Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

Mostrando entradas con la etiqueta historias de fe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historias de fe. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de septiembre de 2026

John Edwards era Bautista, cambió la fe por las drogas y en prisión «Jesús habló a mi corazón: `lo intentaste, ahora tienes una nueva vida y te vas a ir de aquí conmigo’»   

 John Edwards, a punto de perder su matrimonio, pensando en el suicidio y atrapado en la pesadilla de las drogas, fue detenido por la DEA... y entre rejas le esperaba una propuesta de Dios

* «Me levanté después de la Misa para irme, llegué a la puerta, y de repente, sentí una mano en mi hombro. No conocía a nadie allí. Me di la vuelta y dije `padre´, refiriéndome al sacerdote, y me dijo: ‘Hola, John’. Recordó mi nombre, me había conocido una vez cinco años antes. Y dijo: ‘No sé por qué tu familia no está aquí, pero Dios quiere que te diga que todo va a estar bien’. Y lo miré y pensé, ‘¿cómo puede saber eso?’ Y él dijo: ‘John, disfruta tu día, feliz Pascua’. Se dio la vuelta y se fue. Fui y me senté en el auto de mi papá y dije: ‘Eso es todo, eso es todo. Voy a recuperar a mi familia. Voy a dar mi vida a ti, Señor’… Dios dice: ‘Oye amigo, solo necesito un poco de ti. Solo necesito tu corazón y tu confianza’. Estas cosas muy simples»

Camino Católico.- Cerca de cumplir los 45 años, John Edwards se define como felizmente casado con Ángela, padre de Jacob y dos gemelas, Caitlin y Allyson y, sobre todo, como "un discípulo de Jesucristo". Pero como ha relatado, "no siempre fue así".

Nacido en Midtown (Memphis), recuerda como una de sus grandes pasiones acudir a su iglesia bautista y pasar allí el mayor tiempo posible con su familia y amigos.

Pero al cumplir los 18 años y empezar la universidad, la estabilidad emocional que le proporcionaba su entorno, su propia iglesia y su propio grupo de amigos desapareció.

Tenía que comenzar solo, preguntándose cuál sería el nuevo lugar en el que encajar. Recuerda que finalmente se decidió por una fraternidad universitaria. Y también que el día que la visitó por primera vez como miembro sería también el último en pisar una iglesia durante años.

"En lo más bajo": LSD, marihuana y cocaína

La historia que sigue es similar a la que han relatado multitud de películas y series, pero consecuencias reales y sin final feliz.

Edwards lo probó todo, desde el LSD hasta pastillas y marihuana. Recuerda especialmente la noche en que tomó "una de las peores decisiones" de su vida al probar la cocaína.

Al principio, lo vivió como algo inocente, una novatada. "Podíamos beber mucho, salir de noche, era algo divertido. Pero como muchas cosas que empiezan pareciendo inocentes, no siempre lo son".

John tenía dinero suficiente como para permitirse "el lujo" para sí mismo y también para sus amigos. Invitaba a alcohol, gasolina y drogas, pero la escena pronto dejó de ser agradable.

"Todo acabó girando siempre en torno a dónde consumíamos, dónde conseguiríamos las drogas, en qué casa lo haríamos… pronto nos separamos", explica.

Enganchado, pero solo de nuevo, recuerda aquel momento como "el punto más bajo" en el que podía estar, consumiendo unos 20 gramos de cocaína y 30 cervezas al día.

Matrimonio, familia y acercamiento a la fe

"Pero Dios me visitó una noche cuando entré a un bar y conocí a Ángela. Ella trajo ese `algo´ a mi vida cuando necesitaba a alguien que se preocupara realmente por mí. Desde esa noche salimos, ella me aguantó y nos casamos poco después", recuerda.

Aquel fue su primer acercamiento al catolicismo. Pero él creía que "las drogas pararían, que se irían solas, que decirle `sí´ a alguien para toda la vida solucionaría los problemas"… y no fue así.

Comenzaron a llegar los hijos. Primero Jacob, al que "adoraba". Años después llegarían Caitlin y Allyson y Ángela, buscando llevar la fe a su marido, le perseguía para ir a misa en familia. Él, como cada domingo por la mañana, solo quería que pasase el tiempo… y la resaca.

Pero un día, en 2011, decidió ir a la parroquia de San Francisco, dirigida por el mediático sacerdote Larry Richards. Emocionado por su llamado a la acción, la virilidad y la virtud, empezó a leer sus libros y pareció que durante un par de semanas había cambiado de vida… "pero las drogas volvieron".

