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miércoles, 6 de mayo de 2026

José Luis Rubio Willen fue modelo en Cibeles, compañero de Almodóvar, empresario de la noche, locutor, cantante y hoy dirige la comisión para beatificar a Isabel la Católica: «Dios tenía guardado para mí que moriré sacerdote»

José Luis Rubio Willen, director de la Comisión para la Causa de beatificación de la Reina Isabel la Católica / Foto: Cedida - El Debate

* «Fue en torno al año 2000. Yo estaba en el mundo de la noche, con mi discoteca, con mi novia, con una estructura mental totalmente diferente. Me avisaron para colaborar en la Comisión de Isabel la Católica; me dejé llevar y empecé a trabajar en temas de oficina. Yo entonces era como cualquier chico normal de ahora, pero mi familia era muy creyente, y ‘la leche que se mama nunca se derrama’. Al ir relacionándome de nuevo con las cosas de la religión, empecé a notar que me sentía muy a gusto. Y ahí, trabajando, es donde me viene la vocación y, oye, ¡qué cosa tan bonita!. Yo no quería ser sacerdote; ni lo deseaba ni lo pensaba, hasta me parecía una locura. Pero estaba en un momento propicio, había terminado una relación larga, y ahí se produce el cambio. Fui a pedirle orientación a la Reina Isabel y también a santa María de la Alhambra, y la respuesta fue clara. Yo lo considero un milagro moral; desde entonces estoy aquí y soy feliz»

      Vídeo de la parte central del programa “Cuanto te quiero”, emitido el 4 de julio de 2013 por Radio Televisión de Castilla y León, en el cual el padre José Luis Rubio Willen cuenta su historia con testimonios de sus feligreses y cuantos colaboran con él  

Camino Católico.-  Granadino de origen, aunque afincado en Valladolid desde los nueve años, José Luis Rubio Willen se ordenó sacerdote a los 60 años. Antes tuvo otra vida: fue locutor de radio, cantante de un grupo de música, director de documentales, modelo y fotógrafo en la Pasarela Cibeles, dueño de varias discotecas y tiendas de surf, pionero del tecno en Castilla León… Hoy, con 80 años, se reivindica como «cura de pueblo» tras su paso por parroquias como Carpio, Bobadilla, Brahojos o El Campillo. Desde esa experiencia, dirige la Comisión para la Causa de Beatificación de la Reina Isabel la Católica, a la que define como una figura de «gran fuerza contra el mal» y cuya santidad «nadie puede poner en duda».

«Este ha probado de todo, pero ya se cansará…», decían de él cuando se ordenó sacerdote, pero José Luis Rubio afirma a Alfa y Omega: «Dios tenía guardado para mí este final. Moriré sacerdote».

José Luis, en el centro, de azul, con los DJ’s de su Willen Project / Foto: Cedida - Alfa y Omega

En Valladolid, ya de joven empezaron a despuntar en él las inquietudes artísticas. «En 1967 se inauguró la emisora Cope en Valladolid, y me avisaron para llevar la parte juvenil, lo que después fue cadena 100, entrevistando a los grupos de entonces, Los Brincos, el Dúo Dinámico, Los Bravos… Desde la medianoche hasta las dos de la madrugada, donde presentábamos novedades musicales. Tenía mucho tirón, porque era la hora en la que la gente joven volvía de las discotecas o todavía estaba despierta. Además, fui cantante y formé parte de un grupo en aquellos años. Empecé a cantar en la universidad, en colegios mayores, en teatros… Era cantautor y luego formamos una banda, pero ahí entró la droga, y de todos los que estábamos, el único que queda soy yo»,  asegura a El Debate.

Y añade que «fue una época muy fuerte. Conocí a mucha gente. Recuerdo conversaciones con Nacho Cano en las que hablábamos de aquella etapa de la movida madrileña. Él era más joven, pero compartíamos ese ambiente. Yo me dejaba llevar por lo que me gustaba. Me gustaba la música, monté una tienda de música; me gustaba la discoteca, monté discotecas, introduciendo el tecno en Castilla León, y empecé en sitios como Alaejos, donde arranqué esa etapa. Era un ambiente muy fuerte, muy vivo».

