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martes, 27 de octubre de 2026

Andrea Payán, de 26 años, coach: «Al despertar doy gracias a Dios, le pido, le entrego mi vida, para que se haga su voluntad, confiando en que Él sabe mejor que yo lo que necesito; Él tiene sus planes, aunque yo no los comprenda»

Andrea Payán, coach especializada en apoyar relaciones de pareja, que se bautizó con 26 años en la pasada Vigilia Pascual cuenta cómo vive su fe confiando toda su vida a Dios

* «Soy consciente de que hay una parte que sí depende de nosotros, de cada persona: esa responsabilidad individual, ese trabajo, esa colaboración con Dios. Hay otras cosas que no dependen de nosotros y solo debemos entregárselas al Señor. Esto es algo que recalco mucho, porque hay personas que lo dejan absolutamente todo en manos de Dios sin hacer aquello que sí podrían hacer en el día a día. Nosotros no podemos ir ni al infierno ni al cielo por los demás. Decidimos a cada instante si acercarnos al cielo o al infierno, y no con grandes cosas, sino con decisiones pequeñas.Tenemos que trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios»

Camino Católico.-  “Desde que me despierto y abro los ojos, le doy gracias a Dios por un nuevo día y empiezo a agradecer diversas cosas de mi vida. Luego le pido y, finalmente, le entrego mi vida, mi día, mis alegrías, mis sufrimientos, mi trabajo y todo lo que soy y lo que tengo para que se haga su voluntad. Es ahí donde me siento hija, completamente sostenida y confiando en que, pase lo que pase en el día de hoy y en la vida en general, Él sabe mejor que yo lo que necesito. Él tiene sus planes, aunque yo no los comprenda. Confiar también es aprender a vivir sin tenerlo todo bajo control”, comparte Andrea Payán, coach especializada en apoyar relaciones de pareja, bautizada con 26 años en la pasada Vigilia Pascual, en una entrevista con Luis Javier Moxó Soto en Religión en Libertad.

“Siempre he sido una mujer, una chica, una adolescente y una niña, desde que tengo uso de razón, que necesitaba tener todo bajo control, tener certeza. Si algo se salía de mis planes, ya tenía un cortocircuito mental. Desde mi bautizo, saberme hija de Dios ha hecho que yo acepte las cosas tal y como son, que confíe y aprenda a sostener la incertidumbre”, reconoce.

La respuesta de Dios a sus peticiones y oraciones las vive así: “Cuando hay alguna petición que sigue sin respuesta, e incluso con una respuesta que yo no esperaba, lo vivo mucho mejor que antes, sin duda. Diría que en paz, pero también hay días y días. Hay momentos en los que la espera es completamente aceptada, estoy en calma y entiendo los tiempos de Dios y su respuesta. Otras veces hay ansiedad, inquietud o un cierto conflicto. Pero son mayores, sin duda, la aceptación y esos momentos de calma. Al final, concibo a Dios como un padre que, con respecto a lo que le pedimos, a veces nos dirá que sí; otras, que no porque no nos conviene; y otras, que sí después de tanto insistir, para que aprendamos por nosotros mismos la lección. Habrá otras veces en las que nos dé lo que pedimos, solo que de manera distinta a como esperábamos. Sea como sea, Él sabrá.

Trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios

En su trabajo como coach especializada en apoyar relaciones de pareja y divulgadora, Andrea Payán ha visto cómo ha evolucionado:

– Desde que me he convertido, mi fe ha tenido sus frutos en mi trabajo diario, tanto a nivel divulgativo, en lo que comunico, como en el trabajo uno a uno que hago con personas, ayudándolas a nivel de heridas y relaciones.

Soy consciente de que hay una parte que sí depende de nosotros, de cada persona: esa responsabilidad individual, ese trabajo, esa colaboración con Dios. Hay otras cosas que no dependen de nosotros y solo debemos entregárselas al Señor. Esto es algo que recalco mucho, porque hay personas que lo dejan absolutamente todo en manos de Dios sin hacer aquello que sí podrían hacer en el día a día.

Nosotros no podemos ir ni al infierno ni al cielo por los demás. Decidimos a cada instante si acercarnos al cielo o al infierno, y no con grandes cosas, sino con decisiones pequeñas.

