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martes, 10 de marzo de 2026

Ramona Treviño era gerente de clínica abortiva: «Me confesé y en Misa durante la consagración escuché que Dios me decía: ‘Ramona, te perdono’; confié en Él, recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás»

Ramona Treviño interviene en un acto de ‘40 días por la vida’ 

* «Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: ‘Ramona, ofrece todo eso a Dios’, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad. Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros»

Camino Católico.-  Ramona Treviño es madre y abuela. A los 30 años trabajó como gerente de un centro de Planned Parenthood, el mayor operador de abortos en EE.UU., pensando que ayudaría a mujeres en dificultades. Sin embargo, algo removió su conciencia y se dio cuenta de que lo que hacía era firmar sentencias de muerte para bebés en gestación. Dios tuvo misericordia y le cambió el corazón para poder salir del negocio de la muerte y redimirse. Cuenta su testimonio de conversión en una entrevista que le hace Alicia Gómez-Monedero en Misión.

- Ramona, ¿cómo llega a ser gerente de un centro de Planned Parenthood?

- Mis padres eran católicos, pero no nos educaron en la fe. Mi padre era alcohólico. A los 16 años me quedé embarazada de una pareja que me maltrataba; tuve a mi hija y finalmente lo dejé. Más tarde conocí a quien hoy es mi marido. Nos casamos y al mes me quedé embarazada de nuevo. Un año después quise volver a trabajar y, en 2008, una amiga me avisó de una vacante en Planned Parenthood. Por mi experiencia trabajando con mujeres, me ofrecieron dirigir un centro en Sherman, a una hora de Dallas, y acepté.

- ¿Sabía lo que sucedía en Planned Parenthood?

Mi centro era de “planificación familiar”. No se practicaban abortos: atendíamos consultas, hacíamos test de embarazo y de enfermedades de transmisión sexual, ofrecíamos anticonceptivos y derivábamos a las mujeres que querían abortar a otros centros. Yo pensaba que, aunque nunca abortaría, cada mujer tenía derecho a decidir.

- ¿Qué pasaba cuando llegaba una mujer que no quería tener a su hijo?

- Nunca debíamos explicar qué ocurría en un aborto; la información estaba en folletos guardados en un armario, sólo por si había una inspección. Cuando una mujer daba positivo en el test, se le ofrecían tres opciones: aborto, adopción o cuidado prenatal. Muchas pedían las tres porque no sabían qué hacer, y en esos casos teníamos instrucciones de animarlas a abortar.

- ¿Era consciente de que estaba autorizando el asesinato de bebés?

- Sí, recuerdo a una pareja joven, de unos 19 años, al poco tiempo de empezar a trabajar. Ella estaba embarazada y la felicité, pero había elegido la opción del aborto. La chica se puso a llorar y yo sólo pensaba en la manera de limpiarme las manos para que la responsabilidad recayera sobre ella. Le di la autorización y se fueron. Después me encerré en mi despacho a llorar sin entender por qué. Hoy creo que fue el dolor de saber que ese bebé iba a morir y yo no lo había impedido. Podría haberme ido entonces, pero pensé sólo en mi carrera. Mi corazón se endureció y desde ahí fue más fácil autorizar abortos.

- ¿Cómo cambió su visión del negocio?

- En el adviento de 2010 yo me sentía muy frustrada con el trabajo porque desde la administración central querían dar formación en todos los centros para inyectar a las mujeres el anticonceptivo Depo-provera y así atraer más clientes. Yo no estaba de acuerdo. Cogí el coche para hacer unas compras de Navidad y empecé a buscar en la radio alguna emisora hasta que di con Radio Católica. En ese momento hablaban del aborto y de los anticonceptivos. Yo no sabía que ciertos anticonceptivos podían ser abortivos y ahí algo cambió en mi cabeza. Había utilizado anticonceptivos durante años y entendí que quizá había abortado sin saberlo. Desde entonces, todos los días ponía Radio Católica al volver del trabajo y siempre escuchaba algo del aborto.

