Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

Mostrando entradas con la etiqueta llamada de Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta llamada de Dios. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de julio de 2026

Samuel Brice Higginbotham: «Hacía tiempo que no me confesaba y en el acto de arrepentimiento, abrí mi corazón a Dios, y algo cambió en mí; me encontré con Jesús, mi vida tomó un nuevo rumbo y soy sacerdote»

Samuel Brice Higginbotham ha llegado a ser sacerdote después de una acción profunda de la gracia de Dios en una confesión

* «Huí de la llamada a ser sacerdote durante unos doce años. Hasta que participé en un retiro para jóvenes adultos al comienzo de la Cuaresma de 2009. Me arrodillé ante el Santísimo Sacramento... muchas veces... y entonces supe que Jesús se encargaría de todo lo que estaba dejando atrás, y seguí su llamada para someter mi discernimiento al de la Iglesia»

Camino Católico.- Como cada creatura es irrepetible al ser querida por el amor de Dios, así también de particular y trascendente es la experiencia de Dios de cada ser humano. Para Samuel Brice Higginbotham ese momento de encuentro llegaría cuando era apenas un adolescente.

Nació y creció Brice en Lusiana (U.S.A.), una tierra donde se fusionan las culturas francesa, española, alemana, africana y nativa, conocida como 'cultura Cajún'. Allí en Church Point, un pequeño pueblo de la pradera, vino a la vida. 

De pequeño siempre fue un "buen chico", según él mismo testimonia en el portal Yes Catholic... "Intentaba hacer lo correcto porque era lo correcto, pero no puedo decir que hubiera conocido a Jesús «cara a cara», como decía la Madre Teresa, hasta que viví una experiencia en la confesión durante el instituto".

El suceso ocurrió al finalizar su primer curso de bachillerato. Había pasado bastante tiempo desde su última confesión y sin duda la necesitaba. De hecho, un buen amigo, preocupado por el rumbo que estaba tomando Brice en su vida, le planteó sin rodeos que bien haría en ir al sacramento de la Reconciliación. 

“Hacía tiempo que no me confesaba nada, sin duda lo necesitaba, y un amigo me lo había dicho sin rodeos.  Así que el sábado por la tarde me dirigí a la iglesia, confesé mis pecados, recibí una penitencia sencilla y Dios me perdonó mediante el ministerio del sacerdote (véase Juan 20:23). Ah, lo recuerdo muy bien.No hubo fuegos artificiales; no hubo sabios consejos; simplemente hubo mi arrepentimiento y la gracia del Sacramento. Fue muy sencillo. Pero en el acto de arrepentimiento, la gracia de Dios se hizo presente, o mejor dicho... En el acto de arrepentimiento, abrí mi corazón para recibir la gracia de Dios que Él siempre había querido darme, y algo cambió en mí. Sí, algo cambió en ese encuentro. Ese día me encontré con Jesús «cara a cara» y mi vida tomó un nuevo rumbo. No había terminado. Aún no era un santo. (Y sigo sin serlo, por supuesto). Pero iba por el buen camino”, comparte.

Samuel Brice Higginbotham poco después de su conversión

Al poco tiempo, Brice comenzó a asistir al estudio bíblico semanal. Luego sintió la necesidad de entrar de forma regular a la iglesia, de camino a casa desde el colegio, para rezar. También por entonces surgió su gusto por asistir a misa más veces que solo los domingos. "El Señor estaba paso a paso, despacio, pero con seguridad, y con muchos tropiezos de mi parte, cambiando mi vida, atrayéndome hacia el cielo. ¡En su gran misericordia, sigue haciéndolo!"

Brice confidencia que había sentido por primera vez el deseo de ser sacerdote cuando tenía seis años, mientras veía a su párroco celebrar la misa un miércoles en su escuela primaria. Pero “huí de esa llamada a ser sacerdote durante unos doce años. Hasta que participé en un retiro para jóvenes adultos al comienzo de la Cuaresma de 2009. Me arrodillé ante el Santísimo Sacramento... muchas veces... y entonces supe que Jesús se encargaría de todo lo que estaba dejando atrás, y seguí su llamada para someter mi discernimiento al de la Iglesia".

En 2009, al ingresar en el seminario, Dios le llevó a la diócesis que se asienta en los pantanos cajunes de Houma-Thibodaux. Posteriormente, tras ocho años de formación, fue ordenado sacerdote de Jesucristo el 3 de junio de 2017 en la Concatedral de St. Joseph, en Thibodaux, Luisiana.

Padre Samuel Brice Higginbotham 

Luego de tres años de estudios en Roma obtuvo su doctorado en Sagradas Escrituras y regresó a Luisiana en el verano de 2024 para servir a Cristo pastoreando al pueblo de Dios en la parroquia Our Lady of Prompt Succor en Chackbay.

sábado, 25 de julio de 2026

João Victor Corrêa: «Trabajaba como médico residente, durante el Covid crecí en mi intimidad con Dios, sentí la llamada a ser cura, dejé a mi novia y al terminar la residencia entré en el Seminario»

João Victor Corrêa es médico pero al sentir la llamada del Señor optó por responder y ser sacerdote

* «Las gracias que recibe un sacerdote, los frutos de su ministerio, la eficacia de su predicación y de toda su labor pastoral no provienen únicamente de su esfuerzo, sino de su correspondencia a la gracia de Dios. En definitiva, Dios es quien realiza la obra. Nosotros solo somos sus instrumentos. Hay que seguir el camino que Dios vaya indicando, escuchar y conocer la voz de sus ovejas, protegerlas con la propia vida y amarlas. En el fondo, no hay mucho que inventar: se trata simplemente de seguir los pasos de Cristo»

Vídeo del testimonio de João Victor Corrêa Maiolino de la Fundación CARF

Camino Católico.- Había terminado la dura carrera de medicina cuando en 2020, durante el Covid, João Victor Corrêa Maiolino, comenzó a dedicar más tiempo a la oración. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, relata a la Fundación CARF este seminarista de 31 años de la Archidiócesis de Río de Janeiro, (Brasil). Lleva un año viviendo en España en el Seminario Internacional Bidasoa. En su testimonio, João Victor nos da las claves para aplicar la medicina en el acompañamiento y curación espiritual de las almas. 

