil, víctima del descarte de los más vulnerables en su empresa.

Después de este despido, desarrolló pequeños trabajos, pero nunca recuperó un empleo estable. En 2017, cayó gravemente enferma de cáncer. Sin trabajo ni seguro, la atención médica le era inaccesible. Fueron las Pequeñas Hermanas de Jesús y María quienes acudieron en su ayuda. Gracias a este apoyo, pudo seguir un tratamiento pesado y curarse.

En su pequeño apartamento de tres habitaciones, se ilumina con pilas eléctricas. La compañía eléctrica nacional suministra energía a la ciudad unas dos horas al día. Durante las horas restantes, aquellos que tienen los medios se permiten los servicios de proveedores de electricidad privados, que gestionan gigantescos generadores dispersos por toda la capital, alimentados con fueloil y extremadamente contaminantes. Al moverse por la ciudad, el olor a gasóleo es omnipresente.

Un día a día al céntimo

Hacer las compras, alimentarse, es un rompecabezas diario para las dos hermanas; todo es caro y está fuera de su alcance. Pero el principal problema sigue siendo el acceso a la atención médica. Annie es diabética y necesita tres dosis de insulina cada día. Estos cuidados cuestan 100 dólares al mes. También aquí, la congregación religiosa hace lo posible por ayudarla cuando Seta, la hermana de Annie, no logra encontrar suficiente insulina en los centros de salud públicos. «Le guardo rencor al gobierno», denuncia Annie, «¿en qué país un gobierno no se preocupa por sus ciudadanos?»

Cuando cuenta su historia, tiene lágrimas en los ojos. «Sin embargo, siempre soy optimista», dice, «es cierto que hay momentos en los que veo todo negro, pero me recupero rápidamente» dice a Jean-Charles Putzolu en Vatican News. Además, el año 2026 se anuncia complicado para Annie y su hermana. Las dos mujeres viven en un apartamento de alquiler cuya renta podría aumentar considerablemente a partir de enero, cuando entre en vigor una nueva legislación. Simplemente temen ser desalojadas y realojarse será casi imposible debido a sus bajos ingresos.

Al igual que Annie y Seta, una gran mayoría de libaneses vive por debajo del umbral de la pobreza, en un país que una vez fue calificado como la «Suiza de Oriente». Las dos hermanas están lejos de ser un caso aislado.

Monasterio de san Charbel Makhlouf en el Líbano, donde el Papa León XIV rezó ante la tumba del santo / Foto: Vatican Media

Devota de San Charbel

Antes de su enfermedad, Annie, armenia-católica, se dirigía muy regularmente a la tumba de San Charbel en el monasterio de Annaya, donde el Papa León XIV ha orado el lunes 1 de diciembre de 2025. Rezaba ante el ermitaño maronita. El deterioro de su estado de salud le impidió continuar su peregrinación durante varios años.

El año pasado, sin haber recibido insulina durante tres días, se preocupó. Un análisis de sangre reveló valores alarmantes. Un médico del hospital le pidió que se hiciera diálisis de urgencia. Pero fue imposible encontrar un lugar de inmediato. El sistema sanitario público está saturado.

Mientras esperaba que le dieran una cita, su sobrina la visitó y le ofreció una imagen del santo maronita; ella se puso tensa y se molestó un poco: «Me dirigí a San Charbel mirando la foto. Le dije: “¿por qué no me has ayudado? Te he rogado tanto y no has hecho nada por mí. Ahora tienes que curarme”». Pasaron quince días, y Annie se hizo otro análisis de sangre. No entendió los resultados y dejó que el médico del hospital se ocupara de interpretarlos por ella. «Annie, ¿qué has hecho? Tus valores son normales, ya no necesitas diálisis», le dijo.

