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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Sonia Llauró de Ibarra tiene 12 hijos, 6 son sacerdotes y 2 monjas: «Los ejercicios espirituales de San Ignacio me cambiaron la vida, me llenaron de Dios, para después llenar a los chicos de Dios»

Sonia y su esposo, Diego Ibarra, en Argentina durante la boda de su última hija soltera. Sus hijos viajaron desde distintos lugares del mundo donde actualmente sirven y viven, entre ellos Roma, Filipinas, Estados Unidos, Bolivia y Polonia. La única ausente fue una de sus hijas, religiosa contemplativa que se encuentra en Génova, Italia / Foto - cortesía de la familia Ibarra

* «Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada. Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos… Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices»

Camino Católico.- Sonia Llauró de Ibarra tuvo 12 hijos en 20 años. Seis de ellos son sacerdotes, dos hijas religiosas, tres casados ​​y una niña que falleció cuando era pequeña. Desde la sencillez de un hogar argentino y sostenida por una profunda confianza en Dios, la vida de Sonia Llauró Ibarra se convirtió en un testimonio extraordinario de fe y entrega familiar.

Junto a su esposo, Diego Ibarra, descubrió el valor de vivir plenamente la fe católica, formando una familia marcada por la oración, el servicio y la apertura al llamado de Dios. Con el paso de los años, ese ambiente de fe dio fruto en numerosas vocaciones al servicio de la Iglesia.

Al hablar sobre tener tantos hijos e hijas consagrados a Dios, Sonia asegura con emoción: “Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos”.

Sonia nació en Buenos Aires, Argentina, en el seno de una familia católica, aunque no practicante. A los 18 años se casó con Diego Ibarra. Durante sus primeros años de matrimonio experimentó una profunda conversión espiritual al participar en los ejercicios de San Ignacio de Loyola.

A partir de ese momento, realiza los ejercicios espirituales cada año. “Los ejercicios espirituales de San Ignacio me cambiaron la vida y me di cuenta de que eran un medio muy importante para la conversión de las almas. Eran una forma de llenarme de Dios para después llenar a los chicos de Dios. Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada”, expresa.

La oración con los niños se volvió una práctica constante en el hogar de los Ibarra. Rezar el rosario en familia y participar en momentos de adoración ante el Santísimo formaban parte de su vida cotidiana. Sonia reconoció que no siempre era sencillo, pues los niños podían mostrarse inquietos, pero insistió en la importancia de que las madres los acerquen desde pequeños a la presencia de Dios en el Santísimo Sacramento.

Sonia anima a las madres a apoyar con generosidad la vocación de sus hijos cuando descubren en ellos un llamado especial de Dios. “Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices”, afirma.

Y compara la vocación con una pequeña luz que enciende una vela. “no apaguen esa pequeña llama, madres y padres de familia”, exhorta “Si su hijo les manifiesta su deseo de ir al seminario, no tengan miedo de entregarlo a Dios, sean fuertes, sean generosos, denles a sus hijos los medios para que sigan ese llamado de Dios. Yo soy una madre que sabe lo que están viviendo las madres, así que cuando venga la gracia es importante que sepan reconocerla”.

En el centro de la fotografía se encuentra una de las hijas religiosas de la familia, acompañada por sus seis hermanos sacerdotes, muchos de ellos misioneros. Actualmente sirven en distintas partes del mundo: uno estudia en Roma, dos son rectores en seminarios en Estados Unidos —en Minnesota y Washington—, y los demás están en Bolivia, Polonia y Filipinas / Foto cortesía de la familia Ibarra

En ocasiones cuando los hijos expresan a sus madres el deseo de ser sacerdotes, algunos se oponen porque consideran que son demasiado traviesos, desordenados, o incapaces de vivir con disciplina. “Quizá el chico pelea con su hermana, es distraído o inquieto”, comentó Sonia.

Sin embargo, asegura que Dios no espera niños perfectos para llamarlos. “Si fuera así, ninguno de nuestros hijos hubiera sido llamado”, añae. Explica que Dios llama a cada uno con sus propias cualidades. También señala que, al ingresar al seminario menor, los jóvenes inician un proceso de discernimiento y formación donde esa vocación puede crecer y madurar.

Después de conocer el “milagro” de las vocaciones ocurridas en el pequeño pueblo de Lu Monferrato, Sonia y un grupo de madres que tenían en común contar con hijos sacerdotes o hijas religiosas en sus familias decidieron unirse en oración de manera organizada.

Así comenzó a tomar forma un nuevo apostolado, con la ayuda de sacerdotes y se creó la página para coordinar las 40 horas de adoración, una idea magnánima que tiene como propósito volver a encender el corazón de las madres y ayudar a Dios en la salvación de las almas.

Citando a Mons. Demetrio Fernández de Córdoba (España), afirma que es necesario “crear un clima vocacional, de manera que un niño, un adolescente, un joven pueda percibir con nitidez la llamada de Dios y pueda responder sin mayores dificultades”. Lo que ocurrió en Lu Monferrato fue precisamente esa perfecta dualidad: oración y clima vocacional para dar como fruto un total de 323 sacerdotes, religiosos y religiosas.

Inspiradas en la oración que realizaba la comunidad de Lu Monferrato y adaptando el formato de adoración de las 40 horas, Sonia Ibarra y un grupo de mujeres han realizado esta adoración durante doce años de forma ininterrumpida y actualmente se ha extendido a nivel internacional.

Cada mes se realiza 40 horas de adoración los días 14, 15 y 16, en recuerdo del tiempo que Jesús permaneció en el sepulcro.

Durante esta jornada mensual de adoración, los participantes pueden dedicar una, dos o más horas de oración. Cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, puede unirse ofreciendo este tiempo por la santificación de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones a la vida consagrada.

