jueves, 25 de junio de 2026
En el 45º aniversario de las apariciones en Medjugorje permanece la invitación de volver a Dios con sinceridad, orar con el corazón y dejar que la esperanza vuelva a florecer de la mano de María / Por P. Carlos García Malo
miércoles, 24 de junio de 2026
Papa León XIV en la Audiencia General, 17-6-2026: «La Eucaristía es anticipo del sacramento del Reino que está por venir y nos enseña a adoptar el estilo de la vida de Cristo, entregando la propia vida»
* «La Eucaristía es la forma del sacrificio espiritual de los cristianos , en cuanto camino de la unión con Dios y de la unión recíproca. Al participar en ella, aprenden a que ‘se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos’ (ibid.). Así, incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí mismo. Este don nos hace entrar, por esto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón»
Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma
* «Recibamos con fe los sacramentos y pidamos al Señor, que se nos da en la Eucaristía y en la Palabra, que transforme nuestra vida en Cristo y nos haga suyos. Que Él nos enseñe a participar, cada día con más fruto, de su presencia real, signo de unidad y vínculo de caridad»
24 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “Cuando recibimos al Señor en su Palabra y en la Eucaristía, nos convertimos en aquello que hemos recibido. De esta forma, la Eucaristía es anticipo del sacramento del Reino que está por venir y, a la vez, nos enseña a adoptar el estilo de la vida de Cristo, entregando la propia vida”. Estas palabras inspiradas en la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia, han centrado la catequesis de León XIV que, en la Audiencia General de este miércoles, ha continuado su ciclo catequesis dedicadas los documentos del Concilio Vaticano II, ante decenas de miles de fieles.
Al referirse al misterio eucarístico, tema de la catequesis, el Pontífice recuerda que al hablar del misterio del Cuerpo de Cristo a los nuevos bautizados, el mismo San Agustín retomaba las palabras de san Pablo, “Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de él en particular”, y los conminaba a “ser lo que ven y recibir lo que son”. “Para los cristianos, formar parte de la mesa del Señor significa que ‘sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios’ y recibiéndolo en su Palabra y en la Eucaristía nos convertimos en lo que recibimos”.
En lo que se refiere a la Palabra, es necesario recordar que no se trata solamente de adquirir un saber intelectual sobre las Escrituras, sino de recibir la Palabra «viva y eficaz», es decir, agrega el Pontífice, “la Palabra que nutre y alimenta junto al Pan eucarístico y nos hace pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo”. Y en tal sentido, León XIV recuerda las palabras de Benedicto XVI en su exhortación Verbum Domini: “La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:
LEÓN XIV
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles, 24 de junio de 2026
Ciclo de catequesis – Los documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 4. El misterio eucarístico
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Seguimos con las catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en particular sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) sobre la Liturgia.
Cuando san Agustín quiere explicar a los nuevos bautizados el misterio del Cuerpo de Cristo, retoma el pasaje de san Pablo que hemos escuchado: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte» (1 Cor 12, 27). Y añade: «Recibís el misterio que sois vosotros. A eso que sois, respondéis “Amén”, y al responder (así) lo rubricáis. Escuchas, pues: “Cuerpo de Cristo”, y respondes: “Amén”. Sé miembro del cuerpo de Cristo, para que tu “Amén” responda a la verdad. […] Sed lo que veis y recibid lo que sois» (Sermón 272).
Justo después de haber evocado la Última Cena de Jesús, la Constitución sobre la Liturgia habla de la Eucaristía con estos acentos agustinianos. Para los cristianos, formar parte de la mesa del Señor significa que «sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios» (SC, 48). Recibiéndolo en su Palabra y en la Eucaristía nos convertimos en lo que recibimos. Nos convertimos en el Cuerpo cuya Cabeza es el Cristo resucitado, sentado a la derecha del Padre (cfr Col 1, 18), el cual nos prepara un lugar en los cielos (cfr Jn 14, 3): la Eucaristía es así el sacramento del Reino que viene. Es el Pan del camino, que nos conduce hacia la Patria celeste, hasta el día beato en el que «Dios sea todo en todo» (1 Cor 15, 28).