Primera recaída: "Quiero que Dios cambie mi vida"

Y lo hicieron con fuerza. Relata que, aunque no lo hacía a propósito, ni si quiera parecía importarle el hecho de tener hijos o una esposa maravillosa.

"Mi madre murió y lo único que me hizo sentir mejor fueron las drogas y el alcohol. No sentía nada. Me quedaba despierto hasta tarde, bebiendo entre 15 y 18 cervezas cada noche, fumando cigarrillos y consumiendo cocaína", relata.

Una de esas noches sintió algo raro. "Plap, plap, plap, plap… el corazón empezó a palpitar violentamente. Pero no quería despertar a Ángela y que me encontrara así porque sabía que podía dejarme… Pensé que iba a morir".

John Edwards, a la derecha de la imagen, entró a una fraternidad universitaria buscando apoyo y amigos... pero allí fue consciente de que "muchas cosas que empiezan pareciendo inocentes, no siempre lo son"

En pleno ataque, pensó en rezar y se dirigió a Dios prometiendo que si le salvaba, no volvería a consumir. Todo volvió a la normalidad. Se acostó y, por segunda vez, tomó la resolución de confesarse y recuperar su vida, entonces "fuera de control".

"Le dije al sacerdote que era un mal padre, un marido terrible, inmaduro y que no sabía como cambiar y ser diferente. Quiero que Dios cambie mi vida", suplicó.

Segunda caída, antes de Pascua y detenido

La Semana Santa estaba cerca y, una vez más, parecía que Edwards iba a cambiar de vida. Especialmente tras la absolución, cuando se sintió vulnerable por primera vez en su vida y decidió romper con sus adicciones y tirarlo todo, la cocaína, el alcohol… incluso el tabaco.

Pero cuando llegó el jueves santo, cayó de nuevo y antes de recoger a su hijo compró un nuevo cargamento del que consumir. Con lo que no contaba era que la DEA -la entidad federal que se encarga de combatir el tráfico y el consumo de drogas en Estados Unidos- le seguía. Segundos después, quedaba detenido y caminaba a prisión.

"Nunca olvidaré esa puerta gigante con barrotes, entrar y darme la vuelta mientras la puerta se cerraba lentamente con ese ruido característico", relata.

No paraba de pensar que su vida había terminado, a dónde iba a ir, cómo había llegado hasta ahí o qué pasaría con su mujer y sus hijos. "¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?", se repetía. Y entonces, las palpitaciones volvieron, llevándole al borde de la desesperación y a pensar incluso en acabar con su propia vida.

Un mensaje de Dios: "Ahora tienes una nueva vida"

"Entonces sucedió lo más extraño. Estaba allí sentado y de repente me invadió la calma. Nunca había sentido algo así y me invadió el pensamiento de que no podía hacer nada salvo sentarme hasta que me dejasen ir", recuerda.

Edwards solo pasó unos días en prisión. Pero con esa celda cerrándose tras de sí por última vez, supo que había sucedido algo más relevante que salir de la cárcel.

"Recuerdo mirar hacia atrás, en la celda, donde Jesús acababa de hablar a mi corazón. Recuerdo haber pensado que lo tenía solo a él y me decía `lo intentaste, tu vida ha terminado, ahora tienes una nueva vida y te vas a ir de aquí conmigo´", relata.

Edwards acabó detenido por la DEA, a punto de perder su matrimonio. Entre rejas, un mensaje de Dios le motivó a cambiar de vida para siempre... y dedicársela a él

Aquel día era Pascua de Resurrección. En lo que parecía toda una analogía evangélica, Edwards se reconcilió con su padre cuando le recibió de su retención, le pidió perdón por sus errores y decidió acudir a una iglesia que visitó años atrás.


"Dios quiere que te diga que todo va a salir bien"

Tras la experiencia entre rejas, no dudó en entrar a misa y probar… y nuevamente, sucedió algo inexplicable: "Me levanté después de la Misa para irme y de repente, sentí una mano en mi hombro. No conocía a nadie allí. Me di la vuelta y dije `padre´, y me dijo: 'Hola, John'. Recordó mi nombre, me había conocido una vez cinco años antes. Y dijo: 'No sé por qué tu familia no está aquí, pero Dios quiere que te diga que todo va a estar bien. John, disfruta tu día, feliz Pascua'".

Fue el suceso que necesitó para tomar una resolución definitiva. "Voy a recuperar mi vida y a entregártela, Señor", prometió.