En 2024, los participantes de las 40 Horas por las Vocaciones celebrarán 10 años de oración continua. Hoy, miles de mujeres en distintos países se unen a esta iniciativa, orando por la santidad de los sacerdotes, el incremento de las vocaciones y la fidelidad de quienes se preparan para servir a la Iglesia / Foto cortesía de Sonia Llauró de Ibarra

La página es www.40horas.org y lo único que deben hacer es un registro sencillo con su nombre y elegir la fecha y la hora en que desean participar. También lo pueden hacer uniéndose a través de la aplicación WhatsApp con el número +541551773843.

Sonia afirma que lo ideal es realizar la adoración ante el Santísimo Sacramento; Sin embargo, explicó que también puede hacerse desde casa, preparando un espacio especial de oración, encendiendo una vela o cirio y ante alguna imagen sagrada.

Añade que incluso las mujeres que dedican su tiempo al cuidado de sus hijos pequeños, de algún enfermo o que están realizando las tareas del hogar, como cocinar, pueden ofrecer ese momento al Señor como parte de su oración y entrega.

“Lo que buscamos es mover el corazón de Jesús, que espera ser enternecido por nuestra oración al pedir por el aumento de las vocaciones, así como por la santidad y perseverancia de los sacerdotes y religiosas”. Añade que Él está siempre dispuesto a conceder incluso más de lo que necesitamos.

“Pedimos bendiciones para todos los sacerdotes que atraviesan dudas, ataques y tentaciones, para que permanezcan firmes en su vocación”, expresó Sonia.

Asimismo, señala que también oran por aquellos jóvenes que han sido llamados a la vida consagrada, para que puedan superar los obstáculos y dar el paso de ingresar al seminario o al noviciado.

Sonia. Señala que el gran reto de la actualidad es que, a diferencia de la época en que llegaron los primeros misioneros a evangelizar nuestros países, las personas no conocían la fe, pero ahora están en contra de ella.

La fuerza que tiene la oración es muy importante si queremos que nuestros hijos sean santos y lo pedimos con fuerza, ellos serán grandes santos porque Dios es fiel a sus promesas y no se deja ganar en generosidad.

“Dios no solo nos ha pedido, sino que nos ha mandado orar por las vocaciones”, afirma Sonia recordando del Evangelio según San Mateo 9, 38: “Rueguen al dueño de los sembrados que envía trabajadores para su cosecha”.

Finalmente, expresa lo importante que es poner a la Virgen en un lugar muy especial dentro de su familia porque “la Virgen es todo”, dice Sonia, “es importante que consagren sus hijos a la Virgen María, y de rodillas decirle: te lo entrego para que lo hagas santo”. Eso es lo que han hecho los santos consagrase y consagrar a su familia a la Santísima Virgen, añadió.

Para los sacerdotes una recomendación especial es consagrar a la comunidad parroquial a Jesús por medio de María.

jueves, 27 de agosto de 2026

Patrick Bruen, sacerdote con 67 años, tras 40 casado y 3 hijos: «Mi matrimonio me enseñó lo que significa amar de verdad, y quiero poner el amor al servicio de Cristo y de su pueblo que me da una nueva misión que cumplir»

P. Patrick Bruen, ordenado sacerdote a los 67 años en Detroit, el 7 de junio de 2025 / Foto: Arquidiócesis de Detroit

* «Cuando mi esposa murió, jamás pensé en el sacerdocio; creía que ya no era posible. Tenía 62 años… Comencé a experimentar una especie de manifestación del Sagrado Corazón de Jesús. De pronto, veía imágenes y estatuas del Sagrado Corazón en todas partes; era como si esa presencia no se apartara de mi mente. De pronto, esas imágenes parecían mirarme a mí»


Patrick Bruen cuenta su testimonio en el vídeo de la Arquidiócesis de Detroit

Camino Católico.- Después de cuatro décadas de matrimonio y de formar una familia con tres hijos y varios nietos, Patrick Bruen descubrió que Dios lo llamaba a una nueva vocación: el sacerdocio, al que llegó a los 67 años, después de que su esposa falleciera. El 7 de junio de 2025 fue ordenado sacerdote en la Arquidiócesis de Detroit (Estados Unidos), junto a Benjamin Schroeder, de 26 años, en la Catedral del Santísimo Sacramento, en Detroit.

“Conocí a mi esposa y nos casamos. Formamos una familia, y cuando nuestros hijos crecieron, ella empezó a enfermarse cada vez más. Cuando todos se casaron y se mudaron, a los 61 años, mi esposa falleció”, recuerda en una entrevista publicada por su arquidiócesis.

Fue entonces, en medio del dolor, cuando comenzó a percibir la presencia del Señor de un modo especial. “Comencé a experimentar una especie de manifestación del Sagrado Corazón de Jesús. De pronto, veía imágenes y estatuas del Sagrado Corazón en todas partes; era como si esa presencia no se apartara de mi mente. De pronto, esas imágenes parecían mirarme a mí”, dice, convencido de que se trataba de un signo para discernir una nueva llamada.

Ante aquella experiencia, acudió a un sacerdote amigo para compartir lo que vivía. “Él me dijo: ‘El seminario en Detroit se llama Sagrado Corazón. Quizás tienes una vocación’. Recuerdo que me reí en su cara, pero esas palabras quedaron grabadas en mí. Poco a poco, el Señor fue trabajando en mi interior hasta que ya no pude apartar esa idea de mi corazón”.

Bruen confiesa que nunca había pensado en el sacerdocio: “Cuando mi esposa murió, jamás pensé en el sacerdocio; creía que ya no era posible. Tenía 62 años”.

Sin embargo, pronto comprendió que Dios le pedía dar un paso más: “Me casé por una razón, y el Señor también me trajo hasta aquí por una razón. La vocación puede tener distintas etapas, pero siempre tiene un mismo origen: el plan de Dios. La vocación principal es a Él. Sí, tuve una vocación en mi matrimonio, y esa experiencia me preparó para la que vivo ahora. Hoy tengo esta nueva vocación”.

Con el apoyo de su amigo de toda la vida, el P. Bob McCabe, Bruen ingresó al Seminario Nacional de San Juan XXIII, en Massachusetts, institución que forma a hombres mayores en lo que se conoce como “vocaciones de segunda carrera”.