- ¿Y decidió dejar el trabajo?

- No, seguía convencida de que no hacía nada malo porque en mi centro no se realizaban abortos. Sin embargo, en enero de 2011 Live Action destapó unos escándalos de abusos sexuales a menores que Planned Parenthood había encubierto. Yo pensaba que desde la central nos darían instrucciones para denunciar un acoso, pero en cambio nos entrenaron para encubrirlo. Ese fue el punto de inflexión. Ahí empecé a sentir un gran deseo de acercarme ala confesión.

Ramona Treviño rodeada de personas que escuchan sus palabras en un acto de ‘40 días por la vida’ 

- ¿Logró confesarse?

- Tenía miedo porque sabía que me dirían que debía dejar el trabajo. Y efectivamente cuando me confesé el sacerdote me dijo que debía dejar mi puesto “lo más pronto posible”. Yo interpreté sus palabras como que era algo urgente, pero no inmediato. En ese tiempo escuché en la radio un anuncio sobre la campaña de oración que 40 Días por la Vida haría en cuaresma frente a mi centro. Pensé que era el momento para pedir ayuda.

- ¿Así lo hizo?

- Al tercer día de verlos ahí rezando me decidí y salí. Me acerqué a una mujer y le dije que trabajaba en la clínica, que no quería seguir, que rezara por mí. Entonces, se acercó un hombre, el encargado de las vigilias de oración de ese punto. Hablé con él y le di permiso para que compartiera mi historia y rezaran por mí. Lo curioso es que aquella señora no formaba parte de la campaña, sino que el Espíritu Santo le había puesto en su corazón ir allí a rezar. Nunca más la volví a ver.

- ¿Qué pasó después?

- Quería dejar el trabajo, pero pensaba que, si no encontraba otro, lo íbamos a pasar mal. Entre tanto, creció mi fe, rezaba a diario, acudíamos a misa en familia los domingos, celebramos la Semana Santa. Al volver a trabajar después de la Pascua, todos, incluso mi marido, me decían que debía dimitir. Pero no era capaz. El martes siguiente, al volver del trabajo encendí la radio y la locutora hablaba con un hombre que llevaba años rezando por los no nacidos, y dijo: “Señor, gracias por todo lo que has hecho por los no nacidos. Gracias por estar ahí porque al final de nuestras vidas cuando estemos frente a ti nos vas a preguntar: ¿Tenías idea de cuántos bebés se estaban matando todos los días? ¿Qué hiciste para impedirlo?”. Ese momento fue una puñalada en mi alma. Empecé a llorar pensando que me iba a ir al infierno. 

- Pero la misericordia de Dios es infinita cuando nos arrepentimos…

- Y tanto que lo es. El 1 de mayo de 2011, fiesta de la Divina Misericordia, estando en misa tremendamente arrepentida, durante la consagración escuché claramente que Dios me decía: “Ramona, te perdono”. Aquello me dio fuerzas para fiarme de Él completamente. Esa semana recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás. Tres meses después, el equipo de 40 Días por la Vida me llamó para celebrar la clausura de ese centro de Planned Parenthood.

- A partir de ahí ¿fue fácil seguir?

- Para nada. Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: “Ramona, ofrece todo eso a Dios”, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad.

- Y ahora, ¿a qué se dedica?

Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. 

