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jueves, 24 de septiembre de 2026

Lizzetta Escalante: «Me alejé de Dios, pero ante una operación en la que podía morir oré: ‘Señor, todavía no te conozco lo suficiente como para vivir una eternidad contigo, no me lleves aún, déjame conocerte’»


Lizzetta Escalante evangelizando en Youtube 

* «El médico nos dijo tras la operación: ‘¿Ven esa herida aquí, que está como quemada? Eso lo debía hacer yo. Cuando el ovario salió, ya estaba cerrado, por eso no te moriste. Yo no creo en Dios, pero debo admitir que este no fui yo» 

Camino Católico.-   Solo tenemos una cosa asegurada en la vida: la muerte. Es un tema del que muchas personas temen hablar, incluso entre católicos. Pero es importante conversar sobre ello para tener una buena preparación hasta el fin de nuestras vidas. "Le dijo Jesús: 'Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá'" (Jn 11, 25).

Lizzetta Escalante, laica consagrada de votos privados, evangelizadora y dirigente del apostolado Ruah, cuenta la historia de su conversión a Yohana Rodríguez en Aleteia; un momento en el que estuvo cerca la muerte.

Lizzetta Escalante / Foto: Cortesía de Lizzeta Escalante

Conociendo a Cristo

A pesar de que le presentaron a Jesús desde la infancia, ella no sentía la cercanía de un Dios amoroso, por lo que su acercamiento a las enseñanzas de la Iglesia no fue más allá de la preparación a los sacramentos. Así que ella, al no encontrar ejemplo en las personas o pensar que la Iglesia era un negocio (porque le cobraron una Misa de difunto), decidió alejarse y atacar la religión.

Lizzetta Escalante / Foto: Cortesía de Lizzeta Escalante

Un día, su madre le insistió asistir a una adoración:

“Me obligó a ponerme de rodillas delante del Santísimo, con una frase que me mató; '¿cómo es posible que yo tenga una hija de carne, con un corazón de piedra?'” 

Ese comentario le afectó porque, aunque ella era muy altruista, se dio cuenta de que nada de lo que hacía era por Dios. Estaba en una etapa de “encontronazos con Dios; no entendía cuál era el sentido de creer en Él”.

Al poco tiempo se fue a Estados Unidos, en lo que discernía cuál iba a ser su profesión. Al estar allá, se dio cuenta de que sentía una soledad y vacío tremendo que la llevó a una crisis existencial. 

Cuando regresó a su hogar, se dio cuenta de que sus amigas habían cambiado porque meses antes habían vivido un retiro espiritual. Se sentía tan fuera de lugar que, cuando le ofrecieron irse de misiones, aceptó.

Fue a esas misiones solo por seguirles la corriente, pero esta experiencia marcó el inicio de su nueva vida. Se encontró con un Dios tan grande que le enseñó la pobreza espiritual en la que estaba viviendo. Fue un encuentro muy profundo. Quien la conocía antes no podía creer lo que presenciaba. Comenzó a asistir a Misa, a dirección espiritual y formación. “Fue una radicalidad que no vino de mí, definitivamente, pero yo no entendía nada, fue una gracia”, comenta.

Lizzetta Escalante orando en Youtube 

Un paso cerca de la muerte

Una noche del 2012, mientras estudiaba para sus exámenes de la universidad, sintió un fuerte dolor en la pared abdominal.

“Me doblaba del dolor y me dieron muchas ganas de ir al baño. Y escuché en mi conciencia, un mandato muy fuerte, que yo creo que fue mi ángel de la guarda; ahora que vayas al baño, despierta tu mamá y que te acompañe. 

La desperté y cuando entramos al baño, me desmayé. Ella me agarró, y si mi mamá no hubiera estado, nadie en mi casa se entera y me hubiera desangrado”.

Lizzetta tuvo una rotura de quiste ovárico que causó un fuerte sangrado. Al llegar al hospital, el doctor la revisó y le dijo que tenía una peritonitis y que debían operar de urgencia. Y aunque todo se veía alarmante, ella sintió una paz y fortaleza, proveniente del Espíritu Santo.

El doctor le aseguró que este era un procedimiento que había realizado en muchas ocasiones y Liz preguntó: “¿cuántas han salido vivas”. Él respondió “varias”. Fue ahí cuando a Liz le cayó el peso de la situación; podía fallecer. Mientras hacía efecto la anestesia, hizo esta oración:

“Señor, yo todavía no te conozco lo suficiente como para vivir una eternidad contigo, no me lleves aún, déjame conocerte. Te prometo que si me das otra oportunidad, te voy a conocer”.

