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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Sonia Llauró de Ibarra tiene 12 hijos, 6 son sacerdotes y 2 monjas: «Los ejercicios espirituales de San Ignacio me cambiaron la vida, me llenaron de Dios, para después llenar a los chicos de Dios»

Sonia y su esposo, Diego Ibarra, en Argentina durante la boda de su última hija soltera. Sus hijos viajaron desde distintos lugares del mundo donde actualmente sirven y viven, entre ellos Roma, Filipinas, Estados Unidos, Bolivia y Polonia. La única ausente fue una de sus hijas, religiosa contemplativa que se encuentra en Génova, Italia / Foto - cortesía de la familia Ibarra

* «Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada. Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos… Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices»

Camino Católico.- Sonia Llauró de Ibarra tuvo 12 hijos en 20 años. Seis de ellos son sacerdotes, dos hijas religiosas, tres casados ​​y una niña que falleció cuando era pequeña. Desde la sencillez de un hogar argentino y sostenida por una profunda confianza en Dios, la vida de Sonia Llauró Ibarra se convirtió en un testimonio extraordinario de fe y entrega familiar.

Junto a su esposo, Diego Ibarra, descubrió el valor de vivir plenamente la fe católica, formando una familia marcada por la oración, el servicio y la apertura al llamado de Dios. Con el paso de los años, ese ambiente de fe dio fruto en numerosas vocaciones al servicio de la Iglesia.

Al hablar sobre tener tantos hijos e hijas consagrados a Dios, Sonia asegura con emoción: “Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos”.

Sonia nació en Buenos Aires, Argentina, en el seno de una familia católica, aunque no practicante. A los 18 años se casó con Diego Ibarra. Durante sus primeros años de matrimonio experimentó una profunda conversión espiritual al participar en los ejercicios de San Ignacio de Loyola.

A partir de ese momento, realiza los ejercicios espirituales cada año. “Los ejercicios espirituales de San Ignacio me cambiaron la vida y me di cuenta de que eran un medio muy importante para la conversión de las almas. Eran una forma de llenarme de Dios para después llenar a los chicos de Dios. Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada”, expresa.

La oración con los niños se volvió una práctica constante en el hogar de los Ibarra. Rezar el rosario en familia y participar en momentos de adoración ante el Santísimo formaban parte de su vida cotidiana. Sonia reconoció que no siempre era sencillo, pues los niños podían mostrarse inquietos, pero insistió en la importancia de que las madres los acerquen desde pequeños a la presencia de Dios en el Santísimo Sacramento.

Sonia anima a las madres a apoyar con generosidad la vocación de sus hijos cuando descubren en ellos un llamado especial de Dios. “Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices”, afirma.

Y compara la vocación con una pequeña luz que enciende una vela. “no apaguen esa pequeña llama, madres y padres de familia”, exhorta “Si su hijo les manifiesta su deseo de ir al seminario, no tengan miedo de entregarlo a Dios, sean fuertes, sean generosos, denles a sus hijos los medios para que sigan ese llamado de Dios. Yo soy una madre que sabe lo que están viviendo las madres, así que cuando venga la gracia es importante que sepan reconocerla”.

En el centro de la fotografía se encuentra una de las hijas religiosas de la familia, acompañada por sus seis hermanos sacerdotes, muchos de ellos misioneros. Actualmente sirven en distintas partes del mundo: uno estudia en Roma, dos son rectores en seminarios en Estados Unidos —en Minnesota y Washington—, y los demás están en Bolivia, Polonia y Filipinas / Foto cortesía de la familia Ibarra

En ocasiones cuando los hijos expresan a sus madres el deseo de ser sacerdotes, algunos se oponen porque consideran que son demasiado traviesos, desordenados, o incapaces de vivir con disciplina. “Quizá el chico pelea con su hermana, es distraído o inquieto”, comentó Sonia.

Sin embargo, asegura que Dios no espera niños perfectos para llamarlos. “Si fuera así, ninguno de nuestros hijos hubiera sido llamado”, añae. Explica que Dios llama a cada uno con sus propias cualidades. También señala que, al ingresar al seminario menor, los jóvenes inician un proceso de discernimiento y formación donde esa vocación puede crecer y madurar.