Tenemos que trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios. Esto también lo he visto mucho en las catequesis que he recibido: nosotros colaboramos con Dios. Es ese trabajo de uno mismo para mejorar sus relaciones de la mano del Señor.

Andrea Payán, en el santuario de Nuestra Señora de Lourdes

“Todo obra de Dios”

Respecto a cómo ha encontrado su lugar en la Iglesia, Andrea dice:

– Realmente fui yo sola la que se acercó a la Iglesia. Desde entonces, todo ha sido obra de Dios, porque Él puso en mi camino a sacerdotes maravillosos, cercanos, con una ilusión y una pasión, explicando el Evangelio con tanto ímpetu, que la primera vez que acudí a misa me contagié de esa pasión.

No pertenezco a ninguna comunidad o grupo dentro de la Iglesia, pero todas las personas con las que he ido topando, que Dios me ha puesto en el camino, han hecho que vea esa bondad de los cristianos, de los hermanos en la fe que tratamos de seguir la palabra de Jesús. Hay personas con las que, al ir coincidiendo en la iglesia, al final se forman amistades muy bonitas.

“Sin Jesús hay cosas que son imposibles de perdonar”

El perdón también es importante para esta joven:

– Personalmente no hay una experiencia de perdón dado o recibido que me haya cambiado la manera de entender el Evangelio, pero sí las he escuchado o conocido de primera mano.

Eso me ha ayudado a comprender la palabra de Jesús. Sin Él, de hecho, hay cosas que son imposibles de perdonar. Desde la razón y el entendimiento humano no concebimos perdones como algunos que yo conozco.

Por tanto, en el día a día, cuando ocurre algo, cuando hay algún conflicto o malentendido, intento ponerlo a la luz del Evangelio y, sin duda, Dios me ayuda.

En mi divulgación reacciono o comento en ocasiones palabras y discursos de personas con las que no concuerdo. Tanto antes como después de la fe mantenía un tono de dulce firmeza: comunicar las cosas con verdad, tal y como son.

Lo que hago es confrontar ideas, no encararme a una persona en concreto. Una cosa es juzgar a alguien y otra, juzgar sus ideas. Es importante hacer esa distinción.

La pequeña diferencia que me ha generado la fe a la hora de hablar públicamente de alguien es rezar también por esa persona.

Lleva a la conversión a su novio con quien se prepara para el matrimonio

Andrea Payán está preparándose para el matrimonio con su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, y dice: 

- Durante varios años hemos sido novios y, sin duda, nuestro catequista, los sacerdotes que son amigos nuestros —alguno llega a ser director espiritual—, las lecturas y muchísimas horas de conversación entre Sergio y yo han ido haciendo que fuéramos conscientes de lo que vamos a comprometer ante Dios.

Nos elegimos en la salud, en la enfermedad, en los momentos más maravillosos y también en los más difíciles. Hay que hablar absolutamente de todo, y muchísimo, antes de dar el paso de comprometernos para toda la vida.

Andrea Payán con su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, que se están preparando para el matrimonio

Al respecto su prometido Sergio Cruz habla de su compromiso matrimonial con Andrea:

- A mis treinta y un años, todavía me queda mucho por vivir con mi pareja, Andrea, ya prometida. En un tiempo conseguiremos materializar ese sacramento del matrimonio.

Uno de los puntos que he aprendido es la necesidad de hablar constantemente de todo: desde los pequeños detalles, molestias o manías del día a día que, repetidos, pueden acabar generando daño en la relación, hasta cuestiones más profundas, existenciales, sobre cómo se quiere vivir la vida.

¿Qué vida quiero vivir yo? ¿Somos compatibles? ¿Compartimos una visión del mundo y unos valores parecidos? Para mí eso es esencial.

También lo vemos cuando trabajamos con parejas. Digo «lo vemos» porque Andrea también es coach de relaciones de pareja. Cuando no coincide la pareja en la visión del mundo, en la manera de gestionar el dinero, incluso a nivel político y en cuestiones del estilo.

Coincidir en eso no es garantía de éxito, porque hay dinámicas del día a día y patrones que trae cada persona de su padre y de su madre que hay que trabajar. Hay que saber crear en pareja la propia receta, como nosotros decimos, nuestra propia constitución.