Hay una anécdota muy significativa de su época como empresario de la noche relacionada con la construcción de una iglesia en Valladolid Que la relata así:

«Eso fue en el año 1975, cuando yo estaba montando una discoteca en Alaejos. Da la casualidad de que el constructor era el mismo que el de la iglesia de los Jesuitas, el Sagrado Corazón. Yo había elegido un tipo de techo para la discoteca y, en plena obra, me llamaron diciendo que habían medido mal y que necesitaban justo ese mismo techo. Entonces imagínese la situación: los dos proyectos en plena obra. Yo llamé al constructor porque aquello era una responsabilidad tremenda. Pero al final tomé la decisión de cederles todo el techo que tenía para la discoteca. Gracias a eso pudieron terminar la iglesia tal y como está hoy. Luego tuve que poner otro distinto en la discoteca, en blanco, que con el tiempo se amarilleaba y no era lo mismo. Pero, bueno, lo hice por mayor gloria de Dios. Siempre digo que los Jesuitas tienen una parte de techo de discoteca en su iglesia».

José Luis Rubio Willen durante su etapa de modelo, año 1982 / Foto: Cedida - El Debate

José Luis Rubio Willen también formó parte del ambiente creativo del mundo de la moda:«Estuve en la pasarela Cibeles con diseñadores como Francis Montesinos, Jesús del Pozo o Manuel Piña, que eran los grandes nombres en aquel momento. Trabajé en ese oficio, aunque no era lo que más me gustaba; lo hice para entender ese mundo, para ver cómo funcionaba. Luego me pasé a la fotografía, que me interesaba más. En paralelo estaba el cine. Yo trabajaba en documentales, en esa época en la que toda película tenía que llevar uno delante. Estaba contratado por una productora que se encargaba de eso y allí coincidí con los inicios de Pedro Almodóvar. Él llegó con su primera película, hecha prácticamente con sus propios medios, en 16 milímetros, y buscaba que se la distribuyeran. Era una película muy sencilla, pero ya se veía el talento que tenía».

No quería ser sacerdote, pero Isabel la Católica y un crimen lo cambiaron todo

Pero Dios tenía otros planes para José Luis Rubio Willen que llevaba una vida muy dinámica: «Fue en torno al año 2000. Yo estaba en el mundo de la noche, con mi discoteca, con mi novia, con una estructura mental totalmente diferente. Me avisaron para colaborar en la Comisión de Isabel la Católica; me dejé llevar y empecé a trabajar en temas de oficina. Yo entonces era como cualquier chico normal de ahora, pero mi familia era muy creyente, y ‘la leche que se mama nunca se derrama’. Al ir relacionándome de nuevo con las cosas de la religión, empecé a notar que me sentía muy a gusto. Y ahí, trabajando, es donde me viene la vocación y, oye, ¡qué cosa tan bonita!».

Y en este punto confiesa que «yo no quería ser sacerdote; ni lo deseaba ni lo pensaba, hasta me parecía una locura. Pero estaba en un momento propicio, había terminado una relación larga, y ahí se produce el cambio. Fui a pedirle orientación a la Reina Isabel y también a santa María de la Alhambra, y la respuesta fue clara. Yo lo considero un milagro moral; desde entonces estoy aquí y soy feliz». 

José Luis Rubio Willen con el músico Hugues Aufray en la noche parisina en los años 80 / Foto: Cedida - El Debate

También influyó en su vocación un crimen que se cometió en Valladolid: «una persona cercana a un chico que había cometido un delito grave vino a verme para que hablara con él. Ese chico estaba pagando cárcel y le martilleaba la conciencia lo que había hecho; yo entonces le llevé a ver a un sacerdote, Francisco Cerro, hoy arzobispo de Toledo, y se confesó y se quedó tranquilo. Esto me hizo mucho pensar en lo que es la vida, lo seria que es la vida».

Poco después, y con ayuda de monseñor Cerro, entró en el seminario y al cabo de cuatro años recibió la ordenación sacerdotal, al convalidarle los estudios que había realizado de joven. «La verdad es que me salía de cualquier edad canónica para cualquier puesto y para cualquier deseo mundano, y la verdad es que me ha servido para ser más feliz.Reconoce también que «si de joven me lo pasé muy bien, de sacerdote sigo pasándomelo muy bien».

Respecto a su vida presbiteral dice que «he sido sacerdote en pueblos muy pequeños donde la gente no te olvida y te quiere. He estado en Carpio, Bobadilla, Brahojos, El Campillo... he sido tremendamente feliz. Me considero cura de pueblo y creo que los curas no nos jubilamos. Mientras tenga salud, sigo entregando mi vida a la Iglesia».

