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miércoles, 24 de junio de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 17-6-2026: «La Eucaristía es anticipo del sacramento del Reino que está por venir y nos enseña a adoptar el estilo de la vida de Cristo, entregando la propia vida»

* «La Eucaristía es la forma del sacrificio espiritual de los cristianos , en cuanto camino de la unión con Dios y de la unión recíproca. Al participar en ella, aprenden a que ‘se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos’ (ibid.). Así, incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí mismo. Este don nos hace entrar, por esto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Recibamos con fe los sacramentos y pidamos al Señor, que se nos da en la Eucaristía y en la Palabra, que transforme nuestra vida en Cristo y nos haga suyos. Que Él nos enseñe a participar, cada día con más fruto, de su presencia real, signo de unidad y vínculo de caridad»


24 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “Cuando recibimos al Señor en su Palabra y en la Eucaristía, nos convertimos en aquello que hemos recibido. De esta forma, la Eucaristía es anticipo del sacramento del Reino que está por venir y, a la vez, nos enseña a adoptar el estilo de la vida de Cristo, entregando la propia vida”. Estas palabras inspiradas en la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia, han centrado la catequesis de León XIV que, en la Audiencia General de este miércoles, ha continuado su ciclo catequesis dedicadas los documentos del Concilio Vaticano II, ante decenas de miles de fieles.


Al referirse al misterio eucarístico, tema de la catequesis, el Pontífice recuerda que al hablar del misterio del Cuerpo de Cristo a los nuevos bautizados, el mismo San Agustín retomaba las palabras de san Pablo, “Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de él en particular”, y los conminaba a “ser lo que ven y recibir lo que son”. “Para los cristianos, formar parte de la mesa del Señor significa que ‘sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios’ y recibiéndolo en su Palabra y en la Eucaristía nos convertimos en lo que recibimos”.


En lo que se refiere a la Palabra, es necesario recordar que no se trata solamente de adquirir un saber intelectual sobre las Escrituras, sino de recibir la Palabra «viva y eficaz», es decir, agrega el Pontífice, “la Palabra que nutre y alimenta junto al Pan eucarístico y nos hace pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo”. Y en tal sentido, León XIV recuerda las palabras de Benedicto XVI en su exhortación Verbum Domini: “La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 24 de junio de 2026


Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 4. El misterio eucarístico 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Seguimos con las catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en particular sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) sobre la Liturgia.

Cuando san Agustín quiere explicar a los nuevos bautizados el misterio del Cuerpo de Cristo, retoma el pasaje de san Pablo que hemos escuchado: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte» (1 Cor 12, 27). Y añade: «Recibís el misterio que sois vosotros. A eso que sois, respondéis “Amén”, y al responder (así) lo rubricáis. Escuchas, pues: “Cuerpo de Cristo”, y respondes: “Amén”. Sé miembro del cuerpo de Cristo, para que tu “Amén” responda a la verdad. […] Sed lo que veis y recibid lo que sois» (Sermón 272).

Justo después de haber evocado la Última Cena de Jesús, la Constitución sobre la Liturgia habla de la Eucaristía con estos acentos agustinianos. Para los cristianos, formar parte de la mesa del Señor significa que «sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios» (SC, 48). Recibiéndolo en su Palabra y en la Eucaristía nos convertimos en lo que recibimos. Nos convertimos en el Cuerpo cuya Cabeza es el Cristo resucitado, sentado a la derecha del Padre (cfr Col 1, 18), el cual nos prepara un lugar en los cielos (cfr Jn 14, 3): la Eucaristía es así el sacramento del Reino que viene. Es el Pan del camino, que nos conduce hacia la Patria celeste, hasta el día beato en el que «Dios sea todo en todo» (1 Cor 15, 28).

La asamblea litúrgica ofrece el Sacrificio «no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él» (SC, 48). En esta perspectiva, la Eucaristía es la forma del sacrificio espiritual de los cristianos (cfr Hb 13, 16; Rm 12, 1), en cuanto camino de la unión con Dios y de la unión recíproca. Al participar en ella, aprenden a que «se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos» (ibid.). Así, incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí mismo. Este don nos hace entrar, por esto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón (cfr SC, 47).