Ramona asegura que no cambiaría su historia porque Dios permitió que pasase por lo que pasó “para poder ayudar a personas en la misma situación”. Y añade que cuando Dios te rescata de algo así “debes compartirlo para dar gloria. Si lo guardo para mí no estoy compartiendo esa luz y esa esperanza con otros. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros”, concluye.

lunes, 25 de agosto de 2025

Yesica González: «Aborté, me confesé, Jesús me perdonó, pero yo no me perdoné a mí misma; yo necesitaba a Dios; volví a confesar mi pecado del aborto, y algo en mí comenzó a sanar»

A Yesica González Cristo la ha sanado de sus heridas de haber abortado

* «En el retiro del Viñedo de Raquel, viví una experiencia mística profunda: Jesús me mostró a mis hijos en el Cielo. Los vi correr hacia mi, los abracé. Mi hijo Gabriel me dijo: 'Mamá, no estés triste. Mi hermanita y yo te amamos y te vamos a esperar'. Y yo les pregunté: 'Pero si este es el cielo, ¿dónde está ella, dónde está la Virgen María?'. La vi, a los lejos, en la cima de la colina, vestida toda de blanco, con un bebé entre sus brazos, con niños a su alrededor, y ahí, en ese instante, me di cuenta y me dije: '¡Claro! Mis hijos tienen a la mejor y más bella mamá, ellos tienen a la Virgen María, ella cuida a mis hijos en el cielo'» 

Camino Católico.- “Yo también he estado ahí”. Con estas palabras, Yesica González comienza su testimonio. Un testimonio que nace del dolor más profundo: el del aborto, pero que florece en la esperanza, la misericordia y la misión. Desde Nicaragua hasta Medjugorje, Yesica ha recorrido un camino de transformación radical, que hoy la convierte en instrumento de sanación para muchas otras mujeres heridas por el aborto. Su historia no solo conmueve, sino que confirma una verdad eterna: en Dios, el dolor más escondido puede convertirse en semilla de vida nueva. 

Dios me está cobrando el negarle la vida a mi primer bebé

Yesica tenía apenas 16 años cuando se enfrentó a una prueba de embarazo positiva. Su novio reaccionó con temor: “Te amo, pero no podemos ser padres”. En menos de una semana, se encontraba sedada en una clínica en Nicaragua, un país donde el aborto es ilegal en todas sus formas. Nunca vio nada. No sintió dolor. Solo despertó con un vacío imposible de nombrar.

"Busqué pruebas físicas de que algo había pasado. Pero todo estaba limpio, como si nada hubiese ocurrido. Y, sin embargo, mi alma gritaba lo contrario", comparte a Ingrid Basaldúa Guzmán en Aleteia.

Tras confesar el aborto, recibió la absolución de un sacerdote franciscano gracias a una dispensa especial de san Juan Pablo II. Pero la paz no llegó. “Jesús me perdonó, pero yo no me perdoné a mí misma”, explica la joven nicaragüense. 

Cuatro años más tarde, estando en otra relación con propuesta de matrimonio, volvió a quedar embarazada. Esta vez escuchó las siguientes palabras: "Sé que no hicimos las cosas correctamente, pero a pesar de ello yo, estoy Feliz 'Voy a ser papá'".

Estas palabras resonaron en el corazón de Yesica y le dieron la seguridad de que podía enfrentar este momento; sin embargo, el dolor volvió pronto. A los siete meses de gestación, su bebé, Alicia Marcela, murió en el vientre. El impacto fue devastador. “Yo pensé: esto es un castigo. No merezco ser madre. Dios me está cobrando el negarle la vida a mi primer bebé, yo me merezco sufrir”. Aquella noche, en el hospital, rodeada de madres que sí pudieron tener a sus hijos vivos, Yesica vivió “el viernes más doloroso” de su vida.

Después de vivir sumida en la tristeza y el silencio y de no contarle a nadie sobre su aborto, la vida de Yesica comenzó a cambiar en 2012, gracias a un retiro de castidad organizado por la misión Corazón Puro. Por primera vez escuchó hablar del verdadero sentido del amor, de la virtud de la castidad, del significado de la feminidad y masculinidad, del Sacramento del Matrimonio, y del perdón real.