José Luis Rubio Willen en su época de cantante, año 1983 / Foto: Cedida - El Debate

La beatificación de Isabel la Católica pendiente de un milagro

El padre José Luis Rubio Willen dirige actualmente la Comisión para la Causa de Beatificación de Isabel la Católica, un proceso que se remonta a los años 50 y que ha pasado por distintas fases: «El proceso empieza a caminar en 1958, con motivo de la apertura de la Causa de Canonización de Isabel I de Castilla. En noviembre de 1972 se presentan ante Roma los trabajos de la fase diocesana y se inicia allí el proceso apostólico. Desde entonces ha habido distintas etapas: una primera, con Vicente Rodríguez Valencia y su equipo, con un estudio histórico muy profundo; luego una segunda, con Vicente Vara Sanz, en la que se continúa ese trabajo y se difunde más la figura de Isabel; y luego la etapa actual, que es la que me toca a mí, donde asumo la dirección tras su fallecimiento. Ahora mismo, el proceso está terminado, en Roma, con un milagro pendiente de estudiar».

En cuanto a si la beatificación pueda salir adelante en un plazo cercano, dice que «en la reciente visita del nuncio de Su Santidad en España, monseñor Piero Pioppo, dijo ‘pronto la veamos beata’, y lo dijo claro y sin complejos. Ahora bien, hay que tener en cuenta que este es un proceso de gran envergadura; ella traspasa diócesis, naciones y continentes. Como yo digo, Isabel la Católica es santa sin altar y también es sierva de Dios, lo que significa que nadie puede poner en duda que está ante la presencia de Dios y que es intercesora privada entre lo divino y lo humano. Es importante también entender una cosa: los santos no los hacen ni los papas, ni los cardenales, ni los obispos; los santos los da Dios en el momento en que más se necesitan. Para mí, entre los milagros más grandes de la Reina Isabel destaca la fuerza que tiene contra el mal. Es una fuerza, créame, igual que la que pueda tener la Virgen María o el Padre Pío».

En cualquier caso, al echar la vista atrás, José Luis reconoce que «yo duraba poco en las cosas, y he conocido la causa después, ya de sacerdote: que lo que me tenía guardado Dios en mi vida era este final. Como con San Agustín».

viernes, 3 de abril de 2026

Miguel Vinagrero: «Estudié musicología, iba a casarme y el Señor me dijo: ‘quiero que seas sacerdote’»

Miguel Vinagrero va a ser sacerdote aunque tenía novia y estudió musicología

* «Yo había montado ya mi plan por mi cuenta». La llamada le obligó a confrontar conversaciones difíciles. La primera, con su novia, esa misma tarde. «Fue doloroso», recuerda. Sin que él dijera nada, ella lo intuyó: «Miguel, tú quieres ser cura, ¿verdad?» Ambos decidieron tomar distancia para que él pudiera discernir sin condicionantes. Sus padres, recibieron la noticia «con muchísima ilusión»


Vídeo del testimonio de Miguel Vinagrero  en el programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.- Con motivo de la celebración del Día del Seminario, la Iglesia pone el foco en las vocaciones y en la vida de aquellos que deciden iniciar el camino hacia el sacerdocio. Actualmente, España cuenta con 1.066 seminaristas, una cifra que ha experimentado un ligero aumento respecto al año anterior, consolidando una tendencia de recuperación. Uno de ellos es Miguel Vinagrero, joven de la diócesis de Getafe que se encuentra en su cuarto año de formación y cuya historia personal rompe con la idea de una vocación surgida en la infancia.

Un "tsunami" que lo cambió todo

Antes de que la llamada irrumpiera en su vida, Miguel Vinagrero tenía un futuro perfectamente trazado. A sus 19 años, estaba inmerso en sus estudios de Musicología, mantenía una relación de tres años con su novia y sus planes eran claros: ser profesor de música y casarse. "Yo tenía mi plan ya hecho y todo", reconoce en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV . "Me voy a casar con esta chica, vamos a tener estos hijos, vamos a vivir aquí... y en medio de todo ese plan que yo ya me había montado, pues llega el Señor".

El momento decisivo ocurrió el 4 de noviembre de 2018. El día anterior, Miguel había asistido a la ordenación sacerdotal de un amigo, un evento que ya había generado "un primer movimiento interno". Sin embargo, fue durante la primera misa de su amigo, al día siguiente, cuando sintió la llamada con una claridad rotunda. "Justo al inicio de la misa, cuando todos se dirigían al altar, ahí fue cuando, con una claridad meridiana, sentí en el corazón que el Señor me decía: 'Miguel, esto es lo que quiero para ti, quiero que seas sacerdote'". Lo describe como un 'tsunami', una 'tormenta muy grande' que le desestabilizó por completo.