Queridos, cuando participamos en la Eucaristía somos invitados a escuchar la Palabra de Dios y a nutrirnos en la mesa del Señor, donde Él mismo se ofrece al Padre. Estas dos partes de la Misa, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, «están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto» (SC, 56).

En lo que se refiere a la Palabra, es necesario recordar que no se trata solamente de adquirir un saber intelectual sobre las Escrituras, sino de recibir la Palabra «viva y eficaz» (Hb 4, 12), dirigida por Dios a todos y al mismo tiempo a cada uno, Palabra que nutre y alimenta junto al Pan eucarístico y nos hace pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo. «La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico» (Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin. Verbum Domini, 55).

El Concilio Ecuménico II ha pedido: «ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que, en un período determinado de años, se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura» (SC, 51). La reforma litúrgica ha traducido esta petición en ese tesoro que es el Leccionario, es decir, el libro que recoge todas las Lecturas bíblicas para las celebraciones litúrgicas. Tal amplitud se ha extraído de la fuente más pura de la Tradición viviente, que combina la «sana tradición» con «el camino a un progreso legítimo» (SC, 23).

El inicio del capítulo II de la Constitución sobre la Liturgia está entretejido con referencias al gran río de la Tradición, que va desde los Padres de la Iglesia hasta nosotros. Lo cito: «Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera» (SC, 47).

Queridos hermanos y hermanas, acudamos con fe a esta fuente de vida divina y dejémonos transformar por el misterio que celebramos.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Retomamos hoy el ciclo de catequesis dedicadas a los documentos del Concilio Vaticano II, en particular sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) que trata de la liturgia.

Con un acento agustiniano, este texto conciliar invita a los cristianos a que «sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios» (SC, 48). Cuando recibimos al Señor en su Palabra y en la Eucaristía, nos convertimos en aquello que hemos recibido. De esta forma, la Eucaristía es anticipo del sacramento del Reino que está por venir y, a la vez, nos enseña a adoptar el estilo de la vida de Cristo, entregando la propia vida. Por otra parte, la Palabra edifica también nuestra relación con el Señor, haciéndonos pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo.

Acudamos con fe a esta fuente de vida divina, que son los sacramentos, y dejémonos transformar por aquello que celebramos.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Recibamos con fe los sacramentos y pidamos al Señor, que se nos da en la Eucaristía y en la Palabra, que transforme nuestra vida en Cristo y nos haga suyos. Que Él nos enseñe a participar, cada día con más fruto, de su presencia real, signo de unidad y vínculo de caridad. Que Dios les bendiga siempre. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados; hoy celebramos la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, quien preparó el camino para Cristo: que él les ayude a redescubrir su vocación bautismal para ser alegres heraldos del Reino de Dios en todas partes.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV








Fotos: Vatican Media, 24-6-2026

miércoles, 17 de junio de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 17-6-2026: «¡Alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, ‘con los ojos de Dios’, es decir, con amor, respeto y compasión»

 * «En la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitado»

 

 

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Acojo con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que se firmará el viernes, como resultado alentador de un paciente trabajo de diálogo y de negociación... Espero que este acuerdo contribuya a reforzar la confianza recíproca, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, y promueva caminos de diálogo y cooperación entre los pueblos… Llegan noticias dolorosas sobre la guerra en Ucrania, que sigue extendiéndose: numerosas víctimas inocentes, rescatistas muertos, iglesias y lugares del patrimonio cultural devastados por las llamas. Expreso mi cercanía a cuantos lloran la pérdida de sus seres queridos, a los heridos y a quienes, en medio de la violencia, siguen sirviendo a la vida con valentía. Invito a todos a rezar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra vías de diálogo, que apague el odio y que haga posible una paz justa y duradera»

 


17 de junio de 2026.- (Camino Católico).-  “¡Alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión” ha reflexionado el Papa León XIV, ante decenas de miles de fieles, en su catequesis de la Audiencia General de hoy miércoles, dedicada a explicar y valorar su Viaje apostólico a Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.


En sus mismas palabras, lo sumergió en una realidad donde ha podido conocer los notables cambios sociales y culturales de esa nación y, al mismo tiempo, la emoción de ser “acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha”.



“El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad”.