Su siguiente paso fue enfrentarse cara a cara con su adicción. Fue su padre el que le llevó al centro, pero lo que no esperaba era ver allí a Ángela. Él la miró de arriba abajo, atónito e incrédulo al escuchar que no iba a dejarle pasar solo por aquella situación.

Treinta días después, no quedaba nada del viejo Edwards. Se había desintoxicado, dejó las drogas y el alcohol y empezó a redirigir su día a día.

Nuevo mensaje, ahora a un dedicado evangelizador

Una mañana, entró a la Iglesia y Dios terminó por "cambiar" su vida y le permitió "ver la belleza de la Eucaristía. Sentí que estaba hablando a mi corazón, como dándome el regalo de conocer las claves para seguir a Cristo".

John se confesó, comenzó a frecuentar la comunión y supo que podía ser una mejor persona. Desde entonces, dedica su vida por entero a su familia, a su fe y la evangelización a través de varios apostolados. Se cuentan por cientos las personas a las que desde entonces sigue llegando a través de Just a Guy in the Pew, que dirige. Su apostolado tiene como fin ayudar a edificar en cada parroquia grupos de hombres que se sirvan de apoyo mutuo en la vida de la gracia y la lucha contra el pecado a través de cuatro pilares: la adoración, el compañerismo y la camaradería, la entrega y la formación.

Concluye con un mensaje a otros hombres que pueden ser víctima de las adicciones o la debilidad, invitándoles a "convertirse en los hombres por los que Él murió, para que sean lo que necesitan su familia e hijos y lo que todos necesitamos, porque nos necesitamos los unos a los otros".

Vídeo en inglés en el que John Edwards cuenta su testimonio

martes, 25 de agosto de 2026

Karina Plasencia: «Mi vida se desmoronaba y empecé en la Nueva Era, pero fui liberada en un retiro ante el Santísimo donde dije: ‘Jesús si existes muéstramelo, ven a buscarme y pido perdón por pensar que yo era Dios'»

Karina Plasencia dice que "me había separado del amor de mi Padre, y aunque Dios quería estar conmigo yo le cerré mi corazón" 

* «Un poco escéptica, puse a prueba a Dios y el Señor obró en mí. Desde el primer instante que expusieron al Santísimo experimenté una paz y un amor tan fuertes, así como un arrepentimiento profundo por haberlo dejado fuera. Lo único que escuché fue: ‘Venid y veréis’. En ese momento, supe que Él era el único lugar al que quería seguir, que sería mi roca y mi hogar para siempre. Lo único que deseaba era estar con Él y hacer su voluntad… El Señor volvió a obrar en mí y me regaló una liberación desde lo más profundo de mi ser»

Camino Católico.- Karina Plasencia ha superado ya la treintena y nació en una familia católica muy practicante, de hecho tiene un hermano sacerdote Legionario de Cristo. Pero, no siempre fue así, a medida que crecía, iba dejando a Dios cada vez más fuera de su vida.

"Estaba llena de sufrimiento, de vacíos existenciales y el maligno se aprovechó de mi malestar y quiso hacer un plan con mi vida. Él conoce nuestras debilidades, él también conoce nuestra historia y se aprovecha de esto", comenta Karina.

Una 'identidad' desde el dolor

La mexicana tuvo una infancia con muchas heridas de abandono, de rechazo, de abuso y de humillación. "Siempre sentí que no era amada por mis padres, ni por mis hermanos, sentía que no era suficiente, que había decepcionado las expectativas que todos tenían y habían puesto en mí. Todo esto me llevó a rebelarme, sentía una profunda injusticia", relata.

En ese entonces, Karina "estaba lejos de comprender que el Señor permite todo para un bien mejor, que el Señor es capaz de redimir las heridas". "Me encontraba perdida, no sabía quién era. Había perdido mi identidad. Construí mi 'identidad' desde mi dolor, desde mis heridas y es lo que quiere el maligno, que construyamos nuestra identidad y nuestra historia desde las mentiras y dolor", cuenta.

"Al ver que mi vida se desmoronaba, ya que vivía desde una identidad rota, empecé a buscar en la Nueva Era. Me empezaron a dar la razón en decisiones que ahora veo que no fueron las más correctas. Por ejemplo, pasaba un mal momento con mi ex esposo, y en la Nueva Era me dijeron que el divorcio estaba bien cuando dos personas se encuentran en 'diferentes frecuencias'", asegura.