Aunque su familia era católica y él participaba activamente en el movimiento de Schönstatt, nunca se había planteado seriamente la pregunta vocacional. "Yo había montado ya mi plan por mi cuenta", admite. La llamada le obligó a confrontar conversaciones difíciles. La primera, con su novia, esa misma tarde. "Fue doloroso", recuerda. Sin que él dijera nada, ella lo intuyó: "Miguel, tú quieres ser cura, ¿verdad?". Ambos decidieron tomar distancia para que él pudiera discernir sin condicionantes. Con sus padres, la reacción fue diferente. Aunque notaron que "le pasaba algo", recibieron la noticia "con muchísima ilusión", una gracia que, como él mismo señala, no todos los aspirantes tienen.

Miguel Vinagrero con el Papa Francisco en el Vaticano

La dura formación para ser sacerdote

Entrar en el seminario es el inicio de un largo período de formación que en España dura, como mínimo, ocho años. El primer paso es el curso propedéutico, un año preparatorio enfocado en "crecer en intimidad con el Señor" y en la convivencia grupal. Aunque no se cursan estudios universitarios, la formación es intensa, con asignaturas como latín, padres de la Iglesia, cultura clásica y liturgia.

Superado este año, comienzan los estudios superiores. En el caso de las diócesis de la Provincia Eclesiástica de Madrid (Getafe, Madrid y Alcalá), los seminaristas cursan el Bachillerato de Teología en la Universidad San Dámaso. Son cinco años divididos en dos de Filosofía y tres de Teología. Miguel se encuentra actualmente en su cuarto año, el segundo de Teología. "A mí me gusta mucho la liturgia, y me gusta mucho también dogmática", confiesa sobre una posible especialización.

Tras los seis años de formación teórica (propedéutico y bachillerato), el itinerario continúa con un año de pastoral, seguido de la ordenación de diácono. El sacramento del orden tiene tres grados, y el diaconado es el primero. El diácono, explica Miguel, es "el siervo", centrado en la caridad y la palabra. Tras un período que suele durar alrededor de un año, llega la ordenación de presbítero, que le configura con "Cristo Pastor".

Miguel Vinagrero, el segundo por la izquierda en la primera fila, con su familia 

El día a día en el seminario: Una vida entre la oración y la comunidad

Lejos de ser un lugar de clausura, el seminario se asemeja a una mezcla entre un colegio mayor y un monasterio. "Vivimos juntos como una comunidad que crece junta en la fe", explica Miguel. La vida transcurre en un edificio con habitaciones, una capilla "donde rezamos" y un comedor. Como anécdota, recuerda su primera cena: "A mí no me gusta nada el puré de verduras, y la primera noche en el seminario... ¡pum, puré de verduras!".

En este entorno, su pasión por la música ha encontrado un nuevo cauce. La musicología no queda fuera, ya que la música es una constante en la liturgia diaria, desde la misa matutina hasta la exposición del Santísimo. Además, en cualquier evento festivo, "ya sacamos la guitarra y nos ponemos a cantar". 

El discernimiento es un proceso continuo. Miguel entró teniéndolo "clarísimo", pero otros compañeros llegan para "seguir discerniendo la voluntad de Dios". Sobre los que abandonan, como dos compañeros que entraron con él y que hoy tienen pareja y trabajo, reflexiona: "El Señor quería enseñarles algo a través del seminario. Algo descubrieron seguro". Esta idea enlaza con los datos actuales, que indican una disminución en el número de abandonos, atribuida a un discernimiento previo "más acompañado y fortalecido".

Respecto al creciente interés por la espiritualidad, a menudo denominado el "giro católico", Miguel confirma que es un tema que "se habla y se comenta" tanto en el seminario como en la facultad. De hecho, un profesor les ha compartido una antología con más de 80 artículos de prensa sobre este fenómeno, y algunos seminaristas provienen de realidades como retiros de impacto, aunque no puede asegurar una relación directa con el aumento de vocaciones.

Para un joven que se esté planteando la vocación, Miguel Vinagrero ofrece un triple consejo. El primero es cuidar la vida interior y la oración. "Tienes que hacerte el mejor amigo de Jesús", le recomendó su director espiritual. Citando una obra sobre San Ignacio de Loyola, subraya: "La vida interior importa más que los actos externos". El segundo pilar es la vida eclesial: "El sacerdocio no es para ti, es para servir a tus hermanos", por lo que anima a comprometerse en la parroquia o movimiento. Finalmente, recuerda la importancia del acompañamiento para no hacer el camino solo y de "aferrarse a los santos, que ayudan mucho".