“Dios me fue mostrando que aún tenía una misión más que cumplir”, explica el nuevo sacerdote.

"Cuando mi esposa murió, tenía 62 años. Me casé por una razón, y el Señor también me trajo hasta aquí por una razón", dice Patrick Bruen, ordenado a los 67 años / Foto: Arquidiócesis de Detroit

En la ceremonia de ordenación, presidida por el Arzobispo Edward J. Weisenburger, Bruen destacó que el sacerdocio no borra su historia previa, sino que la transforma. “Mi matrimonio me enseñó lo que significa amar de verdad, y ahora quiero poner ese mismo amor al servicio de Cristo y de su pueblo”, afirmó.

Bruen también habla con esperanza sobre el horizonte de su ministerio: “El arzobispo me preguntó: ‘¿Vas a retirarte cuando tengas 70 años?’. Y yo dije: no. Espero ser un sacerdote hasta los 90. Espero hacer 25 años al menos”.

Con humor y fe añadió: “Quizás el Señor quiera que te relajes, que te mudes a Florida, juegues al golf y mueras joven. No lo sé, tal vez ese sea tu camino. Pero lo cierto es que nunca eres demasiado mayor para dejar de servir. Mientras tengas algo que ofrecer a los demás, vale la pena descubrir qué es y entregarlo”.

Su experiencia de servicio al cuidar de su esposa le enseñó el verdadero sentido de la entrega. “Fue muy difícil, pero mirando atrás, me doy cuenta de que fue uno de los momentos más felices de mi vida y la parte más fuerte de nuestro matrimonio. Dios nos da una gran alegría y muchas gracias cuando ayudamos a los demás”.

Como parte de su nueva misión, el padre Bruen fue enviado al equipo de sacerdotes In Solidum que pastorean diferentes parroquias en la zona de Canton. Además, el 1 de julio empezó su servicio en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Consejo en Plymouth, bajo la tutela del Mons. Todd Lajiness.

jueves, 30 de julio de 2026

Samuel Brice Higginbotham: «Hacía tiempo que no me confesaba y en el acto de arrepentimiento, abrí mi corazón a Dios, y algo cambió en mí; me encontré con Jesús, mi vida tomó un nuevo rumbo y soy sacerdote»

Samuel Brice Higginbotham ha llegado a ser sacerdote después de una acción profunda de la gracia de Dios en una confesión

* «Huí de la llamada a ser sacerdote durante unos doce años. Hasta que participé en un retiro para jóvenes adultos al comienzo de la Cuaresma de 2009. Me arrodillé ante el Santísimo Sacramento... muchas veces... y entonces supe que Jesús se encargaría de todo lo que estaba dejando atrás, y seguí su llamada para someter mi discernimiento al de la Iglesia»

Camino Católico.- Como cada creatura es irrepetible al ser querida por el amor de Dios, así también de particular y trascendente es la experiencia de Dios de cada ser humano. Para Samuel Brice Higginbotham ese momento de encuentro llegaría cuando era apenas un adolescente.

Nació y creció Brice en Lusiana (U.S.A.), una tierra donde se fusionan las culturas francesa, española, alemana, africana y nativa, conocida como 'cultura Cajún'. Allí en Church Point, un pequeño pueblo de la pradera, vino a la vida. 

De pequeño siempre fue un "buen chico", según él mismo testimonia en el portal Yes Catholic... "Intentaba hacer lo correcto porque era lo correcto, pero no puedo decir que hubiera conocido a Jesús «cara a cara», como decía la Madre Teresa, hasta que viví una experiencia en la confesión durante el instituto".

El suceso ocurrió al finalizar su primer curso de bachillerato. Había pasado bastante tiempo desde su última confesión y sin duda la necesitaba. De hecho, un buen amigo, preocupado por el rumbo que estaba tomando Brice en su vida, le planteó sin rodeos que bien haría en ir al sacramento de la Reconciliación. 

“Hacía tiempo que no me confesaba nada, sin duda lo necesitaba, y un amigo me lo había dicho sin rodeos.  Así que el sábado por la tarde me dirigí a la iglesia, confesé mis pecados, recibí una penitencia sencilla y Dios me perdonó mediante el ministerio del sacerdote (véase Juan 20:23). Ah, lo recuerdo muy bien.No hubo fuegos artificiales; no hubo sabios consejos; simplemente hubo mi arrepentimiento y la gracia del Sacramento. Fue muy sencillo. Pero en el acto de arrepentimiento, la gracia de Dios se hizo presente, o mejor dicho... En el acto de arrepentimiento, abrí mi corazón para recibir la gracia de Dios que Él siempre había querido darme, y algo cambió en mí. Sí, algo cambió en ese encuentro. Ese día me encontré con Jesús «cara a cara» y mi vida tomó un nuevo rumbo. No había terminado. Aún no era un santo. (Y sigo sin serlo, por supuesto). Pero iba por el buen camino”, comparte.

Samuel Brice Higginbotham poco después de su conversión

Al poco tiempo, Brice comenzó a asistir al estudio bíblico semanal. Luego sintió la necesidad de entrar de forma regular a la iglesia, de camino a casa desde el colegio, para rezar. También por entonces surgió su gusto por asistir a misa más veces que solo los domingos. "El Señor estaba paso a paso, despacio, pero con seguridad, y con muchos tropiezos de mi parte, cambiando mi vida, atrayéndome hacia el cielo. ¡En su gran misericordia, sigue haciéndolo!"

Brice confidencia que había sentido por primera vez el deseo de ser sacerdote cuando tenía seis años, mientras veía a su párroco celebrar la misa un miércoles en su escuela primaria. Pero “huí de esa llamada a ser sacerdote durante unos doce años. Hasta que participé en un retiro para jóvenes adultos al comienzo de la Cuaresma de 2009. Me arrodillé ante el Santísimo Sacramento... muchas veces... y entonces supe que Jesús se encargaría de todo lo que estaba dejando atrás, y seguí su llamada para someter mi discernimiento al de la Iglesia".