Después de conocer el “milagro” de las vocaciones ocurridas en el pequeño pueblo de Lu Monferrato, Sonia y un grupo de madres que tenían en común contar con hijos sacerdotes o hijas religiosas en sus familias decidieron unirse en oración de manera organizada.

Así comenzó a tomar forma un nuevo apostolado, con la ayuda de sacerdotes y se creó la página para coordinar las 40 horas de adoración, una idea magnánima que tiene como propósito volver a encender el corazón de las madres y ayudar a Dios en la salvación de las almas.

Citando a Mons. Demetrio Fernández de Córdoba (España), afirma que es necesario “crear un clima vocacional, de manera que un niño, un adolescente, un joven pueda percibir con nitidez la llamada de Dios y pueda responder sin mayores dificultades”. Lo que ocurrió en Lu Monferrato fue precisamente esa perfecta dualidad: oración y clima vocacional para dar como fruto un total de 323 sacerdotes, religiosos y religiosas.

Inspiradas en la oración que realizaba la comunidad de Lu Monferrato y adaptando el formato de adoración de las 40 horas, Sonia Ibarra y un grupo de mujeres han realizado esta adoración durante doce años de forma ininterrumpida y actualmente se ha extendido a nivel internacional.

Cada mes se realiza 40 horas de adoración los días 14, 15 y 16, en recuerdo del tiempo que Jesús permaneció en el sepulcro.

Durante esta jornada mensual de adoración, los participantes pueden dedicar una, dos o más horas de oración. Cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, puede unirse ofreciendo este tiempo por la santificación de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones a la vida consagrada.

En 2024, los participantes de las 40 Horas por las Vocaciones celebrarán 10 años de oración continua. Hoy, miles de mujeres en distintos países se unen a esta iniciativa, orando por la santidad de los sacerdotes, el incremento de las vocaciones y la fidelidad de quienes se preparan para servir a la Iglesia / Foto cortesía de Sonia Llauró de Ibarra

La página es www.40horas.org y lo único que deben hacer es un registro sencillo con su nombre y elegir la fecha y la hora en que desean participar. También lo pueden hacer uniéndose a través de la aplicación WhatsApp con el número +541551773843.

Sonia afirma que lo ideal es realizar la adoración ante el Santísimo Sacramento; Sin embargo, explicó que también puede hacerse desde casa, preparando un espacio especial de oración, encendiendo una vela o cirio y ante alguna imagen sagrada.

Añade que incluso las mujeres que dedican su tiempo al cuidado de sus hijos pequeños, de algún enfermo o que están realizando las tareas del hogar, como cocinar, pueden ofrecer ese momento al Señor como parte de su oración y entrega.

“Lo que buscamos es mover el corazón de Jesús, que espera ser enternecido por nuestra oración al pedir por el aumento de las vocaciones, así como por la santidad y perseverancia de los sacerdotes y religiosas”. Añade que Él está siempre dispuesto a conceder incluso más de lo que necesitamos.

“Pedimos bendiciones para todos los sacerdotes que atraviesan dudas, ataques y tentaciones, para que permanezcan firmes en su vocación”, expresó Sonia.

Asimismo, señala que también oran por aquellos jóvenes que han sido llamados a la vida consagrada, para que puedan superar los obstáculos y dar el paso de ingresar al seminario o al noviciado.

Sonia. Señala que el gran reto de la actualidad es que, a diferencia de la época en que llegaron los primeros misioneros a evangelizar nuestros países, las personas no conocían la fe, pero ahora están en contra de ella.

La fuerza que tiene la oración es muy importante si queremos que nuestros hijos sean santos y lo pedimos con fuerza, ellos serán grandes santos porque Dios es fiel a sus promesas y no se deja ganar en generosidad.

“Dios no solo nos ha pedido, sino que nos ha mandado orar por las vocaciones”, afirma Sonia recordando del Evangelio según San Mateo 9, 38: “Rueguen al dueño de los sembrados que envía trabajadores para su cosecha”.

Finalmente, expresa lo importante que es poner a la Virgen en un lugar muy especial dentro de su familia porque “la Virgen es todo”, dice Sonia, “es importante que consagren sus hijos a la Virgen María, y de rodillas decirle: te lo entrego para que lo hagas santo”. Eso es lo que han hecho los santos consagrase y consagrar a su familia a la Santísima Virgen, añadió.

