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viernes, 8 de mayo de 2026

Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta, padres de 15 hijos: «Son un don de Dios y me casé confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio; nunca nos planteamos tener X hijos y pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno»


Paloma Carmona González, su marido y sus quince hijos forman la familia más numerosa de la Comunidad de Madrid / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

* «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos  siempre con la ayuda de mi esposo Luis y de Dios que siempre llega donde yo no puedo. Tengo a la Virgen María como Madre y referente, porque me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado» 

 Vídeo del testimonio de Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta en el programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.- «Mi familia nace hace 41 años cuando mi marido, Luis Ángel Soler Areta, y yo decidimos casarnos por la Iglesia y confiando que Dios siempre estuviese en medio de nuestro matrimonio. Él ha sido fiel, ha estado grande y estamos alegres, aunque también hemos tenido dificultades» afirma Paloma Carmona González, madre de 15 hijos, de entre 39 y 16 años, que forma parte del Camino Neocatecumenal, a Sandra Madrid en Infomadrid.

Tener hijos, asegura Paloma Carmona González, fue algo que ella y su marido Luís  nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que Dios les iba indicando / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

El Señor siempre ha sido fiel

Sin embargo, lo que no es tan natural es tener 15 hijos. Algo que, según asegura Paloma, su marido y ella nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que el Señor les fuera trayendo. «Los dos venimos de familias grandes, los dos tenemos nueve hermanos, y nos educaron igual dentro de la Iglesia. Yo me casé muy jovencita confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio. Nunca nos planteamos tener X hijos. Pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno para nosotros», explica a Paula Baena en El Debate.

“No me siento especial, me siento agradecida por haber hecho esta obra que Dios me ha dado. No me planteé cuando me casé en tener muchos hijos, me fié del Señor y he tenido 18 embarazos, tres no llegaron a término, y estos quince hijos son un don del Señor que he recibido bien”, ha explicado Paloma en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV.

Luis Ángel reconoce que el peor momento llegó con el tercer hijo: “Yo decía que si Paloma tiene a uno en brazos y yo a otro, ¿qué hacemos con el tercero que nace? Era una montaña. Pero poco a poco, a lo largo de la historia el Señor, nos fue enseñando a no temer, no hay nada imposible para Dios. Yo decía cómo lo vamos a hacer, el piso... y Paloma me decía alégrate, no temas, nada es imposible para Dios”.

El matrimonio, que pertenece al Camino Neocatecumenal, se conoció en la parroquia. Paloma en un primer momento no veía a su futuro marido como el padre de sus hijos, aunque reconoce que “me atrajo su voz, su forma de cantar”.

Luis Ángel, en cambio, pronto se enamoró de Paloma, que era hija del responsable del Camino Neocatecumenal en su comunidad parroquial. Para la familia, esta realidad eclesial “ha sido la base de nuestro acompañamiento” y el canal para traspasar la fe a sus hijos. “La mayor herencia que nos han dejado nuestros padres es que estamos aquí de paso, que nuestra vida tiene un fin que es el Cielo”.

Para Paloma, la cofundadora de los 'kikos', Carmen Hernández, fue también inspiración en la maternidad: “Ella decía que la mujer tenía el útero, que es la fabrica de la vida”. De ahí que para ella sea doloroso que haya mujeres que rechacen ese don.

Paloma, que estudió Administrativo, explica que decidió no trabajar para cuidar de su familia. Su primer hijo nació a los 15 meses de casarse, «y a partir de ahí empezaron a llegar los demás». Asimismo, destaca que «ha sido fantástico no perderme ni un momento de sus vidas». En este sentido afirma que ha renunciado a mucho pero que ha recibido más. 

Rememora sus inicios como madre -tuvo a sus primeros nueve hijos en nueve años- como complicados, también da gracias porque han sido «muy buenos». «El sueño lo respetaban. Hemos dormido muy bien. Seis horas pero muy bien dormidas», celebra.

