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sábado, 14 de febrero de 2026

Adrián Fernández, 27 años: «Buscaba sentido a la vida porque pasaba por muchos sufrimientos y soledad, hice la primera comunión con 15 años, el Señor me ha ido transformando y el sufrimiento me ha acercado más a Dios»

Adrián Fernández, joven de 27 años, explica cómo Dios le ha fortalecido en el sufrimiento / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares 

* «Tuve un hijo en mayo y al nacer estuvo muy, muy enfermo, casi se muere… Y la verdad es que fueron unos momentos… Nunca he estado más unido a mi mujer, y nunca he estado más unido a mi familia y al Señor porque en el sufrimiento nos hemos hecho fuertes en la fe. En la medida en la que el Señor da sentido incluso a momentos tan oscuros la fe yo creo que madura y crece interiormente»

 Camino Católico.-  Adrián Fernández es un joven de 27 años residente en Alcalá de Henares que vive su fe en la parroquia de santo Tomás de Villanueva en el barrio de Espartales de la ciudad complutense. Está casado desde hace casi cuatro años con Sara, joven de la diócesis de Alcalá de Henares, y tienen dos hijos. Es terapeuta ocupacional y profesor de religión en un instituto público y en un colegio concertado. En una entrevista en la web de la diócesis habla de la evangelización como una aventura y una lucha a contracorriente, del sufrimiento al ver que la vida de su hijo pequeño peligraba, y del santo que vivió en una isla de leprosos. Así comienza a contar su camino de fe:

“Yo estoy bautizado de pequeño, gracias a mi abuela especialmente, porque mis padres no vivían la fe. Pero a partir de ahí no tuve contacto con la Iglesia durante 15 años. Cuando cumplo 15 años empiezo a tener un poco más de curiosidad por las cosas relacionadas con la fe, buscando un poco un sentido a la vida porque la verdad es que pasaba por muchos sufrimientos y por mucha soledad. No tenía una buena relación con mis padres”, asegura.

“Empecé a ir a una iglesia con mi tía en verano; tuve más curiosidad… Yo estudiaba en el colegio Alborada, y empecé a ir ahí a Misa; y a partir de esas experiencias y de esa curiosidad me ofrecieron conocer más al Señor. Recibí unas catequesis personalizadas por mi edad e hice la primera comunión con 15 años ahí en el colegio. La Confirmación poco después, y a partir de ahí mi vida ha girado siempre en torno a la fe y a la vida de la Iglesia”, relata Adrián.

Un hijo al borde de la muerte

A partir de ese momento, este joven profesor cuenta el punto de inflexión que hubo en su vida de fe:

“Me doy cuenta de que la primera conversión era volverse hacia Dios, empezar a conocerle, empezar un camino con Él. Pero luego quizás el cambio fuerte se ha ido dando cuando han llegado los momentos de más sufrimiento, porque el momento de sufrimiento es como el momento de inflexión. Al final las actividades, los retiros, las JMJ son momentos que me animan en mi fe porque veo que otros viven lo que vivo yo, pero es en los momentos de sufrimiento en los que yo he visto que el Señor me ha ido transformando. Y antes el sufrimiento lo vivía con angustia, con tristeza, y en la medida en la que se han ido dando momentos de sufrimiento eso me ha ayudado a acercarme más a Dios, en vez de alejarme de Él”.

Adrián Fernández cuenta uno de los peores sufrimientos de su vida: “Tuve un hijo en mayo y al nacer estuvo muy, muy enfermo, casi se muere… Y la verdad es que fueron unos momentos… Nunca he estado más unido a mi mujer, y nunca he estado más unido a mi familia y al Señor porque en el sufrimiento nos hemos hecho fuertes en la fe. En la medida en la que el Señor da sentido incluso a momentos tan oscuros la fe yo creo que madura y crece interiormente”.