La asamblea litúrgica ofrece el Sacrificio «no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él» (SC, 48). En esta perspectiva, la Eucaristía es la forma del sacrificio espiritual de los cristianos (cfr Hb 13, 16; Rm 12, 1), en cuanto camino de la unión con Dios y de la unión recíproca. Al participar en ella, aprenden a que «se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos» (ibid.). Así, incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí mismo. Este don nos hace entrar, por esto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón (cfr SC, 47).
Queridos, cuando participamos en la Eucaristía somos invitados a escuchar la Palabra de Dios y a nutrirnos en la mesa del Señor, donde Él mismo se ofrece al Padre. Estas dos partes de la Misa, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, «están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto» (SC, 56).
En lo que se refiere a la Palabra, es necesario recordar que no se trata solamente de adquirir un saber intelectual sobre las Escrituras, sino de recibir la Palabra «viva y eficaz» (Hb 4, 12), dirigida por Dios a todos y al mismo tiempo a cada uno, Palabra que nutre y alimenta junto al Pan eucarístico y nos hace pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo. «La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico» (Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin. Verbum Domini, 55).
El Concilio Ecuménico II ha pedido: «ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que, en un período determinado de años, se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura» (SC, 51). La reforma litúrgica ha traducido esta petición en ese tesoro que es el Leccionario, es decir, el libro que recoge todas las Lecturas bíblicas para las celebraciones litúrgicas. Tal amplitud se ha extraído de la fuente más pura de la Tradición viviente, que combina la «sana tradición» con «el camino a un progreso legítimo» (SC, 23).
El inicio del capítulo II de la Constitución sobre la Liturgia está entretejido con referencias al gran río de la Tradición, que va desde los Padres de la Iglesia hasta nosotros. Lo cito: «Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera» (SC, 47).
Queridos hermanos y hermanas, acudamos con fe a esta fuente de vida divina y dejémonos transformar por el misterio que celebramos.
Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
Retomamos hoy el ciclo de catequesis dedicadas a los documentos del Concilio Vaticano II, en particular sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) que trata de la liturgia.
Con un acento agustiniano, este texto conciliar invita a los cristianos a que «sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios» (SC, 48). Cuando recibimos al Señor en su Palabra y en la Eucaristía, nos convertimos en aquello que hemos recibido. De esta forma, la Eucaristía es anticipo del sacramento del Reino que está por venir y, a la vez, nos enseña a adoptar el estilo de la vida de Cristo, entregando la propia vida. Por otra parte, la Palabra edifica también nuestra relación con el Señor, haciéndonos pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo.
Acudamos con fe a esta fuente de vida divina, que son los sacramentos, y dejémonos transformar por aquello que celebramos.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Recibamos con fe los sacramentos y pidamos al Señor, que se nos da en la Eucaristía y en la Palabra, que transforme nuestra vida en Cristo y nos haga suyos. Que Él nos enseñe a participar, cada día con más fruto, de su presencia real, signo de unidad y vínculo de caridad. Que Dios les bendiga siempre. Muchas gracias.
El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:
Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados; hoy celebramos la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, quien preparó el camino para Cristo: que él les ayude a redescubrir su vocación bautismal para ser alegres heraldos del Reino de Dios en todas partes.
¡Mi bendición para todos!
