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sábado, 25 de julio de 2026

Lawrence Feingold: «Fui educado sin religión, mi esposa embarazada padeció una gran ansiedad y no quería vivir; recé: ‘Dios: Enséñame a amar a mi esposa y a otros’; nos convertimos al catolicismo»

Lawrence Feingold se convirtió al catolicismo cuando su esposa con ansiedad no quería vivir/  

* «Me vino a la mente las palabras del Padre a Jesús en el Bautismo. “Este es mi Hijo muy amado en quien encuentro mis complacencias”. Comprendí que esas palabras eran para mi esposa y para mí (y para todos) y que debíamos hacernos cristianos. Hasta entonces sentía una gran atracción por la figura de Jesús, pero no comprendía su relación conmigo ni creía en su divinidad, pero todo cambió. Comprendí que Él se hizo hombre para que todos, judíos y gentiles, pudiéramos ser amados y adoptados como hijos. Fuimos a Misa el domingo próximo y el sacerdote habló del Buen Pastor y eso nos removió»

Camino Católico.- Lawrence Feingold cuenta su testimonio de conversión al catolicismo y el de su propia esposa en primera persona y pese a que el camino fue largo, se puede resumir en estas afirmaciones que hace en The Hebrew Catholic: «Fui educado sin religión, mi esposa embarazada padeció una gran ansiedad y no quería vivir; recé: ‘Dios: Enséñame a amar a mi esposa y a otros’; nos convertimos al catolicismo»

Después de su conversión y la de su esposa, estudió Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma (1990-1999); estudió griego y hebreo en Jerusalén en el Studium Biblicum Franciscanum, vivió en Argentina, y fue profesor de Teología en el Instituto de Teología Pastoral Ave María. Actualmente también es director de la Asociación de Católicos Hebreos. Esta es su historia vital contada por él mismo:

Lawrence Feingold en una conferencia en el año 2018

«Me asaltó la idea de que Dios debe existir para que la vida no sea vana; comprendí que la capacidad de amar es un don de Dios que debemos implorar»

Fui educado sin religión, aunque siempre tuve interés en las diversas religiones. Mi padre era judío y mi madre, protestante, pero ninguno practicaba su fe. Mi padre renunció al judaísmo a los trece años, y yo crecí con cierta identidad judía. Estudié Historia del Arte en la Universidad de Washington y la maestría en la Universidad de Columbia. El profesor Norris K. Smith nos enseñó a estudiar el arte primariamente como expresión de las creencias y convicciones concernientes a Dios, al hombre y al mundo. Nos explicó que cada obra maestra era expresión de la cosmovisión del artista y de su visión de la naturaleza de la realidad. Nuestra preferencia y admiraciones por las obras de arte no puede ser divorciada de la visión del mundo que lo anima. Los mejores trabajos artísticos están sostenidos por una visión verdadera y profunda de la realidad y de la persona humana, en cambio los periodos de decadencia, muestran una visión falsa y superficial del mundo. Comparaba las obras y preguntaba si preferíamos una pintura de Rembrandt en nuestra habitación o un retrato de Willem de Kooning (arte abstracto), donde la mujer aparece deshumanizada, fea y donde no aparece la imagen de Dios. Mi creciente admiración por el arte cristiano no me llevó a rezar ni a convertirme, pero sí me ayudó a dar algunos pasos, quizás necesitaba una prueba personal.

Mi esposa, Marsha, era judía, pero perdió su fe durante sus estudios universitarios. En este tiempo mi esposa y yo vivíamos en Toscana (Italia), en un pequeño pueblo llamado Pietrasanta, donde yo hacía trabajos de escultura.

En 1988, mi esposa empezó a padecer una gran ansiedad con seis meses de embarazo, al punto de que no quería vivir. Este fue el catalizador que Dios preparó para nuestra conversión. Vi que necesitaba más amor; comprendí la insuficiencia de mi amor y de todo amor humano. ¡Cuánto anhela el ser humano ser amado por sí mismo! Pensé: “¿Cómo podemos anhelar tanto amor si no hay un Dios?, si no hay un Dios que nos ame como Padre la sed del alma humana, de amar y ser amada, está condenada a la frustración”.