Annie, que reza al santo todos los días desde el anuncio de su médico, atribuye su «curación milagrosa» al santo patrón del Líbano. Ella entregó toda la documentación médica al sacerdote encargado de analizar las curaciones en el monasterio, segura de ser la 14ª persona salvada por San Charbel Makhlouf en 2024.

sábado, 23 de mayo de 2026

A sor María Fabiola Villa la Virgen de Fátima la sanó de una pancreatitis incurable y su médico le dijo que era un milagro: «Dios sana el cuerpo pero sobre todo el corazón, porque el milagro es ante todo creer en Él, en su Amor»

Hermana María Fabiola Villa: Sanada de una pancreatitis incurable por mediación de la Virgen de Fátima

* «En la eucaristía en Fátima, Me concentré en la Misa y en el momento de la consagración sentí un dolor insoportable. Estaba a punto de desmayarme y estaba convencida de que iba a morir. Sólo alcancé a tartamudear: ‘Dios, estoy en tus manos’. Cuando el sacerdote levantó la Hostia, el dolor desapareció repentinamente, como si un interruptor la hubiera apagado. No pensé en el prodigio, el milagro. Estaba feliz de estar bien»

Camino Católico.- La revista Maria con te cuenta la historia de sor María Fabiola Villa, que en 2022 tenía 88 años, y cómo la Virgen la sanó de una pancreatitis incurable.El 26 de abril de 1988, después de 14 años de enfermedad y sufrimiento, María Fabiola fue milagrosamente curada de su enfermedad crónica por intercesión de Nuestra Señora de Fátima.

María Fabiola nació en Verderio Inferiore (Lecco) y se unió a la congregación de la familia del Sagrado Corazón de Jesús con solo 18 años.

14 años de enfermedad

Al poco tiempo empezó a sentirse mal: calambres muy fuertes en el abdomen, fiebre alta. La operaron de apendicitis pero la situación no cambió, al contrario, empeoró aún más. Siguió una terapia de purificación del hígado pero su estado de salud no mejoró.

No podía llevar una vida normal. Solo comía pan seco y pasaba todo el día en cama por los dolores que la aquejaban. Después llegó el diagnóstico: pancreatitis crónica incurable.

La ausencia de enzimas pancreáticas que activaran los procesos digestivos estaba causando la destrucción de su páncreas. Era un cuadro clínico desolador.

Con sufrimientos pero contenta

Sin embargo, en el largo calvario de la enfermedad incapacitante que aquejaba a su cuerpo, la religiosa no perdió nunca la fe en el Señor y continuó encomendándose a Jesús y a la Madre Celestial:

"La ferocidad de ese mal nunca venció a la esperanza, nunca me hizo perder el contacto con María. Seguí confiando ciegamente en la Virgen, siendo devota suya. Mientras sufría terriblemente, en mi corazón me sentía libre, gozosa, llena de fe".

Esta es la primera gracia que recibió: la paz del corazón. No maldecía su historia, ofrecía y oraba con el alma serena.

Peregrinación a Fátima

A pesar de los terribles dolores, la religiosa decidió partir en peregrinación a Fátima, pues sentía a Nuestra Señora llamándola.

Los médicos le aconsejaron que no viajara en su estado pero Sor María insistió. No quería darse por vencida.

En la mañana de la partida para someterse a las inyecciones habituales, no pudo participar en la Santa Misa.

"Alguien del grupo que iba a partir para Fátima dijo que la presencia de un paciente tan grave les impediría llegar a su destino. Respondí que moriría a los pies de María. Pero estaba bien que me fuera".

El vuelo llevaba dos horas de retraso y la monja aprovechó para ir a rezar a la capilla del aeropuerto:

"Allí vi una cruz con un Cristo estilizado que me impresionó particularmente. Y me vino espontáneamente dirigirme a Jesús diciendo: "Jesús, yo también estoy en esa cruz… voy a tu madre -le dije de nuevo a ese Cristo en la cruz- pero no me escuches, escucha siempre a tu madre".

Una canción en honor a María

Una vez en Fátima, los peregrinos se reunieron para cenar, pero sor María Fabiola se encontraba mal.

Deseaba ir a visitar el santuario pero no era posible. Así que en el vestíbulo del hotel decidió cantar una canción en honor a la Virgen e invitó a los demás huéspedes a hacer lo mismo.

En poco tiempo se formó un coro que alababa unido con entusiasmo y fe:

"Había una energía especial en el aire. Lo recuerdo bien".

26 de abril de 1988: Su vida cambió

Al día siguiente, 26 de abril de 1988, la monja fue finalmente a la iglesia a ver a la Virgen de Fátima. Y ahí sucedió el milagro.