Una familia sencilla 

João Victor Corrêa Maiolino es natural de la ciudad de Campos dos Goytacazes, en el estado de Río de Janeiro. Proviene de una familia muy sencilla. Su padre (Francisco Vicente), médico de profesión, pasaba un poco más de tiempo fuera de casa, pero se hacía presente de su modo discreto y observador. Su madre (Rosane), es profesora y aplicaba sus conocimientos de pedagogía en la formación de él y sus dos hermanos mayores: Thiago y su hermana Lívia. “Soy el más pequeño, aunque en estatura no lo sea”, comenta sonriente. 

“Mi familia no tiene una fuerte tradición católica. Todos hemos sido bautizados, pero solo mi hermano y yo vivimos la fe de manera concreta. Mi padre vive la fe de un modo más discreto y normalmente participa en la Santa Misa con ocasión de una Misa de difuntos, una boda o alguna otra celebración familiar. Mi mamá y mi hermana practican otra religión, el espiritismo kardecista”, explica. 

Sin embargo, aunque sus padres no vivan la fe católica, eligieron un colegio católico de los Salesianos para su educación. Y en la convivencia familiar, con momentos de alegría y diversión, su madre siempre les obligaba a reconciliarse en las discusiones entre hermanos. 

La importancia del deporte en su formación personal 

La adolescencia es una etapa de cambios y rebeldías, pero João Victor la vivió tranquila. Sus preocupaciones estaban mucho más relacionadas con el deporte que con cualquier otra cosa. “Lo que me apasionaba era jugar al baloncesto. No me gustaba estudiar, aprobaba y ya está. Sin embargo, practiqué baloncesto a un alto nivel hasta el punto de mudarme a Río de Janeiro, con 16 años, para jugar en el club Fluminense”, relata. 

Esta experiencia deportiva ayudó a João Victor muchísimo en su formación personal, pues le permitió desarrollar habilidades muy importantes, como el trabajo en equipo, la disciplina y la capacidad de prepararse para grandes desafíos bajo presión. Sin embargo, no continuó con su carrera deportiva porque sufrió varias lesiones y, a los 17 años, tuvo que elegir entre baloncesto y estudiar en la universidad. Y optó por los estudios.

João Victor Corrêa con su familia

Los duros seis años de medicina  

“Elegí Medicina. Como es una carrera muy competitiva en Brasil, tuve que estudiar muchísimo para conseguir una plaza, teniendo en cuenta que hasta entonces nunca había estudiado tanto. Al final necesité dos años de curso preparatorio para lograrlo y, con 19 años, ingresé en la facultad”, recuerda el joven brasileño. 

Tras seis años de carrera, comenzó a ejercer como médico residente. Tenía una novia y su vida iba muy bien. 

La vocación sacerdotal vino con la pandemia 

Sin embargo, durante la pandemia, en 2020, João Victor comenzó a dedicar más tiempo a la oración y, conforme fue siendo posible, también a la vida sacramental. 

Recuerda los momentos íntimos con Dios de aquella época: “Poco a poco fui creciendo muchísimo en mi intimidad con Dios y cada vez me acercaba más a Él. Hasta que, en un determinado momento, surgió una pregunta nueva en mi corazón: ¿Por qué no ser cura? Mi primera reacción fue rechazar esa idea de inmediato. Pero no funcionó. La pregunta volvía una y otra vez, hasta que decidí afrontarla de frente. Lo compartí con mi párroco y, en el proceso de discernimiento, terminé mi noviazgo y opté por tomar en serio esta llamada”.

Durante dos años, mientras João Victor realizaba la residencia en Medicina de Familia y Comunidad, discernió su vocación sacerdotal. Como la residencia era en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), vivía en Río y allí participó en los encuentros vocacionales de la Archidiócesis. Poco a poco las puertas se iban abriendo, aunque no sin esfuerzo y valentía. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, sentencia. 

João Victor Corrêa, el primero por la izquierda, en el camino de Santiago 

El primer seminarista de Río en Bidasoa 

Así, en 2024 comenzó su formación como seminarista en el Seminario Propedéutico de la Arquidiócesis de Río de Janeiro y, a principios de 2025, tuvo la oportunidad de venir a estudiar al Seminario Bidasoa para continuar su formación. Lleva cerca de un año en España, “donde me encuentro muy a gusto”, señala. 

Cuando recibió la invitación para estudiar en Pamplona sintió una mezcla de sentimientos: sorpresa, alegría, miedo, incertidumbre, gratitud y muchos otros. “Fue algo muy inusual, porque fui el primer seminarista de la Archidiócesis de Río de Janeiro en venir a Bidasoa para cursar el primer año de Filosofía. Hasta entonces, todos los demás habían venido únicamente para comenzar los estudios de Teología. Para mí, esta oportunidad ha sido una gran gracia de Dios”.

El sacerdote que quiere llegar a ser: médico de almas 

Tras su formación en España, volverá a Brasil a recibir la ordenación sacerdotal. Y surgen preguntas inevitables: “¿Cómo anunciar a Cristo a las personas en nuestros días? ¿Qué tipo de sacerdote quiero llegar a ser?”. 