En 2009, al ingresar en el seminario, Dios le llevó a la diócesis que se asienta en los pantanos cajunes de Houma-Thibodaux. Posteriormente, tras ocho años de formación, fue ordenado sacerdote de Jesucristo el 3 de junio de 2017 en la Concatedral de St. Joseph, en Thibodaux, Luisiana.

Padre Samuel Brice Higginbotham 

Luego de tres años de estudios en Roma obtuvo su doctorado en Sagradas Escrituras y regresó a Luisiana en el verano de 2024 para servir a Cristo pastoreando al pueblo de Dios en la parroquia Our Lady of Prompt Succor en Chackbay.

sábado, 25 de julio de 2026

João Victor Corrêa: «Trabajaba como médico residente, durante el Covid crecí en mi intimidad con Dios, sentí la llamada a ser cura, dejé a mi novia y al terminar la residencia entré en el Seminario»

João Victor Corrêa es médico pero al sentir la llamada del Señor optó por responder y ser sacerdote

* «Las gracias que recibe un sacerdote, los frutos de su ministerio, la eficacia de su predicación y de toda su labor pastoral no provienen únicamente de su esfuerzo, sino de su correspondencia a la gracia de Dios. En definitiva, Dios es quien realiza la obra. Nosotros solo somos sus instrumentos. Hay que seguir el camino que Dios vaya indicando, escuchar y conocer la voz de sus ovejas, protegerlas con la propia vida y amarlas. En el fondo, no hay mucho que inventar: se trata simplemente de seguir los pasos de Cristo»

Vídeo del testimonio de João Victor Corrêa Maiolino de la Fundación CARF

Camino Católico.- Había terminado la dura carrera de medicina cuando en 2020, durante el Covid, João Victor Corrêa Maiolino, comenzó a dedicar más tiempo a la oración. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, relata a la Fundación CARF este seminarista de 31 años de la Archidiócesis de Río de Janeiro, (Brasil). Lleva un año viviendo en España en el Seminario Internacional Bidasoa. En su testimonio, João Victor nos da las claves para aplicar la medicina en el acompañamiento y curación espiritual de las almas. 

Una familia sencilla 

João Victor Corrêa Maiolino es natural de la ciudad de Campos dos Goytacazes, en el estado de Río de Janeiro. Proviene de una familia muy sencilla. Su padre (Francisco Vicente), médico de profesión, pasaba un poco más de tiempo fuera de casa, pero se hacía presente de su modo discreto y observador. Su madre (Rosane), es profesora y aplicaba sus conocimientos de pedagogía en la formación de él y sus dos hermanos mayores: Thiago y su hermana Lívia. “Soy el más pequeño, aunque en estatura no lo sea”, comenta sonriente. 

“Mi familia no tiene una fuerte tradición católica. Todos hemos sido bautizados, pero solo mi hermano y yo vivimos la fe de manera concreta. Mi padre vive la fe de un modo más discreto y normalmente participa en la Santa Misa con ocasión de una Misa de difuntos, una boda o alguna otra celebración familiar. Mi mamá y mi hermana practican otra religión, el espiritismo kardecista”, explica. 

Sin embargo, aunque sus padres no vivan la fe católica, eligieron un colegio católico de los Salesianos para su educación. Y en la convivencia familiar, con momentos de alegría y diversión, su madre siempre les obligaba a reconciliarse en las discusiones entre hermanos. 

La importancia del deporte en su formación personal 

La adolescencia es una etapa de cambios y rebeldías, pero João Victor la vivió tranquila. Sus preocupaciones estaban mucho más relacionadas con el deporte que con cualquier otra cosa. “Lo que me apasionaba era jugar al baloncesto. No me gustaba estudiar, aprobaba y ya está. Sin embargo, practiqué baloncesto a un alto nivel hasta el punto de mudarme a Río de Janeiro, con 16 años, para jugar en el club Fluminense”, relata. 

Esta experiencia deportiva ayudó a João Victor muchísimo en su formación personal, pues le permitió desarrollar habilidades muy importantes, como el trabajo en equipo, la disciplina y la capacidad de prepararse para grandes desafíos bajo presión. Sin embargo, no continuó con su carrera deportiva porque sufrió varias lesiones y, a los 17 años, tuvo que elegir entre baloncesto y estudiar en la universidad. Y optó por los estudios.

João Victor Corrêa con su familia

Los duros seis años de medicina  

“Elegí Medicina. Como es una carrera muy competitiva en Brasil, tuve que estudiar muchísimo para conseguir una plaza, teniendo en cuenta que hasta entonces nunca había estudiado tanto. Al final necesité dos años de curso preparatorio para lograrlo y, con 19 años, ingresé en la facultad”, recuerda el joven brasileño. 

Tras seis años de carrera, comenzó a ejercer como médico residente. Tenía una novia y su vida iba muy bien. 

La vocación sacerdotal vino con la pandemia 

Sin embargo, durante la pandemia, en 2020, João Victor comenzó a dedicar más tiempo a la oración y, conforme fue siendo posible, también a la vida sacramental. 

Recuerda los momentos íntimos con Dios de aquella época: “Poco a poco fui creciendo muchísimo en mi intimidad con Dios y cada vez me acercaba más a Él. Hasta que, en un determinado momento, surgió una pregunta nueva en mi corazón: ¿Por qué no ser cura? Mi primera reacción fue rechazar esa idea de inmediato. Pero no funcionó. La pregunta volvía una y otra vez, hasta que decidí afrontarla de frente. Lo compartí con mi párroco y, en el proceso de discernimiento, terminé mi noviazgo y opté por tomar en serio esta llamada”.

Durante dos años, mientras João Victor realizaba la residencia en Medicina de Familia y Comunidad, discernió su vocación sacerdotal. Como la residencia era en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), vivía en Río y allí participó en los encuentros vocacionales de la Archidiócesis. Poco a poco las puertas se iban abriendo, aunque no sin esfuerzo y valentía. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, sentencia. 