Aunque reconoce que a lo largo de la crianza de sus hijos -de los cuales seis todavía siguen bajo el techo paterno, mientras que el resto ya les han dado 28 nietos, y otros cuatro en camino. “Se sabe hasta la fecha de nacimientos de cada uno”, comenta Luis Ángel refiriéndose a su mujer en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV , donde han contado como es la vida en una familia tan numerosa.

Ha habido dificultades y momentos complicados, como cuando su marido se quedó en paro estando ella embarazada de su décimo tercer hijo, subraya que al final el Señor siempre les ha dado lo que han necesitado. «Quiero decir que nunca nos ha faltado de nada. Hemos comido todos los días», subraya.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus hijos y nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

«Educarlos en el amor y en el perdón»

También explica que su oficio- vocación es ser madre. «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos», siempre con «la ayuda de Luis», que es el padre de familia, y de «Dios que siempre llega donde yo no puedo».

Como familia, Paloma destaca que viven muchas alegrías, por ejemplo, cuando ves cómo tus hijos «se quieren, se perdonan, se aman, se ayudan y se aconsejan». En definitiva, «disfrutan unos de los otros». Además destaca que su familia «es una piña». Somos 53 entre hijos, nietos, nueras, yernos. En este sentido recuerda que su marido y ella han intentado «educarlos en el amor y en el perdón», y así que lo hagan con los demás. Y nos da la clave: «fiarnos de Dios». En este aspecto recuerda también a la Virgen María como «Madre y referente», porque «me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado».

Loa comentarios de las personas

Interrogada sobre qué comentarios ha recibido de la gente a lo largo de su vida por tener tantos hijos, Paloma sentencia que le han dicho «muchas tonterías». «¡Me han llegado a decir que si era una equivocación! Pero nosotros siempre hemos dado testimonio de nuestra fe», señala.

Con todo, admite que, al principio, lo pasaba mal porque la gente se metía mucho con ella. «Yo pensaba, '¿pero me meto yo en su vida, señora?'», evoca. «Íbamos en la furgoneta y veías a la gente contando cabezas, y yo salía y les decía ¡vamos diez! o los que fuéramos», cuenta, divertida.

Pero las críticas por sus 18 embarazos, dieron paso a muestras de admiración. «Madres del cole se quedaban asombradas y yo les daba hasta envidia. Me decían 'si yo hubiera hecho como tú, Paloma, y hubiera tenido otro hijo...», declara.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

Paloma señala que su familia llama la atención. Lo que más suele preocupar a la gente es la organización, pero cuando vienen a casa y nos conocen, lo que más les sorprende «es la relación que tenemos entre todos».

Sobre el descenso de la natalidad generalizada que existe en España, esta madre de familia numerosa cree que se debe, en parte, a que «la sociedad ha apartado a Dios de sus vidas y, si apartas al dueño de la vida, ¿para qué vas a dar vida?». Al mismo tiempo, también apunta a que esta generación «valora mucho el trabajo y el dinero, que está muy bien valorarlo, pero no te puede manipular ni condicionar para una serie de cosas».

En este sentido, sostiene que ellos nunca han «hecho las cosas sobre el papel, tipo en agua gastamos X... porque si realmente lo hiciéramos así, no podríamos vivir». «Mi marido, además, ahora está jubilado y todavía tenemos seis hijos en casa, o sea que sería imposible. Pero bueno, de todas hemos salido», agrega.

“Vivimos con un engaño de la sociedad, de que un hijo cuesta tanto, de que si el trabajo, todo se hace un mundo, tienes un hijo y le tienes que llevar a mil cosas... Mis hijos han hecho el deporte que han querido, no les he llevado a mil cosas, y mis hijos son felices. No hay que dar caprichos absurdos a los hijos”, afirma.

Pero esto no significa que todo haya sido un camino de rosas, como sostiene Luis Ángel: “Hemos recibido de nuestros hijos mucho más de lo que hemos dado, pero hemos dormido poco muchas noches, las enfermedades, accidentes, penurias económicas... tantas cosas que hemos tenido pero en todos los acontecimientos ha habido una palabra de esperanza y un mirar al cielo”, ha aseverado.