Papa León XIV
Fotos: Vatican Media, 24-6-2026
Que, siguiendo el ejemplo de San Juan Bautista, sepamos dar testimonio de la verdad y preparar en nuestro corazón un lugar digno para el Señor / Por P. Carlos García Malo
martes, 23 de junio de 2026
«Sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano» / Por P. Carlos García Malo
lunes, 22 de junio de 2026
Papa León XIV al Programa Mundial de Alimentos, 22-6-2026: «Los conflictos son ‘alimentados’ con mayor facilidad que las personas, que poseen una dignidad infinita arraigada en el amor incondicional de Dios, que nada puede negar su valor»
* «Una capacidad productiva global sin precedentes coexiste con zonas de extrema vulnerabilidad en expansión. Las mismas fuerzas que impulsan el crecimiento económico a menudo exacerban la exclusión y la marginación. Si bien aliviar el sufrimiento humano se reconoce ampliamente como esencial en principio, las preocupaciones humanitarias corren cada vez más el riesgo de quedar relegadas a un segundo plano entre las prioridades internacionales. Es precisamente en la brecha entre el reconocimiento en principio y la priorización en la práctica donde presenciamos la progresiva burocratización de la solidaridad, junto con la silenciosa mercantilización de la vida humana. Por un lado, la acción humanitaria se ve cada vez más obstaculizada por trámites burocráticos que pueden retrasar la asistencia a quienes la necesitan. Por otro lado, el acceso a bienes esenciales, incluidos los alimentos, suele estar condicionado por consideraciones económicas o estratégicas. En consecuencia, quienes no generan un valor cuantificable corren el riesgo de volverse invisibles»
Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con las palabras del Papa León XIV
* «Deseo hacer un llamamiento a los gobiernos y pueblos del mundo para que renueven y fortalezcan su compromiso, incrementen los recursos destinados a combatir el hambre y sus causas profundas, y eliminen los obstáculos que impiden que la ayuda llegue a quienes la necesitan. Al mismo tiempo, este apoyo debe fortalecer la colaboración con la Iglesia y la sociedad civil. Fortalecer las capacidades de todos estos actores en conjunto multiplicará nuestra eficacia colectiva en la lucha contra el hambre. Para implementar este llamamiento de manera efectiva, es necesario reducir la burocracia innecesaria para que la transparencia y la rendición de cuentas beneficien a las personas en lugar de obstaculizar la asistencia. En situaciones donde los gobiernos carecen de un control territorial efectivo o el acceso humanitario está restringido, los socios locales de confianza se vuelven indispensables. La Iglesia Católica, a través de parroquias, diócesis, agencias de Cáritas y otras iniciativas religiosas, a menudo llega a poblaciones vulnerables en zonas inaccesibles para los actores internacionales. Por lo tanto, animo al Programa Mundial de Alimentos y a sus socios a que continúen apoyando estos esfuerzos»
22 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “Los conflictos son "alimentados" con mayor facilidad con la que se alimenta a las personas que poseen una dignidad intrínseca e inalienable, que permanece intacta independientemente de las circunstancias, las condiciones o la posición social. Arraigada en el amor incondicional e ilimitado de Dios, dicha dignidad puede definirse como infinita, ya que nada puede disminuir, borrar o negar su valor. Es precisamente a partir de la fidelidad a esta verdad que se mide la humanidad de nuestra política y, con ella, el futuro de la comunidad internacional”, ha afirmado el Papa León XIV en su visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos (PMA o WFP, por sus siglas en inglés, que significan World Food Programme), dentro del complejo del Parco dei Medici, al suroeste de Roma, en la mañana de este lunes, 22 de junio, donde se ha reunido con el Consejo Ejecutivo.
El Pontífice señala la paradoja de una expansión productiva sin precedentes que coexiste con la de zonas de pobreza, "burocratizando" la solidaridad y supeditando el hambre a consideraciones estratégicas. Para hacerle frente, aboga por un renovado compromiso de los gobiernos con la asignación de fondos y la cooperación multilateral. En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las palabras del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:
VISITA A LA SEDE DEL PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTACIÓN
DISCURSO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
ANTE LA JUNTA EJECUTIVA DEL PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTOS DE LAS NACIONES UNIDAS
Sede del Programa Mundial de Alimentos (Roma)
Lunes, 22 de junio de 2026
Distinguidas autoridades,
Excelentísimos
señores y señoras,
Quisiera agradecer a Su Excelencia la Sra. Cindy McCain por su amable invitación a dirigirme a esta reunión anual del Directorio Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. Saludo en particular al Sr. Carl Skau, Director Ejecutivo Interino, y a Su Excelencia la Sra. Carla Barroso Carneiro, Presidenta de esta importante asamblea. Extiendo mis saludos a los Representantes de los Estados Miembros, a los distinguidos invitados presentes en esta reunión y al personal de esta institución intergubernamental, dedicada a salvar vidas en situaciones de emergencia y a brindar asistencia alimentaria en medio de conflictos y desastres naturales. El compromiso de su institución resuena profundamente con la misión de la Iglesia Católica de defender la dignidad humana y fomentar la fraternidad, arraigada en el llamado del Evangelio a amar al prójimo (cf. Mc 12,31). Juntos, compartimos la urgente tarea de enfrentar el hambre y la malnutrición, abordando también las causas estructurales subyacentes que las perpetúan. Para afrontar esta tarea con eficacia, debemos examinar los desafíos que tenemos ante nosotros, sus causas subyacentes y los caminos hacia soluciones duraderas.