Ella era consciente de que vería a Dios, y le daba alegría; pero al mismo tiempo, le daba vergüenza porque ella sabía que desperdició su vida al no conocerlo. 

Lizzetta Escalante / Foto Cortesía de Lizzeta Escalante

Dios le permitió salir con éxito de la cirugía, pero lo que más le sorprendió fue cuando el doctor les enseñó un bote que contenía el ovario, y les dijo:

“¿Ven esa herida aquí, que está como quemada? Eso lo debía hacer yo. Cuando el ovario salió, ya estaba cerrado, por eso no te moriste (...) Yo no creo en Dios, pero debo admitir que este no fui yo”.

Fue una gran impresión para Lizzetta. Una curación que no tenía explicación. Los meses siguientes estuvo en recuperación y, en cuanto sintió mejoría, se dedicó al apostolado. Trabajó con niños diagnosticados con cáncer que le enseñaron una gran sensibilidad y un nuevo pensamiento:

“Yo no sé cuándo me voy a morir y no vivo con miedo a la muerte. Señor, te quiero conocer a tal grado, que cuando estemos juntos, no haya necesidad ni siquiera de que me cuentes de ti”.

Su vida se convirtió en una constante oración. Si antes se esforzaba en su vida de fe, ahora era mucho más dedicada. Sentía un llamado de Dios, de conocerlo más, de fortalecer la relación. Experimentó cómo Dios hablaba a su corazón. 

Ver la muerte de forma cristiana

Ella vive con una visión de la muerte cristiana, en donde hay paz, confianza y abandono en Dios. Convence a su mamá y amigas de que hay que dejarlo todo en manos de Dios, pues Él decidirá en qué momento está planeado el encuentro; y, al mismo tiempo, les recuerda que es bueno que desde este momento se preparen, conscientemente, de lo que mostrará al Señor cuando llegue el juicio.

Lizzetta Escalante con un grupo ejerciendo su ministerio / Foto Cortesía de Lizzeta Escalante

“La muerte le da sentido a la vida cristiana. Un cristiano que no espera la muerte como algo anhelado, ¿a qué se está preparando? Esta vida es para disfrutar y prepararse, para morir”.

Liz mencionó que es importante hablar con Jesús, tener una comunicación directa a través de la oración. No podemos esperar escuchar a Dios si no somos capaces de tener un encuentro con Él en nuestra vida diaria. 

Pero también es necesario recibir formación sobre nuestra fe; esta debe ser una de nuestras prioridades, porque quien no se interesa en su religión, “se está perdiendo de su mapa de cómo ser fiel”. Y la fidelidad es la puerta a la plenitud; aunque no siempre es fácil seguir el camino de Cristo, es lo único que nos llenará. El cielo ya está aquí si te lo propones.

"Esa experiencia de estar delante de Él, y no llegar con las manos vacías, es lo que más me tiene ilusionada, y por eso, me he consagrado".

viernes, 28 de agosto de 2026

Reza por tu madre con esta oración de san Agustín


 * «Dios de mi corazón dejando de lado sus buenas obras por un instante, de lo cual te rindo gracia con alegría, ahora te ruego implorándote por los pecados de mi madre. Concédeme en nombre de Aquel que es médico de nuestras heridas, que fue colgado en el leño de la cruz, y sentado a Tu derecha, intercede por nosotros. Sé que fue misericordiosa en cada uno de sus gestos, que con generosidad ha remitido sus deudas a sus propios deudores: entonces remítele también Tú a ella sus deudas, si alguna vez las contrajo en los últimos años pasados, después de haber recibido el agua que cura; por favor remítele, Señor»

Camino Católico.- Como cada 28 de agosto, hoy la Iglesia Católica celebra a San Agustín. Se sabe que toda madre, aun la más bondadosa, tierna, correcta; aun la que se sacrifica siempre por el bien de sus hijos, la que todo lo puede a pesar de los obstáculos; necesita siempre de una oración.

Sí, ella que tanto ha rezado por nosotros, como lo hizo santa Mónica por su hijo, para alejarlo de vicios y malas costumbres, y acercarlo a Dios; así toda madre también necesita de una oración de su hijo. Una oración para pedir la misericordia a Dios, por estas mujeres tan misericordiosas.

