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miércoles, 17 de junio de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 17-6-2026: «¡Alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, ‘con los ojos de Dios’, es decir, con amor, respeto y compasión»

 * «En la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitado»

 

 

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Acojo con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que se firmará el viernes, como resultado alentador de un paciente trabajo de diálogo y de negociación... Espero que este acuerdo contribuya a reforzar la confianza recíproca, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, y promueva caminos de diálogo y cooperación entre los pueblos… Llegan noticias dolorosas sobre la guerra en Ucrania, que sigue extendiéndose: numerosas víctimas inocentes, rescatistas muertos, iglesias y lugares del patrimonio cultural devastados por las llamas. Expreso mi cercanía a cuantos lloran la pérdida de sus seres queridos, a los heridos y a quienes, en medio de la violencia, siguen sirviendo a la vida con valentía. Invito a todos a rezar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra vías de diálogo, que apague el odio y que haga posible una paz justa y duradera»

 


17 de junio de 2026.- (Camino Católico).-  “¡Alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión” ha reflexionado el Papa León XIV, ante decenas de miles de fieles, en su catequesis de la Audiencia General de hoy miércoles, dedicada a explicar y valorar su Viaje apostólico a Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.


En sus mismas palabras, lo sumergió en una realidad donde ha podido conocer los notables cambios sociales y culturales de esa nación y, al mismo tiempo, la emoción de ser “acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha”.



“El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad”.


Antes de finalizar la Audiencia General, por un lado, León XIV expresa satisfacción y gratitud por el acuerdo entre Irán y Estados Unidos, el llamado «Memorándum de Islamabad» —denominado así por la mediación pakistaní— que puede contribuir a la «seguridad» y la «estabilidad» en Oriente Medio. Por otro, experimenta dolor y angustia por la guerra —la de Ucrania— que continúa extendiéndose, cobrándose más víctimas y desatando llamas que destruyen iglesias y lugares históricos, además de avivar el odio. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 17 de junio de 2026


Catequesis - El Viaje apostólico a España

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.

Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.

El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.

En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.

En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontrado: del niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.

Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestra catequesis de hoy deseo compartir algunas reflexiones sobre el viaje apostólico que realicé la semana pasada en España. Agradezco a Dios y a todo el pueblo español; particularmente al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. Durante mi visita pude experimentar con gran alegría la fe y el afecto de la gente, así como la sed profunda de congregarse unidos en Cristo. Los diferentes encuentros revelaron el deseo de escuchar el Evangelio y la inquietud por hacerlo vida en el mundo de hoy.

La última etapa del viaje ha afianzado un aspecto muy importante: estamos llamados a ser testigos de Cristo compartiendo nuestra fe y nuestra cultura con los demás. Se nos invita a un diálogo entre las personas y los pueblos, en espíritu de fraternidad. Este camino no es fácil, requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es la senda que nos conduce a la civilización del amor.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Tal como indicó Jesús a sus discípulos, los invito a alzar la mirada para aprender a ver en las personas su deseo de vida, de verdad y de plenitud (cf. Jn 4,35). Que Él nos enseñe también a nosotros a mirar a los demás con los ojos de Dios, es decir, con amor, respeto y compasión. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Acojo con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que se firmará el viernes, como resultado alentador de un paciente trabajo de diálogo y de negociación. Expreso mi gratitud a los países que se han esforzado por favorecer el encuentro entre las partes y hacer posible dicho entendimiento. Espero que este acuerdo contribuya a reforzar la confianza recíproca, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, y promueva caminos de diálogo y cooperación entre los pueblos.

Por otro lado, llegan noticias dolorosas sobre la guerra en Ucrania, que sigue extendiéndose: numerosas víctimas inocentes, rescatistas muertos, iglesias y lugares del patrimonio cultural devastados por las llamas. Expreso mi cercanía a cuantos lloran la pérdida de sus seres queridos, a los heridos y a quienes, en medio de la violencia, siguen sirviendo a la vida con valentía. Invito a todos a rezar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra vías de diálogo, que apague el odio y que haga posible una paz justa y duradera.

Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Estamos a las puertas del verano, una época de turismo y peregrinaciones, de vacaciones y descanso. Queridos jóvenes, al pensar en sus compañeros que aún están presentando exámenes, espero que ustedes, ya de vacaciones, aprovechen el verano para vivir valiosas experiencias sociales y religiosas. Les animo, queridos enfermos, a encontrar consuelo y alivio en la cercanía de sus familias. Y a ustedes, queridos recién casados, les extiendo la invitación a aprovechar este verano para profundizar en su comprensión del valor de la misión en la Iglesia y en la sociedad.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV











 Fotos: Vatican Media, 17-6-2026

miércoles, 3 de junio de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 3-6-2026: «El rito da forma a la acción litúrgica y a nuestra vida, que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo, si participamos con cuerpo, mente y corazón»

* «’Signo’ y ‘símbolo’ son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo»

 


3 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor”, ha subrayado el Papa León XIV en la audiencia general celebrada este 3 de junio, ante decenas de miles de fieles, en su tercera catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium en la que  ha profundizado en el significado del rito, los signos y los símbolos dentro de la liturgia, continuando así su reflexión sobre los documentos del Concilio Vaticano II.