jueves, 26 de marzo de 2026

Andrés David Forero ordenado sacerdote padeciendo cáncer: «Yo no me he sentido abandonado por Dios, aunque me haya preguntado por qué a mí; Él no me prometió vivir sin enfermedades, me prometió su amor»


Andrés David Forero celebrando su primera Misa / Foto: Cedida por Andrés David Forero

* «No quiero romantizar estos momentos porque son difíciles de asumir, pero si a Dios lo amamos en la alegría, ¿por qué no lo podemos amar en el dolor? Si Él murió por nosotros en la cruz, ¿por qué no podemos compartir con Él la cruz? Si creemos que Él es el Dios del amor, también en el dolor se le puede amar… Mi historia de amor con el Señor no acaba con la enfermedad. Yo he visto a Dios en el cuidado de mi familia y también en todos los seminaristas y sacerdotes que han dormido a mi lado en el hospital cada día de mi convalecencia. Estos son gestos de amor que vienen solamente de Dios. Agudizar el oído y la vista es descubrir en los demás este amor que nos sostiene… Algo que le he pedido al Señor es que nunca reniegue de Él, aunque no comprenda, aunque no vea claro lo que va a venir. Dios nos ama y está continuamente en medio de nosotros»

Camino Católico.- “He asumido la enfermedad como una prueba de fe”. Con estas palabras, Andrés David Forero Rincón ha definido la experiencia que ha marcado los meses previos a su ordenación sacerdotal, celebrada en la parroquia de Sant Pere de Sencelles, en Mallorca, el pasado 1 de marzo, ceremonia que estuvo presidida por el obispo de la diócesis, Sebastià Taltavull. A Andrés, cuando ya era diácono,  le diagnosticaron un linfoma, cáncer que se extiende por todo el sistema linfático. Lo entrevista Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo en Alfa y Omega una hora antes de su tercera sesión de quimio.

—Acaba de celebrar su primera Misa como sacerdote, unos días después de recibir la ordenación. ¡Enhorabuena!

—El de la ordenación fue un día muy especial, porque lo esperaba desde que era muy niño. Fue un momento de amor, una caricia de Dios que me decía: «Estoy aquí». Mi primera Misa la celebré en la parroquia de San Alonso Rodríguez, en Palma de Mallorca, donde tras venir de Colombia me acogieron los hermanos de la Renovación Carismática. Crecí en este ambiente en mi país y quise compartir con ellos este momento tan especial.

—Me han dicho que anda un poco flojo de salud.

—Sí, hace un mes y medio me diagnosticaron un linfoma, un cáncer que se extiende por todo el sistema linfático. Llevaba ya varios meses un poco enfermo, y tras la Misa de la última Nochebuena me sentí realmente mal. Ahora lo vamos combatiendo y en un rato tengo que entrar en mi tercera sesión de quimioterapia, de las seis que me van a dar.

—¿Cómo está llevando la quimio?

—Sorprendentemente, muy tranquilo. Los médicos me dicen que están haciendo todo lo posible para que sea curable. Estamos enfocados, tanto ellos como yo, en que sea así. Esa es la esperanza que tenemos.

Andrés David Forero en la consagración de la eucaristía durante la primera misa después de ser ordenado / Foto: Cedida por Andrés David Forero

—Todo esto le ha venido siendo ya diácono. ¿Cómo surgió su vocación?

—Yo vengo de una familia colombiana muy católica, con la fe muy arraigada. Mis hermanos y yo íbamos de niños todos los días a Misa. Teníamos un trato asiduo con sacerdotes cercanos; eso me hizo preguntarme en el instituto qué quería Dios de mí. Empecé a estudiar Filosofía en la universidad de los padres eudistas y, en la Jornada Mundial de la Juventud del año 2019, en Panamá, le pedí a Dios que me mostrara mi camino.

—¿Y cómo acabó en Mallorca?

—Es la providencia de Dios. En mi vida apareció de repente este lugar que yo no conocía ni sabía que existía. Leyendo en las redes sociales vi que había seminarios muy vacíos, como el seminario de Mallorca, que entonces tenía pocas vocaciones. Entonces le dije al Señor: «Si tú quieres que yo sea sacerdote, llévame donde más me necesiten».

—¿Y qué pasó después?

—Me puse en contacto con el seminario y vine en junio para conocerlo. En septiembre ya estaba empezando el curso. Todo fue muy rápido, muy providencial. Dios nos mueve siempre.

—En esta manera de ver su historia bajo la mirada de Dios, ¿cómo encaja su enfermedad?