Una oración como esta que san Agustín le dedicó a su madre Santa Mónica:

Por lo tanto mi complacencia y mi vida

Dios de mi corazón

dejando de lado sus buenas obras por un instante,

de lo cual te rindo gracia con alegría,

ahora te ruego implorándote por los pecados de mi madre.

Concédeme en nombre de Aquel

que es médico de nuestras heridas,

que fue colgado en el leño de la cruz,

y sentado a Tu derecha, intercede por nosotros.

Sé que fue misericordiosa en cada uno de sus gestos,

que con generosidad

ha remitido sus deudas a sus propios deudores:

entonces remítele también Tú a ella sus deudas,

si alguna vez las contrajo en los últimos años pasados,

después de haber recibido el agua que cura;

por favor remítele, Señor,

y no entres en juicio en contra de ella.

La misericordia triunfe sobre la justicia.

Tus palabras son verdad,

y Tú has prometido misericordia a los misericordiosos.

Fueron hechos por tu gracia,

y Tú tendrás misericordia de aquel

que ha tenido misericordia,

concederás misericordia a aquel

que fue misericordioso.

San Agustín


viernes, 21 de agosto de 2026

Documental: ¿Quién es San Maximiliano María Kolbe?


Camino Católico.- Los Siervos del Hogar de la Madre han producido este documental sobre la vida de S. Maximiliano María Kolbe en H.M. Televisión, una figura grandiosa en el catolicismo del siglo XX. Kolbe fue un hombre de un celo apostólico extraordinario, un precursor en el uso de los medios de comunicación social para la transmisión del Evangelio y que consumó su vida con el testimonio del amor más grande: ser mártir de la caridad en Auschwitz.


El manantial de todo su dinamismo fue su amor apasionado a la Madre de Dios. Es conocido como «el loco de la Inmaculada». En medio de muchas dificultades exteriores, limitado físicamente por la tuberculosis, trabajó con pasión por la extensión del Evangelio.


Estuvo como misionero en Japón, y sus publicaciones llegaron a la India, a China, incluso a Arabia. Fundó en Polonia una ciudad para la Inmaculada: Niepokalanow. S. Maximiliano María es un ejemplo vivo de la generosidad apasionada en la entrega a Dios que puede suscitar la devoción a María, cuando es auténtica. Ser posesión de la Inmaculada era su ideal. Ella le llevó al don completo de sí mismo, a ser imitador perfecto de Jesucristo: nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos.


Entrevistas que aparecen en el documental:

• P. Rafaelle di Muro O.F.M conv. — Asistente General de la Milicia de la Inmaculada (Roma).

• P. Francisco Nahoe O.F.M, conv. — Prior del Convento de Reno, Nevada (EEUU).

• D. Javier Paredes — Catedrático de Historia, Universidad de Alcalá de Henares

• P. Félix López S.H.M– Siervos del Hogar de la Madre.


Música : Dexter Britain

lunes, 3 de agosto de 2026

Íñigo María Prieto Delic, el bebé milagro que nació sin riñones: «La única opción fue abortar o esperar a que falleciera; la fe nos ha ayudado a vivir mirando al cielo sabiendo que la vida está en manos de Dios»

Íñigo María Prieto Delic junto a su familia / Foto: Cedida - El Debate

* «Nosotros desde el inicio decimos que tenemos tres ejércitos. Por un lado, el ejército del Hospital de la Paz... Por otro lado, hemos tenido la oración de la Iglesia de la tierra (conventos, misioneros, sacerdotes, comunidades, catequistas, compañeros de trabajo, etc) ... Y por otro lado, pues el ejército del cielo»

Camino Católico.-  Íñigo María Prieto Delic tiene once meses y tres días de vida. El 21 de agosto de 2025, este pequeño luchador nació en el hospital madrileño de La Paz con una patología que la medicina consideraba incompatible con la vida: agenesia renal bilateral. La ausencia de riñones –además de no contar con vejiga ni uretra– era prácticamente una condena a muerte, con solo un 1 % de posibilidades de supervivencia. Sin embargo, casi un año después, Íñigo es un niño feliz con más de ocho kilos de peso y con un espíritu luchador único en alguien de su edad.