João Victor Corrêa, el primero por la izquierda, en el camino de Santiago 

El primer seminarista de Río en Bidasoa 

Así, en 2024 comenzó su formación como seminarista en el Seminario Propedéutico de la Arquidiócesis de Río de Janeiro y, a principios de 2025, tuvo la oportunidad de venir a estudiar al Seminario Bidasoa para continuar su formación. Lleva cerca de un año en España, “donde me encuentro muy a gusto”, señala. 

Cuando recibió la invitación para estudiar en Pamplona sintió una mezcla de sentimientos: sorpresa, alegría, miedo, incertidumbre, gratitud y muchos otros. “Fue algo muy inusual, porque fui el primer seminarista de la Archidiócesis de Río de Janeiro en venir a Bidasoa para cursar el primer año de Filosofía. Hasta entonces, todos los demás habían venido únicamente para comenzar los estudios de Teología. Para mí, esta oportunidad ha sido una gran gracia de Dios”.

El sacerdote que quiere llegar a ser: médico de almas 

Tras su formación en España, volverá a Brasil a recibir la ordenación sacerdotal. Y surgen preguntas inevitables: “¿Cómo anunciar a Cristo a las personas en nuestros días? ¿Qué tipo de sacerdote quiero llegar a ser?”. 

João Victor da algunas claves, equiparando la medicina con el sacerdocio: “Creo que el sacerdote, al igual que los médicos, necesita desarrollar muchas habilidades. No solo una buena formación teórica, sino también una gran sensibilidad en el trato humano, capacidad de observación, sentido pastoral y cercanía con las personas que Dios le ha confiado”. 

Pero por encima de todo, asegura que el sacerdote es un hombre de oración. “Las gracias que recibe, los frutos de su ministerio, la eficacia de su predicación y de toda su labor pastoral no provienen únicamente de su esfuerzo, sino de su correspondencia a la gracia de Dios. En definitiva, Dios es quien realiza la obra. Nosotros solo somos sus instrumentos”. 

Por eso, para llegar al corazón de las personas, ya sean los jóvenes o quienes están más alejados de Dios, es necesaria una vida de oración. “Hay que seguir el camino que Dios vaya indicando, escuchar y conocer la voz de sus ovejas, protegerlas con la propia vida y amarlas. En el fondo, no hay mucho que inventar: se trata simplemente de seguir los pasos de Cristo”, concluye este seminarista brasileño. 

La experiencia de João Victor refleja un proceso que viven muchos jóvenes cuando comienzan a plantearse una posible vocación sacerdotal. La llamada de Dios no suele manifestarse de forma extraordinaria. Con frecuencia nace en lo cotidiano: una vida de oración más intensa, el acompañamiento de un sacerdote, la participación en los sacramentos o el deseo creciente de entregar la vida al servicio de los demás.

jueves, 23 de julio de 2026

Senad Mrkaljevic, 41 años, exrefugiado musulmán que escapó de la guerra en Bosnia, ha sido ordenado sacerdote: «Muchas personas temen que la fe les quite algo; mi experiencia es que Dios me da mucho más»

A la izquierda de imagen Senad Mrkaljevic, de 41 años, posando con la alegría de haber sido ordenado sacerdote / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

* «Fue todo un reto para mí entrar en una Iglesia Católica. Me preguntaba: '¿Está bien lo que estás haciendo?' Al principio, lo hacía a escondidas. En aquel entonces vivía con mi hermano mayor. Cuando volvía de la iglesia, él todavía estaba dormido. No quería llevar una doble vida y por eso me bauticé. Mi conversión y mi decisión de ser sacerdote fueron reconocidas por mi familia musulmana en Bosnia y también por mis hermanos»

Camino Católico.- Un hombre que llegó a Alemania como refugiado tras huir de la guerra en Bosnia y Herzegovina ha sido ordenado sacerdote católico, convirtiéndose en un caso excepcional en el país por haber nacido en una familia musulmana y abrazado el cristianismo en la edad adulta. Según informa Katholisch.de, el sitio de noticias de la Iglesia Católica en Alemania, Senad Mrkaljevic, de 41 años, ha recibido la ordenación sacerdotal hace unas semanas de manos del Arzobispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, en la Catedral de Santa Eduvigis.

“Muchas personas temen que la fe les quite algo. Mi experiencia es exactamente la contraria: Dios me da mucho más. Eso es lo que quiero transmitir a los demás”, afirma el nuevo sacerdote.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, en el momento de ser ordenado sacerdote por el Arzobispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, en la Catedral de Santa Eduvigis / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Nacido en 1984 en Brčko, en la entonces Yugoslavia, Mrkaljevic creció en una familia musulmana, donde la religión no ocupaba un lugar central.

“Católicos, ortodoxos y musulmanes vivían entonces pacíficamente unos con otros. De niño, vi una ceremonia cristiana ortodoxa en la televisión de nuestros vecinos serbios y exclamé: “¡Quiero ser imán!”. El vecino me contestó a modo de broma: “Mejor hazte pape” —que es como llaman allí al sacerdote católico—. En aquel momento nos reímos juntos; unos años más tarde, cuando estalló la guerra de los Balcanes, esa hermandad ya no habría sido posible”, recuerda.

Sin embargo, el estallido de la guerra en Bosnia en 1992 obligó a su familia a refugiarse primero en Austria y luego en Alemania.

“Cuando era niño fue difícil comprender lo que significaba huir y, en Alemania, rápidamente me sentí un extraño”, relata.

A estas dificultades se sumó una discapacidad visual congénita, que hizo más compleja que se integre en el colegio.

Su camino hacia la fe católica comenzó tiempo después. A los 23 años empezó a leer la Biblia y visitaba en secreto la iglesia cada domingo por la mañana. La primera vez que entró a un templo tuvo miedo. “Fue todo un reto para mí entrar allí. Me preguntaba: '¿Está bien lo que estás haciendo?' Al principio, lo hacía a escondidas. En aquel entonces vivía con mi hermano mayor. Cuando volvía de la iglesia, él todavía estaba dormido”, recuerda.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, con su familia después de su ordenación sacerdotal / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Con el tiempo descubrió que no quería ocultarse más. “No quería llevar una doble vida”, explica. En 2009 recibió el bautismo durante la Vigilia Pascual, una decisión que al principio fue difícil para su familia.

