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miércoles, 2 de abril de 2025

Roberto Van Troi Ramírez Garza ha ejercido seis años como médico cirujano hasta que una paciente a punto de fallecer le dijo que debía ser sacerdote: «Jesús me decía: ‘Deja todo, ven y sígueme’»


A la izquierda el P. Roberto Van Troi después de un procedimiento como estudiante y a la derecha celebrando una Misa / Foto: P. Roberto Van Troi Ramírez Garza - Parroquia San Bernardo de Claraval

Camino Católico.- Roberto Van Troi Ramírez Garza cuenta a ACI Prensa que, desde los seis años, sabía que quería dedicarse a la medicina. Su vocación profesional era tan clara que no le costó nada estudiar tres años para ser técnico en rehabilitación, luego seis años en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León en México, y cuatro años más de especialidad en cirugía general, una rama que ejerció durante seis años.

Menciona que en una ocasión, con la intención de fortalecer su relación de pareja en aquel entonces, Roberto y su novia acudieron a un consejero de noviazgos, donde le recomendaron asistir a Misa todos los días. Aunque al principio le pareció una idea difícil, recuerda que, ante la crisis con su pareja, pensó: “ya intentamos todo, ya intenté todo y no puedo arreglar esto”, por lo que decidió asistir a la Eucaristía. 

Fue el 5 de diciembre de 2002 cuando experimentó un cambio profundo: “ese día cambió mi vida”, recuerda con alegría. 

A partir de ese momento, la Misa se convirtió en parte de su vida diaria. Señala que gracias a esa actividad “creí en Él, confié en Él, me abandoné en Él”. Aunque en un principio pensó que esto ayudaría a salvar su relación, finalmente terminó con su novia. Sin embargo, continuó asistiendo a Misa y su fe siguió creciendo.

En una ocasión, sintió que la homilía le hablaba directamente a él. Esto lo impulsó a profundizar en su fe: se inscribió en estudios bíblicos, leía libros sobre espiritualidad, se unió a la adoración nocturna y a un grupo de profesionales que visitaban enfermos, además de estudiar Teología a distancia, todo mientras ejercía su profesión con entusiasmo.

Recuerda que, aunque algunos de sus pacientes le decían que veían en él “el rostro de Cristo”, se sentía plenamente realizado como médico. No obstante, un momento especial fue cuando comenzó a acompañar a la madre de un amigo de la infancia en su proceso de cáncer. Dos semanas antes de su fallecimiento, ella le dijo: “A lo mejor soy un ángel que vengo a decirte eso”, sugiriendo que su destino estaba en el sacerdocio.

Cinco años después de su primer encuentro profundo con Jesús —cuando comenzó a ir a Misa diaria—, ingresó en 2007 al Seminario Arquidiocesano de Monterrey con 35 años. Finalmente, en agosto de 2017, fue ordenado sacerdote.

A pesar de haber renunciado a su carrera médica, asegura que no fue una decisión difícil, porque, aunque “nunca quise ser sacerdote, cuando me preguntan que si necesité mucho valor para dejar todo, les digo: más valor necesitaba para seguir”.

Desde niño había soñado con ser médico, pero con el tiempo comprendió que Dios tenía otros planes para él. “Yo no decidí, esto era mi llamado, entonces yo sólo]estoy aquí respondiendo”, explica que fue esa certeza la que lo llevó a entregarse por completo. 

“Jesús me decía: ‘Deja todo, ven y sígueme’. Es increíble, yo todavía no lo entiendo. Estoy feliz, estoy contento”, afirma, convencido de que Dios lo eligió.

viernes, 21 de febrero de 2025

José Antonio y Juan Antonio Licona Vite, hermanos gemelos que han sido ordenados sacerdotes: «Dios nos llamó, siendo monaguillos, contemplando la Eucaristía, a los 10 años. Es un don y gracia de Dios»

El P. Juan Antonio y el P. José Antonio Licona Vite el día de su ordenación sacerdotal | Foto: Cortesía hermanos Licona Vite

Camino Católico.- José Antonio y Juan Antonio Licona Vite son dos hermanos gemelos originarios del estado mexicano de Veracruz, quienes, además del lazo de hermandad, comparten una profunda vocación que los ha llamado a servir juntos a Cristo como sacerdotes.  Su historia es un testimonio de fe y amor, donde el llamado de Dios los ha unido en el ministerio sacerdotal.

