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miércoles, 28 de enero de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 28-1-2026: «La Palabra de Dios, gracias a la acción del Espíritu Santo, se ramifica en la historia a través de la Iglesia, la cual salvaguarda, interpreta y encarna dicha Palabra»

* «El ‘depósito’ de la Palabra de Dios está también hoy en manos de la Iglesia y todos nosotros, en los distintos ministerios eclesiales, debemos seguir custodiándolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma

* «Mi pensamiento se dirige especialmente al querido pueblo de Mozambique, afectado por las devastadoras inundaciones. Al rezar por las víctimas, expreso mi cercanía a los desplazados y a todos los que les ofrecen apoyo… Renuevo mi llamamiento a la comunidad de las Naciones para que esté siempre alerta, de modo que el horror del genocidio no vuelva a abatirse sobre ningún pueblo y se construya una sociedad basada en el respeto mutuo y el bien común» 

28 de enero de 2026.- (Camino Católico).- “La Palabra de Dios, gracias a la acción del Espíritu Santo, se ramifica en la historia a través de la Iglesia, la cual salvaguarda, interpreta y encarna dicha Palabra”, ha afirmado el Papa León XIV en su catequesis sobre la Constitución conciliar Dei Verbum, uno de los textos fundamentales del Concilio Vaticano II, ante miles de fieles y peregrinos, en el Aula Pablo VI del Vaticano. 

En su alocución se ha centrado en tres ideas que iluminan la comprensión católica de la Revelación Divina: la acción permanente del Espíritu Santo, la unidad inseparable entre Sagrada Escritura y Tradición, y la responsabilidad de la Iglesia como custodio del “depósito” de la fe.

El Pontífice ha hecho dos apremiantes llamamientos: recordando a las víctimas del Holocausto ha pedido que no se repita el horror de ese genocidio y se construya una sociedad basada en el respeto mutuo. Ha rezado por Mozambique, afectado gravemente por devastadoras inundaciones. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:



LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI

Miércoles, 21 de enero de 2026


Catequesis: Los documentos del Concilio Vaticano II.

I. Constitución dogmática Dei Verbum 3. Un único depósito sagrado. La relación entre la Escritura y la Tradición.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuando con la lectura de la Constitución conciliar Dei Verbum sobre la Revelación divina, hoy reflexionamos sobre la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición. Podemos tomar como fondo dos escenas evangélicas. En la primera, que tiene lugar en el Cenáculo, Jesús, en su gran discurso-testamento dirigido a los discípulos, afirma: «Os he dicho estas cosas mientras estoy todavía con vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. […] Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa» (Jn 14,25-26; 16,13).

La segunda escena nos lleva, en cambio, a las colinas de Galilea. Jesús resucitado se muestra a los discípulos, que están sorprendidos y dudosos, y les da una consigna: «Id y haced discípulos a todas las naciones, […] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). En ambas escenas es evidente la íntima relación entre la palabra pronunciada por Cristo y su difusión a lo largo de los siglos.

Es lo que afirma el Concilio Vaticano II recurriendo a una imagen sugerente: «La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición están estrechamente unidas y se comunican entre sí. Puesto que ambas proceden de la misma fuente divina, forman en cierto modo un todo y tienden al mismo fin» (Dei Verbum, 9). La Tradición eclesial se ramifica a lo largo de la historia a través de la Iglesia, que custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica (cf. n. 113) remite, a este respecto, a un lema de los Padres de la Iglesia: «La Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en instrumentos materiales», es decir, en el texto sagrado.

Siguiendo las palabras de Cristo que hemos citado anteriormente, el Concilio afirma que «la Tradición de origen apostólico progresa en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo» (DV, 8). Esto ocurre con la plena comprensión mediante «la reflexión y el estudio de los creyentes», a través de la experiencia que nace de «una inteligencia más profunda de las cosas espirituales» y, sobre todo, con la predicación de los sucesores de los apóstoles que han recibido «un carisma seguro de la verdad». En resumen, «la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que cree» (ibíd.).

