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sábado, 6 de junio de 2026

Keishera Joubert, madre del ‘bebé milagro’ que nació dos veces: «Me dije: ‘Dios me puso en esta habitación por una razón… Necesito que esto no se trate de mí, sino de salvar a mi hijo y servir al Señor’; Oré mucho»

Greg y Keishera Joubert sonríen orgullosos sosteniendo a su pequeño bebé milagro, Cassian / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

* «No había absolutamente nada más que pudiera hacer que mirar los monitores y rezar a Dios para que se hiciera su voluntad una vez más… Dios nos eligió para que Cassian pudiera dar este salto en la ciencia médica. Dios transformó nuestra mayor tristeza en un gran avance de la ciencia médica, y ahora existe una nueva era de tratamientos para estos bebés... que antes se enfrentaban a un diagnóstico devastadoramente fatal. Ahora podemos decir que estos bebés tienen una buena probabilidad de sobrevivir»

Camino Católico.- A principios de 2025, Keishera y Greg Joubert se alegraron muchísimo al saber que esperaban un segundo hijo. Pero a las 19 semanas, un diagnóstico devastador truncó su ilusión: Cassian padecía el síndrome de obstrucción congénita de las vías respiratorias altas (CHAOS, por sus siglas en inglés), una afección rara y generalmente mortal en la que una membrana gruesa bloquea las vías respiratorias.

Sin darse por vencidos, la pareja católica encontró esperanza en el Dr. Emanuel Vlastos del Hospital Orlando Health Winnie Palmer en Florida. Cuando una cirugía prenatal estándar no logró romper la membrana, el Dr. Vlastos propuso una alternativa radical e innovadora. A las 25 semanas, los médicos practicaron una cesárea parcial para extraer a Cassian, sacando solo su cabeza y brazos del útero. Aún sostenido por la placenta, los especialistas realizaron una delicada traqueotomía para crear una vía respiratoria antes de devolverlo al útero de su madre. 

El pequeño Cassian en el hospital poco después de nacer la segunda vez / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

Seis semanas después, Keishera rompió aguas. Un enorme equipo de 30 profesionales médicos se movilizó para realizar una cirugía final con el fin de asegurar la respiración de Cassian fuera del útero. Literalmente, nació dos veces.

«Cuando me enteré del diagnóstico, fue devastador», explica Keishera Joubert al National Catholic Register. «Me eché a llorar desconsoladamente. Corrí a la habitación y lloré a lágrima viva en un rincón. Existía la posibilidad de que ni siquiera sobreviviera al embarazo».

El pequeño Cassian ha superado un largo camino y ahora está a solo 3 meses de celebrar su primer cumpleaños / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

El diagnóstico suele ser fatal para la mayoría de los bebés. Keishera comenta que, durante su encuentro con el doctor Vlastos, ni siquiera mencionó la posibilidad de interrumpir el embarazo. En cambio, el médico adoptó una actitud proactiva y elaboró ​​un plan para tratar a Cassian en el útero. 

Cuando una cirugía láser laparoscópica inicial no logró perforar la densa obstrucción, el equipo médico optó por una alternativa radical e innovadora: un procedimiento EXIT (Tratamiento Intraparto Ex Utero). 

Durante la compleja cirugía, los médicos extrajeron parcialmente a Cassian mediante cesárea, sacando solo su cabeza y brazos del útero. Mientras aún se mantenía completamente alimentado por la placenta de su madre, un equipo de especialistas en otorrinolaringología logró realizar una pequeña incisión debajo de la obstrucción para practicarle una traqueotomía que le salvó la vida. Una vez asegurada la vía aérea con un tubo, Cassian fue colocado de nuevo en el útero para continuar su desarrollo. 

El bebé Cassian está siendo operado en el útero para corregir sus vías respiratorias / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

Tras la cirugía, Keishera pasó seis semanas en reposo absoluto en la unidad de maternidad del hospital, conectada a monitores fetales las 24 horas del día. 

“Tuve que asimilar la idea de que podría estar aquí hasta el final del embarazo”, recuerda Keishera, señalando cómo tuvo que cambiar su perspectiva, pasando de su propia incomodidad a un enfoque espiritual más profundo. 

“Tuve que volver mi perspectiva hacia Dios y decir: ‘Dios me puso en esta habitación por una razón… Necesito que esto no se trate de mí, sino de salvar a mi hijo y servir al Señor’. Así que, básicamente, así pasé la mayor parte del tiempo. Oré mucho.” 