"Allí supe que quería cambiar porque erróneamente yo buscaba algo pero era alguien a quien yo necesitaba, Dios. Volví a confesar mi historia, mi pecado del aborto, y algo en mí comenzó a sanar", cuenta Yesica

Yesica González del Viñedo de Raquel hoy ayuda a personas a sanar de los traumes del aborto

La verdadera sanación

Pero la verdadera sanación llegó cuatro años después, en 2016, cuando finalmente aceptó la invitación del Padre Agustín María Conner a asistir al Viñedo de Raquel, el retiro de sanación post-aborto más grande del mundo.

“Fui con miedo, con vergüenza, con dudas… pero decidí dar el salto de fe. En ese retiro, viví una experiencia mística profunda: Jesús me mostró a mis hijos en el Cielo. Los vi correr hacia mi, los abracé. Mi hijo Gabriel me dijo: 'Mamá, no estés triste. Mi hermanita y yo te amamos y te vamos a esperar''"

Yésica cuenta que, en ese momento, les hizo una pregunta: 'Pero si este es el cielo, ¿dónde está ella, dónde está la Virgen María?' . Y continúa: "La vi, a los lejos, en la cima de la colina, vestida toda de blanco ,con un bebé entre sus brazos, con niños a su alrededor, y ahí, en ese instante, me di cuenta y me dije: '¡Claro! Mis hijos tienen a la mejor y más bella mamá, ellos tienen a la Virgen María, ella cuida a mis hijos en el cielo'”.

Desde entonces, Yesica se entregó a la misión provida, compartiendo su testimonio en colegios, retiros y comunidades, y colaborando con el Viñedo de Raquel en Nicaragua. Con la ayuda del Padre Agustín, la comunidad Oasis de la Paz y la organización de Peregrinando con María, uno de sus sueños se concretó.

En 2023 se celebró el primer retiro del Viñedo de Raquel en Medjugorje, Allí, en la tierra de María, Yesica acompaña hoy a hombres y mujeres a reconciliarse con sus hijos en el Cielo, a experimentar la misericordia de Jesús, y a abrirse a la ternura infinita de la Reina de la Paz. 

Cada retiro es un milagro; una experiencia que une retiro y peregrinación, sanación y contemplación, en el corazón del santuario donde María, la Reina de la Paz, sigue tocando almas cada día. 

Hoy, desde esa tierra bendita, su voz se levanta para todos aquellos que han vivido el drama del aborto en silencio: "Sí, hay sanación. Sí, hay perdón. Sí, hay un cielo esperándonos. Y mi Madre te espera en Medjugorje", invita Yesi a todos aquellos que hayan pasado por el dolor del aborto.

sábado, 1 de marzo de 2025

Ashley defendía el aborto por violación, pero descubrió que ella había sido concebida así: «Pensaba suicidarme hasta que busqué la voz de Dios en mi vida; estoy viva por Su gracia, me conoce, me creó y me ama»


Ashley con su esposo e hijos.

* «Dios sabía lo que iba a suceder el día en que fui concebida, y tenía un plan más grande de lo que cualquiera podía ver. Dios toma situaciones malas y hace algo hermoso. ¡Soy una hija de Dios! Su adopción es hermosa, segura y asombrosa en su glorioso diseño. Estoy aquí para compartir las buenas noticias de Dios y su plan para tu vida y la mía»

Camino Católico.- "Haber sido concebida en una violación no me hace menos digna de vivir": así piensa Ashley hoy. Sin embargo, cuando era adolescente, imbuida por la propaganda ideológica ambiental, era partidaria del aborto en caso de violación: "¿Cómo se podría esperar que una mujer cargara un hijo concebido bajo circunstancias tan horribles y malvadas?", pensaba.

