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miércoles, 25 de febrero de 2026

Nina Benedikta Krapić, nueva subdirectora de la Sala Stampa: «Me agarraba fuerte al pecado con una mano y con la otra buscaba a Dios; fui a Medjugorje, Dios usó la mirada de una monja e hizo algo en mi y me consagré»

Nina Benedikta Krapić, Hija de la Caridad y periodista, ha sido nombrada subdirectora de la Sala de Prensa Vaticana / Foto de 2025 Dario Topic-Vecernji List

Camino Católico.- Nina Benedikta Krapić, Hija de la Caridad, croata de 36 años, ha sido nombrada nueva subdirectora vaticana del Dicasterio de Comunicación, en sustitución de la laica brasileña (y veterana periodista de Radio Vaticano) Cristiane Murray, en el cargo desde 2019.

La hermana Nina llevaba desde 2023 trabajando en el Dicasterio vaticano de Comunicación. Tomará posesión como subdirectora el 1 de marzo. Su superior es el periodista laico italiano Paolo Ruffini, en el cargo de director desde 2018.

Antes de llegar al Vaticano (donde estudia un doctorado en Ciencias Sociales en el Collegium Maximum de la Pontificia Universidad Gregoriana) fue jefa de prensa de Cáritas Diocesana de Rijeka (en Croacia) y aprovechó su título de Derecho de 2015 para acompañar y asesorar a niños y mujeres víctimas de violencia doméstica. En 2023 sacó otro título, en Relaciones Públicas, por la Universidad de Zagreb.

La hermana Nina declara haber sido una apasionada de la prensa y la comunicación desde su adolescencia, pero trabajando de periodista estuvo alejada de la fe muchos años, hasta que en una peregrinación a Medjugorje se convirtió y, de hecho, empezó a sentir la vocación religiosa. Cuentó su historia con cierto detalle en un testimonio en vídeo en 2022 (en croata), que Pablo J. Ginés traduce y sintetiza en Religión en Libertad.

Fascinada por el periodismo

Nina Krapić nació en Rijeka, Croacia, el 7 de junio de 1989. Se graduó en Derecho en la universidad de esa ciudad en 2015.

Desde adolescente estaba apasionada por el teatro, la radio y la comunicación. "Todo lo que me movía eran cosas relacionadas con el arte, los medios de comunicación y la política. No sabía de otra cosa y no sabía que existían otras cosas", recordaba en 2022.

Sólo le interesaba el trabajo, y sólo en el trabajo veía sentido. Cuando había elecciones, como periodista joven quedaba enganchada a la silla de redacción, buscaba, analizaba, editaba, publicaba, devoraba datos. "Ni siquiera dormía", detalla. Incluso pasados unos años, ya veterana en el oficio, "me quedaba en blanco cuando venía un senador o alguien importante, recuerdo que mi corazón latía, no podía respirar, sólo quería que esa entrevista saliera bien".

Pero llegó a una radio donde había católicos sinceros. Era la primera vez que conocía católicos con fe.

"Con ellos me di cuenta de lo que significa ser cristiano. Esa gente de verdad vivía con el Señor. Se querían de manera diferente, perdonaban de manera diferente, conversaban de manera diferente. Aquí yo despacito con ellos empecé a vivir los sacramentos. Regresé a la vida sacramental, volví a confesarme, a encuentros de fe. Pero, todo eso, muy a medias. Yo me agarraba fuerte al pecado con una mano, mientras con la otra buscaba a Dios".

 Nina Benedikta Krapić, a la izquierda, antes de su conversión cuando era periodista laica, y, a la derecha, siendo Hija de la Caridad / Fotos: Medjugorje tutti i giorni

A Medjugorje, casi por despiste y en minifalda

En una fiesta, una colega periodista la invitó a ir a Medjugorje. Ella, distraída, dijo "¡vale, bueno, apúntame!" Se olvidó por completo hasta que dos meses después la amiga le telefoneó: '¿Te acuerdas que este fin de semana nos vamos a Medjugorje?'" Ella buscó excusas para no ir, pero los compañeros en la radio le dijeron "vete, que te cubrimos en el trabajo".