La montaña rusa médica alcanzó su punto álgido seis semanas después, con el nacimiento de Cassian. Su estancia en la UCIN estuvo marcada por una incertidumbre increíble, incluyendo un momento aterrador durante una limpieza rutinaria de la traqueostomía en el que el bebé estuvo a punto de sufrir un paro cardíaco. 

Un sacerdote católico unge al bebé Cassian durante su estancia en el hospital / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

“Tuve que quedarme allí quieta, impotente, mientras varias personas entraban corriendo a la habitación”, dice Keishera. “No había absolutamente nada más que pudiera hacer que mirar los monitores y rezar a Dios para que se hiciera su voluntad una vez más”. 

Tan solo una semana después de aquel encuentro cercano con la muerte, Cassian recibió el alta para volver a casa. 

Hoy, con nueve meses de edad, Cassian está creciendo sano y salvo junto a su hermano mayor, Matthias, que tiene casi 3 años. 

Reflexionando sobre el vertiginoso año vivido, Keishera considera el logro médico de su hijo como un testimonio de entrega absoluta. 

Greg y Keishera Joubert acariciando a su pequeño bebé milagro, Cassian / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

“Ahora mismo, sé que ha pasado aproximadamente un año desde que supimos de su diagnóstico... Dios nos eligió para que Cassian pudiera dar este salto en la ciencia médica”, dice. 

“Dios transformó nuestra mayor tristeza en un gran avance de la ciencia médica, y ahora existe una nueva era de tratamientos para estos bebés... que antes se enfrentaban a un diagnóstico devastadoramente fatal. Ahora podemos decir que estos bebés tienen una buena probabilidad de sobrevivir”, concluye.

domingo, 3 de mayo de 2026

Mons. Andrew Cozzens, Obispo de la Diócesis de Crookston: «A mi madre el médico le dijo que debía abortar porque el bebé, que era yo, tenía graves malformaciones; la vida siempre es la solución de Dios»

El obispo Andrew Cozzens de la diócesis de Crookston pronuncia un discurso en la clausura de la campaña "40 Días por la Vida" en Moorhead, Minnesota, el 29 de marzo. | Foto: Roxane Salonen - NCRegister

* «Por supuesto lo que esa mujer haría es lo que cualquiera de ustedes haría: simplemente, amar al hijo que Dios nos da. Eso es secundario comparado con la verdad que conocemos: la dignidad de una vida humana.Por eso estamos aquí hoy, orando para que nuestra cultura reconozca la dignidad de la vida humana. Es una dignidad inalienable, decimos, porque proviene de Dios»

Camino Católico.- El 29 de marzo, defensores de la vida en la ciudad de Moorhead, Minnesota, se reunieron para clausurar con canciones y celebraciones la primera campaña de primavera de "40 Días por la Vida" en su área.

El punto central del evento fue un escenario improvisado sobre una plataforma enganchada a una camioneta, en el que se encontraban sentados dos músicos: Tim Mosser, director de la oficina de respeto a la vida de la vecina diócesis de Fargo, en el teclado, y su hijo adoptivo, Romeo, de 8 años, en la batería digital.

Junto con varios testigos locales, que relataron cómo se salvó a un bebé del aborto el primer día de la campaña, y otro posible rescate al final de la misma, se encontraba un invitado especial, distinguido pero humilde, que había venido con palabras de aliento y una historia que provocó un aplauso entusiasta.

“No queremos clínicas de aborto en ningún sitio, pero sobre todo en mi diócesis, ¿verdad?”, dijo Mons. Andrew Cozzens, Obispo de la Diócesis de Crookston, el área sobre la que tiene autoridad espiritual y que había caído en manos del enemigo.

No era su primera visita a la zona. El obispo Cozzens había estado en el mismo lugar, bajo una gran carpa, en una concentración provida el 19 de agosto de 2022.

En ese momento el caso Roe contra Wade había sido revocado apenas unos meses antes, y la única clínica de abortos de Dakota del Norte, la Clínica para Mujeres de Red River, había cerrado sus puertas a principios de mes y se había dirigido al otro lado del río Red, a pocos kilómetros al este, a la ciudad vecina de Fargo, Moorhead, en el estado de Minnesota.

Insistían en que los abortos iban a seguir practicándose en una zona que, de otro modo, ahora ya no tendría más de estos lugares.

