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lunes, 16 de marzo de 2026

Margaret Fellker cayó en depresión tras perder a su hijo, pero la Eucaristía le llevó a ayudar a jóvenes en necesidad: «Estoy sorprendida de la bendición de Dios, porque recibí de Él lo que me permitió avanzar»


Margaret Fellker, fundadora de David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: Cortesía de IEC2024

* «En la capilla del Santísimo vi pintadas en la pared las palabras que me hicieron saber que pertenecía a ese lugar. Desde entonces, las llevo siempre en mi mente y corazón: 'Venid a mí, los que estáis fatigados y angustiados, y yo os aliviaré'»

Camino Católico.-  En medio de la depresión y la desesperanza tras la pérdida de su hijo David en las montañas de Ecuador, Margaret Fellker, fundadora de la ONG caritativa David’s Educational Opportunity Fund, encontró el amor redentor de Dios y despertó en su corazón la misión de ayudar a jóvenes en situación de pobreza.

Originaria de Madison, Wisconsin (Estados Unidos), el viaje de fe de Margaret marcado por la tragedia y un encuentro con Jesús Eucaristía, se transformó en una poderosa fuente de inspiración para muchos en Quito, Ecuador, al desarrollar junto a su esposo una ONG dedicada a apoyar a estudiantes talentosos que enfrentan dificultades económicas.

La pérdida de David

“David era, es y siempre será nuestro único hijo, nacido en 1981. Siempre fue una buena aventura ser su mamá: empezó a leer a la edad de 2 años; era actor adolescente en un teatro de Shakespeare y luego en teatro de improvisación”, cuenta Margaret en una reciente entrevista concedida a ACI Prensa.

Margaret recuerda que, desde joven, su hijo demostró una notable pasión por explorar el mundo y conectar con diversas culturas. A la edad de 17 años, David fue un estudiante de intercambio en Hungría. Su deseo de aprender y experimentar la vida en el extranjero lo llevó a África, donde pasó un mes en Ghana. No se detuvo allí; a la misma edad, comenzó a hacer voluntariado en un barrio hispanohablante en Chicago, donde también comenzó a aprender español.

A lo largo de su vida, David llegó a hablar con fluidez cuatro idiomas: inglés, español, húngaro y alemán. Este amor por el aprendizaje y la conexión lo llevó a Ecuador, donde, como estudiante universitario, decidió pasar un semestre de intercambio en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador desde febrero hasta junio de 2002.


Jóvenes ecuatorianos que reciben ayuda de David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: Cortesía de David’s Educational Opportunity Fund

La vida de David se apagó repentinamente cuando desapareció cerca de la ciudad ecuatoriana de Zamora en 2002, un suceso que dejó a su madre en un profundo duelo. Ella tuvo que viajar a Ecuador para buscar a su hijo, cuyo paradero es desconocido hasta el día de hoy. Su cuerpo nunca fue encontrado.

“Me encontré solita en Zamora, hospedándome con una familia bondadosa y saliendo cada día con varios policías en la búsqueda de pistas que nos pudieran revelar algo acerca de David”, relata.

La Eucaristía como fuente de consuelo y un nuevo llamado

En esos días oscuros, Margaret encontró refugio en la iglesia local, donde la capilla del Santísimo se convirtió en su lugar de consuelo. “Vi pintadas en la pared las palabras que me hicieron saber que pertenecía a ese lugar. Desde entonces, las llevo siempre en mi mente y corazón: 'Venid a mí, los que estáis fatigados y angustiados, y yo os aliviaré'”, comparte, recordando las palabras de Cristo que la acompañaron en su dolor.

Lo que comenzó como una búsqueda desesperada se convirtió en una revelación de amor. “Recibí un don totalmente inesperado, creativo, de la infinita imaginación divina: una capacidad mucho más amplia que nunca, para amar a cada persona que me extendió la mano en esa situación tan mala”, expresa.