La educación tampoco es tarea sencilla con quince hijos, pertenecientes a generaciones distintas. El matrimonio tuvo un apoyo importante en sus hijos mayores. “Cuando tuve mi primer hijo y empezó la adolescencia, no había móviles todavía. A mi los móviles no me gustan mucho porque tienen muchos peligros. Viendo la sociedad les vas educando según ves lo que hay. Los mayores me han ayudado en muchos temas como la organización de la casa”, ha expresado Paloma.

Para Luis Ángel, lo más importante es que sus hijos “son buenas personas y se quieren”. De hecho, la relación tan cercana que mantiene la familia genera extrañeza en su entorno: “Somos una piña, con los mayores sobre todo tengo una confianza que no es normal. Yo veo compañeros de trabajo con problemas con sus hijos y es una bendición”.

En este sentido, Paloma asegura no haber sentido ninguna frustración como consecuencia de la maternidad: “Yo tengo una fortaleza fuera de lo normal, he podido con todo y no me he quejado de nada. Eso lo aprendí de mi madre. No me siento frustrada para nada, me siento muy realizada teniendo tantos hijos. No cambiaría nada de lo vivido y hemos pasado situaciones de sufrimiento”.

Una forma de vivir que no ha estado exento de críticas en el exterior: “Cuando iba al colegio con los niños, las mamis se metían conmigo y yo le dije una vez a una: '¿yo me meto con usted? Pues respéteme'. Yo he sido feliz con mi vida”, afirma convencida.

lunes, 20 de abril de 2026

Almudena de Agustín, 26 años, casada con Guillermo y con dos hijos: «iba a las oraciones porque iba el chico que hoy es mi marido, él iba porque iba yo, y al final íbamos los dos por estar con el Señor y crecer en su amor»

Almudena de Agustín cree que el mejor testimonio es vivir la fe en la vida cotidiana y que los demás lo vean / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

* «Recuerdo que hace bastantes años ya, en unos campamentos, que un seminarista dando catequesis nos dijo que la fe era un don y que lo podíamos pedir, y que después de comulgar pidiéramos al Señor que nos aumentara la fe. Y yo lo empecé a hacer, y un día, sin darme mucha cuenta, de repente dije: “llevo todo este tiempo pidiendo al Señor que aumentara mi fe, y lo ha hecho”. Desde ese momento siempre he tenido muy claro que la oración era una parte muy importante para el discernimiento y para ir escuchando cómo el Señor nos va hablando. Con Guillermo tenía muy claro que iba a ser lo que Dios quisiera. O sea, nosotros estábamos en un noviazgo, que al final es al matrimonio lo que el seminario sería al sacerdocio, el tiempo de discernimiento, el tiempo de formarnos, en los temas que van relacionados con esto, y cada vez que íbamos encontrándonos con distintos problemas, o según nos íbamos conociendo, como que el Señor iba confirmando que sí, que efectivamente era la persona que me había regalado para entregarle mi vida y para entregarme al Señor a través de él y formar con él una familia»

Camino Católico.-  Almudena de Agustín vive su fe en la parroquia de Santa María la Mayor en Alcalá de Henares y tiene 26 años. A los 22 se casó con Guillermo y un año después tuvo su primera hija. El mismo día que cumplía 25 años llegó su segundo hijo. Esta joven alcalaína hizo un grado en Lenguas Modernas y Traducción en la UAH y un Máster en Traducción Audiovisual. Compagina actualmente su trabajo como traductora con el de guía turística en la ciudad cervantina, al que accedió gracias a un voluntariado que hizo con la Asociación Nártex en Münster (Alemania). Cuenta su testimonio de conversión y vida en la  web de la diócesis de Alcalá de Henares.

- Almu ¿qué haces tú como joven de 26 años en un lugar como la Iglesia?