Antes de finalizar la Audiencia General, por un lado, León XIV expresa satisfacción y gratitud por el acuerdo entre Irán y Estados Unidos, el llamado «Memorándum de Islamabad» —denominado así por la mediación pakistaní— que puede contribuir a la «seguridad» y la «estabilidad» en Oriente Medio. Por otro, experimenta dolor y angustia por la guerra —la de Ucrania— que continúa extendiéndose, cobrándose más víctimas y desatando llamas que destruyen iglesias y lugares históricos, además de avivar el odio. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 17 de junio de 2026


Catequesis - El Viaje apostólico a España

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.

Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.

El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.

En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.

En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontrado: del niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.

Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestra catequesis de hoy deseo compartir algunas reflexiones sobre el viaje apostólico que realicé la semana pasada en España. Agradezco a Dios y a todo el pueblo español; particularmente al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. Durante mi visita pude experimentar con gran alegría la fe y el afecto de la gente, así como la sed profunda de congregarse unidos en Cristo. Los diferentes encuentros revelaron el deseo de escuchar el Evangelio y la inquietud por hacerlo vida en el mundo de hoy.

La última etapa del viaje ha afianzado un aspecto muy importante: estamos llamados a ser testigos de Cristo compartiendo nuestra fe y nuestra cultura con los demás. Se nos invita a un diálogo entre las personas y los pueblos, en espíritu de fraternidad. Este camino no es fácil, requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es la senda que nos conduce a la civilización del amor.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Tal como indicó Jesús a sus discípulos, los invito a alzar la mirada para aprender a ver en las personas su deseo de vida, de verdad y de plenitud (cf. Jn 4,35). Que Él nos enseñe también a nosotros a mirar a los demás con los ojos de Dios, es decir, con amor, respeto y compasión. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Acojo con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que se firmará el viernes, como resultado alentador de un paciente trabajo de diálogo y de negociación. Expreso mi gratitud a los países que se han esforzado por favorecer el encuentro entre las partes y hacer posible dicho entendimiento. Espero que este acuerdo contribuya a reforzar la confianza recíproca, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, y promueva caminos de diálogo y cooperación entre los pueblos.

Por otro lado, llegan noticias dolorosas sobre la guerra en Ucrania, que sigue extendiéndose: numerosas víctimas inocentes, rescatistas muertos, iglesias y lugares del patrimonio cultural devastados por las llamas. Expreso mi cercanía a cuantos lloran la pérdida de sus seres queridos, a los heridos y a quienes, en medio de la violencia, siguen sirviendo a la vida con valentía. Invito a todos a rezar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra vías de diálogo, que apague el odio y que haga posible una paz justa y duradera.

Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Estamos a las puertas del verano, una época de turismo y peregrinaciones, de vacaciones y descanso. Queridos jóvenes, al pensar en sus compañeros que aún están presentando exámenes, espero que ustedes, ya de vacaciones, aprovechen el verano para vivir valiosas experiencias sociales y religiosas. Les animo, queridos enfermos, a encontrar consuelo y alivio en la cercanía de sus familias. Y a ustedes, queridos recién casados, les extiendo la invitación a aprovechar este verano para profundizar en su comprensión del valor de la misión en la Iglesia y en la sociedad.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV











 Fotos: Vatican Media, 17-6-2026

miércoles, 3 de junio de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 3-6-2026: «El rito da forma a la acción litúrgica y a nuestra vida, que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo, si participamos con cuerpo, mente y corazón»

* «’Signo’ y ‘símbolo’ son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo»

 


3 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor”, ha subrayado el Papa León XIV en la audiencia general celebrada este 3 de junio, ante decenas de miles de fieles, en su tercera catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium en la que  ha profundizado en el significado del rito, los signos y los símbolos dentro de la liturgia, continuando así su reflexión sobre los documentos del Concilio Vaticano II.


Tras el habitual recorrido en papamóvil entre fieles y peregrinos en la Plaza de San Pedro, el Papa, llegado al atrio de la Basílica Vaticana, explica en primer lugar que "los ritos de la liturgia cristiana" son, en la práctica, "la mediación eclesial mediante la cual nos alcanza el don divino", y no simplemente «un revestimiento exterior del misterio sacramental".