Famosa es, a este respecto, la expresión de San Gregorio Magno: «La Sagrada Escritura crece con quienes la leen». [1] Y ya San Agustín había afirmado que «una sola es el discurso de Dios que se desarrolla en toda la Escritura y una sola es el Verbo que resuena en boca de tantos santos». [2] La Palabra de Dios, por lo tanto, no está fosilizada, sino que es una realidad viva y orgánica que se desarrolla y crece en la Tradición. Esta última, gracias al Espíritu Santo ( ), la comprende en la riqueza de su verdad y la encarna en las coordenadas cambiantes de la historia.

Sugestivo, en esta línea, es lo que proponía el santo Doctor de la Iglesia John Henry Newman, en su obra titulada El desarrollo de la doctrina cristiana. Afirmaba que el cristianismo, tanto como experiencia comunitaria como doctrina, es una realidad dinámica, tal y como indicó el mismo Jesús con las parábolas de la semilla (cf. Mc 4,26-29): una realidad viva que se desarrolla gracias a una fuerza vital interior. [3]

El apóstol Pablo exhorta repetidamente a su discípulo y colaborador Timoteo: «Timoteo, guarda el depósito que se te ha confiado» (1 Tm 6,20; cf. 2 Tm 1,12.14). La Constitución dogmática Dei Verbum se hace eco de este texto paulino cuando dice: «La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia», interpretado por «el magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo» (n. 10). «Depósito» es un término que, en su matriz original, es de naturaleza jurídica e impone al depositario el deber de conservar el contenido, que en este caso es la fe, y de transmitirlo intacto.

El «depósito» de la Palabra de Dios está también hoy en manos de la Iglesia y todos nosotros, en los distintos ministerios eclesiales, debemos seguir custodiándolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia.

En conclusión, queridos hermanos, escuchemos de nuevo la Dei Verbum, que exalta la interconexión entre la Sagrada Escritura y la Tradición: ambas —afirma— están tan unidas y entrelazadas entre sí que no pueden subsistir independientemente, y juntas, según su propio modo, bajo la acción de un solo Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas (cfr n. 10).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos reflexionando sobre la Constitución dogmática Dei Verbum. Hoy consideramos el vínculo existente entre la Sagrada Escritura y la Tradición. La promesa del Paráclito que escuchamos hoy, y el mandato de Jesús: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, [...] enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado», nos ayudan a comprender que «la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin» (DV, 9).

La Palabra de Dios, gracias a la acción del Espíritu Santo, se ramifica en la historia a través de la Iglesia, la cual salvaguarda, interpreta y encarna dicha Palabra. Este “depósito” sigue hoy en manos de la Iglesia y todos nosotros hemos de seguir protegiéndolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Espíritu Santo que nos asista para comprender la Palabra mediante “la contemplación y el estudio” y a tener “una experiencia íntima de las cosas espirituales”, ayudados por la predicación de los sucesores de los Apóstoles que han recibido “el carisma cierto de la verdad” (cf. DV, 8). Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Queridos hermanos y hermanas: 

Mi pensamiento se dirige especialmente al querido pueblo de Mozambique, afectado por las devastadoras inundaciones. Al rezar por las víctimas, expreso mi cercanía a los desplazados y a todos los que les ofrecen apoyo. ¡Que el Señor los ayude y los bendiga!

Ayer se celebró el Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto, que causó la muerte de millones de judíos y muchas otras personas. En esta ocasión anual de doloroso recuerdo, pido al Todopoderoso el don de un mundo sin antisemitismo y sin prejuicios, opresión y persecución para ningún ser humano. Renuevo mi llamamiento a la comunidad de las Naciones para que esté siempre alerta, de modo que el horror del genocidio no vuelva a abatirse sobre ningún pueblo y se construya una sociedad basada en el respeto mutuo y el bien común.