La belleza del amor conyugal reside en que nos permite ver a la persona humana tal como es: tremendamente vulnerable, tremendamente digna de amor. Vi que la persona humana es más digna de amor de lo que nosotros somos capaces de amar. Si no existe un Dios que ame al Hombre con un amor perfecto, la persona humana sería absurda. Por tanto, me asaltó la idea de que Dios debe existir para que la vida no sea vana. Comprendí que la capacidad de amar es un don de Dios que debemos implorar. El amor es capaz de fortalecer nuestra mente y abrir los ojos de nuestra alma para ver lo que debimos haber visto desde siempre. El ser humano se desvanece sin el creador.

Así que me dispuse a rezar por primera vez. Tomé el tren a Florencia para orar en el Duomo, obra de Brunelleschi. En el camino sentí la necesidad de hacer esta oración: “Enséñame a amar, enséñame a ser luz para los demás”. No sé porqué recé así, pero me agradó. Tenía 29 años. Tras esta oración recordé las palabras del Salmo 2: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. Aunque ateo, conocía la Biblia por mis estudios de historia del arte y religiones comparadas. Y por gracia de Dios comprendí que esas palabras iban dirigidas a Jesucristo, su Hijo, a mí y a todos, en Cristo. Comprendí el misterio de la filiación divina. Recé: “Dios: Enséñame a amar a mi esposa y a otros”. Fue un momento del Espíritu. Me vino a la mente las palabras del Padre a Jesús en el Bautismo. “Este es mi Hijo muy amado en quien encuentro mis complacencias”. Comprendí que esas palabras eran para mi esposa y para mí (y para todos) que debíamos hacernos cristianos.

Hasta entonces sentía una gran atracción por la figura de Jesús, pero no comprendía su relación conmigo ni creía en su divinidad, pero todo cambió. Comprendí que Él se hizo hombre para que todos, judíos y gentiles, pudiéramos ser amados y adoptados como hijos.

Fuimos a Misa el domingo próximo y el sacerdote habló del Buen Pastor y eso nos removió. Sin embargo, oscilaba entre el catolicismo y el protestantismo. Cuando creía en la fe católica me invadía una alegría profunda, cuando optaba por el protestantismo sentía tristeza, este ciclo se repitió varias veces, con las mismas consolaciones y desolaciones. En un momento dado optamos por el Anglicanismo, en Florencia, pero al leer a Henry Newman y a otros, optamos por el catolicismo. Fuimos recibidos en la Iglesia Católica el 25 de marzo de 1988 durante la Vigilia pascual.

¿Qué fue lo que, al leer las obras de Newman, me ayudó a encontrar la luz de la fe? Si mal no recuerdo, el punto decisivo para mí fue lo que él denominó el «principio dogmático»: la idea de que existe una plenitud objetiva de la verdad religiosa que proviene de Dios y no de nosotros, y que debemos implorar con perseverancia y recibir con docilidad una vez que se nos ha concedido la luz. En segundo lugar, Newman recalcó la necesidad imperiosa de que la Iglesia esté dotada de un principio visible de autoridad dogmática infalible para resistir las puertas del infierno y los ataques del escepticismo y la pasión humana. La obra de Dios habría sido incompleta e indigna de su sabiduría y omnipotencia sin una autoridad visible que la sostuviera a través de los siglos. Si Dios se esforzó tanto por encarnarse, revelar su verdad salvífica y morir en la cruz por mí y por todos los hombres, ¿acaso no se esforzaría también por mantener su presencia salvífica en nuestro mundo y una autoridad infalible sobre lo que reveló en su encarnación? ¿Acaso abandonaría Él su obra y su rebaño?

