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domingo, 25 de enero de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 25-1-2026: «El Evangelio nos pide asumir el riesgo de confiar; Dios obra en todo momento, aunque no nos sintamos preparados o la situación no parezca la mejor»

* «El Evangelio nos dice que el Mesías viene de Israel, pero traspasa las fronteras de su tierra para anunciar al Dios que se hace cercano a todos, que no excluye a nadie, que no ha venido sólo para los puros, sino que, por el contrario, se mezcla en las situaciones y en las relaciones humanas. Por lo tanto, también nosotros, los cristianos, debemos vencer la tentación de cerrarnos» 

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «En estos días, Ucrania está siendo objeto de continuos ataques, que dejan a poblaciones enteras expuestas al frío del invierno. Sigo con dolor lo que está sucediendo, estoy cerca y rezo por quienes sufren. La prolongación de las hostilidades, con consecuencias cada vez más graves para la población civil, amplía la fractura entre los pueblos y aleja una paz justa y duradera. Invito a todos a intensificar aún más los esfuerzos para poner fin a esta guerra» 

25 de enero de 2026.- (Camino Católico)  “El Evangelio nos pide que asumamos el riesgo de confiar; Dios obra en todo momento y todo momento es bueno para el Señor, aunque no nos sintamos preparados o la situación no parezca la mejor”, ha dicho el Papa León XIV en el Ángelus dominical, ante 20.000 fieles y peregrinos en la plaza de San Pedro. 

La reflexión del Pontífice se ha centrado en el inicio de la predicación de Jesús, tal como lo narra el Evangelio de Mateo. A partir del llamado a los primeros discípulos, Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan.

Tras el rezo mariano del Ángelus, el Papa ha recordado la celebración del Domingo de la Palabra, instituido por su predecesor Francisco y la celebración de la Jornada Mundial de los enfermos de Lepra. A los jóvenes de la Acción católica italiana, presentes en la Caravana de la paz, los invitó a ser agentes de paz, nunca violentos, ni con palabras ni con gestos y ha manifestado su preocupación por los continuos ataques contra Ucrania, que dejan a poblaciones enteras expuestas al frío del invierno. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 25 de enero de 2026

Hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo!

Después de recibir el bautismo, Jesús comienza su predicación y llama a los primeros discípulos: Simón, llamado Pedro, Andrés, Santiago y Juan (cf. Mt 4,12-22). Al observar de cerca esta escena del Evangelio de hoy, podemos hacernos dos preguntas: una sobre el momento en que Jesús inicia su misión y otra sobre el lugar que elige para predicar y llamar a los apóstoles. Preguntémonos: ¿Cuándo comienza?, ¿dónde comienza?

En primer lugar, el evangelista nos dice que Jesús comenzó su predicación «cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado» (v. 12). Por lo tanto, ocurre en un momento que no parece el más adecuado: el Bautista acaba de ser arrestado y, por lo tanto, los líderes del pueblo están poco dispuestos a acoger la novedad del Mesías. Se trata de un momento que sugeriría prudencia, pero precisamente en esta situación oscura Jesús comienza a llevar la luz de la buena nueva: «el Reino de los Cielos está cerca» (v. 17).

También en nuestra vida personal y eclesial, a veces debido a resistencias internas o a circunstancias que no consideramos favorables, pensamos que no es el momento adecuado para anunciar el Evangelio, para tomar una decisión, para hacer una elección, para cambiar una situación. Sin embargo, el riesgo es quedarnos bloqueados en la indecisión o prisioneros de una prudencia excesiva, mientras que el Evangelio nos pide que asumamos el riesgo de confiar; Dios obra en todo momento y todo momento es bueno para el Señor, aunque no nos sintamos preparados o la situación no parezca la mejor.

El relato evangélico nos muestra también el lugar desde donde Jesús comienza su misión pública: «Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm» (v. 13). Permanece, de todas formas, en Galilea, un territorio habitado principalmente por paganos, que debido al comercio es también una tierra de paso y de encuentros; podríamos decir que es un territorio multicultural atravesado por personas de diferentes orígenes y pertenencias religiosas. De este modo, el Evangelio nos dice que el Mesías viene de Israel, pero traspasa las fronteras de su tierra para anunciar al Dios que se hace cercano a todos, que no excluye a nadie, que no ha venido sólo para los puros, sino que, por el contrario, se mezcla en las situaciones y en las relaciones humanas. Por lo tanto, también nosotros, los cristianos, debemos vencer la tentación de cerrarnos. El Evangelio, de hecho, debe ser anunciado y vivido en todas las circunstancias y en todos los ambientes, para que sea levadura de fraternidad y paz entre las personas, entre las culturas, las religiones y los pueblos.

Hermanos y hermanas, como los primeros discípulos, estamos llamados a acoger la llamada del Señor, con la alegría de saber que cada momento y cada lugar de nuestra vida son visitados por Él y atravesados por su amor. Roguemos a la Virgen María para que nos conceda esta confianza interior y nos acompañe en el camino.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Este domingo, el tercero del Tiempo Ordinario, es el Domingo de la Palabra de Dios. El Papa Francisco lo instituyó hace siete años para promover en toda la Iglesia el conocimiento de la Sagrada Escritura y la atención a la Palabra de Dios, en la liturgia y en la vida de las comunidades. Agradezco y animo a quienes se comprometen con fe y amor con este objetivo prioritario.


