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miércoles, 29 de julio de 2026

Palabra de Vida 29/7/2026: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas» / Por P. Jesús Higueras


Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 29 de julio de 2026, miércoles de la 17ª semana del Tiempo Ordinario, santos Marta, María y Lázaro, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 


Evangelio: san Lucas 10, 38-42:

En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. 

Acercándose, pues, dijo: 

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». 

Le respondió el Señor: 

«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Jesús nos enseña que antes de hacer cosas para Dios, necesitamos estar con Dios / Por P. Carlos García Malo

 


martes, 28 de julio de 2026

Palabra de Vida 28/7/2026: «Así será al final de los tiempos» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 28 de julio de 2026, martes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: san Mateo 13, 36-43:

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:

«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

Él les contestó:

El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

San Pedro Poveda comprendió que el Evangelio no transforma el mundo solo con grandes discursos, sino con la entrega perseverante de quienes viven su fe en medio de la sociedad / Por P. Carlos García Malo

 


lunes, 27 de julio de 2026

Palabra de Vida 27/7/2026: «El grano de mostaza se hace un árbol» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 27 de julio de 2026, lunes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: san Mateo 13, 31-35:

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:

«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del a anidar en sus ramas».

Les dijo otra parábola:

«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».

Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta:

«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

domingo, 26 de julio de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 26-7-2026: «Debemos aprender a captar lo que realmente importa: el tesoro de la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros»

* «El Reino de Dios revela su inestimable belleza de diversas maneras, pero llama a todos —hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores, pobres y ricos— a una profunda renovación. Todos pueden comprenderlo y se sienten atraídos por él. Incluso hoy, la Iglesia es una comunión de personas diferentes en cuanto a origen, cultura, habilidades y nivel de responsabilidad, pero todas llamadas a reconocerse como “uno” en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso»

     

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Sigamos orando por todos los pueblos del mundo que sufren a causa de la guerra. Que el Señor toque los corazones e ilumine las mentes de los responsables, para que pronto se alcance la reconciliación y la paz. Ante los devastadores incendios que en estos días han afectado a varias localidades de Francia y España, expreso mi cercanía e invito a todos a orar por las personas afectadas y por la labor de los equipos de rescate. Hoy se celebra la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, cuyo tema se inspira en las palabras del profeta Isaías: «Yo nunca te olvidaré» (Is 49,15). Agradezcamos juntos al Señor por el regalo que representan las personas mayores para la Iglesia y la sociedad, y comprometámonos a respetar y valorar su valioso papel, así como a garantizarles, siempre, la atención y la asistencia que merecen» 

 


26 de julio de 2026.- (Camino Católico) «Debemos aprender a captar lo que realmente importa: el tesoro de la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros», ha reflexionado el Papa León XIV en su alocución previa al rezo del Ángelus, desde la Plaza de la Libertad en Castel Gandolfo, este domingo 26 de julio, ante miles de fieles y peregrinos.


«En el centro de la enseñanza de Jesús se encuentra el misterio del Reino de Dios, que el Evangelio de hoy compara con una perla y un tesoro (cf. Mt 13, 44-52)». El Santo Padre ha reflexionado sobre el Evangelio del XVII domingo del Tiempo Ordinario, señalando que «las parábolas dan a entender la sorpresa de quien encuentra lo que ni siquiera podía esperar, hasta el punto de que vender o dejar todo ya no parece una renuncia, sino una ganancia».


Asegura el Pontífice que, «de hecho, desde las primeras páginas, los evangelistas describen el llamado de Jesús a seguirlo como algo irresistible: libre, sin duda, pero urgente y capaz de suscitar una respuesta inmediata, movida por el deseo».

La paz que no acaba de llegar, que no se estabiliza, que paga un amargo precio frente a intereses mortíferos. Este es el tema central y crucial en torno al cual gira el llamamiento de hoy, último domingo de julio, tras la oración del Ángelus presidida por León XIV. La preocupación por el destino de Oriente Medio es especialmente intensa para el Papa, incluida la situación del Líbano, donde ayer fue beatificado el patriarca maronita Elia Hoayek. Además, al mostrarse al tanto de las noticias sobre los devastadores incendios que están afectando a diversas localidades de Francia y España, el Papa manifiesta su cercanía e invita a todos a rezar «por las personas afectadas y por la labor de los equipos de rescate».