Pero, ¿qué autoridad infalible estableció Cristo en realidad? La respuesta no es difícil de encontrar si la planteamos de esta manera. Si Cristo estableció una autoridad infalible sobre la cual se fundaría su Iglesia, sobre la cual se edificaría a lo largo de los siglos, solo pudo ser la autoridad otorgada a Pedro y sus sucesores, pues esto fue lo que Cristo mismo prometió: «Tú eres Pedro, sobre quien edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». ¿Qué cuerpo cristiano puede tener una pretensión razonable de ser la Iglesia edificada sobre la roca de Pedro? Solo la Iglesia Católica hace esta pretensión, y la historia de dos mil años lo confirma, pues la sucesión ininterrumpida de Papas que gobernaron la Iglesia con la misma fe que los Apóstoles durante dos milenios solo pudo darse por la extraordinaria ayuda de Dios.

Y si Cristo estableció una autoridad infalible para su Iglesia, ¿qué nos queda sino someternos a ella? No hacerlo sería, en última instancia, rebelarnos contra Dios y rechazar la luz con la que Él desea que lleguemos a la verdad que nos hará libres.

Tras mi ingreso en la Iglesia Católica el 25 de marzo de 1989, por la gracia de Dios puedo hacer mías las palabras del Cardenal Newman. Newman escribe: “Desde que me convertí al catolicismo, por supuesto, no tengo más que contar sobre mis creencias religiosas. Al decir esto, no quiero decir que mi mente haya estado ociosa ni que haya dejado de reflexionar sobre temas teológicos; sino que no he experimentado ningún cambio ni he sentido ninguna inquietud. He vivido en perfecta paz y satisfacción. Jamás he tenido la menor duda… Fue como llegar a puerto tras una travesía por mares agitados; y mi felicidad en ese sentido perdura hasta el día de hoy sin interrupción”.

La razón de esta profunda paz interior que ilumina la vida de los conversos al catolicismo tras su conversión, siempre que perseveren, reside en el principio dogmático. Entramos en la Iglesia Católica porque vemos que es la religión ordenada, querida y fundada por Dios mismo. Está edificada sobre la roca. Creemos en toda la doctrina católica simplemente porque la Iglesia la enseña con plena autoridad, y reconocemos a la Iglesia como el oráculo de Dios, aquella que habla en nombre de Dios, la continuación de la misión del Mesías en la tierra.

Muchos judíos que llegan a creer en Cristo y en la Iglesia que Él fundó, sienten angustia ante lo que perciben como una traición al pueblo judío. Mi esposa y yo nunca experimentamos esta prueba. Al contrario, descubrí una gran atracción por lo judío que nunca antes había sentido. De niño nunca aprendí hebreo, pero encontré gran alegría al aprenderlo como cristiano, para poder rezar los Salmos, por ejemplo, en la lengua del Pueblo Elegido. Este sentimiento se afianzó y estimuló al leer el libro «Identidad judía», del padre Elias Friedman, fundador de la Asociación de Católicos Hebreos, que encontré poco después de nuestra entrada en la Iglesia Católica.

En los primeros años después de nuestra conversión, a menudo me preguntaban por qué había «elegido» el cristianismo o la Iglesia Católica, y no el judaísmo, el budismo o el protestantismo. La pregunta se formula en términos de liberalismo religioso, como si la religión fuera una cuestión de sentimientos, preferencias, lealtades o decisiones personales. La experiencia de los conversos no es que hayamos elegido algo, sino que es Dios quien nos ha elegido para redimirnos mediante la Encarnación y la Pasión del Mesías, que se continúa y se hace presente en la Iglesia Católica, y es Dios quien nos llamó a entrar en esa arca de salvación. Quienes hemos recibido la gracia de oír, sin mérito alguno, tenemos el deber de orar por aquellos que aún no han recibido ese don.

