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jueves, 6 de agosto de 2026

Magda en una confesión volvió al Señor que obró milagrosamente para que pudiera tener 4 hijos por intercesión del Beato Honorato de Biała: «Antes de conocer a Dios, vivía con miedo; he aprendido a confiarle todo»

Magda, su esposo Zenón y sus cuatro hijos / Foto: Archivo Własne - Aleteia

* «En el hospital, mientras lloraba y estaba aterrorizada, una enfermera me preguntó si podía rezar por mi. Fue entonces cuando Dios nos ayudó. Una paz inmensa me invadió. Comprendí que Dios estaba con nosotros. Esta confianza me trae una paz profunda. Sé que Dios siempre vela por nosotros»

Camino Católico.- Durante su primer embarazo, los médicos le dijeron a Magdalena que una grave enfermedad genética representaba un riesgo mortal tanto para ella como para su bebé. También le aconsejaron que no volviera a embarazarse. Sin embargo, más de veinte años después, Magda es madre de cuatro hijos.

Consagrada a la Virgen María desde niña por su madre, Magda creció en la fe en Polonia. En su adolescencia, la lectura de un libro sobre las almas del purgatorio impactó profundamente su vida espiritual. Sin embargo, durante la secundaria y luego en la universidad, se fue alejando gradualmente de la Iglesia y los sacramentos, atraída por las fiestas con sus amigos. Durante este tiempo, su familia continuó orando por ella y por su conversión, hasta que un día, su parroquia recibió una imagen del Señor de la Misericordia. Al verla, Magda sintió de repente el deseo de confesarse. Así fue como regresó a la fe. 

Durante la Jornada Mundial de la Juventud en Roma en el año 2000, se dio cuenta de que se podía amar la música rock, como ella, y aun así vivir la fe plenamente. Entonces se unió al movimiento Renovación en el Espíritu Santo, asistió a varios retiros y pronto conoció a Zenón, un joven creyente apasionado por la música, de quien se enamoró y con quien se casó en 2003.

Un diagnóstico impactante y la ayuda del beato Honorato de Biała Podlaska

Magda quedó embarazada de su primer hijo. Pero apenas ocho semanas después, un fuerte dolor en la pierna izquierda reveló una trombosis masiva. Los médicos descubrieron entonces que padecía trombofilia hereditaria grave. El diagnóstico fue alarmante: tanto un parto natural como una cesárea presentaban grandes riesgos para la madre y el bebé.

“En el hospital, mientras lloraba y estaba aterrorizada, una enfermera me preguntó si podía rezar por mi. Fue entonces cuando Dios nos ayudó. Una paz inmensa me invadió. Comprendí que Dios estaba con nosotros", recuerda a Dorota Niedźwiecka en Aleteia. La enfermera también le dio una oración por su hijo, que recitó durante todo su embarazo.



Magda y su esposo Zenón / Foto: Archivo Własne - Aleteia

En su octavo mes de embarazo, un amigo jesuita le aconsejó que encomendara a su hija al beato Honorato de Biała Podlaska en su festividad. Este frailencontrarmee capuchino polaco luchó por la independencia de Polonia en el siglo XIX y fundó 27 congregaciones y comunidades religiosas que trabajaron para preservar la fe y ayudar a los perseguidos. El beato también se distinguió como un eficaz intercesor en las dificultades familiares. Magda comenzó entonces a rezarle junto a su esposo y, contra todo pronóstico, el parto transcurrió sin mayores complicaciones. Su hija, Ania, nació sana.

Una nueva prueba y una recuperación inesperada

Los médicos recomendaron esperar antes de considerar otro embarazo. La pareja entonces consideró la adopción. Pero antes incluso de iniciar el proceso, Magda descubrió que estaba embarazada de nuevo. "Nos enteramos en un día simbólico: Nochebuena. Comprendimos que este hijo tan deseado era un regalo de Dios", relata Magda. En su octavo mes, Magda comenzó a sentir dolores de espalda y de costado. Mientras buscaba un lugar tranquilo para rezar, entró en una iglesia capuchina y se encontró cara a cara con el retrato del Beato Honorato de Biała Podlaska. Lo interpretó como una señal providencial y le encomendó a su hijo y el parto una vez más. Dos meses después, su hijo Stas nació sin complicaciones.