El Papa tampoco deja de mencionar a los abuelos y a las personas mayores. Lo hace en la Jornada de hoy dedicada a ellos, que, en su sexta edición de este año, retoma las palabras de Isaías: «Yo, en cambio, nunca te olvidaré». Conscientes de que son un don para la Iglesia y para la sociedad, llega la invitación: «Comprometámonos a respetar y valorar su valioso papel y a garantizarles, siempre, la debida atención y asistencia». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:  

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de la Libertad 

Castel Gandolfo

XVII domingo del Tiempo Ordinario, 26 de julio de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

En el centro de la enseñanza de Jesús se encuentra el misterio del Reino de Dios, que el Evangelio de hoy compara con una perla y un tesoro (cf. Mt 13,44-52). Las parábolas dan a entender la sorpresa de quien encuentra lo que ni siquiera podía esperar, hasta el punto de que vender o dejar todo ya no parece una renuncia, sino una ganancia. De hecho, desde las primeras páginas, los evangelistas describen el llamado de Jesús a seguirlo como algo irresistible: libre, sin duda, pero urgente y capaz de suscitar una respuesta inmediata y movida por el deseo. Este es un primer aspecto importante de la forma en que Dios está cerca y se deja encontrar: el encuentro con su Reino es un punto de inflexión que no limita, sino que amplía la vida. Si algo debe cambiar ahora, es para tener más posibilidades, no menos.

Hay un segundo aspecto al que Jesús parece darle mucha importancia: quien encuentra el tesoro escondido en el campo es probablemente un campesino; la perla, en cambio, es reconocida como de gran valor por un comerciante, tal vez un viajero. Le siguen otras dos parábolas en las que los protagonistas son pescadores y un escriba experto en cosas antiguas y nuevas. Hay otras, además, en las que el Reino se deja vislumbrar en una mujer que amasa la harina, en otra que ordena la casa, en un rey que planea la guerra, en un hombre que diseña una torre, en administradores que gestionan pagos o inversiones, en pastores y agricultores. En resumen, el Reino de Dios revela su inestimable belleza de diversas maneras, pero llama a todos —hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores, pobres y ricos— a una profunda renovación. Todos pueden comprenderlo y se sienten atraídos por él.

Incluso hoy, la Iglesia es una comunión de personas diferentes en cuanto a origen, cultura, habilidades y nivel de responsabilidad, pero todas llamadas a reconocerse como “uno” en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso. Desde el principio, de hecho, Jesús llamó y reunió a su alrededor a personas que, de otra manera, nunca se habrían conocido. Así fue precisamente como demostró que Dios no hace distinción de personas y que su elección es una predilección preferencial por los pequeños y los descartados.

Hermanos y hermanas, no nos queda más que pedir un don, el mismo que pidió el joven rey Salomón (cf. 1 R 3,5.7-12). Es el don de identificar la perla de gran valor, de saber reconocer el tesoro por el que vale la pena venderlo todo. Mientras que la industria del consumo nos altera el gusto, creando siempre nuevas necesidades para luego vendernos respuestas que no sacian y, a veces, envenenan el corazón, debemos aprender a captar lo que realmente importa: el tesoro de la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros.

La intercesión de María, Sede de la Sabiduría, oriente hacia Jesús nuestro deseo de vida, para que se realice en plenitud.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Líbano, fue beatificado Elia Hoayek, Patriarca de Antioquía de los maronitas de 1899 a 1931 y fundador de la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia. Dirigió durante más de treinta años la Iglesia maronita con gran dedicación y sensibilidad pastoral. Hombre de diálogo y de esperanza, fue un brillante referente eclesial, social y político, hasta el punto de ser llamado “Padre del Gran Líbano”. Que la oración y la intercesión del nuevo beato acompañen siempre a los fieles maronitas en todo el mundo y obtengan el don de la paz para todo el pueblo del Líbano, que me es tan querido.

