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jueves, 30 de julio de 2026

Carmina Santamaría que contó al Papa en Barcelona su intento de suicidio: «Abrazar a León XIV fue sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual y me perdona; Dios estuvo conmigo antes de ese paso desesperado»

Carmina Santamaría Tejada cuenta su testimonio de superación de la depresión dos meses después de haberlo compartido con el Papa León XIV en Barcelona

* «La mano de Dios estuvo conmigo antes, incluso antes de ese paso desesperado. Perseveré durante tanto tiempo... no solo gracias a una buena terapia, que me ayudó muchísimo. Estábamos saliendo de la pandemia de la COVID-19, y recuerdo ir a misa todas las tardes. Llevábamos mascarillas, y lloraba durante toda la misa porque ya no me quedaban fuerzas. Y aun así, antes de irme, decía: 'Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana; puedo aguantar un día más'. Y eso fue lo que hice cada día»

Video de Vatican News del testimonio de  Carmina Santamaría Tejada

Camino Católico.- A poco menos de dos meses de su testimonio ante León XIV, en el estadio de Barcelona, la joven Carmina Santamaría Tejada recuerda cómo salió de la oscuridad de la enfermedad que la llevó incluso a intentar suicidarse. «La cabeza empieza a jugarte malas pasadas, la sonrisa se convierte en un muro, llegas a pensar que vales menos que una piedra y te olvidas de ti misma». La ayuda, aunque tardía, llegó gracias a las terapias, a la música y a aquella cita diaria para asistir a Misa. Y enfatiza: «Abrazar a León XIV fue sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual y me perdona; Dios estuvo conmigo antes de ese paso desesperado».

Carmina Santamaría Tejada tiene un rostro radiante y una sonrisa sincera. Es profesora de español de treinta y cinco años. Encontró el valor para romper lo que ella llama un tabú: hablar de salud mental. Ha compartido con millones de personas su lucha contra la depresión, que, desde la adolescencia, le causó un sufrimiento inimaginable e incluso la llevó a un intento fallido de suicidio. El 9 de junio de este año, Carmina y otros jóvenes se reunieron en el Estadio Olímpico de Barcelona para un encuentro con el Papa, compartiendo sus esperanzas y preocupaciones.

El abrazo del Papa: un respiro y descanso  para el alma.

«Fue un abrazo verdaderamente cálido, un abrazo que me brindó consuelo. Como cuando estás cansado y de repente alguien te abraza y todo el peso desaparece: esa carga emocional, ese pesado equipaje que llevas… Abrazar al Papa fue como sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual, el Señor me perdona» Así recuerda Carmina a Vatican News, casi dos meses después, su sincera conversación con León XIV, la sensación de ser profundamente comprendida y la experiencia de la gracia: una presencia amorosa, paternal y muy tangible. «Fue un momento de respiro y descanso para el alma.»

Era el comienzo de la Cuaresma . Carmina trabajaba en la pastoral juvenil de Barcelona, ​​preparando canciones para el coro que dirige. El sacerdote a cargo de la pastoral se le acercó y le contó que acababa de presenciar un suicidio. Estaba profundamente afectado. «Hablamos y le conté mi historia personal, una parte de mi vida que él desconocía. Unos días después, me llamó y me pidió que compartiera mi experiencia con el Santo Padre durante su próxima visita. Me preguntó: "¿Te gustaría hacerle una pregunta al Papa?"»

Encuentros con Dios: una razón para vivir

Así, de una conversación casual surgió la oportunidad de sacar la oscuridad a la luz, la cual, gracias al tratamiento adecuado, finalmente se transformó de nuevo en luz: una luz interior y una luz para los demás. Carmina habla de la "segunda oportunidad" que recibió tras su fallido intento de suicidio. "La mano de Dios estuvo conmigo antes, incluso antes de ese paso desesperado. Perseveré durante tanto tiempo... no solo gracias a una buena terapia, que me ayudó muchísimo. Estábamos saliendo de la pandemia de la COVID-19, y recuerdo ir a misa todas las tardes. Llevábamos mascarillas, y lloraba durante toda la misa porque ya no me quedaban fuerzas. Y aun así, antes de irme, decía: 'Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana; puedo aguantar un día más'. Y eso fue lo que hice cada día".

Música y coro: un bálsamo para el alma

Carmina da clases de inglés y música. La música —cantar, componer, tocar la guitarra y el piano— siempre ha sido su vía de escape emocional, que también se convirtió en una forma de terapia. «Cuando me sentía mal, cuando estaba deprimida, me ayudaba mucho. Cogía la guitarra y empezaba a cantar. Cantaba himnos a la Virgen María, incluso canciones tristes, le cantaba al Señor. Y cuando terminaba, simplemente me sentía mucho más tranquila. Me ayudó muchísimo y me hizo sentir mucho mejor».

También lo expresó durante un evento especial, al día siguiente de reunirse con el Papa en el estadio. En la iglesia de Sant Augustin de Barcelona, ​​su coro, "Sent la Creu", ofreció el acompañamiento musical para el encuentro del Papa con trabajadores de obras de caridad en el barrio del Raval.

