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miércoles, 4 de febrero de 2026

Fidel Sáez ha perdido a su madre en el choque de trenes de Adamuz: «Ella iba rezando el rosario y estoy seguro que le dijo a Jesús de Nazaret, el amor de su vida: ‘Llévame a mí, deja a mis nietos y a mi hijo’. Y es lo que ha sucedido»

Fidel Sáez ha perdido a su madre en el choque de trenes de Adamuz y explica la fe que tenía y que les transmitió con la que ahora afrontan lo que ha sucedido

* «Estamos viviendo momentos bastante complicados, se van aceptando estos terremotos que la vida te manda y te pone muchas veces en duda los cimientos de la fe, pero que es a lo que ahora nos agarramos y nos reconforta… Gracias a Dios, se ha seguido el ciclo de la vida y aunque mi madre no se ha ido de la manera que ella se merecía, al final se han quedado los chicos que son los que tienen una vida por delante y mi madre es la que ya goza de la grandeza del Señor y es donde Él ha considerado que ella ya tiene que estar»   

                    

Vídeo del testimonio de Fidel Sáez en el programa ‘Espejo Público’ de Antena 3

Camino Católico.- Uno de los rostros de la tragedia que ha dejado el choque de trenes en Adamuz (Córdoba) es el de este vecino de Huelva que ha perdido a su madre en el accidente. Su hermano, su sobrino y sus dos hijos sobrevivieron al impacto, a pesar de encontrarse en uno de los vagones donde se han registrado más víctimas mortales en el tren Alvia que iba hacia Huelva.

Pese al dolor de la pérdida, Fidel quiere contar alto y claro quién fue su madre y cómo ha vivido su familia el milagro de sobrevivir a un accidente que deja ya al menos 41 muertos. Sus hijos se encuentran ingresados en el hospital, heridos, y también su hermano, al que han desintubado hace pocas horas y se encuentra fuera de peligro. Quiere que su historia no caiga en el olvido.

“En el momento del accidente mi madre iba rezando el rosario y yo estoy seguro que mi madre ha hecho que el amor de su vida, que es Jesús de Nazaret, hiciera el milagro y le dijo: ‘llévame a mí, deja a mis nietos y a mi hijo í’. Y es lo que ha sucedido”, dice Fidel Sáez a Susanna Griso en el programa ‘Espejo Público’ de Antena 3. 

“Mi madre era muy religiosa y somos personas que nos agarramos a la fe desde que mi madre me lo inculcó”

"Si lo que estamos viviendo muchas familias sirve para que la sociedad y el ser humano vea que vamos erróneos y muchas veces no vemos las cosas bonitas que el Señor nos regala, entonces estoy encantado de estar aquí", afirma

“Estamos viviendo momentos bastante complicados, se van aceptando estos terremotos que la vida te manda y te pone muchas veces en duda los cimientos de la fe, pero que es a lo que ahora nos agarramos y nos reconforta”. Tanto él como su familia son creyentes y confiesa que en este momento ese es uno de los recursos a los que se agarra. "Gracias a Dios, se ha seguido el ciclo de la vida y aunque mi madre no se ha ido de la manera que ella se merecía, al final se han quedado los chicos que son los que tienen una vida por delante y mi madre es la que ya goza de la grandeza del Señor y es donde Él ha considerado que ella ya tiene que estar".

Fidel dice que “mi hermano me dice: ‘Fidel, habla con los medios, cuenta lo buena que era mamá, lo agradecidos que estaban sus nietos, los abrazos que le han dado en este fin de semana, agradeciéndole el regalo que les hace, que era una abuela maravillosa, que siempre se ha volcado y le ha inculcado valores positivos, que siempre ha llevado a su familia por bandera, que ha sido una mujer que ahora mismo ya está gozando con el amor de su vida, que es Jesús de Nazaret’”.

“Mi madre era muy religiosa, está en muchos grupos cristianos, aquí en Huelva. Nosotros también somos muy cofrades, muy rocieros, en fin, que somos personas que nos agarramos a la fe desde que mi madre me lo inculcó”, asegura.