“Para mi madre fue un problema. Intentó hacerme cambiar de opinión”, cuenta. Aun así, decidió seguir adelante.

Estudiando en una escuela nocturna para adultos, Senad logró recuperar los estudios: terminó la educación secundaria y luego obtuvo el Bachillerato Tecnológico. Después, completó una formación profesional en administración dentro de una empresa de asistencia médica a domicilio. Durante todo ese tiempo, su fe seguía madurando: quería ser sacerdote.

«Estuve dándole vueltas durante mucho tiempo a si este podría ser mi camino», explica. Tenía claro que debía mantener el contacto con su madre, quien seguía rechazando su decisión. «Sabía que, para mi salud mental y espiritual, romper la relación con ella habría sido destructivo. Mi camino no habría terminado bien».

Comenzó a estudiar Teología en Sankt Lambert, un seminario alemán muy conocido por especializarse en «vocaciones tardías» (adultos que deciden ordenarse tras haber tenido carreras civiles). Se graduó en 2023. Asegura que —«con la ayuda de Dios»— luchó contra todos los obstáculos del sistema educativo: rendirse no era una opción. «Esto es algo que, en mi labor actual, también quiero transmitir a los demás», afirma.

En 2023, fue destinado como diácono y luego como capellán a la parroquia Santa Edith Stein, en el distrito berlinés de Neukölln, donde reside una importante población musulmana.

Senad Mrkaljevic, de 41 años, en el centro, presidiendo una Misa / Foto: Facebook de Senad Mrkaljevic

Mrkaljevic considera que, gracias a su historia, puede convertirse en un constructor de puentes entre cristianos y musulmanes”.

También destaca que, con el paso del tiempo, su decisión fue recibida con respeto por sus seres queridos. “Mi conversión y mi decisión de ser sacerdote fueron reconocidas por mi familia musulmana en Bosnia y también por mis hermanos”, afirma. Su madre incluso asistió a su ordenación sacerdotal.

Mirando hacia su nuevo ministerio, Mrkaljevic expresa su deseo de acompañar espiritualmente “a las personas y anunciar la Buena Nueva”.

“Nunca es en vano, por pocos que seamos. Yo mismo he experimentado cuánto me ha enriquecido y eso es lo que quiero compartir con los demás”, concluye.

lunes, 20 de julio de 2026

Néstor Noel Carrillo González, 32 años, religioso Pasionista: «Dios me regaló una familia de fe, de Iglesia. pero fue al recibir la Confirmación que quise dar mi vida a Dios, que ha hecho camino conmigo, y seré sacerdote»

Néstor Noel Carrillo González será ordenado sacerdote después de un largo camino de compromiso con el Señor como religioso Pasionista / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

* «Animar a los jóvenes primero a encontrar a Jesús, que es el mejor amigo, el amigo que nunca falla, el amigo que siempre está en las buenas y en las malas. Lo digo por carne propia porque en la vida a veces encontramos personas buenísimas. Son regalos de Dios, sí, pero así como vienen, así van y así vienen. Pero hay un amigo que siempre permanece ahí, que rompe esos tiempos del pasado, presente y futuro, Él siempre va a estar ahí contigo, se llama Jesús. Y yo te invito que si tienes algún llamado, consideras que Dios te está llamando al servicio de la Iglesia, ya sea a la vida religiosa, ya sea a la vida diocesana, pues que te atrevas, que seas un atrevido a decir ese «sí». Sírvele al Señor porque la Iglesia y Dios te necesitan, porque eres importante para este mundo y para la Iglesia. Necesitamos de ti. No te cohíbas»

Camino Católico.- Néstor Noel Carrillo González es religioso pasionista y diácono de la Iglesia católica. Nació hace 32 años en Panamá y actualmente sirve pastoralmente y trabaja como profesor de religión en el Colegio San Gabriel, centro educativo pasionista fundado hace 58 años en Alcalá de Henares.

Antes de llegar a la ciudad complutense, Néstor realizó misiones en lugares como la Selva Amazónica del Perú, en Ecuador o El Salvador; desarrolló su formación de aspirantado en Panamá y sus estudios de filosofía en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Posteriormente hizo su noviciado en Daimiel, Ciudad Real, a donde llegó en 2019; y realizó estudios teológicos en la Universidad San Buenaventura, en Bogotá, Colombia.

En septiembre de 2023 fue ordenado diácono en el colegio San Gabriel por Mons. Antonio Prieto Lucena, obispo de la Diócesis de Alcalá de Henares. El próximo 25 de julio de 2026 será ordenado sacerdote en Panamá por Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá. Da su testimonio de fe y conversión en una entrevista en el portal de la diócesis de Alcalá de Henares.

– ¿Qué es la congregación pasionista?

– Nuestra congregación se llama «La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo», fundada en 1720 por el religioso San Pablo de la Cruz, el primer pasionista, el máximo místico del siglo XVIII. Y nuestro principal carisma es anunciar, vivir y predicar la Pasión de Jesucristo como mayor obra de amor de Dios hacia la humanidad.

– ¿Cuándo te llamó Dios?

Fue secuencial. La fe se cultiva y se vive en la experiencia familiar. Y en mi caso, Dios me regaló una familia de fe, de Iglesia. Desde que tengo conciencia he asistido con ellos a la Eucaristía. Creo que ese es un gran comienzo, un gran paso, la semillita de la fe y de la vocación. Gracias a ello hice mis sacramentos de la primera Comunión, la Confirmación… Pero no fue específicamente hasta que hice mis sacramentos de la Confirmación en Panamá, en la parroquia San Nicolás de Bari -comunidad Pasionista- que tengo ese acercamiento de dar mi vida a Dios por medio de esta congregación pasionista.