Para los sacerdotes una recomendación especial es consagrar a la comunidad parroquial a Jesús por medio de María.

martes, 14 de julio de 2026

Katie Flanagan: «Oraba con las Escrituras y escuche la llamada de Dios: 'deberías ser monja'; trabajaba de profesora pero me acompañaban esas palabras; ante el Santísimo Sacramento acepté la voluntad de Dios y soy religiosa»

Katie Flanagan profesó sus primeros votos como religiosa de las Hermanas Salesianas en agosto de 2016 y sus votos perpetuos el 5 de agosto de 2022 / Foto: Instagram Katie Flanagan

* «Cuando me senté allí, era la primera vez en años que rezaba ante el Santísimo Sacramento y no estaba luchando internamente. Me di cuenta de que algo había cambiado. Por primera vez en años, no estaba luchando con Dios. Simplemente sentí paz. Y creo que incluso lo dije en voz alta. Sabía que sentiría paz allí donde Dios me llamara a ir. Esa paz no eliminó mis miedos, pero me dio el valor para confiar en que Dios me guiaba hacia donde encontraría mi mayor alegría. Todavía me llevó dos años más ingresar al convento, pero decir sí al llamado de Dios ha sido el mayor regalo de mi vida, la mejor decisión que he tomado en mi vida: entregarme a Dios y a su voluntad. Dios rara vez grita. Más a menudo, susurra. Si permanecemos firmes en la oración, la Eucaristía, las Escrituras y la comunidad de fe, comenzaremos a reconocer su voz. Y cuando confiamos en Él, siempre nos guiará hacia algo mucho más grande de lo que podríamos haber imaginado» 

Camino Católico.- “Si de pequeña me hubieran dicho que algún día sería religiosa, me habría reído en su cara. Crecí en una comunidad de fe muy activa en Florida, donde mi familia participaba profundamente en la vida de la Iglesia. Pero ser religiosa simplemente no era una opción que me planteara.“Creo que, de niña, a veces bromeaba diciendo que pasaba más tiempo en la parroquia de Santa Rita que en mi propia casa. Era importante para nosotros y, en general, disfruté yendo a misa”, asegura Katie Flanagan a Yes Catholic.

“Como estudiante de la Universidad de Florida, mi fe se convirtió en algo personal. Me involucré en el ministerio universitario”, dice. Como estudiante de magisterio con planes de enseñar a niños de primaria, era idealista respecto al papel de los educadores y la necesidad de que estos se centren en el desarrollo integral del niño. Supo por sus amigas que las hermanas salesianas, que dirigen escuelas católicas en todo el estado y el país, comparten esa misma visión de la educación.

Durante su orientación espiritual en su último año en la Universidad de Florida, Katie Flanagan “mientras oraba con las Escrituras, experimenté algo inesperado. De repente un pensamiento me vino a la mente un pequeño pensamiento: 'Deberías ser monja'. Recuerdo que tenía los ojos cerrados, la Biblia en la mano, y de repente abrí los ojos y pensé: '¿Quién dijo eso? ¿Quién lo oyó?'. Mi respuesta inmediata fue: `No, gracias’”.

“Tras graduarme, trabajé varios años como profesora en escuelas públicas. Amaba a mis alumnos, pero cada vez que rezaba, sentía que Dios me invitaba suavemente a considerar la vida religiosa. No era una voz fuerte ni una experiencia dramática. Era un susurro silencioso y persistente que simplemente no desaparecía”, dice Katie.

Katie Flanagan en una graduación con sus alumnos / Foto: Instagram Katie Flanagan

Habló con un amigo que había sido seminarista y que ahora es el padre Daniel Daza-Jaller, director de vocaciones de la diócesis de Palm Beach. Él la animó a visitar a algunas religiosas y descubrir si lo que sentía era una verdadera vocación. “Me animó a visitar a las Hermanas Salesianas porque las recordé de la conversación que había tenido con mis amigas de la universidad. Así que me puse en contacto con ellas, reservé un vuelo a Nueva Jersey donde está la casa madre”.

“Había algo en mí que me decía que este era un momento decisivo. Como si a partir de ahí no hubiera vuelta atrás. Pero al mismo tiempo, durante todo el viaje oraba con más fervor que nunca: ‘Dios, por favor, por favor, si me amas, por favor, permíteme llegar allí y odiarlo’. Quería odiarlo porque sabía que Dios solo nos llama a aquello que nos traerá la felicidad más profunda”, relata.