Un mes después de dar a luz, Magda supo que la enfermedad aún la aquejaba. También padecía otra enfermedad genética: espondilitis anquilosante. El dolor era a veces tan intenso que ya no podía cargar a sus hijos. Durante el día, su madre los cuidaba, y por la noche, su esposo. Decidió ofrecer este sufrimiento a Dios en oración. Unos meses más tarde, recibió otro diagnóstico: osteoporosis avanzada. "Tenía miedo. Me preguntaba qué iba a pasar después", relata.

Seis meses después de este diagnóstico, durante una misa de sanación oficiada por una figura carismática, escuchó las palabras: "Magdalena está curada de osteoporosis". Convencida de que era ella, se sometió a más pruebas. Los resultados demostraron inequívocamente que la osteoporosis había desaparecido. Los médicos incluso repitieron las pruebas para confirmar lo que apenas podían creer. Para Magda y su esposo, esta curación fue una invitación a intentar tener un tercer hijo. Desde el comienzo de este tercer embarazo, lo encomendaron una vez más al Beato Honorato.

Un accidente providencial y una entrega total a Dios

Unos meses después, Magda sufrió un accidente de coche. El accidente le provocó un parto prematuro y salvó la vida de su bebé. Los médicos descubrieron un nudo grande en el cordón umbilical. Unos días después, podría haberse apretado por completo y su bebé podría no haber sobrevivido. Pero el pequeño Antos nació sano y salvo, y Magda organizó una misa de acción de gracias. Descubrió que se celebraba el día de la festividad del beato Honorato. Magda sonrió: "Lo vi como una confirmación de que él seguía velando por nosotros", confesó.



Magda y su familia / Foto: Archivo Własne -
Aleteia

Poco después, la pareja encontró la casa de sus sueños, por la que habían orado durante mucho tiempo. Fue en esta época cuando nació su cuarto hijo, Krzysiu. Mientras tanto, a pesar del empeoramiento del dolor articular, Magda conoció a un médico que la ayudó a adoptar un estilo de vida más saludable y eso la ayudó a recuperar su vida. Pudo retomar su trabajo como psicóloga y, junto con su esposo, se involucró activamente en la vida de la Iglesia. Hoy, dirige dos grupos de oración para el rezo del rosario.

Al reflexionar sobre su camino, Magda encuentra un hilo conductor: la presencia fiel de Dios a su lado y la constante intercesión del beato Honorato. "Antes de encontrarme con Dios, vivía con un miedo inmenso. Hoy, a pesar de las dificultades, he aprendido a confiarle todo. Esta confianza me trae una paz profunda. Sé que Dios siempre vela por nosotros".

Carla se casó con Juan Chimeno sabiendo que tenía esclerosis múltiple y tienen 3 hijos: «Los malos momentos los pongo en las manos del Señor, mi fuerza, mi baluarte, sin Él no soy nada; hay que apoyarse mucho en Dios»

Juan Chimeno, Carla y sus tres hijos / Foto: Omnes

* «Aún estando de bajón sé que, gracias a Dios, no estoy solo. En esos casos busco un momento para hablar con un sacerdote, y después de hablar con él me confieso. Y gracias a esto cojo fuerzas y retomo la lucha de la vida. Para (imagino que también para muchos) la vida es caer y levantarse. Yo me siento querido por Dios pero me he dado cuenta que nuestra libertad no la puede mover Dios. Él quiere que le amemos libremente, sin nada ni nadie que nos obligue. Dios, que lo puede todo (es todopoderoso), no puede mover nuestra libertad (nadie querría que le quisieran de manera obligada) y eso es muy importante hacerlo saber para que todo el mundo conozca cuánto nos ama Dios y el infinito respeto que tiene a nuestro libre albedrío y la misericordia que tiene con nosotros, que hacemos barbaridades»

Camino Católico.- Juan Chimeno es un madrileño afincado en Zaragoza. Es licenciado en Derecho y padre de tres hijos. Sus primeros pasos los dio en Europa Press, después en Mediapro. Fue funcionario interino en juzgados de primera instancia e instrucción durante varios años. Después trabajó un año en AXA y luego volvió a los juzgados. Le gusta la música, toca la guitarra, ha sido cantante en 3 grupos y es compositor. Durante la carrera empezó como Disc Jockey y ha pinchado en bodas y fiestas. 

En 2008 le diagnosticaron una esclerosis múltiple, aunque ya había sospechas desde hacía años, ya que el primer brote fue en 2001, pero hasta 2007 no empezó a manifestarse. Fue un duro golpe para toda la familia y los amigos, en ese momento se empezó a mostrar claramente, que “Juanchi” (como es conocido por sus amigos) no se iba a dejar llevar por el desánimo.