Anhelaba ser sacerdote, anhelaba también ser profesor y también ser psicólogo. Y hoy en día pues llevo casi esos tres momentos. Actualmente estoy aspirando a continuar con los estudios de Psicología.

Dios hace camino y creo que ha hecho camino conmigo durante todos esos años. Se fue cultivando desde la infancia, fortaleciéndose en el sacramento de la Confirmación y dando ese sí definitivo cuando tenía 21 años.

– ¿Por qué llevas el hábito religioso cuando algunas veces, hoy en día, no es habitual?

– San Pablo de la Cruz, que fue el primer pasionista, en 1720 viste con una túnica negra que para él representaba el hacer luto por la Pasión. En su época, él enfatizaba que los principales males que hay en la sociedad en ese entorno, en ese siglo, es porque el ser humano ha abandonado la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Porque si somos conscientes de que hubo alguien que se entregó por amor a nosotros, el ser humano no haría daño a su prójimo, a su hermano. Y es una frase que incluso hoy en día, en pleno siglo XXI, en 2026, sigue estando vigente. Entonces, nosotros hacemos memoria de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con el hábito de hacer luto por la Pasión. El recordar -si hay alguien que se ha olvidado de ese amor total- que principal compromiso y responsabilidad de los pasionistas es hacer memoria y demostrar a la humanidad y a nuestra Iglesia que el Señor se entregó en la cruz por amor.

Néstor Noel Carrillo González lleva su hábito de religioso Pasionista en el que su elemento principal es el escudo de la pasión de Jesucristo / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– Y el hábito negro tiene algunos signos…

– Tiene principalmente el escudo de la Pasión, el escudo que se da cuando se realiza la profesión temporal. Es un signo en forma de corazón que en sí es negro, porque negro es el pecado de la humanidad. Pero aún así, sobre ese corazón negro está puesto un corazón blanco, que es la misericordia de Dios, que todo lo perdona, lo purifica y lo transforma. Hay unas letras en griego y en latín, y el Crismón.

Nuestro fundador, San Pablo de la Cruz, siempre recalcaba que la Pasión de Jesucristo «esté siempre grabada en vuestros corazones». Entonces, vemos que Jesús, escrito en latín y en griego, no solamente es para Occidente ni Oriente, sino es un Jesús para toda la humanidad, a nivel universal. En el escudo hay también tres clavos, que representan los de la crucifixión del Señor.

Tenemos también una cruz, instrumento de salvación, signo de salvación. Es el Señor que nos redime y entrega su vida en una cruz. Pero también es una cruz blanca que evoca a la resurrección, a la luz, a la vida eterna. Y esa es la misión del pasionista, acompañar hoy en día a los crucificados. Pero no solamente el estar ahí, sino acompañarles en ese proceso para que ellos puedan descubrir la vida, descubrir que todo problema y toda situación difícil tiene solución.

Y arriba de la cruz hay como una especie de trébol que representa Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Santísima Trinidad es Dios en su totalidad, que se crucifica por amor. Pero también está lo que es la pasión, la muerte, la resurrección, ese triduo pascual. Es una catequesis.

Llevamos el Rosario también. En principio no formaba parte del hábito pasionista, sino que años después, la orden dominica le regala el Rosario primitivo a la congregación pasionista.

– ¿Qué significa para ti el Colegio San Gabriel, de Alcalá de Henares, en el que das clases de religión?

Es la cuna en la cual muchos chicos y jóvenes de Alcalá han pasado. Hemos tratado, nosotros como religiosos, de transmitir con amor el carisma de la congregación. Pero también transmitir los valores humanos, que al fin también son cristianos. Nosotros, como congregación en la Diócesis de Alcalá, hemos acompañado a la familia a descubrir ese amor de Jesús crucificado, pero también a demostrar y a compartir esos valores para que los jóvenes lo pongan en práctica en esta sociedad, por medio de sus actitudes, por medio de la manera de expresarse.

Cada chico que sale del colegio se nota que es del Colegio San Gabriel, por esos valores que le hemos transmitido. Y lo hemos hecho con servicio, con amor total, como esa ofrenda que nosotros hacemos hacia la diócesis y hacia estas tierras.

Néstor Noel Carrillo González da clases de religión en el Colegio San Gabriel, de Alcalá de Henares, de los Pasionistas / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– ¿Y has elegido ya un lema sacerdotal?

– El sábado 25 de julio me ordeno sacerdote en Panamá. Mi lema es «Salve María, Mater Misericordiae». Yo creo que los sacerdotes son los hijos predilectos, en sintonía desde el crucificado, cuando dice a Juan, el discípulo amado, que «ahí está tu madre». Y es el mejor legado, que nuestro Señor desde la cruz nos concedió a María como nuestra madre.

Por eso he querido recalcar a María como parte de mi vida, como parte de mi vocación. Yo me considero una persona muy mariana. Nuestra tierra, Panamá, es muy mariana. Tenemos una advocación que nació aquí en España, en Sevilla, Santa María la Antigua. Es la primera advocación mariana en esa época, en 1510, a todas esas tierras americanas. Es patrona de Panamá y le tengo mucho cariño, tanto así que mi apellido religioso es «de Santa María la Antigua». Soy Néstor de Santa María la Antigua.

Mi lema sacerdotal es «Madre misericordia» porque considero que es la mejor modelo y maestra de cómo compartir y transmitir misericordia, es la madre de aquel buen Maestro, que nos lo enseña siempre.

– ¿Qué personas te han acompañado en tu discernimiento vocacional?

– El primer pasionista que conozco fue el párroco de mi pueblo. Donde me crie está la presencia pasionista. El primer pasionista -un español- que se llama Eusebio García fue el primer pasionista que conocí. Fue en un momento muy crítico en mi vida en el cual mi papá le diagnosticaron cáncer. Yo tenía siete años. Estaba muy grave, con cáncer entre los pulmones y el corazón. Conocí a un pasionista que llegó al hospital para darle la unción de enfermos.