Eso es muy importante: saber que vamos a dejar, entre comillas, a nuestro padre y a nuestra madre y a convertirnos en una sola carne. Implica crear esas normas propias que permitan que la relación nos ayude a ambos a ir hacia el cielo, que es el objetivo final.

También he aprendido a mirar hacia dentro, a dejar de echar balones fuera y a entender que hay muchas cosas que se despiertan en la relación de pareja y no tienen tanto que ver con la pareja, sino contigo mismo: inseguridades, miedos, esquemas mentales que tienes ahí y que te tienes que cuestionar.

A veces es más la cabezonería de uno, o cómo se lo toma uno, que lo que pueda estar haciendo o diciendo el otro. 

En una relación de pareja a largo plazo va a haber muchos obstáculos: situaciones de estrés, días en los que duermas poco o estés malo. Ahí tienes que salir de ti y saber que el amor es entregarse, pero una entrega mutua.

Amar al prójimo como a uno mismo tiene que ir de la mano, para no permitir tampoco que uno, a cualquier precio, soporte cualquier cosa. Eso sería otra cuestión.

Eso es lo que la experiencia en mi relación de pareja me ha dado, más allá de lo que he estudiado, investigado o visto en las sesiones con mis pacientes.

Andrea Payán junto a su prometido, el psicólogo Sergio Cruz, a quien ella con su testimonio ha llevado a convertirse a Cristo

Sergio Cruz se ha convertido a Cristo al ver el camino que ha recorrido su prometida Andrea:

—La fe llegó a mi vida realmente hace poco tiempo. Es verdad que mis padres me bautizaron y luego hice la comunión, pero posteriormente, con unos doce años, dejé de ir a misa. Las cosas del día a día, el instituto, la carrera… Te vas olvidando un poco de todo eso.

Con dieciocho años, mi profesor de química un día me llamó y me dijo que quería darme una charla sobre la existencia de Dios. Yo salí fascinado, entendiendo que Dios existía y que ese Dios era Jesús, que se había hecho carne.

Salí de ahí como un discípulo de Jesús, con ganas de decírselo a todo el mundo. ¿Qué pasa? Que te encuentras en un mundo en el que muy poquita gente tiene fe y vuelves a las cosas del día a día. Esa llama a la cual llegas a través de la razón se va apagando.

Pero mi pareja actual, Andrea, sin estar bautizada, tuvo ese acercamiento a la fe y a mí también me reenganchó. Ir a las clases que ella estaba teniendo con su catequista, que luego ha sido su padrino y que fue el profesor que me dio en su día aquella charla, me hizo volver a conectar con todo esto y a entender que a Dios se llega a través de la razón.

No me lo podía quedar guardado. En este momento, en el que también estoy en redes sociales, por supuesto divulgo de vez en cuando sobre este tema, junto con otras cosas que aporto, porque es que es el tema, literalmente.

Comentar y plantear las inquietudes si un adulto quiere bautizarse

Si alguien desea bautizarse de adulto, esto le aconseja Andrea:

– A alguien que se está planteando dar el paso del bautismo le diría que pregunte a personas que han hecho ese proceso, que se han convertido y se han bautizado de adultas, que tienen esa fe. También que pregunte a personas de la Iglesia, sacerdotes y catequistas; que comente sus inquietudes y sus preguntas, y que lleve a cabo ese discernimiento para finalmente tomar la decisión que requiera.

Yo le diría que no dude en dar el paso, pero es una decisión muy personal y la fe es algo muy íntimo de cada uno.

Si ya se lo está planteando, significa que ya ha pensado en esa decisión. Para mí ha sido una decisión maravillosa que ha cambiado mi vida”.

Video del testimonio de Andrea Payán de su canal de YouTube 

viernes, 8 de mayo de 2026

Christopher con 12 años se preguntó «¿quién es el verdadero Dios? Investigué, leí el capítulo 6 del Evangelio de San Juan y vi que la Eucaristía es sin duda el cuerpo y la sangre de Jesucristo y me he bautizado católico»

Christopher recibiendo la Eucaristía por primera vez, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

* «Un día estaba navegando por Instagram y me topé con un vídeo que explicaba la diferencia entre protestantes y católicos. Así que me sumergí en ese mundo y vi muchos debates; fue así como realmente me adentré más profundamente en la teología. Investigué sobre los apóstoles y la historia de la Iglesia primitiva»

Camino Católico.-  A pesar de haber crecido en un hogar no religioso, creer en Dios era algo natural para Christopher. Dado que su abuela le había puesto ese nombre porque quería que llevara el nombre de un santo, parecía inevitable que, algún día, el adolescente de Sídney acabara teniendo una relación con Dios.

