Edinson José Salas ha afrontado un cáncer con un combate espiritual profundo para no abandonar la fe y cuenta su testimonio / Foto: Cortesía de Edinson José Salas
* «Entendí: Señor tu gracia me basta. Él no me prometió ausencia de dolor, sino su presencia en mi vida, en mi existencia, en mi ser. Mi enfermedad fue dolorosa, pero fue el lugar donde más he sentido a Dios . Si estás enfermo, no pienses que es un castigo: eres Evangelio encarnado.Seamos testimonios de confianza en el Señor para los demás, evangelios vivientes allá donde nos encontremos. La enfermedad no es un castigo, una maldición, sino un camino para purificar nuestra alma y acercarnos más a Dios. Volvamos a Él nuestra mirada, aprovechemos la oportunidad para volver a Él. Ofrecer la enfermedad al Señor no es decir 'no pasa nada’; es reconocer: esto me supera pero sé que Tú estás conmigo, me acompañas, me estás guiando, siento tu presencia»
Camino Católico.- A punto de cumplir 44 años, esperando ser ordenado sacerdote pronto, el diácono Edinson José Salas camina acompañado por una grave enfermedad que condiciona sus planes. Un cáncer de colon le ha llevado en los últimos meses al límite de sus fuerzas, pero también le ha enseñado a confiar más en Dios. Patricia Navas en Aleteia sintetiza el testimonio que Edinson José ha contado en su parroquia.
“Cuando me lo diagnosticaron el verano pasado, sentí que había sido empujado a un desierto. Con el tiempo, entendí que ese desierto está dentro del plan de Dios”, dice.
Haciendo un paralelismo con las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto, Edinson explica que al descubrir que tenía cáncer sintió que el tiempo se paró, que todo se desmoronaba.
Tentaciones
“La enfermedad no solo ataca al cuerpo, ataca la confianza -constata-. Y tuve la tentación de perder la fe”.
“El tentador propone soluciones fáciles; a mí también me vinieron tentaciones: enojarme con Dios, victimizarme, pensar que mi vida no tenía sentido,…”, confiesa.
Y cuestionó a Dios: “Si me amas, ¿por qué estoy enfermo? ¿Por qué yo, que quiero ser buena persona y hacer las cosas bien?”.
“Sentí hambre de respuesta, de seguridad, de volver a mi vida anterior al diagnóstico – ahonda-. Hubo noches muy oscuras, de llanto, de dolor”.
Cruz
“Miraba el crucifijo que tengo detrás de mi cama -comparte- y rezaba: Señor, si me permitiste vivir esta enfermedad, permíteme también llevarla con alegría, con amor, confiando en Ti”.
“Él no bajó de la cruz para mostrar poder -reflexiona-. Sólo mostró misericordia”.
Ayudado por “personas que Dios puso a mi lado”, el diácono empezó a ver el cáncer como “una cruz que me lleva a purificar”.
“Al principio me sentí triste, pero después empecé a ofrecer esta cruz al Señor y la vi llena de vida y amor”, dice.
“Señor, confío en Ti”
Edinson José Salas con su obispo y compañeros del seminario / Foto: Cortesía de Edinson José Salas
El diácono decidió ponerlo todo en manos de Dios y empezó a ofrecer la enfermedad y sus dificultades por las personas que sufren y por distintas intenciones.
“Aun sin fuerzas, a veces sin sentir nada, a veces llorando, sólo repetía: ‘Señor, confío en Ti’ -relata-. En mi desierto aprendí a confiar en Dios”.
“Poco a poco el desierto dejó de ser solo sufrimiento y se convirtió en encuentro con Él”, asegura.
Presencia de Dios
Ahora Edinson ve que su enfermedad le ha ayudado a ser más humano y a acercarse más a Dios, pues “cuando tenemos salud, cuando lo tenemos todo, nos olvidamos de Él”.
“Entendí: Señor tu gracia me basta -resume-. Él no me prometió ausencia de dolor, sino su presencia en mi vida, en mi existencia, en mi ser”.
“Mi enfermedad fue dolorosa, pero fue el lugar donde más he sentido a Dios -asegura-. Si estás enfermo, no pienses que es un castigo: eres Evangelio encarnado”.
El diácono, nacido en Colombia pero actualmente sirviendo en España, afirma que “las tentaciones de Jesús en el desierto son también nuestra historia”.
Misión
“En el desierto no se pierde la fe, sino que se la alimenta y purifica… y después comienza la misión”, exclama.
“Seamos testimonios de confianza en el Señor para los demás -invita-, evangelios vivientes allá donde nos encontremos”.
Y concluye su testimonio, ofrecido este martes en su parroquia, con 5 reflexiones aprendidas en la enfermedad y el sufrimiento:
“Cuando uno ofrece el sufrimiento al Señor, se le hace más llevadero, lo lleva uno con más alegría y sentido”.
“En la enfermedad o las dificultades, no busques lo más fácil sino ofrecer tu vida para la purificación y la salvación”.
“La enfermedad no es un castigo, una maldición, sino un camino para purificar nuestra alma y acercarnos más a Dios. Volvamos a Él nuestra mirada, aprovechemos la oportunidad para volver a Él”.
“Ofrecer la enfermedad al Señor no es decir 'no pasa nada'; es reconocer: esto me supera pero sé que Tú estás conmigo, me acompañas, me estás guiando, siento tu presencia”.
“El mundo está lleno de miedo, ansiedad y desconfianza. El cristiano está llamado a ser signo de esperanza. Somos testigos cuando no perdemos la fe ante las dificultades, cuando tratamos a los demás con paciencia, cuando confiamos en Dios incluso en la cruz”.


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