- Vengo de familia católica, entonces siempre hemos vivido la fe, en mayor o menor medida, de manera más automática o menos automática, pero gracias a Dios con unos padres muy coherentes. Se comprometieron en mi Bautismo y cuando se casaron a educarme en la fe. Ellos hacían el esfuerzo por mantenernos a mi hermano y a mí cerca de Dios, incluso cuando ellos a lo mejor no lo estaban tanto.

Eso nos sirvió para que después el Señor se fuera valiendo de unas cosas u otras para siempre mantenernos cerca hasta que realmente nos encontráramos con Él. En mi caso fue cuando ya era más independiente: iba a las oraciones de la parroquia de jóvenes de los viernes porque iba el chico que me gustaba, el que después fue mi novio, y el que después es mi marido y el padre de mis hijos. Entonces yo iba porque iba él, él iba porque iba yo, y al final acabamos yendo los dos por estar con el Señor.

Al final tampoco ha sido un proceso de decir “hemos tenido un boom de conversión en un momento dado”, sino que siempre hemos tenido nuestras idas y venidas, siempre estando cerca, siempre creciendo en ese amor al Señor.

- Ver una mujer que se casa con 22 años no es lo normal en el mundo de hoy. Y más por la Iglesia. Tener dos hijos tan joven tampoco es lo “normal”. ¿Cómo vives esto desde la fe?

- Yo recuerdo que hace bastantes años ya, en unos campamentos, que un seminarista dando catequesis nos dijo que la fe era un don y que lo podíamos pedir, y que después de comulgar pidiéramos al Señor que nos aumentara la fe.

Y yo lo empecé a hacer, y un día, sin darme mucha cuenta, de repente dije: “llevo todo este tiempo pidiendo al Señor que aumentara mi fe, y lo ha hecho”. Desde ese momento siempre he tenido muy claro que la oración era una parte muy importante para el discernimiento y para ir escuchando cómo el Señor nos va hablando. Con Guillermo tenía muy claro que iba a ser lo que Dios quisiera.

O sea, nosotros estábamos en un noviazgo, que al final es al matrimonio lo que el seminario sería al sacerdocio, el tiempo de discernimiento, el tiempo de formarnos, en los temas que van relacionados con esto, y cada vez que íbamos encontrándonos con distintos problemas, o según nos íbamos conociendo, como que el Señor iba confirmando que sí, que efectivamente era la persona que me había regalado para entregarle mi vida y para entregarme al Señor a través de él y formar con él una familia.

Llegó un punto en nuestro noviazgo en el que ya llevábamos ya mucho tiempo saliendo, porque estuvimos saliendo desde que yo tenía 16 años, y ya le dije: “A ver,  Guillermo, ¿qué estamos haciendo? ¿Nos vamos a casar o no nos vamos a casar?”.

Él me dijo que no se sentía como preparado para una cosa así, y yo dije: “pero si no estamos preparados para nada”. Uno se pasa todo Bachillerato para acceder a la Universidad y luego llega el primer año de carrera y se estampa y suspende todo. O se saca el carnet de conducir, se prepara muchísimo para aprender a conducir, llega a la primera rotonda con el carnet sacado y no sabe cómo salir a la rotonda.

O sea, realmente lo que te pone en tu sitio es hacer las cosas. Lo único que nos hacía falta para casarnos era tenerlo claro. Una vez teniéndolo claro y sabiendo a través de ese discernimiento, de esa oración, que era lo que el Señor nos pedía, pues no nos hacía falta ni tener más edad, ni tener más recursos, ni tener nada de nada. Solo tenernos el uno al otro con el Señor.

Almudena y Guillermo cuando todavía eran novios / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Tuviste alguna gran crisis dentro del noviazgo? ¿Cómo ayudó el Señor a resolverla?

- No diría que una gran crisis. Al final la espera se te hace larga y estás ahí esperando la confirmación del Señor. Tuve un momento de decir: “pues es que no tengo claro… o sea, a lo mejor entonces lo que tengo que hacer es dejarlo”. Porque al fin y al cabo el noviazgo está para dejarlo: porque te casas o porque lo dejas.