Lawrence Feingold

viernes, 1 de mayo de 2026

La 'influencer' Susana Arcocha hacia meditación Zen, entró en una iglesia y se ha bautizado: «Jesús me acompaña a todos sitios. Ahora comprendo, rezo y los pequeños detalles me recuerdan que Dios existe»

Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, donde recibió el bautismo, la comunión y la confirmación del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

* «Cuando entré, noté esa gran paz, como si la iglesia me estuviera abrazando. Como si esos colores, esas vidrieras, esas columnas que se alzaban al cielo, como si ese espacio me estuviera conectando con Dios directamente. Simplemente me puse allí, escuché el órgano de la iglesia y vi cómo entró el obispo y comenzó la misa. Y con cada palabra, con cada canción, con cada nota de ese órgano, no podía dejar de llorar. Me pasé toda la misa llorando porque sentía que estaba en casa. Sentí otra vez, como cuando tenía 10 años, que pertenecía a un lugar en el que era acogida»

  Video del testimonio de Susana Arcocha de octubre de 2025 de su canal de YouTube en el que cuenta su conversión, cuando todavía no había sido bautizado 

Camino Católico.- La catedral del Buen Pastor de San Sebastián (País Vasco, España) acogió este Sábado Santo el bautismo de la influencer vasca Susana Arcocha, que cuenta con una comunidad de 600.000 seguidores en Instagram. La ceremonia fue presidida por el obispo de la ciudad, Fernando Prado. Arcocha estuvo acompañada por su catequista, María Pagalday, quien la ha guiado en todo su proceso espiritual. Durante la celebración, tanto ella como otros adultos recibieron también los sacramentos de la primera comunión y la confirmación.

En las imágenes difundidas en su Instagram, se la puede ver vestida de blanco acercándose a la pila bautismal. El vídeo también recoge escenas en las que aparece leyendo la Biblia en su casa y visitando la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

En pleno crecimiento como creadora de contenido inició su relación con Dios, cuando un domingo cualquiera renegó interiormente de sus rutinas orientales de meditación y, en su lugar, fue a misa. “Cuando entré noté esa gran paz, como si la iglesia me estuviera abrazando, como si estuviese hecha para mí. Como si estuviese en casa”, confiesa en un vídeo publicado el pasado mes de octubre de 2025 en su cuenta de YouTube, en el que relata su conversión que la ha llevado a su bautismo y que publicamos.

La influencer vasca advertía, a sus seguidores de que, a partir de aquel momento, las menciones a Dios y la religiosidad serían algo frecuente en sus publicaciones, a pesar que todavía no estaba bautizada ni había hecho la primera comunión.


Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, recibiendo el bautismo del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

Meditación zen cristiana

Arcocha lo explica trasladándose con emoción a una infancia que recuerda plagada de lágrimas por no estar bautizada y deseos de formar parte de la comunidad cristiana.

El paso de los años hizo que olvidase la idea, al tiempo que se introducía de la mano de su familia en la “meditación zen cristiana”.

A partir de aquel momento, “conectar con Dios” a través de experiencias espirituales se convirtió en una de sus grandes aspiraciones mientras aprendía a meditar poniendo en práctica la flor de loto. En ocasiones creía que veía o se acercaba a Dios, pero pronto se topaba con la realidad: “No tenía nada que ver, simplemente eran cosas que hacía la mente”.

Arcocha siempre creyó en Dios y siempre tuvo una fe que no supo, o no pudo, poner en práctica. La ocasión de hacerlo surgiría precisamente en la adolescencia, cuando sufrió durante años episodios diarios de acoso escolar.

Primero afectó a su autoestima. Después, a su propia estabilidad emocional.

"Rota por dentro, en la noche oscura"

“Estaba rota por dentro. Entré en una etapa de mucha ansiedad. Quería huir, dejé de ir a clase y estudiar y empecé a esconderme. Fueron tres años de acoso, prácticamente todos los días. Entonces llegó mi etapa universitaria y pinché. Caí en un pozo. En la noche oscura del alma”, relata.

Fue entonces, “demasiado hundida en la oscuridad como para seguir con la vida normal”, cuando decidió buscar ayuda psicológica.

Mientras empezó a practicar yoga y acercarse a la llamada ley de la atracción. Fue entonces, buscando respuesta a sus preguntas, cuando creyó ver la solución disfrazada de espiritualidad oriental.