"Tenía clases de religión en el colegio y creía que Jesús era Dios", cuenta Christopher a The Catholic Weekly. "Pero no era algo en lo que pensara mucho, simplemente así eran las cosas, porque no había conocido nada más", añade.

Sin embargo, a los 12 años, Christopher empezó a hacerse preguntas más profundas, una de las cuales le llevó a emprender un riguroso proceso de investigación sobre la teología y la filosofía de diferentes religiones, incluido el catolicismo. 

"¿Quién es el verdadero Dios? ¿Tengo una idea correcta de Él? Era algo en lo que pensaba cada vez que tenía ocasión, así que lo investigaba poco a poco", dice.

Christopher es bautizado, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

Empezando de forma general, exploró diversas religiones para ver si alguna fe distinta del cristianismo podía ser verdadera. El cristianismo pronto destacó sobre las demás.

"Un día estaba navegando por Instagram y me topé con un vídeo que explicaba la diferencia entre protestantes y católicos. Así que me sumergí en ese mundo y vi muchos debates; fue así como realmente me adentré más profundamente en la teología. Investigué sobre los apóstoles y la historia de la Iglesia primitiva. Entonces me di cuenta de la verdad sobre la Eucaristía y leí el capítulo 6 del Evangelio de San Juan. Vi que la Eucaristía es sin duda el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Así que pensé: «Vale, tengo que ir a la iglesia que tenga esto»", confidencia Christopher.

En ese momento, Christopher debía decidir entre la ortodoxia y el catolicismo. Aunque al principio no tenía una respuesta clara, su decisión se basó finalmente en la unidad, la universalidad de la Iglesia católica y el Credo de Nicea. 

Así, a los 14 años, se inscribió en los cursos de Iniciación Cristiana para Adultos (RICA), aún sin estar seguro, pero con una actitud abierta. "Decidí intentarlo", señala.

Christopher es confirmado, en la iglesia de San Lucas en Revesby, el domingo de la Divina Misericordia de este año / Foto: Patrick J Lee - The Catholic Weekly

Con la orientación y el apoyo del padre Dariusz Basiaga SDS y de los feligreses de la parroquia St Luke's de Revesby, Christopher recibió los sacramentos de iniciación el Domingo de la Divina Misericordia y eligió a San Agustín como su santo de confirmación. "Quería alguien a quien admirar, y sentí una gran conexión con él; simplemente sentí que estaba destinado a estar con él", afirma.

Al confidenciar lo que vivió en su Primera Comunión, comenta de forma sintética pero radical... que le llamó la atención lo diferente que se sentía respecto a la comunión en otras iglesias. "Mi cuerpo se sentía diferente", dice. 

Christopher espera vivir su fe más profundamente y convertirse en el mejor católico que pueda ser. A otros de su edad que buscan la verdad, les ofrece un consejo sencillo: "Simplemente hazlo: confía en Dios. Llegará un momento en que Dios te aclare el camino. Él te dirá: «Ven aquí», porque esta es su verdadera Iglesia".

viernes, 1 de mayo de 2026

Myles Patricio, violinista: «En búsqueda espiritual me acerqué a los mormones, al agnosticismo y al esoterismo pero el testimonio de vida de mi tío me ha llevado a bautizarme católico en la pasada Vigilia Pascual»

Myles Patricio es bautizado la noche de la Vigilia Pascual, el sábado santo, 4 de abril de 2026 / Foto: EWTN Noticias

Camino Católico.- Myles tocaba violín en la Filarmónica de la UNAM y llevaba décadas saltando de una búsqueda espiritual a otra —desde los mormones hasta el esoterismo— sin encontrar respuesta. Fue en la Rectoría de San Buenaventura, al sur de la capital, durante la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Esa noche, junto a otras 18 personas, Myles Patricio Mckeown Meza recibió el bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y contrajo matrimonio por la Iglesia. 