João Victor da algunas claves, equiparando la medicina con el sacerdocio: “Creo que el sacerdote, al igual que los médicos, necesita desarrollar muchas habilidades. No solo una buena formación teórica, sino también una gran sensibilidad en el trato humano, capacidad de observación, sentido pastoral y cercanía con las personas que Dios le ha confiado”. 

Pero por encima de todo, asegura que el sacerdote es un hombre de oración. “Las gracias que recibe, los frutos de su ministerio, la eficacia de su predicación y de toda su labor pastoral no provienen únicamente de su esfuerzo, sino de su correspondencia a la gracia de Dios. En definitiva, Dios es quien realiza la obra. Nosotros solo somos sus instrumentos”. 

Por eso, para llegar al corazón de las personas, ya sean los jóvenes o quienes están más alejados de Dios, es necesaria una vida de oración. “Hay que seguir el camino que Dios vaya indicando, escuchar y conocer la voz de sus ovejas, protegerlas con la propia vida y amarlas. En el fondo, no hay mucho que inventar: se trata simplemente de seguir los pasos de Cristo”, concluye este seminarista brasileño. 

La experiencia de João Victor refleja un proceso que viven muchos jóvenes cuando comienzan a plantearse una posible vocación sacerdotal. La llamada de Dios no suele manifestarse de forma extraordinaria. Con frecuencia nace en lo cotidiano: una vida de oración más intensa, el acompañamiento de un sacerdote, la participación en los sacramentos o el deseo creciente de entregar la vida al servicio de los demás.

jueves, 23 de julio de 2026

Senad Mrkaljevic, 41 años, exrefugiado musulmán que escapó de la guerra en Bosnia, ha sido ordenado sacerdote: «Muchas personas temen que la fe les quite algo; mi experiencia es que Dios me da mucho más»

A la izquierda de imagen Senad Mrkaljevic, de 41 años, posando con la alegría de haber sido ordenado sacerdote / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

* «Fue todo un reto para mí entrar en una Iglesia Católica. Me preguntaba: '¿Está bien lo que estás haciendo?' Al principio, lo hacía a escondidas. En aquel entonces vivía con mi hermano mayor. Cuando volvía de la iglesia, él todavía estaba dormido. No quería llevar una doble vida y por eso me bauticé. Mi conversión y mi decisión de ser sacerdote fueron reconocidas por mi familia musulmana en Bosnia y también por mis hermanos»

Camino Católico.- Un hombre que llegó a Alemania como refugiado tras huir de la guerra en Bosnia y Herzegovina ha sido ordenado sacerdote católico, convirtiéndose en un caso excepcional en el país por haber nacido en una familia musulmana y abrazado el cristianismo en la edad adulta. Según informa Katholisch.de, el sitio de noticias de la Iglesia Católica en Alemania, Senad Mrkaljevic, de 41 años, ha recibido la ordenación sacerdotal hace unas semanas de manos del Arzobispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, en la Catedral de Santa Eduvigis.

“Muchas personas temen que la fe les quite algo. Mi experiencia es exactamente la contraria: Dios me da mucho más. Eso es lo que quiero transmitir a los demás”, afirma el nuevo sacerdote.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, en el momento de ser ordenado sacerdote por el Arzobispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, en la Catedral de Santa Eduvigis / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Nacido en 1984 en Brčko, en la entonces Yugoslavia, Mrkaljevic creció en una familia musulmana, donde la religión no ocupaba un lugar central.

“Católicos, ortodoxos y musulmanes vivían entonces pacíficamente unos con otros. De niño, vi una ceremonia cristiana ortodoxa en la televisión de nuestros vecinos serbios y exclamé: “¡Quiero ser imán!”. El vecino me contestó a modo de broma: “Mejor hazte pape” —que es como llaman allí al sacerdote católico—. En aquel momento nos reímos juntos; unos años más tarde, cuando estalló la guerra de los Balcanes, esa hermandad ya no habría sido posible”, recuerda.

Sin embargo, el estallido de la guerra en Bosnia en 1992 obligó a su familia a refugiarse primero en Austria y luego en Alemania.

“Cuando era niño fue difícil comprender lo que significaba huir y, en Alemania, rápidamente me sentí un extraño”, relata.

A estas dificultades se sumó una discapacidad visual congénita, que hizo más compleja que se integre en el colegio.

Su camino hacia la fe católica comenzó tiempo después. A los 23 años empezó a leer la Biblia y visitaba en secreto la iglesia cada domingo por la mañana. La primera vez que entró a un templo tuvo miedo. “Fue todo un reto para mí entrar allí. Me preguntaba: '¿Está bien lo que estás haciendo?' Al principio, lo hacía a escondidas. En aquel entonces vivía con mi hermano mayor. Cuando volvía de la iglesia, él todavía estaba dormido”, recuerda.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, con su familia después de su ordenación sacerdotal / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Con el tiempo descubrió que no quería ocultarse más. “No quería llevar una doble vida”, explica. En 2009 recibió el bautismo durante la Vigilia Pascual, una decisión que al principio fue difícil para su familia.

“Para mi madre fue un problema. Intentó hacerme cambiar de opinión”, cuenta. Aun así, decidió seguir adelante.

Estudiando en una escuela nocturna para adultos, Senad logró recuperar los estudios: terminó la educación secundaria y luego obtuvo el Bachillerato Tecnológico. Después, completó una formación profesional en administración dentro de una empresa de asistencia médica a domicilio. Durante todo ese tiempo, su fe seguía madurando: quería ser sacerdote.

«Estuve dándole vueltas durante mucho tiempo a si este podría ser mi camino», explica. Tenía claro que debía mantener el contacto con su madre, quien seguía rechazando su decisión. «Sabía que, para mi salud mental y espiritual, romper la relación con ella habría sido destructivo. Mi camino no habría terminado bien».