Sus convicciones le hicieron reconfigurar su vida. Esto trajo a su familia mucha paz en los momentos de desánimo y una gran alegría. Se convirtió en una bendición esta limitación, aunque parezca una contradicción, porque sacó lo mejor de él.

Les demostró que, como dice Marian Rojas, la felicidad no está en lo que nos pasa, sino cómo interpretamos lo que nos pasa. Fue capaz de ser feliz y hacer felices a los suyos. 

Tanto es así que su “chica” maña,  Carla, que la había conocido en 2007, siguió enamoradisima de él, y se casaron en 2011. Viven en Zaragoza desde 2010. En la actualidad tienen tres hijos, dos chicos y una chica, Álvaro de 8, Jacobo de 6 y la pequeña, Marianita, de 3 años. Juanchi está jubilado desde 2017 ya que tiene la incapacidad laboral absoluta y se dedica a su familia y a dejarse cuidar. Álvaro Gil Ruiz entrevista a Juan Chimeno y su esposa Carla en Omnes.

- ¿Cómo os conocisteis? ¿Cómo empezasteis a salir? 

– Juanchi: Nos conocimos por amigos comunes que habían estado ese verano haciendo voluntariado en Nairobi, con las Hermanas de la Madre Teresa. Empezamos a salir porque ella me mandó un SMS y yo pensé, “oye, esta chica parece interesante” y empezamos a hablar y hablar, que es la mejor manera de conocerse, y al final, gracias a un amigo, me lancé y le pedí salir formalmente.

Estuvimos saliendo 4 años en la distancia. Fue duro, realmente duro, porque no era tan fácil ver a la persona a la que quería: teníamos que coger un tren para poder vernos tan solo un día y medio, que sabe a muy poco y había fines de semana que no nos podíamos ver. Pero aún así mereció la pena ya que se valoran las cosas mucho más.

- Juanchi, ¿qué formación tienes? ¿A qué te dedicas? ¿Cuáles son tus sueños?

– Estudié Derecho en la Complutense y años después un MBA en ICADE. Los dos me ayudaron mucho a formar mi cabeza y a abrir la mente, sobre todo por el esfuerzo que implican y las materias que abarcan.

Actualmente me dedico a mi rehabilitación física y a mi familia. En 2016 estaba trabajando como Gestor Procesal en Decanato de Plaza Castilla y gracias a Dios entré en un ensayo clínico en el Hospital Clínic de Barcelona. Eso me hizo replantearme la vida y decidí pedir la incapacidad laboral y gracias a Dios y a la intercesión de D. Isidoro Zorzano, me concedieron la absoluta.

Mis sueños la verdad es que se circunscriben a mi ámbito más cercano: mi mujer, mis hijos, mi curación, amigos, acercar a la gente que conozco a Dios y la música, aunque últimamente, salvo las clases de canto, lo tengo descuidado.

- Y tú Carla, ¿qué estudiaste? ¿Qué haces a nivel profesional? ¿Qué proyectos tienes?

– Yo estudié en Sansueña, un colegio de Fomento, algo que también he elegido para que nuestros hijos estudien allí.

Después estudié Farmacia en la Universidad de Navarra, en Pamplona, un sitio donde me gustaría que estudiaran mis hijos porque es una parte muy importante de mi vida. 

Trabajo en una farmacia con dos de mis hermanos, donde tenemos momentos muy buenos y un poco menos buenos, pero me encanta trabajar con ellos. 

Mis proyectos profesionales están en la farmacia, dado que es el negocio familiar, luchamos cada día para que nos vaya muy bien.

- Carla, ¿cuándo recibiste el diagnóstico de Juanchi? ¿Cómo fueron esos primeros momentos?

– Algo que no se me olvida es cuando le dijimos a mi madre que nos íbamos a casar y justo ese día nos dieron el diagnóstico definitivo de su enfermedad. Mi madre me dijo…”¿estás segura que quieres casarte con él? . Es una enfermedad muy dura. Tendrás que hacerle todo y trabajar mucho para que tenga una buena calidad de vida”. La verdad es que yo dije “¿bueno y qué?”.

Pero mi madre sabía lo que decía, pero en ese momento pensé: “bueno pues ya le ayudaré”. No sé si fue algo inconsciente o no, pero hasta el día de hoy, él puede hacer lo suyo y yo hago todo lo demás, salvo la comida, que la hace él para toda la familia. Y cuando tenga que hacer lo suyo, más todo lo demás, igual digo… “Qué razón tenía mi madre”, jajaja.

