Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

Mostrando entradas con la etiqueta Espíritu Santo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Espíritu Santo. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de mayo de 2026

Papa León XIV en el Regina Caeli, 10-5-2026: «Porque nos ama, el Señor no nos deja solos en las pruebas de la vida: nos promete al Paráclito, es decir, al Abogado defensor, el ‘Espíritu de la Verdad’»

* «Al ofrecernos el amor verdadero y eterno, Jesús comparte con nosotros su identidad de Hijo amado: ‘yo estoy en mi Padre, y […] ustedes están en mí y yo en ustedes’. Esta comunión de vida tan envolvente desmiente al acusador, es decir, al adversario del Paráclito, el espíritu contrario a nuestro defensor. De hecho, mientras que el Espíritu Santo es fuerza de verdad, este acusador es ‘padre de la mentira’ (Jn 8,44), que quiere enfrentar al hombre con Dios y a los hombres entre sí: justo lo contrario de lo que hace Jesús, salvándonos del mal y uniéndonos como pueblo de hermanos y hermanas en la Iglesia»

    

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Regina Caeli

* «Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias, por permitir la llegada del crucero ‘Hondius’ con los enfermos de hantavirus. Estoy contento de poder encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las Islas… He recibido con preocupación las noticias sobre el aumento de la violencia en la región del Sahel, en particular en Chad y Malí, que han sido objeto de recientes ataques terroristas. Les aseguro mis oraciones por las víctimas y mi cercanía a quienes sufren. Deseo que cese toda forma de violencia y aliento todo esfuerzo en favor de la paz y el desarrollo en esa querida tierra» 

10 de mayo de 2026.- (Camino Católico) “Porque nos ama, el Señor no nos deja solos en las pruebas de la vida: nos promete al Paráclito, es decir, al Abogado defensor, el ‘Espíritu de la Verdad’ (Jn 14,17). Es un don que ‘el mundo no puede recibir’, mientras se obstine en el mal que oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente. Mientras que, quien corresponde al amor que Jesús tiene hacia todos, encuentra en el Espíritu Santo un aliado que nunca falla”, ha reflexionado el Papa León XIV, en el Regina Caeli del VI domingo de Pascua, en la plaza de San Pedro, ante decenas de miles de fieles, en el que ha centrado la mirada hacia la Última Cena de Jesús, precisamente a ese momento en el que transforma el pan y el vino en el signo vivo de su amor y dice: «si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos».

El Pontífice explica que no debemos cumplir los mandamientos para ganarnos el amor de Dios, sino porque ya nos sabemos amados por Él: “Por el contrario, el amor de Dios es la condición para nuestra justicia. Miramos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo”.

El Santo Padre insiste en que “las palabras de Jesús son una invitación a la relación, no un chantaje”. Por ello, el Señor nos manda amarnos unos a otros como Él nos ha amado: “es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional”, asegura el Papa. Y añade que se trata de un amor que no conoce reservas ni condiciones: “aquel que no conoce el “pero” ni el “quizá”, que se entrega sin pretender poseer, y que da vida sin pedir nada a cambio”.

Después de rezar el Regina Caeli, León XIV agradece a las Islas Canarias por haber acogido al buque Hondius, punto cero del brote de hantavirus, y se muestra contento de encontrarse con la población en el viaje que realizará en junio a España. Destaca su llamamiento por Chad y Malí, afectados por duros ataques. Finalmente, un saludo a la “amada” Iglesia copta y un “pensamiento especial” para todas las madres, especialmente aquellas en condiciones difíciles. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre y la oración del Regina Caeli, cuyo texto completo es el siguiente:

PAPA LEÓN XIV
REGINA CAELI
Plaza de San Pedro
VI Domingo de Pascua, 10 de mayo de 2026


Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!


