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domingo, 25 de enero de 2026

Francesc Torralba: «He encontrado en la palabra de Dios el consuelo frente a la la muerte de mi hijo; me agarro a la fe y a confiar que la muerte no es el final, sino la transición a un nacimiento: la gloria infinita de Dios»


Francesc Torralba comparte cómo ha afrontado desde la fe la tragedia de la muerte de su hijo desde su propia experiencia 

* «Me pasé ocho años en una facultad de teología, licenciatura y doctorado. Y la primera lección que uno aprende en el primer día de una facultad de teología es que Dios es misterio que en griego significa lo oculto. Y nosotros con la razón captamos una porción minúscula de esa realidad. Por lo tanto, yo la idea de Dios como misterio y como algo que trasciende nuestra racionalidad, lo tenía ya metido en mi ADN desde los 18 años. Lo que pasa es que cuando vives esta experiencia, esa idea adquiere mucho volumen, porque uno se da cuenta realmente que su imagen a veces es muy tópica, estereotipada, pueril, simple, y esa imagen se rompe en mil pedazos. Lo que pasa es que se rompe la imagen, no Dios. Dios está más allá de nuestras imágenes, y por lo tanto, te quedas sin esa imagen, pero está el Dios enigma, al que tú abrazas a pesar de no comprender y esperas un sentido y, sobre todo, el amor que te transmite a través de las personas que te aman»  

        

Vídeo del testimonio de Francesc Torralba filósofo y teólogo, en el programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.-  “He encontrado en la lectura y en la meditación de la palabra de Dios un bálsamo, una consolación frente a la experiencia de la muerte de un hijo en particular, muy joven, 26 años, en un accidente de montaña que íbamos juntos en los picos de Europa. No significa que todo el mundo lo encuentre”, ha testimoniado Francesc Torralba filósofo y teólogo, en el programa 'Ecclesia es domingo' de 13 TV, al presentar  su libro 'La palabra que me sostiene', en la que profundiza sobre el duelo tras la pérdida de un ser querido. En una semana trágica para España por el accidente ferroviario en Adamuz, son cientos de personas las que están viviendo un duro duelo por la pérdida de su ser querido en la tragedia, el testimonio de Torralba ofrece respuestas desde su propia vivencia.

Él asegura que la palabra de Dios le ha consolado pero matiza que “Es posible que otros hallen refugio en máximas estoicas, o en la música, o en el arte. Pero yo creo que debo dar testimonio de esto, sobre todo por sí es útil a otras personas que están en esa travesía, por esa noche oscura, que es el duelo por la muerte de un ser querido. Yo creo que hay fragmentos, hay palabras, que de algún modo son bálsamo para un alma que está inquieta, que está atormentada, que está desasosegada por la muerte de un ser querido”. 

Francesc sabe bien lo que es el duelo, después de que hace unos años perdiera a su hijo Oriol en un accidente de montaña en los Picos de Europa. La muerte de su hijo fue traumática, ya que el propio Francesc Torralba acompañaba a su hijo: “Habíamos planeado la excursión con mucho deseo. En un momento dado se precipitó por un barranco. Fue un impacto terrible procesarlo, asumirlo y poder consolar y ayudar a sus hermanas, a mi esposa, a su novia...”

El teólogo dice que “sí que se puede dar sentido a una tragedia, pero no de entrada. De entrada es un caos, es un vértigo, todo se deshace, hay una situación de abismo, y, por lo tanto, lo que hay de entrada es un grito, es una cólera, es una rabia. Quizá, a posteriori, uno puede aprender y comprender y reconstruir su vida, pero eso requiere tiempo y ayuda, no es inmediato, ni, por supuesto, es algo espontáneo, sino que requiere todo un proceso temporal”.

Con anterioridad a la muerte de su hijo, Torralba ya había investigado sobre el duelo y la muerte, si bien reconoce que una cosa es el estudio y otra la experiencia propia: “Cuando uno habla desde lo vivido tiene autoridad moral. Las personas que escuchan saben que es una persona que sabe de lo que, habla aunque no compartan la misma idea. Puedes ser una brújula”, ha expresado.

No obstante, Francesc Torralba apunta que quienes buscan una sanación en experiencias ajenas, corren el riesgo de creer todo testimonio: “Es necesario educar el sentido crítico y no creérselo todo. Es distinto ser creyente y ser crédulo. El crédulo se lo traga todo sin discernimiento ni análisis. El creyente acepta una serie de afirmaciones pero las reflexiona. La fe adulta pasa por la crítica”, ha manifestado.

El filósofo catalán afrontó los instantes finales de su hijo, lo que le ha permitido aprender de situaciones límite: “Aprendes a ser mucho más humilde, no tenemos control del futuro y aprovechas más cada momento, cada conversación. Yo he aprendido la cultura de la gratitud, tendemos a agradecer a posteriori cuando no te puede oír. No puedes posponer la gratitud, tienes que agradecer hoy, perdonar hoy. No pospongas”, ha aconsejado.

En este sentido, Torralba ha subrayado que “la muerte de un ser querido no se supera, como mucho se asume, uno la acepta y aprende a vivir con esa ausencia. Cuando un ser humano muere, está ausente, deja de estar en el espacio y tiempo y tienes que aprender a vivir con esa ausencia”.

El duelo en comunidad más llevadero

Y es que el duelo, a juicio del teólogo, tiene que ver con el amor: “Cuando amas mucho a una persona y desaparece es muy difícil de aceptar”.