¡Pero la vida hay que vivirla al día! Y sobre todo, apoyarse mucho en los planes de Dios, que son como vienen y punto.

- Juanchi, ¿cómo es tu día a día? ¿Cómo superas tus bajones? 

– Voy varios días a rehabilitación, a fisioterapia y terapia ocupacional. Hago la comida y la cena para mi familia (como ha dicho Carla). Además hago la compra y me encargo de las gestiones de casa.

Hay días que no salgo de casa y la verdad es que se hace largo el día, pero bueno, siempre pienso que habrá un mañana que pueda salir.

Lo de los bajones da para hablar mucho. Antes de tener esta enfermedad, era un tipo muy inquieto. Mis amigos de Madrid me conocen y saben que no paraba de hacer planes. Estaba la mayor parte del día fuera de casa y de repente me llegó esta enfermedad. La pérdida de movilidad no fue de golpe, fue poco a poco. Al principio andaba mal, luego iba lento, después tropezando con cualquier obstáculo del suelo. Años más tarde empecé a ir con bastón y llegó un momento en el que decidí que por la calle era mejor ir en silla de ruedas.

No soy de las personas que se quedan muy abatidas o paralizadas cuando le dan una mala noticia de este tipo, o un palo fuerte. Trato de ver cómo seguir adelante y no quedarme parado ante la desgracia o la contradicción que me está pasando. Muchas veces pongo el ejemplo del limón. En esta vida hay que “hacer del limón limonada”. No te quedes con lo ácido de las cosas que te pasan en la vida, dales un cambio y haz limonada de eso que te hace sufrir. El sufrimiento no desaparece pero tu actitud sí puede cambiar. No es inmediato, requiere esfuerzo, pero el resultado es una limonada fresca y muy rica que alegra la vida.

Los malos momentos los pongo en las manos del Señor, mi fuerza, mi baluarte, sin Él no soy nada, y lo que hago es ocupar la cabeza con otras cosas. Pero bueno, en otras ocasiones tengo bajones más grandes, y todo lo malo se hace cada vez más grande, como si estuviera en un hoyo profundo del que fuese imposible salir.

Aún estando de bajón sé que, gracias a Dios, no estoy solo. En esos casos busco un momento para hablar con un sacerdote, y después de hablar con él me confieso. Y gracias a esto cojo fuerzas y retomo la lucha de la vida. Para (imagino que también para muchos) la vida es caer y levantarse.

Yo me siento querido por Dios pero me he dado cuenta que nuestra libertad no la puede mover Dios. Él quiere que le amemos libremente, sin nada ni nadie que nos obligue. Dios, que lo puede todo (es todopoderoso), no puede mover nuestra libertad (nadie querría que le quisieran de manera obligada) y eso es muy importante hacerlo saber para que todo el mundo conozca cuánto nos ama Dios y el infinito respeto que tiene a nuestro libre albedrío y la misericordia que tiene con nosotros, que hacemos barbaridades.

- Juanchi, es comprensible que esta vivencia te haya llevado a conocer de primera mano nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad y nuestra limitación personal. ¿Cómo vinculas esta realidad con Dios? ¿Cómo combinar la humanidad y la trascendencia?

– Yo soy un pequeño siervo que trato de hablar de Dios a todo el mundo porque Él me ha hecho ver que a pesar de mi debilidad y mis miserias me ama infinitamente y que Él no me va a obligar a que le ame, quiere que le ame libremente.

También he visto que Dios se apoya en los débiles y en los enfermos para que se vea su amor sobre nosotros, su omnipotencia y su misericordia. Fue a san Lorenzo a quien las autoridades romanas le exigieron los bienes de la Iglesia tras la muerte del Papa Sixto II. Él se presentó ante el prefecto romano junto a los pobres, enfermos, ciegos, lisiados, viudas y necesitados a los que atendía, afirmando que ellos eran el verdadero tesoro de la Iglesia. Para que se vea aún más la mano del Señor, yo nací un 10 de agosto, día de san Lorenzo, y ese mismo día falleció mi padre a los 67 años.

La humanidad y la trascendencia en mi caso se entrelazan en lo cotidiano, en el día a día.

La cruz que tengo es una cruz del día a día y esto me ha ayudado a trascender y darme cuenta que viene de Dios y que tengo que darle gracias por ello aunque pensar esto es una locura. Muchos pensarán “¿cómo puedes decir ‘doy gracias a Dios por esta cruz’? Tendrías que pensar todo lo contrario, ‘¿Por qué Dios me ha castigado con esta desgracia?’”.