En el Evangelio de hoy, hemos escuchado algunas palabras que Jesús dirige a sus discípulos durante la Última Cena. Mientras transforma el pan y el vino en el signo vivo de su amor, Cristo dice: «si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos» (Jn 14,15). Esta afirmación nos libra de un malentendido, es decir, de la idea de que somos amados si guardamos los mandamientos: nuestra justicia sería entonces un condicionante para el amor de Dios. Por el contrario, el amor de Dios es la condición para nuestra justicia. Guardamos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo. Las palabras de Jesús son, pues, una invitación a la relación, no un chantaje ni una puesta en duda.


Por eso el Señor nos manda que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado (cf. Jn 13,34): es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional. Aquel que no conoce ni el “pero” ni el “quizá”, aquel que se entrega sin querer poseer, aquel que da vida sin pedir nada a cambio. Dado que Dios nos ama primero, también nosotros podemos amar; y cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros. Sucede como con la vida: sólo quien la ha recibido puede vivir, y así, sólo quien ha sido amado puede amar. Los mandamientos del Señor son, por tanto, una forma de vida que nos sana de los amores falsos; son un estilo espiritual, que es camino hacia la salvación.


Precisamente porque nos ama, el Señor no nos deja solos en las pruebas de la vida: nos promete al Paráclito, es decir, al Abogado defensor, el «Espíritu de la Verdad» (Jn 14,17). Es un don que «el mundo no puede recibir» (ibíd.), mientras se obstine en el mal que oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente. Mientras que, quien corresponde al amor que Jesús tiene hacia todos, encuentra en el Espíritu Santo un aliado que nunca falla: «Ustedes, en cambio, lo conocen, —dice Jesús—, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes» (ibíd.). Siempre y en todas partes podemos entonces dar testimonio de Dios, que es amor: esta palabra no significa una idea de la mente humana, sino la realidad de la vida divina, por la cual todas las cosas han sido creadas de la nada y redimidas de la muerte.


Al ofrecernos el amor verdadero y eterno, Jesús comparte con nosotros su identidad de Hijo amado: «yo estoy en mi Padre, y […] ustedes están en mí y yo en ustedes» (v. 20). Esta comunión de vida tan envolvente desmiente al acusador, es decir, al adversario del Paráclito, el espíritu contrario a nuestro defensor. De hecho, mientras que el Espíritu Santo es fuerza de verdad, este acusador es «padre de la mentira» (Jn 8,44), que quiere enfrentar al hombre con Dios y a los hombres entre sí: justo lo contrario de lo que hace Jesús, salvándonos del mal y uniéndonos como pueblo de hermanos y hermanas en la Iglesia.


Queridos amigos, llenos de gratitud por este don, confiémonos a la intercesión de la Virgen María, Madre del Amor Divino.



Oración del Regina Caeli: 


V/. Reina del Cielo, alégrate; aleluya.

R/. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V/. Resucitó según dijo; aleluya.

R/. Ruega por nosotros a Dios; aleluya;

V/. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.

R/. Porque resucitó en verdad el Señor; aleluya.


Oración:


¡Oh, Dios!, que te dignaste alegrar al mundo por la Resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: concédenos, te rogamos, que por la mediación de la Virgen María, su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.




Después el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


He recibido con preocupación las noticias sobre el aumento de la violencia en la región del Sahel, en particular en Chad y Malí, que han sido objeto de recientes ataques terroristas. Les aseguro mis oraciones por las víctimas y mi cercanía a quienes sufren. Deseo que cese toda forma de violencia y aliento todo esfuerzo en favor de la paz y el desarrollo en esa querida tierra.


El 10 de mayo se celebra el “Día de la Amistad Copto-Católica”. Dirijo un saludo fraterno a Su Santidad el Papa copto Tawadros II y aseguro mi oración a toda la amada Iglesia copta, con la esperanza de que nuestro camino de amistad nos conduzca a la unidad perfecta en Cristo, quien nos llamó “amigos” (cf. Jn 15,15).



¡Y ahora les doy la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países!