Tras el habitual recorrido en papamóvil entre fieles y peregrinos en la Plaza de San Pedro, el Papa, llegado al atrio de la Basílica Vaticana, explica en primer lugar que "los ritos de la liturgia cristiana" son, en la práctica, "la mediación eclesial mediante la cual nos alcanza el don divino", y no simplemente «un revestimiento exterior del misterio sacramental".

El Santo Padre ha dicho que "a través del rito sagrado somos formados para escuchar la Palabra de Dios, dar gracias y adorar, compartir fraternalmente y vivir la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por una misma fe”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:




LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 3 de junio de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 3. El rito, el signo, el símbolo

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con las catequesis sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (SC), queremos pararnos a reflexionar sobre algunos elementos que constituyen la sagrada liturgia, como el rito, el signo y el símbolo.

El Concilio Vaticano II, beneficiándose del valioso trabajo del Movimiento litúrgico, nos ha ayudado a redescubrir una verdad muy viva en la conciencia de la Iglesia antigua y en la enseñanza de los Padres. Los ritos de la liturgia cristiana no son un revestimiento exterior del ministerio sacramental, un conjunto de ceremonias arbitrarias, sino que son la mediación eclesial a través de la que nos llega el don divino. Precisamente por eso el Concilio invita a comprender el Mysterium fidei que se realiza en la liturgia a través de los ritos y de las oraciones (cf. SC, 48).

El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos (cf. ibid.) respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor. A través del sagrado rito nos formamos en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y en la adoración, en el hecho de compartir de forma fraterna y en la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por la misma fe.

El rito nos implica en una secuencia de gestos y de oraciones bien definida, que a veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad. Su lógica no consiste en encorsetar la libertad en esquemas. Al contrario, con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe actividades frenéticas, reconduciéndonos a lo esencial. Descubrimos así otra dimensión de la acción, que no se rige por los cálculos productivos y otra experiencia del tiempo y del espacio. En el rito experimentamos una lógica de gratuidad, encontramos un descanso que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la gracia divina, aprendemos a vivir a un ritmo habitado por el Espíritu Santo.

La gramática del rito está entretejida con los signos y los símbolos propios de la liturgia. En ella, como afirma el Concilio, «los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre» (SC, 7). El Catecismo de la Iglesia Católica profundiza el valor de estos signos, recordando que «su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo» (n. 1145). Es emblemático el signo del agua: de los orígenes de la creación al diluvio, del paso del Mar Rojo al Jordán, hasta el agua que brota del costado de Cristo y se convierte en signo sacramental de la inmersión de su muerte y resurrección.

“Signo” y “símbolo” son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento. Sobre todo, los símbolos tienen una dimensión singular performativa y transformadora, tanto hacia los elementos materiales que los componen, como hacia aquellos que entran en contacto con ellos, generando pertenencia, tocando el corazón y la mente, suscitando auténticas relaciones eclesiales.

En la Carta Apostólica Desiderio desideravi, el Papa Francisco, haciendo suya una afirmación de Romano Guardini, identificaba «la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos» (n. 44). Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo (cf. 1Ts 5,23).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con las catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, hoy nos centramos en tres elementos constitutivos de la Sagrada Liturgia: el rito, el signo, el símbolo. El rito —en el que estamos llamados a participar con cuerpo, mente y corazón— es el medio eclesial que, dando una forma definida a la oración, nos ayuda a alcanzar los dones divinos. Está compuesto de signos sensibles que realizan la santificación del hombre (cf. SC 7), como el agua en el bautismo; y de símbolos, que nos ayudan a dar significado y valores más profundos a la realidad que percibimos.

Los símbolos son además gestos sencillos —como arrodillarse, darse la paz— o acciones más complejas como los actos constitutivos de cada sacramento, que transforman tanto los elementos materiales, como a quienes entran en contacto con ellos, generando un sentido de pertenencia, tocando el corazón y la mente y suscitando auténticas relaciones eclesiales.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a dejarse formar por los ritos de nuestras celebraciones, participando activamente en ellos, para que estos verdaderamente sean un encuentro vivo con el Señor. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Quisiera dirigirme especialmente a los sacerdotes y religiosos de Oriente Medio: acompaño su ministerio y las esperanzas de sus respectivos países con mis oraciones y mi bendición.