—Como un reto, porque Dios siempre nos desafía en el buen sentido. Hace unos días en la Misa leímos la escena de Jesús en la barca con los discípulos. Allí Él les pide hacer algo diferente: tirar la red a la derecha, en lugar de a la izquierda, como estaban haciendo. A mí Dios me ha pedido en este momento, con la enfermedad, tirar la red a la derecha: hacer otra cosa diferente, vivir el ministerio y mi vida de otra manera, porque Él quiere seguir teniendo el lugar primero que le corresponde en mi vida.

Andrés David Forero celebrando la Misa / Foto: Cedida por Andrés David Forero.

—Eso suena difícil.

—No quiero romantizar estos momentos porque son difíciles de asumir, pero si a Dios lo amamos en la alegría, ¿por qué no lo podemos amar en el dolor? Si Él murió por nosotros en la cruz, ¿por qué no podemos compartir con Él la cruz? Si creemos que Él es el Dios del amor, también en el dolor se le puede amar. Son reflexiones que he hecho a lo largo de ese tiempo. Yo no me he sentido abandonado por Él, a pesar de que a veces me haya preguntado por qué a mí. Dios no me prometió vivir sin enfermedades, me prometió su amor.

—Muchos sufren por sus dolencias o por las de alguien cercano. ¿Qué les diría desde su experiencia?

—Tenemos que agudizar el oído y la vista para no ir a Dios solo para que nos sane. Mi historia de amor con el Señor no acaba con la enfermedad. Yo he visto a Dios en el cuidado de mi familia y también en todos los seminaristas y sacerdotes que han dormido a mi lado en el hospital cada día de mi convalecencia. Estos son gestos de amor que vienen solamente de Dios. Agudizar el oído y la vista es descubrir en los demás este amor que nos sostiene.

La enfermedad nos saca de nosotros mismos, no nos la esperamos. Pero también nos permite dar lo mejor de nosotros. Algo que le he pedido al Señor es que nunca reniegue de Él, aunque no comprenda, aunque no vea claro lo que va a venir. Dios nos ama y está continuamente en medio de nosotros.


Andrés David Forero el 1 de marzo de 2026. en su ordenación sacerdotal / Fotos: Diócesis de Mallorca

domingo, 22 de marzo de 2026

Robert Steele era alcohólico hasta que Dios lo sanó y es sacerdote ayudando a otros adictos: «La pornografía aísla a las personas y la confesión regular es un ancla que las lleva a la luz, donde comienza la sanación»

El sacerdote neozelandés Robert Steele / Foto: Diócesis de Auckland

* «La vergüenza y el miedo al juicio a menudo les impiden buscar ayuda, creando un ciclo de secretismo. A menudo se malinterpreta la confesión como un ritual de culpa, pero en realidad es una de las mayores fuentes de sanación. Recibir la confesión con frecuencia, semanalmente o cada dos semanas, ayuda a fortalecer la resiliencia, porque cada confesión no solo absuelve el pecado, sino que también derrama la gracia sacramental, fortaleciéndonos para resistir la tentación. Muchos adictos en recuperación testifican que la confesión es su ‘botón de reinicio’, un lugar seguro para empezar de nuevo sin temor al juicio»

Camino Católico.-  Fue una vocación tardía, muy tardía. Robert Steele tenía 57 años en 2008 cuando el obispo le impuso las manos para transferirle el orden sacerdotal. Llevaba siete sin tomar una gota de alcohol, una adicción que arrastraba desde su adolescencia, durante cerca de 40 años. «Descubrí que Dios no había desperdiciado mi sufrimiento», asegura en una entrevista con The Catholic Weekly. «Las experiencias de las que antes me avergonzaba se convirtieron en parte de mi vocación pastoral», reconoce ahora este sacerdote católico neozelandés que lleva años acompañando a personas con problemas de adicción.

El padre Steele es el párroco de la iglesia de San Patricio en Pukekohe, al sur de Auckland (Nueva Zelanda). Tras años viviendo en la culpa y la vergüenza, ha plasmado toda su experiencia vital de lucha en un libro que ha titulado ‘A Journey of Hope: Combating Pornography on the Internet’ (Un viaje de esperanza: Combatiendo la pornografía en internet). En él, el sacerdote neozelandés se atreve a abordar un tema que genera mucho silencio: cómo avanzar hacia la sanación y la libertad para aquellas personas atrapadas en patrones compulsivos de contenido sexual en línea. Argumenta que es una crisis que afecta la salud mental, la vida espiritual e incluso la capacidad de los jóvenes para imaginar su futuro.

