Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

viernes, 27 de febrero de 2026

Ramona Treviño era gerente de clínica abortiva: «Me confesé y en Misa durante la consagración escuché que Dios me decía: ‘Ramona, te perdono’; confié en Él, recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás»

Ramona Treviño interviene en un acto de ‘40 días por la vida’ 

* «Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: ‘Ramona, ofrece todo eso a Dios’, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad. Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros»

Camino Católico.-  Ramona Treviño es madre y abuela. A los 30 años trabajó como gerente de un centro de Planned Parenthood, el mayor operador de abortos en EE.UU., pensando que ayudaría a mujeres en dificultades. Sin embargo, algo removió su conciencia y se dio cuenta de que lo que hacía era firmar sentencias de muerte para bebés en gestación. Dios tuvo misericordia y le cambió el corazón para poder salir del negocio de la muerte y redimirse. Cuenta su testimonio de conversión en una entrevista que le hace Alicia Gómez-Monedero en Misión.

- Ramona, ¿cómo llega a ser gerente de un centro de Planned Parenthood?

- Mis padres eran católicos, pero no nos educaron en la fe. Mi padre era alcohólico. A los 16 años me quedé embarazada de una pareja que me maltrataba; tuve a mi hija y finalmente lo dejé. Más tarde conocí a quien hoy es mi marido. Nos casamos y al mes me quedé embarazada de nuevo. Un año después quise volver a trabajar y, en 2008, una amiga me avisó de una vacante en Planned Parenthood. Por mi experiencia trabajando con mujeres, me ofrecieron dirigir un centro en Sherman, a una hora de Dallas, y acepté.

- ¿Sabía lo que sucedía en Planned Parenthood?

Mi centro era de “planificación familiar”. No se practicaban abortos: atendíamos consultas, hacíamos test de embarazo y de enfermedades de transmisión sexual, ofrecíamos anticonceptivos y derivábamos a las mujeres que querían abortar a otros centros. Yo pensaba que, aunque nunca abortaría, cada mujer tenía derecho a decidir.

- ¿Qué pasaba cuando llegaba una mujer que no quería tener a su hijo?

- Nunca debíamos explicar qué ocurría en un aborto; la información estaba en folletos guardados en un armario, sólo por si había una inspección. Cuando una mujer daba positivo en el test, se le ofrecían tres opciones: aborto, adopción o cuidado prenatal. Muchas pedían las tres porque no sabían qué hacer, y en esos casos teníamos instrucciones de animarlas a abortar.

- ¿Era consciente de que estaba autorizando el asesinato de bebés?

- Sí, recuerdo a una pareja joven, de unos 19 años, al poco tiempo de empezar a trabajar. Ella estaba embarazada y la felicité, pero había elegido la opción del aborto. La chica se puso a llorar y yo sólo pensaba en la manera de limpiarme las manos para que la responsabilidad recayera sobre ella. Le di la autorización y se fueron. Después me encerré en mi despacho a llorar sin entender por qué. Hoy creo que fue el dolor de saber que ese bebé iba a morir y yo no lo había impedido. Podría haberme ido entonces, pero pensé sólo en mi carrera. Mi corazón se endureció y desde ahí fue más fácil autorizar abortos.

- ¿Cómo cambió su visión del negocio?

- En el adviento de 2010 yo me sentía muy frustrada con el trabajo porque desde la administración central querían dar formación en todos los centros para inyectar a las mujeres el anticonceptivo Depo-provera y así atraer más clientes. Yo no estaba de acuerdo. Cogí el coche para hacer unas compras de Navidad y empecé a buscar en la radio alguna emisora hasta que di con Radio Católica. En ese momento hablaban del aborto y de los anticonceptivos. Yo no sabía que ciertos anticonceptivos podían ser abortivos y ahí algo cambió en mi cabeza. Había utilizado anticonceptivos durante años y entendí que quizá había abortado sin saberlo. Desde entonces, todos los días ponía Radio Católica al volver del trabajo y siempre escuchaba algo del aborto.