De niña supo que era adoptada, y lloró mucho cuando se lo dijeron, sintió "rechazo" y "dolor". Sabía, sí, cuánto la amaban sus padres adoptivos:  "Pero no sabían cómo me sentía. No podían saberlo. Ellos sabían de dónde venían. Yo no", cuenta ella misma en el blog Salvar El 1 , fundado por Rebecca Kiessling y especializado en el aborto por violación. Ashley ante su situación dice que “pensaba suicidarme hasta que busqué la voz de Dios en mi vida; estoy viva por Su gracia, me conoce, me creó y me ama”. Esta es su historia:

Haber sido concebida en una violación no me hace menos digna de vivir. La violación no me define. Yo soy como Dios me ha moldeado. Él me ama y tiene un propósito para mí. Mi vida tenía valor en el momento de mi concepción y lo sigue teniendo ahora.

“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” (Salmo 139:13-16)

Siempre supe que fui adoptada. Recuerdo a mis padres sentándome y explicándomelo. Recuerdo llorar hasta quedarme dormida pensando: Vosotros no sois mis verdaderos papá y mamá. Recuerdo el rechazo y el dolor que sentí. Me amaban tanto y querían ayudarme a lidiar con esta avalancha de emociones, pero no sabían cómo se sentía. No podían saberlo. Ellos sabían de dónde venían. Yo no.                                                        

Esta lucha interna continuó por años. Poco sabía yo que solo conocía una parte de la historia. Estaba en mi último año de secundaria cuando lo descubrí: mi madre biológica había sido violada.

He imaginado la escena una y otra vez en mi mente—cómo mi cumpleaños casi no sucedió. Una joven es recogida para una cita y una noche en la ciudad. Su novio es encantador, persuasivo. La noche iba bien, y luego las cosas tomaron un giro para peor. Lo llamaron violación en una cita. Nueve meses después, aquí estaba yo. Nacida de una mujer que no me quería, que ni siquiera quería saber si era niña o niño.

No amada, no deseada, pero salvada de la violencia impensable del aborto, que de alguna manera es totalmente aceptado en nuestra sociedad. Recuerdo mirar por la ventana del auto de mi madre pensando: Eres un producto del mal; nunca debiste haber existido.

Cómo el enemigo tiene una forma de usar las palabras. Durante años, viví con esos sentimientos persistentes, esos pensamientos de odio—sintiéndome como si estuviera predestinada para algo horrible solo porque así comenzó mi vida. Me sentía patética, o al menos eso me repetía a mí misma. Tenía días buenos, semanas, meses… pero siempre regresaba esa sombra.

Pensando en aquel día, puedo recordar vívidamente lo que mi madre dijo con tanta naturalidad y cómo Satanás estaba convirtiendo la verdad en mentiras. No era yo quien me decía que no debía existir, era el enemigo susurrando: Tú no deberías existir, cualquier cosa para derribarme y hacerme cuestionar el propósito de mi vida.

Ashley En una manifestación en favor de la vida

¿Quién puede imaginar ser violada y luego descubrir que está embarazada del hijo de su agresor? Recuerdo que, como estudiante de secundaria, justificaba que un aborto sería aceptable en caso de violación—quiero decir, ¿cómo se podría esperar que una mujer cargara un hijo concebido bajo circunstancias tan horribles y malvadas? Oh, espera… eso podría haber sido yo.

Cuestionaba todo: mi valor, incluso mi existencia. Pensamientos de suicidio iban y venían. Nunca actué en consecuencia y siempre desechaba la idea. No fue hasta que busqué la voz de Dios en mi vida que esos pensamientos comenzaron a desaparecer.

Poco sabía yo que Dios me estaba llamando a Él. ¿Me quería? No podía ser—Él no sabe sobre mí, de dónde vengo…

"Sí, Ashley, te quiero."

Abrí mi Biblia en Jeremías 1, 5:

“Antes que te formase en el vientre te conocí,

y antes que nacieses te santifiqué,

te di por profeta a las naciones”.

Él me conoce, Él me creó, Él me ama.

Verás, yo no fui un error. Dios sabía lo que iba a suceder el día en que fui concebida, y tenía un plan más grande de lo que cualquiera podía ver. A un nivel más fundamental de lo que incluso mis padres adoptivos podían imaginar, mi Padre reveló la importancia y el propósito que imprimió en mi vida.

