Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

sábado, 14 de febrero de 2026

Milagros y conversiones al recibir la unción de los enfermos; dos personas y una bebé a punto de morir dadas de alta del hospital: «Es la fuerza de Cristo que sana»


De izquierda a derecha: los sacerdotes José Manuel Fuertes y Pablo Fra / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares 

* «El hospital es como un frente de batalla, ves de todo. Hace poco, una chica me llamó para que fuese a ver a su madre. La señora había renunciado a la fe, no apostató pero no quería saber nada de Dios. A esta mujer le detectaron un cáncer terminal y entonces los hijos llamaron al capellán. Fui a hablar con ella y de primeras dijo que 'le han llamado mis hijas, si yo no tengo fe, yo no quiero saber nada de Dios, ni de la Iglesia'. A la semana siguiente, esta persona que renegaba de Dios me pidió la confesión y la comunión. Pude hablar con ella, darle el sacramento de la confesión y fue muy bonito porque me dijo que ‘es como si hubiese hecho otra vez mi primera comunión, qué bueno es Dios conmigo‘ y empezó a hablar muy bien de Dios. A la semana siguiente le di la unción porque la iban a sedar y la familia me llamó»

Camino Católico.- La Diócesis de Alcalá de Henares cuenta con doce capellanes que prestan servicio en los cuatro hospitales públicos de la zona. La web de la diócesis acaba de contar con detalle el testimonio de alguno de ellos.

El sacerdote Pablo Fra lleva unos tres años como capellán del Hospital Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares. Explica que celebra la Misa a las 12 del mediodía un par de días a la semana. Además, este capellán está disponible para confesar, llevar la Comunión y dar la unción de enfermos. Unos sacramentos que no puede administrar sin una solicitud previa. «Nos tienen que llamar. Aunque si es alguien conocido, si es mi madre, un familiar mío o alguien de mi parroquia, yo puedo ir directamente. Pero lo normal es que nos tengan que llamar, es decir, yo no puedo invadir una habitación si antes no me llaman. Si me llaman, estoy a disposición de lo que me pidan. Normalmente, suelen pedir confesiones o, a veces, hablar con el capellán», indica Fra.

Y describe lo que le sucedió hace poco cuando le llamó una persona a la que han «detectado un cáncer terminal y lo que quería era hablar con el capellán porque estaba cabreado con el mundo, con la existencia… Entonces, ¿qué hice? Pues fui a allí a consolarla y a escucharla. Pero normalmente te tienen que llamar. Yo no puedo invadir la privacidad de las habitaciones, te tienen que llamar y es como una llamada de Dios que tú inmediatamente vas directo a donde te llaman».

Esta misma situación la vive el sacerdote José Manuel Fuertes, que atiende pastoralmente a los enfermos y sanitarios del Hospital Universitario del Sureste, ubicado en Arganda del Rey. Este capellán de hospital da «servicio a los enfermos y a aquellos que, de una manera especial, pasan por mayor dificultad, entre ellos los moribundos. Y también dar consuelo a las familias, sobre todo cuando tienes la oportunidad de dar una unción y atender a las familias en los momentos de mayor soledad y dificultad».

Los doce capellanes tienen unos horarios presenciales establecidos en los hospitales pero están disponibles 24 horas por si alguna persona necesita de ellos en cualquier momento del día o de la noche. Hay ocho sacerdotes que atienden esta pastoral a tiempo completo y otros cuatro que lo hacen a media jornada.

De la muerte a la vida

Fra explica que «a veces Dios te rompe los planes cuando tienes que dar estas unciones. Yo estaba un día en mi casa tranquilamente, cené y dije ‘no creo que me llamen del hospital’… Y entonces me llaman de urgencia, ‘¿es usted el capellán?’ Tenemos situación de pre-exitus, que en el lenguaje médico quiere decir que una persona está ya a punto de morirse. ‘¿Puede usted venir?’ Eran las once de la noche y yo estaba cabreado porque había estado viendo el partido del Real Madrid y había perdido. Estaba viendo una película, me quedé a mitad de la película, cogí el coche, estaba el vado de mi parroquia ocupado y cabreadísimo llegué. Encima ya sabes que se va a morir, todo un drama, llegué, di la unción, consolé a la familia y regresé a casa sobre la una de la madrugada. Al día siguiente, la persona que me había llamado para dar la unción, me llama. Yo digo, ya está, que ha fallecido. Me dice, ‘padre, que nos dan el alta, que esta persona piensa que eres Dios’… Y dije, ‘no, no, que ha sido el sacramento, es la fuerza de Cristo que sana, que yo no he hecho nada. Y entonces, pues las enfermeras me veían como Dios, pero yo no había hecho nada, había sido solo darle esa unción».

Voluntarios del SARC son bendecidos por los sacerdotes Pablo Fra y José Manuel Fuertes / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

Fuertes también ha presenciado la acción del Espíritu Santo en curaciones. Recuerda el caso de «una niña que bautizamos en la misma incubadora. La niña estaba prácticamente denostada para la vida y recibió el Bautismo y a los dos o tres meses la familia llamó pidiendo el Bautismo. No se podía repetir porque ya se había realizado pero se hizo una celebración de acción de gracias. A la niña le habían dado pocas horas de vida, salió adelante hace ocho o nueve años y ya ha hecho la Comunión y está llevando una vida normal. Y después recuerdo también particularmente un señor de 88 años. Estaba la familia rezando y fui a darle la unción. A las pocas horas notamos todos una mejoría y dos días después le dieron el alta. De hecho, todavía está vivo. Nos llamó la atención el hecho de que prácticamente estaba desahuciado y fue a recibir la unción y salir adelante».

Conversiones después de dialogar con el capellán en el «frente de batalla»

Los capellanes de hospital no solamente administran los sacramentos, también conversan y escuchan a los enfermos y familiares que lo solicitan.

Para Pablo Fra, «el hospital es como un frente de batalla, ves de todo. Hace poco, una chica me llamó para que fuese a ver a su madre. La señora había renunciado a la fe, no apostató pero no quería saber nada de Dios. A esta mujer le detectaron un cáncer terminal y entonces los hijos llamaron al capellán. Fui a hablar con ella y de primeras dijo que «le han llamado mis hijas, si yo no tengo fe, yo no quiero saber nada de Dios, ni de la Iglesia«. A la semana siguiente, esta persona que renegaba de Dios me pidió la confesión y la comunión. Pude hablar con ella, darle el sacramento de la confesión y fue muy bonito porque me dijo que ‘es como si hubiese hecho otra vez mi primera comunión, qué bueno es Dios conmigo‘ y empezó a hablar muy bien de Dios. A la semana siguiente le di la unción porque la iban a sedar y la familia me llamó. Pudo despedirse de sus mejores amigos, y antes de sedarla y que se quedase dormida pudo recibir la unción. En dos semanas recibió todo lo que se podía recibir. Ella misma, antes de dormirse del todo le daba gracias a Dios porque decía que la había recogido a última hora, es decir, Dios había esperado al final para encontrarse con ella. Cuando comulgó se emocionó, fue súper bonito. Luego ya, desgraciadamente, falleció».

No hay comentarios:

Publicar un comentario