“La sociedad tiene que saber que muchas veces vamos muy equivocados y le damos valor a cosas banales, cosas que no tienen sentido, nos enfadamos sin necesidad con los familiares y la vida en cualquier momento se va. Yo muchas veces me voy de mi casa sin darle un beso a mi madre. Y me digo: ‘que equivocación, porque ahora ya no la puedo ver más, no la puedo sentir, no la puedo tocar, no puedo ver cómo se me va haciendo viejita y chiquitita, porque ya cada día iba a menos. Cada vez yo  abrazaba mejor a mi madre, pero ya eso no lo puedo hacer’. Y el que pueda hacerlo, que lo aproveche, porque la vida en cualquier momento te da un vuelco, te golpea y te dice, pon los pies en la tierra y valora lo que tienes, porque en cualquier momento lo pierdes”, reflexiona Fidel.

“Yo creo que quien habla por mí es mi madre, porque yo sé que todo el mundo tiene que estar orgulloso de la madre que tiene, pero, ¿quién conocía a mi madre? Mi madre ha vivido una vida entregada al necesitado, al prójimo, al pobre, a los desvalidos. Yo muchas veces hasta le decía a mi mamá que cualquier día en casa te van a entrar, porque lo das todo, no tienes nada. Y ella respondía: ‘Fidel, ¿habrá algo más bonito que darse a los demás?’”, testimonia. 

“Y reflexiono: ‘Mamá, te ha tenido que pasar esto para que la sociedad sepa que muchas veces vamos equivocados por la vida’. Y simplemente, pues, mi función ahora es eso, dejar que hablen los sentimientos y expresarme de la mejor manera que sé”, dice.

Fidel Sáez cuenta el compromiso de su madre con los más desfavorecidos  

"Mi hija me dijo: "No te preocupes que estoy bien, cogemos a la abuela y nos vamos"

Recuerda que este verano su madre había vendido "un terrenito" y se había llevado a toda la familia de crucero. Se llevó a todos pero su hermano no pudo ir. Para tener un detalle con él fueron a Madrid a ver el espectáculo del 'Rey León. 

El domingo Fidel fue a recoger a su familia a la estación de Huelva. El tiempo pasaba y el tren no llegaba. “Entonces me llama una policía local, a la cual estoy eternamente agradecido, diciendo que no me preocupe, que estaba en la vía del tren con mi hija, que la habían sacado por una ventana. Y digo: ‘esto no puede estar pasando’. Y me responde: ‘espérate que te paso con tu hija’. Y mi hija, sin llorar ni nada, estaría en estado de shock, evidentemente, me decía: ‘papá, no te preocupes, que estoy bien, estoy bien, estoy bien. A ver si recogemos a la abuela y nos vamos, que estoy bien’. Y claro, la policía me decía que a mi hija lo que le dolía era la pierna. 

"Mi hermano pensaba que se moría porque estuvo hora y media entre los hierros"

Del vagón uno del tren Alvia  en el que viajaba su familia se ha salvado muy poca gente. “En el vagón uno, que es donde viajaban ellos iba el maquinista, detrás del maquinista iba mi hermano, luego iba mi madre con mi hija y mi hijo con mi sobrino”, describe Fidel.

Cuando le dijo a su hermano que su madre había fallecido, el hombre empezó a llorar preguntándose cómo él había conseguido sobrevivir. "Él pensaba que se moría porque estuvo una hora y media entre los hierros. A mí se me iba la vida, yo me asfixiaba, con los pies tocaba cadáveres, me decía". Su hermano fue capaz de sacar a sus hijos por la ventana con sus propios pies.

“De hecho estoy ahora en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Mi hija tiene diez años y la han operado ahora del fémur y le han puesto unas placas y unos tornillos. Mi otro hijo, Fidel, que está ahí también, que tiene 12 años, está con la pierna escayolada. Y luego mi otro sobrino, Guillermo, tiene algunas heridas en la cabeza, que se las han curado”, relata.

“Mi hermano  está en la UCI actualmente, ha estado intubado, porque tenía un traumatismo en la cabeza y tenía todo el cuero cabelludo levantado, que ha necesitado de un maxilofacial, pero le han hecho un TAC y unas pruebas y afortunadamente no tiene nada. Ya lo han desentubado”, asegura Fidel Sáez.