Un llamado que despertó al contemplar la Eucaristía 

Según cuentan en entrevista con ACI Prensa, su camino hacia el sacerdocio comenzó a los 10 años, cuando comenzaron a servir como monaguillos en su iglesia local en el municipio de Álamo Temapache, gracias a la invitación de una de sus catequistas. Esta experiencia, relatan, fortaleció su compromiso con la fe y les permitió comenzar a sentir el llamado divino.

El P. José Antonio compartió que uno de los momentos más importantes de su vida, y de los primeros en los que sintió el llamado al sacerdocio, fue siendo monaguillo, “contemplando la Eucaristía”. Por su parte, el P. Juan Antonio relata que, al igual que su hermano, “el llamado al sacerdocio ocurrió debido a un momento culmen durante una Eucaristía donde miré la Hostia consagrada y sentí tanta alegría y emoción que nunca había experimentado en mi vida”. 

Juan Antonio y José Antonio Licona Vite como seminaristas | Foto: Cortesía hermanos Licona Vite

En 2011, ambos hermanos ingresaron al preseminario vocacional para descubrir si ese era su llamado. Aunque el P. José Antonio estaba entusiasmado, su hermano inicialmente se resistía. “Fue la insistencia de nuestro párroco lo que me hizo decidir ir”, reveló el P. Juan Antonio. Sin saber la decisión del otro, al terminar el preseminario y frente a sus padres, ambos confirmaron su deseo de seguir el camino sacerdotal.

El P. José Antonio señala que esta etapa de discernimiento en él despertó la interrogante: “¿dónde puedo servir más y mejor?”, mientras que el P. Juan Antonio, en el mismo proceso, descubrió que “Dios quería algo más de mí”. 

El 21 de enero de 2025, fueron ordenados sacerdotes por Mons. Roberto Madrigal Gallegos, Obispo de Tuxpan.

La familia en su proceso vocacional

Para los hermanos Licona Vite, compartir este camino ha sido una bendición que se ha manifestado en cada momento de su vida, siendo la familia un pilar fundamental de apoyo en su vocación.

El P. José Antonio consideró “una dicha del amor de Dios el poder compartir el caminar con mi hermano, quien ha sido un amigo que me ha acompañado a lo largo de mi formación”.

Pero no sólo entre ellos se han apoyado, su familia ha jugado un papel crucial en su vocación. El P. Juan Antonio recuerda que, durante su proceso en el seminario, algunas personas les sugerían abandonar su camino, argumentando que lo que hacían no era algo de provecho. 

Sin embargo, sus padres los “animaron a responder a Dios ‘hasta donde él nos permitiera’ y siempre hemos contado con su apoyo”.

El P. Juan Antonio y el P. José Antonio Licona Vite | Foto: Cortesía hermanos Licona Vite

 Recomendaciones a jóvenes 

El P. Juan Antonio aconsejó a los jóvenes que, a pesar de las dudas y temores que puedan surgir al tomar la decisión de entrar al seminario, recuerden que “cuando miras todo el bien que puedes hacer no sólo por ti, sino por toda la Iglesia, es algo grande y significativo”. Añadió que es maravilloso comprender que “Dios actúa en ti, y a través de ti se pueden salvar tantas personas”.