Finalmente, mi pensamiento se dirige a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Hoy celebramos la memoria litúrgica de Santo Tomás de Aquino. Que su ejemplo los inspire, queridos jóvenes, especialmente a los alumnos del Colegio Flavoni de Civitavecchia y del Instituto Tirinnanzi de Legnano-Cislago, a seguir a Jesús como auténtico maestro de vida y santidad. Que la intercesión de este Santo Doctor de la Iglesia les obtenga, queridos enfermos, la serenidad y la paz que provienen del misterio de la Cruz, y a ustedes, queridos recién casados, sabiduría de corazón para que cumplan con generosidad su misión en la sociedad.

¡Mi bendición a todos!

Papa León XIV

______________________________________________

[1] Homilías sobre Ezequiel I, VII, 8: PL 76, 843D.

[2] Enarrationes in Psalmos 103, IV, 1

[3] Cfr. J.H. Newman, Lo sviluppo della dottrina cristiana, Milán 2003, p. 104.








Fotos: Vatican Media, 28-1-2026

miércoles, 21 de enero de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 21-1-2026: «Nos salva no solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino su persona que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros»

* «Siguiendo hasta el final el camino de Jesús, llegamos a la certeza de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ‘Si Dios está con nosotros – escribe san Pablo –, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, […] ¿no nos concederá con él toda clase de favores?’ (Rm 8,31-32). Gracias a Jesús, el cristiano conoce a Dios Padre y se abandona a Él con confianza»

   

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma

* «Oremos por la paz en un momento histórico que parece marcado por una creciente pérdida del valor de la dignidad humana y en el que la guerra ha vuelto a estar de moda… Nos encontramos en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, cuyo tema este año es ‘Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como Dios los llamó a una sola esperanza’» (Efesios 4:4). Pidamos al Señor que derrame el don de su Espíritu sobre todas las Iglesias del mundo para que, a través de él, los cristianos puedan desterrar la división y construir fuertes lazos de unidad»

21 de enero de 2026.- (Camino Católico).- “Lo que nos salva y nos convoca no son solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino su persona misma: el Señor que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros”, ha dicho el Papa León XIV en su catequesis dedicada a la Constitución dogmática Dei verbum del Concilio Vaticano II, en la que ha subrayado que la revelación de Dios no consiste en ideas abstractas, sino en un encuentro personal que alcanza su plenitud en Jesucristo.

Ante miles de personas en el Aula Pablo VI, el Pontífice explica que Dios se revela a la humanidad a través de un diálogo de alianza, en el que se dirige a las personas como a amigos. Esta revelación, señala, no se limita a transmitir conceptos, sino que comparte una historia y llama a una relación viva de comunión y reciprocidad. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI

Miércoles, 21 de enero de 2026


Catequesis: Los documentos del Concilio Vaticano II.

I. Constitución dogmática Dei Verbum. 2. Jesucristo, Revelador del Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuamos con las catequesis sobre la Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II, sobre la divina Revelación. Hemos visto que Dios se revela en un diálogo de alianza, en el que se dirige a nosotros como a amigos. Se trata, entonces, de un conocimiento relacional, que no solo comunica ideas, sino que comparte una historia y llama a la comunión en la reciprocidad.

El cumplimiento de esta revelación se realiza en un encuentro histórico y personal en el cual Dios mismo se entrega a nosotros, haciéndose presente, y nosotros nos descubrimos conocidos en nuestra verdad más profunda.

Es lo que sucedió en Jesucristo. Dice el Documento: «La verdad íntima acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación» (DV, 2).

Jesús nos revela al Padre involucrándonos en su propia relación con Él. En el Hijo enviado por Dios Padre «los hombres […] tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina» (ibid.). Llegamos, pues, al pleno conocimiento de Dios entrando en la relación del Hijo con su Padre, en virtud de la acción del Espíritu.

Así lo atestigua, por ejemplo, el evangelista Lucas cuando nos cuenta la oración de júbilo del Señor: «En aquel momento, Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo e de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Lc 10,21-22). Gracias a Jesús conocemos a Dios del mismo modo en que somos conocidos por Él (cf. Gal 4,9; 1Cor 13,13).