Una búsqueda que encontró su rumbo 

Myles Patricio es violinista y forma parte de la Orquesta Filarmónica de la UNAM y de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Vive en la Ciudad de México junto a Cynthia, su esposa, y su hija de seis años. 

La historia de Myles está marcada por una constante búsqueda espiritual. En entrevista con ACI Prensa cuenta que, a los 13 años, él y su madre se acercaron a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocidos como los mormones. “Llegamos a ir un poco, me bauticé ahí”, recuerda. No obstante, nunca se involucró plenamente. 

“Después estuve buscando camino por algunas otras lecturas. Leí otros libros de agnosticismo, de algún tipo de esoterismo y si bien me parecía interesante, también sentía como que eran más como una novela que como algo realmente como sustancioso, espiritualmente hablando”, señala. 

Hacia fines de 2025, distintos testimonios comenzaron a iluminar su búsqueda. Para entonces sintió que Dios le estaba poniendo en “un camino que tanto había querido”. 

Uno de esos testimonios fue el de su tío Mike, un católico irlandés con quien siempre ha tenido una relación cercana. Él le compartía “cómo lleva su familia, su matrimonio, su fe” y cómo integra todo ello en la vida diaria. Myles buscaba precisamente fortalecer su propia vida familiar. 

También influyeron dos sacerdotes cercanos. El primero fue el P. Marco Polo Mercado Olmedo, su mejor amigo de la infancia y hoy sacerdote formador en el Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Xalapa, Veracruz. 

El segundo fue el P. José Guillermo Gutiérrez Fernández, responsable de la Rectoría de San Buenaventura —donde más tarde sería bautizado—. El sacerdote se mudó cerca de su hogar, y de esa cercanía nació una amistad que poco a poco se transformó en acompañamiento espiritual. 

Así, junto a su esposa Cynthia y su hija, emprendió un camino de fe que culminó con la recepción del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, además de casarse por la Iglesia Católica. Su hija también fue bautizada ese mismo día. 

Desde entonces, asegura que se siente “distinto”. Se muestra emocionado por seguir aprendiendo en su fe y se interesa por figuras como San Patricio. También recurre a herramientas como Hallow, aplicación católica de oración y meditación guiada. 

Hoy, esa transformación se refleja también en su vida cotidiana. Procura hacer oración con su hija al final del día y, en medio de la rutina, detenerse para “recordar qué es lo que importa y por qué estamos aquí. Agradecerle a Dios porque estamos sanos, estamos juntos”.

Hay que dejar actuar a Dios 

El P. Guillermo, que ha acompañado a Myles Patricio  en su proceso, asegura que ha visto cambios evidentes. Entre ellos destaca “una mayor conciencia de la filiación divina”. 

También observa “una conciencia que Dios hace nuevas todas las cosas y por lo tanto una renovada esperanza”, así como la experiencia de saberse que dentro de la Iglesia Católica siempre se sentirá “acogido, amado e impulsado para caminar renovando su vida y su vida concreta de cada día”. 

Un signo que el sacerdote subraya es que  ha vivido un verdadero “encuentro personal con el Señor” a partir del “testimonio callado, silencioso, entregado, alegre” de las personas que han influido en su vida. 

Por ello, hace una invitación a los demás católicos a ser testimonio y dejarse “guiar por el Señor y compartir esta vida, esta alegría que nos inunda a nosotros, esta esperanza que tenemos”.

Aideé Citlali Manzano, psicóloga de 42 años: «Había sido Testigo de Jehová, me alejé de Dios, me detectaron un tumor y vi que necesitaba tener la guía de Dios... el respaldo de la Iglesia Católica y me he bautizado»

Aideé Citlali Manzano Mediana es bautizada la noche de la Vigilia Pascual, el sábado santo, 4 de abril de 2026 / Foto: EWTN Noticias

* «Dios es un Padre muy amoroso, que sabe cuántos cabellos tenemos, qué hay en nuestros sentimientos, qué hay en nuestro corazón»

Camino Católico.- Aideé tenía 42 años, dos hijas y un tumor recién extirpado cuando decidió que ya no podía más sola. Había sido Testigo de Jehová de niña, pero hacía años que no pertenecía a ninguna iglesia.  

Fue en la Rectoría de San Buenaventura, al sur de la capital, durante la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Esa noche, junto a otras 18 personas, Aideé Citlali Manzano Mediana recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y contrajo matrimonio por la Iglesia. 