Con palabras llenas de asombro, emoción y agradecimiento, Sor María Fabiola cuenta:

"Me concentré en la Misa y en el momento de la consagración sentí un dolor insoportable. Estaba a punto de desmayarme y estaba convencida de que iba a morir. Sólo alcancé a tartamudear: "Dios, estoy en tus manos". Cuando el sacerdote levantó la Hostia, el dolor desapareció repentinamente, como si un interruptor la hubiera apagado. No pensé en el prodigio, el milagro. Estaba feliz de estar bien".

"Nuestra Señora de Fátima me tomó en sus brazos"

“Nuestra Señora de Fátima me había tomado en sus brazos y me había dado la gracia de curarme”, dice Sor María que no confió a nadie lo que había vivido. Permaneció en un gozoso silencio para disfrutar de los frutos de este repentino bienestar redescubierto.

Comió con todos sin sentirse mal, participó en viajes y excursiones, dejó de tomar medicinas.

Al regresar a casa, su médico le dijo que se ha recuperado por completo, que había sido un milagro:

"Volví a Fátima para agradecer a María, para contarle a la gente lo que me había pasado, para hablar de cómo el Señor usa a los pobres como yo, cómo Dios sana el cuerpo pero sobre todo el corazón, cómo nos muestra un camino hacia la alegría. Porque el milagro es ante todo creer en Él, en su Amor".

jueves, 21 de mayo de 2026

Róża Falkiewicz, monja sanada en Nochebuena por intercesión del Beato Jerzy Popieluszko de un grave eccema de contacto: «Las dolencias de antes del milagro nunca volvieron a aparecer; es una gracia de Dios»

Beato Jerzy Popieluszko

* La religiosa sufría inflamación constante de la piel de las manos y los dedos, y el contacto con jabón, champú o productos químicos le provocaba llagas. El dolor era tan intenso que no podía ni siquiera sostener un bolígrafo, y mucho menos lavarse, fregar los platos o limpiar; los detergentes le quemaban la piel. Ella misma dice que «me quedé impactada porque mis heridas sanaron por completo de repente. Mi piel quedó totalmente tersa, totalmente sana. Y así sigue hasta el día de hoy. Incluso puedo usar detergentes y lavavajillas»

Camino Católico.- Al Beato Jerzy Popieluszko, sacerdote y mártir, un "ardiente pastor de la clase trabajadora y del servicio de salud", que fue torturado y asesinado por agentes de la dictadura comunista polaca en 1984 se le atribuyen muchas sanaciones.Una de las curaciones atribuidas a él es la de Róża Falkiewicz, religiosa Ursulina que se encomendó a su intercesión ante una enfermedad debilitante, un eccema de contacto. El testimonio se cuenta en el libro "Los nuevos milagros del padre Jerzy Popiełuszko".

La hermana Róża Falkiewicz reside en el convento de las Ursulinas de la Unión Romana en Breslavia. Filóloga polaca de formación, dedicó años a la educación de niños y jóvenes. Primero en Cracovia, donde fue mentora de estudiantes que vivían en una residencia de monjas; luego en Varsovia; y finalmente en Kiev, Ucrania, donde impartió clases en el seminario y enseñó catequesis en la escuela durante muchos años. Desde 1996, padecía una enfermedad debilitante: eccema de contacto. Sufría inflamación constante de la piel de las manos y los dedos, y el contacto con jabón, champú o productos químicos le provocaba llagas. El dolor era tan intenso que no podía ni siquiera sostener un bolígrafo, y mucho menos lavarse, fregar los platos o limpiar; los detergentes le quemaban la piel.

«Pasaron los años, pero el tratamiento no dio resultado, no hubo mejoría y mis manos seguían sangrando», recuerda la hermana Róża. Ya entonces, se interesaba por la vida y la obra del padre Popiełuszko y rezaba fervientemente por su beatificación. A él le confiaba todos los problemas difíciles que encontraba en su vida, incluso los relacionados con otras personas.

Esto también ocurrió el domingo 13 de diciembre de 2000, cuando participó en la ceremonia de inauguración del busto del padre Jerzy en el Parque Jordan de Cracovia.

«Recuerdo bien aquel día: llegaron delegaciones de empleados de la acería de Varsovia y otros grupos vinculados al padre Popiełuszko; se reunieron representantes de muchas parroquias de Cracovia, autoridades municipales y clérigos. Solo el cardenal Franciszek Macharski no pudo asistir, a pesar de que debía bendecir el monumento, pero enfermó», cuenta la hermana Róża.