Dios toma situaciones malas y hace algo hermoso. ¡Soy una hija de Dios! Su adopción es hermosa, segura y asombrosa en su glorioso diseño. Estoy aquí para compartir las buenas noticias de Dios y su plan para tu vida y la mía.

Estoy viva—no por accidente, sino por Su gracia.

Todos debemos recordar que Dios tiene un plan para nuestras vidas. Puede que no lo veamos o que ni siquiera lo entendamos. Todo lo que podemos hacer es buscar Su rostro y Su voluntad cada día. No debemos desanimarnos cuando sentimos que el mundo nos ha dado la espalda, ¡porque lo ha hecho! Pero Dios no nos ha dado la espalda. Dios estaba, y sigue estando, en control.

Debido a las circunstancias que rodearon mi concepción y nacimiento, he tenido la increíble oportunidad de ministrar a otros, alzando mi voz en contra del aborto y compartiendo el amor de Cristo con quienes están sanando de esa experiencia.

Cada día recuerdo que el plan de Dios es perfecto. ¡Soy bendecida por escribir y hablar de lo que Él ha hecho en mí y a través de mí!

Alabado sea Dios por Su corazón revelado en Jeremías 29:11:

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Yahvé, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

Rebecca Kiessling: «Mi madre fue violada por un violador en serie y en dos ocasiones consideró abortarme, pero mi valor es que Jesús murió en la Cruz por mí y soy hija amada de Dios,, como tú»


Rebecca Kiessling, fundadora de Salvar El 1 (Save The 1), una organización internacional dedicada a defender la vida humana en todas las circunstancias, incluyendo la del vientre materno, especialmente en casos de violación

* «Lucho por la vida de todos los niños no nacidos, pero especialmente por aquellos que no tienen voz y cuyo derecho a la vida es negado debido a las circunstancias de su concepción. Creo firmemente que fui creada por Dios, a su imagen, con un propósito, ¡y ese propósito NO era ser abortada! (como una mujer en la iglesia me sugirió en una ocasión). Fui creada para el bien, no para el mal» 

Camino Católico.-  Rebecca Kiessling fue concebida en una violación y es abogada, madre de familia y fundadora de Salvar El 1  (Save The 1), una organización internacional dedicada a defender la vida humana en todas las circunstancias, incluyendo la del vientre materno, especialmente en casos de violación. En su testimonio contado en primera persona afirma que “mi madre fue violada por un violador en serie y en dos ocasiones consideró abortarme, pero mi valor es que Jesús murió en la Cruz por mí y soy hija amada de Dios, como tú”. Esta es su historia: 

Mi nombre es Rebecca Kiessling. Soy abogada, madre y fundadora de Salvar El 1 (Save The 1), una organización internacional dedicada a defender la vida humana en todas las circunstancias, incluyendo la del vientre materno, especialmente en casos de violación.

Los bebés concebidos por violación no son diferentes a cualquier otro niño; no son menos humanos. Tienen la misma dignidad y el mismo derecho a la vida que cualquier otra persona.

Rebecca Kiessling, a la izquierda, con su hija Carina en la manifestación pro vida de Washington

Mi propia madre fue violada por un violador en serie. En dos ocasiones consideró abortarme. Incluso estuvo a punto de someterse a un aborto, pero no tuvo el coraje de llevarlo a cabo.

Hoy estoy viva porque mi madre tuvo el valor de no abortarme y porque, en ese momento, la ley me protegía.

Lucho por la vida de todos los niños no nacidos, pero especialmente por aquellos que no tienen voz y cuyo derecho a la vida es negado debido a las circunstancias de su concepción.

Creo firmemente que fui creada por Dios, a su imagen, con un propósito, ¡y ese propósito NO era ser abortada! (como una mujer en la iglesia me sugirió en una ocasión). Fui creada para el bien, no para el mal. Dios no es un asesino.