Comenzó a estudiar Teología en Sankt Lambert, un seminario alemán muy conocido por especializarse en «vocaciones tardías» (adultos que deciden ordenarse tras haber tenido carreras civiles). Se graduó en 2023. Asegura que —«con la ayuda de Dios»— luchó contra todos los obstáculos del sistema educativo: rendirse no era una opción. «Esto es algo que, en mi labor actual, también quiero transmitir a los demás», afirma.

En 2023, fue destinado como diácono y luego como capellán a la parroquia Santa Edith Stein, en el distrito berlinés de Neukölln, donde reside una importante población musulmana.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, en el centro, presidiendo una Misa / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Mrkaljevic considera que, gracias a su historia, puede convertirse en un constructor de puentes entre cristianos y musulmanes”.

También destaca que, con el paso del tiempo, su decisión fue recibida con respeto por sus seres queridos. “Mi conversión y mi decisión de ser sacerdote fueron reconocidas por mi familia musulmana en Bosnia y también por mis hermanos”, afirma. Su madre incluso asistió a su ordenación sacerdotal.

Mirando hacia su nuevo ministerio, Mrkaljevic expresa su deseo de acompañar espiritualmente “a las personas y anunciar la Buena Nueva”.

“Nunca es en vano, por pocos que seamos. Yo mismo he experimentado cuánto me ha enriquecido y eso es lo que quiero compartir con los demás”, concluye.

lunes, 20 de julio de 2026

Néstor Noel Carrillo González, 32 años, religioso Pasionista: «Dios me regaló una familia de fe, de Iglesia. pero fue al recibir la Confirmación que quise dar mi vida a Dios, que ha hecho camino conmigo, y seré sacerdote»

Néstor Noel Carrillo González será ordenado sacerdote después de un largo camino de compromiso con el Señor como religioso Pasionista / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

* «Animar a los jóvenes primero a encontrar a Jesús, que es el mejor amigo, el amigo que nunca falla, el amigo que siempre está en las buenas y en las malas. Lo digo por carne propia porque en la vida a veces encontramos personas buenísimas. Son regalos de Dios, sí, pero así como vienen, así van y así vienen. Pero hay un amigo que siempre permanece ahí, que rompe esos tiempos del pasado, presente y futuro, Él siempre va a estar ahí contigo, se llama Jesús. Y yo te invito que si tienes algún llamado, consideras que Dios te está llamando al servicio de la Iglesia, ya sea a la vida religiosa, ya sea a la vida diocesana, pues que te atrevas, que seas un atrevido a decir ese «sí». Sírvele al Señor porque la Iglesia y Dios te necesitan, porque eres importante para este mundo y para la Iglesia. Necesitamos de ti. No te cohíbas»

Camino Católico.- Néstor Noel Carrillo González es religioso pasionista y diácono de la Iglesia católica. Nació hace 32 años en Panamá y actualmente sirve pastoralmente y trabaja como profesor de religión en el Colegio San Gabriel, centro educativo pasionista fundado hace 58 años en Alcalá de Henares.

Antes de llegar a la ciudad complutense, Néstor realizó misiones en lugares como la Selva Amazónica del Perú, en Ecuador o El Salvador; desarrolló su formación de aspirantado en Panamá y sus estudios de filosofía en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Posteriormente hizo su noviciado en Daimiel, Ciudad Real, a donde llegó en 2019; y realizó estudios teológicos en la Universidad San Buenaventura, en Bogotá, Colombia.

En septiembre de 2023 fue ordenado diácono en el colegio San Gabriel por Mons. Antonio Prieto Lucena, obispo de la Diócesis de Alcalá de Henares. El próximo 25 de julio de 2026 será ordenado sacerdote en Panamá por Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá. Da su testimonio de fe y conversión en una entrevista en el portal de la diócesis de Alcalá de Henares.

– ¿Qué es la congregación pasionista?

– Nuestra congregación se llama «La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo», fundada en 1720 por el religioso San Pablo de la Cruz, el primer pasionista, el máximo místico del siglo XVIII. Y nuestro principal carisma es anunciar, vivir y predicar la Pasión de Jesucristo como mayor obra de amor de Dios hacia la humanidad.

– ¿Cuándo te llamó Dios?

Fue secuencial. La fe se cultiva y se vive en la experiencia familiar. Y en mi caso, Dios me regaló una familia de fe, de Iglesia. Desde que tengo conciencia he asistido con ellos a la Eucaristía. Creo que ese es un gran comienzo, un gran paso, la semillita de la fe y de la vocación. Gracias a ello hice mis sacramentos de la primera Comunión, la Confirmación… Pero no fue específicamente hasta que hice mis sacramentos de la Confirmación en Panamá, en la parroquia San Nicolás de Bari -comunidad Pasionista- que tengo ese acercamiento de dar mi vida a Dios por medio de esta congregación pasionista.

Anhelaba ser sacerdote, anhelaba también ser profesor y también ser psicólogo. Y hoy en día pues llevo casi esos tres momentos. Actualmente estoy aspirando a continuar con los estudios de Psicología.

Dios hace camino y creo que ha hecho camino conmigo durante todos esos años. Se fue cultivando desde la infancia, fortaleciéndose en el sacramento de la Confirmación y dando ese sí definitivo cuando tenía 21 años.

– ¿Por qué llevas el hábito religioso cuando algunas veces, hoy en día, no es habitual?