Desde el hospital madrileño nos atiende su padre, Íñigo Prieto Urízar, quien combina su gran experiencia familiar –con otros cinco hijos más– para detallar con todo lujo de detalles la historia de su pequeño mientras le limpia y le cambia. Desde hace un mes, tras superar intervenciones críticas, el quirófano y la UCI, le concedieron al pequeño el alta domiciliaria, residiendo hasta agosto en la Casa Ronald McDonald's –situada dentro del propio recinto del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús en Madrid– junto a otras familias y con seguimiento en el hospital de La Paz.

Tenemos que retroceder hasta la semana 20 del embarazo cuando Diana, su mujer, le llamó con la peor de las noticias, tras someterse a una ecografía en Córdoba. En primer lugar, el matrimonio preguntó «si había alguna opción, que si había alguna operación intrauterina o algún caso histórico previo que hubiese salido adelante».

La respuesta parecía definitiva: no. La única opción que les ofrecieron fue «o abortar» o esperar el fatal desenlace: «Esperar a que falleciera porque el bebé no iba a poder desarrollar el pulmón y al nacer o en el vientre de la madre moriría». Íñigo y Diana, por su fe católica, no apoyaban la opción del aborto terapéutico.


Íñigo María Prieto Delic / Foto: Cedida - El Debate

Sin embargo, tras varios días preparándose y rezando para encajar el golpe, la búsqueda desesperada de respuestas por internet dio un giro inesperado. Íñigo encontró la imagen de una niña estadounidense nacida en con la misma condición que su futuro hijo y que había salido adelante: «Cuando vimos ese caso, nos pusimos en contacto con los americanos, tuvimos una videoconferencia. Nos recomendaron primero probar a ver en España y si no, pues nos atenderían allí. Pero claro, económicamente era una locura así. Nosotros estábamos dispuestos. En vez de hipotecar una casa, hipotecarnos con el bebé», dice Íñigo Prieto Urízar a Rubén Prieto en El Debate.

Si hubieran decidido la opción de viajar a Estados Unidos para lograr que su hijo naciera, solo el importe económico, podría superar los cuatro millones de dólares. En España, este tratamiento ha corrido a cargo de la sanidad pública e Íñigo Prieto se está beneficiando de una CUME (Prestación por Cuidado de Menores afectados por una enfermedad grave), que le permite no perder ingresos mientras le es imposible trabajar por tener que atender a un hijo en situación delicada de salud.

Íñigo María Prieto Delic / Foto: Cedida - El Debate

Fue entonces cuando entró en juego una ginecóloga amiga y una red médica, contactaron con el Hospital de La Paz en Madrid, donde el equipo encabezado por José Luis Bartha (jefe de ginecología y obstetricia de La Paz), junto con cuatro jefas de especialidades valoraron el caso (la jefa de nefrología, la jefa de urología, la deja de neonatología y la jefa de medicina fetal). El tratamiento durante las semanas de embarazo restantes consistió en inyectar suero con antibiótico en el vientre materno para sustituir el líquido amniótico y permitir el desarrollo pulmonar.

«Nos escucharon y decidieron ayudarnos y la verdad es que fue algo muy grande porque para nosotros abrió de repente una esperanza de vida», señala.

Íñigo María Prieto Delic con su madre Diana / Foto: Cedida - El Debate

Contra todo pronóstico médico inicial, la gestación alcanzó la semana 38, culminando con el nacimiento de su sexto hijo: «Una vez que salió de la puerta del quirófano, lo acompañé hasta la puerta de la UCI. Fue un momento increíble. Un monte del cielo en el que se te saltan las lágrimas. Te falta la voz. O sea, contemplas una debilidad tan grande que te sobrecoge».

Como era de esperar, los primeros meses en neonatología exigieron una lucha titánica, no exenta de complicaciones. El recién nacido sufrió un neumotórax, llegando a saturar al 50 %, por lo que fue bautizado in situ de urgencia. A la segunda semana le implantaron un catéter para poder iniciar la diálisis peritoneal. En Navidad, una bacteria le produjo una sepsis grave con síndrome de piel escaldada: «Estuvo como en una unidad de quemados y durante 15 días le trataron con antibióticos, un vendaje especial y cremas para ayudar al desarrollo de la piel. Ahí estuvo también muy grave».