Margaret Fellker - Foto: David’s Educational Opportunity Fund

Esta experiencia transformó su perspectiva sobre el sufrimiento. “Era como un maná y recibí justo lo necesario cada día, cada mañana”, agrega, enfatizando cómo el amor la ayudó a conectarse con aquellos que también sufrían.

Margaret no sólo reflexionó sobre su propia pérdida, sino que también se abrió a las historias de los demás. “Podía acercarme a las otras personas con ese amor, escuchando sus historias con mucho interés. No pude quedarme en mí misma con mi dolor”, insiste.

La fundación de David’s Educational Opportunity Fund

Su camino hacia la sanación la llevó a fundar el David’s Educational Opportunity Fund, dedicado ofrecer apoyo financiero, educativo y emocional a estudiantes de secundaria y universitarios de familias de escasos recursos en Quito. Su objetivo es proporcionar un acompañamiento integral y constante para que estos jóvenes puedan completar su educación y desarrollar plenamente sus talentos, habilidades de liderazgo y cualidades de carácter.  

Margaret Fellker y los estudiantes ecuatorianos que forman parte del David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: David’s Educational Opportunity Fund

“Fueron dos cosas las que me hicieron inevitable regresar a Ecuador con mi esposo Mike y nuestra hija Rachel en 2003: la bondad de todos que me habían ayudado, y la belleza que había visto. Así que empezamos con una señorita, Gaby Lima, que quería estudiar Ingeniería Ambiental. Luego otra, Verónica Guamba, que quería ser maestra de la educación temprana”, explica.  

A lo largo de los años, la organización ha crecido significativamente, y ha apoyado a 24 estudiantes actualmente graduados y 16 estudiantes en curso. “Nuestro trabajo es la alegría mía y de mi esposo, y nos llena la vida con lo que todos necesitamos: un propósito que nos llena la vida con sentido”, subraya.

Finalmente, Margaret reflexiona sobre su viaje, reconociendo que no quiere “que Dios sepa o crea que estoy satisfecha”, sino que desea seguir sirviendo a los jóvenes más necesitados. “Siempre he quedado atónita, sorprendida de la bendición de Dios, porque recibí de Él lo que me permitió avanzar”, concluye.

Alfonso del Corral, médico deportivo, se encontró con Cristo Resucitado tras la trágica muerte de un hijo


Camino Católico.- Alfonso del Corral fue un conocido jugador del equipo de baloncesto del Real Madrid, que actualmente ejerce como médico deportivo. Alfonso vivió siempre en casa la fe católica. Era una fe, como la de tantos, un poco de «tradición», y no una fe vivida profundamente. Se entregaba totalmente a su trabajo, a su familia, luchando por los valores humanos de la lucha, la entrega, la honradez, el esfuerzo…, pero solamente rezaba si tenía algún problema.

En la juventud, comenzó a jugar al baloncesto como una forma de desahogo. Poco a poco, se fue enamorando de este deporte y toda su vida se centró en el baloncesto y en el triunfo.

Se casó y tuvo 5 hijos, el tercero de los cuales se llamaba «Álvaro», un niño muy bueno que acaparó un especial cariño de su padre. Alfonso nos cuenta cómo la trágica muerte de este hijo le llevó a descubrir a Cristo Resucitado. Explica su testimonio en el programa “Cambio de Agujas” de H.M. Televisión, que puede verse en el vídeo que ofrecemos.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Edinson José Salas, diácono, venció las tentaciones de perder la fe ante un cáncer: «Aun sin fuerzas, a veces sin sentir nada, a veces llorando, sólo repetía: ‘Señor, confío en Ti’; En mi desierto aprendí a confiar en Dios»

Edinson José Salas ha afrontado un cáncer con un combate espiritual profundo para no abandonar la fe y cuenta su testimonio / Foto: Cortesía de  Edinson José Salas

* «Entendí: Señor tu gracia me basta. Él no me prometió ausencia de dolor, sino su presencia en mi vida, en mi existencia, en mi ser. Mi enfermedad fue dolorosa, pero fue el lugar donde más he sentido a Dios . Si estás enfermo, no pienses que es un castigo: eres Evangelio encarnado.Seamos testimonios de confianza en el Señor para los demás, evangelios vivientes allá donde nos encontremos. La enfermedad no es un castigo, una maldición, sino un camino para purificar nuestra alma y acercarnos más a Dios. Volvamos a Él nuestra mirada, aprovechemos la oportunidad para volver a Él. Ofrecer la enfermedad al Señor no es decir 'no pasa nada’; es reconocer: esto me supera pero sé que Tú estás conmigo, me acompañas, me estás guiando, siento tu presencia»

Camino Católico.- A punto de cumplir 44 años, esperando ser ordenado sacerdote pronto, el diácono Edinson José Salas camina acompañado por una grave enfermedad que condiciona sus planes. Un cáncer de colon le ha llevado en los últimos meses al límite de sus fuerzas, pero también le ha enseñado a confiar más en Dios. Patricia Navas en Aleteia sintetiza el testimonio que Edinson José ha contado en su parroquia.

“Cuando me lo diagnosticaron el verano pasado, sentí que había sido empujado a un desierto. Con el tiempo, entendí que ese desierto está dentro del plan de Dios”, dice.

Haciendo un paralelismo con las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto, Edinson explica que al descubrir que tenía cáncer sintió que el tiempo se paró, que todo se desmoronaba.

Tentaciones

“La enfermedad no solo ataca al cuerpo, ataca la confianza -constata-. Y tuve la tentación de perder la fe”.

“El tentador propone soluciones fáciles; a mí también me vinieron tentaciones: enojarme con Dios, victimizarme, pensar que mi vida no tenía sentido,…”, confiesa.

Y cuestionó a Dios: “Si me amas, ¿por qué estoy enfermo? ¿Por qué yo, que quiero ser buena persona y hacer las cosas bien?”.

“Sentí hambre de respuesta, de seguridad, de volver a mi vida anterior al diagnóstico – ahonda-. Hubo noches muy oscuras, de llanto, de dolor”.

Cruz

“Miraba el crucifijo que tengo detrás de mi cama -comparte- y rezaba: Señor, si me permitiste vivir esta enfermedad, permíteme también llevarla con alegría, con amor, confiando en Ti”.

“Él no bajó de la cruz para mostrar poder -reflexiona-. Sólo mostró misericordia”.

Ayudado por “personas que Dios puso a mi lado”, el diácono empezó a ver el cáncer como “una cruz que me lleva a purificar”.

“Al principio me sentí triste, pero después empecé a ofrecer esta cruz al Señor y la vi llena de vida y amor”, dice.

“Señor, confío en Ti”


Edinson José Salas con su obispo y compañeros del seminario / Foto: Cortesía de  Edinson José Salas

El diácono decidió ponerlo todo en manos de Dios y empezó a ofrecer la enfermedad y sus dificultades por las personas que sufren y por distintas intenciones.

“Aun sin fuerzas, a veces sin sentir nada, a veces llorando, sólo repetía: ‘Señor, confío en Ti’ -relata-. En mi desierto aprendí a confiar en Dios”.

“Poco a poco el desierto dejó de ser solo sufrimiento y se convirtió en encuentro con Él”, asegura.

Presencia de Dios

Ahora Edinson ve que su enfermedad le ha ayudado a ser más humano y a acercarse más a Dios, pues “cuando tenemos salud, cuando lo tenemos todo, nos olvidamos de Él”.

“Entendí: Señor tu gracia me basta -resume-. Él no me prometió ausencia de dolor, sino su presencia en mi vida, en mi existencia, en mi ser”.

“Mi enfermedad fue dolorosa, pero fue el lugar donde más he sentido a Dios -asegura-. Si estás enfermo, no pienses que es un castigo: eres Evangelio encarnado”.

El diácono, nacido en Colombia pero actualmente sirviendo en España, afirma que “las tentaciones de Jesús en el desierto son también nuestra historia”.

Misión

“En el desierto no se pierde la fe, sino que se la alimenta y purifica… y después comienza la misión”, exclama.

“Seamos testimonios de confianza en el Señor para los demás -invita-, evangelios vivientes allá donde nos encontremos”.

Y concluye su testimonio, ofrecido este martes en su parroquia, con 5 reflexiones aprendidas en la enfermedad y el sufrimiento:

“Cuando uno ofrece el sufrimiento al Señor, se le hace más llevadero, lo lleva uno con más alegría y sentido”.

“En la enfermedad o las dificultades, no busques lo más fácil sino ofrecer tu vida para la purificación y la salvación”.

“La enfermedad no es un castigo, una maldición, sino un camino para purificar nuestra alma y acercarnos más a Dios. Volvamos a Él nuestra mirada, aprovechemos la oportunidad para volver a Él”.

“Ofrecer la enfermedad al Señor no es decir 'no pasa nada'; es reconocer: esto me supera pero sé que Tú estás conmigo, me acompañas, me estás guiando, siento tu presencia”.

“El mundo está lleno de miedo, ansiedad y desconfianza. El cristiano está llamado a ser signo de esperanza. Somos testigos cuando no perdemos la fe ante las dificultades, cuando tratamos a los demás con paciencia, cuando confiamos en Dios incluso en la cruz”.

martes, 10 de marzo de 2026

Ramona Treviño era gerente de clínica abortiva: «Me confesé y en Misa durante la consagración escuché que Dios me decía: ‘Ramona, te perdono’; confié en Él, recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás»

Ramona Treviño interviene en un acto de ‘40 días por la vida’ 

* «Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: ‘Ramona, ofrece todo eso a Dios’, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad. Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros»

Camino Católico.-  Ramona Treviño es madre y abuela. A los 30 años trabajó como gerente de un centro de Planned Parenthood, el mayor operador de abortos en EE.UU., pensando que ayudaría a mujeres en dificultades. Sin embargo, algo removió su conciencia y se dio cuenta de que lo que hacía era firmar sentencias de muerte para bebés en gestación. Dios tuvo misericordia y le cambió el corazón para poder salir del negocio de la muerte y redimirse. Cuenta su testimonio de conversión en una entrevista que le hace Alicia Gómez-Monedero en Misión.

- Ramona, ¿cómo llega a ser gerente de un centro de Planned Parenthood?

- Mis padres eran católicos, pero no nos educaron en la fe. Mi padre era alcohólico. A los 16 años me quedé embarazada de una pareja que me maltrataba; tuve a mi hija y finalmente lo dejé. Más tarde conocí a quien hoy es mi marido. Nos casamos y al mes me quedé embarazada de nuevo. Un año después quise volver a trabajar y, en 2008, una amiga me avisó de una vacante en Planned Parenthood. Por mi experiencia trabajando con mujeres, me ofrecieron dirigir un centro en Sherman, a una hora de Dallas, y acepté.

- ¿Sabía lo que sucedía en Planned Parenthood?

Mi centro era de “planificación familiar”. No se practicaban abortos: atendíamos consultas, hacíamos test de embarazo y de enfermedades de transmisión sexual, ofrecíamos anticonceptivos y derivábamos a las mujeres que querían abortar a otros centros. Yo pensaba que, aunque nunca abortaría, cada mujer tenía derecho a decidir.

- ¿Qué pasaba cuando llegaba una mujer que no quería tener a su hijo?

- Nunca debíamos explicar qué ocurría en un aborto; la información estaba en folletos guardados en un armario, sólo por si había una inspección. Cuando una mujer daba positivo en el test, se le ofrecían tres opciones: aborto, adopción o cuidado prenatal. Muchas pedían las tres porque no sabían qué hacer, y en esos casos teníamos instrucciones de animarlas a abortar.

- ¿Era consciente de que estaba autorizando el asesinato de bebés?

- Sí, recuerdo a una pareja joven, de unos 19 años, al poco tiempo de empezar a trabajar. Ella estaba embarazada y la felicité, pero había elegido la opción del aborto. La chica se puso a llorar y yo sólo pensaba en la manera de limpiarme las manos para que la responsabilidad recayera sobre ella. Le di la autorización y se fueron. Después me encerré en mi despacho a llorar sin entender por qué. Hoy creo que fue el dolor de saber que ese bebé iba a morir y yo no lo había impedido. Podría haberme ido entonces, pero pensé sólo en mi carrera. Mi corazón se endureció y desde ahí fue más fácil autorizar abortos.

- ¿Cómo cambió su visión del negocio?

- En el adviento de 2010 yo me sentía muy frustrada con el trabajo porque desde la administración central querían dar formación en todos los centros para inyectar a las mujeres el anticonceptivo Depo-provera y así atraer más clientes. Yo no estaba de acuerdo. Cogí el coche para hacer unas compras de Navidad y empecé a buscar en la radio alguna emisora hasta que di con Radio Católica. En ese momento hablaban del aborto y de los anticonceptivos. Yo no sabía que ciertos anticonceptivos podían ser abortivos y ahí algo cambió en mi cabeza. Había utilizado anticonceptivos durante años y entendí que quizá había abortado sin saberlo. Desde entonces, todos los días ponía Radio Católica al volver del trabajo y siempre escuchaba algo del aborto.

- ¿Y decidió dejar el trabajo?

- No, seguía convencida de que no hacía nada malo porque en mi centro no se realizaban abortos. Sin embargo, en enero de 2011 Live Action destapó unos escándalos de abusos sexuales a menores que Planned Parenthood había encubierto. Yo pensaba que desde la central nos darían instrucciones para denunciar un acoso, pero en cambio nos entrenaron para encubrirlo. Ese fue el punto de inflexión. Ahí empecé a sentir un gran deseo de acercarme ala confesión.

Ramona Treviño rodeada de personas que escuchan sus palabras en un acto de ‘40 días por la vida’ 

- ¿Logró confesarse?

- Tenía miedo porque sabía que me dirían que debía dejar el trabajo. Y efectivamente cuando me confesé el sacerdote me dijo que debía dejar mi puesto “lo más pronto posible”. Yo interpreté sus palabras como que era algo urgente, pero no inmediato. En ese tiempo escuché en la radio un anuncio sobre la campaña de oración que 40 Días por la Vida haría en cuaresma frente a mi centro. Pensé que era el momento para pedir ayuda.

- ¿Así lo hizo?

- Al tercer día de verlos ahí rezando me decidí y salí. Me acerqué a una mujer y le dije que trabajaba en la clínica, que no quería seguir, que rezara por mí. Entonces, se acercó un hombre, el encargado de las vigilias de oración de ese punto. Hablé con él y le di permiso para que compartiera mi historia y rezaran por mí. Lo curioso es que aquella señora no formaba parte de la campaña, sino que el Espíritu Santo le había puesto en su corazón ir allí a rezar. Nunca más la volví a ver.

- ¿Qué pasó después?

- Quería dejar el trabajo, pero pensaba que, si no encontraba otro, lo íbamos a pasar mal. Entre tanto, creció mi fe, rezaba a diario, acudíamos a misa en familia los domingos, celebramos la Semana Santa. Al volver a trabajar después de la Pascua, todos, incluso mi marido, me decían que debía dimitir. Pero no era capaz. El martes siguiente, al volver del trabajo encendí la radio y la locutora hablaba con un hombre que llevaba años rezando por los no nacidos, y dijo: “Señor, gracias por todo lo que has hecho por los no nacidos. Gracias por estar ahí porque al final de nuestras vidas cuando estemos frente a ti nos vas a preguntar: ¿Tenías idea de cuántos bebés se estaban matando todos los días? ¿Qué hiciste para impedirlo?”. Ese momento fue una puñalada en mi alma. Empecé a llorar pensando que me iba a ir al infierno. 

- Pero la misericordia de Dios es infinita cuando nos arrepentimos…

- Y tanto que lo es. El 1 de mayo de 2011, fiesta de la Divina Misericordia, estando en misa tremendamente arrepentida, durante la consagración escuché claramente que Dios me decía: “Ramona, te perdono”. Aquello me dio fuerzas para fiarme de Él completamente. Esa semana recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás. Tres meses después, el equipo de 40 Días por la Vida me llamó para celebrar la clausura de ese centro de Planned Parenthood.

- A partir de ahí ¿fue fácil seguir?

- Para nada. Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: “Ramona, ofrece todo eso a Dios”, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad.

- Y ahora, ¿a qué se dedica?

Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. 

Ramona asegura que no cambiaría su historia porque Dios permitió que pasase por lo que pasó “para poder ayudar a personas en la misma situación”. Y añade que cuando Dios te rescata de algo así “debes compartirlo para dar gloria. Si lo guardo para mí no estoy compartiendo esa luz y esa esperanza con otros. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros”, concluye.

domingo, 1 de marzo de 2026

Izarelly Rosillo, madre a los 15 años y huérfana: «Estuve enojada con Dios y fui al Santísimo y dije: 'Yo no puedo abandonar a mi hijo, a mis hermanitos, quiero amar todo como tú’; y Él se valió del amor de mi pequeño»

Izarelli Rosillo siendo menor de edad tuvo que afrontar momentos muy difíciles en su vida y asegura que “la fe es lo que me ha salvado” / Foto: Cortesía de Izarelly Rosillo - Aleteia

* «Lo más importante para mí es la fe. Ser católica ha sido el mayor regalo que me han dado mis padres, mis abuelos y mi bisabuela. Y la fe es lo que me ha salvado… Cuando yo llegaba triste, angustiada, la madre María me decía: 'Ve a la capilla y platica con Dios'. Yo siento que eso que hizo la madre María conmigo me sembró una semilla de esperanza, resiliencia y amor en mi corazón… Ahora sé que Dios me quería para algo distinto… amar la vida, a mí y a mi prójimo»

Camino Católico.-  Originaria de la capital del estado de Querétaro (México), Izarelly Rosillo Pantoja es Licenciada en Derecho, especializada en Constitucional y Amparo, así como en Derecho notarial. Además, cuenta con una Maestría en Administración Pública Estatal y Municipal, y con un Doctorado en Derecho. Pero, sobre todo, es católica. Y aunque eso no estaba en sus sueños, hoy sabe que esa es su vocación.

"Lo más importante para mí es la fe. Ser católica ha sido el mayor regalo que me han dado mis padres, mis abuelos y mi bisabuela. Y la fe es lo que me ha salvado", asegura Izarelly a Jesús V. Picón en Aleteia 

La maternidad, el cáncer y la orfandad

La juventud de Izarelly fue sorpresiva en muchos aspectos. Se convirtió en mamá cuando tenía 15 años de edad; por otro lado, su madre enfermó de cáncer siendo una mujer muy joven, lo cual la llevó a someterse a 50 quimioterapias y 25 radiaciones. Tras el extenso tratamiento, la enfermedad de su madre las llevo a ella y a sus tres hermanos a la orfandad, lo cual cambió abruptamente los anhelos de Izarelly.

Este destino la llevaba a renegar de la vida, de la sociedad y, por supuesto, de Dios.

"Fui muchas veces a hablar con el Santísimo y dije: 'Yo no puedo abandonar a mi hijo, a mis hermanitos, mi vida se va a convertir en algo que no quiero, pero quiero amar todo como tú'".

La Doctora Izarelly cuenta que esto se lo debe a la guía espiritual de una religiosa: "Yo tuve una maestra -en sexto año de primaria- sumamente alegre, hermosa de espíritu; hoy entiendo que esa luz en sus ojos era el Espíritu Santo. Estudié en una escuela de religiosas, el Instituto José Guadalupe Velázquez. Mi maestra era la madre María, que siempre llegaba con esperanza y felicidad a darnos clases". 

"Cuando yo llegaba triste, angustiada, la madre María me decía: 'Ve a la capilla y platica con Dios'. Yo siento que eso que hizo la madre María conmigo me sembró una semilla de esperanza, resiliencia y amor en mi corazón".

Ahora bien, ¿qué tristezas podía estar viviendo esta niña? Izarelly responde: 

"La vida con mi madre tuvo muchas adversidades; era una mujer sola, con tres hijos, divorciada, estigmatizada, tachada y rechazada por el mundo. Y como yo era la mayor de todos, eso implicaba tener algunos retos y sacrificios en casa, desde cuidar a los hermanitos hasta llevar calificaciones de diez porque yo estaba becada". 

"La enfermedad de mamá fue un gran golpe al corazón para mis hermanitos, mis abuelitos y para mi alma".

Anhelos truncados

"Quería estudiar medicina pero cuando los médicos desahuciaron a mamá, mi vida se desplomó. Lloré demasiado, todo iba a cambiar; se convertiría en todo aquello que no hubiera querido, mami iba a morir y yo solo pensaba en dar mi propia vida por ella".

Izarelli Rosillo junto a su hijo / Foto: Cortesía de Izarelly Rosillo - Aleteia

Sus hermanitos y su hijo han tenido que caminar por sendas muy difíciles: "Cuando mi mamá me comparte que los médicos la habían desahuciado cruda y cruelmente, ella vivió un duelo y un agotamiento físico y emocional, no me imagino el dolor de saber que dejaría lo que más amaba"

Izarelly cuenta que escuchó a su mamá decirle: "Te vas a quedar huérfana, con tus hermanos. No puedes estudiar Medicina porque no habrá quién te pague la carrera y tampoco quién cuide de tus hermanos y de tu bebé. Yo te recomiendo que estudies Derecho".

Cáncer y tentaciones 

"Mi mamá murió muy joven, a los 38 años de edad", cuenta Izarelly, y por ello "estuve enojada con Dios mucho tiempo. Yo antes me había vuelto una adolescente rebelde, pero me reconcilié con mi mamá en su enfermedad; hicimos las paces y la cuidé hasta el último momento, le lavé sus heridas, le dije que la amaba y le cerré sus ojos".

"Después de que mi madre murió, yo también enfermé de cáncer, los abismos de la indolencia social, las injusticias en la salud pública, y por supuesto la soledad llenaron de frío la esperanza de mi corazón"

Cuando los médicos le dijeron que, debido a su enfermedad, no podría volver a ser mamá, apareció la falta de sentido y la tentación del suicidio. "Fue cuando sentí que era demasiado, nada tenía sentido".

Pero Dios se valió del amor de su pequeño hijo para acudir en rescate de Izarelly: "Mi hijo me dio palabras de niño, me abrazó cuando yo estaba triste, y me recordó cuánto me amaba cuando yo me quería ir. Y me dije: cómo lo voy a abandonar. Cómo es que este amor sublime me vea con toda esa luz que a mi me hace falta.  El hecho es que no sólo me recuperé, sino que hoy tengo otros dos bellos y grandiosos hijos".


Izarelli Rosillo actualmente ayuda a los mineros de la Sierra Gorda / Foto: Cortesía de Izarelly Rosillo - Aleteia

Izarelly se levantó para seguir adelante. "Hice un primer intento para ingresar a la carrera de Derecho, aunque en el fondo pensaba que iba a ser temporal porque me seguía diciendo que yo iba a lograr ser médico algún día".

Como no lo consiguió, buscó otra cosa. "Hice el curso propedéutico y el examen de admisión para la facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro; pero, cuando publicaron los resultados, mi número de folio no salió.  Me sentí sumamente frustrada".

Izarelly decidió no darse por vencida e ingresar a la Universidad, en una institución privada.

"Llegué al Centro Universitario México, lo que hoy es la Universidad Marista, pues vi que tenían una lona que promocionaba la carrera de Derecho. Pedí una cita con el rector y le dije: ‘Mi mamá murió, me dejó una deuda de colegiaturas con mis hermanitos, no tengo trabajo y quiero estudiar’. Entonces la Universidad me dio una beca del 90 por ciento para estudiar Derecho".

"Además, el rector me dio trabajo. Y no sólo eso: mi mamá debía colegiaturas en escuelas de religiosas, y yo estaba dispuesta a pagarlas; pero el rector les giró una carta pidiéndoles un plazo, diciendo que él iba a cubrir una parte de las colegiaturas de mis hermanos y yo otra parte con mi sueldo. ¡Fue un regalo increíble!".

Todo esto ocurrió mientras Izarelly aún no alcanzaba la edad adulta.

"Fui a la Preparatoria Norte de la Universidad Autónoma de Querétaro a recoger mis papeles, pero como yo era menor de edad, pues tenía 17 años, me enviaron a solicitar una autorización con la coordinadora del plantel".

«Ella, que fue una gran inspiración y ayuda cuando mamá enfermó, me preguntó: '¿Por qué no estás en Filosofía?', y yo le contesté: 'Es que no salió mi folio', y me dijo: 'Todos los que aplicaron el examen aprobaron'. Fue por el periódico y nos dimos cuenta de que mi folio estaba al revés".

Aún así, no ingresó en Filosofía, sino que se quedó en Derecho. "Y hoy puedo ver que fue la acción de la Divina Providencia, comprendí que mi vida tenía un propósito".

Una vocación hermosa pero peligrosa

Después de terminar la licenciatura, Izarelly realizó posteriormente todos sus postgrados en la Universidad Autónoma de Querétaro.

En 2012 recibió de Dios la sanación interior que necesitaba. Entonces Izarelly ingresó al Camino Neocatecumenal.

Izarelli Rosillo ante las Naciones Unidas / Foto: Cortesía de Izarelly Rosillo - Aleteia

En lo laboral, ahora es catedrática e investigadora. "Es un trabajo muy comprometido y hermoso; es una vocación, ser profesor en la universidad, acompañando a los jóvenes". 

"Estoy dando clases y escribiendo y haciendo vivo el acceso a la mejor calidad de vida de la población más vulnerable. Trabajo con grupos indígenas, mujeres, niños, migrantes y personas en situación de pobreza". 

En especial, busca ayudar a los mineros de la Sierra Gorda, lo que la ha llevado a estar, como ellos, intoxicada por mercurio. Pero ellos dicen: "Prefiero morir contaminado que morirme de hambre".  

Señala: "Tengo 20 años trabajando en Derecho Ambiental, y 12 años trabajando en el territorio. México suscribió un tratado que obliga a los países a no usar mercurio a partir de 2032; habrá un bloqueo comercial en todas las industrias y actividades que utilizan mercurio en sus procesos".

"Querétaro es el segundo lugar a nivel mundial en extracción artesanal en el mundo, así que decidí hacerle saber a los mineros qué es lo que va a pasar, y acompañarlos para que tengan una reconversión económica a través de otro sustento alternativo a la minería artesanal y a pequeña escala de mercurio".

Y termina diciendo: "Ahora sé que Dios me quería para algo distinto…amar la vida, a mí y a mi prójimo".