Pero los católicos de la zona y los defensores de la vida tenían sus propios planes y, aquella noche de verano, se manifestaron para protestar contra la medida.

Organizado por Pro-life Action Ministries (PLAM), con sede en St. Paul, y encabezado por el líder internacional provida David Bereit, el evento contó con la presencia de otro invitado especial que apareció discretamente entre la multitud: un obispo que acababa de ser nombrado para la diócesis.

Esa noche, el obispo Cozzens habló con los ciudadanos preocupados y con la multitud, compartiendo sus reflexiones sobre lo que significarían estas recientes decisiones y medidas. Su regreso a la zona cuatro años después era significativo.

Un giro de 180 grados

El lugar frente a la clínica de abortos, cerca de donde tuvo lugar aquella manifestación en 2022, ahora alberga un centro de ayuda para mujeres embarazadas de Women's Care. Mientras el obispo Cozzens compartía sus reflexiones, se podía ver el letrero rosa del centro detrás de él, testimonio de que, después de todo, el enemigo aún no ha ganado esta batalla.

El National Catholic Register cuenta que al relatar la historia de esa calle sin salida, el obispo Cozzens dijo: "Realmente he sentido el peso de lo que eso significa; que aquí tenemos un lugar en nuestro propio patio trasero, en nuestra propia casa, donde la muerte se considera una solución".

“Sabemos –continuó- que los únicos que se regocijan en eso son los enemigos de Dios. Y no son las personas que trabajan aquí; ellos no son los enemigos de Dios. Son las fuerzas que los influyen. Ese es nuestro único enemigo”.

Y aunque la campaña 40 Días por la Vida ha terminado por ahora, dijo: "La muerte no desaparece, así que seguimos buscando maneras de dedicarnos a la oración y al sacrificio para estar aquí".

Una historia conmovedora

Minutos antes, el obispo Cozzens había compartido una historia que conmovió visiblemente a los presentes. Se trataba de una mujer embarazada que, a las 20 semanas de gestación, fue hospitalizada cuando rompió aguas prematuramente.

“A la mañana siguiente, el médico entró y dijo: ‘Lamento informarle que el niño en su útero está gravemente malformado y creo que deberíamos inducir el parto’, lo que en ese momento habría sido, en la práctica, un aborto”, compartió.

Pero, siendo católica, la mujer dijo que no le importaba si su bebé tenía malformaciones, porque era un regalo de Dios, explicó el médico. “Usted no lo entiende”, replicó el doctor, mientras el obispo comentaba. “Este niño es un fenómeno”. A lo que la mujer respondió: “Usted no lo entiende. Quiero otro médico”.

A partir de ahí, la pusieron al cuidado de un médico jubilado, un especialista, y le ordenaron reposo absoluto. Pero como el tratamiento del nuevo médico no estaba cubierto por su seguro, sugirió que llegaran a un acuerdo con el primero: si el bebé nacía sano, ese médico tendría que pagar la factura, y si nacía con malformaciones, él se haría cargo de todos los gastos.

El niño nació aproximadamente un mes antes de lo previsto, dijo el obispo Cozzens, y, aparte de algunas alergias, estaba completamente sano. “Vayan a buscar al otro médico para que venga a ver a este pequeño”, dijo el nuevo doctor, admirando al recién nacido.

“Quizás ya se han dado cuenta de que ese bebé era yo”, dijo el obispo Cozzens. “Y esa mujer era mi madre”.

Relató que le habían contado esta historia muchas veces a lo largo de su vida, y debido a eso, y a cómo su vida “casi no llega a suceder”, siempre ha sentido un profundo aprecio por el movimiento provida y su importancia.

El "fenómeno" llegó a ser obispo

De hecho, cuando fue nombrado obispo por primera vez en 2013, un titular de periódico decía: "Un fenómeno se convierte en obispo", y se hizo viral, traducido incluso al italiano como "Il mostro diventa un vescovo". "Recibí correos electrónicos de todo el mundo cuando me nombraron obispo", recordó.

“Por supuesto lo que esa mujer haría es lo que cualquiera de ustedes haría: simplemente, amar al hijo que Dios nos da. Eso es secundario comparado con la verdad que conocemos: la dignidad de una vida humana”.

“Por eso estamos aquí hoy, orando para que nuestra cultura reconozca la dignidad de la vida humana. Es una dignidad inalienable, decimos, porque proviene de Dios”.