Fidel Sáez dice que aunque la fe se tambalee en estos momentos, es lo que ahora le da fortaleza  

Amigo de otra familia de fe: Los Zamorano Álvarez de quienes solo ha sobrevivido la niña de 6 años

La noche del descarrilamiento de los trenes Alvia, dos de los profesionales que trabajaban en las tareas de rescate encontraron a una pequeña de seis años que deambulaba entre los amasijos de hierros. Era uno de los cinco miembros de la familia Zamorano Álvarez que viajaba en uno de los primeros vagones del Alvia siniestrado. La noticia de su localización pilló a su abuela en la estación de tren de Huelva a donde había acudido para recibir noticias sobre el paradero de sus allegados y colmó a los suyos de esperanza ante la posibilidad de que sus padres, Félix y Cristina, su hermano Pepe, de 12 años y su primo Félix se hallaran entre los supervivientes. Este lunes, a primera hora de la tarde, la ilusión se desplomaba de golpe al certificarse la identificación de los cadáveres de los otros cuatro miembros del clan familiar.

A Fidel Sáez, Susanna Griso le pregunta si conocía a esta familia y él responde emocionado:

“Ellos están ahora mismo en el centro cívico, con mi hermana Liliana y toda la familia. Ahora mismo aquí somos una única familia. Claro que los conocía, Félix, el padre, es amigo mío, lo conozco de toda la vida. Iban en el mismo tren y Cristina, la niña que ha sobrevivido jugaba con mis hijos durante el viaje

Hay pocas palabras, ¿no? Aunque ahora mismo los cimientos de la fe se tambaleen, es lo único que te puede recompensar y fortalecer el alma. A esa familia que queda aquí han de saber que ellos tienen otra misión; la misión de los que han fallecido ha sido muy pequeña aquí en la Tierra, pero que, por el motivo que sea, el Señor los ha llamado y están ahí y tienen que sentir que están con ellos. No están en la parte física, pero en la parte humana y cristiana, sentimental y emocional, tienen que sentirlos en sus vidas, porque en algún momento se volverán a reencontrar. Eso es así para el creyente. Y ellos son creyentes, son cristianos, muy rocieros. Tienen fe en la Virgen del Rocío, en su patrona, a la Virgen de los Remedios de Aljaraque, no están solos…”, concluye.  

domingo, 1 de febrero de 2026

Davinchi, futbolista del Getafe, tras la muerte de su padre en Adamuz: «Jesús es mi fortaleza y es amor, con Él a mi lado todo lo puedo; espero ayudar a muchas personas a acercarse a Jesús para curar sus heridas»

Davinchi, junto a su padre, durante un partido en su etapa en el Recreativo de Huelva / Foto:  Instagram de Davinchi @davinchi_cm

* «Ahora, junto al Señor, tú eres esa luz que nos guía y que nos da fuerzas en todo momento para salir adelante de las dificultades y para brindarte cada logro y alegría que tengamos… Gracias Señor por todas las bendiciones que me das, por acompañarme en cada momento de mi vida y nunca soltarme de tu mano. Que siempre se haga tu voluntad»   

Camino Católico.-  En el accidente ferroviario en Adamuz, donde dos trenes de alta velocidad colisionaron dejando 45 muertos y decenas de heridos, uno de los fallecidos fue David Cordón Cano, natural de Huelva, y padre de David Cordón Mancha, conocido popularmente como “Davinchi”, futbolista de La Liga y lateral izquierdo del Getafe, club al que llegó desde el Recreativo de Huelva, equipo de su ciudad natal.

El joven futbolista de tan sólo 18 años ha vivido el sufrimiento más grande de su vida, tanto por la pérdida en sí de su padre como por la forma en la que se ha producido esta tragedia. El funeral se celebró en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús con la presencia de su familia y de numerosos amigos.

Sin embargo, pese a su juventud ha dado un auténtico testimonio de entereza y, sobre todo, de fe que ha manifestado ante sus miles de seguidores en las redes sociales.

David Cordón, 'Davinchi' / Foto: @davinchi_cm

En uno de sus últimos mensajes en Instagram escribe: “Ahora, junto al Señor, tú eres esa luz que nos guía y que nos da fuerzas en todo momento para salir adelante de las dificultades y para brindarte cada logro y alegría que tengamos. Estoy seguro de que nos tienes preparadas muchas alegrías y bendiciones a lo largo del camino de la vida, y tú estarás ahí para celebrarlas con nosotros desde arriba”.

Y añade: “Jesús es mi fortaleza, con él a mi lado todo lo puedo y nada me faltará. Espero que mi testimonio de fe ayude a muchas personas a acercarse a Jesús para curar sus heridas y problemas. Jesús es amor y debemos seguir su ejemplo”.

