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lunes, 22 de junio de 2026

Jesús Cabello, cantautor católico al que la Virgen sanó de una leucemia: «Tuve un encuentro con Jesucristo impresionante y supe que está vivo y que tengo una misión»

Jesús Cabello interpretando una de sus canciones / Foto: Instagram de Jesús Cabello

* «A los 4 años ocurrió el milagro. En julio me hicieron una analítica de rutina y nos fuimos de vacaciones a la playa. Dos días después, el hospital llamó a mis padres diciendo que los resultados habían salido muy mal y que debían regresar de inmediato. Mi madre cuenta que, hasta ese momento, su oración había sido de reproche. Pero en ese instante de desesperación, cambió su forma de orar y dijo: ‘Mira, Señor, acepto tu voluntad, pero si sobrevive, te lo entrego’. De camino a Córdoba, pasaron por la aldea de Almonte, donde está la Virgen del Rocío. Allí mi madre se puso de rodillas ante el sagrario y la Virgen, y repitió su promesa»

En el vídeo, el cantautor Jesús Cabello cuenta su testimonio de vida en la Catedral de Córdoba ante el obispo de la diócesis y más de mil jóvenes de los colegios religiosos de la provincia en octubre de 2018

Camino Católico.- Hay historias que permiten percibir el amor de Dios de forma casi tangible, especialmente cuando, en medio del dolor, aparece una luz que transforma todo alrededor.

Así sucedió en la vida de Jesús Cabello, un músico español que apenas con 18 meses de nacido le detectaron una leucemia linfoblástica y un linfoma leucemizado. Esta noticia marcaría un antes y un después.

En 1985, se sometió a un tratamiento en Europa que, en ese momento, era experimental y no había sido probado en niños. Él mismo relata que varios de sus compañeros sufrieron reacciones severas e incluso algunos fallecieron años después. Sin embargo, aunque recibió el mismo medicamento, no perdió el cabello ni la vitalidad.

Jesús Cabello cuando era pequeño / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

A pesar de ello, el tratamiento no era suficiente para su condición, por lo que los médicos sugirieron un trasplante de médula. Su hermano era el único posible donante, pero tenía apenas 10 años, así que la familia decidió no asumir ese riesgo.

El milagro que cambió su historia

“A los 4 años ocurrió el milagro. En julio me hicieron una analítica de rutina y nos fuimos de vacaciones a la playa. Dos días después, el hospital llamó a mis padres diciendo que los resultados habían salido muy mal y que debían regresar de inmediato. Mi madre cuenta que, hasta ese momento, su oración había sido de reproche. Pero en ese instante de desesperación, cambió su forma de orar y dijo: ‘Mira, Señor, acepto tu voluntad, pero si sobrevive, te lo entrego’. De camino a Córdoba, pasaron por la aldea de Almonte, donde está la Virgen del Rocío. Allí mi madre se puso de rodillas ante el sagrario y la Virgen, y repitió su promesa”, explica a Aleteia.

Cuando llegaron al hospital, tres horas más tarde, le repitieron los estudios. Esta vez, el resultado fue sorprendente: la enfermedad prácticamente había desaparecido: “En los análisis aparece que la enfermedad está remitiendo. Años después, a los ocho años me quitaron un linfoma en el cuello que no habían visto hasta entonces y estuve cuatro años viviendo con ello más sano que una pera”.

Años después, cuando tenía ocho años, su madre notó una protuberancia en su cuello mientras lo peinaba. Acudieron al médico de inmediato, donde le extirparon un linfoma del tamaño de una cereza que había permanecido enquistado durante todo ese tiempo. A partir de ahí, su recuperación fue inmediata.

Jesús confiesa que, al haber vivido con esta enfermedad desde tan pequeño, nunca percibió algo fuera de lo normal. Incluso llegó a pensar que todos los niños pasaban por estudios médicos similares. No fue sino hasta que su hermana mayor le contó la verdad que comenzó a cuestionarse su propia historia:

“¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué otros compañeros del hospital han muerto? Al hacerte esas preguntas, terminas encontrándote con Dios”.