Pero en su primer día con las hermanas, mientras rezaba en su capilla, encontró la respuesta. “Cuando me senté allí, era la primera vez en años que rezaba ante el Santísimo Sacramento y no estaba luchando internamente. Me di cuenta de que algo había cambiado. Por primera vez en años, no estaba luchando con Dios. Simplemente sentí paz. Y creo que incluso lo dije en voz alta. Sabía que sentiría paz allí donde Dios me llamara a ir”.

Pero comparte que “esa paz no eliminó mis miedos, pero me dio el valor para confiar en que Dios me guiaba hacia donde encontraría mi mayor alegría. Todavía me llevó dos años más ingresar al convento, pero decir sí al llamado de Dios ha sido el mayor regalo de mi vida, la mejor decisión que he tomado en mi vida: entregarme a Dios y a su voluntad”.

Katie Flanagan con chicas en el campamento de verano / Foto: Instagram Katie Flanagan

Ni en un millón de años, si hubiera planeado mi vida, ni siquiera en la última página habría escrito: ‘Y tal vez me haga monja’. No era algo que se me hubiera pasado por la cabeza. Pero seguía apareciendo y no desaparecía. Y eso, para mí, fue una confirmación”, asegura.

Katie reflexiona sobre su camino: “Mirando hacia atrás, puedo ver que Dios me habló a través de cuatro cosas: las Sagradas Escrituras, la Virgen María, los sacramentos y las personas que puso en mi vida. Estas se convirtieron en el fundamento de mi discernimiento y siguen sosteniendo mi vocación hoy en día”.

“En el instante en que recuerdo haber escuchado la llamada de Dios, estaba rezando con un pasaje bíblico. La palabra de Dios tiene que ser fundamental en nuestras vidas, algo que debemos asimilar, meditar y leer a diario”, comparte.

“Rezar el rosario y mantener una relación más fuerte con María me otorgó la gracia de abrirme a la voluntad de Dios”, señala.

Katie Flanagan en una reunión de grupo / Foto: Instagram Katie Flanagan

Respecto a los sacramentos subraya que “comencé a ir a misa diariamente cuando estaba en pleno discernimiento y la gracia de Dios empezó a obrar en mí como consecuencia de mi cercanía con Él”.

Su comunidad de familiares y amigos marcó una gran diferencia. “Creo que crecer en la familia en la que crecí, con padres que me amaban como lo hacen, me hizo receptiva al amor de Dios desde el principio. Pero también la comunidad de fe en la que crecí en St. Rita, y los amigos con los que elegí rodearme. Todos ellos me apoyaron y me animaron, y me dieron un buen empujón un par de veces cuando lo necesitaba y estaba acobardada”.

Katie Flanagan concluye con esta reflexión: “Dios rara vez grita. Más a menudo, susurra. Si permanecemos firmes en la oración, la Eucaristía, las Escrituras y la comunidad de fe, comenzaremos a reconocer su voz. Y cuando confiamos en Él, siempre nos guiará hacia algo mucho más grande de lo que podríamos haber imaginado”.

Katie Flanagan el 10 de septiembre de 2022 cuando impartió una reflexión al grupo Magníficat en la diócesis de Palm Beach / Foto: Diócesis de Palm Beach

La hermana Flanagan profesó sus primeros votos en agosto de 2016 y sus votos perpetuos el 5 de agosto de 2022. Ha ejercido como ministra pastoral y profesora de teología en la escuela secundaria St. John Neumann en Naples, y es profesora de teología y miembro del equipo de pastoral universitaria en la escuela secundaria Immaculata-La Salle en Miami.

jueves, 21 de mayo de 2026

María Benedicta O’Brien trabajó 11 años de enfermera pediátrica y ahora es monja: «Mi vocación era casarme y tener una familia, fui a rezar en la Abadía de Santa Walburga y el Señor me dijo: ‘¿Me seguirás aquí?’»