En esta cultura de la muerte, comentó, la muerte se convierte en una solución aceptable a los problemas, pero la muerte nunca es la solución.

“La vida siempre es la elección de Dios, y siempre la solución de Dios”.

El obispo Cozzens también mencionó la congruencia entre la campaña "40 Días por la Vida" y los 40 días de Cuaresma que acaban de terminar, y cómo "el sacrificio cuaresmal es una imitación del sacrificio de Jesús y sus 40 días en el desierto, donde salió a luchar contra el diablo".

“Este es el lugar donde sabemos que el enemigo tiene mucho poder en el mundo, y por eso venimos aquí para dar testimonio de Jesús y de su vida, para dar gracias por ello y para continuar esa lucha —que Jesús desea— la lucha contra el mal”.

Tras leer el prólogo del Evangelio de San Juan, ofrecer una bendición y una oración final, los músicos continuaron guiando al público en algunas canciones inspiradoras más, con el pequeño Romeo a la batería, ofreciendo con orgullo sus dones al mundo.

Romeo Mosser, de 8 años, toca la batería mientras la música acompaña la clausura de la campaña "40 Días por la Vida" en Moorhead, Minnesota, el 29 de marzo | Foto: Roxane Salonen - NCRegister

martes, 10 de marzo de 2026

Ramona Treviño era gerente de clínica abortiva: «Me confesé y en Misa durante la consagración escuché que Dios me decía: ‘Ramona, te perdono’; confié en Él, recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás»

Ramona Treviño interviene en un acto de ‘40 días por la vida’ 

* «Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: ‘Ramona, ofrece todo eso a Dios’, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad. Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros»

Camino Católico.-  Ramona Treviño es madre y abuela. A los 30 años trabajó como gerente de un centro de Planned Parenthood, el mayor operador de abortos en EE.UU., pensando que ayudaría a mujeres en dificultades. Sin embargo, algo removió su conciencia y se dio cuenta de que lo que hacía era firmar sentencias de muerte para bebés en gestación. Dios tuvo misericordia y le cambió el corazón para poder salir del negocio de la muerte y redimirse. Cuenta su testimonio de conversión en una entrevista que le hace Alicia Gómez-Monedero en Misión.

- Ramona, ¿cómo llega a ser gerente de un centro de Planned Parenthood?

- Mis padres eran católicos, pero no nos educaron en la fe. Mi padre era alcohólico. A los 16 años me quedé embarazada de una pareja que me maltrataba; tuve a mi hija y finalmente lo dejé. Más tarde conocí a quien hoy es mi marido. Nos casamos y al mes me quedé embarazada de nuevo. Un año después quise volver a trabajar y, en 2008, una amiga me avisó de una vacante en Planned Parenthood. Por mi experiencia trabajando con mujeres, me ofrecieron dirigir un centro en Sherman, a una hora de Dallas, y acepté.

- ¿Sabía lo que sucedía en Planned Parenthood?

Mi centro era de “planificación familiar”. No se practicaban abortos: atendíamos consultas, hacíamos test de embarazo y de enfermedades de transmisión sexual, ofrecíamos anticonceptivos y derivábamos a las mujeres que querían abortar a otros centros. Yo pensaba que, aunque nunca abortaría, cada mujer tenía derecho a decidir.

- ¿Qué pasaba cuando llegaba una mujer que no quería tener a su hijo?

- Nunca debíamos explicar qué ocurría en un aborto; la información estaba en folletos guardados en un armario, sólo por si había una inspección. Cuando una mujer daba positivo en el test, se le ofrecían tres opciones: aborto, adopción o cuidado prenatal. Muchas pedían las tres porque no sabían qué hacer, y en esos casos teníamos instrucciones de animarlas a abortar.

- ¿Era consciente de que estaba autorizando el asesinato de bebés?

- Sí, recuerdo a una pareja joven, de unos 19 años, al poco tiempo de empezar a trabajar. Ella estaba embarazada y la felicité, pero había elegido la opción del aborto. La chica se puso a llorar y yo sólo pensaba en la manera de limpiarme las manos para que la responsabilidad recayera sobre ella. Le di la autorización y se fueron. Después me encerré en mi despacho a llorar sin entender por qué. Hoy creo que fue el dolor de saber que ese bebé iba a morir y yo no lo había impedido. Podría haberme ido entonces, pero pensé sólo en mi carrera. Mi corazón se endureció y desde ahí fue más fácil autorizar abortos.

