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domingo, 20 de septiembre de 2026

Palabra de Vida 20/9/2026: «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 20 de septiembre de 2026, domingo de la 25ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Mateo 20, 1-16:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

“Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido”.

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.

Le respondieron:

“Nadie nos ha contratado”.

Él les dijo:

“Id también vosotros a mi viña”.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:

“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:

“Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos:

“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Homilía del evangelio del domingo: Seamos santos, pero gozando de la maravilla que entraña una vida vivida en santidad, porque como dice el proverbio “un santo triste es un triste santo” / Por P. José María Prats

* «Dios da a todo el mundo lo que necesita para mantenerse en la existencia (bienes, salud, capacidades...): a los que ya trabajan en su viña, para que puedan seguir trabajando, y a los que todavía no trabajan en ella, para que un día puedan responder a su llamada y salvarse»

Domingo XXV del tiempo ordinario – A

Isaías 55, 6-9 / Salmo 144 / Filipenses 1, 20c-24. 27a / San Mateo 20, 1-16

P. José María Prats / Camino Católico.-  En su predicación, Jesús utilizaba con mucha frecuencia el recurso de la provocación para captar la atención de sus oyentes y hacerles reflexionar buscando el sentido oculto de sus palabras. El evangelio de hoy es un buen ejemplo de ello. Mi experiencia es que mucha gente, al escucharlo, reacciona apasionadamente dando la razón a los jornaleros que, habiendo trabajado todo el día, recibieron lo mismo que los que habían trabajado solamente una hora.

¿Cuál es el mensaje escondido de esta parábola tan provocadora? La viña representa el Reino de los Cielos, en el que Dios nos invita a trabajar con el fin de que compartamos su vida y su proyecto para la creación y así seamos felices.

Los jornaleros que están sin trabajo representan aquellos que todavía no se han convertido al Señor y viven una vida puramente natural. Trabajan, pero no para el Reino de Dios, y pueden producir frutos, pero no frutos de vida eterna. Recordemos las palabras de Jesús: «sin mi no podéis hacer nada» (Jn 15,5), «el que no recoge conmigo, desparrama» (Mt 12,30).

Como en la parábola, las personas se convierten y comienzan a trabajar para el Reino de Dios en distintos momentos de su vida. Hay personas que desde niños acogen y viven la fe con toda naturalidad, tal vez porque han tenido buenos ejemplos y una buena educación en su casa. Otros experimentan la llamada de Dios y la conversión cuando son adultos. Recuerdo el testimonio de una mujer a quien la experiencia de la maternidad transformó totalmente llevándola a la fe. Otros reciben esta llamada en la ancianidad, al sentir la muerte como una realidad cercana que les mueve a replantearse muchas cosas. Finalmente, otros, como el buen ladrón que fue crucificado junto al Señor, se convierten de todo corazón en el último instante de su vida.

Dice la parábola que todos, tanto los primeros como los últimos, recibieron un denario. ¿Cómo se puede entender esto? El denario era el pago que recibía un jornalero por el trabajo de un día, con el cual podía proveer a las necesidades más básicas de su familia. La parábola nos dice, pues, que Dios da a todo el mundo lo que necesita para mantenerse en la existencia (bienes, salud, capacidades...): a los que ya trabajan en su viña, para que puedan seguir trabajando, y a los que todavía no trabajan en ella, para que un día puedan responder a su llamada y salvarse.

De hecho, vemos cómo Jesús dice que están muy equivocados y por ello serán los últimos en el Reino de los Cielos, los jornaleros que exigen una paga extra por el hecho de haber trabajado todo el día en su viña. ¿Por qué? Porque la recompensa de una vida al servicio del Reino de Dios es ya ella misma. Los jornaleros de la primera hora presentan esta vida santa como algo pesado e indeseable («nosotros hemos tenido que aguantar el peso del día y el bochorno») y envidian a los que han recibido el mismo salario habiendo vivido así muy poco tiempo. Y esta actitud supone un error y un agravio a Dios, porque una vida santa, entregada a los demás, está llena de luz, paz y alegría, y es lo más grande a que podemos aspirar. Es verdad que tiene como fruto la vida eterna, pero su recompensa está ya en ella misma.

En definitiva: Jesús nos dice que los que viven la obediencia a los mandamientos de Dios y la santidad a la que nos llama como un yugo pesado e indeseable con el fin de recibir una recompensa en la vida eterna, tal vez se salvarán, pero en todo caso serán los últimos en el Reino de los Cielos. Por tanto, hermanos, seamos santos, pero gozando de la maravilla que entraña una vida vivida en santidad, porque como dice el proverbio “un santo triste es un triste santo”. 

P. José María Prats

Evangelio:


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:


«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:


“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido».


Ellos fueron.


Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.


Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:


“Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.


Le respondieron:


“Nadie nos ha contratado”.


Él les dijo:


“Id también vosotros a mi viña».


Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:


“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.


Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:


“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.


Él replicó a uno de ellos:


“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.


Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

San Mateo 20, 1-16

El Señor da a todos con generosidad, no según nuestros cálculos o méritos, sino desde su amor y misericordia / Por P. Carlos García Malo

 


sábado, 19 de septiembre de 2026

Palabra de Vida 19/9/2026: «Los de la tierra buena son los que guardan la palabra» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 19 de septiembre de 2026, sábado de la 24ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Lucas 8, 4-15:

En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo esta parábola:

«Salió el sembrador a sembrar su semilla.

Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron.

Otra parte cayó en terreno pedregoso y, después de brotar, se secó por falta de humedad.

Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron.

Y otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».

Dicho esto, exclamó:

«El que tenga oídos para oír, que oiga».

Entonces le preguntaron los discípulos qué significa esa parábola.

Él dijo:

«A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, “para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.

El sentido de la parábola es éste: la semilla es la palabra de Dios.

Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.

Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.

Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.

Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, lo guardan y dan fruto con perseverancia».

Que la Virgen Santísima siga cubriendo nuestra tierra con su manto, guiando nuestros corazones hacia su Hijo Jesucristo y manteniendo viva la llama de la fe / Por P. Carlos García Malo

 


viernes, 18 de septiembre de 2026

Palabra de Vida 18/9/2026: «Las mujeres iban con ellos» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 18 de septiembre de 2026, viernes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Lucas 8, 1-3:

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

La corrección fraterna: no se trata de juzgar ni de humillar, sino de ayudar con humildad, delicadeza y caridad / Por P. Carlos García Malo

 


jueves, 17 de septiembre de 2026

Palabra de Vida 17/9/2026: «Sus muchos pecados han quedado perdonados» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 17 de septiembre de 2026, jueves de la 24ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Lucas 7, 36-50:

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:

«Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».

Jesús respondió y le dijo:

«Simón, tengo algo que decirte».

Él contestó:

«Dímelo, maestro».

Jesús le dijo:

«Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».

Respondió Simón y dijo:

«Supongo que aquel a quien le perdonó más».

Le dijo Jesús:

«Has juzgado rectamente».

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:

«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».

Y a ella le dijo:

«Han quedado perdonados tus pecados».

Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:

«¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».

Pero él dijo a la mujer:

«Tu fe te ha salvado, vete en paz».

«Tus pecados quedan perdonados»: siempre existe la posibilidad de volver a empezar y acercarnos nuevamente a Dios / Por P. Carlos García Malo

 


miércoles, 16 de septiembre de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 16-9-2026: «Para alcanzar la perfección a la que nos llama el Señor hay que respetar a toda persona, incluso a los enemigos, promover la vida y rehuir toda forma que atente contra ella»

* «Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino… El futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos a construir un mundo más humano»

 

16 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).-  “Para alcanzar la perfección a la que nos llama el Señor, tanto de cada comunidad como de cada individuo, es necesario el bien común. Esto exige tener en cuenta el respeto de toda persona, promoviendo la vida y rehuyendo a toda forma que atente contra ella; respetar, incluso a los enemigos o a quienes piensan diferente a nosotros; y respetar la dignidad que cada uno posee, sin discriminar a nadie, lo que se concretiza en la justicia social”. Es la reflexión que el Papa León XIV ha hecho en la plaza de San Pedro, ante decenas de fieles y peregrinos, en su catequesis en la Audiencia General, la cuarta del ciclo dedicado a la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, Gaudium et spes, y se centra en su segundo capítulo, dedicado a la «comunidad humana».



León XIV retoma la definición de bien común ofrecida por Gaudium et spes: “El conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten tanto a los grupos como a cada uno de sus miembros alcanzar su propia perfección de manera más plena y más rápida”. 

  

En consecuencia, el bien común implica respetar a quienes piensan y actúan de manera diferente a la propia, ya que todo ser humano exige la misma justicia social, superando una «mentalidad individualista» y adoptando una actitud de responsabilidad y participación: “Esta visión de la humanidad como «comunidad de personas» es un valioso legado que nos dejó el Concilio Vaticano II. Nos ayuda a todos a realizar un discernimiento personal y comunitario, para valorar con responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy, de acuerdo con los criterios de la dignidad de la persona humana, la justicia social y la libre participación en la construcción del bien común. Porque el futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos en la construcción de un mundo más humano”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 16 de septiembre de 2026


Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II IV. Constitución Pastoral Gaudium et spes (GS 12-22) 3. La comunidad humana (GS, 23-32)


Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Dedicando el segundo capítulo a la “comunidad humana”, la Constitución Gaudium et spes (GS) invita a considerar la «multiplicación de las relaciones mutuas entre los hombres» como uno de «los principales aspectos del mundo actual» (n. 23). Pero esta realidad necesita encontrar su realización «más hondamente en la comunidad que entre las personas», para la cual es indispensable «el mutuo respeto de su plena dignidad espiritual» (ibid.).