 

La hermana María Benedicta O’Brien en el rito de su profesión solemne como monja benedictina / Foto: Grant Whitty - El Pueblo Católico

* «Me ha sorprendido, felizmente, descubrir que hacer lo que Dios me pidió me hace más feliz a un nivel mucho más profundo. San Benito dice varias veces en su Santa Regla que el monje, y también la monja, no debe ‘anteponer nada al amor de Cristo’. Para mí, eso significó sacrificar la enfermería pediátrica para entregarme completamente a Dios. Pero he descubierto que existe una profunda base de paz que nace de dejar de tratar de entenderlo todo y simplemente obedecer a Dios y descansar en su voluntad misteriosa y hermosa»

Camino Católico.- En la Abadía benedictina de Santa Walburga en Virginia Dale, en el estado de Colorado, Estados Unidos, el pasado 1 de mayo de 2026, la hermana María Benedicta O’Brien realizó su profesión solemne como religiosa asumiendo los votos de pobreza, castidad, obediencia y estabilidad en la Orden de San Benito, comprometiéndose a vivir una vocación contracultural de oración y trabajo al servicio de la Iglesia y del mundo. Ella era enfermera pediátrica, creía que su vocación era casarse y crear una familia y nunca había pensado en la vida religiosa. Esta es su historia.

Hija de la Arquidiócesis de Denver, la hermana María-Benedicta pasó su juventud en un vecindario bilingüe del noroeste de Denver, donde se hablaba tanto inglés como español. Ella y su familia asistían a la cercana Iglesia Católica Transfiguration of Our Lord Ukrainian, donde su padre trabajaba como conserje, y a la parroquia Our Lady of Mount Carmel en Littleton, donde su padre tocaba el órgano y ella cantaba en el coro.

Después de graduarse de la preparatoria, “asistí a Thomas Aquinas College en Santa Paula, California, y luego regresé a Denver después de graduarme para obtener un título en enfermería”, cuenta la hermana María-Benedicta a El Pueblo Católico. “Trabajé 11 años como enfermera, principalmente en el departamento de cardiología del Hospital Infantil de Colorado”.

La hermana María Benedicta O’Brien en el rito de su profesión solemne como monja benedictina con el obispo Steven Lopes / Foto: Grant Whitty - El Pueblo Católico

Un “sí” generoso: “obedecer lo que Dios me dijo con tanta claridad”

En el rito de la profesión solemne, la hermana María-Benedicta entró al santuario con una vela en la mano, también cantando en latín: “Y ahora te sigo con todo mi corazón: te temo y busco contemplar tu rostro: Señor, no me defraudes, sino trátame según tu bondad y la multitud de tus misericordias”.

Luego, el obispo Steven Lopes subió al ambón y predicó tanto a la hermana María-Benedicta como a los presentes sobre la virtud y el voto de la obediencia. “La obediencia es una escucha profunda. Aquí tenemos a una esposa [la hermana María-Benedicta] escuchando la voz del Esposo, Jesús. Así también, la Esposa de Cristo [la Iglesia] debe escuchar la voz del Esposo”, dijo el obispo. “La obediencia es esencial para el discipulado y edifica a la Iglesia. Cuando somos obedientes al Señor, siempre habrá alegría”.

Fue esa misma obediencia a Jesús, de la que habló el obispo Lopes, la que, con el tiempo, llevó a la hermana María-Benedicta a esta abadía y, en general, a su vocación.

“Durante mi juventud adulta tenía tan claro en mi mente que mi vocación era casarme y tener una familia que nunca me detuve a considerar la vida religiosa”, explicó la recién profesa. “Ya en mis treinta y tantos años, deseaba una intimidad más profunda con Dios, así que decidí hacer un retiro ignaciano en la vida diaria. … Durante ese tiempo de retiro, me comprometí a hacer una hora de oración todos los días y, al regresar de un viaje por carretera un fin de semana, me detuve en la Abadía de Santa Walburga para realizarla”.

Al unirse esa noche a las monjas para Completas, oración Nocturna de la Liturgia de las Horas, la oración de la Iglesia compuesta por salmos, antífonas, cánticos y lecturas bíblicas, quedó “cautivada por la belleza de su vida escondida alabando a Dios” y “sintió un profundo deseo en su corazón de regresar allí y vivir el resto de su vida como esposa de Cristo”.

Mientras continuaba discerniendo la voluntad de Dios, se esforzaba por escuchar con claridad su llamado y responder con generosidad.