Rebecca Kiessling da testimonio de que su fe en Dios le ayudó a afrontar su vida cuando supo que fue gestada en una violación

Soy una persona de fe, y mi fe ha sido, a menudo, mi fuente de fuerza. La fe siempre es un refugio seguro al que recurrir cuando todo parece incierto. Hay momentos en los que defender la vida es difícil; es una misión ardua y paciente. Muchas personas, incluso dentro de la Iglesia, creen que el derecho a la vida de una persona depende de la voluntad de los padres, de la perfección genética o de una concepción libre y amorosa.

Hay quienes dicen que el niño concebido en una violación es desechable, como basura. Pero yo sé que tengo un valor infinito. Al igual que tú, Jesús pagó un precio infinito por mi vida. ¡Ese es mi valor: que Jesús murió en la Cruz por mí! ¡No soy un ser despreciable, soy amada de Dios, hija de Dios!

No elegí las circunstancias en las que fui concebida, pero desde el primer momento de mi concepción, tenía derecho a vivir, y nada ni nadie en este mundo puede arrebatarme ese derecho.

Sin embargo, hay otras personas, igualmente dignas de amor y vida, que están viendo cómo les arrebatan su derecho a la vida y merecen protección. Todos merecen un cumpleaños.

Rebecca Kiessling

lunes, 10 de febrero de 2025

Finita Márquez: «Aborté y al abrir la puerta a este espíritu de muerte vinieron muchos más; orando la Virgen me dijo: 'No sufras, que tu hijo lo tendré entre mis brazos hasta que te reúnas con él; reza el Rosario'»

"Le dije a Dios: 'Yo sé que tú me has perdonado, porque sé que eres bueno'. Sin embargo, dentro de mí, yo no tenía esa paz, no tenía ese consuelo", reconoce la mexicana Finita Márquez

* «La Virgen María intercedió por mí, yo estaba muerta en vida, pero era como si Ella se hubiera llevado todos esos demonios que habitaban en mí: la lujuria, el adulterio, la muerte, la depresión, la ansiedad. Nuestra Señora de Guadalupe se llevó todo este pecado que habitaba en mí. Por eso, quiero invitarte a que si eres madre le des la oportunidad a la vida. Si tú has decidido abortar en alguna ocasión, si sientes que no eres capaz de perdonarte, ve al amor de la Madre del cielo, ese mismo amor y esas bendiciones están para ti como hija de Dios»

Vídeo de El Rosario de las 11 PM en el que Finita Márquez cuenta su testimonio

Camino Católico.- Finita Márquez es mexicana, tiene 52 años, lleva casada más de 20 años y nació en una familia de 10 hermanos. Su infancia estuvo marcada por una enfermedad, que marcó su carácter, y, ya de mayor, vivió grandes dramas personales que le acercaron a Dios y a la Virgen María. En El Rosario de las 11 PM cuenta su testimonio relatando que “aborté y al abrir la puerta a este espíritu de muerte vinieron muchos más; orando la Virgen me dijo: 'No sufras, que tu hijo lo tendré entre mis brazos hasta que te reúnas con él; reza el Rosario'”.

"Yo tuve rechazo de mis compañeros del colegio por mi enfermedad, me imagino que mi imagen repugnaba a los demás porque la gente no se me acercaba, me miraban demasiado. Crecí con esta timidez hacia la gente, el amor de mis padres fue importante para seguir en mi camino. Mi madre hizo lo imposible para buscar a un especialista de esta enfermedad y, gracias a Dios, me recuperé", comienza diciendo Finita.

Su infancia entre numerosos hermanos transcurrió feliz, a pesar de las carencias económicas por las que atravesaba la familia. Hasta que llegó a la juventud y se quedó embarazada. "Me sometí a un legrado y decidí que no iba a tener ese bebé. Hay quienes piensan que por ser unas horas solo ya no se mata la vida, sin embargo, puedo testimoniar que a pocos días de quedarme embarazada ahí ya había vida", asegura la mexicana.