Carmina Santamaría Tejada, a la izquierda, es la directora del coro «Sent la Creu», que  ofreció el acompañamiento musical para el encuentro del Papa con trabajadores de obras de caridad en el barrio del Raval en la iglesia de San Agustín en Barcelona

Irradia seguridad en sí misma, compromiso y la capacidad de crear armonía, tanto en su interior como a su alrededor. Tiene la habilidad de transformar la cruz en liberación. De hecho, ya lo había hecho antes, cuando cargó la gran cruz de los jóvenes ante el Papa en el estadio. Una «carga» que se convierte en «gloria».

La pandemia y la fragilidad de la juventud

Carmina es la quinta de seis hermanos y habla con orgullo de su hermosa y numerosa familia. Originaria de Alicante, imparte clases en un colegio de Hospitalet y mantiene un vínculo muy fuerte con sus alumnos. Reconoce su vulnerabilidad. La adolescencia es, por naturaleza, una etapa de especial vulnerabilidad, y las redes sociales se están convirtiendo en una amenaza cada vez mayor para la salud mental de los jóvenes. Es ampliamente aceptado que la pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión; hasta el día de hoy, muchos chicos y chicas siguen experimentando las consecuencias psicosomáticas de este periodo tan traumático.

Para Carmina, la pandemia también exacerbó problemas que ya existían. "Cuando era adolescente, sufrí depresión y nunca me curé del todo. Simplemente seguí adelante. Y entonces llegó la COVID. Estaba estudiando en la universidad mientras trabajaba casi a tiempo completo. El agotamiento, la creencia de que no valía nada, de que era una carga para los demás... La sensación de que solo me necesitaban cuando ayudaba a los demás. Como persona, no valía nada. Y ese sentimiento se hizo cada vez más fuerte."

Y añade: “No te das cuenta hasta que llegas a un punto de agotamiento total, tanto mental como físico. Es entonces cuando tu mente empieza a jugarte malas pasadas. Te dice que no vales nada, que tienes que hacer algo pero que no puedes hacerlo bien. Sigues trabajando, esforzándote al máximo, trabajando aún más duro, hasta que finalmente empiezas a pensar que vales menos que la piedra que tienes al lado. Y te olvidas de ti mismo”.

Una sonrisa se convierte en un muro

El olvido de uno mismo deja de ser un signo de sana humildad y se convierte en un deseo de borrar la propia existencia, de desaparecer, de apartarse del camino. «Es un error del que solo te das cuenta cuando ya has tocado fondo y te preguntas: "¿Y ahora qué?". Lo primero que pensé al despertar del intento de suicidio —convencida de que no volvería a despertar— fue: "¿Qué he hecho? Si quiero vivir, ¿cómo he podido llegar a este punto? Durante tantos años he luchado por seguir adelante, por salir de esto. ¿Cómo he podido acabar así?"»

Providencialmente, uno de sus hermanos, con quien mantiene una relación particularmente cercana, la animó a buscar ayuda profesional después de casi tres años de este doloroso proceso. «Pedí ayuda demasiado tarde», admite. Hoy ha recuperado la alegría de vivir y la disfruta plenamente. Muchos deseos la invaden, entre ellos formar una familia. Pero, sobre todo, su perspectiva y su conciencia han cambiado, incluyendo la comprensión de que el sufrimiento no debe «espiritualizarse» ni reducirse únicamente a la dimensión espiritual. Esta fue la respuesta que recibió de León XIV . «El Señor lo sabe», asegura Carmina. «El Señor camina con nosotros. Es todopoderoso». «Pero en esos momentos, uno no se da cuenta».

Carmina Santamaría Tejada haciendo camino 

Tabú adolescente: Siempre conectados, pero solos

"Hablar de estas cosas sigue siendo un gran tabú", señala. Lo ve a diario en la escuela, observando las máscaras que se ponen los jóvenes. "Estamos muy conectados, pero de una manera muy superficial. No desarrollamos relaciones profundas. Antes tenías tres amigos, pero esos eran vínculos realmente valiosos. Hoy tienes quinientos amigos, y tus relaciones son muy superficiales. No es que estas personas no sean valiosas, es la relación en sí la que es superficial. Así es como te engañas a ti mismo. Piensas: 'Tengo muchos amigos, hablo con mucha gente, así que no estoy solo'. Pero en realidad, estás solo. Porque cuando sufres, cuando tienes problemas, no sabes a quién contárselo. No sabes en quién confiar para que no se rían de ti, te juzguen o se lo cuenten a otra persona".

Por eso la gente no habla de ello. Se aíslan aún más. Y una sonrisa, aunque hermosa, también puede ser mortal. En mi caso, nadie a mi alrededor sabía que sufría de depresión. ¿Por qué? Porque siempre he vivido con una sonrisa. Siempre. Es como una barrera: la gente ve una sonrisa y deja de preocuparse. Y la mente tiene un poder enorme. Si no aprendes a controlarla, puede destruirte por completo.

¿Dónde ha quedado la empatía?