Redescubrir a Dios 

Aideé, psicóloga de 42 años, es madre de dos hijas junto a su esposo Francisco. En entrevista con ACI Prensa, relata que durante mucho tiempo pensó que sólo con “creer en Dios era suficiente para salir adelante”. Sin embargo, algo cambió en los últimos años.

“A pesar de que yo había tenido acercamiento con la Iglesia Católica, yo decía: ‘sí me gusta, pero pues yo no necesito pertenecer a ninguna iglesia, ni a ninguna religión, porque yo tengo a Dios en mi corazón y eso es suficiente’”, cuenta. 

Reconoce que un momento decisivo de aprender más de Dios llegó cuando le detectaron un tumor en 2024. Aunque enfrentó la operación para extirparlo con valentía, el proceso posterior fue distinto. “A los dos meses empecé a sentir como que me iba para abajo, depresión, empezaron a cambiar muchas cosas”, recuerda. 

Cuenta que se decía a sí misma: “yo puedo sola”. Sin embargo, llegó a un límite y en 2025 reconoció que no podía más y que “necesitaba tener la guía de Dios... el respaldo de una iglesia como la Iglesia Católica, de una religión”. 

Antes ya había sido Testigo de Jehová. “Participé activamente hasta la edad de 15 años. Aunque yo creía en Dios no sentía que pertenecía a esa ideología”, dice. Con el paso del tiempo, se alejó por completo de la práctica religiosa y, como ella misma relata, “varios años me alejé de Dios”. 

Tras concluir sus estudios en psicología, comenzó a hacer voluntariado en el Hospital General Dr. Rubén Leñero, en el área de urgencias y traumatología. Fue en ese entorno donde, gracias al testimonio de un sacerdote y dos psicólogas católicas, comenzó a tener nuevas preguntas de fe.  Sin embargo, reconoce que en ese momento “no tenía oídos para oír”. 

Después de admitir que necesitaba a Dios y a la Iglesia Católica, se acercó con la convicción de permanecer en ella. En la comunidad de San Buenaventura encontró el acompañamiento espiritual que buscaba. 

Con el apoyo de Francisco, su pareja, se preparó para recibir los sacramentos. En la pasada Vigilia Pascual recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y contrajo matrimonio por la Iglesia. 

Hoy vive esta nueva etapa con entusiasmo. En su hogar colocó una repisa donde conserva su Cirio Pascual y espera añadir imágenes y otros signos religiosos para que ese espacio “sea un lugar para Dios”.  

También reconoce que aún desea seguir aprendiendo, ya que “hay otras oraciones que yo los escucho decir y no me las sé”. “Nuestros padrinos de boda nos hicieron el favor de regalarnos unos rosarios y nos dijeron: ‘los rezan juntos’, y yo dije: ‘sí, pero no sé rezar el rosario’”. 

Aunque siempre creyó en Dios, hoy lo contempla de otra manera: como “un Padre muy amoroso”, que sabe “cuántos cabellos tenemos, qué hay en nuestros sentimientos, qué hay en nuestro corazón”.

Hay que dejar actuar a Dios 

El P. Guillermo, que ha acompañado a Aideé en su proceso, asegura que ha visto cambios evidentes. Entre ellos destaca “una mayor conciencia de la filiación divina”. 

También observa “una conciencia que Dios hace nuevas todas las cosas y por lo tanto una renovada esperanza”, así como la experiencia de saberse que dentro de la Iglesia Católica siempre se sentirá “acogida, amada e impulsada para caminar renovando su vida y su vida concreta de cada día”. 

Un signo que el sacerdote subraya es que  ha vivido un verdadero “encuentro personal con el Señor” a partir del “testimonio callado, silencioso, entregado, alegre” de las personas que han influido en su vida. 

Por ello, hace una invitación a los demás católicos a ser testimonio y dejarse “guiar por el Señor y compartir esta vida, esta alegría que nos inunda a nosotros, esta esperanza que tenemos”.

