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miércoles, 4 de marzo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 4-3-2026: «No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino encarnada en la historia; su santidad consiste en que Cristo vive en ella»

* «En su dimensión humana, la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres que, con virtudes y defectos, comparten la fe y anuncian el Evangelio, siendo signo de la presencia de Cristo en el mundo. La dimensión divina se refiere a la concepción de la Iglesia en el proyecto de amor de Dios para la humanidad, que se realiza en Cristo»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma

* «La Cuaresma nos exhorta a reconocer a Cristo como la esperanza suprema de la humanidad. Los invito, queridos jóvenes, a ser testigos valientes del Evangelio, a tener un impacto positivo en los diversos ámbitos de la vida. A ustedes, queridos enfermos, les recomiendo la virtud de la paciencia, para que su sufrimiento, unido al de Cristo, sea una ofrenda grata al Padre. Y los animo, queridos recién casados, a descubrir el valor de la oración en la ‘iglesia doméstica’ que han formado»



4 de marzo de 2026.- (Camino Católico).- “No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino encarnada en la historia. Su santidad consiste en el hecho de que Cristo vive en ella y sigue entregándose por medio de la pequeñez y la fragilidad de sus miembros”, ha dicho el Papa León XIV al responder a la pregunta: ¿Qué significa que la Iglesia sea “una realidad compleja”? 

A partir de esta pregunta, el Papa León XIV ha centrado su catequesis de este miércoles 4 de marzo durante la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, ante más de once mil fieles, retomando el primer capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, donde se aborda la naturaleza profunda de la Iglesia. De este modo, el Santo Padre ha proseguido sus meditaciones sobre los documentos conciliares en el marco de un ciclo que comenzó el 7 de enero pasado.

"La Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por esto, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo".

“La dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios.” En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de san Pedro

Miércoles, 4 de marzo de 2026


Catequesis: Los documentos del Concilio Vaticano II

II. Constitución dogmática Lumen gentium 2. La Iglesia, realidad visible y espiritual

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy seguimos profundizando en la Constitución conciliar Lumen gentium, constitución dogmática sobre la Iglesia.

En el primer capítulo, en el que se procura principalmente responder a la pregunta sobre qué es la Iglesia, ésta es descrita como «una realidad compleja» (n. 8). Ahora nos preguntamos: ¿en qué consiste tal complejidad? Alguien podría responder que la Iglesia es compleja en cuanto que es “complicada” y, por tanto, difícil de explicar; algún otro podría pensar que su complejidad deriva del hecho de que es una institución que cuenta con dos mil años de historia y con características diversas respecto a cualquier otra agrupación social o religiosa. Sin embargo, en latín la palabra “compleja” indica más bien la unión ordenada de aspectos o dimensiones diversos dentro de una misma realidad. Por eso, la Lumen gentium puede afirmar que la Iglesia es un organismo bien compaginado, en el que conviven la dimensión humana y la divina sin separación y sin confusión.

La primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos, que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncian el Evangelio y se hacen signo de la presencia de Cristo que nos acompaña en el camino de la vida. Pero este aspecto -que se manifiesta asimismo en la organización institucional- no basta para describir la verdadera naturaleza de la Iglesia, porque ésta posee también una dimensión divina. Esta última no consiste en una perfección ideal o en una superioridad espiritual de sus miembros, sino en el hecho de que la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por eso, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo (LG, 8; CCC, 771).

La dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios.

Para iluminar dicha condición eclesial, la Lumen Gentium remite a la vida de Cristo. Efectivamente, quien se encontraba con Jesús por los caminos de Palestina experimentaba su humanidad, percibía sus ojos, sus manos, el sonido de su voz. Quien decidía seguirlo se sentía impulsado precisamente por la experiencia de su mirada acogedora, por el toque de sus manos que bendecían, por sus palabras de liberación y sanación. Pero, al mismo tiempo, siguiendo a aquel Hombre, los discípulos se abrían al encuentro con Dios. En efecto, la carne de Cristo, su rostro, sus gestos y sus palabras manifiestan de modo visible al Dios invisible.

A la luz de la realidad de Jesús, podemos ahora retornar a la Iglesia: cuando la miramos de cerca, descubrimos en ella una dimensión humana hecha de personas concretas que unas veces manifiestan la belleza del Evangelio y otras veces se cansan y se equivocan, como todos. Sin embargo, precisamente a través de sus miembros y sus limitados aspectos terrenos, se manifiestan la presencia de Cristo y su acción salvadora. Como decía Benedicto XVI, no existe oposición entre el Evangelio y la institución, es más, las estructuras de la Iglesia sirven precisamente para la «realización y concreción del Evangelio en nuestro tiempo» (Discurso a los Obispos de Suiza, 9 de noviembre de 2006). No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia.

En esto consiste la santidad de la Iglesia: en el hecho de que Cristo la habita y sigue donándose a través de la pequeñez y la fragilidad de sus miembros. Contemplando este perenne milagro que sucede en ella, comprendemos el “método de Dios”: Él se hace visible en la debilidad de las criaturas, manifestándose y actuando. Por eso, el Papa Francisco, en la Evangelii gaudium, exhorta a todos a que aprendan a «quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro» (cf. Ex 3,5, n. 169). Esto nos permite seguir edificando la Iglesia aún hoy en día: no solamente organizando sus formas visibles, sino también construyendo ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo, mediante la comunión y la caridad entre nosotros.

La caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Resucitado. «Quiera el cielo -decía san Agustín- que todos piensen solo en la caridad: solamente ella vence todo, y sin ella de nada vale todo lo demás; dondequiera que se halle, atrae todo hacia sí» (Serm. 354,6,6).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos profundizando en la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicada a la Iglesia. En el primer capítulo, se describe a la Iglesia como una “realidad compleja”, en cuanto conviven en ella tanto la dimensión humana como la dimensión divina, integrándose armoniosamente, sin separación y sin confusión.

En su dimensión humana, la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres que, con virtudes y defectos, comparten la fe y anuncian el Evangelio, siendo signo de la presencia de Cristo en el mundo. La dimensión divina se refiere a la concepción de la Iglesia en el proyecto de amor de Dios para la humanidad, que se realiza en Cristo.

Recordemos que no existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino encarnada en la historia. Su santidad consiste en el hecho de que Cristo vive en ella y sigue entregándose por medio de la pequeñez y la fragilidad de sus miembros.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En este tiempo de Cuaresma, pidamos al Señor que nos ayude a seguir edificando la Iglesia en la vivencia ordinaria de nuestra fe, expresada de manera particular a través de la oración, el ayuno y la caridad. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Finalmente, mi pensamiento se dirige a los enfermos, los recién casados ​​y los jóvenes. La Cuaresma nos exhorta a reconocer a Cristo como la esperanza suprema de la humanidad. Los invito, queridos jóvenes, a ser testigos valientes del Evangelio, a tener un impacto positivo en los diversos ámbitos de la vida. A ustedes, queridos enfermos, les recomiendo la virtud de la paciencia, para que su sufrimiento, unido al de Cristo, sea una ofrenda grata al Padre. Y los animo, queridos recién casados, a descubrir el valor de la oración en la "iglesia doméstica" que han formado. 

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV









Fotos: Vatican Media, 4-3-2026

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