Karina, sin darse cuenta, terminó alejándose de su familia, y de la fe. "En este mundo de la Nueva Era te debes alejar de la religión y de todo lo que tenga que ver con Jesús y con la Verdad. Hablan de la entrega y el sacrificio como 'falta de amor propio'. Te dicen que eres todopoderoso, que no necesitas a nadie, que en ti está la salvación, que las personas que van a la Iglesia son necesitados y viven en carencia continua".

Chakras, péndulo, cartas de ángeles, reconexiones...

"Me metí a cursos de meditación con los mejores maestros de la Nueva Era, estas meditaciones tienen como objetivo alcanzar una conexión con 'tu yo superior', es decir, estás tratando de activar la glándula pineal, la cual dicen los maestros, que es la glándula espiritual, que si tienes acceso a eso, tu vida se arregla", explica.

Karina empezó a probar con los chakras, las cartas astrales, el péndulo, las reconexiones de el libro de Eric Pearl, "en donde te dicen que puedes sanarte a ti mismo y sanar a otros", las cartas de ángeles para recibir directamente mensajes para cada día, constelaciones familiares para buscar más orden, cuarzos para protección, meditaciones con mantras, taoísmo y toda una macedonia maléfica.

"Lo hacía desde la inconsciencia más grande y desde la sed de buscar respuestas para sanar el dolor. No me veías a mí con un turbante en la cabeza como yogui, me veías como muchos jóvenes buscando en lugares equivocados que no tienen ni idea de las consecuencias tan dolorosas y de tantas mentiras que existe detrás de todo esto, como si fuera magia pura".

"Recuerdo muy bien uno de los seminarios que tomé con un experto de la Nueva Era, que nos explicaba que este plano era como una Matrix, que unos despertaban y otros no, que la Iglesia nos escondía tantas cosas para tenernos dormidos y seguirlos como soldados, que el nivel más bajo de esa Matrix era estar en la religión (fanatismo), que todo es vibración en este plano, ley de atracción, que para conseguir lo que necesitas, la meta es vibrar en cierta frecuencia karma de otras vidas".

La mexicana comenzó a creer en la reencarnación, hasta que un día "la identidad que te construiste se rompe en pedacitos y viene un declive tan fuerte que ya no sabes quién eres. Tus súper poderes se desvanecen, tu identidad también, tus traumas se presentan con más fuerza y el dolor es muchísimo más fuerte que antes, y además es una frustración enorme. Todo esto lo viví desde una soledad inmensa", recuerda.

"Me había separado del amor de mi Padre, y aunque Dios quería estar conmigo yo le cerré mi corazón. Aceptar que había tocado fondo era aceptar mi historia, aceptar que mucho había sido mentira (...). Es impresionante cómo el mal quiere que todo quede en secreto, como quiere que suframos en silencio, quiere contarnos historias falsas para no dejar que la verdad entre, el mal es el padre de la mentira".

Karina Plasencia fue a un retiro de Rise Up como todos los que aparecen en la imagen tomada durante uno de ellos

Varias liberaciones en un retiro y la sanación

En ese momento de confusión y dolor, le invitaron a un retiro de Rise Up, un retiro carismático de sanación en México, que lo lleva a cabo el Regnum Christi. "En este retiro el Señor vino a buscarme con mucha fuerza (...). Recuerdo muy bien que en uno de los ejercicios que nos dejaron, yo subrayé una frase: 'sáname de mis entrañas'. Y, así fue. En la primera exposición con el Santísimo le dije a Jesús: si existes muéstramelo, ven a buscarme".

"Un poco escéptica, puse a prueba a Dios y el Señor obró en mí. Desde el primer instante que expusieron al Santísimo experimenté una paz y un amor tan fuertes, así como un arrepentimiento profundo por haberlo dejado fuera. Lo único que escuché fue: 'Venid y veréis'. En ese momento, supe que Él era el único lugar al que quería seguir, que sería mi roca y mi hogar para siempre. Lo único que deseaba era estar con Él y hacer su voluntad".

Karina experimentó varias liberaciones, una de ellas fue por haber abierto todas las puertas de la Nueva Era. "Mi liberación comenzó cuando me preguntaron: '¿Hay algo por lo que quieras pedir perdón?'. En mi interior, sentí la necesidad de decir lo siguiente: 'Pido perdón por pensar que yo era Dios'. En ese momento, el Señor volvió a obrar en mí y me regaló una liberación desde lo más profundo de mi ser".