"Estaba sentada en el bar con mi amiga Kristina, con mi ropa de la mañana, tacones y falda corta. Dije: Mira, Kristina, probablemente no tomaré ese autobús. Ven conmigo, miramos como es esa gente dentro del bus, y si no está bien, no entro".

Entró al autocar, pensando en irse... pero no se decidió a escapar. "Hasta la frontera estuve pensando si salirme. ¡Todo era demasiado! ¡Demasiados rosarios, demasiado rezo, todo exagerado! Yo pensaba: 'si siguen rezando, volveré con el cerebro lavado'".

 Nina Benedikta Krapić, ya Hija de la Caridad, cuenta su testimonio en el Mladifest de 2022, el festival de la Juventud de Medjugorje / Foto: Mladifest

Una confesión, y una mirada especial

En Medjugorje pasaron varias cosas. Una de ellas, fue que se confesó bastante en serio. "Confesé muchas cosas que no sabía que eran pecado, que vivía en el pecado", recuerda.

Al salir, cerca del confesionario había una monja. "Yo la miré a ella y ella me miró a mí. Era una mirada que no he encontrado nunca antes ni después. Nos quedamos mirando una a otra. Sus ojos estaban enfocados en mi profundidad".

"Aquí me di cuenta que no era ella, que era la mirada de nuestro Señor, que Él usó la mirada de la monja en ese momento. El Señor hizo algo en mi corazón".

Al día siguiente, los peregrinos subían al pedregoso monte Podbrdo, coronado con una imagen de la Virgen. "Perdí a mi grupo, aún no sé como, y me incorporé a un grupo de monjas. Viéndolas a ellas, con sus sandalias, lloré sin parar. Arriba, me dije: 'Cálmate, subiste la colina, ahora pídele a la Virgen todo lo que quieras'".

Y le pidió el regalo de ser madre. Ya que en lo profesional estaba bastante bien quería ahora un propósito familiar, tener hijos.

De vuelta en casa, monjas por todas partes

Pero una vez de vuelta en casa, en Croacia, notó que había cambiado mucho. Para empezar, veía monjas y más monjas por doquier, por las calles, por todas partes. Y su corazón latía fuerte, como antes cuando buscaba una noticia con alguien famoso o importante. Ahora le daba igual tratar con el Presidente o el Primer Ministro, ya no le emocionaba, ni tenía miedo a equivocarse en el trabajo. En cambio, se paralizaba al ver una monja cualquiera.

Quedó a tomar un café con una amiga, con sus tacones y vestido corto. Y se dio cuenta que no estaba a gusto. Se lo dijo. "No puedo levantarme y pasear así por la ciudad después del café. Me da vergüenza. Llevo vestido corto, mangas cortas, tengo vergüenza de caminar, no puedo levantarme", le dijo. Fueron juntas a la primera tienda y se compró una falda larga. Y su amiga le dijo: "A ti te ha pasado algo en Medjugorje, regresaste completamente diferente".

La hermana Nina Benedikta Krapić saludando al Papa León XIV (Ciudad del Vaticano, 11 de octubre, 2025) / Foto: Vatican Media

Entró en la capilla: "Este es tu lugar"

Nina conoció más religiosas y habló con ellas. En la capilla de las Hijas de la Caridad, nada más entrar, sintió: "puff, ya, ese es tu lugar, es tu casa". "No tenía que pensarlo más", asegura.

Dejó el trabajo, hizo un año de prueba, pero desde que entró en esa capilla "no tenía ninguna duda de que el Señor me llamaba y de lo que la Virgen hizo en Medjugorje". 

Entró en las Hijas de la Caridad en 2014. Inspirada por Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), tomó el nombre eclesial de Nina Benedicta. Hizo los votos perpetuos en 2019.

¿Y su petición de ser madre? Trabajando en Cáritas Diocesana pudo ser "madre" espiritual y cercana de muchos niños de familias rotas, golpeadas por la violencia doméstica. "Los tengo en mi corazón porque los quiero con amor que no es mío, que viene de la Virgen", detalla. Su carrera de Derecho le sirvió para ayudar a estas familias.