Y me acuerdo que se lo conté a una amiga mía, que es la que ha vivido todo nuestro noviazgo muy de cerca y luego incluso estuvo presente el día que nos comprometimos. Se lo dije, yo toda triste, y me dijo: “¡Cómo me alegro de que me estés diciendo esto! Porque esto significa que es que os vais a casar seguro”. Claro, yo me quedé totalmente descolocada. Ella fue capaz de ver algo que yo no estaba viendo en ese momento. El Señor te confirma las cosas también a través de la gente que tienes a tu alrededor, la gente que te quiere. Y ella se dio cuenta de que realmente mi duda era porque ya el noviazgo estaba llegando a su fin, ya teníamos claro que lo que teníamos que hacer era dar otro paso. Y nos queríamos mucho y sabíamos que queríamos pasar nuestra vida juntos, compartir nuestra vida juntos y ser ayuda mutua para el otro, para llegar a la santidad. Y no lo íbamos a dejar, evidentemente.

- ¿Cómo es ir a contracorriente en este mundo?

- Pues a nosotros nos ha resultado relativamente fácil porque no lo hemos hecho solos. Tuvimos acompañamiento durante el noviazgo, en lo que ahora han llamado “El taller del orfebre”, cuando todavía no tenía nombre, con Marta y Borja. Todos poníamos en común nuestras dificultades, cómo lo vivíamos, lo difícil que lo pone el mundo… Porque yo lo hablaba con otras amigas mías y ninguna lo entendía. Todas me preguntaban que por qué no me iba a vivir antes con Guille, antes de casarme… Y yo les decía: “mira, es que a mí no me hace falta el mes gratis de prueba de Spotify para saber que quiero la suscripción Premium”.

Con ese grupo ya entablamos amistad, nos prometimos todos a la vez, nos casamos todos a la vez, somos padrinos unos de los hijos de los otros…

Lo que no sepas tú del amor te lo inventas y te lo inventas en base a lo que te viene del exterior, pues las películas, las series… Y normalmente no es un amor ordenado el que te muestran ahí. El tener a alguien que te pueda ir acompañando, que te pueda ir mostrando la verdad del amor humano, del amor como Dios lo ha pensado para el hombre, es súper necesario. Hacerlo acompañado es lo mejor que se puede hacer.

Yo animaría a todos los novios a que se apunten al Taller del Orfebre, que vivan su noviazgo también acompañados. Lógicamente las decisiones finales las vais a tomar vosotros con el Señor, pero no es una cosa de “yo me lo guiso, yo me lo como”. Hay más gente en la misma situación, hay más gente pasando por las mismas dificultades y apoyarse unos en otros es lo mejor que se puede hacer.

- ¿Cómo evangelizas en tu día a día?

- Tampoco considero que haga grandes cosas, ya simplemente creo que el hecho de vivir la vida que vivo, estando casada tan joven, teniendo los hijos tan joven… ya impacta bastante a la gente de mi alrededor que no cree y tienden a plantearse el por qué lo hago.

Nuestro hijo cuando nació se puso muy malito y he tenido amigas que no creían y que me han dicho: “que sepas que he estado rezándole a Dios por tu hijo, que yo no sé si me escucha, pero como sé que para ti es importante, he rezado yo también”.

En el turismo sí que encuentro un momento de encuentro con mucha gente, que no necesariamente tiene por qué conocer al Señor, que Dios me regala para enseñarles lo que hay, porque es lo que aprendí en Nártex. Todos mis visitantes se comen una catequesis interesante. En los últimos meses he estado diseñando un guión de visita guiada que es explícitamente una catequesis: “Alcalá y el Cielo”. Es Alcalá de Henares desde el punto de vista de la fe.