"Me quitó una venda de mis ojos y me permitió ver la realidad de cada una de las puertas que había abierto en mi búsqueda, cada persona que había estado ahí. Fue tan claro que debía dejarlo todo, cerrar cada puerta que había abierto para abrirse a Él. Volvió a obrar en mí al día siguiente, brindándome una liberación de las heridas de mi infancia".

Karina anima a no dejarse llevar por los cantos de sirena. "Hoy en día, todo lo que no es de la Iglesia suena más atractivo, más moderno entre los jóvenes. Decir 'yo medito y práctico mindfulness' suena más atractivo que decir 'yo soy católico practicante' o decir 'yo soy independiente' en comparación con 'yo entrego mi vida a Él y dependo de Él'. Pero si quitamos la mentira y vemos la verdad, lo que Él nos pide es: 'Entreguenme su vida y los llevaré en sus momentos de mayor gozo. En los momentos de sufrimiento, los restauraré'".

"A veces, las voces malignas tejen una narrativa que resalta nuestras faltas y nos hace sentir culpables, como si fuéramos indignos del amor de Dios. Jesús, sin embargo, nos extiende su mano para que lo sigamos a pesar de todo. Él nos perdona y desea que nosotros también nos perdonemos, que comencemos un nuevo capítulo a su lado, con una página en blanco", concluye.

jueves, 7 de mayo de 2026

Davide Fiorillo murió de leucemia con 8 años: veía a Jesús, la Virgen, los ángeles y cambió la vida de sus padres: «Comprendimos que Jesucristo está vivo en la Eucaristía»



Davide Fiorillo cambió desde que empezó a ver junto a sí a Jesús, la Virgen y los ángeles. Y su alegría cambió la vida de fe de sus padres / Foto: Cubierta de 'Davide', la historia del pequeño contada por Costanza Signorelli

* «Sabiendo cuánto le gustaba comprar juguetes, le dije: ‘¿Ves cuánto dinero te han regalado? ¡Tienes que decirle a los angelitos y a la Virgen que te curen para que puedas gastarlo!’. Me contestó enseguida, sin pensárselo: ‘No, papá. Me están esperando. Me tengo que ir’. ¿Se imaginan a un niño de ocho años hablando así de su muerte, con una certeza y una serenidad indescriptibles? Davide nos mostró que la muerte no es el final, sino el principio de la vida. Antes de ir al cielo, se hizo coser un traje especialmente para volar con los angelitos: lo eligió todo hasta el último detalle, y cuando se lo probó, parecía que se estaba preparando para una boda, ¡para el día más hermoso de su vida!»

Camino Católico.-  Davide Fiorillo murió a los 8 años de edad a consecuencia de una larga enfermedad. Durante esa etapa final de su corta vida vio con frecuencia a Jesús, la Virgen y los ángeles. Una historia extraordinaria que sus padres, Salvatore y Elisa, han contado a Riccardo Caniato en Maria con te y reproduce Famiglia Cristiana.

-¿Quieres parar un poco y ver el mar?


-¡No mamá, tenemos que irnos! La Virgen nos espera.


En este intercambio entre Elisa y su hijo se incluye ya el misterio de una vida, recogido por la periodista Costanza Signorelli en el volumen David. El niño que hablaba con los ángeles (Ares). Una historia conmovedora que será fuente de esperanza para todos aquellos que cargan con una cruz en su enfermedad.


Davide Fiorillo, calabrés de Piscopio, en la provincia de Vibo Valentia, murió de leucemia a los 8 años, el 22 de junio de 2021, en circunstancias especiales que hacen que su historia sea extraordinaria. Nacido en el seno de una familia no practicante, Davide abrazó en un momento dado su enfermedad incurable con una serenidad sorprendente: lo hizo desde el momento en que, según testimonió el pequeño a sus padres, los ángeles vinieron a hacerle compañía, después la Virgen y por último Jesús. Todos le prepararon y acompañaron en su paso al Cielo.



Davide Fiorillo con su madre Elisa / Foto: Famiglia cristiana


Dentro de esta historia, un pasaje significativo se refiere al santuario de Nuestra Señora de los Ángeles de Cassano delle Murge, que relatamos en el número 5 del semanario Maria con te [María contigo]: fue aquí donde la Virgen invitó dos veces al niño, y donde este se apresuró a reunirse con ella a costa de renunciar al mar que tanto amaba; y fue aquí donde las dos veces se le vio caer en éxtasis ante la estatua de la Virgen de los Ángeles.

Pero María también salió al encuentro del sufrimiento de Davide en la vida cotidiana de su casa: como nos testimonian directamente sus padres, Salvatore y Elisa, en la siguiente entrevista.