"Me preocupan mis alumnos. Esto me preocupa mucho porque veo mucho sufrimiento en ellos, mucho sufrimiento silencioso. Veo que no se abren, que están muy cerrados, que hay mucha pretensión: fingen que son geniales, que todo está bien, que son líderes... Por eso en la escuela intentamos que tomen conciencia de la importancia de tener un corazón sano, una mente sana y una vida sana. Sin embargo, veo que luchan con una enorme presión por ser bellos, perfectos, interesantes, siempre más a la moda. Y eso no ayuda en absoluto." Lo que realmente ayuda es no tener miedo de nuestra propia agitación interior. El Papa también nos lo recordó en su mensaje en vídeo dirigido recientemente a los jóvenes portugueses que participaron en el encuentro "Alégrense" en Lamego. Se trata de recuperar la conciencia de que somos seres humanos, no superhéroes. Así son los santos. Así es Cristo.

«Valores como la empatía y el respeto están desapareciendo, porque al final, solo importan mis intereses, mis preocupaciones, mi espacio... No compartimos, no hablamos, no entablamos un diálogo real, no hay un intercambio auténtico, no hay voluntad de ceder», afirma Carmina. León XIV nos recuerda que recuperar nuestra humanidad —incluso en sus dimensiones frágiles y vulnerables— nos capacitará para transformar el mundo para mejor. Carmina lo sabe hoy. Y a esto dedica su vida. Reproducimos a continuación el texto completo de la pregunta que Carmina hizo al Papa y la respuesta de León XIV:

Carmina Santamaría Tejada preguntando al Papa León XIV hace dos meses en Barcelona

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

VIGILIA DE ORACIÓN

RESPUESTAS DEL SANTO PADRE A LAS PREGUNTAS DE LOS JÓVENES

Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Martes, 9 de junio de 2026

Santo Padre, en un mundo donde las cosas se gritan, hay aspectos de la vida que permanecen callados, con vergüenza; como la depresión, una enfermedad silenciosa que afecta a muchas personas, jóvenes y adultos, y que conlleva una oscuridad, aislamiento y un dolor inmensurable. A veces, este dolor es tan abrumador que la idea de desaparecer parece la única salida. Yo misma luché por salir de esta enfermedad, en silencio durante años, y una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida. Estoy aquí porque Dios me dio una segunda oportunidad, y le estaré eternamente agradecida, pero hay muchos otros que continúan enfrentándose a esta oscuridad. Por eso, le pregunto de todo corazón: ¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?

Ante todo, gracias por compartir hoy tu experiencia de sufrimiento. Me conmueve que puedas hablar de ella, que estés aquí entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda posibilidad que el Señor te ha dado. Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso que vemos en muchos personajes del Evangelio: en contacto con Jesús, aun quien se siente perdido recobra confianza en la vida, sana la enfermedad y puede levantarse para volver a vivir.


En la teva pregunta, t’has referit en primer lloc a la “malaltia silenciosa” que és la depressió, i és important prendre consciència de com la salut mental es veu cada vegada més amenaçada en el context de societats que es consideren avançades. És un senyal de que hi ha quelcom profundament equivocat en una certa idea de creixement que sotmet a les persones a pressions i tensions que comprometen equilibris fonamentals. Per això es necessita un sistema sanitari que inclogui entre les seves prioritats aquest malestar invisible i generalitzat, que afecta també als joves.

Les teves paraules, tanmateix, ens han mostrat que el dolor posa a prova la fe i el sentit que li donem a la vida. Això és cert per a tothom, no solament per aquells que en algun moment travessen la prova de la malaltia.


[En tu pregunta, te has referido en primer lugar a la “enfermedad silenciosa” que es la depresión, y es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas. Es una señal de que hay algo profundamente erróneo en una cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales. Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes.


Tus palabras, sin embargo, también nos han mostrado que el dolor pone a prueba la fe y el sentido que le damos a la vida. Esto es cierto para todos, no sólo para quienes en algún momento atraviesan la prueba de la enfermedad.]


Mientras te escuchaba, pensé en esas horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús cuando se acercaba la hora de su muerte. Los Evangelios, en los momentos de la última cena y de la oración en Getsemaní, subrayan que estaba cayendo la tarde, que estaba anocheciendo, así como poco antes de morir en la cruz nos dicen que “toda la tierra quedó en tinieblas”. Pero, en realidad, no se trata sólo de un sufrimiento personal; el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad. En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia.


Pasar por esta experiencia es difícil, lo atestigua varias veces la Sagrada Escritura; hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, o confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza. Y, en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos haya abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan, un grito que Jesús hizo suyo en la cruz, diciendo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.


Hay una catequesis sobre las últimas horas de Jesús, en la que Benedicto XVI dice que su sufrimiento se vuelve oración y grito, y que eso vale también para nosotros: frente a las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y está cerca aun cuando aparentemente calla. Pero pienso que no podemos hacerlo solos. En las horas de dolor, al menos en cuanto sea posible, debemos abrirnos a alguien que nos ayude a expresar una oración sencilla, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano y nos haga salir de este grito.


Estas experiencias ofrecen un mensaje también a nosotros creyentes, a toda la Iglesia: no debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la “voluntad de Dios” o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas. Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante. Recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios, la vida renace siempre.