También en estos días, Ucrania está siendo objeto de continuos ataques, que dejan a poblaciones enteras expuestas al frío del invierno. Sigo con dolor lo que está sucediendo, estoy cerca y rezo por quienes sufren. La prolongación de las hostilidades, con consecuencias cada vez más graves para la población civil, amplía la fractura entre los pueblos y aleja una paz justa y duradera. Invito a todos a intensificar aún más los esfuerzos para poner fin a esta guerra.


Hoy se celebra el Día Mundial de los Enfermos de Lepra. Expreso mi cercanía a todas las personas afectadas por esta enfermedad. Animo a la Asociación Italiana Amigos de Raoul Follereau y a quienes se ocupan de los enfermos de lepra, comprometiéndose a proteger su dignidad.


Doy la bienvenida a todos ustedes, ¡fieles de Roma y peregrinos de diversos países! En particular, saludo al coro parroquial de Rakovski, en Bulgaria; al grupo de Quinceañeras de Panamá; a los alumnos del Instituto «Zurbarán» de Badajoz, en España; así como a los jóvenes que se preparan para la confirmación de la parroquia de San Marco Vecchio, en Florencia, y a la comunidad escolar del Instituto Comprensivo «Erodoto» de Corigliano-Rossano y la Asociación de voluntariado «Cuori Aperti» de Lecce.



Saludo con cariño a los jóvenes de Acción Católica de Roma, junto con sus padres, educadores y sacerdotes, que han dado vida a la Caravana por la Paz. Queridos niños y jóvenes, les agradezco porque nos ayudan a los adultos a mirar el mundo desde otra perspectiva; la de la colaboración entre personas y pueblos diferentes. ¡Gracias! Sean agentes de paz en casa, en la escuela, en el deporte, en todas partes. No sean nunca violentos, ni con palabras ni con gestos. ¡Nunca! El mal solo se vence con el bien.


Junto con estos jóvenes, recemos por la paz: en Ucrania, en Oriente Medio y en todas las regiones donde, lamentablemente, se lucha por intereses que no son los de los pueblos. ¡La paz se construye respetando a los pueblos!


Hoy concluye la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Por la tarde, como es tradición, celebraré las Vísperas en la Basílica de San Pablo Extramuros junto con los representantes de otras confesiones cristianas. Agradezco a todos los que participarán, incluso a través de los medios de comunicación, y les deseo a todos un buen domingo.


Papa León XIV



Fotos: Vatican Media, 25-1-2026

Celebración de las segundas vísperas de la conversión de San Pablo, apóstol, presididas por el Papa León XIV, 25-1-2026

25 de enero de 2026.- (Camino Católico) El Papa León XIV ha celebrado la tarde de hoy, domingo, 25 de enero, las segundas vísperas de la solemnidad de la conversión de San Pablo, que concluyen la 59.ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la solemnidad de la conversión del apóstol San Pablo, en las que han participado hermanos de las diferentes Iglesias y comuniones cristianas. En el vídeo Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.

En su homilía el Pontífice ha subrayado que “es tarea común de todos los cristianos decir al mundo, con humildad y alegría: ‘¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!’”.

miércoles, 21 de enero de 2026

Oraciones a Santa Inés para pedir los jóvenes la gracia de la pureza y ante una apremiante dificultad


Camino Católico.- Cada 21 de enero, la Iglesia Católica celebra a Santa Inés de Roma, patrona de las mujeres jóvenes, las novias y las prometidas en matrimonio; así como de los jardineros y de quienes aspiran a vivir la virtud de la pureza.

Inés, sinónimo de las cosas más bellas


Ya desde su sencillo y hermoso nombre, Santa Inés evoca virtud y grandeza.


El nombre “Inés” proviene del griego Ἁγνή (Hagnḗ), que significa “pura” o “santa”. De ahí llegará al italiano como “Agnese” y al francés como “Agnès” -de donde proviene el inglés “Agnes”; mientras que al español llegará como “Inés”.

Para enriquecer aún más la etimología del nombre, habrá que considerar el curso que tomó el término griego en su transliteración al latín: “Agnes” o “Inés” vienen de “agnus”, cordero, figura que representa al Mesías, tal y como se consigna en el Evangelio (Cfr. Jn 1, 29).

El cordero, el más dócil entre los animales, es símbolo de cosas como la nobleza, la mansedumbre, la ternura, la pureza, el abrigo, la sencillez, la delicadeza. No en vano es símbolo de Cristo.

Esta riqueza simbólica se preserva de una manera especial en la liturgia, incluso de formas “silenciosas”. Por ejemplo, con la lana blanca del cordero se confecciona el “palio arzobispal”, ornamento distintivo de los arzobispos metropolitanos o del Papa cuando preside una celebración.