-¿Cuándo comenzaron los fenómenos místicos para Davide?


-Salvatore: Los descubrimos el 19 de marzo de 2021. Davide estaba hospitalizado en Roma, en el Bambin Gesù, los médicos acababan de decirnos que no había esperanza para él. Elisa y yo estábamos desesperados, ya no sabíamos ni qué decirle a nuestro hijo. En un momento dado, Elisa le habló del ángel de la guarda, para aferrarse a una imagen consoladora, como el que se refugia en los cuentos de hadas, y Davide, todo alegría, le contestó: "Mamá, uno no, ahora veo tres. Y si cierras los ojos, también tú los ves".


-¿También veía a la Virgen?


-Elisa: "La Virgen es muy hermosa", nos decía. La vio rodeada de ángeles, como está representada en la estatua del santuario de Cassano. Él no conocía ese lugar, ninguno de nosotros lo conocía, fue María quien se lo indicó, quien le hizo encontrar esa imagen suya en internet y pedirnos que fuéramos en peregrinación.



Nuestra Señora de los Ángeles, en el santuario que le está consagrado en Cassano delle Murge (Apulia, Italia).


-Salvatore: Primero vio a los ángeles, que le prepararon para el encuentro con la Virgen. En ese momento Ella ya no le abandonó nunca más y a su vez le preparó para el encuentro con Jesús que tuvo lugar con su Primera Comunión.


-Ad Jesum per Mariam. El capítulo del libro dedicado a la Eucaristía se titula: "Veo a Jesús". ¿Qué ocurrió exactamente ese día?


-Elisa: Era la primera misa a la que asistía Davide. Durante la celebración tenía una mirada seria y profunda, estaba sereno y decidido en sus movimientos, como si ya lo supiera todo. Le oíamos hablar en voz baja y no entendíamos si estaba participando en el rito (que desconocía) o conversando con alguien. En un momento dado le pregunté si la Virgen había venido a la misa, como había prometido. Me contestó que ya estaba en la iglesia esperándole y, tras mirar hacia arriba como cuando se escruta el cielo, lleno de felicidad le dijo a su padre que los angelitos también estaban allí. Por la noche, cuando todo había terminado, tuve el valor de preguntarle si también Jesús se había presentado, me contestó que solo después de comer la Hostia consagrada había visto a Jesús y nos lo describió.


-¿Cómo lo describió?


-Elisa: Con estas palabras exactas: "¡Guapo! Joven como San Miguel, sin barba, con el pelo no muy largo, vestido con una túnica blanca y un manto rojo". También nos dijo que Jesús le había acariciado con una mano y le había tocado el corazón con la otra.


-En el libro se relata la primera comunión de Davide como un giro radical en vuestra vida…


-Elisa: Tanto Salvatore como yo vivíamos lejos de la Iglesia y de los sacramentos; y Davide había crecido sin ninguna formación religiosa. Nunca antes habíamos comprendido lo que significa que Jesucristo está vivo y presente en la Eucaristía. A través de nuestro hijo tocamos con nuestras manos esta presencia real. Davide nos dijo que vio a Jesús, pero nosotros vimos cómo él nos lo dijo: su confianza, su fe, su espontaneidad, sus ojos llenos de una luz que no existe en esta tierra.


-Salvatore, usted es apicultor, un hombre concreto, de la tierra: ¿cómo pudo creer en las palabras de su hijo y cómo le cambiaron?


-Salvatore: La pregunta que me hago es la contraria: ¿cómo no iba a creer? Desde el primer momento en que oí a mi hijo hablar del Cielo, algo dentro de mí cambió. Es como si las palabras de Davide respondieran a tantas preguntas que yo llevaba dentro de una manera que nadie había respondido nunca. La primera vez que Elisa me llevó corriendo al hospital, diciéndome que Davide había hablado de los angelitos y del Cielo, rompí a llorar y sentí dentro de mí una certeza inquebrantable. Día tras día, Elisa y yo -cada uno a su manera, pero juntos- comprendíamos que si lo que nuestro hijo nos contaba era verdad, ¡nuestra vida ya no podría volver a ser la misma! Yo soy un hombre racional y había vivido como si nada existiera más allá de lo que podíamos ver y tocar. Pero Davide nos mostró otra vida, la verdadera, y es la que él más esperaba y deseaba.



Davide Fiorillo / Foto: Famiglia cristiana


-¿Cómo les comunicaba estas cosas?