Para poder llevar todo este proceso, el matrimonio –con residencia en Córdoba–, tuvo que turnarse por semanas entre la capital y su ciudad para atender a sus otros hijos. Y, al final de todo, la defensa por la vida y la fe ha permitido a esta familia vivir un auténtico milagro: «Nosotros desde el inicio decimos que tenemos tres ejércitos. Por un lado, el ejército del Hospital de la Paz... Por otro lado, hemos tenido la oración de la Iglesia de la tierra (conventos, misioneros, sacerdotes, comunidades, catequistas, compañeros de trabajo, etc) ... Y por otro lado, pues el ejército del cielo».

«La fe desde el primer momento también nos ha ayudado a vivir, a vivir mirando al cielo con esperanza y sabiendo que la vida está en manos de Dios. Para nosotros la fe lo ha supuesto todo, porque teníamos la mirada puesta en el cielo y esperando la voluntad de Dios. No sabíamos si ese niño sobreviviría o no, y lo hemos vivido muy día a día. Y seguimos así. Seguimos viviendo el día a día», señala.


Íñigo María Prieto Delic / Foto: Cedida - El Debate

Actualmente el pequeño pesa algo más de ocho kilos. El siguiente paso es alcanzar los diez y, una vez cumpla los dos años de edad, poder afrontar el trasplante de riñón y una compleja intervención para reconstruir la vejiga utilizando pared intestinal. Pese a las secuelas derivadas del tiempo encamado, Íñigo describe a su hijo como «un niño muy alegre, muy simpático, sonriente, dinámico y muy regordete». Para esta la familia, la ciencia y la fe se han unido de una forma extraordinaria y han hecho posible que hoy Íñigo esté vivo, gracias a la valentía de médicos que han apostado por la vida y a la oración de la Iglesia.

Tanto Íñigo como su mujer se encuentran eternamente agradecidos a todos los profesionales que han atendido hasta el momento a su hijo en el hospital de la Paz, a sus familiares, amigos, a lass personas que rezan por él y a la Fundación Ronald Mcdonald.

Quién sabe si algún día no muy lejano este bebé-milagro español podrá viajar junto a sus hermanos Rafael María, Luka María, Marta María, Teresa María e Ivana María al santuario dedicado a la Virgen María de Medjugorje en Bosnia donde se conocieron y se enamoraron sus padres. Diana es croata, pero nació en Mostar (Bosnia). Se instaló en Córdoba cuando se casó con Íñigo padre, que es ingeniero agrónomo y profesor del colegio La Salle. El amor que surgió en aquel santuario mariano explica que sus hijos lleven todos el nombre de la madre de Dios.

martes, 7 de julio de 2026

Irene Alonso, madre de 12 hijos: «Si yo no tuviera a Dios en mi vida, sería imposible que sostuviera la familia; vivo descansando en la gracia y solo hay que dejarse llevar, dar tu sí, pequeñito, y con eso el Señor hace maravillas»


Irene Alonso contando su testimonio de fe y vida familiar

* «El día que estábamos enterrando a mi hija Nazaret fui muy consciente del regalo que suponen los hijos y de la poca ascendencia que tenemos sobre ellos. Los hijos no son más que un préstamo y cuidarlos es un privilegio. La muerte de Nazaret fue el primer paso hacia una fe madura, ya que hasta entonces había vivido de la fe heredada de mis padres. Israel, mi marido, lo tuvo claro desde el principio y decía: ‘Nuestra misión con nuestros hijos es que lleguen al cielo, y con Nazaret ya lo hemos conseguido’»

Vídeo del testimonio de Irene Alonso, madre de 12 hijos, en el programa 'Ecclesia es domingo' de 13 TV

Camino Católico.-  En la familia de Irene Alonso, madre de 12 hijos, la fe es el motor principal. "Si yo no tuviera a Dios en mi vida, sería imposible que sostuviera la familia que sostengo", ha confesado. Para ella, cuando se vive "descansando en la gracia, solo hay que dejarse llevar, dar tu sí, pequeñito, y con eso el Señor hace maravillas". Conocida en redes sociales como 'Soy una madre normal', esta madre de 12 hijos comparte el día a día de su familia con más de 200.000 seguidores para luchar contra los prejuicios. En una entrevista en 'Ecclesia es domingo' de 13 TV, Alonso se alinea con el mensaje del Papa León XIV a los jóvenes: no tener miedo al matrimonio.