La ceremonia tuvo un carácter religioso, con himnos y oraciones . «Le pedí sinceramente ayuda al padre Popiełuszko. Al ver mis manos enyesadas y sangrantes, le mencioné tímidamente que tal vez intercedería ante Dios por mí y obtendría la gracia de la curación», recuerda la monja. También le rogó al padre Jerzy que intercediera para salvar la salud de una estudiante a la que conocía bien del dormitorio. Le confió su vida a Popiełuszko.

Pasaron diez días y llegó la Nochebuena. La hermana Róża confiesa: «Me quedé impactada porque mis heridas sanaron por completo de repente. Mi piel quedó totalmente tersa, totalmente sana. Y así sigue hasta el día de hoy. Incluso puedo usar detergentes y lavavajillas. Estoy profundamente convencida de que el padre Popiełuszko intercedió por mí y me concedió una curación milagrosa».

A partir de entonces, la monja visitaba con regularidad la tumba del bienaventurado mártir. «Me encantaba visitar el antiguo apartamento del padre Popiełuszko, y allí, la señora Katarzyna Soborak, quien, con gran dedicación, siempre me contaba detalles de la vida del padre Jerzy, mostrándome diversos recuerdos, fotos y manuscritos», recuerda la hermana. La señora Katarzyna también recuerda con cariño estos encuentros: «Recuerdo muy bien cómo la hermana Róża vino a nuestro Centro, al antiguo apartamento del padre Jerzy, y cómo me contó sobre su curación milagrosa. Le pedí que escribiera el milagro que había experimentado. Añadí su testimonio a la colección de todas las gracias y curaciones extraordinarias».

«Las dolencias de antes del milagro nunca volvieron a aparecer», asegura la religiosa.

Cabe destacar que, en diciembre del año 2000, el Beato Jerzy Popieluszko obtuvo una segunda gracia para la monja: una estudiante por la que la Hermana Róża había rezado sanó física y espiritualmente. La joven cursaba su segundo año de universidad. Anteriormente había padecido una grave enfermedad y se sometió a un largo tratamiento, sin éxito. La Hermana Róża la ayudó en todo lo que pudo, la apoyó y le dedicó su tiempo. Finalmente, la estudiante abandonó sus estudios y la residencia. Justo cuando la monja la estaba confiando al Padre Popiełuszko en Cracovia, la estudiante sufrió un trágico accidente (la hermana prefiere no dar detalles y solicita confidencialidad). Tuvo que permanecer en casa con sus padres durante varios meses. «Se recuperó, sin embargo, y no quedó rastro del accidente; retomó sus estudios. Experimentó una transformación interior tan profunda que a sus compañeros les costaba creer que fuera la misma chica», recuerda la Hermana Róża. «Le dije que el padre Popiełuszko era su santo patrón, que la había rescatado de la opresión y que había rezado por su salud. Ella se interesó por su vida».

 «¡En absoluto me siento elegida! Considero la sanación como una gracia de Dios. Y la gracia es gratuita, no algo por lo que se paga. La gracia es simplemente gracia», admite la hermana Róża. En sus palabras no hay rastro de orgullo, solo sencillez, humildad y profunda gratitud.

martes, 7 de abril de 2026

Sachini Dilshani era budista: «Sufrí una afección cutánea persistente con 30 heridas sangrantes, busqué la intercesión de la Virgen María para pedirle a su hijo Jesucristo que me cure, Él me sanó y me he bautizado católica»


Sachini Dilshani Weerakoon recibirá el bautismo y se convertirá en miembro de pleno derecho de la Iglesia Católica el 4 de abril / Foto: Cedida - UCANews

Camino Católico.- Durante su adolescencia, Sachini Dilshani Weerakoon sufrió una afección cutánea persistente que le provocaba heridas sangrantes en ambas piernas. Pero ahora, a los 20 años, habla de ello no con dolor ni vergüenza, sino con gratitud.

Durante casi ocho años, esta mujer de Sri Lanka sufrió de ampollas abiertas en ambas piernas casi todos los meses —a veces más de 30 a la vez— que, según los médicos, eran causadas por una enfermedad autoinmune.

Con frecuencia, las heridas se abrían y sangraban, impidiéndole “dormir, trabajar o viajar con libertad”, según cuenta a UCANews. A menudo, esto le provocaba fuertes dolores de cabeza, lo que agravaba su malestar.