- ¿Cómo cambió su visión del negocio?

- En el adviento de 2010 yo me sentía muy frustrada con el trabajo porque desde la administración central querían dar formación en todos los centros para inyectar a las mujeres el anticonceptivo Depo-provera y así atraer más clientes. Yo no estaba de acuerdo. Cogí el coche para hacer unas compras de Navidad y empecé a buscar en la radio alguna emisora hasta que di con Radio Católica. En ese momento hablaban del aborto y de los anticonceptivos. Yo no sabía que ciertos anticonceptivos podían ser abortivos y ahí algo cambió en mi cabeza. Había utilizado anticonceptivos durante años y entendí que quizá había abortado sin saberlo. Desde entonces, todos los días ponía Radio Católica al volver del trabajo y siempre escuchaba algo del aborto.

- ¿Y decidió dejar el trabajo?

- No, seguía convencida de que no hacía nada malo porque en mi centro no se realizaban abortos. Sin embargo, en enero de 2011 Live Action destapó unos escándalos de abusos sexuales a menores que Planned Parenthood había encubierto. Yo pensaba que desde la central nos darían instrucciones para denunciar un acoso, pero en cambio nos entrenaron para encubrirlo. Ese fue el punto de inflexión. Ahí empecé a sentir un gran deseo de acercarme ala confesión.

Ramona Treviño rodeada de personas que escuchan sus palabras en un acto de ‘40 días por la vida’ 

- ¿Logró confesarse?

- Tenía miedo porque sabía que me dirían que debía dejar el trabajo. Y efectivamente cuando me confesé el sacerdote me dijo que debía dejar mi puesto “lo más pronto posible”. Yo interpreté sus palabras como que era algo urgente, pero no inmediato. En ese tiempo escuché en la radio un anuncio sobre la campaña de oración que 40 Días por la Vida haría en cuaresma frente a mi centro. Pensé que era el momento para pedir ayuda.

- ¿Así lo hizo?

- Al tercer día de verlos ahí rezando me decidí y salí. Me acerqué a una mujer y le dije que trabajaba en la clínica, que no quería seguir, que rezara por mí. Entonces, se acercó un hombre, el encargado de las vigilias de oración de ese punto. Hablé con él y le di permiso para que compartiera mi historia y rezaran por mí. Lo curioso es que aquella señora no formaba parte de la campaña, sino que el Espíritu Santo le había puesto en su corazón ir allí a rezar. Nunca más la volví a ver.

- ¿Qué pasó después?

- Quería dejar el trabajo, pero pensaba que, si no encontraba otro, lo íbamos a pasar mal. Entre tanto, creció mi fe, rezaba a diario, acudíamos a misa en familia los domingos, celebramos la Semana Santa. Al volver a trabajar después de la Pascua, todos, incluso mi marido, me decían que debía dimitir. Pero no era capaz. El martes siguiente, al volver del trabajo encendí la radio y la locutora hablaba con un hombre que llevaba años rezando por los no nacidos, y dijo: “Señor, gracias por todo lo que has hecho por los no nacidos. Gracias por estar ahí porque al final de nuestras vidas cuando estemos frente a ti nos vas a preguntar: ¿Tenías idea de cuántos bebés se estaban matando todos los días? ¿Qué hiciste para impedirlo?”. Ese momento fue una puñalada en mi alma. Empecé a llorar pensando que me iba a ir al infierno. 

- Pero la misericordia de Dios es infinita cuando nos arrepentimos…

- Y tanto que lo es. El 1 de mayo de 2011, fiesta de la Divina Misericordia, estando en misa tremendamente arrepentida, durante la consagración escuché claramente que Dios me decía: “Ramona, te perdono”. Aquello me dio fuerzas para fiarme de Él completamente. Esa semana recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás. Tres meses después, el equipo de 40 Días por la Vida me llamó para celebrar la clausura de ese centro de Planned Parenthood.

- A partir de ahí ¿fue fácil seguir?

- Para nada. Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: “Ramona, ofrece todo eso a Dios”, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad.

- Y ahora, ¿a qué se dedica?

Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. 