Tenía unos 26 años y ya conocía aspectos más que elementales de cosmovisiones orientales. Dominaba el plano de los chakras, el desarrollo espiritual, incluso prácticas que la hacían literalmente aprender sánscrito.

“Sentí que estaba dando mucho crédito a la espiritualidad de otras culturas y negando la mía propia, la cultura cristiana. Yo me crie y nací en España, Europa, cuna de nuestra cultura occidental… Y la estaba negando”, relata.

Convencida de que estaba incluso cuestionándose a sí misma, se hizo una pregunta: “¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué me voy tan lejos? ¿Y si tengo las respuestas aquí, más cerca?”.

Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, recibiendo la comunión del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

"Donde Dios te ha puesto, están las respuestas"

Pasados los años y con la perspectiva que le ofrece su desarrollo vital, la influencer considera hoy que es algo común “negar lo que tenemos a nuestro alrededor, familia, ciudad, cultura y lengua”, mientras se asumen lenguas y culturas exóticas que resultan atractivas, como si la solución a los problemas no pudiese residir donde han surgido.

Hoy, sin embargo, considera que es precisamente “ahí donde Dios te ha puesto donde están las respuestas a todos los problemas”. En su caso, estaba a solo unos metros, en su propia ciudad natal.

Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, donde recibió los sacramentos de la iniciación cristiana del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

Llevaba tiempo pensando dónde, o en qué, podía encontrar la paz cuando tomó una decisión, hace unos tres años. “Voy a entrar a una Iglesia, a ver qué sucede”, pensó.

Un domingo cualquiera, en la catedral: "Sentí la paz"

El día que lo cambió todo fue un domingo aleatorio, “random”, en verano, cuando entró en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián. La reacción y el impacto fueron inmediatos.

“Cuando entré, noté esa gran paz”, relata, “como si la iglesia me estuviera abrazando. Como si esos colores, esas vidrieras, esas columnas que se alzaban al cielo, como si ese espacio me estuviera conectando con Dios directamente”.

Aquello solo fue “el principio”. Aún estaba por experimentar lo que sucedería en su primera misa tras años sin práctica religiosa.

“Simplemente me puse allí, escuché el órgano de la iglesia y vi cómo entró el obispo y comenzó la misa. Y con cada palabra, con cada canción, con cada nota de ese órgano, no podía dejar de llorar. Me pasé toda la misa llorando porque sentía que estaba en casa. Sentí otra vez, como cuando tenía 10 años, que pertenecía a un lugar en el que era acogida”.


Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, recibiendo la confirmación del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

El poder de la belleza

La acogida y la ausencia de juicio fueron tan cruciales en aquel momento de conversión como lo fue el arte y la estética de un lugar “increíblemente hermoso”.

“Sentí esa hermosura dentro de mí, como si ese lugar estuviera hecho para mí”; recuerda la influencer, que pasados los años sigue sin poder comparar con nada “aquella sensación de estar en casa”.

Arcocha siguió yendo a misa. Y en cada misa lloraba, mientras era cada vez más consciente de que aquellos años estudiando otras culturas, abriendo su mente y expandiendo la conciencia le habían ayudando realmente a abrazar su propia cultura “con mucho más amor”. Y mientras, “en cada misa, seguía llorando”.

Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, junto al obispo de la diócesis, Fernando Prado / Foto: Instagram de Susana Arcocha

"He vuelto a mis raíces, todo tiene sentido"

Finalmente, la influencer se puso en contacto con su catequista: “He vuelto a mis raíces, a las raíces de todo lo que me rodea. Antes no entendía nada, y ahora lo entiendo todo, como si todos los pequeños detalles antes se me pasasen de largo y ahora fuese parte de ellos. Ahora comprendo, rezo y me recuerdan que Dios existe. Es como si encendieses la luz y tu vida tuviera sentido, desde las cosas más insignificantes”.