Entrevistada en 2022, añadía que de la Virgen aprendió a simplificar las cosas, a hacerlo todo más sencillo. Y de Medjugorje, sus viajeros y la gente que acoge, la importancia de acoger.

Este es el perfil de la mujer que, junto con Paolo Ruffini, a partir de marzo presentará la comunicación vaticana a periodistas de todo el mundo, de muy diversas lenguas, culturas, países e ideologías.

María Belén Simmermacher pasó del Mundial de hockey a ser monja: «Dios nos prepara para la vida eterna, algo misterioso que solo vamos a entender en el Cielo; vi con claridad que Dios me llamaba a la vida religiosa»

María Belén Simmermacher, en la foto enmarcada en la fila de arriba en el centro, como jugadora de hockey. Y a la derecha, ya como religiosa con el nombre de Maria Vergine dei Tramonti en la Basílica de San Pedro, en 2025, durante el encuentro por el Jubileo en el Vaticano / Fotos: Clarín - Familia Simmermacher

* «Llegó un punto en el que interiormente no podía dudar: quería dar toda mi vida a Jesucristo. Fue una gracia muy fuerte y muy concreta que aún hoy recuerdo. Es como cuando uno se enamora y luego se casa… Es para siempre… Momentos difíciles los hay, pero Dios da la gracia y nos ayuda. Y lo que es más cierto todavía es que cuando nos decidimos a darle todo, no nos pide nunca cosas más grandes de las que podemos hacer, no nos pide cosas imposibles, aunque sí difíciles, heroicas, cosas altas. El llamado de Jesucristo es a “cargar la cruz” (Lc. 9, 23) y a seguirlo… El llamado a la santidad es algo para todos los cristianos, cada uno según su vocación. Pero a algunos los elige de un modo especial, que mediante los votos se obligan libremente a llevar una vida de mayor perfección, viviendo castos, pobres y obedientes, practicando las virtudes y buscando en todo momento la perfección de la caridad»

Camino Católico.- Nació como María Belén Simmermacher pero, en el noviciado, cambió de nombre a Maria Vergine dei Tramonti. Vive en Lausana (Suiza) desde 2006 y es una de las tres religiosas en la Residencia Universitaria Católica Foyer Bon Accueil. Clarín cuenta su historia. Maria disputó el Mundial Junior de hockey femenino  de Buenos Aires 2001, aunque casi no jugó: unas semanas antes, en la Copa América con la selección absoluta, se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha y retrasó su operación para estar en el equipo juvenil. Simmermacher era una gran promesa de buen juego, que apuntaló a las titulares, aunque estuviera fuera del campo.

“Dios me llamaba a dejar todas las cosas ‘del mundo’”

María, monja desde hace 20 años, asegura que “fue una experiencia muy fuerte y muy linda de mi juventud. Tenía 17 años, estaba en el último año del colegio cuando fui convocada al seleccionado junior para jugar el Mundial Sub-21 de 2001, que se disputó en abril en Quilmes. Como equipo obtuvimos la medalla de plata, y para mí fue un momento de gran crecimiento humano y deportivo, compartiendo un nivel de exigencia muy alto y representando al país… sigo amando el hockey y estoy al tanto de los resultados. Además, mis sobrinas son fanáticas del hockey, así que tengo que estar actualizada”.


María Belén Simmermacher, arriba, la tercera por la izquierda en 2001 cuando se jugó el Mundial Sub-21 / Foto: Clarín - Familia Simmermacher

Nacida en Argentina el 4 de octubre de 1982, Maria compaginó el hockey con sus estudios y su trabajo como Asistente de Contabilidad Administrativa. Hasta que, a los 23 años, entró al noviciado de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará y, después de un año, el 19 de marzo de 2007, tomó sus primeros votos religiosos. Su profesión perpetua llegó el 19 de marzo de 2013; tenía apenas 30 años.