La 'influencer' Susana Arcocha hacia meditación Zen, entró en una iglesia y se ha bautizado: «Jesús me acompaña a todos sitios. Ahora comprendo, rezo y los pequeños detalles me recuerdan que Dios existe»

Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, donde recibió el bautismo, la comunión y la confirmación del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

* «Cuando entré, noté esa gran paz, como si la iglesia me estuviera abrazando. Como si esos colores, esas vidrieras, esas columnas que se alzaban al cielo, como si ese espacio me estuviera conectando con Dios directamente. Simplemente me puse allí, escuché el órgano de la iglesia y vi cómo entró el obispo y comenzó la misa. Y con cada palabra, con cada canción, con cada nota de ese órgano, no podía dejar de llorar. Me pasé toda la misa llorando porque sentía que estaba en casa. Sentí otra vez, como cuando tenía 10 años, que pertenecía a un lugar en el que era acogida»

  Video del testimonio de Susana Arcocha de octubre de 2025 de su canal de YouTube en el que cuenta su conversión, cuando todavía no había sido bautizado 

Camino Católico.- La catedral del Buen Pastor de San Sebastián (País Vasco, España) acogió este Sábado Santo el bautismo de la influencer vasca Susana Arcocha, que cuenta con una comunidad de 600.000 seguidores en Instagram. La ceremonia fue presidida por el obispo de la ciudad, Fernando Prado. Arcocha estuvo acompañada por su catequista, María Pagalday, quien la ha guiado en todo su proceso espiritual. Durante la celebración, tanto ella como otros adultos recibieron también los sacramentos de la primera comunión y la confirmación.

En las imágenes difundidas en su Instagram, se la puede ver vestida de blanco acercándose a la pila bautismal. El vídeo también recoge escenas en las que aparece leyendo la Biblia en su casa y visitando la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

En pleno crecimiento como creadora de contenido inició su relación con Dios, cuando un domingo cualquiera renegó interiormente de sus rutinas orientales de meditación y, en su lugar, fue a misa. “Cuando entré noté esa gran paz, como si la iglesia me estuviera abrazando, como si estuviese hecha para mí. Como si estuviese en casa”, confiesa en un vídeo publicado el pasado mes de octubre de 2025 en su cuenta de YouTube, en el que relata su conversión que la ha llevado a su bautismo y que publicamos.

La influencer vasca advertía, a sus seguidores de que, a partir de aquel momento, las menciones a Dios y la religiosidad serían algo frecuente en sus publicaciones, a pesar que todavía no estaba bautizada ni había hecho la primera comunión.


Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, recibiendo el bautismo del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

Meditación zen cristiana

Arcocha lo explica trasladándose con emoción a una infancia que recuerda plagada de lágrimas por no estar bautizada y deseos de formar parte de la comunidad cristiana.

El paso de los años hizo que olvidase la idea, al tiempo que se introducía de la mano de su familia en la “meditación zen cristiana”.

A partir de aquel momento, “conectar con Dios” a través de experiencias espirituales se convirtió en una de sus grandes aspiraciones mientras aprendía a meditar poniendo en práctica la flor de loto. En ocasiones creía que veía o se acercaba a Dios, pero pronto se topaba con la realidad: “No tenía nada que ver, simplemente eran cosas que hacía la mente”.

Arcocha siempre creyó en Dios y siempre tuvo una fe que no supo, o no pudo, poner en práctica. La ocasión de hacerlo surgiría precisamente en la adolescencia, cuando sufrió durante años episodios diarios de acoso escolar.

Primero afectó a su autoestima. Después, a su propia estabilidad emocional.

"Rota por dentro, en la noche oscura"

“Estaba rota por dentro. Entré en una etapa de mucha ansiedad. Quería huir, dejé de ir a clase y estudiar y empecé a esconderme. Fueron tres años de acoso, prácticamente todos los días. Entonces llegó mi etapa universitaria y pinché. Caí en un pozo. En la noche oscura del alma”, relata.

Fue entonces, “demasiado hundida en la oscuridad como para seguir con la vida normal”, cuando decidió buscar ayuda psicológica.

Mientras empezó a practicar yoga y acercarse a la llamada ley de la atracción. Fue entonces, buscando respuesta a sus preguntas, cuando creyó ver la solución disfrazada de espiritualidad oriental.

Tenía unos 26 años y ya conocía aspectos más que elementales de cosmovisiones orientales. Dominaba el plano de los chakras, el desarrollo espiritual, incluso prácticas que la hacían literalmente aprender sánscrito.