El papel de su mamá ha sido clave para hacer crecer su fe y la relación con Dios: “Recuerdo que mi madre me enseñó las oraciones más básicas. Con apenas diez años me invitaba a acudir a Misa solo. Supongo que lo hacía con el objetivo de que madurara mi relación personal con Dios. Me iba una hora antes, cuando todavía no había nadie. Me colocaba siempre en el segundo banco de una nave lateral y me sentía muy bien. Pensaba en mis cosas y hacía un repaso de todo lo que puede preocupar a un nene de esa edad. Nunca me sentí solo, al contrario. Estaba súper a gusto. Alguna vez se me acercó el párroco a preguntarme si me pasaba algo o tenía problemas en casa, pero yo le respondía que no con cara de sorpresa. Luego llegaba la Misa de la que me enteraba más bien poco, pero en la consagración siempre me latía el corazón muy fuerte. Volvía a casa con la sensación de haberme hartado de hablar con alguien. Ahora me sorprendo de todo aquello y le pongo nombre a tanto misterio que me atraía poderosamente. Esos ecos todavía resuenan hoy en mi corazón”.

Y subraya que "es curioso que, a pesar de haber tenido una experiencia de oración tan prematura, mi hermano Pedro me ayudó a encauzar todo aquello y me enseñó la Oración de la Iglesia cuando apenas empezaba la universidad.  Ya no me funcionaba ir de salvaje por la vida (ríe). Aquello me permitió hacer oración con la Palabra de Dios. Durante esos años de noviazgo con Paloma, la oración encendió luces en nuestro camino y llegamos a conclusiones preciosas que nos salvaron de caer en una vida sin sabor".

Jesús Cabello con su esposa, Paloma, en la pasada Semana Santa 2026 / Foto: Instagram de Jesús Cabello

El encuentro que le dio sentido a todo

Por esos mismos años, comenzó a tocar la guitarra mientras su hermano le enseñaba algunas canciones. Aunque reconoce que al inicio no cantaba bien, la música despertó en él una alegría profunda.

Asistía a Misa con regularidad y, a los 17 años, participó en unos ejercicios espirituales que marcarían su vida. El 18 de agosto de 2001, mientras oraba en un jardín, rompió en llanto al experimentar un abrazo, un calor y un amor que nunca antes había sentido. En ese momento comprendió el rumbo de su vida: “no quería nada que no fuera Jesucristo. Sentí un abrazo que me cambió la vida. Tuve un encuentro con Jesucristo impresionante y supe que está vivo y que tengo una misión. El cantante cristiano debe tener una historia con Dios, una relación constante de acercamiento y perseverancia. De lo contrario, podemos cantar como los ángeles pero no llegaremos al corazón de los que nos oyen. Dios sólo es el que puede cambiar las vidas, no un músico. Si quieren hacer música católica, aprendan a hacer oración”.

Durante esos mismos ejercicios, recibió el don de la inspiración y comenzó a escribir canciones que expresaban lo que llevaba dentro. Grababa estas composiciones en CDs para amigos y familiares, pero pronto notó que comenzaban a difundirse con rapidez.

Jesús Cabello en el tiempo después que tuviera su encuentro con Cristo. A la izquierda, cantando y, a la derecha, con su novio y hoy esposa, Paloma / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

Al año siguiente, regresó planteándose la vocación sacerdotal, influido también por el camino de su hermano, que se había ido al sacerdocio. Sin embargo, fue ahí donde conoció a Paloma, quien se convertiría en su esposa. Tras siete años de noviazgo, se casaron en esa misma casa de espiritualidad en La Zubia (Granada), porque —como él mismo dice— “allí conocimos a Dios y nos conocimos nosotros”.

"Con la oración encuentro sentido a lo que estoy viviendo"

“La oración propicia un encuentro real con Jesús que nos enamora, no nos hace santos de un día para otro y conocemos la medida del Amor que nos cautiva. La oración no es un momento de relax ni de mindfulness. La oración es una relación de amor real que va ordenando el corazón sin desanimarnos, poco a poco, y a través de la cual entendemos qué sentido tiene nuestra existencia. Nunca he sentido la necesidad de orar solamente cuando la vida golpea fuerte, aunque reconozco que en estos momentos es absolutamente fundamental. Independientemente de cómo esté, necesito sentarme para hablar y escuchar. Sí es cierto que cuanto más rezo siento que no actúo yo, sino que voy en volandas. El fruto de todo lo que hacemos se multiplica”.