Hoy en día, las crisis han evolucionado de eventos aislados a realidades persistentes, marcadas por conflictos prolongados, inseguridad alimentaria crónica, volatilidad económica y creciente vulnerabilidad climática. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿qué configuración del orden global es capaz de producir, reproducir y, en ocasiones, normalizar tales condiciones? El problema ya no se limita a cómo intervenir, sino que se extiende a comprender por qué el sistema produce constantemente los mismos problemas que luego se ve obligado a corregir.
El orden internacional se ha fragmentado cada vez más, en parte debido a la crisis del sistema multilateral. Como señalé recientemente en la encíclica Magnifica Humanitas : «las instituciones establecidas para salvaguardar el concepto de un futuro común para todos los pueblos y un bien común global parecen haberse debilitado» (201). Ante la ausencia de un horizonte ético compartido capaz de sustentar una cooperación genuina, el sistema internacional ha pasado del multilateralismo a «un multipolarismo desordenado y conflictivo, con una generalizada sensación de desconfianza» ( ibíd. ). En consecuencia, los Estados han destinado cada vez más sus recursos a la seguridad nacional, el crecimiento económico y la estabilidad interna, sin tener en cuenta el estrecho vínculo entre estas cuestiones y la cooperación multilateral.
Esta tendencia revela una paradoja sorprendente: una capacidad productiva global sin precedentes coexiste con zonas de extrema vulnerabilidad en expansión. Las mismas fuerzas que impulsan el crecimiento económico a menudo exacerban la exclusión y la marginación. Si bien aliviar el sufrimiento humano se reconoce ampliamente como esencial en principio, las preocupaciones humanitarias corren cada vez más el riesgo de quedar relegadas a un segundo plano entre las prioridades internacionales.
Es precisamente en la brecha entre el reconocimiento en principio y la priorización en la práctica donde presenciamos la progresiva burocratización de la solidaridad, junto con la silenciosa mercantilización de la vida humana. Por un lado, la acción humanitaria se ve cada vez más obstaculizada por trámites burocráticos que pueden retrasar la asistencia a quienes la necesitan. Por otro lado, el acceso a bienes esenciales, incluidos los alimentos, suele estar condicionado por consideraciones económicas o estratégicas. En consecuencia, quienes no generan un valor cuantificable corren el riesgo de volverse invisibles.
Esta doble dinámica plantea un grave desafío ético: la persona humana ya no se sitúa sistemáticamente en el centro de la acción internacional. En este contexto, es importante reconocer que, si bien las formas de ayuda y los proyectos de desarrollo se ven obstaculizados por decisiones políticas complejas e incomprensibles, visiones ideológicas sesgadas y barreras aduaneras impenetrables, el armamento no lo está (Francisco, Discurso ante el Consejo Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos , 13 de junio de 2016). En efecto, los conflictos se alimentan con mayor facilidad que las personas. Esta realidad refleja no solo deficiencias operativas, sino también un desequilibrio fundamental en las prioridades políticas y morales.
Las consecuencias van mucho más allá de los directamente afectados. Más allá de ser una mera preocupación humanitaria, el hambre erosiona la cohesión social, aumenta el riesgo de conflicto e impulsa la migración forzada. Además, debilita la capacidad de los Estados y las sociedades para construir instituciones resilientes, brindar una educación eficaz y fomentar el desarrollo económico sostenible. De este modo, perpetúa ciclos de fragilidad que, en última instancia, afectan a la comunidad internacional en general.
Desde esta perspectiva, queda claro que la acción humanitaria no es ajena al orden internacional. Más bien, refleja la responsabilidad de la comunidad global de fortalecer la solidaridad, resistir la exclusión y reconocer la dignidad inherente, otorgada por Dios, de toda persona. Por lo tanto, más allá de la gestión de crisis, las instituciones internacionales encarnan un principio de responsabilidad compartida y afirman que la comunidad internacional está unida por la preocupación por quienes se encuentran en las situaciones más vulnerables. En este sentido, el Programa Mundial de Alimentos es más que un actor político, económico o técnico; es una expresión concreta de solidaridad internacional. De hecho, allí donde las instituciones nacionales se debilitan y las redes comunitarias se desintegran, su presencia ayuda a evitar que las crisis humanitarias degeneren en un colapso irreversible.