– San Pablo de la Cruz, que fue el primer pasionista, en 1720 viste con una túnica negra que para él representaba el hacer luto por la Pasión. En su época, él enfatizaba que los principales males que hay en la sociedad en ese entorno, en ese siglo, es porque el ser humano ha abandonado la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Porque si somos conscientes de que hubo alguien que se entregó por amor a nosotros, el ser humano no haría daño a su prójimo, a su hermano. Y es una frase que incluso hoy en día, en pleno siglo XXI, en 2026, sigue estando vigente. Entonces, nosotros hacemos memoria de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con el hábito de hacer luto por la Pasión. El recordar -si hay alguien que se ha olvidado de ese amor total- que principal compromiso y responsabilidad de los pasionistas es hacer memoria y demostrar a la humanidad y a nuestra Iglesia que el Señor se entregó en la cruz por amor.

Néstor Noel Carrillo González lleva su hábito de religioso Pasionista en el que su elemento principal es el escudo de la pasión de Jesucristo / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– Y el hábito negro tiene algunos signos…

– Tiene principalmente el escudo de la Pasión, el escudo que se da cuando se realiza la profesión temporal. Es un signo en forma de corazón que en sí es negro, porque negro es el pecado de la humanidad. Pero aún así, sobre ese corazón negro está puesto un corazón blanco, que es la misericordia de Dios, que todo lo perdona, lo purifica y lo transforma. Hay unas letras en griego y en latín, y el Crismón.

Nuestro fundador, San Pablo de la Cruz, siempre recalcaba que la Pasión de Jesucristo «esté siempre grabada en vuestros corazones». Entonces, vemos que Jesús, escrito en latín y en griego, no solamente es para Occidente ni Oriente, sino es un Jesús para toda la humanidad, a nivel universal. En el escudo hay también tres clavos, que representan los de la crucifixión del Señor.

Tenemos también una cruz, instrumento de salvación, signo de salvación. Es el Señor que nos redime y entrega su vida en una cruz. Pero también es una cruz blanca que evoca a la resurrección, a la luz, a la vida eterna. Y esa es la misión del pasionista, acompañar hoy en día a los crucificados. Pero no solamente el estar ahí, sino acompañarles en ese proceso para que ellos puedan descubrir la vida, descubrir que todo problema y toda situación difícil tiene solución.

Y arriba de la cruz hay como una especie de trébol que representa Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Santísima Trinidad es Dios en su totalidad, que se crucifica por amor. Pero también está lo que es la pasión, la muerte, la resurrección, ese triduo pascual. Es una catequesis.

Llevamos el Rosario también. En principio no formaba parte del hábito pasionista, sino que años después, la orden dominica le regala el Rosario primitivo a la congregación pasionista.

– ¿Qué significa para ti el Colegio San Gabriel, de Alcalá de Henares, en el que das clases de religión?

Es la cuna en la cual muchos chicos y jóvenes de Alcalá han pasado. Hemos tratado, nosotros como religiosos, de transmitir con amor el carisma de la congregación. Pero también transmitir los valores humanos, que al fin también son cristianos. Nosotros, como congregación en la Diócesis de Alcalá, hemos acompañado a la familia a descubrir ese amor de Jesús crucificado, pero también a demostrar y a compartir esos valores para que los jóvenes lo pongan en práctica en esta sociedad, por medio de sus actitudes, por medio de la manera de expresarse.

Cada chico que sale del colegio se nota que es del Colegio San Gabriel, por esos valores que le hemos transmitido. Y lo hemos hecho con servicio, con amor total, como esa ofrenda que nosotros hacemos hacia la diócesis y hacia estas tierras.

Néstor Noel Carrillo González da clases de religión en el Colegio San Gabriel, de Alcalá de Henares, de los Pasionistas / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– ¿Y has elegido ya un lema sacerdotal?

– El sábado 25 de julio me ordeno sacerdote en Panamá. Mi lema es «Salve María, Mater Misericordiae». Yo creo que los sacerdotes son los hijos predilectos, en sintonía desde el crucificado, cuando dice a Juan, el discípulo amado, que «ahí está tu madre». Y es el mejor legado, que nuestro Señor desde la cruz nos concedió a María como nuestra madre.

Por eso he querido recalcar a María como parte de mi vida, como parte de mi vocación. Yo me considero una persona muy mariana. Nuestra tierra, Panamá, es muy mariana. Tenemos una advocación que nació aquí en España, en Sevilla, Santa María la Antigua. Es la primera advocación mariana en esa época, en 1510, a todas esas tierras americanas. Es patrona de Panamá y le tengo mucho cariño, tanto así que mi apellido religioso es «de Santa María la Antigua». Soy Néstor de Santa María la Antigua.

Mi lema sacerdotal es «Madre misericordia» porque considero que es la mejor modelo y maestra de cómo compartir y transmitir misericordia, es la madre de aquel buen Maestro, que nos lo enseña siempre.

– ¿Qué personas te han acompañado en tu discernimiento vocacional?

– El primer pasionista que conozco fue el párroco de mi pueblo. Donde me crie está la presencia pasionista. El primer pasionista -un español- que se llama Eusebio García fue el primer pasionista que conocí. Fue en un momento muy crítico en mi vida en el cual mi papá le diagnosticaron cáncer. Yo tenía siete años. Estaba muy grave, con cáncer entre los pulmones y el corazón. Conocí a un pasionista que llegó al hospital para darle la unción de enfermos.

Años más tarde, cosa de la vida, empecé de lleno a familiarizarme con la parroquia. Me hice monaguillo de aquel sacerdote que acompañó a mi padre en ese proceso -que gracias a Dios mi papá está vivo-, su presencia fue un consuelo, un consuelo de esa presencia de Dios en medio de ese dolor. Le considero como mi padre en la fe: Eusebio García.

– ¿Y algunos santos que tengas como referentes en ese discernimiento?