En otra publicación anterior afirmaba: “Sé que el Señor de las Penas y la Virgen del Amor te tienen a su lado y juntos me guiaréis durante toda mi vida. Me llenarás de fuerza en momentos de dificultad y siempre recordaré aquello que tanto nos decías: ‘siempre felices y hacia delante’. Todo lo que haga en esta vida siempre será por el lucero más grande que tengo en el cielo. Como me dijeron una vez: ‘Cuando el camino se hace duro, solo los duros hacen el camino’, tú fuiste siempre un luchador y me lo enseñaste desde el primer momento. Ese es el mayor acto de amor que puedo hacer por ti, demostrar que puedo con todo y que nunca me rendiré. TE AMO PAPÁ”.

Incluso ha llegado a publicar otra imagen en la que sale abrazado con su padre y donde aparece el Señor de las Penas, con el mensaje: “Dios en su mirada”.

Pero no sólo Davinchi ha hablado públicamente de su fe tras la muerte de su padre. Hace apenas tres semanas hacía balance de un 2025 que ha sido clave en trayectoria futbolística y donde Dios tenía también un lugar protagonista.

Esto decía el jugador del Getafe: “Termina un 2025 muy especial para mí. He podido cumplir el sueño de mi vida y he tenido la suerte de hacerlo rodeado de mi gente de siempre. Ha sido un año de mucho aprendizaje y crecimiento tanto en lo personal como en lo profesional. Los momentos difíciles son los que demuestran el carácter de uno, y hacen que se valore, incluso más si cabe, lo privilegiados que somos de poder vivir del deporte que es nuestra pasión. Estoy seguro de que el 2026 traerá muchos momentos y experiencias nuevas y bonitas. Gracias Señor por todas las bendiciones que me das, por acompañarme en cada momento de mi vida y nunca soltarme de tu mano. Que siempre se haga tu voluntad”.

martes, 27 de enero de 2026

Fray Daniele Natale fue resucitado tras tres horas muerto en las que vio y padeció el Purgatorio: «Imploré: ‘¡Oh, Virgen María obtén del Señor la gracia de retornar a la tierra para vivir y actuar sólo por amor de Dios!’»

Fray Daniele Natale, sacerdote capuchino, fue resucitado tras estar muerto durante tres horas en las que vio y padeció el Purgatorio

* La repentina resurrección de Fray Daniele causó conmoción y asombro entre quienes estaban presentes. El Dr. Riccardo Moretti, quien había certificado su muerte, se convirtió a la fe católica al ver este milagro. El sacerdote cuenta así el momento de su resurrección: «Me di cuenta de que el Padre Pío le hablaba a la Virgen. Después de unos instantes se me apareció de nuevo la Bienaventurada Virgen María (...) ella inclinó su cabeza y me sonrió. En aquel preciso momento recuperé la posesión de mi cuerpo (...) con un movimiento brusco, me liberé de la sábana que me cubría. (...) los que me estaban velando y rezando, asustadísimos se precipitaron fuera de la sala para ir en busca de los enfermeros y de los doctores. En pocos minutos en la clínica se armó un jaleo. Todos creían que yo era un fantasma»   

Camino Católico.- La existencia del Purgatorio es un dogma de la fe católica -formulado en los Concilios de Florencia y de Trento- que refiere a un estado intermedio donde están "los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados" (Catecismo nr. 1030).

Además de la certeza que otorga la fe, existen decenas de privilegiados a quienes Dios les ha concedido el don de estar en el Purgatorio y regresar a esta vida para dar testimonio de lo que han visto. Uno de ellos es el sacerdote capuchino, Fray Daniele Natale, fallecido en 1994.

Fray Daniele tuvo dos experiencias sobrenaturales que se describen con detalle en el libro Fra Daniele Natale racconta le sue esperienze con Padre Pio (Edizioni Frati Cappuccini 2001). La primera, corroborada por médicos y testigos es que estuvo muerto durante tres horas y fue resucitado. La segunda es que durante ese tiempo -que para él fueron siglos- afirma haber visitado y padecido el Purgatorio.

Los sucesos previos

 Fray Daniele Natale, sacerdote capuchino, confesándose con el Padre Pio con el que tenía gran cercanía  

Fray Daniele se convirtió en una figura prominente durante la Segunda Guerra Mundial. Su labor misionera en tiempos de guerra y su cercanía con el querido Padre Pío, le otorgaron una notoriedad considerable dentro de la comunidad eclesiástica.

