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miércoles, 4 de febrero de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 4-2-2026: «Cuando se proclama en la liturgia, la Escritura pretende hablar a los creyentes, tocar su vida, iluminar los pasos a seguir y las decisiones que tienen que asumir»

 


* «La Escritura sirve para alimentar la vida y la caridad de los creyentes, como recuerda san Agustín: ‘El que juzga haber entendido las divinas escrituras […], y con esta inteligencia no edifica este doble amor de Dios y del prójimo, aún no las entendió’. El origen divino de la Escritura recuerda también que el Evangelio, encomendado al testimonio de los bautizados, incluso abrazando todas las dimensiones de la vida y de la realidad, las trasciende: esto no se puede reducir a mero mensaje filantrópico o social, sino que es anuncio alegre de la vida plena y eterna, que Dios nos ha donado en Jesús»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma

* «Exhorto a todos a sostener con la oración a nuestros hermanos y hermanas de Ucrania, duramente afectados por las consecuencias de los bombardeos que han vuelto a golpear también las infraestructuras energéticas. Expreso mi gratitud por las iniciativas de solidaridad promovidas por las diócesis católicas de Polonia y otros países, que se esfuerzan por ayudar a la población a resistir en este tiempo de mucho frío»

 


4 de febrero de 2026.- (Camino Católico).- “Cuando se proclama en el contexto de la liturgia, la Escritura pretende hablar a los creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus problemáticas, iluminar los pasos a seguir y las decisiones que tienen que asumir. Esto solamente es posible cuando el creyente lee e interpreta los textos sagrados bajo la guía del mismo Espíritu que los inspiró”, ha dicho el Papa León XIV en su catequesis en la Audiencia General de este miércoles 4 de febrero de 2026, celebrada en el Aula Pablo VI, ante más de siete mil fieles, en el marco del ciclo de reflexiones dedicadas a los documentos del Concilio Vaticano II, que comenzó el 7 de enero pasado.

El Pontífice ha invitado a redescubrir la centralidad de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, no como un texto del pasado, sino como un acontecimiento vivo, capaz de interpelar hoy la existencia concreta de los creyentes. "La Constitución conciliar Dei Verbum, sobre la cual estamos reflexionando en estas semanas, indica en la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo". 

Al término de la audiencia general el pensamiento del Papa se dirige a Ucrania, que desde hace días se ve nuevamente afectada por intensas acciones militares que complican cada vez más la vida de la población civil. A menudo, las personas se encuentran a oscuras y deben hacer frente al frío con las graves dificultades que ello conlleva.



Mañana, 5 de febrero, expira el tratado New START para la contención de las armas nucleares. León XIV hace un llamamiento para que no se deje caer en el vacío el acuerdo, sino que se trabaje para garantizarle un seguimiento concreto y eficaz. «Es urgente —afirma— sustituir la lógica del miedo por una ética compartida capaz de orientar las decisiones hacia el bien común». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI

Miércoles, 4 de febrero de 2026


Catequesis: Los documentos del Concilio Vaticano II.

I. Constitución dogmática Dei Verbum 4. La Sagrada Escritura: Palabra de Dios en palabras humanas

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

La Constitución conciliar Dei Verbum, sobre la cual estamos reflexionando en estas semanas, indica en la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo. Los textos bíblicos, sin embargo, no fueron escritos en un lenguaje celestial o sobrehumano. Como también nos enseña la realidad cotidiana, de hecho, dos personas que hablan lenguas diferentes no se entienden entre ellas, no pueden entrar en diálogo, no logran establecer una relación. En algunos casos, hacerse comprender por el otro es un primer acto de amor. Por esto Dios elige hablar usando lenguajes humanos y, así, diferentes autores, inspirados por el Espíritu Santo, han redactado los textos de la Sagrada Escritura. Como recuerda el documento conciliar, «las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres» (DV, 13). Por tanto, no sólo en sus contenidos, sino también en el lenguaje, la Escritura revela la condescendencia misericordiosa de Dios hacia los hombres y su deseo de hacerse cercano a ellos. 

A lo largo de la historia de la Iglesia, se ha estudiado la relación que se produce entre el Autor divino y los autores humanos de los textos sagrados. Durante muchos siglos, muchos teólogos se han preocupado por defender la inspiración divina de la Sagrada Escritura, casi considerando a los autores humanos sólo como instrumentos pasivos del Espíritu Santo. En tiempos más recientes, la reflexión ha revalorizado la contribución de los hagiógrafos en la redacción de los textos sagrados, hasta el punto de que el documento conciliar habla de Dios como «autor» principal de la Sagrada Escritura, pero llama también a los hagiógrafos «verdaderos autores» de los libros sagrados (cfr DV, 11). Como observaba un agudo exégeta del siglo pasado, «rebajar la operación humana a la de puro amanuense no es glorificar la operación divina». [1] ¡Dios no mortifica nunca al ser humano y sus potencialidades!

