José Luis Rubio Willen, director de la Comisión para la Causa de beatificación de la Reina Isabel la Católica / Foto: Cedida - El Debate
* «Fue en torno al año 2000. Yo estaba en el mundo de la noche, con mi discoteca, con mi novia, con una estructura mental totalmente diferente. Me avisaron para colaborar en la Comisión de Isabel la Católica; me dejé llevar y empecé a trabajar en temas de oficina. Yo entonces era como cualquier chico normal de ahora, pero mi familia era muy creyente, y ‘la leche que se mama nunca se derrama’. Al ir relacionándome de nuevo con las cosas de la religión, empecé a notar que me sentía muy a gusto. Y ahí, trabajando, es donde me viene la vocación y, oye, ¡qué cosa tan bonita!. Yo no quería ser sacerdote; ni lo deseaba ni lo pensaba, hasta me parecía una locura. Pero estaba en un momento propicio, había terminado una relación larga, y ahí se produce el cambio. Fui a pedirle orientación a la Reina Isabel y también a santa María de la Alhambra, y la respuesta fue clara. Yo lo considero un milagro moral; desde entonces estoy aquí y soy feliz»
Vídeo de la parte central del programa “Cuanto te quiero”, emitido el 4 de julio de 2013 por Radio Televisión de Castilla y León, en el cual el padre José Luis Rubio Willen cuenta su historia con testimonios de sus feligreses y cuantos colaboran con él
Camino Católico.- Granadino de origen, aunque afincado en Valladolid desde los nueve años, José Luis Rubio Willen se ordenó sacerdote a los 60 años. Antes tuvo otra vida: fue locutor de radio, cantante de un grupo de música, director de documentales, modelo y fotógrafo en la Pasarela Cibeles, dueño de varias discotecas y tiendas de surf, pionero del tecno en Castilla León… Hoy, con 80 años, se reivindica como «cura de pueblo» tras su paso por parroquias como Carpio, Bobadilla, Brahojos o El Campillo. Desde esa experiencia, dirige la Comisión para la Causa de Beatificación de la Reina Isabel la Católica, a la que define como una figura de «gran fuerza contra el mal» y cuya santidad «nadie puede poner en duda».
«Este ha probado de todo, pero ya se cansará…», decían de él cuando se ordenó sacerdote, pero José Luis Rubio afirma a Alfa y Omega: «Dios tenía guardado para mí este final. Moriré sacerdote».
José Luis, en el centro, de azul, con los DJ’s de su Willen Project / Foto: Cedida - Alfa y Omega
En Valladolid, ya de joven empezaron a despuntar en él las inquietudes artísticas. «En 1967 se inauguró la emisora Cope en Valladolid, y me avisaron para llevar la parte juvenil, lo que después fue cadena 100, entrevistando a los grupos de entonces, Los Brincos, el Dúo Dinámico, Los Bravos… Desde la medianoche hasta las dos de la madrugada, donde presentábamos novedades musicales. Tenía mucho tirón, porque era la hora en la que la gente joven volvía de las discotecas o todavía estaba despierta. Además, fui cantante y formé parte de un grupo en aquellos años. Empecé a cantar en la universidad, en colegios mayores, en teatros… Era cantautor y luego formamos una banda, pero ahí entró la droga, y de todos los que estábamos, el único que queda soy yo», asegura a El Debate.
Y añade que «fue una época muy fuerte. Conocí a mucha gente. Recuerdo conversaciones con Nacho Cano en las que hablábamos de aquella etapa de la movida madrileña. Él era más joven, pero compartíamos ese ambiente. Yo me dejaba llevar por lo que me gustaba. Me gustaba la música, monté una tienda de música; me gustaba la discoteca, monté discotecas, introduciendo el tecno en Castilla León, y empecé en sitios como Alaejos, donde arranqué esa etapa. Era un ambiente muy fuerte, muy vivo».
Hay una anécdota muy significativa de su época como empresario de la noche relacionada con la construcción de una iglesia en Valladolid Que la relata así:
«Eso fue en el año 1975, cuando yo estaba montando una discoteca en Alaejos. Da la casualidad de que el constructor era el mismo que el de la iglesia de los Jesuitas, el Sagrado Corazón. Yo había elegido un tipo de techo para la discoteca y, en plena obra, me llamaron diciendo que habían medido mal y que necesitaban justo ese mismo techo. Entonces imagínese la situación: los dos proyectos en plena obra. Yo llamé al constructor porque aquello era una responsabilidad tremenda. Pero al final tomé la decisión de cederles todo el techo que tenía para la discoteca. Gracias a eso pudieron terminar la iglesia tal y como está hoy. Luego tuve que poner otro distinto en la discoteca, en blanco, que con el tiempo se amarilleaba y no era lo mismo. Pero, bueno, lo hice por mayor gloria de Dios. Siempre digo que los Jesuitas tienen una parte de techo de discoteca en su iglesia».