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Esta semana celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, o, según la formulación latina más conocida, la Solemnidad del Corpus Christi. En la Eucaristía, contemplamos a Jesús, el pan partido y entregado por cada uno de nosotros. Una expresión de la piedad eucarística popular son las procesiones con el Santísimo Sacramento que tienen lugar en las calles de muchos países; en este sentido, los animo a mantener viva esta hermosa manifestación de testimonio público de la fe.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV













Fotos: Vatican Media, 3-6-2026

miércoles, 27 de mayo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 27-5-2026: «Exhorto a todos y a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia»

* «Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a ‘una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia’, se lleve a cabo ‘después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes’ (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por  ‘una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral’ (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Sigo con preocupación la guerra en Ucrania, que se ha intensificado significativamente en los últimos días. Deseo expresar mi solidaridad con quienes sufren los recientes ataques, incluidos los perpetrados contra civiles. La guerra no resuelve los problemas, sino que los agrava; no crea seguridad, sino que multiplica el sufrimiento y el odio. Donde caen misiles y drones, también caen las esperanzas, se destruyen hogares y lugares de culto, se pierden vidas inocentes. Encomiendo a todos los pueblos heridos por la guerra a la protección de la Virgen María, Reina de la Paz»

 

27 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial”, ha dicho el Santo Padre León XIV al reflexionar en su catequesis de hoy sobre la continuidad magisterial en la reforma litúrgica, en la plaza de San Pedro ante decenas de miles de fieles.


León XIV ha destacado la necesidad de adaptar las formas rituales a las exigencias de los tiempos sin perder la tradición. El Papa ha explicado que, con el fin de favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establece una fórmula muy eficaz que marca la dirección a seguir para el futuro. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 27 de mayo de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 2. La reforma de la liturgia: tradición y desarrollo



Queridos hermanos y hermanas:

En la Encíclica Mediator Dei, el Venerable Pío XII escribe que «la Iglesia, en realidad, es un organismo vivo, y por eso crece y se desarrolla también en lo que toca a la sagrada liturgia, adaptándose a las circunstancias y a las exigencias que se presentan en el transcurso del tiempo y acomodándose a ellas» (I,V).

En plena continuidad con este principio, el Concilio Vaticano II en el Proemio de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) reconoce «que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia» (n. 1). De hecho, la asamblea conciliar se había reunido con el objetivo de «acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia» (ibid.).

En aquel momento histórico se advertía fuertemente la necesidad de una renovación de las formas rituales, mediante las que desde hacía siglos la Iglesia había realizado la glorificación de Dios y la santificación del pueblo cristiano. Gracias al movimiento litúrgico se había madurado la convicción, expresada posteriormente por san Juan Pablo II, de que «existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida» (Carta Dominicae Cenae, 13).

Para favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium indica, por lo tanto, con una fórmula muy eficaz la dirección a seguir: «Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso» (SC, 23).

El Papa Benedicto XVI acogió en esta declaración de intenciones el «programa de reforma» de los Padres conciliares, «en equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura» (Discurso a los participantes en el Congreso por el 50° aniversario de la fundación del Instituto litúrgico pontificio de San Anselmo, 6 de mayo de 2011).

El Concilio afirma la legitimidad de ese proceso arraigado en la auténtica Tradición, distinguiendo dentro de la liturgia «una parte que es inmutable por ser la institución divina» de «otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados» (SC, 21).

A lo largo de los siglos se han producido constantemente cambios de este tipo, con el fin de consentir a los fieles una fructuosa participación, por medio de las acciones rituales, en el ministerio pascual de Cristo, fundamento de la fe cristiana. El culto de la Iglesia, por lo tanto, se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización. Hoy es necesario renovar esta energía en continuidad con la auténtica y viva tradición católica, es decir, según una dinámica dirigida a introducir a los creyentes en la plenitud de la verdad.

Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a «una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia», se lleve a cabo «después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes» (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral» (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla.

Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy nos ilustra acerca de cómo la reforma de la Sagrada Liturgia, manifestada en la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, mientras custodia la sana tradición de la liturgia, al mismo tiempo supone un desarrollo. Por eso, con el fin de hacer crecer más la vida cristiana entre los fieles, favorecer la comunión de todos los creyentes en Cristo y fortalecer todo aquello que ayude a atraer a todos al seno de la Iglesia (cf. SC 1), la asamblea conciliar reconoció la necesidad de una adaptación a las exigencias actuales, renovando por ende las formas rituales de la Sagrada Liturgia.

Esta necesidad la podemos constatar a lo largo del caminar de la Iglesia, pues bien, el culto se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Que la liturgia, que nos ayuda a la glorificación del Señor y a nuestra propia santificación, sea siempre valorada y respetada por todos, sobre todo en la celebración de los sagrados misterios. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Sigo con preocupación la guerra en Ucrania, que se ha intensificado significativamente en los últimos días. Deseo expresar mi solidaridad con quienes sufren los recientes ataques, incluidos los perpetrados contra civiles.

La guerra no resuelve los problemas, sino que los agrava; no crea seguridad, sino que multiplica el sufrimiento y el odio. Donde caen misiles y drones, también caen las esperanzas, se destruyen hogares y lugares de culto, se pierden vidas inocentes.

Encomiendo a todos los pueblos heridos por la guerra a la protección de la Virgen María, Reina de la Paz.

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que su peregrinación a Roma, y ​​en particular a las tumbas de los Apóstoles, reavive su fe en Cristo: que Él sea la luz y el camino de su vida.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV


Fotos: Vatican Media, 27-5-2026