“Esta última semana he tenido un encuentro con Dios que no me esperaba”, concluye en el vídeo publicado en octubre pasado. “No se si esto le interesa a alguien, pero voy a sacar mi rosario y voy a seguir rezándolo hasta que haga un mes entero. Me he comprado mi primera cruz y me siento increíble, ahora Jesús me acompaña a todos sitios. Las cosas que me están sucediendo son fuera de lo normal”.

martes, 21 de abril de 2026

Andrea Payán, coach, 26 años, era atea y se ha bautizado: «Pasé por muchas cosas y Jesucristo es quien me hizo sentir como nunca antes: sostenida, protegida, amada, vista; nunca me he vuelto a sentir sola»

Andrea Payán, coach, cuenta su alegría al bautizarse con 26 años; recuerda haber sido una atea bastante convencida en su adolescencia / Foto: Canal de YouTube de Andrea Payán

* «Al creer en Dios intento cada día obrar lo más parecido a Jesús, seguir los 10 mandamientos, tener en cuenta la misericordia, el perdón, la bondad, el amor… Dios siempre ha estado ahí y estará. Y tú acudes a su encuentro, porque Él te lleva buscando toda la vida. Y además de forma paciente, sin presiones, ni agobios ni imposiciones, porque Dios de hecho nos da el libre albedrío de creer o no en él, no te obliga a creer. Entonces, cuando acudes a este encuentro, todo cambia, la vida cambia por completo. Al menos esa es mi vivencia, que estoy feliz, que estoy contenta, estoy pletórica de haber recibido por fin los sacramentos»

  Video del testimonio de Andrea Payán de su canal de YouTube

 Camino Católico.-  Andrea Payán, de 26 años, es una coach especializada en apoyar relaciones de pareja. En distintas redes lleva tiempo hablando de familia, infancia, valores y relaciones sanas entre hombres y mujeres. Es de Leganés (diócesis de Getafe) y esta Vigilia Pascual se bautizó (aquí el video corto con el obispo Ginés). 

"A mis 26 años he recibido el bautismo, la confirmación y la Eucaristía. En esta pasada Vigilia Pascual, el 4 de abril, recibí los sacramentos y me convertí oficialmente en hija de Dios, hija de la luz. Y para mí fue una noche muy muy especial. Antes del bautizo me iba el corazón a mil por hora. Empecé a emocionarme y la verdad que fue una experiencia inolvidable. Pese a ser 3 horas de vigilia se me pasó volando", explica Andrea Payán en un vídeo en su canal de YouTube.


En el mismo vídeo comenta, reflexionando: "Yo sé cómo es la vida sin creer en Dios, sin saber que existe Jesús, y sé cómo es mi vida ahora. Y hay gente que escucha esto y dice, 'Ah, ¿os creéis superior moralmente?' No. De hecho, yo sí que me creía superior moralmente cuando era atea, porque yo crecí escuchando que los creyentes son personas débiles que se agarran a algo porque son incapaces de de hacer frente a la vida, necesitan como esa ilusión de que algo existe y que eran incrédulos, incluso ignorantes. Yo ahora como cristiana y creyente no considero que los ateos o agnósticos sean malas personas, porque yo personalmente considero que era buena persona cuando no creía en Dios. O sea, tenía unos buenos valores, valores cristianos, aunque no fuera creyente. Ahora bien, ahora soy mejor persona", añade.


Una crisis de desesperanza


Andrea habló también en directo en el programa de televisión Vamos a Ver, que presenta Patricia Pardo, ella también católica de fe viva (ha ayudado a acercarse a la fe al presentador Christian Gálvez), cuenta Religión en Libertad.


"Yo no vengo de familia creyente y, efectivamente, no recibí el bautismo de pequeña, que es lo común", ha explicado Andrea en Vamos a Ver. 


"Siempre fui muy atea, además, estudié el bachillerato de ciencias puras y siempre decía que la razón y la fe están enemistadas. Creía eso. A través de una situación dura, una época muy difícil, pasé por una crisis existencial y caí en depresión, en un trastorno de la conducta alimentaria, no sabía qué estudiar... Sentí ese vacío y la desesperanza de verlo todo negro", ha comenzado explicando la joven.