A quienes están pasando por un proceso de discernimiento vocacional para saber si quieren ser sacerdotes, el P. José Antonio les recomendó tener presente que cuando una persona “va respondiendo con entrega, el tiempo de la formación se pasa muy rápido, y cuando menos se dé uno cuenta, se ha avanzado en el caminar, pero de algo hay que tener siempre presente, esta vocación, es don y gracia de Dios”.

martes, 18 de febrero de 2025

Brian Jackson: «Con 13 años probé drogas, iba de fiestas, bebía mucho, en la universidad vendía droga, pero me arrepentí de mis pecados, experimenté el amor de Dios tan grande y soy sacerdote»


El padre Brian Jackson fue transformado por el amor de Dios al arrepentirse de sus pecados / Foto: El Debate

* «En ese momento entendí, como un rayo, que si yo moría, me iba al infierno. No dije nada, absolutamente nadie. Me fui a mi casa y el día 1 de enero de 2009 cambié el fondo de la pantalla de mi ordenador por un Jesús crucificado. Cuando lo vi, caí de rodillas y empecé a llorar como un niño, pidiendo perdón a Dios por mis pecados. Repetía mucho: Jesús, perdóname, porque vi todo lo que le había hecho a Jesús. Perdóname, Jesús, perdóname. Y luego también vi lo que le había hecho a otras personas, a mis hermanos, a mis amigos, organizando fiestas, llevando gente, y empecé a decir: Jesús, perdona a las personas a las que yo he hecho daño»

Vídeo de El Debate en el que Brian Jackson cuenta su testimonio

Camino Católico.- Si uno tiene en mente que el prototipo de director de cine es alguien con el aspecto de Quentin Tarantino o de Martin Scorsese, le costará creer que este hombre alto, enjuto, grave –pero de sonrisa fácil–, con acento americano –aunque maneja la jerga juvenil de España, donde vive desde hace 15 años– y enfundado en su sotana también lo es. El padre Brian Jackson comparte con ambos al menos un par de rasgos: es estadounidense y rueda películas.

No son ciertamente superproducciones de Hollywood ni copan las carteleras de las salas de cine de todo el planeta, pero tiene su público. Y no es precisamente reducido. «Con la película Garabandal, catarata imparable, llegamos al medio millón de visualizaciones de YouTube en apenas cuatro o cinco días. Pero, de pronto, la plataforma la suprimió sin previo aviso y con la notificación de contenido inapropiado sin recurso a apelación», relata el sacerdote de la congregación española Siervos del Hogar de la Madre. «No sé, no quiero pensar mal, pero bueno, fue así», comenta resignado, encogiéndose de hombros.

Ahora, acaba de presentar un corto sobre la vida de San Edmundo Campion, un jesuita inglés martirizado por mantenerse fiel a Roma, y dirige el canal de YouTube Catholic Stuff, con casi 80.000 suscriptores. Lo entrevista Álex Navajas en El Debate.

– Pero pasaron muchas cosas antes de que usted se dedicara a grabar cine católico como sacerdote.

– Yo soy de una familia cristiana protestante. Crecí en un ambiente muy cristiano, pero no católico. Entré en la Iglesia cuando yo tenía unos 12 años porque mi madre iba, pero yo no estaba viviendo muy bien mi fe. Creía en Dios y tal, pero ya con 12 o 13 años me he metido bastante en todo lo que es el mundo, la fiesta, probar alguna droga... Con 15 años, en un campamento con el Hogar de la Madre, tuve una experiencia muy fuerte de Dios, pero duró muy poco, igual dos semanas. Pero después volví a como era antes.

– ¿Fue una experiencia concreta la que tuvo?

– Bueno, fue el impacto de hacer oración, de estar con otros jóvenes católicos y tal. Creo que me confesé por primera vez. Volví, pero conocí a una chica y empecé otra vez el plan de fiestas, de salir, de drogas, hasta que entré en la universidad con 18 años. Tenía becas, no tenía problemas con los estudios, todo lo tenía pagado, tenía dinero porque trabajaba. Tenía 18 años cuando salí de casa y entré en todo lo que es la universidad en Estados Unidos. Salía los viernes, sábados, hasta que terminé saliendo de fiesta todos los días; hay noches que no recuerdo por las borracheras; el ambiente era malísimo ahí.