“Siento que mi proceso para convertirme en monja en la abadía no ha sido tanto discernir la voluntad de Dios, sino simplemente obedecer lo que él me dijo con tanta claridad. Nuestro Señor no me dijo: ‘Quiero que seas monja en algún lugar; puedes buscar y ver qué orden se adapta mejor a tu personalidad y deseos’. ¡No! Fue más bien como si me dijera:‘¿Me seguirás aquí? Sí o no’. Sentía que, cada vez que me iba después de una breve visita a la abadía, parecía que Jesús tenía más conversación que continuar conmigo allí”, comparte la hermana María-Benedicta.

La hermana María Benedicta O’Brien en el rito de su profesión solemne como monja benedictina con la abadesa, madre María-Michael que le toma las manos / Foto: Grant Whitty - El Pueblo Católico

Un nuevo nombre

En cuanto a su nuevo nombre religioso, María-Benedicta, la hermana dijo sentirse feliz de haberlo recibido de la abadesa, madre María-Michael.

“¡Hay muchísimas razones por las que amo mi nombre! Si rezas o cantas la avemaría en latín, proclamarás: ‘Ave María … Benedicta tu in mulieribus’, es decir: ‘Dios te salve, María… bendita tú eres entre todas las mujeres’. Como Benedicta significa ‘bendita’ o ‘bendición’, pienso en cuánto me ha bendecido el Señor”, cuenta. “Pero me impresiona particularmente la definición del Catecismo de la Iglesia Católica sobre bendecir a Dios como ‘adoración y entrega al Creador en acción de gracias’. Creo que eso realmente describe un aspecto fundamental de nuestra vocación benedictina”.

Una comunidad y vocación florecientes

La hermana María-Benedicta ahora se une plena y permanentemente a su comunidad de casi 30 monjas, con más en formación, donde pasan sus días orando y trabajando (ora et labora, como expresa su carisma), en la comunidad fundada originalmente en Boulder en 1936 por monjas benedictinas que huían de la Alemania nazi. La comunidad fue elevada al rango de abadía en 1989 y las monjas se trasladaron posteriormente a Virginia Dale en 1997, donde viven actualmente. La madre María-Michael Newe ha sido abadesa desde 2003.

La hermana María Benedicta O’Brien en el rito de su profesión solemne como monja benedictina firma sus votos sobre el altar / Foto: Grant Whitty - El Pueblo Católico

Junto con sus hermanas, la hermana María-Benedicta vive una vocación escondida pero vital de servicio en la Iglesia: amar a Jesucristo primero, por encima de todo y siempre. Al mirar atrás, después de su profesión solemne, no puede evitar sentirse agradecida por su discernimiento y vocación, y anima a otros a seguir a Dios adondequiera que él los llame.

“Me ha sorprendido, felizmente, descubrir que hacer lo que Dios me pidió me hace más feliz a un nivel mucho más profundo. San Benito dice varias veces en su Santa Regla que el monje, y también la monja, no debe ‘anteponer nada al amor de Cristo’. Para mí, eso significó sacrificar la enfermería pediátrica para entregarme completamente a Dios. Pero he descubierto que existe una profunda base de paz que nace de dejar de tratar de entenderlo todo y simplemente obedecer a Dios y descansar en su voluntad misteriosa y hermosa”, concluye.

martes, 28 de abril de 2026

Sor Carine Tangirir ante el Papa en Camerún: «Fuimos secuestradas tres días y lo que mantuvo viva nuestra esperanza fue el rosario que rezamos sin cesar durante todos estos día»

La hermana Carine Tangiri Mangu contando su testimonio ante el Papa León XIV en Camerún / Foto: Vatican Media

* «Iniciamos una huelga de hambre y les explicamos a nuestros secuestradores que simplemente estábamos haciendo nuestro trabajo por los pobres y que no teníamos nada que ver con la política. Fuimos liberadas al cabo de tres días. Santo Padre, estas son las condiciones en las que muchas mujeres consagradas realizan su labor y viven en zona de guerra. Algunas han vivido experiencias más dramáticas y traumáticas, pero seguimos confiando en la ayuda de Dios y en la intercesión de la Santísima Virgen María. Contamos con sus oraciones y con su solicitud paterna»

  Video de Vatican News del testimonio de la hermana Carine Tangiri Mangu ante el Papa León XIV en Camerún 

Camino Católico.- En una región marcada por la violencia brutal de los grupos rebeldes, la Iglesia Católica sigue siendo un pilar de consuelo para la población del Noroeste de Camerún.