En particular, saludo al grupo “Guardias de honor del Sagrado Corazón de Jesús”, procedentes de varias ciudades de Italia, y a los “Voluntarios para la evangelización” vinculados a la familia de Radio María; así como a la Asociación de voluntariado “Komen Italia”, comprometida con la prevención del cáncer de mama.


Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias, por permitir la llegada del crucero “Hondius” con los enfermos de hantavirus. Estoy contento de poder encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las Islas.


Hoy recordamos de modo especial a todas las madres. Por intercesión de María, madre de Jesús y madre nuestra, recemos con cariño y gratitud por cada mamá, especialmente por aquellas que viven en condiciones difíciles. ¡Gracias! ¡Que Dios las bendiga!


Les deseo a todos un feliz domingo.


Papa León XIV



Foto: Vatican Media, 10-5-2026

miércoles, 6 de mayo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 6-5-2026: «Signo del Reino, la Iglesia anuncia a Cristo y vive la comunión de los santos: une a vivos y difuntos en la liturgia, alabando a Dios y caminando hacia la plenitud final»

* «La Iglesia vive en la historia al servicio de la llegada del Reino de Dios al mundo. Ella anuncia a todos y siempre las palabras de esta promesa, recibe un anticipo en la celebración de los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía, pone en práctica y experimenta su lógica en las relaciones de amor y de servicio. Asimismo, sabe que es lugar y medio donde la unión con Cristo se realiza “más estrechamente” (LG, 48), y, al mismo tiempo, reconoce que la salvación puede ser donada por Dios en el Espíritu Santo también fuera de sus límites visibles»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma

* «Pidamos al Señor que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad, para que, arraigados en la fe y con firme esperanza, sepamos vivir orientados hacia el Reino de Dios, sin dejarnos absorber por lo pasajero ni por las dificultades del camino. Que el Espíritu Santo nos conceda reconocer su presencia en la historia, servir con amor a los demás y ser signos vivos de su salvación en medio del mundo»


6 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “Signo del Reino, la Iglesia no se anuncia a sí misma, sino a Cristo. Además, vive la comunión de los santos: una sola Iglesia que une a vivos y difuntos, especialmente en la liturgia, alabando a Dios y caminando hacia la plenitud final” Ha subrayado el Papa León XIV en su catequesis de este miércoles en la Plaza de San Pedro, ante veinte mil fieles.


El Pontífice ha reiterado, como lo hicieron los Padres conciliares en la Lumen Gentium, que la Iglesia custodia la esperanza que ilumina el camino hacia la “meta final”, el anuncio del Reino, de amor, de justicia y de paz, la patria celeste y, para ello, está llamada a una conversión y renovación constantes, acompañando al pueblo peregrino de Dios, denunciando el mal en todas sus formas y anunciando, con palabras y obras, la salvación que Cristo quiere realizar para toda la humanidad.


Siguiendo su serie de catequesis dedicada a la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, León XIV se detiene en el capítulo VII para destacar su dimensión escatológica, para aclarar que, a pesar de ser un aspecto muchas veces descuidado o minimizado, la dimensión esencial del camino de la Iglesia en el plano terrenal está siempre orientado hacia la meta final, que es la patria celeste: “La Iglesia es el pueblo de Dios en camino en la historia; el fin de todo su obrar es el Reino de Dios. Jesús dio comienzo a la Iglesia precisamente anunciando este Reino de amor, de justicia y de paz. Por ello, estamos llamados a considerar la dimensión comunitaria y cósmica de la salvación en Cristo, y a dirigir la mirada a ese horizonte final, para medir y evaluar todo desde esa perspectiva”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 6 de mayo de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. II. Constitución dogmática Lumen gentium. 8. La Iglesia, peregrina en la historia hacia la patria celestial 

Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy nos detenemos en una parte del cap. VII de la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, y meditamos sobre una de sus características distintivas: la dimensión escatológica. Efectivamente, en esta historia terrena, la Iglesia camina siempre orientada hacia la meta final, que es la patria celeste. Se trata de una dimensión esencial que, sin embargo, a menudo descuidamos o minimizamos, porque estamos demasiado concentrados en lo inmediatamente visible y en las dinámicas más concretas de la vida de la comunidad cristiana.