En mayo de 2025, Sachini Dilshani Weerakoon afirma que las ampollas dejaron de aparecer, lo que ella considera una cura milagrosa que cambió su vida y su fe. “Creo que Jesús sanó mis piernas por completo”, dice con una sonrisa.

Esta joven contaba los días que faltaban para la Vigilia Pascual del pasado 4 de abril en la iglesia de San Judas Apóstol en Ashokapura, su pueblo, donde fue bautizada como católica.

Ashokapura, situada a unos 225 kilómetros al norte de la capital, Colombo, pertenece a la diócesis de Anuradhapura. La aldea es predominantemente budista, como el resto del país, pero cuenta con 30 familias católicas que conviven con sus 400 familias budistas.

Sachini Dilshani Weerakoon nació en una familia budista y creció practicando el budismo. "Aunque hemos sido budistas durante generaciones, mis padres nos llevaban a la iglesia de San Judas para encender velas", explica.

Estas prácticas son comunes en su aldea, donde el templo budista se encuentra cerca de la iglesia parroquial católica, y católicos y budistas se apoyan mutuamente en sus actividades religiosas. Los aldeanos también celebran juntos las festividades de otras religiones.

“Por eso existe una fuerte amistad entre budistas y católicos”, sonríe Sachini Dilshani Weerakoon. “Encender velas en la iglesia forma parte de la rutina de nuestra familia, especialmente en los cumpleaños —el mío y el de mis padres—, para pedir bendiciones divinas”, dice.

Tras casarse hace dos años con Puthum Lakshan Silva, un católico, comenzó a encender una lámpara de aceite frente a las estatuas de Jesús y la Virgen María durante sus oraciones diarias.

También solía visitar el santuario de Madhu, un santuario mariano en la diócesis de Mannar, en el norte del país, que es frecuentado tanto por católicos como por muchos budistas. “En el santuario de Madhu, busqué la intercesión de la Virgen María para pedirle a su hijo Jesucristo, Dios, que me cure”. Tras una peregrinación, se sintió curada y no le volvieron a salir ampollas. «Me ha curado por completo», afirma.

Tras su sanación, sintió el llamado a convertirse al catolicismo y lo comentó con su párroco, Granville Chrisantha Srilal. Él le aconsejó que asistiera a misa y a clases de religión todas las semanas. Su catequista, Mahesha Manori, dice que Sachini Dilshani Weerakoon está "estudiando con mucha dedicación. Se esfuerza por fomentar el crecimiento espiritual, combatir la soledad y la desesperación, y compartir la fe con los demás”. Por su parte, el párroco asegura que la joven tenía el deseo personal de recibir el bautismo "sin ninguna presión de nadie".

El padrino de Sachini Dilshani Weerakoon, Nicholas Silva, y su madrina, Piyasenage Premalatha, también esperaban con ilusión su bautismo. “Está contando los días para recibir la Eucaristía”, dice Premalatha antes de la Vigilia Pascual.

Su familia también la ha apoyado en su decisión. Su esposo, Pathum Lakshan Silva, afirma que su decisión fue "puramente personal" y que "nunca la presionó de ninguna manera en asuntos religiosos".

La madre de Silva, Piyasenage Ramyalatha, de 44 años, que enseña religión a estudiantes budistas en el templo del pueblo, dijo que la decisión de Sachini Dilshani Weerakoon refleja la libertad religiosa en el pueblo.

Los católicos y budistas del pueblo dan "un ejemplo al mundo al convivir", declara Ramyalatha, quien también enseñó budismo a Sachini Dilshani Weerakoon.

Ramyalatha "nunca se negó a mi conversión al catolicismo", dice Sachini Dilshani Weerakoon mientras pasaba junto al templo budista y entraba en la iglesia para encender una vela.

“Creo en Jesús”, asegura   Sachini Dilshani Weerakooncon firmeza mientras entraba en la iglesia con un paso ligero, como para demostrar que ya no tenía ampollas dolorosas.