No pensaba nada; no me consideraba malo, pero me dejaba llevar por las emociones y las pasiones. Incluso empecé a meterme un poco a vender droga. Yo decía: Bueno, solo estoy dando cosas a mis amigos, pero en realidad estaba metiéndome en un mundo muy, muy feo.

El padre Brian Jackson era de una familia cristiana protestante y cuando se convirtió se hizo católico / Foto: El Debate

– Trapicheaba, como lo llamamos aquí en España...

– A una escala muy pequeña, pero sí. Sin embargo, recibí una gracia muy fuerte. Yo estaba en un coche con unos amigos y no había tomado nada raro, por decirlo así. Miré a la ventana del coche y empecé a ver mi propia cara, y estaba atormentada. Había otras caras alrededor, también atormentadas. Y, en el otro lado de la ventana, había una nube, de la que salía una mano. Con mi mano intentaba tocarla, pero no lo conseguía. Entonces, escuché una voz que me decía: No estás alcanzando la gloria de Dios.

En ese momento entendí, como un rayo, que si yo moría, me iba al infierno. No dije nada, absolutamente a nadie. Me fui a mi casa y el día 1 de enero de 2009 cambié el fondo de la pantalla de mi ordenador por un Jesús crucificado. Cuando lo vi, caí de rodillas y empecé a llorar como un niño, pidiendo perdón a Dios por mis pecados. Repetía mucho: Jesús, perdóname, porque vi todo lo que le había hecho a Jesús. Perdóname, Jesús, perdóname. Y luego también vi lo que le había hecho a otras personas, a mis hermanos, a mis amigos, organizando fiestas, llevando gente, y empecé a decir: Jesús, perdona a las personas a las que yo he hecho daño.

– ¿Qué ocurrió después?

– Resumiéndolo un poco, me metí otra vez con los protestantes, pero estudiando y haciendo todo por la gracia de Dios. Después volví, me confesé bien y entré en la Iglesia católica. Dejé todo mis malos amigos, la fiesta, porque enseguida Dios me cambió muy fuertemente.

– ¿Le costó?

– ¡Nada! Cero. No sé cómo explicarlo, pero ese momento de arrepentirme de mis pecados y experimentar el amor de Dios tan grande, hizo que todo lo que yo había hecho me pareciera absurdo comparado con una sola gota de lo que recibí de Dios.

– ¿Usted era adicto a algo, o no llegaba a ese extremo?

– No, no; no había hecho cosas con drogas muy fuertes. No, no era adicto. Pero estaba bebiendo mucho, por ejemplo. Pude romper de un día para otro con el ambiente, los amigos y eso fue una gracia muy grande. Yo estaba estudiando finanzas, siempre me movía como temas como la Bolsa y tal, pero no me veía trabajando detrás de un escritorio. Solo podía hablar de Dios a mis amigos, a la gente de mi clase, a mi familia...

Padre Brian Jackson / Foto: El Debate

– Todos ellos, claro, notarían su cambio...

– Sí; mi madre, no sé si se lo creía de verdad, pero mis amigos de antes, los de la fiesta, realmente pensaban que me había vuelto loco...

– ¿Apareció entonces su vocación sacerdotal?

– Sí, poco a poco. Después de la conversión, pensé que quería casarme con una chica católica. Y tuve muy buenas vibraciones con algunas, pero no tenía paz y me sentía incómodo. A la vez, iba llevando grupos de jóvenes, organizaba campamentos, rezaba... y todo eso me atraía un montón más. No es que no me atrajesen las chicas; ¡me atraían y me atraen! Pero sentía como que Dios me llamaba a algo mucho más grande.