-Salvatore: De muchas maneras. Le pondré un ejemplo. Al día siguiente de la Primera Comunión vi a Davide jugueteando con su hucha en forma de casita de abejas. Sabiendo cuánto le gustaba comprar juguetes, le dije: "¿Ves cuánto dinero te han regalado? ¡Tienes que decirle a los angelitos y a la Virgen que te curen para que puedas gastarlo!". Me contestó enseguida, sin pensárselo: "No, papá. Me están esperando. Me tengo que ir". ¿Se imaginan a un niño de ocho años hablando así de su muerte, con una certeza y una serenidad indescriptibles? Davide nos mostró que la muerte no es el final, sino el principio de la vida. Antes de ir al cielo, se hizo coser un traje especialmente para volar con los angelitos: lo eligió todo hasta el último detalle, y cuando se lo probó, parecía que se estaba preparando para una boda, ¡para el día más hermoso de su vida!


-¿Les describió también lo que hay después de la muerte?


-Elisa: Nunca habló de la muerte. Un día nos contó que los angelitos le llevaron a ver el Paraíso y lo describió como un lugar precioso, lleno de luz y con un arcoíris. Un lugar donde ocurren las cosas bonitas que deseas y donde no hay sufrimiento, de hecho repetía: "En el Paraíso no se toman medicinas y no hay hospitales". Piense que Davide estaba muy unido a mí, hasta el punto de que durante las estancias en el hospital no me dejaba salir de la habitación, pero desde el momento en que vio el Paraíso empezó a decir que quería ir allí. Tenía una serenidad inexplicable y me decía que tenía que estar tranquila porque siempre vendría a verme.


-Salvatore: No solo escuchamos sus historias, sino que le vimos cambiar por completo: antes de partir hacia el Cielo, Davide había superado la angustia típica de los niños que sufren enfermedades graves durante años. Ya no lloraba ni tenía rabietas. Se había vuelto alegre y lleno de vida, daba gracias por todo, quería a todo el mundo y siempre hablaba del Cielo. Incluso su hermano Antonio, al que estaba muy unido, se sintió abrumado por este cambio. Uno de sus últimos días, reunió a su familia, incluidos sus tíos y primos pequeños, y nos llevó a misa. En la iglesia, viendo que íbamos rezagados, nos "empujó" a los bancos de delante para que estuviéramos cerca del altar. Iba en el cochecito porque el dolor le impedía caminar, pero estaba lleno de una alegría que nos dejaba sin palabras. Era el día del Corpus Christi.


-La estatua de Nuestra Señora de los Ángeles de Cassano es una figura regia…


-Elisa: Para Davide la "Madonnina" -así la llamaba- era ante todo una madre. Un día, cuando le pregunté qué hacía o qué le decía la Virgen, me respondió con franqueza: "Se acerca a mi cama y me abraza como una madre, ¡como haces tú!".


-Salvatore: Davide, con la espontaneidad y la ingenuidad de un niño, nos hizo comprender que el Cielo -los Ángeles, la Virgen, Jesús, los Santos- son personas familiares, y están más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar.

viernes, 6 de marzo de 2026

Maree Ataya: «llevaba una vida salvaje de sexo, drogas y rock hasta que dije: `Por favor, Dios, sácame de esta situación. Jesús, quiero entregarte mi vida’. Y tuve un encuentro increíble con Él»


* «Utilizo mi trabajo para evangelizar. Ha sido una verdadera oportunidad de compartir mi fe. Y eso es un regalo para mí, porque mi mayor deseo es ver a nuestros jóvenes encontrar el sentido de la vida. Estaré eternamente agradecida con Dios. Ha habido muchos giros, vueltas y muchos callejones aparentemente sin salida, pero por medio de la fe Dios cambia todo para su gloria y para nuestra bendición»

Camino Católico.-    Como una de las principales suministradoras de publicaciones y artículos católicos en Australia, la Mustard Seed Bookshop es toda una referencia en la archidiócesis de Sídney. Las presentaciones, envíos y clientes son atendidos desde cada mañana por Maree Ataya, una afable mujer nacida en los 70 y entregada por completo a la evangelización juvenil junto con su esposo, Atef. Lo que no todos saben es que Maree no siempre se presentó como la amable librera y hermana en la fe que hoy ven en ella.

Antes, su día a día también se desarrollaba en un local, pero en lugar de una librería diocesana era un pub reconocible por el estruendo de icónicas estrellas de la escena musical como los Midnight Oil o The Angels. Como relató recientemente a la archidiócesis, para ella "todo era sexo, drogas y rock". Y la fe vino a cambiarlo todo.