Andrea Payán se ha bautizado en abril de 2026, en la Vigilia Pascual / Fotos: Facebook de Andrea Payán

"Llegó un día, con 18 años, toqué fondo, pensé que la vida era sufrimiento y que, para no sufrir, no había que estar en esta vida. Es un pensamiento común para aquellas personas que pasan por un momento duro. Pero otro día me vino otro pensamiento de que tenía que haber algo más. Ahí empezó una búsqueda a través de leer, investigar y empecé a hacer terapia. Comencé esa espiritualidad, me replanteé si habría algo que estaba ahí, que te ayuda, que te hace llevar mejor las cosas", añade.


"Me topé con el cristianismo, con la Biblia, con Jesús"


"En esa búsqueda me topé con el cristianismo, con la Biblia, con Jesús y ahí entendí que, pese a todo el sufrimiento que hay, podía ser más ligero y llevadero con la fe, creyendo en Dios. Fue algo que no fue repentino, no fue de la noche a la mañana, sino que fue progresivo. Fue una búsqueda. En mi caso, sé cómo es la vida siendo atea, sé cómo es creyendo en Dios".


En el mismo programa de televisión comenta: "Hay bastante desesperanza, muchas personas tanto adultas como jóvenes que se quitan la vida, con un vacío existencial... Tenemos todo, pero seguimos estando tristes, hay mayores tasas de depresión y peor salud mental. Creo que, como las generaciones más jóvenes hemos estado tan alejados de Dios que hemos llegado y decidido siendo más adultos. Creo que hay un anhelo y los adultos y jóvenes están ahora abrazando la fe".


En el caso de sus parientes, detalla que "me han dicho que si a mí me hace feliz, que lo ven, son testigos de primera mano de cómo ha cambiado mi vida al ser creyente, se alegran mucho".


"Alzo la voz, sin vergüenza"


En su canal de YouTube, Andrea Payán cuenta más sobre sus sentimientos y pensamientos como nueva cristiana. "Alzo la voz y digo orgullosa que soy cristiana, que me he bautizado por la Iglesia Católica sin miedo, sin vergüenza, porque aunque muchas personas nos digan que esto es una mala noticia, es una desgracia que los jóvenes se acerquen a la fe, el auge de jóvenes acercándose a la iglesia, realmente es una muy buena noticia. Realmente es una noticia esperanzadora. ¿Por qué? Porque acercarse a Dios no tiene absolutamente nada de malo", añade, quizá recordando unos comentario de la actriz Silvia Abril molesta porque se convierten muchos jóvenes.


"El sistema hoy en día está hecho para corrompernos y para destruir. Para destruir al hombre, a la mujer, la infancia, la familia, para ir en contra de lo bueno, de lo justo, de lo bello, de la verdad. Entonces, conoces a Jesús, que nos dice, "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6). Y Jesús también nos dijo que la verdad nos hace libres. En este mundo nos dicen que no existe una verdad, que la verdad es relativa, es subjetiva, que no existe el bien ni el mal, todo es relativo según la interpretación de la persona y eso lo único que hace es confundirnos, nos hace perder nuestra identidad, nuestras raíces, perder vínculos sociales sólidos, perder buenos valores que nos hacen buenos ciudadanos, buenos hijos, hermanos, vecinos, padres, madres".


Una civilización buena se construye sobre los 10 mandamientos


"La realidad es que nuestra sociedad, nuestra civilización y el buen progreso, lo bueno que hemos ido construyendo y logrando se basa en los valores cristianos. Seas creyente o no, si todos siguiéramos los 10 mandamientos, el mundo sería un lugar mejor", insiste.


"Ya tenía esos valores, pero al creer en Dios me esfuerzo más en ser mejor persona. Al menos intento cada día obrar lo más parecido a Jesús, intentar seguir esos 10 mandamientos, tener en cuenta la misericordia, el perdón, la bondad, el amor", comenta después.