Hace poco, una chica que conozco, María Mora Figueroa, que falleció en abril, me decía: “Dios manda a cada uno lo que podemos llevar mejor”. Me costó tiempo darme cuenta que la cruz que el Señor me había regalado me ha hecho mejor persona. Antes mi cotidianidad no me ayudaba a ser tan trascendental. Pensaba que era buen cristiano pero iba corriendo a todas partes sin prestar atención, sin darme cuenta de lo que de verdad importa.

Ahora, que no puedo casi ni andar, me fijo en infinidad de cosas que antes no veía. Estoy agradecido a Dios por la cruz que me ha dado, aunque tenga que sufrirlo todos los días y esté fastidiado. También he aprendido que a amar se aprende sufriendo, aunque esto daría para otra entrevista.

Todo esto no quita para reconocer que soy pecador y sigo luchando día a día, porque pecados tengo muchos y porque aunque tengas una cruz hay que seguir luchando como cualquiera. 

- Carla, te dirán “¿cómo fuiste tan valiente de casarte?” Y dirás que el amor está por encima de todo. Pero el amor se forja día a día. ¿Qué le dirías a los que están pasando por algo parecido?

– Sinceramente, yo soy un poco rancia. No soy muy cariñosa así que lo que te puedo decir es que lo que a mí me han enseñado es a respetar y comprometerse con educación y respeto. Juanchi es todo lo contrario y por eso nos complementamos. Como muy bien has dicho el amor se forja día a día, la unión se construye día a día y no es todo tan maravilloso como parece. Por lo menos en mi caso.

Como muy bien sabemos todos al principio todo es fantástico y estupendo y luego las cosas se enfrían por eso hay que cuidarlas, ¡pero mucho! La vida es muy dura y más si te vino algo así en la vida. O aprendes a ser positivo y llevarlo lo mejor posible o te hundes. Yo soy farmacéutica y sé que hay millones de cosas para ayudar a estar bien. Pero esa no es la solución. Hay que apoyarse mucho en Dios y ser positivo.  Nadie te da nada, lo tenemos que luchar cada uno.

- Carla, ¿cuánto tiempo tardó en llegar el primer hijo? ¿Cómo nace la decisión tan generosa de ser padres de tres? 

– Tanto Juanchi como yo procedemos de familias numerosas. Y a los dos nos gustó la idea de tener hijos. No sabíamos si esto iba a ser posible o en caso de poder cuántos tendríamos. Nos encantan los niños y tenerlos no es ninguna tontería. Es una gran responsabilidad y hay que trabajar a diario para que sean muy educados y buenas personas. Es una lucha constante.

Nos costó tener el primer hijo 7 años y tuvimos ayuda de la Asociación Española de Naprotecnología. Ahora tenemos tres hijos. La ayuda de mis padres y hermanos, que viven en Zaragoza ha sido muy importante y les estamos muy agradecidos. La familia de Juanchi vive en Madrid y también nos han ayudado mucho.

- ¿Qué proyectos tenéis entre manos?

– Carla: Creo que lo más importante es educar a nuestros hijos en valores y disfrutar cada momento de la vida. 

Viajar nos encanta a los dos, y todavía es posible hacerlo con él. Cada verano hacemos un viaje en familia y el último fue a Roma durante el año jubilar y lo pasamos muy bien. Fuimos con un grupo muy grande y hacer viajes con Juanchi y otras personas, es duro pero es posible. 

- ¿Qué mensajes queréis dar a la sociedad? 

– Dos: “haz del limón limonada” y confiésate más. Dios premia la humildad de reconocer tus pecados, delante de un sacerdote, con una paz verdadera, que no se da a este mundo en ningún sitio.

martes, 7 de julio de 2026

Irene Alonso, madre de 12 hijos: «Si yo no tuviera a Dios en mi vida, sería imposible que sostuviera la familia; vivo descansando en la gracia y solo hay que dejarse llevar, dar tu sí, pequeñito, y con eso el Señor hace maravillas»


Irene Alonso contando su testimonio de fe y vida familiar

* «El día que estábamos enterrando a mi hija Nazaret fui muy consciente del regalo que suponen los hijos y de la poca ascendencia que tenemos sobre ellos. Los hijos no son más que un préstamo y cuidarlos es un privilegio. La muerte de Nazaret fue el primer paso hacia una fe madura, ya que hasta entonces había vivido de la fe heredada de mis padres. Israel, mi marido, lo tuvo claro desde el principio y decía: ‘Nuestra misión con nuestros hijos es que lleguen al cielo, y con Nazaret ya lo hemos conseguido’»