Entonces yo no voy a las Bernardas y hablo del estilo barroco y ya está, sino que hablo de por qué la belleza necesariamente nos lleva a Dios, de cómo el hombre como artista está hecho a imagen y semejanza de Dios. Hablo de la carta de San Juan Pablo II a los artistas… cosas así…. O hablo de los testimonios de los santos y no me quedo solo en la historia… Explico el sentido de que el matrimonio de Antezana quisiera, aun no habiendo tenido hijos, que su matrimonio fuera fecundo y dejar una huella realmente en Alcalá y que sirviera también para abrirse a los demás y para darse a los demás. O sea, explico todas las cosas que se explican en todas las visitas habidas y por haber, pero dándoles un sentido desde el punto de vista de la fe. Yo hago lo que lo que hacen la Asociación Nártex: intento hacer hablar a las piedras.

Almudena de Agustín, a la derecha de la imagen, y otras dos jóvenes durante su estancia en la Catedral de San Pablo en Münster (Alemania), como parte de un proyecto Nártex / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Qué es Nártex?

- La asociación Nártex es una asociación que se dedica principalmente a la difusión del arte desde el punto de vista de la fe y a la difusión de la fe valiéndose del arte. Todos los veranos organizan unos proyectos junto con otras asociaciones internacionales en distintas iglesias y catedrales por toda Europa para mandar voluntarios que acojan a los turistas españoles cada uno en donde le toque. Aquí en España hacen muchos proyectos, por ejemplo en Torreciudad, en Madrid siempre hacen alguno….

Yo estuve en Alemania, en la Catedral de San Pablo, en Münster. Otra gente ha ido a Milán, a Brujas… Y es un voluntariado muy bonito, porque normalmente pensamos en voluntariado como irse a ayudar materialmente, ¿no? Como un voluntariado con las Hermanas de la Caridad; pero esto realmente también ayuda a gente que lo necesita en otro sentido. Porque como decía, con mi trabajo «se te ponen a tiro» muchos turistas que no necesariamente tienen por qué conocer a Jesús, a Dios, y tienes la oportunidad de hablarles de Él desde lo que están viendo a través de sus sentidos, desde las obras de arte, desde la arquitectura, desde la escultura, desde la pintura que hay en esa iglesia, y explicarles el sentido que tiene cada cosa.

Yo recomiendo a todo el mundo hacerlo, la verdad.

- ¿De qué manera has encontrado a Dios en el grado de Lenguas Modernas y Traducción?

- La traducción no deja de ser tender puentes entre distintas personas que no se entienden por la barrera de la lengua, del idioma. Y es hacer posible ese entendimiento. Yo estoy soñando con que me manden traducir un libro de Christopher West, por ejemplo, que yo los he disfrutado mucho en inglés y hay muchos que no están en español todavía. Y yo estaría encantada de que me mandaran traducir cosas de ese estilo para para poder acercar a la gente que habla español textos en inglés que les pudieran enriquecer en su vida personal. No sólo de literatura que tenga que ver con el ámbito espiritual, sino en cualquier sentido.

O sea, yo que traduzco series, que traduzco películas… al final es posibilitar el acceso a la cultura y a cualquier texto en otro idioma a la gente que lo necesita. A través de la cultura uno también se puede acercar al Señor, lógicamente.

- ¿Piensas que la juventud está receptiva a Cristo dentro del ámbito de las Humanidades?

- Yo diría que están receptivos a algo y simplemente no saben cómo llamarlo. Porque al final, la gente que se dedica a las humanidades, la gente que se dedica al arte, a la cultura… es consciente de que el mundo no es solamente matemático… El hombre es mucho más grande de lo que parece y el hombre puede hacer muchas cosas.

Yo creo que son conscientes en el fondo de que existe una grandeza detrás del hombre y detrás de lo que puede hacer, pero no saben darle nombre. Pero yo estoy segura de que si estuvieran dispuestos a abrir las miras y explorar otros caminos, lo que ellos hacen podría llevarles hasta esa conclusión. Como ha llevado a tantos otros, a San Agustín… Él lo cuenta perfectamente en el «Tarde te amé», que a través de los sentidos es a través de lo que acabó llegando al Señor.