Papa León XIV

Carla se casó con Juan Chimeno sabiendo que tenía esclerosis múltiple y tienen 3 hijos: «Los malos momentos los pongo en las manos del Señor, mi fuerza, mi baluarte, sin Él no soy nada; hay que apoyarse mucho en Dios»

Juan Chimeno, Carla y sus tres hijos / Foto: Omnes

* «Aún estando de bajón sé que, gracias a Dios, no estoy solo. En esos casos busco un momento para hablar con un sacerdote, y después de hablar con él me confieso. Y gracias a esto cojo fuerzas y retomo la lucha de la vida. Para (imagino que también para muchos) la vida es caer y levantarse. Yo me siento querido por Dios pero me he dado cuenta que nuestra libertad no la puede mover Dios. Él quiere que le amemos libremente, sin nada ni nadie que nos obligue. Dios, que lo puede todo (es todopoderoso), no puede mover nuestra libertad (nadie querría que le quisieran de manera obligada) y eso es muy importante hacerlo saber para que todo el mundo conozca cuánto nos ama Dios y el infinito respeto que tiene a nuestro libre albedrío y la misericordia que tiene con nosotros, que hacemos barbaridades»

Camino Católico.- Juan Chimeno es un madrileño afincado en Zaragoza. Es licenciado en Derecho y padre de tres hijos. Sus primeros pasos los dio en Europa Press, después en Mediapro. Fue funcionario interino en juzgados de primera instancia e instrucción durante varios años. Después trabajó un año en AXA y luego volvió a los juzgados. Le gusta la música, toca la guitarra, ha sido cantante en 3 grupos y es compositor. Durante la carrera empezó como Disc Jockey y ha pinchado en bodas y fiestas. 

En 2008 le diagnosticaron una esclerosis múltiple, aunque ya había sospechas desde hacía años, ya que el primer brote fue en 2001, pero hasta 2007 no empezó a manifestarse. Fue un duro golpe para toda la familia y los amigos, en ese momento se empezó a mostrar claramente, que “Juanchi” (como es conocido por sus amigos) no se iba a dejar llevar por el desánimo.

Sus convicciones le hicieron reconfigurar su vida. Esto trajo a su familia mucha paz en los momentos de desánimo y una gran alegría. Se convirtió en una bendición esta limitación, aunque parezca una contradicción, porque sacó lo mejor de él.

Les demostró que, como dice Marian Rojas, la felicidad no está en lo que nos pasa, sino cómo interpretamos lo que nos pasa. Fue capaz de ser feliz y hacer felices a los suyos. 

Tanto es así que su “chica” maña,  Carla, que la había conocido en 2007, siguió enamoradisima de él, y se casaron en 2011. Viven en Zaragoza desde 2010. En la actualidad tienen tres hijos, dos chicos y una chica, Álvaro de 8, Jacobo de 6 y la pequeña, Marianita, de 3 años. Juanchi está jubilado desde 2017 ya que tiene la incapacidad laboral absoluta y se dedica a su familia y a dejarse cuidar. Álvaro Gil Ruiz entrevista a Juan Chimeno y su esposa Carla en Omnes.

- ¿Cómo os conocisteis? ¿Cómo empezasteis a salir? 

– Juanchi: Nos conocimos por amigos comunes que habían estado ese verano haciendo voluntariado en Nairobi, con las Hermanas de la Madre Teresa. Empezamos a salir porque ella me mandó un SMS y yo pensé, “oye, esta chica parece interesante” y empezamos a hablar y hablar, que es la mejor manera de conocerse, y al final, gracias a un amigo, me lancé y le pedí salir formalmente.

Estuvimos saliendo 4 años en la distancia. Fue duro, realmente duro, porque no era tan fácil ver a la persona a la que quería: teníamos que coger un tren para poder vernos tan solo un día y medio, que sabe a muy poco y había fines de semana que no nos podíamos ver. Pero aún así mereció la pena ya que se valoran las cosas mucho más.

- Juanchi, ¿qué formación tienes? ¿A qué te dedicas? ¿Cuáles son tus sueños?

– Estudié Derecho en la Complutense y años después un MBA en ICADE. Los dos me ayudaron mucho a formar mi cabeza y a abrir la mente, sobre todo por el esfuerzo que implican y las materias que abarcan.

Actualmente me dedico a mi rehabilitación física y a mi familia. En 2016 estaba trabajando como Gestor Procesal en Decanato de Plaza Castilla y gracias a Dios entré en un ensayo clínico en el Hospital Clínic de Barcelona. Eso me hizo replantearme la vida y decidí pedir la incapacidad laboral y gracias a Dios y a la intercesión de D. Isidoro Zorzano, me concedieron la absoluta.

Mis sueños la verdad es que se circunscriben a mi ámbito más cercano: mi mujer, mis hijos, mi curación, amigos, acercar a la gente que conozco a Dios y la música, aunque últimamente, salvo las clases de canto, lo tengo descuidado.

- Y tú Carla, ¿qué estudiaste? ¿Qué haces a nivel profesional? ¿Qué proyectos tienes?

– Yo estudié en Sansueña, un colegio de Fomento, algo que también he elegido para que nuestros hijos estudien allí.

Después estudié Farmacia en la Universidad de Navarra, en Pamplona, un sitio donde me gustaría que estudiaran mis hijos porque es una parte muy importante de mi vida. 