Incluso criticar a los cristianos da relevancia a Cristo

Luego considera que incluso cuando se critica al cristianismo se le da relevancia a Cristo. "Aquellos que nunca han escuchado sobre ello o los que no tienen ni idea, esa insistencia en atacar también les genera una curiosidad. Así que ¡gloria a Dios!", comenta.


"Yo ya llevo tiempo defendiendo la familia, los valores cristianos, al hombre, la mujer, la infancia. Hablo de todo aquello que se considera políticamente incorrecto. Y ahora que me he bautizado y que he recibido al Espíritu Santo, hay una mayor fuerza y hay una mayor pasión en mí. Si ya la había, pues ahora aún más", asegura.

Luego se pregunta si las nuevas conversiones son por postureo o moda.


"No es postureo. Pienso que puede haber personas que lo hagan por intereses o por moda como pueden seguir otras modas. Ahora bien, bendita moda. Prefiero esto a ciertos bailecitos de TikTok, prefiero esto a ser un therian y sentirte un animal. Ahora bien, creo que verdaderamente hay una búsqueda. ¿Por qué? Porque nos han quitado a Dios. Es decir, nuestros padres y abuelos, quisieran o no, que eso es otra cuestión, escucharon sobre Jesús, hicieron catequesis, recibieron los sacramentos, pero mi generación y otras generaciones de jóvenes directamente no hemos escuchado hablar de Jesús, no hemos leído la Biblia, no hemos leído nada, no hemos recibido la palabra, no hemos tenido la oportunidad de decidir...", comenta.


La sociedad del "yo y ya" no es sana


Ella, que es coach de relaciones, explica que "vivimos en la sociedad del yo y del ya, queremos todo ya, todo rápido, efímero, al instante, sin esfuerzo, sin involucrarnos, sin comprometernos, tanto en las relaciones como en el trabajo, en los proyectos, en construir una buena salud, tener unas buenas finanzas, en cualquier ámbito no nos comprometemos. Y aparte la sociedad nos incita a ser individualistas, egoístas, a mirar por nosotros mismos. Entonces, eso todo lo que hace es que tengamos mucha sed. Cuando hemos probado todo y ves que por ahí no es, te empiezas a preguntar, ¿es esto todo o habrá algo más? Cuando pasamos por depresiones, por pérdidas, por malos momentos, empieza una búsqueda". Y explica luego: "Yo pasé por muchas cosas hasta que llegué a Jesús. Y Jesús es quien verdaderamente me hizo sentirme como nunca antes, sentirme sostenida, protegida, amada, vista. Nunca me he vuelto a sentir sola".


Recuerda que hacia los 16 años "tuve depresión. Pasé por unas épocas muy oscuras, o sea, veía todo negro, no tenía esperanza porque no no tenía fe. Ahí era atea. Y todo eso cuando tocas fondo en medio de la oscuridad, derrotado, solo, abatido, sin ninguna esperanza".


"Quizás ahí escuchas por fin a Dios, porque Dios siempre ha estado ahí y estará. Y tú acudes a su encuentro, porque Él te lleva buscando toda la vida. Y además de forma paciente, sin presiones, ni agobios ni imposiciones, porque Dios de hecho nos da el libre albedrío de creer o no en él, no te obliga a creer. Entonces, cuando acudes a este encuentro, todo cambia, la vida cambia por completo. Al menos esa es mi vivencia, que estoy feliz, que estoy contenta, estoy pletórica de haber recibido por fin los sacramentos".


Desde las redes, defender la familia


Finalmente, aclara que el contenido de su canal de YouTube, sobre familia y relaciones humanas, "pues va a seguir siendo de defensa del hombre, de la mujer, de la infancia, de la familia, reaccionar y comentar ciertos acontecimientos. Yo escucho a personas que no son creyentes, me gusta ciertas cosas que cuentan. Hay personas que ni siquiera tienen mi misma línea de pensamiento, pero me aportan o me ayudan a aprender y reflexionar en ciertos aspectos. Si solo escuchamos aquello que confirma lo que creo, pues tampoco nos permitimos cambiar, reflexionar", añade.