El Santo Padre ha dicho que "a través del rito sagrado somos formados para escuchar la Palabra de Dios, dar gracias y adorar, compartir fraternalmente y vivir la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por una misma fe”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:




LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 3 de junio de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 3. El rito, el signo, el símbolo

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con las catequesis sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (SC), queremos pararnos a reflexionar sobre algunos elementos que constituyen la sagrada liturgia, como el rito, el signo y el símbolo.

El Concilio Vaticano II, beneficiándose del valioso trabajo del Movimiento litúrgico, nos ha ayudado a redescubrir una verdad muy viva en la conciencia de la Iglesia antigua y en la enseñanza de los Padres. Los ritos de la liturgia cristiana no son un revestimiento exterior del ministerio sacramental, un conjunto de ceremonias arbitrarias, sino que son la mediación eclesial a través de la que nos llega el don divino. Precisamente por eso el Concilio invita a comprender el Mysterium fidei que se realiza en la liturgia a través de los ritos y de las oraciones (cf. SC, 48).

El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos (cf. ibid.) respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor. A través del sagrado rito nos formamos en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y en la adoración, en el hecho de compartir de forma fraterna y en la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por la misma fe.

El rito nos implica en una secuencia de gestos y de oraciones bien definida, que a veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad. Su lógica no consiste en encorsetar la libertad en esquemas. Al contrario, con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe actividades frenéticas, reconduciéndonos a lo esencial. Descubrimos así otra dimensión de la acción, que no se rige por los cálculos productivos y otra experiencia del tiempo y del espacio. En el rito experimentamos una lógica de gratuidad, encontramos un descanso que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la gracia divina, aprendemos a vivir a un ritmo habitado por el Espíritu Santo.

La gramática del rito está entretejida con los signos y los símbolos propios de la liturgia. En ella, como afirma el Concilio, «los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre» (SC, 7). El Catecismo de la Iglesia Católica profundiza el valor de estos signos, recordando que «su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo» (n. 1145). Es emblemático el signo del agua: de los orígenes de la creación al diluvio, del paso del Mar Rojo al Jordán, hasta el agua que brota del costado de Cristo y se convierte en signo sacramental de la inmersión de su muerte y resurrección.

“Signo” y “símbolo” son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento. Sobre todo, los símbolos tienen una dimensión singular performativa y transformadora, tanto hacia los elementos materiales que los componen, como hacia aquellos que entran en contacto con ellos, generando pertenencia, tocando el corazón y la mente, suscitando auténticas relaciones eclesiales.

En la Carta Apostólica Desiderio desideravi, el Papa Francisco, haciendo suya una afirmación de Romano Guardini, identificaba «la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos» (n. 44). Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo (cf. 1Ts 5,23).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con las catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, hoy nos centramos en tres elementos constitutivos de la Sagrada Liturgia: el rito, el signo, el símbolo. El rito —en el que estamos llamados a participar con cuerpo, mente y corazón— es el medio eclesial que, dando una forma definida a la oración, nos ayuda a alcanzar los dones divinos. Está compuesto de signos sensibles que realizan la santificación del hombre (cf. SC 7), como el agua en el bautismo; y de símbolos, que nos ayudan a dar significado y valores más profundos a la realidad que percibimos.

Los símbolos son además gestos sencillos —como arrodillarse, darse la paz— o acciones más complejas como los actos constitutivos de cada sacramento, que transforman tanto los elementos materiales, como a quienes entran en contacto con ellos, generando un sentido de pertenencia, tocando el corazón y la mente y suscitando auténticas relaciones eclesiales.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a dejarse formar por los ritos de nuestras celebraciones, participando activamente en ellos, para que estos verdaderamente sean un encuentro vivo con el Señor. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Quisiera dirigirme especialmente a los sacerdotes y religiosos de Oriente Medio: acompaño su ministerio y las esperanzas de sus respectivos países con mis oraciones y mi bendición.

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Esta semana celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, o, según la formulación latina más conocida, la Solemnidad del Corpus Christi. En la Eucaristía, contemplamos a Jesús, el pan partido y entregado por cada uno de nosotros. Una expresión de la piedad eucarística popular son las procesiones con el Santísimo Sacramento que tienen lugar en las calles de muchos países; en este sentido, los animo a mantener viva esta hermosa manifestación de testimonio público de la fe.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV













Fotos: Vatican Media, 3-6-2026