– Soy pasionista… San Pablo de la Cruz, que, a los 19 años, también quería servir al Señor pero no sabía cómo. Él quería ser mártir, quería pertenecer a la Guardia Suiza para defender al Papa, porque en esa época del siglo XVIII había muchas dificultades también. El Señor le fue acompañando a él en su vocación. Primero con ese enamoramiento de entregar su vida total al Señor Crucificado, a ser fundador, cosa que no tenía muy clara. Pero en el transcurso de los días, se iba aclarando. Algo que me llama de él es su perseverancia en la fundación de la congregación. Luchó y sufrió muchísimo pero su mejor amigo siempre fue el Señor. Fue muy mariano también. Siempre fue buen hijo de María Dolorosa, que es la patrona de la congregación.

También está el Beato Pío Campidelli, con el que me siento muy relacionado porque fue como mi compañero desde que inicié la etapa de aspirantado. Conocí su historia y me cautivó porque era un chico sencillo, humilde, de pueblo, que hacía todo lo posible para asistir a las Eucaristías dominicalmente. Era muy devoto de Jesús Eucaristía y de María Santísima.

Y hay muchos otros santos también como San Juan Pablo II, por su actitud misericordiosa, pero también la verdad hacia adelante. Y San Nicolás de Bari, cómo no. Yo soy muy devoto de San Nicolás de Bari, que se celebra el 6 de diciembre y es patrono de los marineros y de los niños. Es el patrón de mi pueblo. Yo vengo de un distrito que se llama Arraiján y él es el patrono del pueblo y titular de la parroquia donde está la presencia pasionista. Considero que él es mi amigo de santidad desde mi infancia.

– ¿Y qué significa ser religioso y sacerdote al mismo tiempo?

– Ser religioso es una consagración más de cerca porque la primera consagración la hacemos todos por medio del Bautismo. Ese sí afirmativo de acercarnos más, de entregar nuestra vida en su totalidad, en ese sí es a través de unos votos… Yo soy religioso porque vivo un carisma, que es el amor de Jesús Crucificado en la cruz. Y lo vivo tratando de vivir esos consejos evangélicos que es la pobreza, la castidad y la obediencia, y un cuarto voto de nosotros los pasionistas que es hacer memoria de la Pasión.

Yo vivo mi fe y vivo mi vocación no individualmente, la vivo con otro compañero, un compañero que no decidí, pero en el camino de la vida Dios me lo ha puesto como hermano de Iglesia, hermano de comunidad.

Y ser sacerdote es una consagración, una consagración como religioso a ese sí a vivir en comunidad, que va vinculado al sacerdocio. Ya entramos en lo ministerial, al servicio, ya no de la congregación sino al servicio a la Iglesia universal. Es el instrumento del Señor para poder compartir los sacramentos. Hoy en día hay muchas personas que sufren, que desconocen de Dios, que no conocen ese rostro misericordioso. Creo que como religioso y como sacerdote somos ese rostro visible de Cristo y de la Iglesia hacia ellos.

– Y ya como diácono has podido celebrar algún sacramento…

– El año pasado, el 7 de diciembre lo tengo muy presente. Casé aquí en Alcalá de Henares a una familia de Valencia, en la capilla de San Ildefonso. Fue emocionante, todavía tengo muy buena relación con ellos, nos seguimos escribiendo y ellos me piden consejo. Al parecer la reflexión que les di, la homilía les sirvió mucho. Ellos me escriben constantemente, me tienen siempre presente, y yo también les tengo presente por medio de la oración. Es la única manera de estar juntos, de apoyarnos. Y ese fue el pacto que hicimos, que oráramos los unos por los otros.

Y también en mi pueblo, cuando estuve en diciembre y enero celebré 24 bautizos en la parroquia de mi pueblo en Panamá.

Néstor Noel Carrillo González es diácono en los Pasionistas y será ordenado sacerdote / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– ¿Y cuándo marchas a Panamá?

– Viajo el 22 de julio, muy justito. El día siguiente nos prepararemos espiritualmente y para hacer la profesión de fe, para hacer los ensayos para la Eucaristía de la ordenación que tenemos el día 25 en una de las capillas de la parroquia que se llama Virgen de Guadalupe. Será a las diez de la mañana, hora de Panamá.

La ordenación será en la parroquia pasionista de Panamá, San Nicolás de Bari. Es una parroquia que allá los amigos diocesanos le dicen un poco de broma «la minidiócesis» porque es una parroquia que tiene 28 presencias, 28 capillas.

En una de esas capillas seré ordenado junto con otro compañero también panameño.

– ¿Y después del 25 de julio?

– Estaré celebrando las primeras Misas en las comunidades, sirviendo a la comunidad ahí, donde me necesiten. Y también compartir con la familia. Y estaré regresando el 28 de agosto.


– ¿Qué mensaje quieres dar a quien lea esta entrevista?

– Animar a los jóvenes primero a encontrar a Jesús, que es el mejor amigo, el amigo que nunca falla, el amigo que siempre está en las buenas y en las malas. Lo digo por carne propia porque en la vida a veces encontramos personas buenísimas. Son regalos de Dios, sí, pero así como vienen, así van y así vienen. Pero hay un amigo que siempre permanece ahí, que rompe esos tiempos del pasado, presente y futuro, Él siempre va a estar ahí contigo, se llama Jesús.