Años más tarde, cosa de la vida, empecé de lleno a familiarizarme con la parroquia. Me hice monaguillo de aquel sacerdote que acompañó a mi padre en ese proceso -que gracias a Dios mi papá está vivo-, su presencia fue un consuelo, un consuelo de esa presencia de Dios en medio de ese dolor. Le considero como mi padre en la fe: Eusebio García.

– ¿Y algunos santos que tengas como referentes en ese discernimiento?

– Soy pasionista… San Pablo de la Cruz, que, a los 19 años, también quería servir al Señor pero no sabía cómo. Él quería ser mártir, quería pertenecer a la Guardia Suiza para defender al Papa, porque en esa época del siglo XVIII había muchas dificultades también. El Señor le fue acompañando a él en su vocación. Primero con ese enamoramiento de entregar su vida total al Señor Crucificado, a ser fundador, cosa que no tenía muy clara. Pero en el transcurso de los días, se iba aclarando. Algo que me llama de él es su perseverancia en la fundación de la congregación. Luchó y sufrió muchísimo pero su mejor amigo siempre fue el Señor. Fue muy mariano también. Siempre fue buen hijo de María Dolorosa, que es la patrona de la congregación.

También está el Beato Pío Campidelli, con el que me siento muy relacionado porque fue como mi compañero desde que inicié la etapa de aspirantado. Conocí su historia y me cautivó porque era un chico sencillo, humilde, de pueblo, que hacía todo lo posible para asistir a las Eucaristías dominicalmente. Era muy devoto de Jesús Eucaristía y de María Santísima.

Y hay muchos otros santos también como San Juan Pablo II, por su actitud misericordiosa, pero también la verdad hacia adelante. Y San Nicolás de Bari, cómo no. Yo soy muy devoto de San Nicolás de Bari, que se celebra el 6 de diciembre y es patrono de los marineros y de los niños. Es el patrón de mi pueblo. Yo vengo de un distrito que se llama Arraiján y él es el patrono del pueblo y titular de la parroquia donde está la presencia pasionista. Considero que él es mi amigo de santidad desde mi infancia.

– ¿Y qué significa ser religioso y sacerdote al mismo tiempo?

– Ser religioso es una consagración más de cerca porque la primera consagración la hacemos todos por medio del Bautismo. Ese sí afirmativo de acercarnos más, de entregar nuestra vida en su totalidad, en ese sí es a través de unos votos… Yo soy religioso porque vivo un carisma, que es el amor de Jesús Crucificado en la cruz. Y lo vivo tratando de vivir esos consejos evangélicos que es la pobreza, la castidad y la obediencia, y un cuarto voto de nosotros los pasionistas que es hacer memoria de la Pasión.

Yo vivo mi fe y vivo mi vocación no individualmente, la vivo con otro compañero, un compañero que no decidí, pero en el camino de la vida Dios me lo ha puesto como hermano de Iglesia, hermano de comunidad.

Y ser sacerdote es una consagración, una consagración como religioso a ese sí a vivir en comunidad, que va vinculado al sacerdocio. Ya entramos en lo ministerial, al servicio, ya no de la congregación sino al servicio a la Iglesia universal. Es el instrumento del Señor para poder compartir los sacramentos. Hoy en día hay muchas personas que sufren, que desconocen de Dios, que no conocen ese rostro misericordioso. Creo que como religioso y como sacerdote somos ese rostro visible de Cristo y de la Iglesia hacia ellos.

– Y ya como diácono has podido celebrar algún sacramento…

– El año pasado, el 7 de diciembre lo tengo muy presente. Casé aquí en Alcalá de Henares a una familia de Valencia, en la capilla de San Ildefonso. Fue emocionante, todavía tengo muy buena relación con ellos, nos seguimos escribiendo y ellos me piden consejo. Al parecer la reflexión que les di, la homilía les sirvió mucho. Ellos me escriben constantemente, me tienen siempre presente, y yo también les tengo presente por medio de la oración. Es la única manera de estar juntos, de apoyarnos. Y ese fue el pacto que hicimos, que oráramos los unos por los otros.

Y también en mi pueblo, cuando estuve en diciembre y enero celebré 24 bautizos en la parroquia de mi pueblo en Panamá.

Néstor Noel Carrillo González es diácono en los Pasionistas y será ordenado sacerdote / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

– ¿Y cuándo marchas a Panamá?

– Viajo el 22 de julio, muy justito. El día siguiente nos prepararemos espiritualmente y para hacer la profesión de fe, para hacer los ensayos para la Eucaristía de la ordenación que tenemos el día 25 en una de las capillas de la parroquia que se llama Virgen de Guadalupe. Será a las diez de la mañana, hora de Panamá.

La ordenación será en la parroquia pasionista de Panamá, San Nicolás de Bari. Es una parroquia que allá los amigos diocesanos le dicen un poco de broma «la minidiócesis» porque es una parroquia que tiene 28 presencias, 28 capillas.

En una de esas capillas seré ordenado junto con otro compañero también panameño.

– ¿Y después del 25 de julio?

– Estaré celebrando las primeras Misas en las comunidades, sirviendo a la comunidad ahí, donde me necesiten. Y también compartir con la familia. Y estaré regresando el 28 de agosto.


– ¿Qué mensaje quieres dar a quien lea esta entrevista?

– Animar a los jóvenes primero a encontrar a Jesús, que es el mejor amigo, el amigo que nunca falla, el amigo que siempre está en las buenas y en las malas. Lo digo por carne propia porque en la vida a veces encontramos personas buenísimas. Son regalos de Dios, sí, pero así como vienen, así van y así vienen. Pero hay un amigo que siempre permanece ahí, que rompe esos tiempos del pasado, presente y futuro, Él siempre va a estar ahí contigo, se llama Jesús.

Y yo te invito que si tienes algún llamado, consideras que Dios te está llamando al servicio de la Iglesia, ya sea a la vida religiosa, ya sea a la vida diocesana, pues que te atrevas, que seas un atrevido a decir ese «sí». Sírvele al Señor porque la Iglesia y Dios te necesitan, porque eres importante para este mundo y para la Iglesia. Necesitamos de ti. No te cohíbas.