Muy providencialmente, los mismos sacerdotes del Hogar de la Madre que conocí en el campamento cinco años atrás vinieron a dar una charla a mi parroquia. Hice un retiro con ellos; de hecho, era un retiro para matrimonios. No sé cómo, yo acabé ahí, y sentí muy fuertemente la llamada. Sentí que no me podía negar a Dios y sentí una paz inexplicable. Vine a España en 2010 para hacer el Camino de Santiago y discernir mi vocación, y entré como postulante ese año, y hace dos años y medio fui ordenado sacerdote.

– Háblenos del Hogar de la Madre.

– Fue fundado por un sacerdote de Toledo que aún vive, Rafael Alonso Reymundo. Tenemos tres misiones en la Iglesia: la defensa de la Eucaristía, la defensa del honor de la Virgen María y la conquista de los jóvenes. Yo ahora mismo estoy más dedicado a la evangelización en los medios de comunicación: YouTube, redes sociales y muchos campamentos. También soy capellán en el Holy Mary Catholic School de Madrid. Muchos nos conocen por una hermana, la primera fallecida del Hogar de la Madre, llamada Clare Crockett.

– Sí, la recuerdo…

– Tuvo también una vida muy movida. Tenía mucho talento. Con 18 años vino a España y tuvo una conversión bestial. Quería ser famosa y quería ser monja. Su conversión se produjo en un encuentro de Semana Santa y la recuerdo ahí, delante de todo el mundo, con un cigarrillo. Nos dijo: «Quiero ser famosa, pero también quiero ser monja. Así que voy a ser una monja famosa»...

– Y lo consiguió...

– En 2016 murió en Ecuador en un terremoto, y hace unas semanas se acaba de abrir su proceso de beatificación. Yo tuve la dicha de conocerla, y era increíble.

– Oiga, ¿y usted cómo se metió a dirigir películas?

– Había hecho los típicos vídeos en el colegio, pero nada. En el noviciado hice algunas grabaciones, tomaba fotos y tal, pero nuestro fundador siempre nos lanzaba a hacer más. En torno a 2013 hice un curso de medios de comunicación para jóvenes. Allí se apuntaron dos chicos llamados Pablo Fernández y Luis Candelas, y con ellos fundé el canal Catholic Stuff. Con humor y acción intentamos llegar a los jóvenes. Son como catequesis pero con muchos chistes y buenos ejemplos.

– Su último trabajo es una cinta sobre San Edmundo Campion...

– Sí; es fruto de un campamento de líderes católicos en medios de comunicación. Llevamos unos cuatro o cinco años organizándolo, y ya hemos hecho tres cortos: uno sobre Gereon Goldmann, un seminarista que estuvo en las SS nazis; el año pasado hicimos otro sobre San Sebastián, que está teniendo mucha difusión, y este año hemos rodado el de San Edmundo Campion, un mártir jesuita de Inglaterra que salió de su país para ser formado en Roma. Luego volvió clandestinamente a su país. ¡Pero no voy a hacer spoiler!

sábado, 15 de febrero de 2025

Philippe Le Vert, viudo y ex piloto de combate sintió la llamada al sacerdocio al fallecer su esposa; con 10 años iba a morir ahogado y clamó: «Señor, sálvame! Hágase tu voluntad y sentí al instante una gran paz»

Philippe Le Vert ha sido ordenado diácono para finalmente ser sacerdote / Foto: Cortesía de Philippe Le Vert

* «Fue apenas un mes después del funeral de mi mujer. Hubiera podido decir: 'Señor, ¡cómo puedes mostrarme tu amor en este momento en que me has quitado a mi mujer, a la que tanto amaba!' Pero la percepción que tuve del amor de Dios fue tan fuerte, como nunca antes había experimentado, que así surgió la llamada a ser sacerdote»

Camino Católico.- A Philippe Le Vert le encanta el número tres. Fue la dimensión trinitaria de Dios lo que le animó intelectualmente a abrazar la religión católica. Pero el tres es también el número de llamadas que ha recibido en su vida, y a las que ha respondido plena y completamente, comprometiéndose en cuerpo y alma cada vez: la llamada a servir a su país, a su familia y ahora a su Iglesia. De hecho, Philippe Le Vert es un diácono muy joven, ¡tiene 70 años! Viudo, padre y abuelo, fue ordenado diácono con vistas al sacerdocio el 13 de octubre de 2024 en la diócesis de Valence (Drôme).