Virgen y mártir

De acuerdo a la tradición más conocida, Inés fue una hermosa joven romana que nació en el seno de una familia noble; se cree que alrededor del año 291. Desde muy joven fue pretendida por muchos ricos e influyentes jóvenes patricios. Al haberlos rechazado uno a uno aduciendo estar comprometida con Cristo, fue denunciada por desacatar las órdenes del emperador ante las autoridades civiles.

Estas, de inmediato, dispusieron un execrable castigo -eran los tiempos del cruel Diocleciano-, muy común para sancionar a las doncellas que querían mantenerse vírgenes: Inés sería llevada a un prostíbulo para ser ultrajada hasta doblegar su voluntad. Sin embargo, contra lo que esperaban los romanos, la joven pudo escapar, según la tradición, ayudada por ángeles. Entonces, los hombres del emperador organizaron su recaptura.

Al ser hallada, Inés entendió que lo que le esperaba inexorablemente era la muerte. Tenía tan solo 13 años.

Primero fue llevada encadenada a la hoguera, pero las llamas no le hicieron daño alguno. Luego, ante el portentoso fracaso de sus verdugos, se decidió concluir el trance de manera “expeditiva”: Inés moriría decapitada. Era el año 304.

“Inés” también quiere decir firmeza

Se dice que el verdugo principal, inquieto por el monstruoso encargo de asesinar a una niña, hizo lo posible para convencerla de que acepte a alguno de los pretendientes, pero la jovencita se negó, según lo testimonia San Ambrosio de Milán: “Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”, increpó Inés.

La santa oró y oró. Luego dobló la cerviz ante aquel que le daría muerte, uno al que le empezó a temblar la diestra antes de dar el golpe -mientras que la niña permanecía serena-. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, concluye San Ambrosio.

La niña mártir, fruto maduro de la Iglesia

Como consta en el tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, Santa Inés murió con tan solo doce o trece años. Pese a su juventud dio ejemplo de inmensa fortaleza al permanecer firme durante el martirio. Dice el santo que Inés se mantuvo “inalterable, al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas” durante su suplicio.

Añade el célebre arzobispo de Milán: “No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”.

Santa Inés en la tradición católica

Años después de la muerte de Santa Inés, Constantina, hija del emperador Constantino, mandó a edificar una basílica en honor de la niña mártir en la Vía Nomentana de Roma. Su fiesta comenzaría a celebrarse recién a mediados del siglo IV.

A Santa Inés se le suele representar como una niña o jovencita en posición orante, con una diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio -hecho de lana blanca-. A sus pies -o a veces entre sus brazos- aparece generalmente un cordero. Es frecuente que su figura se muestre rodeada de algunos objetos simbólicos que evocan el martirio: la pira, una espada, la palma o los lirios.

Pidamos por intercesión de Santa Inés la gracia de la pureza y ante una apremiante dificultad con estas oraciones:

Oración para pedir los jóvenes la gracia de la pureza


Gloriosa Virgen y Mártir Santa Inés,

joven de fe inquebrantable

que en los primeros siglos de la Iglesia
derramó su sangre para conservar
el precioso tesoro de la fe cristiana
y custodiar la virtud de la pureza.
Danos la gracia de llevar con fidelidad
todas las cruces que encontremos en la vida
siempre fieles a las enseñanzas del Evangelio.
Haz que los jóvenes puedan comprender
que la fe es el don más preciado de la vida
y que la pureza ilumina los ojos,
limpia los pensamientos y alegra el corazón.
Ayuda a quienes hoy son perseguidos
en muchos lugares por su fe cristiana,
para que por tu intercesión reciban de Dios
la fuerza para testimoniar con fidelidad el Evangelio
y sientan vivo el consuelo de Cristo el Señor.

¡Santa Inés
Ruega por nosotros!


 __________

Oración para pedir ante una apremiante dificultad

Oh Dios Padre Misericordioso, concédeme la dicha de saber imitar
a santa Inés virgen y mártir,
que siendo aún casi una niña
ofreció en Roma el supremo testimonio de la fe,
consagrando con el martirio el título de la castidad,
ayúdame a seguir sus pasos, a ser:
fiel al amor de tu hijo Jesús,
que murió por nosotros en la Cruz,
fiel en lo mucho y en lo poco,
fiel en la alegría y en la tristeza,
fiel en la adversidad y en la bonanza,
fiel en el hogar y en trabajo,
fiel en el estudio y en la diversión
fiel en la bondad y en la oración.

Que nunca me separe de ti,
y, que por la intercesión de Santa Inés,
pueda obtener remediar
esta apremiante dificultad que tanto me aflige:

(hacer la petición).

Señor, te suplico me escuches,
confiando en tu gran bondad
y por la mediación de santa Inés,
espero ser prontamente socorrido.

También te solicito me ayudes
a caminar rectamente por el sendero de la fe,
el amor, la virtud y la bondad,
y bajo el amparo protector
de la Santísima Virgen María,
me mantengas siempre alejado
de las ocasiones de pecado,
de injusticias y maldades,
de violentos y opresores
y me concedas todo aquello
que sea más conveniente
para tu mayor honra y gloria
y provecho de mi alma,
para morir en tu gracia y gozarte eternamente
en la bienaventuranza del cielo.

Amén.