Sus reflexiones surgen de su experiencia pastoral, pero también de su propia historia personal de recuperación. Antes de ingresar al seminario, Steele luchó contra el alcoholismo durante su juventud. Tras enfrentarse a la adicción y abrazar la sobriedad, finalmente discernió su vocación sacerdotal. Hoy cumple 25 años sin alcohol, un hito que a menudo cita como prueba de que las heridas personales pueden convertirse en la base de una vida de servicio.

Camino de adicción, sufrimiento y la gracia de Dios

“Crecí en un entorno obrero bastante común y corriente, y como muchos hombres de mi generación, caí en comportamientos adictivos durante mi juventud. El alcohol era mi principal problema, pero debajo de eso había cuestiones más profundas: soledad y heridas sin resolver. Durante mucho tiempo intenté manejar la vida a mi manera, y simplemente no funcionó”. cuenta el padre Robert Steele.

Durante varios años trabajó en el sector turístico y hotelero, llegando a ser profesor universitario en esa área. Pero no era feliz.  

“Mi punto de inflexión llegó cuando finalmente admití que no podía arreglarme a mí mismo. Ingresé a rehabilitación, abracé la sobriedad y comencé un largo y honesto proceso de sanación interior. Ese camino me enseñó humildad, autoconocimiento y a confiar en la gracia divina. Ahora llevo 25 años sobrio”. 

A medida que superaba lentamente su alcoholismo, resurgió un interés por el sacerdocio que había permanecido latente durante mucho tiempo. Fue ordenado sacerdote en 2008, a la edad de 57 años. 

“Descubrí que Dios no había desperdiciado mi sufrimiento. Las experiencias de las que antes me avergonzaba se convirtieron en parte de mi vocación pastoral. Regresé al seminario más adelante, por la gracia de Dios, y fui ordenado sacerdote, llevando conmigo una profunda compasión por quienes sufren. Mi vocación es inseparable de mi recuperación. El sacerdocio es la forma en que Dios transformó mis heridas en una fuente de servicio”.

El libro del padre Steele, por ahora solo disponible en inglés

Cómo combatir la pornografía

En su país, el 54 % de los chicos jóvenes y el 14 % de las mujeres jóvenes ven pornografía al menos una vez a la semana. Unas cifras similares a las que se manejan en el resto del mundo occidental. “Lo que me preocupa aún más que los porcentajes es la edad de la primera exposición. Muchos niños se enfrentan a la pornografía a los 9, 10 u 11 años”, explica el padre Steele. “En esa etapa, sus cerebros y estructuras morales no están ni remotamente preparados para procesar lo que ven”, constata. Eso, inevitablemente, crea unas cadenas que son muy difíciles de romper. Él, que ha tenido que desembarazarse de las del alcohol, sabe bien de qué habla y aborda en su libro como hacer frenta a la pornografía.

“Desde una perspectiva de salud pública, la pornografía está ahora fuertemente vinculada a la ansiedad, la depresión, la disfunción sexual, la ruptura de relaciones, las visiones distorsionadas de la intimidad y el aumento de los patrones de adicción. Neurológicamente, reconfigura los circuitos de recompensa de maneras sorprendentemente similares a las drogas”, señala.  

Y subraya que “desde una perspectiva espiritual, es igualmente grave. La pornografía entrena al corazón para consumir en lugar de amar. Erosiona la capacidad de entrega, fidelidad, respeto por el cuerpo y una intimidad auténtica. En cuanto a las vocaciones y la práctica de la fe: no diría que la pornografía es el único factor, pero estoy convencido de que es uno importante. Cuando los hombres viven con vergüenza crónica, secretismo y comportamientos sexuales compulsivos, les resulta mucho más difícil imaginar el sacerdocio, el matrimonio o un compromiso profundo con Dios”.

“Romper el ciclo de la adicción a la pornografía se desarrolla en tres dimensiones: neurológica, emocional y espiritual. La libertad duradera no es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad; es un camino de gracia.  Y los puntos de hidratación en la larga carrera hasta la meta son las prácticas tradicionales de la Iglesia Católica: la confesión frecuente, la Eucaristía, la dirección espiritual, el ayuno y los actos de sacrificio, y la devoción a la Santísima Virgen”,   explica el padre Steele.

“La terapia, el software de seguimiento, los grupos de apoyo y las intervenciones basadas en la neurociencia son realmente útiles”, afirma. “Pero sin fe, falta algo esencial: sentido, perdón, esperanza y trascendencia. La adicción no es solo un problema de comportamiento. Es una herida relacional y espiritual”. 

“Para los católicos, el poder de la confesión suele pasarse por alto, pero es una piedra angular del éxito espiritual, ya que la vergüenza es la atadura más fuerte para quienes no pueden dejar de consumir pornografía”, asegura el sacerdote.