Finita Márquez junto al actor mexicano Eduardo Verástegui.


"Después de haber abortado, mi vida cambió radicalmente en muchos aspectos. De haber sido una joven tranquila y obediente, sin vicios, me convertí en todo lo contrario. Comencé a salir de noche, intentaba fumar y me enojaba por todo. Tenía pensamientos suicidas, no le encontraba el sentido a la vida, todos los días me cuestionaba el para qué estaba aquí. Al abrirle la puerta a este espíritu de muerte vinieron muchos muchos más", relata Finita.


"Cuando una mujer, que está diseñada para dar vida, decide renunciar a ella, matando a esa vida que está en su vientre, da entrada a un espíritu de muerte que comienza a habitarla. En ese tiempo me descubrí como una persona desagradable, no tenía ningún espejo porque no toleraba verme, me volví una mujer celosa, cosa que nunca había sido. Me dije que no era esa mujer, que de mí no quedaba nada y le pedí a mi esposo que me ayudara".


"Comencé a asistir a misa y fui a un retiro en una comunidad donde confesé este pecado del aborto. Le dije a Dios: 'Yo sé que tú me has perdonado, porque sé que eres bueno'. Sin embargo, dentro de mí, yo no tenía esa paz, no tenía consuelo, seguía viviendo sin esperanza, todo se había muerto dentro de mí", comenta Finita.



Finita Márquez pidió ayuda a Dios y sintió el dolor de todos sus pecados


Y, entonces, ocurrió algo muy especial. "Estaba sentada hablando con la Virgen durante una oración comunitaria, pidiéndole perdón, y una señora me rogó que la dejara pasar. Ella llevaba unas bolsas y se las pedí, para ayudarla. Cuando tenía la bolsa en mi mano se desprendió un olor a rosas impresionante. Cuando ella tomó asiento le dije que revisara su bolsa, porque se le había roto un perfume. Ella me dijo que no tenía nada y abrió la bolsa y, efectivamente, no había nada".

"Continué en mi momento de oración con la Virgen, estaba hablando con Ella, le decía: 'Madre, ayúdame, porque me duele mucho haberlo hecho'. En ese momento fue como si me hubiera hablado a la mente. La Virgen me dijo: 'No sufras más que tu hijo lo tendré entre mis brazos hasta que tú puedas reunirte con él, mientras, reza el Rosario'. Esto fue lo que me dijo, yo lo guardé en mi corazón".


Pero, Finita, seguía inmersa en el dolor. "Sufría depresión severa, todos los días lloraba. No era consciente de que hubiera sido por el aborto, simplemente era una tristeza profunda que habitaba en mí (...). Entonces escuché un vídeo de un predicador que en ese momento decía: 'Ábrele tu corazón al Señor, Dile que ya no puedes más', y empezó a describir tal cual yo me estaba sintiendo. En ese momento reconocí que necesitaba la ayuda de Dios y comencé a experimentar un calor dentro de mí. Un calor muy fuerte que recorría todo mi ser, ahora sé que era el Espíritu Santo, terminé en el suelo, postrada, sintiendo el dolor de todos mis pecados", recuerda la mexicana.


Tiempo después, falleció su padre frente a ella, y fue un momento que le tocó mucho. "La Virgen María intercedió por mí, yo estaba muerta en vida, pero era como si Ella se hubiera llevado todos esos demonios que habitaban en mí: la lujuria, el adulterio, la muerte, la depresión, la ansiedad. Nuestra Señora de Guadalupe se llevó todo este pecado que habitaba en mí (...). Por eso, quiero invitarte a que si eres madre le des la oportunidad a la vida. Si tú has decidido abortar en alguna ocasión, si sientes que no eres capaz de perdonarte, ve al amor de la Madre del cielo, ese mismo amor y esas bendiciones están para ti como hija de Dios".