- ¿Cómo hablas de Dios con tus amigos no creyentes?

Ha llegado el punto en el que intento no forzarlo. Ya solo con el ejemplo de mi vida ellos son perfectamente conscientes de lo que hay y saben que cuando quieren preguntar yo les voy a contestar. De hecho, como al final lo que ven más en mi vida es la parte de mi matrimonio, mi maternidad… me hacen muchas preguntas que tienen que ver con el tema, porque ahora mismo el amor humano se trata como se trata, y hay mucha equivocación y no entienden el cómo lo vivo yo.

Por ejemplo me hacen muchísimas preguntas que tienen que ver con la teología del cuerpo y yo les explico lo que quieran pero siempre me suelo encontrar con que el tope de la conversación llega donde empieza o termina la fe. Yo les puedo dar los argumentos más humanos y más comprensibles y hasta cierto punto lo entienden pero llega un punto en el que sin Dios no se entiende que yo viva las cosas como las vivo. Gracias a Dios tengo unas amigas muy abiertas al diálogo y que no juzgan mi manera de vivir, ni yo la suya, mucho menos. Y sí que podemos compartir muchas cosas.

No creo que me mis amigas me hayan oído en ningún momento juzgar ninguna de sus vivencias ni dejarlas de lado porque vivan de una manera diferente a la mía. La más antigua hace 10 años que somos amigas y siempre he estado a su lado. Estoy dispuesta a seguir a su lado siempre porque la quiero muchísimo. Y es eso, vivir la vida con sencillez y con naturalidad, no es mucho más complicado que eso.

Almudena de Agustín, joven feligresa de la parroquia de Santa María la Mayor, trabaja como guía turística en el casco histórico de Alcalá de Henares / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿Ha habido algún punto de inflexión en tu vida de fe?

- Sí. Quizá el más gordo fue cuando nació nuestro segundo hijo; estuvo muy malito, casi se nos queda por el camino y luego tuvo ciertas complicaciones que luego se han ido solventando y el niño está estupendo. A nosotros se nos pone malo el niño a los 15 días de vida, aproximadamente. Lo tenemos que dejar en el hospital solito, porque por las noches nos “echaban” de la unidad de neonatos, nos decían que nos fuéramos a casa a descansar, lógicamente, y a pesar de ser la situación la que era, y siendo yo como soy, que me suelo agobiar mucho, la gente a nuestro alrededor, la psicóloga del hospital, nos preguntaban cómo estábamos… y a todo el mundo le sorprendía porque nos veían muy enteros.

Y es verdad que estábamos muy enteros y lo vivimos con muchísima paz, porque fue llegar a Urgencias, que nos dijeran lo que podía ser, y los mensajes que mandamos para informar fueron a la familia y a nuestros grupos de la parroquia, al grupo de matrimonios y demás para poner en marcha “la máquina”. Y llegó a nuestros oídos que acabaron rezando por el niño incluso monjas de clausura en Ciudad Real, en todas partes…

Realmente fue un momento muy duro en el que nos sentimos totalmente sostenidos por la Iglesia y por el Señor. Nos apoyamos mucho el uno en el otro, nos unimos mucho como matrimonio.

A mí se me echaban a llorar otras madres en la unidad de neonatos cuando les contaba lo que le pasaba al niño. Me decían: “¿y tú por qué no lloras?” Yo decía: “pues porque tengo bastante esperanza en que todo va a ir bien y que va a ser lo que Dios quiera, que Dios sabe más que nosotros y va a ser Dios el que cuide a nuestro niño y el que nos cuide a nosotros”.

Fuimos muy conscientes en todo momento de que fue la oración de otros, el vivirlo en comunidad y el vivir en la familia de la Iglesia, lo que nos mantuvo a flote en todo momento para afrontarlo.

- ¿Cómo se concreta tu fe en el día a día?