David Patterson: «Me enojé por el divorció de mis padres, abandoné la fe, bebía alcohol hasta perder el conocimiento, mi madre rezaba por mí, fui a un retiro, me confesé y 6 meses después Dios sanó mis adicciones»

David Patterson contando su testimonio de conversión 

* «Cuando comenzó la primera charla, el orador captó mi atención. Me habló del amor de Dios. Dijo que ‘un simple “sí” a Cristo cambiará tu vida para siempre’. Continuó: ‘Hoy es 15 de agosto. Corran al Sacramento de la Reconciliación y sean libres. Hagan de hoy el día en que le dijeron “sí” a Jesús’. Me tocó la fibra sensible, porque, más que nada, anhelaba ser libre y sabía que no lo era. Así que esa noche corrí a confesarme. Mientras me confesaba, me sentía cada vez más ligero, y cuando el sacerdote me dio la absolución, me sentí libre. Me sentí transformado»

Camino Católico.- David Patterson, tiene 38 años, vive en Toronto (Canadá) y es el creador del portal Yes Catholic de Canadá, en el que cuenta su poderosa historia de conversión. Este medio cuenta con el apoyo de figuras de la Iglesia en Canadá, como el Arzobispo Emérito Cardenal Thomas Collins de Toronto.

Aunque la madre de David era católica, tras el divorcio de sus padres, él sintió resentimiento hacia su padre y deseaba que este "sintiera su dolor". También empezó a preguntarse "si la gente realmente creía en Jesús".

En noveno grado, pasó un verano en la casa de campo de su padre y terminó involucrándose profundamente con la marihuana, el alcohol y las fiestas. Con su adicción al alcohol llegaba a perder el conocimiento. Cuando regresó a la escuela en otoño, se juntó con malas compañías y continuó llevando una vida imprudente durante la secundaria y la universidad. De hecho, en un momento dado, David le preguntó a un amigo por qué le dolía la cabeza cuando no bebía, y el amigo le respondió: "Tienes los colmillos del lobo. Eres un alcohólico; bienvenido al club".

Afortunadamente, la madre de David nunca dejó de orar por su conversión. Cuando ella le pidió que asistiera a un retiro católico, él accedió a regañadientes y fue allí, que después de confesarse tuvo un encuentro con Dios. Su conversión se produjo el 15 de agosto de 2009, cuando tenía 21 años. Después de crecer seis meses en su relación con Cristo y perseverar en los sacramentos, el Señor le sanó de sus adicciones. Esta es su historia contada en primera persona.

David Patterson junto a su esposa Alexandra y su madre en el evento ‘Lift Jesus Higher Rally’ de 2017 en Toronto, Ontario

«Dios elige a los quebrantados, sana nuestros corazones y nos ama incluso cuando volvemos a caer»

De niño, tenía muchas preguntas sin respuesta sobre la fe. Cuando estaba en noveno grado, quería ver si alguien  realmente  creía en Jesús y en la Iglesia Católica, pero, para ser honesto, no vi a nadie que lo hiciera. Así que pensé: "¿Para qué?". Ya había experimentado mucha confusión y enojo por el divorcio de mis padres, y aunque mi madre seguía intentando animarme —convenciéndome de que hablara con tal o cual sacerdote—, yo ya estaba harto de todo eso, y solo tenía 15 años.

Ese verano, mi vida se fue al traste rápidamente. Me pasé todas las vacaciones bebiendo, fumando y juntándome con malas compañías. Lamentablemente, esa fue una muestra de toda mi experiencia en el instituto. Ojalá pudiera decir que mi época universitaria fue diferente, pero la verdad es que bebía con frecuencia, incluso hasta el punto de perder el conocimiento por culpa del alcohol.

Pero hay algo que debes entender. Aunque yo no pensaba en el cristianismo ni en Jesús, mi madre no había perdido la esperanza en mí. Rezaba por mí. Me insistía constantemente para que fuera a un retiro espiritual, y finalmente, para que dejara de  insistir , cedí.

El retiro no empezó bien. Estaba enfadado y no quería estar allí, así que me senté afuera en el aparcamiento gritándole a mi madre, intentando convencerla de que no quería entrar, deseaba marcharme. En medio del alboroto sentí que me tocaban el hombro y vi a un sacerdote con sombrero de vaquero. Era cariñoso y paciente, y me dijo: ‘Hijo, creo que deberías quedarte’. No solo me calmó, sino que incluso me convenció de quedarme, aunque seguía escéptica.

Cuando comenzó la primera charla, el orador captó mi atención. Me habló del amor de Dios. Dijo que “un simple «sí» a Cristo cambiará tu vida para siempre”. Continuó: «Hoy es 15 de agosto. Corran al Sacramento de la Reconciliación y sean libres. Hagan de hoy el día en que le dijeron “sí” a Jesús».