Por ello, es esencial un compromiso renovado con la cooperación multilateral. En un mundo cada vez más fragmentado y multipolar, ningún Estado puede afrontar los desafíos globales por sí solo. La paz duradera y el desarrollo humano integral y sostenible solo son posibles mediante la participación de todos, fomentada por un diálogo internacional genuino y una cooperación orientada al bien común. Este enfoque requiere una firme voluntad política capaz de trascender las perspectivas cortoplacistas e invertir en bienes públicos globales. «Este objetivo solo puede alcanzarse mediante la convergencia de políticas eficaces y la implementación coordinada y sinérgica de las intervenciones. El llamado a caminar juntos, en armonía fraterna, debe convertirse en el principio rector» ( Visita a la sede de la FAO en Roma , 16 de octubre de 2025, pág. 6).
Con este espíritu, deseo hacer un llamamiento a los gobiernos y pueblos del mundo para que renueven y fortalezcan su compromiso, incrementen los recursos destinados a combatir el hambre y sus causas profundas, y eliminen los obstáculos que impiden que la ayuda llegue a quienes la necesitan. Al mismo tiempo, este apoyo debe fortalecer la colaboración con la Iglesia y la sociedad civil. Fortalecer las capacidades de todos estos actores en conjunto multiplicará nuestra eficacia colectiva en la lucha contra el hambre.
Para implementar este llamamiento de manera efectiva, es necesario reducir la burocracia innecesaria para que la transparencia y la rendición de cuentas beneficien a las personas en lugar de obstaculizar la asistencia. En situaciones donde los gobiernos carecen de un control territorial efectivo o el acceso humanitario está restringido, los socios locales de confianza se vuelven indispensables. La Iglesia Católica, a través de parroquias, diócesis, agencias de Cáritas y otras iniciativas religiosas, a menudo llega a poblaciones vulnerables en zonas inaccesibles para los actores internacionales. Por lo tanto, animo al Programa Mundial de Alimentos y a sus socios a que continúen apoyando estos esfuerzos.
Es igualmente importante resistir la mercantilización de las necesidades humanas básicas. Los alimentos, el agua y la atención médica no pueden subordinarse a consideraciones de mercado ni a intereses geopolíticos. El acceso a una alimentación adecuada es un derecho humano fundamental basado en la dignidad de toda persona. Satisfacer esta necesidad no solo alivia el sufrimiento, sino que también aborda las causas subyacentes de la inestabilidad geopolítica. De hecho, la seguridad alimentaria es un componente esencial de la seguridad global e integral.
En este sentido, es encomiable que, además de sus operaciones de respuesta a emergencias, el Programa Mundial de Alimentos extienda su labor más allá del socorro inmediato a iniciativas a largo plazo, como los programas que proporcionan alimentación a escolares. Estas inversiones fortalecen la educación, el desarrollo humano y la resiliencia social, reflejando una visión integral del desarrollo humano que promueve la dignidad, la oportunidad y el bienestar de la persona en su totalidad.
Excelentísimos señores, queridos amigos, lo que está en juego no es solo la eficacia de una agencia, sino también la credibilidad de la cooperación internacional misma. Su organización demuestra que es posible un nuevo camino; sin embargo, se requiere la determinación de simplificar lo que se ha vuelto excesivamente complejo, de priorizar lo esencial y de asegurar que nadie sea olvidado. Porque este compromiso se basa en el reconocimiento de que todo ser humano posee una dignidad intrínseca e inalienable, que permanece intacta independientemente de las circunstancias, las condiciones o la posición social. Arraigada en el amor incondicional e ilimitado de Dios, dicha dignidad puede definirse como infinita, ya que nada puede disminuir, borrar o negar su valor. Es precisamente a partir de la fidelidad a esta verdad que se mide la humanidad de nuestra política y, con ella, el futuro de la comunidad internacional.
Con estos sentimientos, pido a Dios que bendiga abundantemente sus esfuerzos, para que todos reciban su sustento diario y vivan con dignidad. Tengan la seguridad de que rezo por ustedes, sus seres queridos y aquellos a quienes sirven.
Gracias.