- Pues nuestro día a día se rige mucho por lo que toca en cada momento. Nada te pone los pies más en la tierra que tener niños pequeños. Durante el día es verdad que no tenemos la posibilidad ahora mismo ni de dar catequesis como siempre habíamos hecho, ni de participar de otros grupos, ni de ir a las oraciones de matrimonios, porque son horas en las que ya estamos en la “hora de la santidad”: estamos dando baños, cenas, acostando niños…

Es verdad que a nosotros al principio nos supuso un poco de frustración el no poder llevar la vida que llevábamos antes. Pero es una cosa muy lógica: el Señor no quiere que vivamos la vida que vivíamos antes, quiere que estemos viviendo nuestra entrega en el momento, en lo que necesitan nuestros hijos en cada momento. Entonces nosotros ¿rezamos? Sí, rezamos mucho con los niños.

Nuestra hija es espectacular porque de vez en cuando hace unas cosas… De repente, está tan tranquila jugando y es de las que te viene y te dice: “Mamá ¿podemos parar a rezar por las almas del purgatorio?” Y te hace parar todo lo que está haciendo para dedicar un ratito a rezar por las almas del purgatorio o por lo que quiera pedir cada vez.

Todas las noches rezamos con ellos… ya a la mayor le van surgiendo preguntas. El pequeño cuando tiene hambre, por ejemplo, como no sabe hablar, solo pide galletas, que es lo único que dice, o se santigua. Va santiguándose para bendecir la mesa porque te está diciendo que tiene hambre y sabe que lo primero que hacemos es bendecir la mesa. Al final son ellos los que nos ponen en nuestro sitio. Tienen perfectamente claro que los domingos el centro del día es la Misa y luego santificar las fiestas. No perdonan el aperitivo con los amigos de la parroquia. Son ellos los que nos permiten realmente centrar nuestra entrega en lo que tenemos que hacer y no perdernos en cosas que no son las que tocan en ese momento.

Es verdad que es difícil a veces, con el cansancio, sacar un rato de oración personal cada uno, pero al final tenemos claro que también estamos muy cerca del Señor, que nos va regalando muchas gracias para ir haciendo lo que tenemos que hacer en cada momento, que al final es un poco lo esencial ahora, sobre todo en la etapa en la que estamos, que son tan pequeños.

Pensábamos que les íbamos a enseñar nosotros muchas cosas y no, nos están enseñando muchas ellos a nosotros.

Almudena de Agustín y Guillermo el día de su boda en 2022 / Foto: Diócesis de Alcalá de Henares

- ¿De qué forma contribuís en la Diócesis?

Ahora mismo en las cosas de la Delegación de Familias y en la parroquia hacemos lo que podemos y lo que nos van pidiendo. Por ejemplo, en la parroquia, si me piden que vaya a ayudar con el coro, pues evidentemente voy. Participamos en los encuentros de familias con el obispo, siempre hacemos por ir y echamos un cable con lo que nos pidan. Intentamos estar disponibles dentro de nuestras limitaciones horarias impuestas por dos personas pequeñitas.

De momento seguimos haciendo por participar en todo lo que podemos y en todo lo que está pensado para que las familias puedan participar. Mantenemos un grupo de matrimonios, mantenemos un grupo de vida en la parroquia, nos juntamos también cada mes para compartir y para hablar de diversos temas y vivir la fe en comunidad, que al final es lo importante. En ese sentido no estamos solos; con el cole también tenemos la oportunidad de hacer cosas que nos van planteando, que nos van proponiendo

- Un libro que recomiendes para conocer más la fe

- Bailar en la cocina, de Pep Borrell

- Un santo o beato que sea un referente para ti

- Santa Mónica. Es ejemplo de madraza que tenía claro en qué consistía su vocación: ella estaba para ayudar a salvar a su marido y a su hijo. Para entregarse a ellos, y esa entrega se concretaba en su oración.

Termina la frase:

Los jóvenes son… el futuro de la Iglesia.

Los jóvenes esperan… el encuentro con quien les ama.

La fe de los jóvenes… tiene mucho que ofrecer.