Vídeo del testimonio de Irene Alonso, madre de 12 hijos, en el programa 'Ecclesia es domingo' de 13 TV

Camino Católico.-  En la familia de Irene Alonso, madre de 12 hijos, la fe es el motor principal. "Si yo no tuviera a Dios en mi vida, sería imposible que sostuviera la familia que sostengo", ha confesado. Para ella, cuando se vive "descansando en la gracia, solo hay que dejarse llevar, dar tu sí, pequeñito, y con eso el Señor hace maravillas". Conocida en redes sociales como 'Soy una madre normal', esta madre de 12 hijos comparte el día a día de su familia con más de 200.000 seguidores para luchar contra los prejuicios. En una entrevista en 'Ecclesia es domingo' de 13 TV, Alonso se alinea con el mensaje del Papa León XIV a los jóvenes: no tener miedo al matrimonio.

Mientras que 8 de cada 10 jóvenes españoles consideran que formar una familia es más difícil que nunca, según el último barómetro de The Family Watch. Irene Alonso ha afirmado que entiende el temor de los jóvenes, ya que "el mundo nos empuja a pensar que la felicidad está en la autorrealización", mientras que "la familia es todo lo contrario, es el dejar de ser yo para que sean los demás". Según ella, este principio responde más al Evangelio que a la corriente actual, y aunque el Evangelio "a veces da miedo", al vivirlo se descubre que "solo así se puede ser feliz".

Irene Alonso y su familia hace unos días

La pérdida que afianzó su fe

Uno de los momentos clave en su vida fue la muerte de su cuarta hija, Nazaret, que falleció recién nacida. "El día que estábamos enterrando a mi hija fui muy consciente del regalo que suponen los hijos y de la poca ascendencia que tenemos sobre ellos", ha explicado. Para Alonso, los hijos "no son más que un préstamo" y cuidarlos es un "privilegio".

La muerte de Nazaret supuso un "punto de inflexión" en su vida y fue el "primer paso hacia una fe madura, ya que hasta entonces había vivido de la fe heredada de mis padres”. Su marido, Israel, lo tuvo claro desde el principio: "Nuestra misión con nuestros hijos es que lleguen al cielo, y con Nazaret ya lo hemos conseguido". Irene Alonso siente que su hija, que tenía síndrome de Down, es una "intercesora maravillosa" y asegura que "un hijo en el cielo es como garantía de que nos ganamos el cielo".

El matrimonio, cimiento del hogar

Irene Alonso insiste en que cuidar la relación de pareja es fundamental, ya que "el matrimonio es el cimiento del hogar". Ha advertido del peligro de que los hijos pasen a ser el centro, pues cuando estos se van, los cónyuges pueden encontrarse con "un desconocido después de 20 años de matrimonio", algo que le parece "durísimo".

Irene Alonso con su esposo Israel

Para ella, la conclusión es clara: "Cuidar del matrimonio es cuidar de los hijos". Sostiene que "todo el tiempo que inviertas en mejorar tu matrimonio, lo estás invirtiendo en mejorar la vida de tus hijos", porque ellos repetirán los patrones que ven en casa. Si ven un matrimonio sólido, buscarán lo mismo para sus futuras familias.

Recientemente, Alonso ha hecho un descubrimiento que ha cambiado su forma de ver su vida: "He descubierto que mi vocación no es al matrimonio y a la maternidad, que mi vocación es a ser la esposa de mi marido, específicamente, y a ser la madre de mis hijos". Considera que su historia está "muy bien diseñada" y que en su marido está el "complemento perfecto" para ella.

lunes, 11 de mayo de 2026

Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta, padres de 15 hijos: «Son un don de Dios y me casé confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio; nunca nos planteamos tener X hijos y pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno»


Paloma Carmona González, su marido y sus quince hijos forman la familia más numerosa de la Comunidad de Madrid / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

* «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos  siempre con la ayuda de mi esposo Luis y de Dios que siempre llega donde yo no puedo. Tengo a la Virgen María como Madre y referente, porque me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado» 

 Vídeo del testimonio de Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta en el programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.- «Mi familia nace hace 41 años cuando mi marido, Luis Ángel Soler Areta, y yo decidimos casarnos por la Iglesia y confiando que Dios siempre estuviese en medio de nuestro matrimonio. Él ha sido fiel, ha estado grande y estamos alegres, aunque también hemos tenido dificultades» afirma Paloma Carmona González, madre de 15 hijos, de entre 39 y 16 años, que forma parte del Camino Neocatecumenal, a Sandra Madrid en Infomadrid.