En efecto, en Cristo, Dios se nos ha comunicado a sí mismo y, al mismo tiempo, nos ha manifestado nuestra verdadera identidad de hijos, creados a imagen del Verbo. Este «Verbo eterno ilumina a todos los hombres» (DV, 4) revelando su verdad en la mirada del Padre: «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4.6.8), dice Jesús; y añade que «el Padre conoce bien nuestras necesidades (cf. Mt 6,32).

Jesucristo es el lugar en el cual reconocemos la verdad de Dios Padre, mientras nos descubrimos conocidos por Él como hijos en el Hijo, llamados al mismo destino de vida plena. San Pablo escribe: «Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, [...] para hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: “¡Abba!, es decir, ¡Padre!”» (Gal 4,4-6).

Por último, Jesucristo es revelador del Padre con su propia humanidad. Precisamente porque es el Verbo encarnado que habita entre los seres humanos, Jesús nos revela a Dios con su verdadera e íntegra humanidad: «Por eso – dice el Concilio –, ver al cual es ver al Padre (cf. Jn 14,9), con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación» (DV, 4).

Para conocer a Dios en Cristo debemos acoger su humanidad integral: la verdad de Dios no se revela plenamente cuando se le quita algo a lo humano, así como la integridad de la humanidad de Jesús no disminuye la plenitud del don divino. Es la humanidad integral de Jesús la que nos revela la verdad del Padre (cf. Jn 1,18).

Lo que nos salva y nos convoca no son solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino su persona misma: el Señor que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros.

Por eso, para honrar la grandeza de la Encarnación, no basta con considerar a Jesús como el canal de transmisión de verdades intelectuales. Si Jesús tiene un cuerpo real, la comunicación de la verdad de Dios se realiza en ese cuerpo, con su manera propia de percibir y sentir la realidad, con su manera de habitar el mundo y de atravesarlo.

El mismo Jesús nos invita a compartir su mirada sobre la realidad: «Miren los pájaros del cielo – dice -: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?» (Mt 6,26).

Hermanos y hermanas, siguiendo hasta el final el camino de Jesús, llegamos a la certeza de que nada podrá separarnos del amor de Dios: «Si Dios está con nosotros – escribe san Pablo –, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, […] ¿no nos concederá con él toda clase de favores?» (Rm 8,31-32). Gracias a Jesús, el cristiano conoce a Dios Padre y se abandona a Él con confianza.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos reflexionando sobre la constitución dogmática Dei Verbum. Hemos visto que Dios se revela y se comunica con nosotros, invitándonos al diálogo y a la comunión con Él. El mediador y la plenitud de la revelación es su Hijo Jesucristo, el Verbo Encarnado. Es decir, Dios no nos ha transmitido sólo ideas, sino que Él mismo se ha hecho hombre compartiendo nuestra historia. En Cristo descubrimos nuestra verdad más profunda, nuestra identidad como hijos de Dios.

Por eso, entrando en relación con Él, podemos conocer al Padre en virtud de la acción del Espíritu Santo. Para conocer a Dios en Cristo, hemos de tener en cuenta su humanidad, el modo en el que vivió entre nosotros, sus obras y sus palabras. Así, conociéndolo a Él en profundidad, podremos ir descubriendo su manera de percibir y de habitar la realidad, y tener sus mismos sentimientos, abandonandonos con confianza en su amor infinito.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine para seguir conociendo a Jesús, revelador del Padre, por medio de la lectura orante del Evangelio. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Queridos hermanos y hermanas:

Oremos por la paz en un momento histórico que parece marcado por una creciente pérdida del valor de la dignidad humana y en el que la guerra ha vuelto a estar de moda. Que la humanidad de Jesús, que revela al Padre, nos ayude a encontrar caminos de justicia y reconciliación.

Mi saludo se extiende también a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Nos encontramos en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, cuyo tema este año es «Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como Dios los llamó a una sola esperanza» (Efesios 4:4). Pidamos al Señor que derrame el don de su Espíritu sobre todas las Iglesias del mundo para que, a través de él, los cristianos puedan desterrar la división y construir fuertes lazos de unidad.

Papa León XIV








Fotos: Vatican Media, 21-1-2026