Un estilo de vida salvaje

Criada en las soleadas playas de Sídney en una familia católica como más pequeña de nueve hermanos, recuerda  que todos fueron criados en la fe, pero conforme pasó el tiempo, la piedad mutó en una precoz vida de excesos. "Nos criaron en la fe, pero a medida que crecimos, mis hermanos y hermanas mayores se volvieron totalmente salvajes", comenta.

Su hermano mayor, "como un padre" para ella, abrió el camino al volverse adicto a la heroína. Para cuando entró en la adolescencia, la familia al completo había abandonado la práctica religiosa. Aunque nunca abandonó por completo la Iglesia, el alcohol, el consumo de drogas ocasionales y "un estilo de vida bastante salvaje" se convirtieron en su nueva norma de vida. Maree "era una niña salvaje de los años 70".


Maree, en su etapa de `vida salvaje´

De jueves a domingo, el pub era su hogar. Pero cuando acababan las noches de exceso, "estar borracha o drogada" no era impedimento para entrar a la parroquia, en la misma calle que el bar. "Era sincera, estaba buscando y le pedía a Dios que me ayudara", comenta. En una de esas ocasiones, recuerda, "me acerqué a Él y le dije: `Por favor, Dios, sácame de esta situación´".

El encuentro con Jesús y la llamada a evangelizar

Poco después conoció "casualmente" a un joven que se preparaba para el sacerdocio y le invitó a un evento con miles de jóvenes católicos. Al ir, quedó impactada, viendo como "a algunas chicas les brillaba el rostro y había algo diferente en ellas".

Y entonces rezó de nuevo: "Jesús, quiero entregarte mi vida".

Lo siguiente que recuerda son las palabras de uno de los ponentes evangelizadores, como si fuese la respuesta que esperaba. "Todo lo que tienes que hacer es clamar a Dios para que te salve y te ayude".

Y así lo hizo, quedando completamente rendida a su redescubierta fe, empezando a ser consciente de que ese paso supondría "cambiar, dejar ir a mis amigos, mi estilo de vida y mi ego".

"Tuve un encuentro increíble con Dios. ¡Nadie me había dicho nunca que podía encontrarme con Él! Sentí una alegría increíble e inexplicable porque era como si me quisiera de todas formas, sin importar lo que pasara. Jesús cambió totalmente mi vida", menciona.

Cuando despertó al día siguiente, recuerda que "todo era más brillante" y lo veía todo "como si tuviera ojos nuevos", comparando su experiencia a la de una "luna de miel, como si me hubiese enamorado". Con la fuerza del converso, fue consciente de que "muchos jóvenes no sabían que Jesús quiere que le encontremos, empoderarnos y cambiarnos" y sintió un llamado a dedicar su vida a evangelizar.

Su nueva fe la llevó a unirse al incipiente Youth Mission Team, un vigoroso apostolado radicado en Australia próximo a cumplir 40 años de misión. Entonces eran los años 80, cuando también conoció a Atef Ataya, su actual esposo, con quien tuvo tres hijos y con el que siempre compartió su pasión por evangelizar.

“Como madre, fui parte de la comunidad escolar y solía invitar a la gente a los eventos que organizábamos. Dirigí un grupo de oración de mujeres en la parroquia y teníamos varios programas a los que también animaba a venir", menciona.


Maree, en el centro, con su marido Atef y sus hijos

Pasadas las décadas, su compromiso evangelizador persiste. Actualmente lo desarrolla desde la Mustard Seed Bookshop, una de las librerías católicas más relevantes del país adscrita a la archidiócesis de Sídney y regentada por su marido, donde se ofrecen recursos para profundizar en el discipulado de los católicos y la evangelización.

"Utilizo mi trabajo para evangelizar. Ha sido una verdadera oportunidad de compartir mi fe. Y eso es un regalo para mí, porque mi mayor deseo es ver a nuestros jóvenes encontrar el sentido de la vida. Me encanta trabajar aquí, sinceramente, siento que he encontrado mi lugar", detalla.

Concretamente dedica sus esfuerzos a los que, como lo fue ella, son considerados "niños salvajes" y espera que, "como Iglesia, abramos espacio para las personas que regresan a nuestra fe".

"Estaré eternamente agradecida con Dios. Ha habido muchos giros, vueltas y muchos callejones aparentemente sin salida, pero por medio de la fe Dios cambia todo para su gloria y para nuestra bendición", concluye.

Se puede escuchar su historia en inglés, en el siguiente vídeo: