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martes, 4 de marzo de 2025

La conversión de John Pridmore, ex gánster: «Sentí que Jesús me decía: ‘John, te amo tanto que volvería a pasar por la cruz solo por ti’. Recé a la Virgen y sentí: ‘Ve a confesarte’»

 John Pridmore, ex gánster

* «En ese momento me sentí elevado, salí andando de mi piso y pronuncié la primera oración de mi vida. Dije, “Hasta ahora, todo lo que he hecho ha sido aprovecharme de lo que me has dado, Señor, ahora quiero ser yo el que da”. Mientras decía esa oración, el vacío que no podían llenar las drogas, el poder ni las relaciones, fue colmado por el amor de Dios»

Camino Católico.- Me llamo John Pridmore y esta es mi historia.

Nací en el barrio de East End de Londres, en el Hospital del Ejército de Salvación. Aunque fui bautizado en el catolicismo, nunca fui a una escuela católica ni a la iglesia. Con diez años, de vuelta a casa en una noche normal, mis padres me dijeron que tenía que elegir con quién de los dos quería vivir porque se iban a divorciar. Yo quería muchísimo a mis padres; no podía escoger entre esas dos personas a las que más quería pero que, paradójicamente, acababan de dejarme completamente por los suelos. Fue en ese momento cuando, en los más profundo de mi ser, tomé la decisión de no amar a nadie nunca más, porque pensaba que así no me volverían a hacer daño.

Después de que mis padres se separaran, empecé a robar. Creo que lo que quería era que alguien se diera cuenta de cuánto sufría, pero como mi padre era policía, aquello sólo era un aliciente más para las palizas. Con 15 años estuve en un centro de detención, que debió de haber sido una lección tajante, severa, definitiva, pero allí mi odio no hizo sino crecer más y continué metiéndome en peleas.

Con esa misma edad dejé la escuela y, como la única cualificación que tenía era en el robo, a eso me dediqué. Sin amor en la vida, me entregué a los analgésicos, a la bebida, a las drogas, a cualquier cosa que me sirviera para acallar el dolor en mi interior. Con 19 años ya estaba otra vez en prisión y la única forma que tenía de lidiar con toda la ira que guardaba dentro era a golpes, con más peleas. Me pusieron en régimen de aislamiento de 24 horas y fue en este periodo cuando consideré deshacerme del mayor regalo de Dios, mi propia vida. Pero Dios debió de estar allí conmigo, porque no me quité la vida, aunque sí salí de prisión más resentido y violento que nunca.

Pensaba que debía coger yo mismo lo que quisiera del mundo, porque nadie me iba a regalar nada. Empecé a trabajar de segurata en clubes del East-End y del West-End, en Londres; se me ocurrió que, ya que me gustaba pelear, mejor que me pagaran por hacerlo. En aquel ambiente conocí a algunos de los tipos que dirigen la mayor parte del crimen organizado de Londres, así que empecé a trabajar para ellos. No mucho más tarde, dejé de trabajar para ellos y comencé a trabajar con ellos. Mi estilo de vida era el de un gánster clásico, con dinero, drogas y mujeres a montones. Tenía un ático en St. John’s Wood (uno de los más ricos de Londres), un BMW Serie 7, un Mercedes deportivo convertible y no podía gastarme el dinero lo suficientemente rápido, porque los beneficios de los chantajes y del tráfico de drogas se seguían acumulando. Mi chaqueta de cuero de diseño tenía cosido un bolsillo interior donde guardaba un machete para cuando tenía que ir a recuperar algunas deudas y castigar a los que incumplían sus pagos.

De veras creía que lo que el mundo me contaba era verdad, que teniendo todas esas posesiones, relaciones y drogas sería feliz, pero por dentro me sentía enfermo porque esta vida me estaba destruyendo poco a poco. Nada me satisfacía, nada me llenaba. Mientras tanto, intentaba destrozar mi propia conciencia, porque con esta gente con la que trataba, cuanto más despiadado y brutal seas, más respeto recibes, y yo quería ese respeto. Quería que cuando la gente entrara en un club y me viera allí, supiera quién soy y qué es lo que hago.

Una noche que trabajaba en uno de esos clubes que dirigíamos en el West-End, le di un puñetazo con un puño de acero a un tipo, pero, tras el puñetazo, calló completamente de espaldas y se golpeó la cabeza contra el bordillo. Había sangre por todas partes y la gente alrededor empezó a gritar, así que me marché del lugar y recuerdo haber pensado camino de casa en mi coche: “Me podrían caer diez años por esto”. Lentamente, empecé a darme cuenta de que era posible que acabara de matar a alguien y ni siquiera me importaba. Antes las personas solían importarme y yo solía querer marcar la diferencia, pero ahí estaba, haciendo cumplir mi voluntad a golpes y destruyendo todo lo que me rodeaba. La única persona que me importaba era yo mismo y no pensaba que eso pudiera cambiar.

Llegué a casa y escuché una voz que me hablaba en mi corazón, es una voz que todos conocemos, nuestra conciencia, Dios dentro de nosotros. Hasta ese momento, yo creía que Dios era sólo una historieta bonita para evitar que fuéramos malos, pero entonces me topé de cara con el hecho de que Dios era real y no importaba en absoluto lo que yo pensara.

Aunque nunca había sido consciente del amor o de la presencia de Dios en mi vida hasta ese momento, en un instante sentí cómo Él se separaba a Sí mismo de mí. La gente dice que esa separación de Dios es el infierno; bueno, si el infierno es así, rezo porque nadie vaya nunca allí porque fue la experiencia más aterradora de mi vida. Me han puesto pistolas en la cabeza, me han apuñalado, pero este momento fue el más terrible de todos porque yo era plenamente consciente de las elecciones que había hecho. Clamé a Dios por otra oportunidad, no porque lamentara algo, sino porque no quería seguir experimentando aquella desolación. En ese momento me sentí elevado, salí andando de mi piso y pronuncié la primera oración de mi vida. Dije, “Hasta ahora, todo lo que he hecho ha sido aprovecharme de lo que me has dado, Señor, ahora quiero ser yo el que da”. Mientras decía esa oración, el vacío que no podían llenar las drogas, el poder ni las relaciones, fue colmado por el amor de Dios. No podía creer que Dios pudiera amar a alguien como yo, con todas las cosas horribles que había hecho, pero Él me siguió demostrando que me amaba y me aceptaba. Durante toda mi vida me he sentido inútil y no me importaba si vivía o moría, pero Dios me mostró que sí tenía importancia, porque Él me amaba y me había creado. 

 John Pridmore, ex gánster, miró un crucifijo y supo por primera vez que Cristo había muerto por él en la cruz

La única persona que conocía que tenía fe era mi madre y, aunque no la veía mucho por aquel entonces, fui a visitarla y le conté lo que había pasado. Me dijo que había rezado por mí todos los días de mi vida, pero que, dos semanas antes, había rezado por que Jesús me llevara. Si eso suponía dejarme morir, que así fuera, pero que no me permitiera seguir haciendo daño a los demás ni a mí mismo. Sé cuánto me quiere mi madre y sé que una oración como aquella debió romper su corazón, pero es que ella podía ver el monstruo en que me estaba convirtiendo. Nunca olvidaré las lágrimas cayendo por su rostro cuando le dije cómo había encontrado a Dios.

Probablemente esas lágrimas limpiaron todo el dolor y la miseria que le había causado durante su vida. Mi padrastro me dio mi primera Biblia; nunca había tenido ninguna y una de las primeras historias que leí fue la del Hijo Pródigo. Cómo un padre dio a sus dos hijos todo su sustento y sus propiedades y cómo uno de ellos se marchó a despilfarrar todo el dinero de su padre en una vida de pecado y libertinaje. Después de gastarlo todo y porque estaba hambriento, pensó: “Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre”. Decide volver a su padre para pedirle que le acoja como uno de sus esclavos pero, cuando va camino de la casa de su padre, él está fuera buscándole y, al ver a su hijo, corre hacia él para abrazarle, le pone un anillo en el dedo, sandalias en los pies, ropas de las mejores telas y organiza una fiesta para él y sus amigos. Siempre sería su hijo, que volvió a la familia donde siempre fue amado, incluso después de años de perdición.

En esa historia me di cuenta de que Dios siempre había estado buscándome y que nunca se cansaría de buscar ni de intentar arreglar mi corazón roto por mi estilo de vida. Como nunca había ido a la iglesia, empecé a buscar un lugar donde encontrar a Dios y conocí un viejo sacerdote que me habló de un retiro. Los únicos retiros de los que yo había oído hablar eran en los que uno se tumbaba en la playa con un cubata en una mano, un porro en la otra y una buena hembra al lado, así que dije “Me encantaría ir”. Cuando llegué, no era exactamente como había imaginado, pero lo cierto es que vi a cerca de 200 jóvenes que tenían una alegría que yo nunca había sentido. Algunos se acercaron a mí y me abrazaron. Bueno, no sé si conocéis algún ex-gánster, pero a nosotros no nos va mucho eso de los abrazos, a no ser que sea con chicas, pero ¿abrazar a chicos? Si abrazas a un tío delante de unos gánsteres te llevas una torta.

En este lugar asistí a una charla que tenía por título “Dame tu corazón herido” y mientras escuchaba al sacerdote hablando de cómo todos los pecados que cometemos son como una herida en nuestro corazón, miré a un crucifijo y por primera vez supe por qué Jesús había muerto en aquella cruz, para cargar, gracias a su amor, con todos los pecados tan oscuros como terribles que yo haya cometido en mi vida y llevarlos en su corazón hasta la crucifixión. Y entonces sentí una tristeza increíble por todo lo que había hecho, pero por encima de aquella pena estaba una dicha desconocida, sentí que Jesús me decía “John, te amo tantísimo que volvería a pasar por todo esto solamente por ti”. Me eché a llorar, lloré por primera vez desde que tenía diez años porque no podía creer que alguien pudiera amarme tanto como para morir por mí con semejante agonía. Al salir de aquella charla dije una oración a María, madre de Jesús, para decirle: “¿Qué es lo que tu Hijo quiere de mí?”. Y sentí un susurro en mi corazón: ve a confesarte. Nunca había ido antes a confesarme y, con 27 años, sabía que había cometido todos los pecados posibles y tenía miedo. Pero María me dio el valor. Y mientras confesaba todos aquellos pecados terribles, el sacerdote lloraba porque él era Jesús para mí. Me mostraba la misericordia de Dios, que ya podía sentir en mi corazón. Cuando recibí la absolución, supe que Jesús me perdonaba y me daba la libertad. Me había vaciado de todos mis pecados a los pies de la cruz y estaba vivo de nuevo, podía sentir el viento en mi cara, podía escuchar el canto de los pájaros. Mis pecados me habían matado, pero la confesión me había devuelto a la vida.

En aquel mismo retiro, además de reunirme con Jesús a través de la confesión, lo recibí en mi corazón durante la misa. Al avanzar y recibir la Divina Comunión, todos los buenos sentimientos que había tenido en mi vida, incluyendo aquel momento al salir de mi piso y la forma en que me sentí tras la confesión, fueron magnificados un millón de veces. Mi corazón se había abierto en la confesión para sentir y conocer Su presencia en la Eucaristía y Él llenó mi corazón por completo.

Cuando salí del retiro, decidí que quería servir a los demás, así que empecé a trabajar en Kingsmeade Estate en Londres intentando ayudar a los jóvenes a no entrar en la vida de crimen y sufrimiento que yo había elegido. Años más tarde, fui al Bronx y allí conocí a la Madre Teresa, que me enseñó a amar de nuevo, a amarme a mí mismo y a los demás. Me inspiró para dar a los demás y, desde entonces, he estado compartiendo mi historia en escuelas, parroquias y prisiones de todo Reino Unido e Irlanda. En 2007, en la Jornada Mundial de la Juventud en Sídney, tuve el privilegio de hablar para más de medio millón de jóvenes; el mayor regalo de mi vida es compartir con ellos que hay un Dios que les ama, que les cuida y que se regocija en ellos. Desde aquella charla en Sídney, mi ministerio se ha vuelto más internacional. He dirigido retiros, charlas y seminarios en Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos (Nueva York, Florida, Chicago, Phoenix y Los Ángeles), Alemania, Holanda, Hong Kong y por todo el mundo. El año pasado fui a Liberia a hablar sobre el perdón a antiguos niños soldado. Algunos de estos niños habían sido forzados a cometer atrocidades y a combatir, con sólo once años, en la sangrienta guerra civil que arrasó Liberia durante una década. Fue un honor y un privilegio estar entre ellos y ser testigo de la increíble resistencia que tienen para intentar adaptarse y elegir el bien en sus vidas, aun habiendo quedado cubiertas de oscuridad.

Durante los últimos 25 años he trabajado a tiempo completo para traer esperanza a los demás y mostrarles que si Dios puede amar a alguien como yo, puede amar a cualquiera. Que Dios os bendiga con su profundo amor,

John Pridmore
ex gángster convertido al cristianismo que ahora viaja a nivel internacional para hablar sobre cómo ha cambiado su vida. Si quieres saber más sobre John visita su página www.johnpridmore.com donde encontrarás sus tres libros incluida la historia de su vida From Gangland to Promised Land.
Artículo original whyimcatholic.com

jueves, 7 de marzo de 2024

Raúl Santiago cometía actos vandálicos y fue adicto a la marihuana hasta que un encuentro con Dios cambió su vida

* «Comencé a ir a la iglesia con un muchacho que era uno de los más malos del barrio. Acababa de salir de la cárcel y, como los muchachos de la Juventud de Acción Católica lo habían visitado cuando él estaba preso, les prometió: “¡Cuando yo salga yo los visito a ustedes!” Y con ese compañero comenzamos a ir a la iglesia… Yo quería más, tenía un hambre horrible por las cosas de Dios... Era como una esponja seca que tenía que empaparse. En cuestión como de dos años yo aprendí más de la fe que en toda mi vida»

domingo, 4 de febrero de 2024

martes, 22 de noviembre de 2022

Gaby Soñer hoy es cantante cristiano, pero fue pandillero, drogadicto y ha pasado por prisión: el Soneto a Cristo Crucificado le transformó


* «No me mueve, mi Dios, para quererte / el cielo que me tienes prometido, / ni me mueve el infierno tan temido /para dejar por eso de ofenderte”. Durante varios días, Gaby le estuvo dando vueltas a estos versos. Su inquietud le llevó a buscar a alguien que le aconsejara, pues comenzó a tener sentimientos que él no conocía. En esa búsqueda topó con los hermanos capuchinos, en concreto con una fraternidad de inserción que hacía poco se había instalado en su barrio. El diálogo con los capuchinos y la convivencia diaria con ellos le llevaron a interesarse por Cristo

Vídeo del testimonio de Gabriel Soñer Ruiz

Camino Católico.- Gabriel Soñer Ruiz fue sin duda una de las estrellas del Festival de la Divina Misericordia organizado el pasado 7 de febrero en el Colegio Villa Pilar (Santo Ángel, Murcia) por el hermano Atanasio, fraile del eremitorio de Nuestra Señora de la Luz

viernes, 16 de septiembre de 2022

Laurent Gay, drogadicto, con VIH y en la cárcel, iba a suicidarse: antes clamó a Dios por primera vez y fue oído


«Justo antes de abrirme las venas, yo, que no creía ni en Dios ni en el demonio, grité al cielo… Ese grito liberó todas las lágrimas que no había derramado nunca. Experimenté entonces un encuentro con ese Dios al que no conocía. Para mí, que no había ido nunca a catecismo, era Jesús quien venía a liberarme de mis caídas interiores. Sentí una paz inmensa y comencé a creer que alguien me amaba»

jueves, 16 de diciembre de 2021

Marek Sidło dejó de creer en Dios, bebía, se drogaba, robaba, asesinó a su amigo, fue encarcelado, se confesó y ahora es terapeuta de adicciones: «Para Dios, nada es imposible»

 


* «Con Dios, la maldición se convierte en bendición. El verdadero héroe en mi vida es Jesucristo, y el más fuerte no es el que tiene los músculos más grandes, sino el que cruza las manos en oración. La conversión es una lucha diaria con uno mismo, con la sensualidad, con las tentaciones del cuerpo, pero la experiencia de la presencia de Dios en la vida construye mi humanidad y me muestra lo más importante»

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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Sebastián ante el Papa en Asís: «Probé la droga y el alcohol, viví en la calle, suplique a Dios una vida nueva y hoy me quiero a mí mismo y a los demás con el amor de Dios»

 


* «Al final, he admitido que sólo no lo puedo hacer. Me he detenido ante Dios así como soy… La  gracia de Dios es mi experiencia cotidiana. Es una cosa tan bella de cada día, que no puedo describir con mis palabras, cuando tengo en mi cabeza los recuerdos de mí mismo cuando dormía en los bancos de los parques, estaba sucio y Dios me permite reconocer con palabras. Antes me odiaba y ahora me acepto y gracias a Dios quiero cambiar mi vida»

Camino Católico.- Sebastián, polaco de 37 años ha testimoniado ante el Papa Francisco su largo camino de dificultades hasta encontrarse con Dios. Lo ha hecho el viernes 12 de noviembre en el encuentro de oración y testimonio en Asís de la Jornada Mundial de los Pobres, celebrado en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, donde se encuentra La Porciúncula, una pequeña capilla en donde, San Francisco de Asís recibió su vocación en el año 1208. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha el testimonio completo de Sebastián, que a los 16 años  probó las drogas y el alcohol, tuvo problemas con la ley y desde 2007 ha vivido en la calle, hasta que suplicó a Dios que le diera una vida. Este es el texto completo del testimonio:

martes, 11 de mayo de 2021

Juan Pablo Robledo, piloto, consumía alcohol y drogas, , se estrelló con un avión, «los médicos decían a mi familia: ‘recen para que muera’. Me recupere y Dios me tocó el corazón»


* «Empecé a acudir a la eucaristía. En el 2013 …vinculado a la comunidad Lazos de Amor Mariano reconocí toda la realidad en la cual yo había estado enceguecido y haciendo la consagración a la Virgen con el método San Luis María Grignon de Monfort, mi vida ha cambiado en 180 grados. Hoy mi meta es hacer la voluntad de Dios. Intento rezar los tres rosarios al día… ayudo a gente en situación de calle, participo en la parroquia que me gusta frecuentar todos los días, y apoyo espiritualmente en consejería»

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lunes, 1 de febrero de 2021

Rubén Padilla estaba enganchado al cristal, resignado a morir, con alucinaciones, «fui al centro de rehabilitación, me encontré con Dios y dejo que haga su voluntad en mí»


* “Me di cuenta que es Dios quien guía mi vida. En ese momento tuve un despertar espiritual. En un mes y medio empecé a sentir cómo Dios actuaba en mi vida, lo conocí palpable. En el centro de rehabilitación aprendí a escuchar su mensaje. Ahora mi decisión fue encontrarme con Dios dándome cuenta que quiere algo diferente para mí. Vi a Dios tocar a mi puerta y me di cuenta que mi familia necesita también tener a Dios. Se hizo la casa de oración en mi hogar. Me sentí, y me siento, tocado por el Espíritu Santo. Ver a mi esposa embarazada, alabando a Dios fue algo maravilloso. Nos integramos a una pequeña comunidad. Bada ni nadie, ni los problemas, me alejan de Dios, al contrario me acerco más, porque Él estuvo conmigo en los malos momentos”

viernes, 4 de septiembre de 2020

Iván Gutiérrez, actor, llevaba una vida disoluta, enfermó, buscó ayuda en brujos, una amante le hizo un maleficio y Dios lo rescató



“El Espíritu Santo, me ilumina la conciencia y me hace caer en cuenta las consecuencias del pecado… En la medida que me fui dando cuenta del pecado que había dentro de mí -borracheras, mujeriego, la droga en un momento de mi vida, como afecté a mi mamá a mi papá, las prácticas de adivinación y brujería en que había incurrido-… ahí empieza el Señor a liberar. Incluso hubo una experiencia material (de ello). Después de la primera confesión de vida que hice, estuve tres días con un daño de estómago tenaz; y a los tres días de ese daño de estómago día y noche -como si el Señor hubiera estado limpiando hasta mi genética, la sangre- empecé a expulsar heces de un color verde fluorescente. Estuve quince días expulsándolo. Estoy hablando de algo extraordinario”

miércoles, 3 de julio de 2019

El Sagrado Corazón impidió que la madre de Omar Jesús Maytorena le abortara y luego que él la asesinara a ella 3 veces y se suicidara: se convirtió a Cristo tras 3 días en coma y se recuperó al rezar por él

* «Mi madre, estando embarazada de mí, con 3 meses de gestación, sufrió la pérdida de mi padre en un accidente de avión. Esto la desmoronó. Tomó un avión para volar a Estados Unidos e ir a una clínica clandestina para abortarme. Mi madre estaba en el lugar a minutos de abortarme, voltea la vista y a su derecha, inexplicablemente, vio el Sagrado Corazón de Jesús. Su impacto fue tal que en un par de segundos se incorporó se vistió y escapó”

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lunes, 17 de junio de 2019

Antonio Salinaro ha pasado de la heroína, la violencia y una brutal paliza a ser franciscano: “Yo lo hice, alguien me ayudó, Dios existe”

“Si me dijeran que Dios es ficción no lo creería, porque tengo una experiencia real de que vive… El joven sacerdote que me confesó me hizo darme cuenta de la gran misericordia de Dios. Por primera vez me sentí amado, perdonado, liberado y decente de nuevo. Así que empecé a asistir a la parroquia”

Luke DeMasi dejó de ir a misa a los 16 años, se hizo adicto a las drogas y al alcohol, pero Dios le ha rescatado llamándole al sacerdocio

* Desde 2008 forma parte de los Siervos de la Comunidad de la Madre
* “Mi vocación es ser el regalo que el Señor quiere hacer a su Madre. Soy todo suyo y mi deseo es celebrar la misa un día como su sacerdote santo, llevando a otros a Cristo a través de Ella”
Hermano Luke DeMasi Hogar de la Madre Camino Católico.- El Hermano Luke DeMasi, S.H.M. –Siervos del Hogar de la Madr-, procede de una familia americana católica y es uno de los catorce hijos que componen el hogar. En su adolescencia, influenciado por amigos mayores que él y un ambiente de música violenta, se introdujo en el mundo de la droga y el alcohol decidiendo así rebelarse con toda la doctrina recibida desde su infancia y tomando otro camino… Junto a uno de sus hermanos dejó de ir a Misa cuando tenía 16 años, alejándose así poco a poco de la fe y ocasionando un fuerte sufrimiento a sus padres, en particular a su madre -con la que siempre guardaba mayor confianza-.

sábado, 8 de junio de 2019

A Nikola Djukic drogarse desde los 13 años le costó 150 euros diarios hasta que conoció a Dios en la Comunidad Cenáculo

“Yo creo que después de muchos años, he conocido una droga más fuerte que la heroína y la cocaína, he conocido a Jesús. Es la única cosa que te puede sanar, que puede llenar ese vacío. Porque un drogadicto no es un enfermo. Un drogadicto es solo un estado del alma, un estado del espíritu, un vacío que un chico o una chica, una persona joven, lleva dentro. Un vacío que no se puede llenar…”


sábado, 6 de abril de 2019

Dana Becker abandono la fe en la adolescencia, pero en la JMJ de Madrid el Señor la transformó y hoy es monja

Camino Católico.- Dana Becker nació en una familia profundamente católica debido a la conversión de su madre. Pero, al entrar en la adolescencia, influida por todos los jóvenes de su entorno que se perdían en los vicios, decidió meterse de cabeza en ese mundo que tanto le atraía. En 2011, en la JMJ de Madrid, el Señor la esperaba para dar un cambio radical a su vida que la llevó a ser monja. La hermana Dana Becker explica su testimonio de conversión en el programa “Cambio de Agujas” de H.M. televisión.

viernes, 29 de marzo de 2019

Delores Hambleton de adolescente se hizo baptista, abandonó la fe, se metió en el alcohol y las drogas hasta que se encontró con Cristo

Camino Católico.- Delores Hambleton nació en una familia sin fe pero, en la adolescencia, entró en la Iglesia baptista. Poco después, dejó de lado las creencias religiosas para meterse de lleno en el mundo del alcohol, las drogas y la mentira.
Gracias a la familia de su novio y al deseo que tenía de encontrar la verdad, fue dando pasos hacia el catolicismo. Delores Hambleton explica su testimonio de conversión en el programa “Cambio de Agujas”de H.M. televisión, que se visualiza y escucha en el video superior.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Patrick y Nancy Latta, empresarios canadienses super millonarios, abrazaron la fe al leer un mensaje de la Virgen de Medjugorje



Patrick explica: “Abrí el libro a boleo y leí el más corto de todos esos mensajes. Decía: “Yo te llamo a la conversión. Es tu última oportunidad”

Jesús García / Religión en Libertad / Camino Católico.- Patrick logró darles a sus hijos todo lo que el dinero puede comprar, pero arruinó sus vidas. De apariencia afable y paso tranquilo, cada día recibe junto a Nancy, su mujer, a decenas de peregrinos llegados de todo el mundo para contarles cómo un solo mensaje de la Virgen cambió su vida y la de su familia. Por su interés, actualizamos este testimonio de nuestra hemeroteca, puesto que fue  explicado por Patrick y Nancy Latta  en el mes de enero de 2012 en la Parroquia Hispanoamericana de la Merced en Madrid. En los dos videos se visualiza el testimonio completo.
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lunes, 2 de abril de 2018

Flaviano Villanueva era drogadicto, estrelló el coche de su padre; en una JMJ cambió; hoy es cura y ayuda a otros a dejarlo

Se recluyó en un centro de retiros, como un ermitaño: «Yo negaba ser un adicto, claro, pero llegó el momento en que vi que tenía que enfrentarlo. Era un lugar de curación, de escucha, de encuentro; fue básicamente por la gracia de Dios que pude salir de la adicción»

lunes, 15 de enero de 2018

Meagan Jude Montanari fue drogadicta, criminal, perdió la custodia de sus hijos e iba a suicidarse: el trato de unas monjas le hizo presente a Cristo y hoy es evangelizadora

* «Era intrigante para mí. Sabía de su intenso voto de pobreza y me llamó la atención su inquebrantable alegría. Ellas irradiaban felicidad y amor. Me preguntaba cómo podrían tener nada materialmente hablando y ser tan felices. Finalmente, me dirigí a una de las hermanas y le dije: ‘Lo que sea que tengáis, lo quiero’. Habladme sobre la Iglesia Católica… Después de recibir la Eucaristía, noté que estaba cambiando: internamente, espiritualmente, intelectualmente  y moralmente. Empecé a pensar y sentir de manera diferente. Me estaba convirtiendo en una persona nueva, literalmente estaba experimentando un volver a nacer. Nada puede compararse con el amor que sentía por Dios. Mi vida está llena de una paz que no puedo explicar. Jesús me salvó de una vida de tormento y de una eternidad en el infierno. Ahora, no quiero nada más que servirlo»

viernes, 21 de julio de 2017

Miguel Ángel Valdivia encontró a Dios, dejó sus adicciones, se rehabilitó y hoy dedica su vida a combatir las drogas

* «No creía en Dios, hasta que un día, en agosto del 2000, me invitaron a un retiro de conversión en Cartagena y todo cambió… Sentí miedo, y el padre me dijo que era porque se me presentó el Espíritu Santo. Era todo un misterio para mí. Ahí prometí dejar los vicios»