El camino de fe con oración perseverante, grupos en los que da y recibe y santos

Actualmente, Adrián vive su fe así: “Intento cuidar siempre a diario tener un rato de oración, suelo ir a Misa todos los días… y luego tengo algunos grupos en los que me doy: formación a adultos o atención a ciertas personas… Y luego sobre todo hay grupos en los que recibo: grupos de matrimonios con los que compartir mi vida matrimonial, camino en una comunidad del camino Neocatecumenal en la parroquia Santo Tomás de Villanueva, y la verdad es que ahí precisamente compaginas las dos cosas: te entregas a los demás y creces en la fraternidad, y al mismo tiempo ellos son un apoyo en la vida de fe”.

Respecto a los libros que le han hecho crecer en la fe asegura que “siempre me han ayudado mucho las vidas de los santos, porque aprendo mucho de ellos y porque en ellos puedo ver cómo se vive la fe de forma auténtica. Me gustan las obras completas de santa Teresita de Lisieux y un libro que llaman “El Trochú”, que es una biografía del Cura de Ars”.

Y hablando de santos descubre cuál es su predilecto: “Me voy a quedar con san Damián de Molokai. Es un presbítero belga que se fue a una isla de leprosos donde nadie quería atenderlos porque al final la vida con ellos implicaba acabar enfermando y muriendo. Lo tachaban de loco incluso los hermanos de su propia Orden y le hicieron la vida bastante dura. Y la verdad es que esa decisión de estar siempre con el que más te necesita aunque eso implique entregar hasta la vida siempre ha sido un testimonio muy fuerte para mí”.

Adrián Fernández cree que la mejor forma de dar testimonio de Cristo es con la propia vida / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares 

La vida contracorriente con el Señor

Testimoniar su fe y caminar contrario al espíritu del mundo es cansado, pero con Dios es posible para Adrián: “La verdad es que siempre me he sentido como muy batallando ante el mundo, tanto antes como después del encuentro con el Señor. Entonces, la cosa cambió mucho porque ya estaba acostumbrado a ir a contracorriente, pero con el Señor ya la cosa era un poco diferente, ya uno se sentía acompañado. Uno se siente como despreocupado de lo que puede venir, ¿no? Porque sabe que hay alguien que lleva la vida”.

Y segura que “lo vivo con paz, con alegría. A veces me cuesta, porque sufro el rechazo, a lo mejor, de gente de mi familia o de gente con la que tengo más cercanía y eso siempre es duro, esa incomprensión tan cercana… Pero bueno, es una aventura, no lo vivo con intranquilidad sino con la alegría de ir viendo cómo la gente se ha ido acercando a Dios a partir de esa lucha de ir a contracorriente”.

Y en medio de esa lucha explica cómo evangeliza: “Es verdad que hago muchas cosas activamente, y a lo mejor hacemos desde la parroquia formación de adultos o en mi propio trabajo como profesor de religión  con los chavales siempre es un momento de evangelización, pero siempre considero que la mayor evangelización es con la propia vida. En la medida en la que yo salgo de mí mismo y la gente ve cómo esa entrega no viene de mí mismo, porque además me conocen y saben que por mí no me entregaría, yo creo que ese es el mayor testimonio: que otros vean cómo nos amamos. Y de ese amor pues que la gente verdaderamente diga ‘aquí hay algo diferente’. Más o menos es lo que me pasó a mí”.

Y también la fe de Adrián no esta ausente de cómo da su trabajo de profesor: “Yo creo que hace mucho que yo intento dar las clases con el entusiasmo de querer que eso no se quede únicamente en algo académico, que al final es lo primordial porque estamos en el entorno académico y tienen que aprender ciertas cosas que luego les sirvan para la vida en relación con la fe. Pero ese entusiasmo con el que transmito las cosas y con el que busco no solo que aprendan cosas sino que se encuentren con Alguien es la dinámica que intento seguir con ellos”.

Adrián Fernández concluye su testimonio completando unas frases con un enunciado inicial que le proponen:

“Los jóvenes son… la esperanza de la Iglesia.

Los jóvenes esperan… amar y ser amados.

La fe de los jóvenes… está especialmente dispuesta a entregar la vida”.

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