Ramona asegura que no cambiaría su historia porque Dios permitió que pasase por lo que pasó “para poder ayudar a personas en la misma situación”. Y añade que cuando Dios te rescata de algo así “debes compartirlo para dar gloria. Si lo guardo para mí no estoy compartiendo esa luz y esa esperanza con otros. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros”, concluye.

lunes, 25 de agosto de 2025

Yesica González: «Aborté, me confesé, Jesús me perdonó, pero yo no me perdoné a mí misma; yo necesitaba a Dios; volví a confesar mi pecado del aborto, y algo en mí comenzó a sanar»

A Yesica González Cristo la ha sanado de sus heridas de haber abortado

* «En el retiro del Viñedo de Raquel, viví una experiencia mística profunda: Jesús me mostró a mis hijos en el Cielo. Los vi correr hacia mi, los abracé. Mi hijo Gabriel me dijo: 'Mamá, no estés triste. Mi hermanita y yo te amamos y te vamos a esperar'. Y yo les pregunté: 'Pero si este es el cielo, ¿dónde está ella, dónde está la Virgen María?'. La vi, a los lejos, en la cima de la colina, vestida toda de blanco, con un bebé entre sus brazos, con niños a su alrededor, y ahí, en ese instante, me di cuenta y me dije: '¡Claro! Mis hijos tienen a la mejor y más bella mamá, ellos tienen a la Virgen María, ella cuida a mis hijos en el cielo'» 

Camino Católico.- “Yo también he estado ahí”. Con estas palabras, Yesica González comienza su testimonio. Un testimonio que nace del dolor más profundo: el del aborto, pero que florece en la esperanza, la misericordia y la misión. Desde Nicaragua hasta Medjugorje, Yesica ha recorrido un camino de transformación radical, que hoy la convierte en instrumento de sanación para muchas otras mujeres heridas por el aborto. Su historia no solo conmueve, sino que confirma una verdad eterna: en Dios, el dolor más escondido puede convertirse en semilla de vida nueva. 

Dios me está cobrando el negarle la vida a mi primer bebé

Yesica tenía apenas 16 años cuando se enfrentó a una prueba de embarazo positiva. Su novio reaccionó con temor: “Te amo, pero no podemos ser padres”. En menos de una semana, se encontraba sedada en una clínica en Nicaragua, un país donde el aborto es ilegal en todas sus formas. Nunca vio nada. No sintió dolor. Solo despertó con un vacío imposible de nombrar.

"Busqué pruebas físicas de que algo había pasado. Pero todo estaba limpio, como si nada hubiese ocurrido. Y, sin embargo, mi alma gritaba lo contrario", comparte a Ingrid Basaldúa Guzmán en Aleteia.

Tras confesar el aborto, recibió la absolución de un sacerdote franciscano gracias a una dispensa especial de san Juan Pablo II. Pero la paz no llegó. “Jesús me perdonó, pero yo no me perdoné a mí misma”, explica la joven nicaragüense. 

Cuatro años más tarde, estando en otra relación con propuesta de matrimonio, volvió a quedar embarazada. Esta vez escuchó las siguientes palabras: "Sé que no hicimos las cosas correctamente, pero a pesar de ello yo, estoy Feliz 'Voy a ser papá'".

Estas palabras resonaron en el corazón de Yesica y le dieron la seguridad de que podía enfrentar este momento; sin embargo, el dolor volvió pronto. A los siete meses de gestación, su bebé, Alicia Marcela, murió en el vientre. El impacto fue devastador. “Yo pensé: esto es un castigo. No merezco ser madre. Dios me está cobrando el negarle la vida a mi primer bebé, yo me merezco sufrir”. Aquella noche, en el hospital, rodeada de madres que sí pudieron tener a sus hijos vivos, Yesica vivió “el viernes más doloroso” de su vida.

Después de vivir sumida en la tristeza y el silencio y de no contarle a nadie sobre su aborto, la vida de Yesica comenzó a cambiar en 2012, gracias a un retiro de castidad organizado por la misión Corazón Puro. Por primera vez escuchó hablar del verdadero sentido del amor, de la virtud de la castidad, del significado de la feminidad y masculinidad, del Sacramento del Matrimonio, y del perdón real.

"Allí supe que quería cambiar porque erróneamente yo buscaba algo pero era alguien a quien yo necesitaba, Dios. Volví a confesar mi historia, mi pecado del aborto, y algo en mí comenzó a sanar", cuenta Yesica

Yesica González del Viñedo de Raquel hoy ayuda a personas a sanar de los traumes del aborto

La verdadera sanación

Pero la verdadera sanación llegó cuatro años después, en 2016, cuando finalmente aceptó la invitación del Padre Agustín María Conner a asistir al Viñedo de Raquel, el retiro de sanación post-aborto más grande del mundo.

