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miércoles, 21 de enero de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 21-1-2026: «Nos salva no solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino su persona que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros»

* «Siguiendo hasta el final el camino de Jesús, llegamos a la certeza de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ‘Si Dios está con nosotros – escribe san Pablo –, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, […] ¿no nos concederá con él toda clase de favores?’ (Rm 8,31-32). Gracias a Jesús, el cristiano conoce a Dios Padre y se abandona a Él con confianza»

   

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma

* «Oremos por la paz en un momento histórico que parece marcado por una creciente pérdida del valor de la dignidad humana y en el que la guerra ha vuelto a estar de moda… Nos encontramos en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, cuyo tema este año es ‘Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como Dios los llamó a una sola esperanza’» (Efesios 4:4). Pidamos al Señor que derrame el don de su Espíritu sobre todas las Iglesias del mundo para que, a través de él, los cristianos puedan desterrar la división y construir fuertes lazos de unidad»

21 de enero de 2026.- (Camino Católico).- “Lo que nos salva y nos convoca no son solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino su persona misma: el Señor que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros”, ha dicho el Papa León XIV en su catequesis dedicada a la Constitución dogmática Dei verbum del Concilio Vaticano II, en la que ha subrayado que la revelación de Dios no consiste en ideas abstractas, sino en un encuentro personal que alcanza su plenitud en Jesucristo.

Ante miles de personas en el Aula Pablo VI, el Pontífice explica que Dios se revela a la humanidad a través de un diálogo de alianza, en el que se dirige a las personas como a amigos. Esta revelación, señala, no se limita a transmitir conceptos, sino que comparte una historia y llama a una relación viva de comunión y reciprocidad. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI

Miércoles, 21 de enero de 2026


Catequesis: Los documentos del Concilio Vaticano II.

I. Constitución dogmática Dei Verbum. 2. Jesucristo, Revelador del Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuamos con las catequesis sobre la Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II, sobre la divina Revelación. Hemos visto que Dios se revela en un diálogo de alianza, en el que se dirige a nosotros como a amigos. Se trata, entonces, de un conocimiento relacional, que no solo comunica ideas, sino que comparte una historia y llama a la comunión en la reciprocidad.

El cumplimiento de esta revelación se realiza en un encuentro histórico y personal en el cual Dios mismo se entrega a nosotros, haciéndose presente, y nosotros nos descubrimos conocidos en nuestra verdad más profunda.

Es lo que sucedió en Jesucristo. Dice el Documento: «La verdad íntima acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación» (DV, 2).

Jesús nos revela al Padre involucrándonos en su propia relación con Él. En el Hijo enviado por Dios Padre «los hombres […] tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina» (ibid.). Llegamos, pues, al pleno conocimiento de Dios entrando en la relación del Hijo con su Padre, en virtud de la acción del Espíritu.

Así lo atestigua, por ejemplo, el evangelista Lucas cuando nos cuenta la oración de júbilo del Señor: «En aquel momento, Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo e de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Lc 10,21-22). Gracias a Jesús conocemos a Dios del mismo modo en que somos conocidos por Él (cf. Gal 4,9; 1Cor 13,13).

En efecto, en Cristo, Dios se nos ha comunicado a sí mismo y, al mismo tiempo, nos ha manifestado nuestra verdadera identidad de hijos, creados a imagen del Verbo. Este «Verbo eterno ilumina a todos los hombres» (DV, 4) revelando su verdad en la mirada del Padre: «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4.6.8), dice Jesús; y añade que «el Padre conoce bien nuestras necesidades (cf. Mt 6,32).

Jesucristo es el lugar en el cual reconocemos la verdad de Dios Padre, mientras nos descubrimos conocidos por Él como hijos en el Hijo, llamados al mismo destino de vida plena. San Pablo escribe: «Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, [...] para hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: “¡Abba!, es decir, ¡Padre!”» (Gal 4,4-6).

Por último, Jesucristo es revelador del Padre con su propia humanidad. Precisamente porque es el Verbo encarnado que habita entre los seres humanos, Jesús nos revela a Dios con su verdadera e íntegra humanidad: «Por eso – dice el Concilio –, ver al cual es ver al Padre (cf. Jn 14,9), con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación» (DV, 4).

Para conocer a Dios en Cristo debemos acoger su humanidad integral: la verdad de Dios no se revela plenamente cuando se le quita algo a lo humano, así como la integridad de la humanidad de Jesús no disminuye la plenitud del don divino. Es la humanidad integral de Jesús la que nos revela la verdad del Padre (cf. Jn 1,18).

Lo que nos salva y nos convoca no son solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino su persona misma: el Señor que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros.