Mientras que 8 de cada 10 jóvenes españoles consideran que formar una familia es más difícil que nunca, según el último barómetro de The Family Watch. Irene Alonso ha afirmado que entiende el temor de los jóvenes, ya que "el mundo nos empuja a pensar que la felicidad está en la autorrealización", mientras que "la familia es todo lo contrario, es el dejar de ser yo para que sean los demás". Según ella, este principio responde más al Evangelio que a la corriente actual, y aunque el Evangelio "a veces da miedo", al vivirlo se descubre que "solo así se puede ser feliz".

Irene Alonso y su familia hace unos días

La pérdida que afianzó su fe

Uno de los momentos clave en su vida fue la muerte de su cuarta hija, Nazaret, que falleció recién nacida. "El día que estábamos enterrando a mi hija fui muy consciente del regalo que suponen los hijos y de la poca ascendencia que tenemos sobre ellos", ha explicado. Para Alonso, los hijos "no son más que un préstamo" y cuidarlos es un "privilegio".

La muerte de Nazaret supuso un "punto de inflexión" en su vida y fue el "primer paso hacia una fe madura, ya que hasta entonces había vivido de la fe heredada de mis padres”. Su marido, Israel, lo tuvo claro desde el principio: "Nuestra misión con nuestros hijos es que lleguen al cielo, y con Nazaret ya lo hemos conseguido". Irene Alonso siente que su hija, que tenía síndrome de Down, es una "intercesora maravillosa" y asegura que "un hijo en el cielo es como garantía de que nos ganamos el cielo".

El matrimonio, cimiento del hogar

Irene Alonso insiste en que cuidar la relación de pareja es fundamental, ya que "el matrimonio es el cimiento del hogar". Ha advertido del peligro de que los hijos pasen a ser el centro, pues cuando estos se van, los cónyuges pueden encontrarse con "un desconocido después de 20 años de matrimonio", algo que le parece "durísimo".

Irene Alonso con su esposo Israel

Para ella, la conclusión es clara: "Cuidar del matrimonio es cuidar de los hijos". Sostiene que "todo el tiempo que inviertas en mejorar tu matrimonio, lo estás invirtiendo en mejorar la vida de tus hijos", porque ellos repetirán los patrones que ven en casa. Si ven un matrimonio sólido, buscarán lo mismo para sus futuras familias.

Recientemente, Alonso ha hecho un descubrimiento que ha cambiado su forma de ver su vida: "He descubierto que mi vocación no es al matrimonio y a la maternidad, que mi vocación es a ser la esposa de mi marido, específicamente, y a ser la madre de mis hijos". Considera que su historia está "muy bien diseñada" y que en su marido está el "complemento perfecto" para ella.

jueves, 2 de julio de 2026

Reza con el Papa León XIV en julio de 2026: «Por el respeto de la vida humana, don de Dios»

Foto: “Reza con el Papa”, 2-7-2026

* «Señor Jesús, que amemos la vida como Tú la amas: con ternura, fidelidad y entrega. Que sepamos proclamar, con palabras y gestos, que cada vida humana vale el don total de sí mismo»

2 de julio de 2026.- (Camino Católico) “”Señor de la vida, hoy te pedimos la gracia de reconocer y custodiar el valor único e irrepetible de cada ser humano. Que aprendamos a acoger la vida sin condiciones, a sostener con ternura la fragilidad, a acompañar con respeto cada etapa, y a defender con valentía a quienes no tienen voz”, ora el Papa León XIV en su vídeo “Reza con el Papa” del mes de julio de 2026. El texto íntegro de la oración del Santo Padre es el siguiente:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Señor de la vida,

Tú nos creaste por amor y nos llamaste a vivir en plenitud.

Cada persona es un don sagrado que refleja tu rostro,

desde el primer instante de su existencia

hasta el último respiro de su camino en la tierra.


Hoy te pedimos la gracia de reconocer y custodiar

el valor único e irrepetible de cada ser humano.

Que aprendamos a acoger la vida sin condiciones,

a sostener con ternura la fragilidad,

a acompañar con respeto cada etapa,

y a defender con valentía a quienes no tienen voz.


Perdónanos, Señor,

cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte,

cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor.

Danos un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida,

y manos generosas que la protejan con gestos concretos.


Haz de tu Iglesia un testimonio vivo del Evangelio de la vida,

un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada,

donde nadie se sienta sobrante,

y donde la dignidad sea respetada y cuidada siempre.


Amén. 

León XIV