“Fui con miedo, con vergüenza, con dudas… pero decidí dar el salto de fe. En ese retiro, viví una experiencia mística profunda: Jesús me mostró a mis hijos en el Cielo. Los vi correr hacia mi, los abracé. Mi hijo Gabriel me dijo: 'Mamá, no estés triste. Mi hermanita y yo te amamos y te vamos a esperar''"

Yésica cuenta que, en ese momento, les hizo una pregunta: 'Pero si este es el cielo, ¿dónde está ella, dónde está la Virgen María?' . Y continúa: "La vi, a los lejos, en la cima de la colina, vestida toda de blanco ,con un bebé entre sus brazos, con niños a su alrededor, y ahí, en ese instante, me di cuenta y me dije: '¡Claro! Mis hijos tienen a la mejor y más bella mamá, ellos tienen a la Virgen María, ella cuida a mis hijos en el cielo'”.

Desde entonces, Yesica se entregó a la misión provida, compartiendo su testimonio en colegios, retiros y comunidades, y colaborando con el Viñedo de Raquel en Nicaragua. Con la ayuda del Padre Agustín, la comunidad Oasis de la Paz y la organización de Peregrinando con María, uno de sus sueños se concretó.

En 2023 se celebró el primer retiro del Viñedo de Raquel en Medjugorje, Allí, en la tierra de María, Yesica acompaña hoy a hombres y mujeres a reconciliarse con sus hijos en el Cielo, a experimentar la misericordia de Jesús, y a abrirse a la ternura infinita de la Reina de la Paz. 

Cada retiro es un milagro; una experiencia que une retiro y peregrinación, sanación y contemplación, en el corazón del santuario donde María, la Reina de la Paz, sigue tocando almas cada día. 

Hoy, desde esa tierra bendita, su voz se levanta para todos aquellos que han vivido el drama del aborto en silencio: "Sí, hay sanación. Sí, hay perdón. Sí, hay un cielo esperándonos. Y mi Madre te espera en Medjugorje", invita Yesi a todos aquellos que hayan pasado por el dolor del aborto.

sábado, 1 de marzo de 2025

Ashley defendía el aborto por violación, pero descubrió que ella había sido concebida así: «Pensaba suicidarme hasta que busqué la voz de Dios en mi vida; estoy viva por Su gracia, me conoce, me creó y me ama»


Ashley con su esposo e hijos.

* «Dios sabía lo que iba a suceder el día en que fui concebida, y tenía un plan más grande de lo que cualquiera podía ver. Dios toma situaciones malas y hace algo hermoso. ¡Soy una hija de Dios! Su adopción es hermosa, segura y asombrosa en su glorioso diseño. Estoy aquí para compartir las buenas noticias de Dios y su plan para tu vida y la mía»

Camino Católico.- "Haber sido concebida en una violación no me hace menos digna de vivir": así piensa Ashley hoy. Sin embargo, cuando era adolescente, imbuida por la propaganda ideológica ambiental, era partidaria del aborto en caso de violación: "¿Cómo se podría esperar que una mujer cargara un hijo concebido bajo circunstancias tan horribles y malvadas?", pensaba.

De niña supo que era adoptada, y lloró mucho cuando se lo dijeron, sintió "rechazo" y "dolor". Sabía, sí, cuánto la amaban sus padres adoptivos:  "Pero no sabían cómo me sentía. No podían saberlo. Ellos sabían de dónde venían. Yo no", cuenta ella misma en el blog Salvar El 1 , fundado por Rebecca Kiessling y especializado en el aborto por violación. Ashley ante su situación dice que “pensaba suicidarme hasta que busqué la voz de Dios en mi vida; estoy viva por Su gracia, me conoce, me creó y me ama”. Esta es su historia:

Haber sido concebida en una violación no me hace menos digna de vivir. La violación no me define. Yo soy como Dios me ha moldeado. Él me ama y tiene un propósito para mí. Mi vida tenía valor en el momento de mi concepción y lo sigue teniendo ahora.