Por eso, para honrar la grandeza de la Encarnación, no basta con considerar a Jesús como el canal de transmisión de verdades intelectuales. Si Jesús tiene un cuerpo real, la comunicación de la verdad de Dios se realiza en ese cuerpo, con su manera propia de percibir y sentir la realidad, con su manera de habitar el mundo y de atravesarlo.

El mismo Jesús nos invita a compartir su mirada sobre la realidad: «Miren los pájaros del cielo – dice -: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?» (Mt 6,26).

Hermanos y hermanas, siguiendo hasta el final el camino de Jesús, llegamos a la certeza de que nada podrá separarnos del amor de Dios: «Si Dios está con nosotros – escribe san Pablo –, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, […] ¿no nos concederá con él toda clase de favores?» (Rm 8,31-32). Gracias a Jesús, el cristiano conoce a Dios Padre y se abandona a Él con confianza.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos reflexionando sobre la constitución dogmática Dei Verbum. Hemos visto que Dios se revela y se comunica con nosotros, invitándonos al diálogo y a la comunión con Él. El mediador y la plenitud de la revelación es su Hijo Jesucristo, el Verbo Encarnado. Es decir, Dios no nos ha transmitido sólo ideas, sino que Él mismo se ha hecho hombre compartiendo nuestra historia. En Cristo descubrimos nuestra verdad más profunda, nuestra identidad como hijos de Dios.

Por eso, entrando en relación con Él, podemos conocer al Padre en virtud de la acción del Espíritu Santo. Para conocer a Dios en Cristo, hemos de tener en cuenta su humanidad, el modo en el que vivió entre nosotros, sus obras y sus palabras. Así, conociéndolo a Él en profundidad, podremos ir descubriendo su manera de percibir y de habitar la realidad, y tener sus mismos sentimientos, abandonandonos con confianza en su amor infinito.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine para seguir conociendo a Jesús, revelador del Padre, por medio de la lectura orante del Evangelio. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Queridos hermanos y hermanas:

Oremos por la paz en un momento histórico que parece marcado por una creciente pérdida del valor de la dignidad humana y en el que la guerra ha vuelto a estar de moda. Que la humanidad de Jesús, que revela al Padre, nos ayude a encontrar caminos de justicia y reconciliación.

Mi saludo se extiende también a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Nos encontramos en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, cuyo tema este año es «Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como Dios los llamó a una sola esperanza» (Efesios 4:4). Pidamos al Señor que derrame el don de su Espíritu sobre todas las Iglesias del mundo para que, a través de él, los cristianos puedan desterrar la división y construir fuertes lazos de unidad.

Papa León XIV








Fotos: Vatican Media, 21-1-2026

miércoles, 14 de enero de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 14-1-2026: «Dios se nos revela por su Palabra y nos invita a la escucha, para que penetre en nuestros corazones; Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él»

* «Estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos. De ahí la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia. Además, se cumple en la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma

* «En Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad. Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva (cfr. Gen 3,5), sino en la relación con el Hijo hecho hombre. Las palabras del Señor Jesús que hemos recordado – “Yo los llamo amigos” – son retomadas en la Constitución Dei Verbum, que afirma: ‘Por esta revelación, Dios invisible (cfr. Col 1,15; 1Tm 1,17) habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos (cfr. Bar 3,38), para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía’ (n. 2)»

14 de enero de 2026.- (Camino Católico).- “Dios se nos revela a sí mismo por medio de su Palabra y, como sucede en una relación de amigos, se alimenta y consolida mediante el intercambio de palabras sinceras. Por eso, el Señor nos invita a la escucha, para que su Palabra penetre en nuestras mentes y en nuestros corazones… Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él”, ha subrayado León XIV en la audiencia general de hoy, 14 de enero, en el Aula Pablo VI, en la que ha dedicado su catequesis al tema “Dios habla a los hombres como amigos” y a la Constitución dogmática sobre la divina Revelación, en el marco del nuevo ciclo dedicado a “Los documentos del Concilio Vaticano II”, que inició la semana pasada.

La amistad, el diálogo y la oración son los elementos que deben distinguir la relación con Dios, indica el Pontífice, quien partió de una premisa: la “gracia” de “hacernos amigos de Dios en su Hijo”, como explica San Agustín comentando el Evangelio de Juan. Porque “no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo”, continua el Papa. Si en la Alianza entre Dios y el hombre “hay un primer momento de distancia” y “el pacto” es “asimétrico” - “Dios es Dios y nosotros somos criaturas” -, “con la venida del Hijo en la carne humana”, “en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad”.

“Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva, sino en la relación con el Hijo hecho hombre”, explica el Papa León XIV. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI

Miércoles, 14 de enero de 2026


Catequesis: Los documentos del Concilio Vaticano II.

I. Constitución dogmática Dei Verbum. 1. Dios habla a los hombres como amigos

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hemos iniciado el ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II. Hoy comenzamos a profundizar en la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación. Se trata de uno de los documentos más bellos y más importantes de la asamblea conciliar; para introducirnos en él, puede sernos útil recordar las palabras de Jesús: «Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15, 15). Este es un punto fundamental de la fe cristiana que nos recuerda la Dei Verbum: Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad. Por eso, la única condición de la nueva alianza es el amor.

Al comentar este pasaje del cuarto Evangelio, San Agustín insiste en la perspectiva de la gracia, que es la única que puede hacernos amigos de Dios en su Hijo (Comentario al Evangelio de Juan, Homilía 86). Efectivamente, un antiguo lema decía: “Amicitia aut pares invenit, aut facit”, “la amistad o nace entre iguales o los hace tales”. Nosotros no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo.

Por eso, como podemos ver en todas las Escrituras, en la Alianza hay un primer momento de distancia, ya que el pacto entre Dios y el hombre permanece siempre asimétrico: Dios es Dios y nosotros somos criaturas. Pero con la venida del Hijo en la carne humana, la Alianza se abre a su fin último: en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad. Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva (cfr. Gen 3,5), sino en la relación con el Hijo hecho hombre.

Las palabras del Señor Jesús que hemos recordado – “Yo los llamo amigos” – son retomadas en la Constitución Dei Verbum, que afirma: «Por esta revelación, Dios invisible (cfr. Col 1,15; 1Tm 1,17) habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos (cfr. Bar 3,38), para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (n. 2). El Dios del Génesis ya se manifestó a nuestros primeros padres, dialogando con ellos (cfr. Dei Verbum, 3); y cuando este diálogo se interrumpió a causa del pecado, el Creador no dejó de procurar encontrarse con sus criaturas y establecer una alianza con ellas cada vez. En la Revelación cristiana, es decir, cuando Dios se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos, el diálogo que se había interrumpido se restablece de manera definitiva: la Alianza es nueva y eterna, nada nos puede separar de su amor. La Revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas.

La Constitución Dei Verbum nos recuerda también esto: Dios nos habla. Es importante comprender la diferencia entre la palabra y la charla: esta última se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas, mientras que en las relaciones auténticas, la palabra no solo sirve para intercambiar informaciones y noticias, sino también para revelar quiénes somos. La palabra posee una dimensión reveladora que crea una relación con el otro. Así, hablándonos, Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él.

Desde esta perspectiva, la primera actitud que hemos de cultivar es la escucha, para que la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos.

De ahí la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia. Además, se cumple en la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.

Nuestra experiencia nos dice que las amistades pueden terminar a causa de algún gesto clamoroso de ruptura, o también por una serie de desatenciones cotidianas que desgastan la relación hasta romperla. Si Jesús nos llama a ser sus amigos, intentemos no desoír su llamada. Acojámosla, cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy está dedicada a la Constitución dogmática Dei Verbum, sobre la divina revelación. Este documento conciliar nos recuerda un punto fundamental de la fe cristiana: Jesucristo transforma radicalmente las relaciones del ser humano con Dios. Nuestro vínculo con Él consiste en una relación dialógica de amistad, cuya única condición es el amor.

Dios se nos revela a sí mismo por medio de su Palabra y, como sucede en una relación de amigos, se alimenta y consolida mediante el intercambio de palabras sinceras. Por eso, el Señor nos invita a la escucha, para que su Palabra penetre en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Él. Podemos hacerlo en la oración litúrgica y comunitaria —donde nos habla por medio de la Iglesia— y en la oración personal. Sólo cuando hablamos “con” Dios, podemos también hablar “de” Él a quienes nos rodean.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los animo a cultivar la amistad con el Señor, que es fuente de gozo y salvación, dedicando momentos serenos de oración y meditación de la Palabra, para escucharlo y hablar con Él en el silencio y la intimidad del corazón. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Mi saludo se extiende también a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que la fiesta del Bautismo del Señor, que celebramos el domingo pasado, reavive en todos el recuerdo de nuestro Bautismo. Que sea para cada uno de nosotros un estímulo para dar siempre testimonio de la alegría de pertenecer a Cristo, el Hijo amado del Padre y nuestro Hermano que ilumina el camino de la vida.

¡Mi bendición a todos!

Papa León XIV









Fotos: Vatican Media, 14-1-2026