- ¿Y decidió dejar el trabajo?

- No, seguía convencida de que no hacía nada malo porque en mi centro no se realizaban abortos. Sin embargo, en enero de 2011 Live Action destapó unos escándalos de abusos sexuales a menores que Planned Parenthood había encubierto. Yo pensaba que desde la central nos darían instrucciones para denunciar un acoso, pero en cambio nos entrenaron para encubrirlo. Ese fue el punto de inflexión. Ahí empecé a sentir un gran deseo de acercarme ala confesión.

Ramona Treviño rodeada de personas que escuchan sus palabras en un acto de ‘40 días por la vida’ 

- ¿Logró confesarse?

- Tenía miedo porque sabía que me dirían que debía dejar el trabajo. Y efectivamente cuando me confesé el sacerdote me dijo que debía dejar mi puesto “lo más pronto posible”. Yo interpreté sus palabras como que era algo urgente, pero no inmediato. En ese tiempo escuché en la radio un anuncio sobre la campaña de oración que 40 Días por la Vida haría en cuaresma frente a mi centro. Pensé que era el momento para pedir ayuda.

- ¿Así lo hizo?

- Al tercer día de verlos ahí rezando me decidí y salí. Me acerqué a una mujer y le dije que trabajaba en la clínica, que no quería seguir, que rezara por mí. Entonces, se acercó un hombre, el encargado de las vigilias de oración de ese punto. Hablé con él y le di permiso para que compartiera mi historia y rezaran por mí. Lo curioso es que aquella señora no formaba parte de la campaña, sino que el Espíritu Santo le había puesto en su corazón ir allí a rezar. Nunca más la volví a ver.

- ¿Qué pasó después?

- Quería dejar el trabajo, pero pensaba que, si no encontraba otro, lo íbamos a pasar mal. Entre tanto, creció mi fe, rezaba a diario, acudíamos a misa en familia los domingos, celebramos la Semana Santa. Al volver a trabajar después de la Pascua, todos, incluso mi marido, me decían que debía dimitir. Pero no era capaz. El martes siguiente, al volver del trabajo encendí la radio y la locutora hablaba con un hombre que llevaba años rezando por los no nacidos, y dijo: “Señor, gracias por todo lo que has hecho por los no nacidos. Gracias por estar ahí porque al final de nuestras vidas cuando estemos frente a ti nos vas a preguntar: ¿Tenías idea de cuántos bebés se estaban matando todos los días? ¿Qué hiciste para impedirlo?”. Ese momento fue una puñalada en mi alma. Empecé a llorar pensando que me iba a ir al infierno. 

- Pero la misericordia de Dios es infinita cuando nos arrepentimos…

- Y tanto que lo es. El 1 de mayo de 2011, fiesta de la Divina Misericordia, estando en misa tremendamente arrepentida, durante la consagración escuché claramente que Dios me decía: “Ramona, te perdono”. Aquello me dio fuerzas para fiarme de Él completamente. Esa semana recogí mis cosas y me fui, con miedos, pero sin mirar atrás. Tres meses después, el equipo de 40 Días por la Vida me llamó para celebrar la clausura de ese centro de Planned Parenthood.

- A partir de ahí ¿fue fácil seguir?

- Para nada. Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: “Ramona, ofrece todo eso a Dios”, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad.

- Y ahora, ¿a qué se dedica?

Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto. 

Ramona asegura que no cambiaría su historia porque Dios permitió que pasase por lo que pasó “para poder ayudar a personas en la misma situación”. Y añade que cuando Dios te rescata de algo así “debes compartirlo para dar gloria. Si lo guardo para mí no estoy compartiendo esa luz y esa esperanza con otros. Dios hizo conmigo un milagro y lo puede hacer con otros”, concluye.

No hay comentarios:

Publicar un comentario