La Iglesia es el pueblo de Dios en camino en la historia; el fin de todo su obrar es el Reino de Dios (cfr. LG, 9). Jesús dio comienzo a la Iglesia precisamente anunciando este Reino de amor, de justicia y de paz (cfr LG 5). Por ello, estamos llamados a considerar la dimensión comunitaria y cósmica de la salvación en Cristo, y a dirigir la mirada a ese horizonte final, para medir y evaluar todo desde esa perspectiva.

La Iglesia vive en la historia al servicio de la llegada del Reino de Dios al mundo. Ella anuncia a todos y siempre las palabras de esta promesa, recibe un anticipo en la celebración de los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía, pone en práctica y experimenta su lógica en las relaciones de amor y de servicio. Asimismo, sabe que es lugar y medio donde la unión con Cristo se realiza “más estrechamente” (LG, 48), y, al mismo tiempo, reconoce que la salvación puede ser donada por Dios en el Espíritu Santo también fuera de sus límites visibles.

En este sentido, la Constitución Lumen Gentium realiza una afirmación importante: la Iglesia es “sacramento universal de salvación” (LG, 48), esto es, signo e instrumento de esa plenitud de vida y de paz prometida por Dios. Esto significa que ella no se identifica perfectamente con el Reino de Dios, pero es su germen e inicio, porque el cumplimiento será dado a la humanidad y al cosmos solamente al final. Por eso, los creyentes en Cristo caminan por esta historia terrena, marcada por la maduración del bien pero también por injusticias y sufrimientos, sin caer en ilusiones ni en la desesperanza: viven orientados por la promesa recibida de «Aquel que hace nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Por tanto, la Iglesia realiza su misión entre el “ya” del inicio del Reino de Dios en Jesús, y el “aún no” del cumplimiento prometido y esperado. La Iglesia custodia una esperanza que ilumina el camino, y tiene también la misión de pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida e impide su desarrollo, y para tomar posición a favor de los pobres, los explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra y de todos los que sufren en el cuerpo y en el espíritu (cfr. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 159).

Signo y sacramento del Reino, la Iglesia es el pueblo de Dios peregrino en la tierra que, a partir de la promesa final, lee e interpreta según el Evangelio los dinamismos de la historia, denunciando el mal en todas sus formas y anunciando, con palabras y obras, la salvación que Cristo quiere realizar para toda la humanidad y su Reino de justicia, de amor y de paz. La Iglesia, por tanto, no se anuncia a sí misma; al contrario, en ella todo debe remitir a la salvación en Cristo.

Desde esta perspectiva, la Iglesia está llamada a reconocer humildemente la fragilidad humana y la caducidad de sus propias instituciones, que, aun estando al servicio del Reino de Dios, llevan la imagen de este siglo que pasa (cfr. LG, 48). Ninguna de las instituciones eclesiales puede ser absolutizada; es más, como viven en la historia y en el tiempo, están llamadas a una conversión constante, a la renovación de las formas y a la reforma de las estructuras, a la continua regeneración de las relaciones, de modo que puedan responder verdaderamente a su misión.