José Luis Rubio Willen durante su etapa de modelo, año 1982 / Foto: Cedida - El Debate
José Luis Rubio Willen también formó parte del ambiente creativo del mundo de la moda:«Estuve en la pasarela Cibeles con diseñadores como Francis Montesinos, Jesús del Pozo o Manuel Piña, que eran los grandes nombres en aquel momento. Trabajé en ese oficio, aunque no era lo que más me gustaba; lo hice para entender ese mundo, para ver cómo funcionaba. Luego me pasé a la fotografía, que me interesaba más. En paralelo estaba el cine. Yo trabajaba en documentales, en esa época en la que toda película tenía que llevar uno delante. Estaba contratado por una productora que se encargaba de eso y allí coincidí con los inicios de Pedro Almodóvar. Él llegó con su primera película, hecha prácticamente con sus propios medios, en 16 milímetros, y buscaba que se la distribuyeran. Era una película muy sencilla, pero ya se veía el talento que tenía».
No quería ser sacerdote, pero Isabel la Católica y un crimen lo cambiaron todo
Pero Dios tenía otros planes para José Luis Rubio Willen que llevaba una vida muy dinámica: «Fue en torno al año 2000. Yo estaba en el mundo de la noche, con mi discoteca, con mi novia, con una estructura mental totalmente diferente. Me avisaron para colaborar en la Comisión de Isabel la Católica; me dejé llevar y empecé a trabajar en temas de oficina. Yo entonces era como cualquier chico normal de ahora, pero mi familia era muy creyente, y ‘la leche que se mama nunca se derrama’. Al ir relacionándome de nuevo con las cosas de la religión, empecé a notar que me sentía muy a gusto. Y ahí, trabajando, es donde me viene la vocación y, oye, ¡qué cosa tan bonita!».
Y en este punto confiesa que «yo no quería ser sacerdote; ni lo deseaba ni lo pensaba, hasta me parecía una locura. Pero estaba en un momento propicio, había terminado una relación larga, y ahí se produce el cambio. Fui a pedirle orientación a la Reina Isabel y también a santa María de la Alhambra, y la respuesta fue clara. Yo lo considero un milagro moral; desde entonces estoy aquí y soy feliz».
José Luis Rubio Willen con el músico Hugues Aufray en la noche parisina en los años 80 / Foto: Cedida - El Debate
También influyó en su vocación un crimen que se cometió en Valladolid: «una persona cercana a un chico que había cometido un delito grave vino a verme para que hablara con él. Ese chico estaba pagando cárcel y le martilleaba la conciencia lo que había hecho; yo entonces le llevé a ver a un sacerdote, Francisco Cerro, hoy arzobispo de Toledo, y se confesó y se quedó tranquilo. Esto me hizo mucho pensar en lo que es la vida, lo seria que es la vida».
Poco después, y con ayuda de monseñor Cerro, entró en el seminario y al cabo de cuatro años recibió la ordenación sacerdotal, al convalidarle los estudios que había realizado de joven. «La verdad es que me salía de cualquier edad canónica para cualquier puesto y para cualquier deseo mundano, y la verdad es que me ha servido para ser más feliz.Reconoce también que «si de joven me lo pasé muy bien, de sacerdote sigo pasándomelo muy bien».
Respecto a su vida presbiteral dice que «he sido sacerdote en pueblos muy pequeños donde la gente no te olvida y te quiere. He estado en Carpio, Bobadilla, Brahojos, El Campillo... he sido tremendamente feliz. Me considero cura de pueblo y creo que los curas no nos jubilamos. Mientras tenga salud, sigo entregando mi vida a la Iglesia».
José Luis Rubio Willen en su época de cantante, año 1983 / Foto: Cedida - El Debate
La beatificación de Isabel la Católica pendiente de un milagro
El padre José Luis Rubio Willen dirige actualmente la Comisión para la Causa de Beatificación de Isabel la Católica, un proceso que se remonta a los años 50 y que ha pasado por distintas fases: «El proceso empieza a caminar en 1958, con motivo de la apertura de la Causa de Canonización de Isabel I de Castilla. En noviembre de 1972 se presentan ante Roma los trabajos de la fase diocesana y se inicia allí el proceso apostólico. Desde entonces ha habido distintas etapas: una primera, con Vicente Rodríguez Valencia y su equipo, con un estudio histórico muy profundo; luego una segunda, con Vicente Vara Sanz, en la que se continúa ese trabajo y se difunde más la figura de Isabel; y luego la etapa actual, que es la que me toca a mí, donde asumo la dirección tras su fallecimiento. Ahora mismo, el proceso está terminado, en Roma, con un milagro pendiente de estudiar».
En cuanto a si la beatificación pueda salir adelante en un plazo cercano, dice que «en la reciente visita del nuncio de Su Santidad en España, monseñor Piero Pioppo, dijo ‘pronto la veamos beata’, y lo dijo claro y sin complejos. Ahora bien, hay que tener en cuenta que este es un proceso de gran envergadura; ella traspasa diócesis, naciones y continentes. Como yo digo, Isabel la Católica es santa sin altar y también es sierva de Dios, lo que significa que nadie puede poner en duda que está ante la presencia de Dios y que es intercesora privada entre lo divino y lo humano. Es importante también entender una cosa: los santos no los hacen ni los papas, ni los cardenales, ni los obispos; los santos los da Dios en el momento en que más se necesitan. Para mí, entre los milagros más grandes de la Reina Isabel destaca la fuerza que tiene contra el mal. Es una fuerza, créame, igual que la que pueda tener la Virgen María o el Padre Pío».
En cualquier caso, al echar la vista atrás, José Luis reconoce que «yo duraba poco en las cosas, y he conocido la causa después, ya de sacerdote: que lo que me tenía guardado Dios en mi vida era este final. Como con San Agustín».





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