Trabajo en una farmacia con dos de mis hermanos, donde tenemos momentos muy buenos y un poco menos buenos, pero me encanta trabajar con ellos. 

Mis proyectos profesionales están en la farmacia, dado que es el negocio familiar, luchamos cada día para que nos vaya muy bien.

- Carla, ¿cuándo recibiste el diagnóstico de Juanchi? ¿Cómo fueron esos primeros momentos?

– Algo que no se me olvida es cuando le dijimos a mi madre que nos íbamos a casar y justo ese día nos dieron el diagnóstico definitivo de su enfermedad. Mi madre me dijo…”¿estás segura que quieres casarte con él? . Es una enfermedad muy dura. Tendrás que hacerle todo y trabajar mucho para que tenga una buena calidad de vida”. La verdad es que yo dije “¿bueno y qué?”.

Pero mi madre sabía lo que decía, pero en ese momento pensé: “bueno pues ya le ayudaré”. No sé si fue algo inconsciente o no, pero hasta el día de hoy, él puede hacer lo suyo y yo hago todo lo demás, salvo la comida, que la hace él para toda la familia. Y cuando tenga que hacer lo suyo, más todo lo demás, igual digo… “Qué razón tenía mi madre”, jajaja.

¡Pero la vida hay que vivirla al día! Y sobre todo, apoyarse mucho en los planes de Dios, que son como vienen y punto.

- Juanchi, ¿cómo es tu día a día? ¿Cómo superas tus bajones? 

– Voy varios días a rehabilitación, a fisioterapia y terapia ocupacional. Hago la comida y la cena para mi familia (como ha dicho Carla). Además hago la compra y me encargo de las gestiones de casa.

Hay días que no salgo de casa y la verdad es que se hace largo el día, pero bueno, siempre pienso que habrá un mañana que pueda salir.

Lo de los bajones da para hablar mucho. Antes de tener esta enfermedad, era un tipo muy inquieto. Mis amigos de Madrid me conocen y saben que no paraba de hacer planes. Estaba la mayor parte del día fuera de casa y de repente me llegó esta enfermedad. La pérdida de movilidad no fue de golpe, fue poco a poco. Al principio andaba mal, luego iba lento, después tropezando con cualquier obstáculo del suelo. Años más tarde empecé a ir con bastón y llegó un momento en el que decidí que por la calle era mejor ir en silla de ruedas.

No soy de las personas que se quedan muy abatidas o paralizadas cuando le dan una mala noticia de este tipo, o un palo fuerte. Trato de ver cómo seguir adelante y no quedarme parado ante la desgracia o la contradicción que me está pasando. Muchas veces pongo el ejemplo del limón. En esta vida hay que “hacer del limón limonada”. No te quedes con lo ácido de las cosas que te pasan en la vida, dales un cambio y haz limonada de eso que te hace sufrir. El sufrimiento no desaparece pero tu actitud sí puede cambiar. No es inmediato, requiere esfuerzo, pero el resultado es una limonada fresca y muy rica que alegra la vida.

Los malos momentos los pongo en las manos del Señor, mi fuerza, mi baluarte, sin Él no soy nada, y lo que hago es ocupar la cabeza con otras cosas. Pero bueno, en otras ocasiones tengo bajones más grandes, y todo lo malo se hace cada vez más grande, como si estuviera en un hoyo profundo del que fuese imposible salir.

Aún estando de bajón sé que, gracias a Dios, no estoy solo. En esos casos busco un momento para hablar con un sacerdote, y después de hablar con él me confieso. Y gracias a esto cojo fuerzas y retomo la lucha de la vida. Para (imagino que también para muchos) la vida es caer y levantarse.

Yo me siento querido por Dios pero me he dado cuenta que nuestra libertad no la puede mover Dios. Él quiere que le amemos libremente, sin nada ni nadie que nos obligue. Dios, que lo puede todo (es todopoderoso), no puede mover nuestra libertad (nadie querría que le quisieran de manera obligada) y eso es muy importante hacerlo saber para que todo el mundo conozca cuánto nos ama Dios y el infinito respeto que tiene a nuestro libre albedrío y la misericordia que tiene con nosotros, que hacemos barbaridades.

- Juanchi, es comprensible que esta vivencia te haya llevado a conocer de primera mano nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad y nuestra limitación personal. ¿Cómo vinculas esta realidad con Dios? ¿Cómo combinar la humanidad y la trascendencia?

– Yo soy un pequeño siervo que trato de hablar de Dios a todo el mundo porque Él me ha hecho ver que a pesar de mi debilidad y mis miserias me ama infinitamente y que Él no me va a obligar a que le ame, quiere que le ame libremente.

También he visto que Dios se apoya en los débiles y en los enfermos para que se vea su amor sobre nosotros, su omnipotencia y su misericordia. Fue a san Lorenzo a quien las autoridades romanas le exigieron los bienes de la Iglesia tras la muerte del Papa Sixto II. Él se presentó ante el prefecto romano junto a los pobres, enfermos, ciegos, lisiados, viudas y necesitados a los que atendía, afirmando que ellos eran el verdadero tesoro de la Iglesia. Para que se vea aún más la mano del Señor, yo nací un 10 de agosto, día de san Lorenzo, y ese mismo día falleció mi padre a los 67 años.