En el horizonte del Reino de Dios se debe comprender también la relación entre los cristianos que están cumpliendo hoy su misión y todos los que ya han concluido su existencia terrena y están en un estadio de purificación o de bienaventuranza. Lumen gentium afirma que todos los cristianos forman una única Iglesia, que existe una comunión y una coparticipación de los bienes espirituales fundada en la unión con Cristo de todos los creyentes, una fraterna sollicitudo entre la Iglesia terrena y la Iglesia celeste: esa comunión de los santos que se experimenta en especial en la liturgia (cfr. LG, 49-51). Rezando por los difuntos y siguiendo las huellas de quienes ya vivieron como discípulos de Jesús, también nosotros recibimos ayuda en nuestro camino y reforzamos la adoración a Dios: marcados por el único Espíritu y unidos en la única liturgia, junto con aquellos que nos han precedido en la fe, alabamos y damos gloria a la Santísima Trinidad.

Agradezcamos a los Padres conciliares el habernos recordado esta dimensión tan importante y tan hermosa de nuestro ser cristianos, y tratemos de cultivarla en nuestra vida.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Al detenernos en una parte del capítulo VII de la Lumen gentium, meditamos la dimensión escatológica de la Iglesia. Ella camina en la historia orientada hacia la patria celestial, un aspecto esencial que a menudo se omite. Es el Pueblo de Dios en camino, cuyo fin es el Reino de Dios anunciado por Cristo, y vive al servicio de su llegada mediante la Palabra, los sacramentos

—especialmente la Eucaristía— y las relaciones de amor y servicio.

La Iglesia es “sacramento universal de salvación”, signo e instrumento de la plenitud prometida, aunque no se identifica totalmente con el Reino, cuyo cumplimiento tendrá lugar al final. Los creyentes viven así entre el “ya” y el “todavía no”, sostenidos por la esperanza y llamados a rechazar lo que destruye la vida y a sostener a quienes sufren. Signo del Reino, la Iglesia no se anuncia a sí misma, sino a Cristo. Además, vive la comunión de los santos: una sola Iglesia que une a vivos y difuntos, especialmente en la liturgia, alabando a Dios y caminando hacia la plenitud final.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los sacerdotes recién ordenados de los Legionarios de Cristo, a sus familias y comunidades que los acompañan. Pidamos al Señor que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad, para que, arraigados en la fe y con firme esperanza, sepamos vivir orientados hacia el Reino de Dios, sin dejarnos absorber por lo pasajero ni por las dificultades del camino. Que el Espíritu Santo nos conceda reconocer su presencia en la historia, servir con amor a los demás y ser signos vivos de su salvación en medio del mundo. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Hoy la Iglesia conmemora a Santo Domingo Savio, uno de los primeros frutos de la santidad, moldeado por la gracia divina de la escuela de Don Bosco. Que su ejemplo de fidelidad al Señor en toda circunstancia les ayude a responder generosamente a los deseos de bien que el Espíritu Santo les inspira.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV



Fotos: Vatican Media, 6-5-2026

domingo, 3 de mayo de 2026

Papa León XIV en el Regina Caeli, 3-5-2026: «En Dios hay lugar para cada uno; frente a la muerte, Jesús habla de una casa, esta vez muy grande: es la casa del Padre suyo y Padre nuestro, donde hay lugar para todos»

* «'Tengan fe', nos dice Jesús. ¡Este es el secreto! 'Crean en Dios y crean también en mí' (Jn 14,1). Precisamente esta fe libera nuestro corazón de la ansiedad por tener y obtener, del engaño de tener que correr tras un puesto de prestigio para valer algo. Cada uno posee ya un valor infinito en el misterio de Dios, que es la verdadera realidad. Amándonos los unos a los otros como Jesús nos ha amado, nos damos esta certeza. Es el mandamiento nuevo: anticipamos así el cielo en la tierra, revelamos a todos que la fraternidad y la paz son nuestro destino. De hecho, en el amor, en medio de una multitud de hermanos, cada uno descubre que es único»

    

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Regina Caeli

* «Ha comenzado el mes de mayo. En toda la Iglesia se renueva la alegría de encontrarse en el nombre de María nuestra Madre, especialmente para rezar juntos el Rosario. Se revive la experiencia de esos días, entre la Ascensión de Jesús y Pentecostés, cuando los discípulos estaban en el Cenáculo invocando al Espíritu Santo; María Santísima estaba en medio de ellos y su corazón custodiaba el fuego que animaba la oración de todos. Les confío mis intenciones, en particular por la comunión en la Iglesia y la paz en el mundo»