Así lo puso de manifiesto ante el Papa, durante el encuentro por la paz celebrado en la Catedral de San José de Bamenda el jueves 16 de abril de 2026, la hermana Carine Tangiri Mangu, religiosa de la congregación de las Hermanas de Santa Ana, que puso voz a los peligros que viven a diario las consagradas que trabajan en esta provincia eclesiástica.

Esta región del país se encuentra sumida desde 2017 en un conflicto armado ligado a las aspiraciones independentistas de la zona anglófona frente al resto del país, de mayoría francófona. Las bandas armadas siguen perpetrando ataques esporádicos, como el del 10 de abril tras unas ordenaciones sacerdotales.

A esta crisis se suma la acción violenta del grupo terrorista Boko Haram en el norte de Camerún, en la franja fronteriza con Nigeria y Chad.

Con todo, este martes los grupos rebeldes anunciaron una pausa en las hostilidades con motivo de la visita del Pontífice.

En este contexto de constante inseguridad, las religiosas desarrollan su misión en condiciones extremadamente difíciles, acompañando a los más vulnerables de comunidades profundamente heridas por la violencia. “Trabajamos entre los pobres y los indigentes, llevando no sólo ayuda material, sino también esperanza”, ha explicado la religiosa ante el Papa. 

Sin embargo, esta entrega desinteresada está plagada de riesgos. Así lo ha explicado ante el Papa León XIV la hermana Carine Tangiri Mangu:

La hermana Carine Tangiri Mangu saludando al Papa León XIV que se ha emocionado al escuchar su testimonio / Foto: Vatican Media

Nosotras las mujeres consagradas de la provincia eclesiástica de Bamenda estamos encantadas de tenerle entre nosotros. Es un gran consuelo para nosotras que trabajamos entre los pobres y los indigentes de nuestras comunidades.

Nos dedicamos principalmente al trabajo pastoral en las diócesis, al apostolado hospitalario y educativo, a las obras sociales, al apoyo psicosocial, a las personas que han sufrido traumas y a las actividades espirituales en nuestras comunidades. Su presencia aquí es un gran estímulo para nosotros que llevamos a cabo nuestro apostolado en circunstancias muy difíciles. Desde que comenzó esta crisis, realizamos nuestro trabajo con mucho miedo y una gran inseguridad.

El 14 de noviembre, mientras regresábamos de Bamenda a Elad Oku, donde enseñamos en la escuela primaria, la hermana Mediatrix y yo fuimos secuestradas por unos hombres armados cerca de Baba y llevadas al bosque donde nos mantuvieron como rehenes durante tres días y tres noches. Durante todos esos días y noches no dormimos ni comimos, nos trasladaban en moto de un lugar a otro, a veces a la una de la madrugada para evitar que nos localizaran. 

Iniciamos una huelga de hambre y les explicamos a nuestros secuestradores que simplemente estábamos haciendo nuestro trabajo por los pobres y que no teníamos nada que ver con la política.

Nos exigieron que le diéramos números de teléfono para poder pedir un rescate. Fue un momento difícil para nosotros porque además de ser trasladadas de un lugar a otro, no podíamos lavarnos ni comer o beber agua a nuestro antojo ni siquiera dormir. Lo que mantuvo viva nuestra esperanza fue el rosario que rezamos sin cesar durante todos estos días.

Fuimos liberadas al cabo de tres días. Santo Padre, estas son las condiciones en las que muchas mujeres consagradas realizan su labor y viven en zona de guerra. Algunas han vivido experiencias más dramáticas y traumáticas, pero seguimos confiando en la ayuda de Dios y en la intercesión de la Santísima Virgen María.

Contamos con sus oraciones y con su solicitud paterna. 