La humanidad y la trascendencia en mi caso se entrelazan en lo cotidiano, en el día a día.

La cruz que tengo es una cruz del día a día y esto me ha ayudado a trascender y darme cuenta que viene de Dios y que tengo que darle gracias por ello aunque pensar esto es una locura. Muchos pensarán “¿cómo puedes decir ‘doy gracias a Dios por esta cruz’? Tendrías que pensar todo lo contrario, ‘¿Por qué Dios me ha castigado con esta desgracia?’”.

Hace poco, una chica que conozco, María Mora Figueroa, que falleció en abril, me decía: “Dios manda a cada uno lo que podemos llevar mejor”. Me costó tiempo darme cuenta que la cruz que el Señor me había regalado me ha hecho mejor persona. Antes mi cotidianidad no me ayudaba a ser tan trascendental. Pensaba que era buen cristiano pero iba corriendo a todas partes sin prestar atención, sin darme cuenta de lo que de verdad importa.

Ahora, que no puedo casi ni andar, me fijo en infinidad de cosas que antes no veía. Estoy agradecido a Dios por la cruz que me ha dado, aunque tenga que sufrirlo todos los días y esté fastidiado. También he aprendido que a amar se aprende sufriendo, aunque esto daría para otra entrevista.

Todo esto no quita para reconocer que soy pecador y sigo luchando día a día, porque pecados tengo muchos y porque aunque tengas una cruz hay que seguir luchando como cualquiera. 

- Carla, te dirán “¿cómo fuiste tan valiente de casarte?” Y dirás que el amor está por encima de todo. Pero el amor se forja día a día. ¿Qué le dirías a los que están pasando por algo parecido?

– Sinceramente, yo soy un poco rancia. No soy muy cariñosa así que lo que te puedo decir es que lo que a mí me han enseñado es a respetar y comprometerse con educación y respeto. Juanchi es todo lo contrario y por eso nos complementamos. Como muy bien has dicho el amor se forja día a día, la unión se construye día a día y no es todo tan maravilloso como parece. Por lo menos en mi caso.

Como muy bien sabemos todos al principio todo es fantástico y estupendo y luego las cosas se enfrían por eso hay que cuidarlas, ¡pero mucho! La vida es muy dura y más si te vino algo así en la vida. O aprendes a ser positivo y llevarlo lo mejor posible o te hundes. Yo soy farmacéutica y sé que hay millones de cosas para ayudar a estar bien. Pero esa no es la solución. Hay que apoyarse mucho en Dios y ser positivo.  Nadie te da nada, lo tenemos que luchar cada uno.

- Carla, ¿cuánto tiempo tardó en llegar el primer hijo? ¿Cómo nace la decisión tan generosa de ser padres de tres? 

– Tanto Juanchi como yo procedemos de familias numerosas. Y a los dos nos gustó la idea de tener hijos. No sabíamos si esto iba a ser posible o en caso de poder cuántos tendríamos. Nos encantan los niños y tenerlos no es ninguna tontería. Es una gran responsabilidad y hay que trabajar a diario para que sean muy educados y buenas personas. Es una lucha constante.

Nos costó tener el primer hijo 7 años y tuvimos ayuda de la Asociación Española de Naprotecnología. Ahora tenemos tres hijos. La ayuda de mis padres y hermanos, que viven en Zaragoza ha sido muy importante y les estamos muy agradecidos. La familia de Juanchi vive en Madrid y también nos han ayudado mucho.

- ¿Qué proyectos tenéis entre manos?

– Carla: Creo que lo más importante es educar a nuestros hijos en valores y disfrutar cada momento de la vida. 

Viajar nos encanta a los dos, y todavía es posible hacerlo con él. Cada verano hacemos un viaje en familia y el último fue a Roma durante el año jubilar y lo pasamos muy bien. Fuimos con un grupo muy grande y hacer viajes con Juanchi y otras personas, es duro pero es posible. 

- ¿Qué mensajes queréis dar a la sociedad? 

– Dos: “haz del limón limonada” y confiésate más. Dios premia la humildad de reconocer tus pecados, delante de un sacerdote, con una paz verdadera, que no se da a este mundo en ningún sitio.

Bradley Cooper, actor: «Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia; rezar me mantiene centrado; pido la sabiduría para ser un buen hombre y padre y para no perder el camino»

Bradley Cooper en el Festival de Cine de Nueva York en 2025

* «La muerte de mi padre de cáncer de pulmón en 2011 cambió todo en mí. Te das cuenta de que la vida es corta y que lo único que realmente importa es cómo tratas a los demás y cómo vives tu fe»

Camino Católico.-  “Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia”, dice el actor Bradley Cooper refiriéndose al momento clave de su conversión en 2011 cuando su padre falleció de un cáncer de pulmón.

Muchos reconocen al actor Bradley Cooper por películas como “Ha nacido una estrella” (A Star Is Born, 2018), “El lado bueno de las cosas” (Silver Linings Playbook, 2012), “El francotirador” (American Sniper, 2014), “Maestro” (2023), o “La gran estafa americana” (American Hustle, 2013). Sin embargo, en medio de su trabajo en Hollywood, da testimonio de su fe católica pese a las crisis que ha vivido en  su vida debiendo superar adicciones.