“A fines de 2005 dejé voluntariamente el seleccionado y el hockey en el San Isidro Club. Fue una decisión ligada al proceso de discernimiento vocacional que estaba viviendo. Habiendo terminado la Licenciatura en Economía en la UCA, estando trabajando y jugando en el SIC y en el seleccionado, he visto muy claro que Dios quería otra cosa para mí, que me llamaba a dejar todas las cosas ‘del mundo’, para corresponder al llamado de amor y dilección que Él hace a las almas consagradas y que tiene pensado desde toda la eternidad. Para cada uno hay una vocación, al matrimonio, a la vida consagrada… y, según ese camino, Dios nos prepara para la vida eterna, es algo misterioso que solo vamos a entender en el Cielo. En ese momento vi con claridad que Dios me llamaba a la vida religiosa en el Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matara, al cual pertenezco hace 20 años”, explica.

El momento decisivo: los Ejercicios Espirituales de San Ignacio  

Y seguidamente relata cómo se gestó su vocación: “Por mi familia hemos tenido la gracia de siempre practicar nuestra fe, participar de la santa misa en familia, y realizar peregrinaciones. Recuerdo que todos los años esperábamos con ansias junto a mis hermanos las cabalgatas a caballo desde Luján a San Nicolás con la Virgen de Luján, patrona de la Argentina. Durante la universidad llevaba una vida normal: estudiaba, trabajaba, jugaba al hockey en la primera división, entrenaba a las divisiones más chicas del SIC y estaba en el seleccionado. El proceso vocacional comenzó después de recibirme, especialmente a partir de encuentros concretos con la vida religiosa. Conocí a las hermanas en Bariloche la primera vez en el verano de 2004, ¡y me invitaron a escalar una montaña! Durante el verano solemos hacer un tiempo de convivencia, en el sur de la Argentina o donde sea posible… Me llamó la atención el modo de vida, la sencillez y el espíritu de sacrificio y pobreza unido al clima de alegría”.

Durante un paseo con los jóvenes de la Residencia Foyer Bon Accueil / Foto: Clarín - Familia Simmermacher

El momento preciso en que tuvo claro que quería ser monja se produjo así: “Después de un tiempo de discernimiento, de conocer a las hermanas, participar en convivencias, visitar una casa de misericordia y hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que es un retiro en silencio para los laicos, adultos, religiosos, llegó un punto en el que interiormente no podía dudar: quería dar toda mi vida a Jesucristo. Fue una gracia muy fuerte y muy concreta que aún hoy recuerdo”.

Respecto a que sintió en ese momento, María cuenta que ”es como cuando uno se enamora y luego se casa… Es para siempre… Momentos difíciles los hay, pero Dios da la gracia y nos ayuda. Y lo que es más cierto todavía es que cuando nos decidimos a darle todo, no nos pide nunca cosas más grandes de las que podemos hacer, no nos pide cosas imposibles, aunque sí difíciles, heroicas, cosas altas. El llamado de Jesucristo es a “cargar la cruz” (Lc. 9, 23) y a seguirlo… El llamado a la santidad es algo para todos los cristianos, cada uno según su vocación. Pero a algunos los elige de un modo especial, que mediante los votos se obligan libremente a llevar una vida de mayor perfección, viviendo castos, pobres y obedientes, practicando las virtudes y buscando en todo momento la perfección de la caridad”.

“Uno de los regalos más grandes que Dios puede hacer a una familia”

Según relata, “más allá de las dificultades que una decisión de este tipo puede implicar en un primer momento", siempre se sintió muy acompañada por su familia. "Finalmente, es siempre una alegría que Dios bendiga las familias con un hijo religioso… A veces suena un poco 'chocante' en nuestra sociedad… Pero si lo miramos con fe, dejando de lado lo sentimental, entendemos que es uno de los regalos más grandes que Dios puede hacer a una familia. Nosotros somos 39 primos, 4 religiosos y dos de ellos son sacerdotes".

María, con sus seis hermanos y su extensa familia / Foto: Clarín - Familia Simmermacher

"Es gracioso a veces escuchar personas que se sorprenden y dicen: '¿Fulanita entró al convento? No puede ser'. Es así, es un misterio de amor de Dios. Pero, uno se da cuenta de las pequeñas cosas que providencialmente suceden en la vida de cada uno, van marcando ese camino y preparando esa vocación, como por ejemplo la familia, la educación, los sucesos a veces fuertes de conversión, o simplemente un amigo, un buen ejemplo de una hermana, o el color del hábito, o una búsqueda por internet… En fin, son muchas las historias", agrega.