3 de mayo de 2026.- (Camino Católico) “En Dios hay lugar para cada uno. Dos de ellos lo habían experimentado durante su primer encuentro con Jesús, en el río Jordán, cuando Él se había dado cuenta de que lo seguían y los había invitado a quedarse esa tarde en su casa (cf. Jn 1,39). También ahora, frente a la muerte, Jesús habla de una casa, esta vez muy grande: es la casa del Padre suyo y Padre nuestro, donde hay lugar para todos”,, ha subrayado el Papa León XIV en su alocución previa al rezo mariano del Regina Caeli, recordando el Evangelio de hoy, en el que se narra que Jesús, en la Última Cena dialogando con sus discípulos, les ofrece una promesa que atraviesa el dolor y abre el horizonte de la vida eterna: «Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.» (Jn 14,3).

El Pontífice ha recordado que en el mundo en que vivimos, todavía marcado por la lógica antigua, muchas veces lo que más atrae son los lugares exclusivos, los privilegios reservados a unos pocos, el deseo de pertenecer a un grupo selecto. Se valora el acceso restringido, lo que pocos pueden alcanzar. Pero en el mundo nuevo que Cristo resucitado inaugura, dice, ocurre lo contrario: lo más valioso está al alcance de todos.

En sus saludos desadopués del Regina Caeli, el Papa León XIV ha recordadó a los tantos periodistas asesinados a causa de la violencia. En el marco de la Jornada Mundial de la Libertad de Prensa, patrocinada por la UNESCO, el Papa lamentó que este derecho fundamental sea vulnerado con frecuencia, a veces de manera evidente y otras de forma silenciosa. Asimismo, recordó a los numerosos periodistas y reporteros que han perdido la vida a causa de guerras y actos de violencia, destacando su testimonio como un llamado a la verdad y la justicia.

También, Con el inicio del mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen María, el Papa animó a los fieles a renovar la alegría de reunirse como Iglesia para rezar el Rosario, encomendando la oración de los presentes sus intenciones, especialmente por la comunión dentro de la Iglesia y por la paz en el mundo. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre y la oración del Regina Caeli, cuyo texto completo es el siguiente:


PAPA LEÓN XIV
REGINA CAELI
Plaza de San Pedro
V Domingo de Pascua, 3 de mayo de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!


Como la Iglesia primitiva, en el tiempo pascual volvemos a escuchar palabras de Jesús que despliegan su pleno significado a la luz de su pasión, muerte y resurrección. Lo que los discípulos antes no entendían o les provocaba turbación, ahora vuelve a su memoria, les hace arder el corazón y les da esperanza.


El Evangelio proclamado este domingo nos introduce en el diálogo del Maestro con los suyos durante la última cena. En particular, escuchamos una promesa que nos involucra ya desde ahora en el misterio de su resurrección. Jesús dice: «Cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes» (Jn 14,3). Los apóstoles descubren así que en Dios hay lugar para cada uno. Dos de ellos lo habían experimentado durante su primer encuentro con Jesús, en el río Jordán, cuando Él se había dado cuenta de que lo seguían y los había invitado a quedarse esa tarde en su casa (cf. Jn 1,39). También ahora, frente a la muerte, Jesús habla de una casa, esta vez muy grande: es la casa del Padre suyo y Padre nuestro, donde hay lugar para todos. El Hijo se describe como el siervo que prepara las habitaciones, para que cada hermano y hermana, al llegar, encuentre lista la suya y se sienta desde siempre esperado y finalmente encontrado.