Tener hijos, asegura Paloma Carmona González, fue algo que ella y su marido Luís  nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que Dios les iba indicando / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

El Señor siempre ha sido fiel

Sin embargo, lo que no es tan natural es tener 15 hijos. Algo que, según asegura Paloma, su marido y ella nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que el Señor les fuera trayendo. «Los dos venimos de familias grandes, los dos tenemos nueve hermanos, y nos educaron igual dentro de la Iglesia. Yo me casé muy jovencita confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio. Nunca nos planteamos tener X hijos. Pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno para nosotros», explica a Paula Baena en El Debate.

“No me siento especial, me siento agradecida por haber hecho esta obra que Dios me ha dado. No me planteé cuando me casé en tener muchos hijos, me fié del Señor y he tenido 18 embarazos, tres no llegaron a término, y estos quince hijos son un don del Señor que he recibido bien”, ha explicado Paloma en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV.

Luis Ángel reconoce que el peor momento llegó con el tercer hijo: “Yo decía que si Paloma tiene a uno en brazos y yo a otro, ¿qué hacemos con el tercero que nace? Era una montaña. Pero poco a poco, a lo largo de la historia el Señor, nos fue enseñando a no temer, no hay nada imposible para Dios. Yo decía cómo lo vamos a hacer, el piso... y Paloma me decía alégrate, no temas, nada es imposible para Dios”.

El matrimonio, que pertenece al Camino Neocatecumenal, se conoció en la parroquia. Paloma en un primer momento no veía a su futuro marido como el padre de sus hijos, aunque reconoce que “me atrajo su voz, su forma de cantar”.

Luis Ángel, en cambio, pronto se enamoró de Paloma, que era hija del responsable del Camino Neocatecumenal en su comunidad parroquial. Para la familia, esta realidad eclesial “ha sido la base de nuestro acompañamiento” y el canal para traspasar la fe a sus hijos. “La mayor herencia que nos han dejado nuestros padres es que estamos aquí de paso, que nuestra vida tiene un fin que es el Cielo”.

Para Paloma, la cofundadora de los 'kikos', Carmen Hernández, fue también inspiración en la maternidad: “Ella decía que la mujer tenía el útero, que es la fabrica de la vida”. De ahí que para ella sea doloroso que haya mujeres que rechacen ese don.

Paloma, que estudió Administrativo, explica que decidió no trabajar para cuidar de su familia. Su primer hijo nació a los 15 meses de casarse, «y a partir de ahí empezaron a llegar los demás». Asimismo, destaca que «ha sido fantástico no perderme ni un momento de sus vidas». En este sentido afirma que ha renunciado a mucho pero que ha recibido más. 

Rememora sus inicios como madre -tuvo a sus primeros nueve hijos en nueve años- como complicados, también da gracias porque han sido «muy buenos». «El sueño lo respetaban. Hemos dormido muy bien. Seis horas pero muy bien dormidas», celebra.

Aunque reconoce que a lo largo de la crianza de sus hijos -de los cuales seis todavía siguen bajo el techo paterno, mientras que el resto ya les han dado 28 nietos, y otros cuatro en camino. “Se sabe hasta la fecha de nacimientos de cada uno”, comenta Luis Ángel refiriéndose a su mujer en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV , donde han contado como es la vida en una familia tan numerosa.

Ha habido dificultades y momentos complicados, como cuando su marido se quedó en paro estando ella embarazada de su décimo tercer hijo, subraya que al final el Señor siempre les ha dado lo que han necesitado. «Quiero decir que nunca nos ha faltado de nada. Hemos comido todos los días», subraya.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus hijos y nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

«Educarlos en el amor y en el perdón»

También explica que su oficio- vocación es ser madre. «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos», siempre con «la ayuda de Luis», que es el padre de familia, y de «Dios que siempre llega donde yo no puedo».