Son afirmaciones que, en nuestros días, ven aumentar su urgencia. Por un lado, de hecho, el desarrollo tecnológico, la difusión de los medios de comunicación y de las redes sociales, el siempre creciente recurso a la inteligencia artificial, abren nuevas posibilidades, derribando barreras y distancias; por el otro lado, las relaciones tienden a convertirse en cada vez menos personales, más virtuales, y se corre el riesgo de acostumbrar a delegar en los algoritmos decisiones que corresponden solo a la conciencia humana. Hacer que las relaciones sociales tengan sustancia real y profundidad personal es, en este sentido, la contribución que la comunidad cristiana se propone ofrecer.

El Concilio invita a extraer criterio y fuerza del proyecto creador de Dios, el cual ha querido que «los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos»; por esto «el amor de Dios y del prójimo es el primero y el mayor mandamiento», que en Cristo ha tenido su plena revelación y su completa implementación (cfr GS, 24).

El perfeccionamiento de la persona humana y el desarrollo de la sociedad deben ser considerados entre ellos como estrechamente interdependientes: oponerlos o separarlos supondría anularlos. La historia, también la más reciente, confirma esta verdad de forma clara y, por eso, no hay que cansarse de reiterar con los Padres del Vaticano II que «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social» (GS, 25).

En esta perspectiva, Gaudium et spes afirma que la diversidad de las personas y de los pueblos en el mundo no debe ser considerada como un peligro o una amenaza, sino como potencialidad de enriquecimiento y de crecimiento. La oposición, que a veces degenera en violencia, es un fruto del poder del pecado y de cómo esto condiciona la mentalidad y las acciones, a todos los niveles, causando destrucción y muerte. Es necesario abrirse cada vez más a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado, como sucede también entre los diferentes miembros del cuerpo humano (cfr 1Cor 12,21-25).

En este punto, la Constitución pastoral ofrece también una definición sintética de “bien común”, recordando que este consiste en el «conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (GS, 26).  Al mismo tiempo, reconociendo la interdependencia entre los pueblos, afirma que «todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana» (GS, 26).

Partiendo de este planteamiento, los Padres conciliares indican después algunas «consecuencias prácticas de máxima urgencia» (GS, 27). En primer lugar, el respeto de la persona humana. Dice Gaudium et spes: «cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes» (ibid.).

Segunda consecuencia: el respeto y el amor también por los adversarios o por los que tienen formas de pensar y de actuar diferentes de los propios (cfr GS, 28).

En tercer lugar: la igualdad fundamental de todos los hombres que exige justicia social. Dice el Documento: «Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino» (GS, 29).

Finalmente, los padres conciliares exhortan a superar la mentalidad individualista y a asumir una actitud de responsabilidad y participación (cfr GS, 30-31).

Queridos hermanos y hermanas, esta visión de la humanidad como “comunidad de personas” es un legado valioso que nos ha dejado el Concilio Vaticano II. Nos ayuda a todos nosotros a realizar un discernimiento personal y comunitario, para valorar con responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy, en base a los criterios de la dignidad de la persona humana, de la justicia social y de la libre participación en la construcción del bien común. Porque el futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos a construir un mundo más humano (cfr GS, 30).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis, para continuar reflexionando sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, quiero proponer el tema de la comunidad humana. El Concilio nos recuerda que Dios «ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos» (GS 24). Hoy, que vivimos en una sociedad permeada por el desarrollo tecnológico, el cual por una parte acorta distancias y derriba barreras, y por otra pone en riesgo las relaciones personales —las cuales pueden volverse cada vez más virtuales—, es preciso reubicar el lugar de la persona humana.

Para alcanzar la perfección a la que nos llama el Señor, tanto de cada comunidad como de cada individuo, es necesario el bien común. Esto exige tener en cuenta el respeto de toda persona, promoviendo la vida y rehuyendo a toda forma que atente contra ella; respetar, incluso a los enemigos o a quienes piensan diferente a nosotros; y respetar la dignidad que cada uno posee, sin discriminar a nadie, lo que se concretiza en la justicia social.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En estos días, muchos países latinoamericanos celebran su fiesta nacional. Pidamos al Señor que, valorando la identidad de nuestra patria, el Evangelio nos abra la mente y el corazón para reconocer que somos parte de un proyecto divino más grande, que somos parte de la familia humana creada por Dios. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Por último, dirijo mi pensamiento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. En estos días, la liturgia nos ha llevado a reflexionar sobre el misterio de la Cruz y los dolores de la Madre del Señor. Que la Cruz de Cristo y el ejemplo de la Virgen Dolorosa iluminen vuestras vidas, queridos jóvenes; os sostengan en las pruebas cotidianas, queridos hermanos enfermos; y os inspiren, queridos recién casados, a llevar una vida familiar coherente con los principios del Evangelio.

Mi bendición para todos.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 16-9-2026