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Reunión con cinco representantes del PMA de otros países
Papa León XIII: Buenos días, buenas tardes y buenas noches a todos ustedes, dispersos por el mundo. Nos complace estar aquí hoy para compartir este breve momento con representantes de los diferentes países miembros del Programa Mundial de Alimentos, pero también con cada uno de ustedes, que representan a tantas personas que trabajan sobre el terreno en la difícil tarea de la lucha contra el hambre. No sé si es apropiado pedirles a dos o tres de ustedes que digan unas palabras sobre dónde se encuentran y cuáles son los desafíos más difíciles, porque de esa manera yo también podré escuchar parte de la realidad de lo que significa luchar contra el hambre. Sé que muchos de ustedes arriesgan literalmente sus vidas para estar en los lugares donde trabajan, y quiero asegurarles a todos las oraciones y el apoyo de la comunidad mundial y, de manera especial, de la Iglesia Católica, que a menudo colabora con los programas que supervisan y en los que trabajan. La labor de llevar la ayuda a los más necesitados es, por supuesto, un gran desafío. Pero quizás escuchar de primera mano algunas de esas experiencias también nos ayudaría a todos y cada uno de los que estamos aquí esta mañana en Roma a comprender un poco mejor, de cerca, los tipos de desafíos a los que se enfrentan.
[ Después del tercer presentador ]
Gracias, Cyril, por la misión que estás llevando a cabo en el Líbano. Una de las cosas que la gente a menudo no comprende es la progresión cíclica que lleva a muchas partes del mundo a mayores dificultades: que el hambre suele ser causa de conflicto, y el conflicto causa más hambre. Y así seguimos dando vueltas en círculo, como estoy seguro de que algunos de ustedes, si no todos, han visto en el trabajo que están haciendo. A menudo, la crisis que está afectando a todo el mundo, en el área de la migración, también es el resultado del hambre extrema y el conflicto que obliga a las personas a abandonar sus hogares, lo cual no hacen porque quieran. Lo hacen porque tienen que hacerlo para sobrevivir. Por lo tanto, el trabajo de cada uno de ustedes, de todos ustedes juntos en el Programa Mundial de Alimentos —lo que ciertamente estamos tratando de apoyar y promover— es extremadamente importante porque juntos no solo estamos haciendo la ayuda inmediata, que por supuesto es vital, de proporcionar alimentos a los hambrientos; Pero también tenemos el reto de analizar las causas profundas del hambre en las diferentes áreas donde trabajan y de tender puentes para encontrar soluciones a esos problemas. El mundo de hoy podría vivir sin hambre. Los recursos deberían estar disponibles. La capacidad de producción de alimentos existe, y sin embargo, a menudo los recursos se destinan a promover la guerra, los conflictos y otros resultados, por así decirlo, menos importantes, de modo que el hambre persiste e incluso aumenta en algunas partes del mundo. Todos ustedes están sobre el terreno, en primera línea, y gracias a ustedes se puede llevar a cabo la labor del Programa Mundial de Alimentos. Por eso, quiero agradecerles a todos y cada uno de ustedes y a todas las personas a las que representan. Y quiero animarlos en su trabajo porque es fundamental que haya personas que ayuden al Programa Mundial de Alimentos a hacer llegar esta ayuda a tantas personas necesitadas. Así que, gracias por lo que hacen. Que Dios los bendiga a todos y que sigan adelante, ustedes y sus colegas. Por favor, comparte mi mensaje con tus compañeros de trabajo, y que Dios te bendiga siempre en esta labor tan importante. Muchas gracias.
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Saludo improvisado en el exterior
Queridos amigos, buenos días y buenas tardes a todos, a quienes nos siguen en línea. Me siento profundamente honrado de estar en su presencia, junto a tantos de ustedes que representan a los trabajadores del Programa Mundial de Alimentos, quienes entregan sus vidas en una misión especial en todo el mundo y, como la Sra. McCain acaba de mencionar, incluso en lugares desconocidos para muchos, en la primera línea de acción, en zonas donde literalmente arriesgan sus vidas para asegurar que los alimentos lleguen a los más necesitados. Sin duda, es una gran misión, pues es una forma de reconocer la dignidad humana —la dignidad que Dios nos ha otorgado— que toda persona en este mundo merece. Muchas gracias por su servicio.