Y yo te invito que si tienes algún llamado, consideras que Dios te está llamando al servicio de la Iglesia, ya sea a la vida religiosa, ya sea a la vida diocesana, pues que te atrevas, que seas un atrevido a decir ese «sí». Sírvele al Señor porque la Iglesia y Dios te necesitan, porque eres importante para este mundo y para la Iglesia. Necesitamos de ti. No te cohíbas.

miércoles, 15 de julio de 2026

David Jasso fue expulsado del seminario y durante 7 años fue directivo de fútbol, sentía que el Señor lo llamaba y es sacerdote: «Dios me ha sostenido y no me ha pedido perfección, pero sí disponibilidad, confianza y fidelidad cotidiana»

David Jasso Ramírez es actualmente Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México) y ha cumplido ocho años de sacerdocio a principios de este año 2026 

* «Ahí empezó el discernimiento en serio, cuando dejé Rayados. La espinita estuvo todo el tiempo, pero había momentos en que se iba. Tuve novias, viajé, me divertí, del Cielo a la tierra, del seminario a la cancha de fútbol, en un ambiente de lujos, de trato VIP en muchas partes, de estar cerca de los famosos, de estar ahí en el mejor momento del equipo… Después de 8 años de sacerdocio, no sé cómo serán los años que vienen. Tampoco lo sabía al inicio, pero si algo puedo decir hoy, con serenidad, es esto: no me arrepiento del camino. Y sigo creyendo que Dios actúa más en la fidelidad cotidiana que en los momentos extraordinarios. Ocho años después, no presumo logros. Agradezco la gracia de seguir caminando. Y eso, para mí, ya es mucho»

 En el vídeo, David Jasso Ramírez cuenta su testimonio de vida en 2019 a Desde la fe

Camino Católico.- Mientras el mundo vive la emoción del Mundial 2026, el Padre David Jasso Ramírez conoce muy bien lo que significa estar cerca de la pasión que despierta el fútbol.

Antes de convertirse en sacerdote, trabajó durante siete años en el Club de Futbol Monterrey Rayados, donde ocupó distintos cargos hasta llegar a ser gerente deportivo. Vivió campeonatos, viajes, decisiones importantes y la intensidad de uno de los entornos más competitivos y admirados del deporte profesional.

Sin embargo, detrás de los logros y la emoción de las canchas, Dios seguía escribiendo una historia diferente.

Lo que pocos saben es que antes de trabajar en el fútbol, David había pasado más de ocho años en el Seminario de Monterrey (México). En 2003 tuvo que dejar la formación sacerdotal para madurar aspectos importantes de su vida. Aquella salida fue dolorosa, pero con el tiempo comprendió que Dios no había dejado de acompañarlo.

David Jasso junto a su familia Ramírez en el tiempo que ingresó por primera vez en el seminario

Su camino vocacional inició como el de otros jóvenes que, al terminar la preparatoria, piden su ingreso al seminario para ser sacerdotes. No obstante, ocho años después, en 2003 tras un periodo de discernimiento, volvió a la vida laical.

“Llegué hasta tercero de Teología, me faltaba año y medio para terminar. Yo salí del seminario. Entré con 17 años y salí de 26, con 20 pesos en la bolsa”, recuerda en declaraciones a Desde la Fe.

“Me expulsaron porque no cumplía con el perfil. A lo largo de la formación hay varios momentos de revisión de vida y consideraron, los padres formadores, en ese momento, que yo no tenía vocación, que me faltaba madurar algunos aspectos de mi vida y que el perfil que yo tenía no correspondía a lo que se buscaba”, dice a Aleteia.


David Jasso cuando ejercía como directivo del Club de Futbol Monterrey

Un mes después se entrevistó con Jorge Urdiales, entonces presidente del Club de Futbol Monterrey, quien lo invitó a incorporarse a la institución como coordinador de Responsabilidad Social. Después fue Jefe de Prensa por un corto periodo hasta que fue nombrado Gerente Deportivo.

En ese momento su historia dio un vuelco que lo llevó a viajar durante años con el primer equipo, a convivir todos los días con los jugadores y el cuerpo técnico, a compartir sus logros y sus fracasos, las fiestas y reuniones familiares.

En esta época convivió con figuras del futbol mexicano, como Jesús «el cabrito» Arellano, Aldo de Nigris, Sebastian «el loco» Abreu, Victor Manuel Vucetich, Miguel Herrera y Ricardo Antonio Lavolpe, entre muchos más. 

El padre David Jasso con Gerardo ‘Tata’ Martino en 2019, a quien bendijo, cuando inició su trabajo de entrenador de la selección nacional de fútbol de México

Tenía el acceso a toda una institución poderosa del futbol mexicano y se codeaba con los futbolistas más famosos de toda la liga mexicana. Su talento y habilidades lo llevaron a tocar el cielo del futbol y pasó de ser un seminarista desconocido a un líder dentro del club.

«Cada vez que salíamos al campo, rezábamos un padrenuestro y un avemaría. Me acuerdo haber ayudado a Sebastián “loco” Abreu a restaurar una imagen de la Virgen que traía por todos lados», así recuerda el Padre David cómo su fe seguía intacta.

Los medios de comunicación resultaron ser para David un medio propicio para el éxito y la fama. Se movía como pez en el agua en ellos y descubrió una fascinación y una facilidad para dominar las relaciones públicas, el marketing, las cámaras de televisión y los micrófonos de prensa. Estaba anonadado, impresionado e impactado por las mieles del fútbol.

Orando en el vestidor

El padre Jasso recuerda dos momentos específicos durante su carrera como directivo, en los que se replanteó seriamente volver al seminario: el primero fue la muerte de Antonio de Nigris, en 2009. Aunque jugaba en Grecia, era un jugador muy querido por la afición, y su hermano Aldo jugaba en Rayados. Por ello, a él le tocó gestionar la repatriación del cuerpo y acompañar a la familia.