Me tocó la fibra sensible, porque, más que nada, anhelaba ser libre y sabía que no lo era. Así que esa noche corrí a confesarme. Mientras me confesaba, me sentía cada vez más ligero, y cuando el sacerdote me dio la absolución, me sentí libre. Me sentí transformado.

Al regresar del retiro, comencé a ir a misa solo. Empecé a frecuentar el sacramento de la Reconciliación. Y después de seis meses de estar cerca de Jesús, Dios sanó mis adicciones. Así que sí, Dios rompió las cadenas de mi vida.

Meses después, participé en otro retiro espiritual. Mientras oraba ante la Eucaristía, Dios puso una imagen en mi mente. Vi a un grupo de adolescentes alabando a Dios en el sótano de la iglesia donde crecí. Al día siguiente, como estaba en mi ciudad natal, fui a esa iglesia y hablé con el sacerdote, contándole lo que había visto. Su expresión cambió de inmediato. Me dijo: «Qué curioso, porque ayer tuvimos una reunión para hablar de buscar un coordinador de pastoral juvenil. Creo que tú podrías serlo».

Me sentía tan indigno. Si aquel sacerdote hubiera sabido dónde había estado y qué había hecho en mi vida, estaba seguro de que no me habría pedido que fuera coordinador de la pastoral juvenil. Pero no sabía que así es cómo obra Dios. Él elige a los quebrantados, sana nuestros corazones y nos ama incluso cuando volvemos a caer.

Acepté el puesto de coordinador de jóvenes y me asombró lo que Dios era capaz de hacer, aunque no tenía ni idea de lo que estaba  haciendo. Y lo curioso es que estaba tan concentrado en intentar ayudar a estos jóvenes desde mi propia fragilidad que olvidé por completo que Jesús me estaba ayudando constantemente a mí.

Lo sé porque el primer día de nuestro primer campamento de verano conocí a una monitora que cambió mi vida para siempre. Se llamaba Alexandra y era preciosa.

David Patterson junto a su esposa Alexandra

Cuando decidimos empezar a salir, nos tomamos de las manos, inclinamos la cabeza y le pedimos a Dios que nos bendijera y fuera el centro de todo lo que hiciéramos. Sé que nos escuchó. Después de salir durante meses, comenzamos una novena —una oración de nueve días— para discernir si estábamos llamados al sacramento del matrimonio. Durante toda la semana, lo único que oía en mi corazón era: «Propónme matrimonio».

Verás, Dios seguía actuando en mí, e incluso estaba dispuesto a involucrar a mi amigo para ayudarme a llegar a donde necesitaba ir. Un día, en medio de una conversación, mi amigo me preguntó de repente: "¿Amas a Alexandra?". 

Sin dudarlo, le dije que sí y que incluso estaba pensando en proponerle matrimonio el jueves (¡ni siquiera sé de dónde saqué la idea del jueves!). Pasamos el resto de la noche planeando cómo conseguiría el permiso de sus padres y el anillo.

La noche anterior al jueves, Alexandra me llamó y me dijo: «Oye, estaba pensando que mañana es el noveno día de nuestra novena para ver si estamos llamados al matrimonio». A la mañana siguiente fuimos a misa y luego a un lugar con vistas a un lago, el mismo sitio donde tuvimos nuestra primera cita. Fue allí donde le pedí a Alexandra que pasara el resto de su vida conmigo. ¡Por suerte, dijo que sí!

Fue un día muy especial, y sin embargo, Dios quería que supiera que también tenía otro significado que yo desconocía. Tras investigar un poco, me di cuenta: le había propuesto matrimonio a mi esposa el 15 de agosto, y fue el 15 de agosto de 2009 cuando regresé a la Iglesia. ¿Coincidencia? No lo creo.

La verdad es que yo era un desastre, pero era Su desastre. A pesar de todo, Dios nunca ha dejado de amarme y, al igual que mi madre, nunca se ha dado por vencido conmigo.

Alexandra y yo nos casamos un año después y hemos sido bendecidos con dos hijos. San Juan Pablo II dijo: «La vida con Cristo es una aventura maravillosa». ¿Sigo siendo un desastre? Sí. Pero sé que Dios obra todo para su gloria.

David Patterson