En 1952, Fray Daniele fue diagnosticado de un grave cáncer en el bazo. A pesar de las perspectivas poco alentadoras, aceptando la indicación de Padre Pío, se sometió a una operación quirúrgica en la clínica Regina Elena en Roma. La operación, llevada a cabo por el Dr. Riccardo Moretti, resultó en un coma que duró tres días, luego del cual falleció. Se expidió el certificado médico de su defunción y acudieron los familiares para rezar por el difunto. Sin embargo, pasadas unas 3 horas, para asombro de los allí reunidos, de repente el muerto volvió a la vida.

Llevado al Purgatorio y vuelto a la vida

Fray Daniele Natale, sacerdote capuchino, fue llevado al purgatorio cuando estuvo muerto tres horas y luego resucitó

Según el propio Fray Daniele, durante ese tiempo, su alma fue llevada al purgatorio. En su relato, describe cómo se presentó ante el trono de Dios, quien se reveló no como un severo juez, sino como un padre amoroso. Las intensas penas y sufrimientos que experimentó durante esas tres horas le hicieron sentir cual si hubieran transcurrido trescientos años. Así narra su experiencia el fraile Daniele...

"Yo estaba de pie delante del trono de Dios. Lo vi, pero no como un juez severo, sino como un padre afectuoso y lleno de amor. Entonces me di cuenta de que el Señor lo había hecho todo por amor mío, que había cuidado de mí desde el primer hasta el último instante de mi vida, amándome como si fuera la única criatura existente sobre esta tierra. Me di cuenta también, sin embargo, de que no sólo no había correspondido a este inmenso amor divino, sino que lo había descuidado del todo. Fui condenado a dos-tres horas de purgatorio. «Pero ¿Cómo? -me pregunté- ¿Sólo dos-tres horas? ¿Y después voy a permanecer para siempre junto a Dios, eterno Amor?». Di un salto de alegría y me sentí como un hijo predilecto. (...) eran unos dolores terribles, que no se sabe de dónde venían, pero se sentían intensamente. Los sentidos que más habían ofendido a Dios en este mundo: los ojos, la lengua... sentían mayor dolor y era una cosa increíble, porque ahí en el Purgatorio uno se siente como si tuviera el cuerpo y conoce, reconoce a los otros como ocurre en el mundo".

"Mientras tanto -explica- no habían pasado más que unos pocos momentos de esas penas y ya me parecía que fuese una eternidad. Entonces pensé en ir a un hermano de mi convento para pedirle que rezara por mí, que yo estaba en el Purgatorio. Ese hermano se quedó maravillado, porque sentía mi voz, pero no veía mi persona, y él preguntaba «¿Dónde estás?,¿Por qué no te veo?» (...). Sólo entonces me di cuenta de estar sin cuerpo. Me contentaba con insistirle en que rezara mucho por mí y me fui de allí. «Pero ¿Cómo? -me decía a mí mismo- ¿No deben ser sólo dos- tres horas de purgatorio...? ¡y ya han pasado trescientos años!» al menos así me lo parecía. De repente se me aparece la Bienaventurada Virgen María y le supliqué, le imploré diciéndole «¡Oh, Santísima Virgen María, madre de Dios, obtén para mí del Señor la gracia de retornar a la tierra para vivir y actuar sólo por amor de Dios!». Me di cuenta también de la presencia del Padre Pío y le supliqué también a él: «Por tus atroces dolores, por tus benditas llagas, Padre Pío mío, reza tú por mí a Dios para que me libere de estas llamas y me conceda continuar el Purgatorio sobre la tierra». Después no vi nada más, pero me di cuenta de que el Padre Pío le hablaba a la Virgen. Después de unos instantes se me apareció de nuevo la Bienaventurada Virgen María (...) ella inclinó su cabeza y me sonrió. En aquel preciso momento recuperé la posesión de mi cuerpo (...) con un movimiento brusco, me liberé de la sábana que me cubría. (...) los que me estaban velando y rezando, asustadísimos se precipitaron fuera de la sala para ir en busca de los enfermeros y de los doctores. En pocos minutos en la clínica se armó un jaleo. Todos creían que yo era un fantasma".

El Regreso a la Vida


Fray Daniele Natale, sacerdote capuchino, junto a una oración para pedir su beatificación

La repentina resurrección de Fray Daniele causó conmoción y asombro entre quienes estaban presentes. El Dr. Riccardo Moretti, quien había certificado su muerte, se convirtió a la fe católica al ver este milagro.