“Sentí que estaba dando mucho crédito a la espiritualidad de otras culturas y negando la mía propia, la cultura cristiana. Yo me crie y nací en España, Europa, cuna de nuestra cultura occidental… Y la estaba negando”, relata.

Convencida de que estaba incluso cuestionándose a sí misma, se hizo una pregunta: “¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué me voy tan lejos? ¿Y si tengo las respuestas aquí, más cerca?”.

Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, recibiendo la comunión del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

"Donde Dios te ha puesto, están las respuestas"

Pasados los años y con la perspectiva que le ofrece su desarrollo vital, la influencer considera hoy que es algo común “negar lo que tenemos a nuestro alrededor, familia, ciudad, cultura y lengua”, mientras se asumen lenguas y culturas exóticas que resultan atractivas, como si la solución a los problemas no pudiese residir donde han surgido.

Hoy, sin embargo, considera que es precisamente “ahí donde Dios te ha puesto donde están las respuestas a todos los problemas”. En su caso, estaba a solo unos metros, en su propia ciudad natal.

Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, donde recibió los sacramentos de la iniciación cristiana del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

Llevaba tiempo pensando dónde, o en qué, podía encontrar la paz cuando tomó una decisión, hace unos tres años. “Voy a entrar a una Iglesia, a ver qué sucede”, pensó.

Un domingo cualquiera, en la catedral: "Sentí la paz"

El día que lo cambió todo fue un domingo aleatorio, “random”, en verano, cuando entró en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián. La reacción y el impacto fueron inmediatos.

“Cuando entré, noté esa gran paz”, relata, “como si la iglesia me estuviera abrazando. Como si esos colores, esas vidrieras, esas columnas que se alzaban al cielo, como si ese espacio me estuviera conectando con Dios directamente”.

Aquello solo fue “el principio”. Aún estaba por experimentar lo que sucedería en su primera misa tras años sin práctica religiosa.

“Simplemente me puse allí, escuché el órgano de la iglesia y vi cómo entró el obispo y comenzó la misa. Y con cada palabra, con cada canción, con cada nota de ese órgano, no podía dejar de llorar. Me pasé toda la misa llorando porque sentía que estaba en casa. Sentí otra vez, como cuando tenía 10 años, que pertenecía a un lugar en el que era acogida”.


Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, recibiendo la confirmación del obispo de la diócesis, Fernando Prado, durante la Vigilia Pascual / Foto: Instagram de Susana Arcocha

El poder de la belleza

La acogida y la ausencia de juicio fueron tan cruciales en aquel momento de conversión como lo fue el arte y la estética de un lugar “increíblemente hermoso”.

“Sentí esa hermosura dentro de mí, como si ese lugar estuviera hecho para mí”; recuerda la influencer, que pasados los años sigue sin poder comparar con nada “aquella sensación de estar en casa”.

Arcocha siguió yendo a misa. Y en cada misa lloraba, mientras era cada vez más consciente de que aquellos años estudiando otras culturas, abriendo su mente y expandiendo la conciencia le habían ayudando realmente a abrazar su propia cultura “con mucho más amor”. Y mientras, “en cada misa, seguía llorando”.

Susana Arcocha el sábado santo, 4 de abril de 2026, en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, junto al obispo de la diócesis, Fernando Prado / Foto: Instagram de Susana Arcocha

"He vuelto a mis raíces, todo tiene sentido"

Finalmente, la influencer se puso en contacto con su catequista: “He vuelto a mis raíces, a las raíces de todo lo que me rodea. Antes no entendía nada, y ahora lo entiendo todo, como si todos los pequeños detalles antes se me pasasen de largo y ahora fuese parte de ellos. Ahora comprendo, rezo y me recuerdan que Dios existe. Es como si encendieses la luz y tu vida tuviera sentido, desde las cosas más insignificantes”.

“Esta última semana he tenido un encuentro con Dios que no me esperaba”, concluye en el vídeo publicado en octubre pasado. “No se si esto le interesa a alguien, pero voy a sacar mi rosario y voy a seguir rezándolo hasta que haga un mes entero. Me he comprado mi primera cruz y me siento increíble, ahora Jesús me acompaña a todos sitios. Las cosas que me están sucediendo son fuera de lo normal”.