Los 20 años de camino como monja

María Belén Simmermacher argumenta por qué eligió como religiosa el nombre de María Vergine dei Tramonti: “Cuando recibimos el santo hábito religioso, durante el tiempo del noviciado (primer año de la vida religiosa), también cambiamos nuestro nombre como un modo de ‘ocultarnos al mundo y consagrarnos a Dios’. Todas llevamos el nombre de María y luego un título o advocación de la Virgen. El fresco Madonna dei Tramonti se encuentra en Asís, Italia, más precisamente en la Basílica de San Francisco, mi patrono y protector pues he nacido en el día de su fiesta, 4 de octubre. Está sobre una de las paredes de la Basílica Inferior, cerca de la tumba del santo, y se ilumina a la hora del atardecer. En la imagen vemos cómo el niño parece preguntarle a la Virgen María quién de los dos personajes la amó más y resulta que indica con el pulgar a San Francisco; del otro lado se encuentra el discípulo amado, San Juan Evangelista”.

Así rememora su itinerario como religiosa: “Estuve cinco años en las casas de formación en San Rafael, Mendoza, donde nació nuestra congregación. Luego, mis superiores me enviaron a continuar y completar mi formación en Italia. En nuestra forma de vida religiosa, los superiores nos proponen una misión y nosotras la aceptamos libremente. En Italia terminé mis estudios en Filosofía y Teología y recibí también el encargo de ser Maestra de Novicias en el noviciado internacional Madonna di Loreto. Más adelante, por pedido de mis superiores, estudié el bachillerato en Filosofía en la Universidad Urbaniana, y luego realicé la Licencia en Derecho Canónico y el doctorado, que concluí en 2019”.

En el centro de la foto, María durante su último cumpleaños, festejado en la Residencia Universitaria Católica suiza  / Foto: Clarín - Familia Simmermacher

Desde 2020 es misionera en Suiza: “En pleno contexto de COVID, mis superiores me propusieron venir a comenzar con nuestra primera comunidad en Suiza. Fue un gran desafío la inculturación en un nuevo país, pero también una experiencia misionera con muchos frutos. Acepté con gran alegría ser la Directora de la residencia universitaria donde vivo (@foyerbonaccueil) desde hace seis años. Actualmente somos 3 religiosas y 22 jóvenes universitarias en nuestra residencia en Lausana, ciudad que se caracteriza por ser centro universitario. Además, realizamos otros apostolados con familias y con niños. En contextos particulares como el de Suiza y, en general, el de Europa, el anuncio de Jesucristo resulta hoy especialmente necesario. Aunque muchas veces no se manifieste de manera explícita, existe una profunda sed de Dios y una apertura silenciosa a la presencia y al testimonio de la vida religiosa. La misión es una aventura, ¡vale la pena! ‘Id a todo el mundo, anunciad el evangelio!’ (Mc 16,15)”.

domingo, 18 de enero de 2026

Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados: «El sí de cada uno ha sido clave para el sí de los demás; El Señor nunca se deja ganar en generosidad»

Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados / Fotografía: Cortesía de la familia

* «A pesar de la distancia física, la vocación nos unió mucho más: ya no sólo había unión por la carne, sino que compartíamos una misma vida. Eso lo hemos hablado muchas veces. Lo hemos vivido como una gracia de Dios»  

Camino Católico.-  Había un sacerdote, una monja y una consagrada… Puede parecer el inicio de un chiste, pero no lo es. Es la realidad de Javier, María y Ana Moro, tres hermanos consagrados que, desde tres vocaciones distintas, han entregado su vida a Dios. Y es que quien tiene hermanos sabe que el hecho de haber compartido infancia, educación y valores puede ser también determinante a la hora de discernir la vocación.