Tras su experiencia en el Purgatorio, este sacerdote capuchino amigo de padre Pío vivió otros cuarenta y dos años. Durante este tiempo, continuó su labor misionera y se dedicó a servir a Dios y a los demás. Su testimonio personal sobre el Purgatorio ha sido una fuente de reflexión y estudio para muchos.

La experiencia de Fray Daniele Natale brinda una visión única sobre el concepto del Purgatorio. Aunque su relato se basa en una experiencia personal, ofrece una perspectiva valiosa sobre este estado de purificación que forma parte de la doctrina católica. Nos recuerda la importancia de vivir una vida virtuosa buscando en todo la gracia y la amistad de Dios.

lunes, 26 de enero de 2026

Sofía Acosta resucitó tras una hora muerta: el milagro que beatificó a la Madre Catalina de María Rodríguez: «Desde el punto de vista médico yo le puedo decir, que, de seguro... estaba muerta. No existía nada»

Sofía Acosta en su casa del Barrio Modelo de San Miguel de Tucumán, junto a un retrato de Catalina de María, que murió en 1896 y dejó como obra el Colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús

* «Para nosotros la Madre Catalina de María Rodríguez ya es una santa. Hizo un doble milagro, al evitar que quedaran daños cerebrales, pero el Vaticano sólo reconoció el de la resurrección para beatificarla. Ahora falta otro para que la Iglesia la declare Santa» 

       

Vídeo del testimonio de quienes vivieron la resurrección de Sofía Acosta, milagro obrado por la Madre Catalina de María Rodríguez

Camino Católico.- "Yo resucité de entre los muertos gracias a la intercesión de la Madre Catalina. Me hace muy feliz que la Iglesia la haya reconocido como Beata, por el milagro que obró en mí, aunque para mí ella es una santa", dice Sofía Acosta, recordando el 22 de abril de 1997, cuando la Madre Catalina la regresó a la vida después de una hora de su muerte. La milagrada vive en el  Barrio Modelo de San Miguel de Tucumán en Argentina, junto a su esposo, Leonardo Oscar Valdez, y a su otra hija, Eugenia.

Sofía Acosta y su esposo Leonardo junto a su nieto y sobrinos en el año del milagro, 1997

Sofía recuerda que aquella noche se había sentado para coser una pollera. Nada la preocupaba: "Yo estaba sana y me fui hasta la casa de Eugenia (que vive a la par, puerta de por medio) a decirle que ya tenía lista la ensalada que le había prometido. Y cuando regresé para avisarle a mi esposo que la cena estaba lista, me desvanecí".

Eugenia escuchó el estruendo y corrió para ver qué estaba sucediendo: "La vi a mi mamá tirada en el piso de la cocina. Mientras mi papá corría a buscar al médico, que vive enfrente, yo le pedía a ella que no me deje… Fue ahí cuando la escuché expirar. Salí desesperada en busca de un taxi… Justo encontré a un vecino que estaba entrando el auto en el garaje y le pedí que nos llevara al hospital. Cuando la levantamos con mi esposo y el vecino para subirla al auto, ella estaba dura, blanca. Recuerdo que no la podíamos sujetar. Era impresionante el peso que tenía. Hasta sacarle la dentadura postiza nos resultaba imposible, por lo rígida que estaba".

Después de cuarenta minutos lograron llegar al sanatorio Galeno para que recibiera los primeros auxilios, pero las tareas de reanimación no tuvieron éxito.  "El doctor Osvaldo Malmoria nos informó que había fallecido de muerte súbita –recuerda Eugenia–. En medio de semejante desesperación, mi papá le dice que le saque el corazón a él y se lo ponga a mi madre, pero el médico insiste que ya estaba muerta. Entonces yo le ruego al doctor que haga un último intento, porque estaba convencida de que la Madre Catalina la iba a salvar. Creo que él volvió a reanimarla porque se apiadó de nosotros. Mientras tanto, yo le rezaba a la Madre Catalina".

El cardiólogo José Luis Olguín fue quien primero atendió a Sofía y así lo recuerda: “Bajo rápido, evalúo y veo a una paciente que estaba en paro respiratorio, sin signos vitales, sin pulso, sin presión...”. También el médico de cabecera de la paciente, doctor Arturo Venturini, corrobora que ya no había nada que la ciencia médica pudiere hacer... “Desde el punto de vista médico yo le puedo decir, que, de seguro... estaba muerta. No existía nada, no existía nada”. 