Bradley Cooper nació el 5 de enero de 1975 en Filadelfia, en el seno de una familia muy unida. Su madre, Gloria, trabajaba para una filial local de NBC. Su padre, Charles Cooper, era corredor de bolsa en Merrill Lynch. Bradley también tenía una hermana mayor, Holly.

Su familia era de profunda tradición católica y Cooper atribuye el cimiento de su vida espiritual a la influencia de su abuela materna, una devota mujer de origen italiano, y a sus padres. En diversas entrevistas sobre su infancia, el cineasta ha recordado el papel fundamental que jugaba la oración en el hogar: 

“Soy católico. Rezo a diario. Crecí con mi abuela y éramos muy cercanos. La fe católica estaba muy presente en nuestra casa; la misa de los domingos y el rezo del Rosario eran parte natural de nuestra rutina. Me bautizaron. Siempre me encantó la solemnidad de la ceremonia. Mucho tenía que ver con el amor que sentía por mi padre y con verlo con su chaqueta de tweed en misa. Me encantaba cómo rezaba, así que rezaba como él. No por ninguna otra razón que no fuera porque quería ser como mi padre; quería ser como Charlie Cooper. Pero al hacerlo, a través del ritual, empecé a tener fe en Dios. ¿Soy una persona espiritual hoy en día? Sí. No sé cómo podría no serlo. Es como preguntar: ‘¿Respiras?’”.

Esas prácticas de la fe fueron un marco moral y un refugio interno al que acudir cuando su vida profesional amenazó con desmoronarse.

A los 29 años, en medio del ascenso vertiginoso de su carrera tras participar en la serie Alias, Cooper enfrentó una severa crisis personal ligada a la adicción al alcohol y a las drogas, agravada por la insatisfacción profesional y la baja autoestima. El punto de inflexión no llegó mediante un evento estelar, sino a través de una profunda toma de conciencia sobre el propósito de su vida y el valor de su salud espiritual.

"Estaba en una fiesta y me golpeé la cabeza contra el suelo de cemento a propósito, como diciendo: '¡Miren qué duro soy!'. Me levanté y la sangre me goteaba. " luego lo volví a hacer", recuerda Bradley.

La acrobacia llevó a Bradley al hospital, donde permaneció sentado con un calcetín de hielo en la cabeza mientras los médicos le cosían la herida. Fue entonces cuando, en lo más profundo de su ser, Bradley comprendió que su vida tenía un propósito mayor.

"Me di cuenta de que no iba a estar a la altura de mi potencial, y eso me asustó muchísimo. Pensé: 'Vaya, voy a arruinar mi vida; de verdad que la voy a arruinar'".

Bradley Cooper en 2018 durante el estreno de A Star Is Born en Toronto

Ese momento de lucidez fue una verdadera bendición. Bradley Cooper recibió la ayuda que necesitaba y dejó las drogas y el alcohol.

Mirando hacia atrás, el actor ha subrayado en reiteradas ocasiones cómo la gracia divina y el recuerdo de sus valores familiares le permitieron tomar la decisión de rehabilitarse antes de que fuera demasiado tarde: “Si hubiera continuado por ese camino, habría saboteado toda mi vida. Doy gracias a Dios por haber salido de allí a tiempo”.

Si la sobriedad fue el primer gran paso de reorientación, el fallecimiento de su padre, Charles Cooper, en 2011 a causa de un cáncer de pulmón, consolidó la profundidad teológica de su visión del mundo. Cooper acompañó a su padre en sus últimos meses y estuvo a su lado en el momento de su muerte, una experiencia que transformó radicalmente su percepción de la existencia, la mortalidad y la presencia de Dios en lo cotidiano.

Reflexionando sobre aquel evento que marcó un antes y un después en su madurez interior, Cooper ha afirmado: “Su muerte cambió todo en mí. Te das cuenta de que la vida es corta y que lo único que realmente importa es cómo tratas a los demás y cómo vives tu fe. Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia”.

Esta vivencia no solo reordenó sus prioridades personales, sino también su acercamiento al arte, buscando proyectos de mayor profundidad humana y responsabilidad moral.

Cooper no duda en dar testimonio de su rutina espiritual en un entorno a menudo indiferente u hostil a las prácticas religiosas tradicionales. Mantiene la oración como el eje central de sus mañanas y noches, pidiendo la guía necesaria para ejercer sus roles como padre, artista y ser humano:

“Rezar me mantiene centrado. No pido cosas materiales o éxito, sino la sabiduría para ser un buen hombre, un buen padre y para no perder el camino”.