Mientras caminaba por el jardín, pude observar diversos valores y objetivos del Programa Mundial de Alimentos. Quisiera destacar dos palabras al compartir estos breves momentos con ustedes.
Una de ellas es la palabra "comunidad". Es una palabra que, personalmente, es muy importante para mí y que considero fundamental en el mundo actual, un mundo polarizado, dividido y afectado por numerosos conflictos y guerras, donde la destrucción de las relaciones humanas persiste por diversas razones, entre ellas la tecnología. En lugar de que la tecnología nos ayude a construir un mundo mejor, a menudo se utiliza como instrumento de guerra, destrucción y muerte. Por lo tanto, el trabajo que realizan —y quizás incluso más que el trabajo en sí, el espíritu que comparten al colaborar en la construcción de una comunidad y en el apoyo a las comunidades necesitadas— es, sin duda, un regalo muy valioso. Y quisiera animarlos a todos a reflexionar sobre su propio papel como familia —la Sra. McCain también usó esa palabra, la familia que todos ustedes representan—, pero también sobre cómo construir una comunidad en todo el mundo, que ustedes, su trabajo y su servicio serán, sin duda, una forma de ayudar a las personas a unirse y trabajar juntas para resolver los problemas que causan el hambre y buscar maneras de crear un mundo más justo.
Y la otra palabra —la última que vi— fue «esperanza». Ustedes representan, de una manera muy real, la esperanza para el mundo, y esa es una misión que creo que todos compartimos y a la que todos aspiramos como parte de nuestra misión, ya sea la Iglesia Católica, quienes somos creyentes o quienes trabajamos juntos porque creemos en la dignidad humana de todos. Decimos que queremos construir un mundo donde haya esperanza para el futuro. Muchas veces leemos sobre jóvenes que han perdido la esperanza; jóvenes que, debido a las dificultades en sus vidas, no necesariamente viven en las zonas más pobres del mundo, pero donde han perdido la visión y el sentido de la vida. Han perdido la capacidad de mirar hacia el futuro y decir: «Esto vale la pena. Esto vale la pena dar la vida por esto. Esto vale la pena unirnos y buscar la manera de seguir adelante». Ustedes representan la esperanza. Y el trabajo que realizan, al llegar especialmente a los más necesitados, es sin duda un signo de esperanza, una expresión concreta de la esperanza que todos buscamos.
Así que les agradezco mucho y les aseguro mis oraciones por su trabajo, su misión y por todos los que trabajan en el Programa Mundial de Alimentos. Que Dios los fortalezca y proteja en el cumplimiento de su misión, porque todos deseamos ofrecer alimentos al mundo: alimentos para el mundo en el sentido de algo que comer cada día, pero también alimentos que nos den esperanza para construir un mundo mejor, un mundo de paz, un mundo en el que estemos verdaderamente unidos. Que Dios los bendiga a todos y muchas gracias.
Papa León XIV
Fotos: Vatican Media, 22-6-2026
domingo, 21 de junio de 2026
La vida de san Luis Gonzaga nos recuerda que la verdadera grandeza no está en los honores ni en las riquezas, sino en la entrega generosa a Dios y al prójimo/ Por P. Carlos García Malo
sábado, 20 de junio de 2026
Las apariciones de la Virgen de Akita son una invitación a renovar la fe, crecer en la caridad y confiar en la misericordia divina / Por P. Carlos García Malo
viernes, 19 de junio de 2026
El Padre Nuestro es una escuela de fe, humildad y amor que nos guía cada día hacia una relación más profunda con Dios / Por P. Carlos García Malo
miércoles, 17 de junio de 2026
Papa León XIV en la Audiencia General, 17-6-2026: «¡Alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, ‘con los ojos de Dios’, es decir, con amor, respeto y compasión»
* «En la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitado»
Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma
* «Acojo con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que se firmará el viernes, como resultado alentador de un paciente trabajo de diálogo y de negociación... Espero que este acuerdo contribuya a reforzar la confianza recíproca, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, y promueva caminos de diálogo y cooperación entre los pueblos… Llegan noticias dolorosas sobre la guerra en Ucrania, que sigue extendiéndose: numerosas víctimas inocentes, rescatistas muertos, iglesias y lugares del patrimonio cultural devastados por las llamas. Expreso mi cercanía a cuantos lloran la pérdida de sus seres queridos, a los heridos y a quienes, en medio de la violencia, siguen sirviendo a la vida con valentía. Invito a todos a rezar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra vías de diálogo, que apague el odio y que haga posible una paz justa y duradera»
17 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “¡Alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión” ha reflexionado el Papa León XIV, ante decenas de miles de fieles, en su catequesis de la Audiencia General de hoy miércoles, dedicada a explicar y valorar su Viaje apostólico a Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.