Hermana Carine Tangiri Mangu, religiosa de la congregación de las Hermanas de Santa Ana

jueves, 26 de marzo de 2026

Sor Anna Maria, con 106 años, 36 de monja, sirve en clausura, adora y lleva el Evangelio a YouTube: «Esperé bastante antes de cumplir la voluntad de Dios, pero cuando es Dios quien quiere algo, se logrará siempre»


Sor Anna María del Sagrado Corazón / Foto: Adoratrici Perpetue Seregno

* «Jesús me pide continuamente amar al prójimo… Hay que tener mucha confianza, mucha fe, mucha esperanza y mucha paciencia. Mi abuelo nos decía que es la fidelidad la que nos mantiene jóvenes, y que es necesario mantener los ojos y el alma abiertos a lo bello, a lo bueno y a lo verdadero; así se tendrá una vejez serena. El amor mantiene joven el corazón… La vida es Cristo, camino, verdad y vida»

Camino Católico.- Sor Anna María del Sagrado Corazón, una religiosa italiana, cumplió 106 años el 14 de marzo en su monasterio en Seregno, cerca de Milán, donde continúa sirviendo a sus hermanas enfermas y compartiendo reflexiones sobre el Evangelio incluso a través de YouTube.

Sr. Annamaria ha reso lode a Dio e a tutti coloro che l'hanno accompagnata con la preghiera e hanno partecipato all Santa Messa di ringraziamento per i suoi 106 anni. pic.twitter.com/bCxJeRBWMm

Lúcida “en pensamiento y palabra” y con 36 años de vida en clausura, la religiosa —cuyo nombre civil es Anna Perfumo— pertenece a las Adoratrices del Santísimo Sacramento, según informó el diario italiano Il Giorno.  A pesar de su avanzada edad, sigue participando diariamente en la adoración eucarística, incluso durante la noche, y colabora en la enfermería del monasterio cuidando a religiosas ancianas o enfermas.

La celebración de su cumpleaños se realizó con una Misa de acción de gracias y un encuentro con familiares, vivido a través de las rejas de la clausura, donde sor Anna Maria permanece dedicada a la oración.

“Lo hago, como muchas otras cosas, por amor a Jesús, que me pide continuamente amar al prójimo”, afirma la religiosa en un video compartido por su comunidad.

“Los años son muchos, pero el corazón… con paciencia se cumplirá la voluntad de Dios. Recen por mí, y yo los recordaré siempre, en la tierra y en el cielo”, añade.

Carissim: quello che Dio vuole per noi, lo compie. Buon Pomeriggio! pic.twitter.com/KHUfjcUzFO

Según recoge Il Giorno, la vida de la religiosa estuvo marcada desde el inicio por dificultades. A los cuatro meses de nacida sufrió bronconeumonía —entonces prácticamente mortal— y, a los cuatro años, escorbuto, una enfermedad incurable en esa época. “El médico le dijo a mi madre: ‘Mañana no volveré porque la niña estará muerta’. Y sané milagrosamente”, recuerda.

Antes de ingresar al monasterio, trabajó durante años como institutriz y docente con niños, además de servir a personas necesitadas y a sacerdotes ancianos y enfermos. Sin embargo, siempre mantuvo en su corazón el deseo de consagrarse a Dios en la vida contemplativa.

Ese anhelo se concretó recién a los 70 años, tras la muerte de su madre. Luego de varios intentos, fue admitida en el monasterio de las Adoratrices en Génova, desde donde sería trasladada años más tarde a Seregno, donde vive actualmente.

En el video, Sor Anna Maria agradeció las muestras de cariño recibidas y comentó su vocación tardía: “Es verdad, tuve que esperar bastante antes de cumplir la voluntad de Dios, pero cuando es Dios quien quiere algo, se logrará siempre. Por eso hay que tener mucha confianza, mucha fe, mucha esperanza y mucha paciencia”.

En su mensaje, la religiosa también compartió una reflexión sobre el paso del tiempo y la fidelidad: “Mi abuelo nos decía que es la fidelidad la que nos mantiene jóvenes, y que es necesario mantener los ojos y el alma abiertos a lo bello, a lo bueno y a lo verdadero; así se tendrá una vejez serena. El amor mantiene joven el corazón”.

Finalmente, dirigió un saludo con ocasión de la Pascua: “La vida es Cristo, camino, verdad y vida. Que el Señor les conceda la paz y la alegría… también la paz entre los pueblos, para la fraternidad entre las naciones”.

Las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento son una orden contemplativa femenina de clausura cuyo centro es la adoración continua de Jesucristo en la Eucaristía. Su misión es interceder por la Iglesia y el mundo desde el silencio del monasterio, ofreciendo su vida como una oración constante. 

La congregación fue fundada en 1807 en Roma por la beata María Magdalena de la Encarnación (Caterina Sordini), quien impulsó un carisma centrado profundamente en la adoración eucarística.