La curación de un musulmán de una espondilólisis bilateral, el milagro atribuido al nuevo beato del Líbano Elías Hoyek que se produjo sin haberlo pedido y después que el enfermo soñara con él sin conocerlo

El patriarca maronita Elías Hoyek (1843-1931), fundador de la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia y una de las figuras más influyentes de la historia contemporánea del Líbano, fue beatificado el sábado 25 de julio de  2026

Camino Católico.-  El patriarca maronita Elías Hoyek (1843-1931), fundador de la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia y una de las figuras más influyentes de la historia contemporánea del Líbano, fue beatificado el pasado sábado 25 de julio de  2026 en una solemne ceremonia celebrada en la sede patriarcal de Dimane, al norte del país. La celebración estuvo presidida por el actual patriarca maronita, el Cardenal Bechara Boutros Rai, y contó con la participación del Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, en representación del Papa León XIV, el presidente de la República, además de las principales autoridades civiles y religiosas del país

El milagro atribuido a la intercesión de Elías Hoyek y que permitió su beatificación se produjo en el seno de la comunidad drusa, una minoría religiosa de Oriente Próximo, un hecho que muchos consideran significativo dada la defensa constante que Hoyek hizo del diálogo y de la convivencia entre las distintas comunidades del país.

Se trata, en concreto, de la curación inexplicable de un hombre musulmán de etnia drusa, originario de Hasbaya (Líbano), casado, padre de tres hijos y oficial del ejército libanés.

Según explica la página web del Dicasterio para las Causas de los Santos del Vaticano, esta persona comenzó en 2005 a sufrir intensos dolores de espalda y de la columna vertebral, que se agravaron considerablemente después de una caída desde una altura de unos cinco metros.

A raíz del accidente tuvo que guardar reposo absoluto. Los exámenes médicos, incluida una tomografía computarizada (TAC), diagnosticaron una espondilólisis bilateral, una enfermedad crónica cuya gravedad permaneció estable durante varios meses.

Sin embargo, una mañana de abril de 2005 despertó completamente libre de dolor y pudo volver a moverse con normalidad. El hombre atribuyó su curación a un sueño en el que vio a un anciano vestido de blanco que llevaba un bastón, figura que posteriormente identificó como el patriarca Hoyek.

Según su testimonio, nunca antes había oído hablar del ahora beato. La recuperación fue total y le permitió retomar su vida y sus actividades habituales, incluida su labor militar.

Según explica el Dicasterio para las Causas de los Santos, la certeza moral de la intercesión del patriarca Elías Boutros Hoyek se sustenta en los elementos objetivos del caso, especialmente la curación repentina e inexplicable del militar libanés y la sorprendente coincidencia entre los detalles del sueño que tuvo y la figura real del beato, a quien afirmaba no conocer previamente.

El dicasterio recuerda además que la acción de Dios a través de los sueños está ampliamente documentada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Además, subraya que en algunos milagros realizados por Jesucristo tampoco existió “una petición explícita previa” por parte de la persona beneficiada, lo que no impide reconocer el carácter sobrenatural de la intervención divina.

El patriarca maronita Elías Hoyek, nuevo Beato del Líbano, en 1919 

El beato Elías Hoyek y su profunda huella en el Líbano

Considerado por muchos como el Padre del Gran Líbano, Hoyek desempeñó un papel decisivo en la configuración del Estado libanés moderno. Tras la Primera Guerra Mundial y el desmantelamiento del Imperio otomano, viajó a la Conferencia de Paz de París en 1919 para defender ante las potencias vencedoras el derecho de los libaneses a constituirse en una entidad política propia.

Su intervención resultó fundamental para la proclamación del Gran Líbano en 1920. Además, defendió una visión plural del país, basada en la convivencia entre las distintas comunidades religiosas. El modelo que promovió apostaba por una nación multiconfesional en la que la diversidad fuera una riqueza y no un motivo de división. Esta visión le valió el reconocimiento histórico como uno de los principales arquitectos del Líbano moderno.

La beatificación también puso de relieve otra faceta de su legado: su compromiso con los más necesitados. Durante la Gran Hambruna que asoló el Monte Líbano entre 1915 y 1918, abrió conventos, monasterios y residencias patriarcales para acoger a huérfanos y familias afectadas por el hambre. Llegó incluso a hipotecar propiedades del Patriarcado para obtener recursos con los que alimentar a la población, sin distinguir entre confesiones religiosas.

Aquellos gestos dejaron una profunda huella en la memoria colectiva del país. Cuando le preguntaban quién compensaría semejantes sacrificios económicos, respondía con sencillez: “Dios proveerá”. Por ello, el pueblo comenzó a llamarlo “el patriarca de los pobres y de los oprimidos”.

Además de su labor patriótica y caritativa, el nuevo beato dejó una profunda huella en la vida eclesial del Líbano. En 1895 fundó la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia, destinada a la educación, la evangelización y la asistencia social.

También promovió la formación del clero, el desarrollo de las misiones y numerosas obras de misericordia.

Nacido en Helta, una localidad de la Diócesis de Batroun, en el norte del Líbano, era hijo de un sacerdote. Tras cursar estudios en el seminario de Kfarhay y posteriormente en Ghazir, dirigido por los jesuitas, fue enviado a Roma para estudiar teología en el Pontificio Colegio Urbano de Propaganda Fide. Fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1870.

A su regreso al Líbano ejerció como profesor de Teología y secretario del patriarca Paul Massaad. En 1889 fue nombrado obispo y vicario patriarcal, desempeñando importantes misiones ante la Santa Sede y Francia. Diez años más tarde, en 1899, fue elegido patriarca maronita, cargo que ocupó hasta su muerte en 1931.

Actualmente, sus restos reposan en Ibrine, en la región de Batroun, junto a la casa madre de la congregación religiosa que fundó.