“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” (Salmo 139:13-16)

Siempre supe que fui adoptada. Recuerdo a mis padres sentándome y explicándomelo. Recuerdo llorar hasta quedarme dormida pensando: Vosotros no sois mis verdaderos papá y mamá. Recuerdo el rechazo y el dolor que sentí. Me amaban tanto y querían ayudarme a lidiar con esta avalancha de emociones, pero no sabían cómo se sentía. No podían saberlo. Ellos sabían de dónde venían. Yo no.                                                        

Esta lucha interna continuó por años. Poco sabía yo que solo conocía una parte de la historia. Estaba en mi último año de secundaria cuando lo descubrí: mi madre biológica había sido violada.

He imaginado la escena una y otra vez en mi mente—cómo mi cumpleaños casi no sucedió. Una joven es recogida para una cita y una noche en la ciudad. Su novio es encantador, persuasivo. La noche iba bien, y luego las cosas tomaron un giro para peor. Lo llamaron violación en una cita. Nueve meses después, aquí estaba yo. Nacida de una mujer que no me quería, que ni siquiera quería saber si era niña o niño.

No amada, no deseada, pero salvada de la violencia impensable del aborto, que de alguna manera es totalmente aceptado en nuestra sociedad. Recuerdo mirar por la ventana del auto de mi madre pensando: Eres un producto del mal; nunca debiste haber existido.

Cómo el enemigo tiene una forma de usar las palabras. Durante años, viví con esos sentimientos persistentes, esos pensamientos de odio—sintiéndome como si estuviera predestinada para algo horrible solo porque así comenzó mi vida. Me sentía patética, o al menos eso me repetía a mí misma. Tenía días buenos, semanas, meses… pero siempre regresaba esa sombra.

Pensando en aquel día, puedo recordar vívidamente lo que mi madre dijo con tanta naturalidad y cómo Satanás estaba convirtiendo la verdad en mentiras. No era yo quien me decía que no debía existir, era el enemigo susurrando: Tú no deberías existir, cualquier cosa para derribarme y hacerme cuestionar el propósito de mi vida.

Ashley En una manifestación en favor de la vida

¿Quién puede imaginar ser violada y luego descubrir que está embarazada del hijo de su agresor? Recuerdo que, como estudiante de secundaria, justificaba que un aborto sería aceptable en caso de violación—quiero decir, ¿cómo se podría esperar que una mujer cargara un hijo concebido bajo circunstancias tan horribles y malvadas? Oh, espera… eso podría haber sido yo.

Cuestionaba todo: mi valor, incluso mi existencia. Pensamientos de suicidio iban y venían. Nunca actué en consecuencia y siempre desechaba la idea. No fue hasta que busqué la voz de Dios en mi vida que esos pensamientos comenzaron a desaparecer.

Poco sabía yo que Dios me estaba llamando a Él. ¿Me quería? No podía ser—Él no sabe sobre mí, de dónde vengo…

"Sí, Ashley, te quiero."

Abrí mi Biblia en Jeremías 1, 5:

“Antes que te formase en el vientre te conocí,

y antes que nacieses te santifiqué,

te di por profeta a las naciones”.

Él me conoce, Él me creó, Él me ama.

Verás, yo no fui un error. Dios sabía lo que iba a suceder el día en que fui concebida, y tenía un plan más grande de lo que cualquiera podía ver. A un nivel más fundamental de lo que incluso mis padres adoptivos podían imaginar, mi Padre reveló la importancia y el propósito que imprimió en mi vida.

Dios toma situaciones malas y hace algo hermoso. ¡Soy una hija de Dios! Su adopción es hermosa, segura y asombrosa en su glorioso diseño. Estoy aquí para compartir las buenas noticias de Dios y su plan para tu vida y la mía.

Estoy viva—no por accidente, sino por Su gracia.

Todos debemos recordar que Dios tiene un plan para nuestras vidas. Puede que no lo veamos o que ni siquiera lo entendamos. Todo lo que podemos hacer es buscar Su rostro y Su voluntad cada día. No debemos desanimarnos cuando sentimos que el mundo nos ha dado la espalda, ¡porque lo ha hecho! Pero Dios no nos ha dado la espalda. Dios estaba, y sigue estando, en control.

Debido a las circunstancias que rodearon mi concepción y nacimiento, he tenido la increíble oportunidad de ministrar a otros, alzando mi voz en contra del aborto y compartiendo el amor de Cristo con quienes están sanando de esa experiencia.

Cada día recuerdo que el plan de Dios es perfecto. ¡Soy bendecida por escribir y hablar de lo que Él ha hecho en mí y a través de mí!

Alabado sea Dios por Su corazón revelado en Jeremías 29:11:

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Yahvé, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”