Por tanto, si la Escritura es palabra de Dios en palabras humanas, cualquier aproximación a ella que descuide o niegue una de estas dos dimensiones resulta parcial. De ello se desprende que una correcta interpretación de los textos sagrados no puede prescindir del ambiente histórico en el que estos han madurado y de las formas literarias utilizadas; es más, la renuncia al estudio de las palabras humanas de las que Dios se ha servido, corre el riesgo de dar lugar a lecturas fundamentalistas o espiritualistas de la Escritura, que traicionan su significado. Este principio vale también para el anuncio de la Palabra de Dios: si pierde contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, resulta ineficaz. En cada época la Iglesia está llamada a proponer de nuevo la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia y de alcanzar los corazones. Como recordaba el Papa Francisco, «cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual». [2]

Igualmente reductiva es, por otra parte, una lectura de la Escritura que descuida su origen divino y termina entendiéndola como una mera enseñanza humana, como algo que debe estudiarse simplemente desde un punto de vista técnico o como sólo «un texto del pasado». [3] Más bien, especialmente cuando se proclama en el contexto de la liturgia, la Escritura pretende hablar a los creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus problemáticas, iluminar los pasos a seguir y las decisiones que tienen que asumir. Esto solamente es posible cuando el creyente lee e interpreta los textos sagrados bajo la guía del mismo Espíritu que los inspiró (cfr. DV, 12).

En este sentido, la Escritura sirve para alimentar la vida y la caridad de los creyentes, como recuerda san Agustín: «El que juzga haber entendido las divinas escrituras […], y con esta inteligencia no edifica este doble amor de Dios y del prójimo, aún no las entendió». [4] El origen divino de la Escritura recuerda también que el Evangelio, encomendado al testimonio de los bautizados, incluso abrazando todas las dimensiones de la vida y de la realidad, las trasciende: esto no se puede reducir a mero mensaje filantrópico o social, sino que es anuncio alegre de la vida plena y eterna, que Dios nos ha donado en Jesús.

Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Señor porque, en su bondad, no permite que en nuestras vidas falte el alimento esencial de su Palabra y oremos para que nuestras palabras, y más aún nuestras vidas, no oscurezcan el amor de Dios que en ellas se narra.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

La Constitución dogmática Dei Verbum nos indica que la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, es un espacio privilegiado en el que Dios continúa hablando a los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Para comunicarse, Dios se vale de lenguajes humanos y, así, diversos autores, inspirados por el Espíritu Santo, redactaron los textos de la Sagrada Escritura. Esto nos muestra que Dios es condescendiente, cercano y misericordioso no sólo en el contenido de su mensaje sino también en el modo de expresarlo, es decir, en el lenguaje que utiliza, accesible a todas las personas.

La Escritura, por tanto, es palabra de Dios en palabras humanas. Cualquier acercamiento a ella que descuide o niegue una de estas dos dimensiones resulta parcial. Este principio vale también para el anuncio de la Palabra de Dios: sin olvidar el origen divino de la Escritura, es necesario transmitirla de modo que sea comprensible y se encarne en la realidad de los creyentes de hoy.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine para que anunciemos la Palabra de Dios con fidelidad creativa y alegría misionera, proclamando con nuestras palabras y nuestras obras las maravillas de su amor. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Exhorto a todos a sostener con la oración a nuestros hermanos y hermanas de Ucrania, duramente afectados por las consecuencias de los bombardeos que han vuelto a golpear también las infraestructuras energéticas. Expreso mi gratitud por las iniciativas de solidaridad promovidas por las diócesis católicas de Polonia y otros países, que se esfuerzan por ayudar a la población a resistir en este tiempo de mucho frío.

Mañana expira el Tratado New START, firmado en 2010 por los presidentes de Estados Unidos y de la Federación Rusa, y que representó un paso significativo para contener la proliferación de las armas nucleares. Al renovar el apoyo a todo esfuerzo constructivo en favor del desarme y la confianza mutua, hago un llamamiento urgente a no abandonar este instrumento sin tratar de garantizarle una continuación concreta y eficaz. La situación actual exige que se haga todo lo posible para evitar una nueva carrera armamentística que amenace aún más la paz entre las naciones. Es más urgente que nunca sustituir la lógica del miedo y la desconfianza por una ética compartida capaz de orientar las decisiones hacia el bien común y hacer de la paz un patrimonio custodiado por todos.

Finalmente, mi pensamiento se dirige a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Mañana celebraremos la memoria de Santa Águeda, martirizada en Catania. Águeda significa "buena". La fuente de toda bondad es Dios, nuestro bien supremo. Les deseo a cada uno que sean "buenos", es decir, fieles testigos del amor del Padre celestial, que nos colma de tantos dones y nos llama a compartir su alegría. 

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV

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[1] L. Alonso Schökel, La parola ispirata. La Bibbia alla luce della scienza del linguaggio, Brescia 1987, 70. ( La palabra inspirada. La Biblia a la luz de la ciencia del lenguaje).

[2] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 11.

[3] Benedicto XVI, Exhort. ap. post-sin. Verbum Domini (30 septiembre 2010), 35.

[4] S. Agustín, De doctrina christiana I, 36, 40.







Fotos: Vatican Media, 4-2-2026

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