Las primeras pistas

Javier es el mayor, tiene 33 años y el 2 de julio de 2023 fue ordenado como sacerdote. Según cuentan sus hermanas, fue él quien dio las primeras pistas de poder entregar su vida al Señor. “Desde muy pequeño tuvo la inquietud sacerdotal. Es una persona muy especial. Es un alma de Dios”, asegura Ana a Marta Peñalver en Misión

Gracias a un seminarista ahora sacerdote que llegó a su parroquia, Javier empezó a tratar con los Grupos de Oración del Corazón de Jesús y la vocación llegó con 13 o 14 años. “Siempre tuve una tendencia natural a todo lo que tenía que ver con la vida de la Iglesia, pero este seminarista fue determinante, me impactó mucho su vida y vi claro que Dios me llamaba a eso también”. Lo de sus hermanas fue, según cuenta Javier, toda una sorpresa. “Ellas se dedicaban casi profesionalmente al tenis y nada hacía pensar que dejarían todo por la vida consagrada. Para mí fue un regalo inmenso”.

Ana y María son gemelas y han cumplido 32 años. Ellas y sus padres se acercaron más a la parroquia gracias a la relación que Javier entabló con el seminarista. “Fue un proceso de conversión muy grande y nuestra vida familiar cambió por completo”, asegura Ana.

Según cuenta, a pesar de que en su entorno no se esperaban algo así, su llamada fue muy clara. Dios se lo puso muy fácil. “Iba descubriendo que Jesús y yo teníamos los mismos deseos. Eso me causaba mucha alegría. En 2008 entré como candidata de la Comunidad de los Apóstoles de los Corazones de Jesús y María (ACIM)”.

Casi a la par su hermana María escuchó también la llamada del Señor. “Fue en una Semana Santa cuando el Señor me mostró el amor inmenso que me tiene y no pude resistirme. Comprendí que me quería para Él”. Pasó 5 años de candidata en las laicas consagradas de los Grupos de Oración del Corazón de Jesús, ACIM, pero poco a poco fue descubriendo que su vocación era ser Sierva del Hogar de la Madre.

La vocación de un hermano

Los hermanos destacan la unidad que existía entre ellos desde niños y cómo el ambiente familiar en el que crecieron fue determinante para que florecieran sus vocaciones. “Siempre hemos estado muy unidos, pero en el momento de discernir la vocación nos cuidamos mucho de no condicionarnos unos a otros, aunque en parte era inevitable. Creo que para mis hermanas mi vocación fue como abrirles una puerta”, explica Javier.

Ana, por su parte, cuenta cómo cada uno llevó a cabo su discernimiento con su director espiritual ya que, según cuenta a Misión, “la vocación es un tema entre Dios y el alma”. Pero sí reconoce que vivirlo junto a sus hermanos lo hizo más fácil. “Estoy convencida de que el sí de cada uno ha sido clave para el sí de los demás. El Señor nunca se deja ganar en generosidad”.

En ocasiones no ha sido fácil, porque vivir tres vocaciones diferentes implica una separación. “A pesar de la distancia física, la vocación nos unió mucho más: ya no sólo había unión por la carne, sino que compartíamos una misma vida. Eso lo hemos hablado muchas veces. Lo hemos vivido como una gracia de Dios”, asegura.

miércoles, 14 de enero de 2026

Muere María Teresa López Canabal, a los 97 años, la ‘auténtica’ Sor Citroën que inspiró la película: ayudó a adictos y personas con problemas, enseñó a cantar a Rocío Jurado y fue la primera monja con carnet

Gracita Morales interpretó a la monja fallecida recientemente

Camino Católico.- La hermana Tomasa, apodada Sor Citroën, fue llevada a la pantalla por la actriz Gracita Morales en la película de 1967 dirigida por Pedro Lazaga. Una obra que se ha convertido en todo un clásico del cine español.

Impulsiva, abierta e inocente, aprendió a manejar un Citroën 2CV con el propósito de colaborar en el orfanato de niñas que atendía su congregación. Sus dificultades al volante dieron lugar a situaciones realmente divertidas.