Como familia, Paloma destaca que viven muchas alegrías, por ejemplo, cuando ves cómo tus hijos «se quieren, se perdonan, se aman, se ayudan y se aconsejan». En definitiva, «disfrutan unos de los otros». Además destaca que su familia «es una piña». Somos 53 entre hijos, nietos, nueras, yernos. En este sentido recuerda que su marido y ella han intentado «educarlos en el amor y en el perdón», y así que lo hagan con los demás. Y nos da la clave: «fiarnos de Dios». En este aspecto recuerda también a la Virgen María como «Madre y referente», porque «me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado».

Loa comentarios de las personas

Interrogada sobre qué comentarios ha recibido de la gente a lo largo de su vida por tener tantos hijos, Paloma sentencia que le han dicho «muchas tonterías». «¡Me han llegado a decir que si era una equivocación! Pero nosotros siempre hemos dado testimonio de nuestra fe», señala.

Con todo, admite que, al principio, lo pasaba mal porque la gente se metía mucho con ella. «Yo pensaba, '¿pero me meto yo en su vida, señora?'», evoca. «Íbamos en la furgoneta y veías a la gente contando cabezas, y yo salía y les decía ¡vamos diez! o los que fuéramos», cuenta, divertida.

Pero las críticas por sus 18 embarazos, dieron paso a muestras de admiración. «Madres del cole se quedaban asombradas y yo les daba hasta envidia. Me decían 'si yo hubiera hecho como tú, Paloma, y hubiera tenido otro hijo...», declara.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

Paloma señala que su familia llama la atención. Lo que más suele preocupar a la gente es la organización, pero cuando vienen a casa y nos conocen, lo que más les sorprende «es la relación que tenemos entre todos».

Sobre el descenso de la natalidad generalizada que existe en España, esta madre de familia numerosa cree que se debe, en parte, a que «la sociedad ha apartado a Dios de sus vidas y, si apartas al dueño de la vida, ¿para qué vas a dar vida?». Al mismo tiempo, también apunta a que esta generación «valora mucho el trabajo y el dinero, que está muy bien valorarlo, pero no te puede manipular ni condicionar para una serie de cosas».

En este sentido, sostiene que ellos nunca han «hecho las cosas sobre el papel, tipo en agua gastamos X... porque si realmente lo hiciéramos así, no podríamos vivir». «Mi marido, además, ahora está jubilado y todavía tenemos seis hijos en casa, o sea que sería imposible. Pero bueno, de todas hemos salido», agrega.

“Vivimos con un engaño de la sociedad, de que un hijo cuesta tanto, de que si el trabajo, todo se hace un mundo, tienes un hijo y le tienes que llevar a mil cosas... Mis hijos han hecho el deporte que han querido, no les he llevado a mil cosas, y mis hijos son felices. No hay que dar caprichos absurdos a los hijos”, afirma.

Pero esto no significa que todo haya sido un camino de rosas, como sostiene Luis Ángel: “Hemos recibido de nuestros hijos mucho más de lo que hemos dado, pero hemos dormido poco muchas noches, las enfermedades, accidentes, penurias económicas... tantas cosas que hemos tenido pero en todos los acontecimientos ha habido una palabra de esperanza y un mirar al cielo”, ha aseverado.

La educación tampoco es tarea sencilla con quince hijos, pertenecientes a generaciones distintas. El matrimonio tuvo un apoyo importante en sus hijos mayores. “Cuando tuve mi primer hijo y empezó la adolescencia, no había móviles todavía. A mi los móviles no me gustan mucho porque tienen muchos peligros. Viendo la sociedad les vas educando según ves lo que hay. Los mayores me han ayudado en muchos temas como la organización de la casa”, ha expresado Paloma.

Para Luis Ángel, lo más importante es que sus hijos “son buenas personas y se quieren”. De hecho, la relación tan cercana que mantiene la familia genera extrañeza en su entorno: “Somos una piña, con los mayores sobre todo tengo una confianza que no es normal. Yo veo compañeros de trabajo con problemas con sus hijos y es una bendición”.

En este sentido, Paloma asegura no haber sentido ninguna frustración como consecuencia de la maternidad: “Yo tengo una fortaleza fuera de lo normal, he podido con todo y no me he quejado de nada. Eso lo aprendí de mi madre. No me siento frustrada para nada, me siento muy realizada teniendo tantos hijos. No cambiaría nada de lo vivido y hemos pasado situaciones de sufrimiento”.

Una forma de vivir que no ha estado exento de críticas en el exterior: “Cuando iba al colegio con los niños, las mamis se metían conmigo y yo le dije una vez a una: '¿yo me meto con usted? Pues respéteme'. Yo he sido feliz con mi vida”, afirma convencida.