En sus mismas palabras, lo sumergió en una realidad donde ha podido conocer los notables cambios sociales y culturales de esa nación y, al mismo tiempo, la emoción de ser “acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha”.
“El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad”.
Antes de finalizar la Audiencia General, por un lado, León XIV expresa satisfacción y gratitud por el acuerdo entre Irán y Estados Unidos, el llamado «Memorándum de Islamabad» —denominado así por la mediación pakistaní— que puede contribuir a la «seguridad» y la «estabilidad» en Oriente Medio. Por otro, experimenta dolor y angustia por la guerra —la de Ucrania— que continúa extendiéndose, cobrándose más víctimas y desatando llamas que destruyen iglesias y lugares históricos, además de avivar el odio. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:
LEÓN XIV
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles, 17 de junio de 2026
Catequesis - El Viaje apostólico a España
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.
Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.
El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.
En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.
En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.
He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontrado: del niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.
Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.
Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.
Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!
Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
En nuestra catequesis de hoy deseo compartir algunas reflexiones sobre el viaje apostólico que realicé la semana pasada en España. Agradezco a Dios y a todo el pueblo español; particularmente al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. Durante mi visita pude experimentar con gran alegría la fe y el afecto de la gente, así como la sed profunda de congregarse unidos en Cristo. Los diferentes encuentros revelaron el deseo de escuchar el Evangelio y la inquietud por hacerlo vida en el mundo de hoy.
La última etapa del viaje ha afianzado un aspecto muy importante: estamos llamados a ser testigos de Cristo compartiendo nuestra fe y nuestra cultura con los demás. Se nos invita a un diálogo entre las personas y los pueblos, en espíritu de fraternidad. Este camino no es fácil, requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es la senda que nos conduce a la civilización del amor.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Tal como indicó Jesús a sus discípulos, los invito a alzar la mirada para aprender a ver en las personas su deseo de vida, de verdad y de plenitud (cf. Jn 4,35). Que Él nos enseñe también a nosotros a mirar a los demás con los ojos de Dios, es decir, con amor, respeto y compasión. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:
Acojo con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que se firmará el viernes, como resultado alentador de un paciente trabajo de diálogo y de negociación. Expreso mi gratitud a los países que se han esforzado por favorecer el encuentro entre las partes y hacer posible dicho entendimiento. Espero que este acuerdo contribuya a reforzar la confianza recíproca, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, y promueva caminos de diálogo y cooperación entre los pueblos.
Por otro lado, llegan noticias dolorosas sobre la guerra en Ucrania, que sigue extendiéndose: numerosas víctimas inocentes, rescatistas muertos, iglesias y lugares del patrimonio cultural devastados por las llamas. Expreso mi cercanía a cuantos lloran la pérdida de sus seres queridos, a los heridos y a quienes, en medio de la violencia, siguen sirviendo a la vida con valentía. Invito a todos a rezar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra vías de diálogo, que apague el odio y que haga posible una paz justa y duradera.
Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Estamos a las puertas del verano, una época de turismo y peregrinaciones, de vacaciones y descanso. Queridos jóvenes, al pensar en sus compañeros que aún están presentando exámenes, espero que ustedes, ya de vacaciones, aprovechen el verano para vivir valiosas experiencias sociales y religiosas. Les animo, queridos enfermos, a encontrar consuelo y alivio en la cercanía de sus familias. Y a ustedes, queridos recién casados, les extiendo la invitación a aprovechar este verano para profundizar en su comprensión del valor de la misión en la Iglesia y en la sociedad.
¡Mi bendición para todos!
Papa León XIV
Fotos: Vatican Media, 17-6-2026



























