Sigo con inquietud la persistencia y el recrudecimiento de la violencia en Tierra Santa, de la que últimamente han sido víctimas también muchos civiles, tanto en Cisjordania como en Gaza. Hago un vehemente llamamiento para que se retome la negociación de una solución política justa, basada en la dignidad y los iguales derechos de cada persona; y para que se rechacen nuevas acciones militares y decisiones unilaterales, en particular aquellas que violan el respeto y el statu quo de los lugares sagrados de todas las religiones.

Reitero asimismo mi llamamiento respecto a la situación en todo el Medio Oriente, donde la intensificación de las operaciones militares ha traído de nuevo la violencia y la destrucción, poniendo en grave riesgo la vida de numerosos civiles y agravando la escasez de agua potable y de electricidad. Desde lo más profundo del corazón, exhorto a todas las partes involucradas a suspender los ataques y a reabrir con urgencia los espacios de diálogo y diplomacia, para alcanzar lo antes posible la paz, tan anhelada por toda la región.

Sigamos orando por todos los pueblos del mundo que sufren a causa de la guerra. Que el Señor toque los corazones e ilumine las mentes de los responsables, para que pronto se alcance la reconciliación y la paz.

Ante los devastadores incendios que en estos días han afectado a varias localidades de Francia y España, expreso mi cercanía e invito a todos a orar por las personas afectadas y por la labor de los equipos de rescate.

Hoy se celebra la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, cuyo tema se inspira en las palabras del profeta Isaías: «Yo nunca te olvidaré» (Is 49,15). Agradezcamos juntos al Señor por el regalo que representan las personas mayores para la Iglesia y la sociedad, y comprometámonos a respetar y valorar su valioso papel, así como a garantizarles, siempre, la atención y la asistencia que merecen.

¡Los saludo con afecto a todos los que están aquí presentes, tanto a los residentes como a los que vienen de diversas partes de Italia y del mundo!

Doy una bienvenida especial a los peregrinos de la Obra de la Iglesia y a los obispos que los acompañan; una bienvenida y especial saludo a los niños de la “Casa de la Misericordia” de Chortkiv, en Ucrania, huéspedes de la parroquia de San Miguel Arcángel de Nocera Superiore; a los adolescentes de la parroquia de Manerbio; a los participantes en el Encuentro Internacional de Jóvenes organizado con motivo del bicentenario de la muerte de santa Giovanna Antida Thouret; a los jóvenes peregrinos del movimiento de estudiantes católicos Önze-Lieve-Vrouw Ster-Der-Zee de Maldegem, en Bélgica, así como a los alumnos de la Escuela de alumnos carabineros de Velletri, acompañados por el capellán y sus oficiales.

Saludo a los miembros de la Catholic Men Association of Cameroon.

Dirijo un saludo especial a los participantes en la “Fiesta del durazno” de Castelgandolfo, que han venido trayendo sus frutos para ser bendecidos.

Esta tarde, en Roma, a orillas del Tíber, se llevará a cabo la procesión de la Virgen “fiumarola”. Que María, Madre de Jesús, conceda a quienes participan en esta hermosa tradición, y a todos nosotros, vivir cada día según las enseñanzas del Evangelio.

¡Les deseo de corazón, a todos ustedes, un feliz domingo!

Papa León XIV



Fotos: Vatican Media, 26-7-2026

Palabra de Vida 26/7/2026: «El reino de los cielos» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 26 de julio de 2026, domingo de la 17ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: san Mateo 13, 44-52:

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?»

Ellos le contestaron:

«Sí».