Enseñó a cantar a Rocio Jurado

Aunque Sor Citroën pasó a la historia como un personaje de ficción, su personaje se inspiró en una monja real, María Teresa López Canabal, que falleció el pasado 31 de diciembre los 97 años. La Razón cuenta su historia.

Escena de la película del año 1967 dirigida por Pedro Lazaga

Los que la conocieron aseguran que María Teresa fue una mujer de gran corazón, siempre dispuesta a ayudar a los demás. Daniel Vigo le dedicó un artículo en 2018 en el Diario de Pontevedra que tituló "Héroes de Pontevedra: Teresa, la monja revolucionaria". En él contaba que, con solo 17 años, Teresa ingresó en la orden de las Calasancias.

Inició su labor docente en el colegio de la Divina Pastora, en Chipiona, donde llegó a enseñar canto a Rocío Jurado. Según recoge el artículo, "una de sus alumnas fue la cantante Rocío Jurado, cuyo padre, zapatero y empleado de las bodegas Rodríguez Hermanos, le enviaba cada mes un garrafón de vino dulce".

La actitud que llevó a un adicto a recuperarse

"Teresa me contó la historia de un chico que estaba enganchado a la heroína. Una mañana le sacó una navaja en los baños de la estación. Teresa le miró a los ojos y le dijo: 'Pero que me vas a hacer pobre'. El chico soltó la navaja con los ojos llorosos. Ella comenzó a invitarlo a comer todos los días en la cafetería de la estación y así pasó el tiempo, los meses, entre charla y charla, hasta que un día no volvió más. Años después, este chico regresó a la estación para verla. Iba con su mujer y una niña pequeña, su hija. Se había quitado de la droga, se había casado y tenía un trabajo. Le dijo a Teresa: 'Yo he tenido una madre porque me parió, pero usted es mi segunda madre porque me rescató'", continúa el artículo. 

Ayuda a una mujer a la que habían robado

"En otra ocasión estaba una chica sentada en un banco del andén. Pasaban las horas, los trenes y ella no entraba en ningún vagón. Al caer la noche Teresa se le acercó y le preguntó porque no cogía ningún tren. Le contó entre lágrimas que iba a Ourense. Venía de la Toja porque trabajaba como sirvienta en el chalet de una familia y al regresar paró a tomar un café en la alameda, donde le robaron el bolso. Se había quedado sin dinero y sin documentación. Teresa le compró el billete destino a Ourense y le ofreció dinero por si lo necesitaba a su llegada. A los ocho días la chica regresó al estanco para darle las gracias con una caja de bombones".

Una acción que hizo que un pintor dejara la bebida

"En la estación de trenes de Pontevedra también había un pintor de Vilagarcía que realizaba pinturas al óleo de manera magistral y exponía sus cuadros en los andenes. Tenía un problema con la bebida. Una tarde, Teresa observó como los guardias de seguridad le estaban pegando hasta que alzó la voz para detenerlos: '¡No os dais cuenta que es una persona enferma, que manera es esa de tratar a un ser humano!'. A partir de ese momento el pintor le juró a Teresa que no volvería a beber jamás y siguió pintando en la estación. El pintor meses después se marchó a Barcelona. Un año más tarde vino la madre del pintor, ya anciana, para darle las gracias a Teresa por salvar a su hijo de la bebida, porque no volvió a beber más y ahora vivía en Barcelona siendo un pintor con mucho éxito", añade Vigo.

Cartel de la película Sor Citroën

Su siguiente destino fue un colegio del barrio de Salamanca en Madrid. Allí se convirtió en la primera monja de España y una de las primeras mujeres en obtener el carné de conducir. En Asturias dio clases en la localidad de Pola de Allande y organizó una compañía de teatro. Con el dinero recaudado en las funciones, financió una excursión a Covadonga para todo el pueblo, cuyos vecinos no podían permitirse el viaje.

Desafiaba la imagen convencional de una monja. Regresó a Pontevedra y continuó su incansable ayuda a los más desfavorecidos. A punto de cumplir 90 años, Vigo la describía como "una mujer con pelo blanco, menuda, sonriente, con la mirada llena de bondad y alegría. Si la ven pasear por la calle Sagasta denle un beso y un abrazo".