Es el propio médico Malmoria quien en breves palabras narra el milagro: “...Seguimos intentando recuperarla y en algún momento la paciente recuperó la actividad cardiaca”. Sofía fue trasladada a la unidad coronaria para una mejor atención pues mantenía un edema pulmonar y se suponía una grave afección cerebral. Las posibilidades de supervivencia se consideraban escasas o al menos con secuelas. Mientras tanto comenzaron las cadenas de oración y las alumnas del Colegio rezaban fuertemente por la curación de Sofía, madre de una de sus profesoras. 

El matrimonio en el Colegio de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, en Tucumán

Eugenia explica por qué encomendó a su mamá a Madre Catalina y no a otro santo: “Porque Catalina fue la fundadora del colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús donde yo trabajo como maestra de Inglés en jardín de infantes, y sabía que no me iba a fallar. Y así fue, porque al rato salió el doctor Malmoria a decirnos que mi mamá había vuelto. La clave para que me concediera el milagro fue pedirlo con mucha Fe”.

Delante de su casa, Sofía rodeada por su familia y la Hermana Marita, de las Esclavas que fundó Catalina

Por su parte Sofía comparte lo que recuerda que vivió mientras estaba clínicamente muerta: “Yo lo único que vi fue un campo inmenso con flores amarillas. Iba muy feliz por medio de un sendero y sentía una gran paz interior, mientras una pequeña luz me iba guiando. A medida que avanzaba se iba agigantando, y de pronto me topé con un precipicio enorme. Fue entonces cuando mi madre y un sobrino que habían fallecido me sujetaron fuerte de los brazos, para que no cayera al vacío. Mi madre me gritó: "¡Vamos, salí!". Fue tan real que hasta ahora me miro los brazos buscando una marca de ese agarrón. Por algo Dios y la Madre Catalina me hicieron volver”.

Josefa Saturnina Rodríguez –luego Madre Catalina de María– nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823

Josefa Saturnina Rodríguez –luego Madre Catalina de María– nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823. A los 29 años se casó con el coronel Manuel Antonio de Zavalía. Su matrimonio duró 13 años. Cuando en 1865 enviudó concretó su vocación eclesiástica. El 29 de septiembre de 1872 fundó el instituto de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Y en 1877, invitada por el Cura Brochero, hoy santo, se instaló en Villa del Tránsito (localidad que hoy lleva el nombre del cura gaucho). Murió el 5 de abril de 1896 y fue declarada Venerable el 17 de diciembre de 1997 por el papa Juan Pablo II.


La hermana Marita, Sofía y su hija Eugenia

Las 72 horas posteriores a la "muerte y resurrección" de Sofía estuvieron cargadas de incertidumbre. "El pronóstico no era alentador. Tenía un derrame cerebral severo, porque su cerebro había estado 40 minutos sin oxígeno", rememora Eugenia. Su hija, junto a la comunidad educativa del colegio, se unieron en oración y al canto de "mandarina, mandarina/ Señor, haz el milagro por la Madre Catalina", pedían por su pronta recuperación.

Mientras tanto, por sugerencia de una compañera, colocó bajo la almohada de su madre una reliquia de la Madre Catalina (una estampita con una oración que tiene un pedazo de su manto). "Se ve que otra vez nos escuchó, porque mamá no tardó en recuperarse y no tuvo que padecer secuelas. Para nosotros ella ya es una santa. Hizo un doble milagro, al evitar que quedaran daños cerebrales, pero el Vaticano sólo reconoció el de la resurrección para beatificarla. Ahora falta otro para que la Iglesia la declare Santa".

Mientras cae la tarde, se suma a la charla la hermana Marita Barrionuevo, Madre Superiora del Colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús y vice postuladora ante la Congregación para la Causa de los Santos. Ella fue una de las encargadas de recopilar minuciosamente los archivos médicos y los testimonios que permitieron beatificar a la Madre Catalina: "El proceso canónico comenzó en 2012. Se hizo declarar a los testigos y una junta médica analizó su resurrección. El tribunal eclesiástico no tardó en dictaminar en el caso de Sofía, porque las pruebas fueron contundentes. Los electrocardiogramas certificaron que ella había estado muerta, y eso fue fundamental para que se aceptara el milagro".