Queridos hermanos, en el viejo mundo todavía estamos en camino, lo que atrae la atención son los lugares exclusivos, las experiencias al alcance de unos pocos, el privilegio de entrar donde ningún otro puede hacerlo. En cambio, en el mundo nuevo donde el Resucitado nos lleva, lo más valioso está al alcance de todos. Pero no por eso pierde atracción. Al contrario, lo que está abierto a todos ahora causa alegría; la gratitud toma el puesto de la competición; la acogida elimina la exclusión; la abundancia ya no genera desigualdad. Sobre todo, nadie se confunde con otro, nadie está perdido. La muerte amenaza con borrar el nombre y la memoria, pero en Dios cada uno es finalmente uno mismo. En verdad, este es el lugar que buscamos toda la vida, en ocasiones dispuestos a todo con tal de lograr un poco de atención y de reconocimiento.


“Tengan fe”, nos dice Jesús. ¡Este es el secreto! «Crean en Dios y crean también en mí» (Jn 14,1). Precisamente esta fe libera nuestro corazón de la ansiedad por tener y obtener, del engaño de tener que correr tras un puesto de prestigio para valer algo. Cada uno posee ya un valor infinito en el misterio de Dios, que es la verdadera realidad. Amándonos los unos a los otros como Jesús nos ha amado, nos damos esta certeza. Es el mandamiento nuevo: anticipamos así el cielo en la tierra, revelamos a todos que la fraternidad y la paz son nuestro destino. De hecho, en el amor, en medio de una multitud de hermanos, cada uno descubre que es único.


Recemos pues a María Santísima, Madre de la Iglesia, para que toda comunidad cristiana sea una casa abierta a todos y atenta a cada uno.



Oración del Regina Caeli: 


V/. Reina del Cielo, alégrate; aleluya.

R/. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V/. Resucitó según dijo; aleluya.

R/. Ruega por nosotros a Dios; aleluya;

V/. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.

R/. Porque resucitó en verdad el Señor; aleluya.


Oración:


¡Oh, Dios!, que te dignaste alegrar al mundo por la Resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: concédenos, te rogamos, que por la mediación de la Virgen María, su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


Después el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Ha comenzado el mes de mayo. En toda la Iglesia se renueva la alegría de encontrarse en el nombre de María nuestra Madre, especialmente para rezar juntos el Rosario. Se revive la experiencia de esos días, entre la Ascensión de Jesús y Pentecostés, cuando los discípulos estaban en el Cenáculo invocando al Espíritu Santo; María Santísima estaba en medio de ellos y su corazón custodiaba el fuego que animaba la oración de todos. Les confío mis intenciones, en particular por la comunión en la Iglesia y la paz en el mundo.


Hoy se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, patrocinado por la UNESCO. Lamentablemente, este derecho se viola con frecuencia, a veces de manera flagrante y otras de forma encubierta. Recordemos a los numerosos periodistas y reporteros víctimas de las guerras y la violencia.


Saludo con afecto a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos venidos de numerosos países.



Doy la bienvenida a los docentes —religiosas y laicos— de las Escuelas de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones; como también a los fieles de Madrid y Granada, de Mineápolis y de Malasia; y a los peruanos que, en Roma, forman la Asociación “Virgen de Chapi de Arequipa”.


Saludo a la Asociación “Meter”, que desde hace treinta años se compromete por defender a los menores de la plaga de los abusos, implicando a la comunidad eclesial y a la comunidad civil, educando en la cercanía a las víctimas y en la prevención. ¡Gracias por su servicio!


Me alegra acoger a los fieles de Padua, al “Grupo de jóvenes Valdaso” y al “Punto Jóvenes” de la Comunidad Camiliana de Piossasco, a la Acción Católica del Vicariato de Noale, a los jóvenes de Verolanuova y Cadignano, al Coro juvenil de Coredo-Predaia y a los estudiantes del Liceo Fardella – Ximenes de Trapani.


¡A todos les deseo un feliz domingo!


Papa León XIV


Foto: Vatican Media, 3-5-2026