“Yo estaba en el vestidor y Chuy Arellano me pidió que dijera una oración. Solamente había jugadores y cuerpo técnico, yo era el único de pantalón largo. Entré, me puse a un lado de Aldo, él se hincó, puse la mano en su hombro y empezamos a rezar. No me acuerdo qué recé, pero traté de crear un ambiente de hermandad, de equipo y de comunidad”.

El padre David Jasso los jugadores del equipo le pidieron orar varias veces y eso le hizo presente que el llamado al sacerdocio seguía en el fondo de su corazón

El otro momento, durante el primer campeonato que vivió como Gerente Deportivo, de nueva cuenta los jugadores del Monterrey le pidieron que dirigiera una oración de agradecimiento a Dios.

“Fueron esos dos momentos, en la alegría y en el dolor, en que me pregunté ‘¿Qué ven en mí que yo no estoy viendo? ¿Qué estoy transmitiendo que yo no me doy cuenta?’”, recuerda.

Quizá por eso, el ahora técnico del Club América, Miguel Herrera, uno de sus amigos más entrañables en el mundo del futbol, siempre lo apodó El Curita.

Un alto en el camino

Pese a que la cosquillita por volver al seminario nunca desapareció en todos esos años, la intensidad del trabajo en el Monterrey no le permitió detenerse para discernir qué era lo que Dios quería de él, hasta que en 2011 dijo adiós a Rayados, fundó una empresa de mercadotecnia deportiva y comenzó a dar clases. Entonces, el llamado de Dios se hizo fuerte.

“Ahí empezó el discernimiento en serio, cuando dejo Rayados. La espinita estuvo todo el tiempo, pero había momentos en que se iba. Tuve novias, viajé, me divertí, del Cielo a la tierra, del seminario a la cancha de fútbol, en un ambiente de lujos, de trato VIP en muchas partes, de estar cerca de los famosos, de estar ahí en el mejor momento del equipo”.

A partir de su salida tuvo un año para discernir y en 2012 finalmente pidió su readmisión al seminario.

El camino para llegar al sacerdocio fue largo. No sólo su readmisión tomó tiempo. Además, durante su formación lo operaron a corazón abierto. El miedo hacía mella en su alma, pero su devoción a la Virgen María de Guadalupe lo inundó de paz, fe y esperanza para enfrentar esta cirugía.

Las pruebas aún no terminaban para el seminarista, ya que meses después, su padre enfermó y falleció, llevando al seminarista a forjarse en la paciencia y a entender esta etapa de su vida como el crisol de su alma y vocación.

El padre David Jasso para pasar del fútbol al seminario debió recorrer un largo camino lleno de pruebas

«No fue fácil regresar porque me habían expulsado. Yo toqué la puerta del seminario, no fue fácil, no había obispo en ese momento y tardaron un año en aceptarme. Entré condicionado y, aunque ya habían pasado 10 años, ahí seguían los expedientes; pero finalmente me ordenaron sacerdote», comparte con una sonrisa.

Sólo el inicio

Cinco años después, en enero de 2018, David Jasso fue ordenado sacerdote.

Si antes, a su llegada a Rayados, asumió el reto de aprovechar su experiencia como seminarista para aplicar esos valores en el club. Ahora, asegura, el camino es a la inversa. “Quizá ese es el mayor reto ¿Cómo integrar aquello que aprendí con la Iglesia y con mi ministerio?”.

El camino que David Jasso debió recorrer para convertirse en sacerdote fue muy distinto y mucho más largo que el de muchos de sus compañeros. Sin embargo, asegura, el día de su ordenación no lo vivió como el final del trayecto: “no es la meta, sino un nuevo inicio”.

Agradecimiento a Dios por 8 años de sacerdocio

David Jasso, Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México), ha cumplido ocho años de sacerdocio a principios de este año 2026 y hace balance: “Ocho años no son muchos, pero tampoco son pocos. No alcanzan para hablar desde la nostalgia, pero sí para mirar atrás con verdad. Ocho años de sacerdocio dan para agradecer, para reconocer límites, para confirmar algunas intuiciones…” dice en Vida Nueva.

“Si algo me ha costado en estos ocho años ha sido aceptar mis propios límites sin endurecerme. No refugiarme en el activismo para no sentir. No anestesiar el corazón para poder seguir funcionando. No reducir el sacerdocio a lo que hago, a lo que produzco, a lo que se ve. Aprender que cuidar la interioridad no es un lujo, sino una necesidad vital para no perder el alma. En no pocas ocasiones, mi capilla, mi oficina, mi estudio y mi lugar de descanso ha sido un avión, un aeropuerto o un autobús”, asegura.

El padre David Jasso en Casa Lago, sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano

Y subraya que “reconozco que he sido profundamente sostenido por personas concretas, por comunidades reales, por hermanos sacerdotes con los que se puede hablar sin máscaras. Por conversaciones sinceras con amigos de toda la vida y por la oración cuando ya no hay muchas palabras. Pero sobre todo, por Dios que no me ha pedido perfección, pero sí disponibilidad; no control, sino confianza; no dureza, sino fidelidad cotidiana”.

“Al cumplir ocho años de sacerdocio, no celebro haber llegado lejos. Celebro haber seguido y haber permanecido en el camino cuando fue luminoso y cuando fue cuesta arriba. Haber aprendido que el ministerio no consiste en hacerlo todo bien, sino en seguir diciendo sí, una y otra vez, en lo pequeño, en lo ordinario, en lo que no se ve. No sé cómo serán los años que vienen. Tampoco lo sabía al inicio, pero si algo puedo decir hoy, con serenidad, es esto: no me arrepiento del camino. Y sigo creyendo que Dios actúa más en la fidelidad cotidiana que en los momentos extraordinarios. Ocho años después, no presumo logros. Agradezco la gracia de seguir caminando. Y eso, para mí, ya es mucho”, concluye.