Preguntado por los errores más frecuentes que se cometen cuando tratamos de consolar a alguien que ha sufrido una pérdida, Torralba apunta que el principal es “dar consejos cuando no los ha solicitado”. Para evitar caer en ello, destaca que “la principal actitud es de escucha, que pueda liberar esas emociones, ese dolor, ese llanto, esas lágrimas. Es estar al lado, no te quedes dentro nada, lo peor es encerrarse e intentar salir solo”.

“Luego puede ser que en un momento dado te diga, ¿y ahora qué tengo que hacer? Y tú le puedes decir: a mí me ha ido bien la lectura del libro de Job, o de los Salmos, o de Epicteto, o de Marco Aurelio; o me ha ido bien la música, o la oración, o la Eucaristía; o me ha ido bien pasear con un amigo. Pero en cualquier caso, de entrada, receptividad, estar al lado y adoptar forma de recipiente. Aquí estoy, libera todo tu sufrimiento, no te lo quedes dentro”, comparte.

Y es que “el duelo en comunidad es más llevadero, si otro te sostiene y te da apoyo esto te da la impresión de que no estás solo en el mundo”, ha agregado.

Francesc Torralba con la portada de su libro ‘La Palabra que me sostiene’

La fe como tabla de salvación y ‘¿Dónde está Dios?’

Torralba a su vez ha recalcado que los creyentes, siempre que esa fe “sea muy robusta”, están capacitados para superar un duelo con mayor rapidez. “Cuando ocurre una situación límite hay una especie de movimiento sísmico, se conmueve tu vida personal, espiritual y social. Hay personas que dejan de creer en ese Dios que me protegía, me sostenía: ‘¿Dónde está Dios?’ Hay un movimiento hacia el ateísmo, pero en otras personas es todo lo contrario, se agarra a esa fe y confía en que la muerte es la transición a un nacimiento en el que creemos”, ha apuntado.

Y añade reflexionando: “Me ha fallado la medicina, la técnica, los fármacos… Lo único que me sostiene es la fe en Dios, como un náufrago en una tabla de madera, y, por lo tanto, me agarro a esa fe y a confiar, en efecto, que la muerte no es el destino final de la vida humana, sino la transición a un nacimiento, a un ámbito que no podemos describir conceptualmente, pero que creemos: la gloria infinita de Dios”. 

Si una persona que conocemos que es creyente, sufre una pérdida y reniega de Dios, Torralba aconseja que “la actitud tiene que ser de escucha. Nosotros no podemos juzgar, menos aún fiscalizar, la relación personal con Dios es íntima, es intransferible”.

El teólogo asegura que “habrá un proceso. El libro de Job es muy iluminador. Job es un hombre bueno, honesto, trabajador, y solo le pasan desgracias, pero desgracias solemnes.Job pasa por un momento de rebeldía, incluso maldice el día que nació. Pero al final hay una reconciliación con Dios: ‘Dios me lo dio, Dios me lo quitó, alabado sea Dios’”.

“Hay un proceso de reconciliación y una reconstrucción de esa fe, y sobre todo una superación de esa imagen de Dios, de un Dios lampista que va resolviendo los desastres de mi vida cotidiana. Igual vas a trascender hacia una idea de Dios que es enigma, misterio, algo que trasciende nuestra racionalidad y que aceptamos a pesar de no comprender del todo”, asevera.

Y explica su propia experiencia: “Me pasé ocho años en una facultad de teología, licenciatura y doctorado. Y la primera lección que uno aprende en el primer día de una facultad de teología es que Dios es misterio que en griego significa lo oculto. Y nosotros con la razón captamos una porción minúscula de esa realidad. Por lo tanto, yo la idea de Dios como misterio y como algo que trasciende nuestra racionalidad, lo tenía ya metido en mi ADN desde los 18 años. Lo que pasa es que cuando vives esta experiencia, esa idea adquiere mucho volumen, porque uno se da cuenta realmente que su imagen a veces es muy tópica, estereotipada, pueril, simple, y esa imagen se rompe en mil pedazos. Lo que pasa es que se rompe la imagen, no Dios. Dios está más allá de nuestras imágenes, y por lo tanto, te quedas sin esa imagen, pero está el Dios enigma, al que tú abrazas a pesar de no comprender y esperas un sentido y, sobre todo, el amor que te transmite a través de las personas que te aman”. 

Respecto a los libros que él recomienda para afrontar una tragedia de la pérdida de un ser querido explica que “recomiendo primero los Salmos, en los que hay la experiencia personal de Dios: la soledad, el abandono. Recomiendo el libro de Job y Eclesiastés del Antiguo Testamento, y naturalmente, especialmente, los relatos de la pasión, porque Jesús también se desespera: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’. Es decir, en los relatos de la pasión hay el grito de desesperación y de abandono, y cuando uno vive una situación límite, experimenta esta empatía con Jesús en la cruz”.

Luego añade: “Lo que pasa es que la historia no termina ahí. Nosotros creemos que la historia termina el Domingo de Gloria, y no el Viernes Santo, pero has pasado por esa experiencia, y, por lo tanto, puede haber una afinidad y puede haber una comprensión y, a la vez, una esperanza que se funda en el hecho pascual:. Murió y resucitó, al tercer día, como dicen las Escrituras”.

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