“La adicción a la pornografía aísla a las personas. La vergüenza y el miedo al juicio a menudo les impiden buscar ayuda, creando un ciclo de secretismo”, escribe el padre Steele en ‘Un viaje de esperanza’.

“A menudo se malinterpreta la confesión como un ritual de culpa, pero en realidad es una de las mayores fuentes de sanación. La vergüenza nos dice que nos escondamos, pero la confesión nos saca de las sombras y nos lleva a la luz, donde comienza la sanación. Para alguien que lucha contra la pornografía, la confesión regular se convierte en un ancla”, asegura.

“Recibir la confesión con frecuencia, semanalmente o cada dos semanas, ayuda a fortalecer la resiliencia, porque cada confesión no solo absuelve el pecado, sino que también derrama la gracia sacramental, fortaleciéndonos para resistir la tentación. Muchos adictos en recuperación testifican que la confesión es su ‘botón de reinicio’, un lugar seguro para empezar de nuevo sin temor al juicio”, comparte.

La recuperación puede ser un camino largo y arduo. Incluso los cristianos convencidos pierden la esperanza y dejan de orar. “Llegan a un punto en el que dicen: ‘¿Para qué molestarse? ¿Para qué orar por esto? Porque no lleva a ninguna parte’”.  

“Siempre animo a quienes acompaño y les digo que nunca se rindan. Que sigan orando. La recuperación es lenta. Las recaídas son comunes, por desgracia. Pero el progreso es lento pero constante”, subraya.  

La pornografía entrena al corazón para consumir en lugar de amar. Erosiona la capacidad de entregarse a uno mismo, la fidelidad, el respeto por el cuerpo y la intimidad auténtica / Foto: Pexels.com.

Si la pornografía es un problema tan grave, ¿por qué los feligreses no oyen hablar de ello con más frecuencia? El padre Steele afirma que “los sacerdotes no son indiferentes, pero deberían pronunciarse al respecto. A algunos les preocupa avergonzar a los feligreses, provocar reacciones negativas o no tener el lenguaje adecuado. Otros, simplemente, no se sienten capacitados para abordar la adicción sexual,” asegura. 

“Pero el silencio tiene un precio. Cuando los jóvenes y los padres nunca oyen a la iglesia hablar con claridad, compasión y pragmatismo sobre la castidad y la pornografía, asumen que la iglesia no comprende su mundo. Eso es trágico. Necesitamos más predicación, más catequesis y más honestidad pastoral. No de una manera moralizante o que avergüence, sino de una manera sanadora, esperanzadora y que diga la verdad”, reflexiona. 

Los padres no pueden permitirse el lujo de ignorar el atractivo de la pornografía para sus hijos. Las búsquedas en Google o las atractivas ventanas emergentes atraen a muchos niños a los rincones oscuros de internet. Y siempre existirá la presión de grupo para explorar terrenos prohibidos.  

El padre Steele tiene cuatro palabras de consejo para los padres: "Sean tempranos y sean honestos". Y añade: “Los padres deben dar por sentado que sus hijos se encontrarán con pornografía, en lugar de preguntarse si podrían hacerlo. Las conversaciones sobre el cuerpo, el sexo y la seguridad en internet deben comenzar mucho antes de lo que la mayoría de los padres creen”. 

Por otra parte, “también es necesario crear un entorno donde los niños no tengan miedo de decir la verdad. Si un niño confiesa haber estado expuesto y recibe ira o pánico, aprenderá a esconderse. Las herramientas prácticas también importan: filtros, aplicaciones de control, reglas para los dispositivos. Pero ningún filtro reemplaza una relación sólida y un diálogo abierto”, asevera.  

Como complemento de  «Un viaje de esperanza», el padre Steele también ha publicado una parábola moderna, «El viaje de Miguel: una novela de lucha, gracia y libertad». Narra la historia de un joven atrapado por la pornografía que, poco a poco, logra liberarse con la ayuda de la oración y el consejo de un sacerdote comprensivo. Padres y adolescentes podrían encontrarla útil. 

Para los adictos a la pornografía, ¿existe un Matt Talbot, el irlandés santo considerado el santo patrón de los alcohólicos?  “Todavía no, aunque San Carlos Acutis es venerado por su “pureza, devoción eucarística y uso de la tecnología para el bien. Creo sinceramente que Dios está suscitando testigos modernos que algún día serán reconocidos como santos de esta lucha. Vivimos en un nuevo campo de batalla espiritual, y el cielo siempre provee nuevos héroes» concluye el padre Steele.