Se escribe una nueva página para este antiguo piloto de caza que pasó 30 años en el Ejército del Aire francés. Su vocación sacerdotal se produce un mes después del fallecimiento de Christine, su esposa desde hacía 44 años. Padre de dos hijos, uno de los cuales murió en la infancia, y abuelo de siete nietos, actualmente continúa su formación "sobre el terreno", en la parroquia de Saint Émilien, en Valence.

Philippe Le Vert creció y estudió en Tahití, en la Polinesia Francesa. "Mi madre, que era muy religiosa, nos dio una educación muy religiosa, y mi padre era ateo, hasta que se convirtió después de que yo casi me ahogara cuando tenía 10 años", dice a Mathilde De Robien en Aleteia. "¿Quizá rezó entonces y su oración fue escuchada? Sea como fuere, se convirtió en un católico practicante y convencido".


Este accidente tuvo un profundo efecto en Philippe Le Vert y fue su primera experiencia de entrega total a la voluntad del Señor. Arrastrado por la corriente ante la mirada de pánico de su familia, el joven Philippe, que entonces tenía 10 años, se sintió presa del pánico porque estaba convencido de que iba a morir. Pero pronto empezó a rezar: "¡Señor, sálvame! Hágase tu voluntad". "Después de decir eso, sentí al instante una gran sensación de paz, ¡justo cuando estaba a punto de ahogarme! Estaba preparado para cualquier eventualidad". Finalmente, una corriente de agua lo depositó sobre una roca de coral, y fue rescatado por pescadores tahitianos. "Nunca volví a sentir esa profunda sensación de paz después de aquello", dice 60 años después.

"Una llamada" en dos etapas

A los 12 años, Philippe Le Vert confesó a su madre su deseo de ser sacerdote, incluso misionero. "Mi madre rechazó la idea y yo mismo la abandoné muy pronto", recuerda.

Después de su bachillerato, regresó a Francia continental e hizo sus clases preparatorias en Versalles. Fue allí donde hizo la transición de su fe infantil a su fe adulta. La dimensión trinitaria de Dios le confirmó en la religión católica. "Para mí, un Dios solo podía existir si era trino. ¿Qué podría hacer por sí solo?"

"Me gusta comparar a Dios con un músico: el músico es la imagen del Padre, la música es la imagen del Hijo, y la comunión entre el músico y la música es la del Espíritu Santo. Tres realidades diferentes pero interdependientes: si no hay músico, no hay música; si no hay música, es porque el músico está muerto; si no hay comunión, ¡es porque la música no es muy buena! Solo la religión católica me ofrecía un Dios vivo, en tres personas".



Philippe Le Vert y su esposa el día de su boda / Foto: Cortesía de Philippe Le Vert

Philippe Le Vert se casó joven, a los 22 años, y persiguió su sueño infantil de convertirse en piloto. Obtuvo su licencia en 1978. En total, acumuló más de 4 mil horas de vuelo, principalmente en aviones de combate. Antes de abandonar voluntariamente el Ejército en 2003, fue Jefe de la sección OTAN de la División Internacional del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

Con una salud delicada, su esposa Christine falleció el 29 de diciembre de 2020 tras una cuarta operación de corazón, después de 44 años de matrimonio. Fue durante un retiro espiritual tras la muerte de su esposa cuando Philippe Le Vert sintió una vaga llamada al sacerdocio.

"Fue apenas un mes después del funeral de mi mujer. Hubiera podido decir: 'Señor, ¡cómo puedes mostrarme tu amor en este momento en que me has quitado a mi mujer, a la que tanto amaba!' Pero la percepción que tuve del amor de Dios fue tan fuerte, como nunca antes había experimentado, que así surgió la llamada a ser sacerdote", confiesa.