Él les dijo:

«Pues bien, un escriba que ese ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Homilía del evangelio del domingo: participar del Reino que Jesucristo ha venido a traer al mundo, que supone vivir conforme a la voluntad de Dios y compartir así su plenitud de vida / Por P. José María Prats

* «Jesús quiere hacernos ver que nuestro destino eterno depende de la actitud que hayamos tenido en relación al Reino de Dios: los que lo hayan puesto en el centro de su vida habitarán para siempre en la plenitud de este Reino; en cambio, los que se hayan centrado en la construcción de su propio reino al margen de Dios y de los demás, serán privados para siempre de Aquél que es la fuente de la vida y del gozo verdadero. Como al rey Salomón, Dios nos invita a establecer nuestras prioridades y pedirle lo que deseemos. Seamos inteligentes y escojamos el Reino de Dios: en esta decisión nos va la vida»

Domingo XVII del tiempo ordinario - A

1 Reyes 3, 5.7-12/ Salmo 118 / Romanos 8, 28-30 / San Mateo 13, 44-52

P. José María Prats / Camino Católico.-  Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre la orientación fundamental que damos a nuestra vida, sobre cuáles son nuestros deseos y aspiraciones más íntimos, sobre dónde hemos puesto el corazón.

La primera lectura nos muestra el ejemplo de Salomón, a quien Dios se le aparece tras haber sido proclamado rey y le invita a pedir lo que quiera. Salomón hubiera podido pedir riquezas, larga vida o la victoria sobre sus enemigos, pero optó por pedir sabiduría para gobernar a su pueblo con justicia y rectitud. Y esto agradó tanto a Dios que le concedió no sólo lo que le había pedido, sino también una prosperidad y un bienestar sin precedentes durante su reinado.

¿Qué hemos de pedir a Dios? ¿Qué hemos de desear por encima de todas las cosas? El Señor nos dio la respuesta cuando enseñó a orar a sus discípulos: «venga a nosotros tu Reino: hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo». A lo más grande que podemos aspirar es a participar del Reino que Jesucristo ha venido a traer al mundo, que supone vivir conforme a la voluntad de Dios y compartir así su plenitud de vida.

En general, tendemos a poner nuestros deseos, esfuerzos y atención en todo lo que supone una afirmación de nosotros mismos: riquezas, poder, experiencias gratificantes, reconocimiento social.  El evangelio nos dice que cuando descubrimos que el Reino de Dios es infinitamente más valioso que todas estas cosas, somos capaces de vencer nuestro apego a ellas y de ponerlas al servicio de lo que es verdaderamente importante. El Reino de Dios es como el tesoro escondido o la perla de gran valor: al descubrirlo, con una inmensa alegría, lo ponemos en el centro de nuestra vida –el lugar que le corresponde– y lo subordinamos todo a él.

Podemos preguntarnos por qué a continuación de estas dos parábolas Jesús explica la de la red que captura toda clase de peces y que luego arrastran a la orilla para separar los malos y echarlos al horno encendido, donde será el llanto y el rechinar de dientes. La respuesta es que Jesús quiere hacernos ver que nuestro destino eterno depende de la actitud que hayamos tenido en relación al Reino de Dios: los que lo hayan puesto en el centro de su vida habitarán para siempre en la plenitud de este Reino; en cambio, los que se hayan centrado en la construcción de su propio reino al margen de Dios y de los demás, serán privados para siempre de Aquél que es la fuente de la vida y del gozo verdadero.

Como al rey Salomón, Dios nos invita a establecer nuestras prioridades y pedirle lo que deseemos. Seamos inteligentes y escojamos el Reino de Dios: en esta decisión nos va la vida.

P. José María Prats

Evangelio:


En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:


«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.


Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?».


Ellos le responden:


«Sí».


Él les dijo:


«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

San Mateo 13, 44-52

Pidamos al Señor la gracia de reconocer el tesoro de su Reino, de valorar su amistad por encima de todo y de tener un corazón dócil para seguirlo con alegría cada día / Por P. Carlos García Malo

 


Papa León XIV en mensaje para la jornada de los abuelos: «El amor de Dios, que no olvida a ninguno, se presenta como acto de justicia y respuesta al anonimato, en el cual muy frecuentemente la vida humana acaba por perderse»