Una vida matrimonial y familiar llena de alegrías y penas

Philippe Le Vert se casó con Christine el 18 de diciembre de 1976, plenamente consciente de sus problemas de salud. "Si yo, que la amo, no me caso con ella, ¿quién lo hará?", respondió a su padre preocupado.


"Mi vida de casado ha sido extraordinaria, ¡he tenido una esposa extraordinaria! Y hemos tenido la suerte de compartir la misma fe y de crecer y progresar juntos en esa fe".

En 1977, la joven pareja sufrió su primera prueba cuando Philippe y Christine perdieron a su hijo Olivier poco después de nacer. "Fue una experiencia terrible, aquella larga batalla espiritual en la iglesia de San Miguel . Tuvimos que tomar la decisión de seguir creyendo en la oscuridad lo que se había aceptado a la luz de una vida que hasta entonces había transcurrido sin problemas". Dos años más tarde, la pareja tuvo la alegría de dar la bienvenida a su hija Fabienne, a la que transmitieron su ardiente fe.

"Nuestra pareja tuvo una vida muy rica", dice Philippe Le Vert. Crearon un oratorio familiar, vivieron una importante experiencia de oración en pareja, participaron en los más diversos servicios de la Iglesia, en función de sus destinos… También fue una vida marcada por las hospitalizaciones de Christine, que fue sometida a 17 operaciones, cuatro de ellas a corazón abierto. Son pruebas que la pareja soportó junto a Cristo.

"Incluso en los momentos más oscuros, siempre sentí la presencia de Dios y su ayuda. Por un lado estaba el lado oscuro de la prueba y por otro la luz de Dios. Los dos coexistían", dice Philippe Le Vert.

En marzo de 2020, los médicos anunciaron la perspectiva de una cuarta operación de alto riesgo. "Al principio hubo un sentimiento de revuelta, de angustia por supuesto, porque ella había tenido una mala experiencia física de las otras operaciones, pero los dos nos esforzamos por aceptarlo y llegamos a la operación, ocho meses después, en paz y abandonados". Christine murió tres semanas después de la operación.

Una nueva etapa como futuro sacerdote

"Siento que me han llamado a tres cosas distintas", confiesa Philippe Le Vert. Una primera llamada para servir a su país, una segunda para servir a su familia y una tercera para servir a Dios. "Aunque las tres son esenciales, quizá sea la llamada al sacerdocio la más fuerte".

Una nueva vocación ante la que su hija y sus nietos "reaccionaron muy bien". Su acuerdo era necesario, y Mons. Pierre-Yves Michel, antiguo obispo de la diócesis de Valence, se mostró muy dispuesto a escuchar a cada miembro de la familia. Fabienne, la hija de Philippe, a la que está muy unido, era quizá la más disgustada: "¡Habría esperado entregar a uno de mis hijos a Dios, pero no a mi padre! En cuanto al nieto mayor, de 18 años en aquel momento, estaba encantado, ¡pero dejó claro que "no iría a confesarse con su abuelo"!


Philippe Le Vert, su hija Fabienne y sus nietos / Foto: Cortesía de Philippe Le Vert

Tras estudiar dos años en la Universidad Católica de Lyon (Institut Pastoral d'Études Religieuses) y obtener un certificado en formación pastoral, Philippe Le Vert trabaja ahora en la parroquia de Saint-Émilien, en Valence.

"Me dejo guiar. ¡Y menos mal que no escuchan todas mis reservas! ¡Dios tiene una forma maravillosa de enseñar!" Por ejemplo, al principio era reacio a celebrar funerales y reunirse con familias en duelo. "Pero una vez que me entrené y me puse en marcha, ¡fue una experiencia increíblemente enriquecedora!"

Abandonarse a la voluntad del Señor es una experiencia que Philippe Le Vert ya vivió en las costas de Tahití, hace 60 años, y que ha resultado increíblemente fructífera.