* «El descubrimiento de la ternura de Dios, para muchos, sucede en el transcurso de la existencia, muchas veces propiamente en el último tramo de la vida. De hecho, cada vez más frecuentemente, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, es posible hacerse mayores sin haber tenido una experiencia real de fe. La edad avanzada, en este caso, a partir de las preguntas que nos hacemos con más urgencia en esta etapa de la vida, puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una vida espiritual. En este nuevo camino se puede reconocer que Dios, como dice san Agustín, «es madre porque calienta, porque nutre, porque amamanta, porque custodia» (Comentario al Salmo 26, II, 18). Es una conciencia que ayuda a no sentir vergüenza por la fragilidad que aparece y también a comprender que todos, siempre, tenemos necesidad los unos de los otros y requerimos atención y cuidados. A Dios, que se hace prójimo y al que aprendemos a reconocer en su ternura, podemos dirigirnos ahora con filial confianza en la oración. Nunca es demasiado tarde para comenzar a dirigirse a Él. Puede ser un gran don para todos»

 * «Podemos vivir como cristianos el tiempo de la ancianidad: “frágiles”, pero al mismo tiempo “llamados”. Un hombre y una mujer pueden renacer cuando son mayores (cf. Jn 3,4-6) y exclamar con el profeta: «Su salvación está en convertirse y en tener calma, su fuerza está en confiar y estar tranquilos» (Is 30,15). Una fuerza que puede convertirse en una invitación a no recurrir a los caminos de la arrogancia y del poder para garantizar la convivencia humana, sino a los caminos de la reconciliación y de la paz verdadera. En este tiempo, marcado de una manera tan fuerte por la violencia bélica y social, muchos se interrogan acerca de cómo será el mundo en el cual crecerán los propios nietos. Les exhorto, queridos hermanos, a unirse a mí en la oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero»

Camino Católico.- “El amor de Dios, que no olvida a ninguno, se presenta como acto de justicia y respuesta al anonimato, en el cual muy frecuentemente la vida humana acaba por perderse. En particular, sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido. Es lo que sucede en las casas donde reina la soledad y también en aquellos lugares de hospitalización donde la singularidad de cada persona corre el riesgo de ser reducida al número de su cama o a su patología”. Estas son las reflexiones que guían el Mensaje del Papa León XIV para la jornada mundial de los abuelos y mayores publicado el 15 de junio, que se celebrará en la Fiesta de los Santos Joaquín y Ana, el domingo 26 de julio. 

El Papa pide que también lleven a los abuelos y adultos mayores con este mensaje, “la cercanía y el afecto" del sucesor de Pedro: “Háganlo de tal modo que las palabras del profeta ‘Yo nunca te olvidaré’ adquieran la forma de un tierno y afectuoso encuentro”.

Afirmando además que “la Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores, sabe bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra. Por cada uno de estos motivos, se alegra de anunciar la promesa del Señor: Yo nunca te olvidaré”. El texto completo del mensaje es el siguiente:

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

PARA LA VI JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y DE LAS PERSONAS MAYORES

[Fiesta de los Santos Joaquín y Ana, 26 de julio de 2026]

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Yo no te olvidaré (Is 49,15)

Queridos hermanos y hermanas:

Por boca del profeta Isaías el Señor promete que no se olvidará nunca de ninguno de nosotros. Nos asegura que nuestros rostros los lleva tatuados en las palmas de sus manos (cf. Is 49,16) y que su amor es más grande que el de una madre por su hijo (cf. Is 49,15). El profeta nos permite entrever un diálogo íntimo y personal en el que Dios se dirige a cada uno y al pueblo tratándole de “tú”. También hoy podemos leer estas palabras dirigidas a nosotros y cada uno puede escuchar ese “nunca te olvidaré” como referido a sí mismo.

Son palabras que nos llenan de consuelo y de confianza. Son la respuesta a un angustioso sentimiento que agita el corazón: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado» (Is 49,14). ¡Cuántas veces en la Sagrada Escritura, en particular en los salmos, la oración nace de la desorientación de quien tiene la impresión de que la propia vida no le interesa a nadie y se desprecia a uno mismo! La dolorosa sensación de ser olvidados, desafortunadamente, es común en muchas personas, especialmente entre los mayores.

Sin embargo, el amor de Dios, que no olvida a ninguno, se presenta como acto de justicia y respuesta al anonimato, en el cual muy frecuentemente la vida humana acaba por perderse. En particular, sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido. Es lo que sucede en las casas donde reina la soledad y también en aquellos lugares de hospitalización donde la singularidad de cada persona corre el riesgo de ser reducida al número de su cama o a su patología.

La celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios. Que esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita. Llévenles, junto con este mensaje y su presencia, la cercanía y el afecto del Papa. Háganlo de tal modo que las palabras del profeta “Yo nunca te olvidaré” adquieran la forma de un tierno y afectuoso encuentro. «En una época que tiende a acelerar y a fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; sin embargo, el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad» (Carta enc. Magnifica humanitas, 239).

La Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores, sabe bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra. Por cada uno de estos motivos, se alegra de anunciar la promesa del Señor: “Yo nunca te olvidaré”.

Es agradable descubrir a cualquier edad, pero especialmente cuando no se es ya joven, como dijo el beato Juan Pablo I, que somos destinatarios «de parte de Dios de un amor atemporal. Sabemos: tiene siempre abiertos los ojos sobre nosotros, incluso cuando parece que sea de noche. Es padre; más aún, es madre» (Ángelus, 10 septiembre 1978). Aunque no sea espontáneo pensar así, la verdad es que ni siquiera cuando somo mayores dejamos de ser hijos e hijas, y por eso sigue siendo válida cada día la invitación a volver a los brazos de Dios, cuyo amor es paternal y maternal a la vez.

El descubrimiento de la ternura de Dios, para muchos, sucede en el transcurso de la existencia, muchas veces propiamente en el último tramo de la vida. De hecho, cada vez más frecuentemente, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, es posible hacerse mayores sin haber tenido una experiencia real de fe. La edad avanzada, en este caso, a partir de las preguntas que nos hacemos con más urgencia en esta etapa de la vida, puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una vida espiritual. En este nuevo camino se puede reconocer que Dios, como dice san Agustín, «es madre porque calienta, porque nutre, porque amamanta, porque custodia» (Comentario al Salmo 26, II, 18). Es una conciencia que ayuda a no sentir vergüenza por la fragilidad que aparece y también a comprender que todos, siempre, tenemos necesidad los unos de los otros y requerimos atención y cuidados. A Dios, que se hace prójimo y al que aprendemos a reconocer en su ternura, podemos dirigirnos ahora con filial confianza en la oración. Nunca es demasiado tarde para comenzar a dirigirse a Él. Puede ser un gran don para todos.

Queridos mayores, el Papa Francisco hablaba de ustedes como de un “nuevo pueblo” (Catequesis, 23 febrero 2022), en tanto que el número de personas avanzadas en edad nunca había sido así de elevado en la historia humana. Es cuanto más importante, pues, con ustedes, “nuevo pueblo”, reflexionar sobre cuál puede ser nuestra vocación cuando la fragilidad, que acompaña al hombre desde su nacimiento, parece tomar el control. Quiero decirles: ¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida. De hecho, cuando es aceptada y reconocida, la fragilidad «abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera» (Encuentro con la comunidad argelina, Basílica de Nuestra Señora de África, Argel, 13 abril 2026).

De esta forma podemos vivir como cristianos el tiempo de la ancianidad: “frágiles”, pero al mismo tiempo “llamados”. Un hombre y una mujer pueden renacer cuando son mayores (cf. Jn 3,4-6) y exclamar con el profeta: «Su salvación está en convertirse y en tener calma, su fuerza está en confiar y estar tranquilos» (Is 30,15). Una fuerza que puede convertirse en una invitación a no recurrir a los caminos de la arrogancia y del poder para garantizar la convivencia humana, sino a los caminos de la reconciliación y de la paz verdadera. En este tiempo, marcado de una manera tan fuerte por la violencia bélica y social, muchos se interrogan acerca de cómo será el mundo en el cual crecerán los propios nietos. Les exhorto, queridos hermanos, a unirse a mí en la oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero.

Hermanas y hermanos mayores: les agradezco porque me sostienen cada día con sus oraciones, especialmente cuando recitan el santo rosario. Se lo agradezco de corazón y les dejo este deseo: que el Señor les renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la caridad, ¡Él, que nunca se olvida de nosotros! 

Vaticano, 15 de junio de 2026

LEÓN PP. XIV



Fotos: Vatican Media