Y luego puntualiza cómo lo hace ante su paternidad: "A partir de ser padre y de enrolarnos en la frenética rutina, no dispongo de tanto tiempo diario para orar. Muchos sacerdotes me han dicho que una manta de retales también calienta, que aproveche los pequeños momentos que pueda; pero confieso que no es lo mismo. Cuando llega el fin de semana busco 'mi ratito' como un desesperado".

Jesús Cabello comparte cómo reza: “Me gusta orar recién levantado, sentado en la cama. Un sacerdote me explicó una vez que cuando oramos nuestro corazón es como una cebolla: hay que ir quitando capas. Al principio, siempre es complicado centrarse y los proyectos inmediatos se estrellan en la cabeza como kamikazes. También las preocupaciones que nos despistan. La Oración de la Iglesia, los Laudes en este caso, me ayudan a ir entrando en actitud de escucha. Después de la lectura breve empieza ‘el diálogo’. No dejo de sorprenderme cuando llego a esos problemas aparentemente irresolubles y soy testigo de que se van disolviendo hasta quedar en casi nada. Cuando consigo llegar más al centro de la ‘cebolla’, encuentro el sentido de lo que estoy viviendo, incluso contradiciendo lo que minutos antes defendía como una posible solución. Alguien me orienta con una paciencia tremenda. La sensación final siempre es de agradecimiento. Me quedo nuevo”.   

Y luego argumenta por qué recomienda la oración: “En 2007 comencé un grupo de oración de jóvenes en mi parroquia. Fui uniendo cabos a circunstancias que me iba encontrando y acabamos cerca de cuarenta preparando oraciones en una pequeña sala de la parroquia. No era nada extraordinario. Se adecentaba una sala, cantábamos, leíamos el Evangelio de ese domingo y compartíamos lo que nos había inspirado. Poco más, pero algunos se emocionaban y lloraban con verdadera necesidad. Durante ese curso académico fue un éxito rotundo. Yo aluciné; no me ha vuelto a pasar. Soy testigo de todo el bien que hizo en unos y otros, y todavía lo recordamos con asombro. ¡Hasta salió un cura de ahí! Quizás en la Iglesia le prestamos demasiada atención a la formación. Tenemos mogollón de horas de catequesis en las parroquias, además de los sacramentos; pero apenas hay encuentros de oración donde puedan reunirse en comunidad laicos con toda clase de circunstancias para abrir el corazón con la Palabra de Dios. Debemos acercar a la gente a Jesús. No podemos empezar la casa por el tejado”.

Y añade: “Orar con música supone acercarse al silencio donde Dios habla. La música no es un fin, sino un medio. A mí me pasa. A veces he cantado alguna canción y he sentido la necesidad de callar y escuchar después. En ocasiones, los aplausos de los conciertos no ayudan a que el mensaje de una canción cale dentro, repose y dé fruto, sino que lo espanta. No es lo mismo servirse de la música en una Adoración que en un concierto. Lo primero adquiere todo el sentido, pero insisto en que la música es solo un medio”.

Una fe sostenida por la Virgen

Jesús también compartió un momento especialmente doloroso en su vida matrimonial. En 2010, él y su esposa atravesaron un aborto. Tiempo después, su esposa comenzó a acudir con frecuencia a una iglesia con adoración al Santísimo, donde solía detenerse ante la imagen de la Virgen de Guadalupe para rezarle “de madre a madre”.

Poco tiempo después, quedó embarazada nuevamente. Su hijo nació el 12 de diciembre de 2012, justamente el día de la Virgen de Guadalupe. Desde entonces, esta advocación ocupa un lugar muy especial en su familia.

Una vocación que se vive en lo cotidiano

La música es una parte esencial de su vocación, aunque no la única. También es maestro de literatura para jóvenes y padre de familia. Aunque ha tenido la oportunidad de presentarse en países como Panamá, Estados Unidos, Italia o Polonia, compartiendo escenario con músicos de talla internacional, ha comprendido que el don recibido implica también una responsabilidad.

“En 2017 me propusieron mudarme a Estados Unidos para vivir de la música, con todas las facilidades, pero dije que no. Por mi forma de ser, no podría vivir solo de los focos, los aplausos y los viajes, desarraigándome de mi familia. Necesito tener los pies en el suelo, y la rutina del día a día con mis alumnos me aporta muchísimo”.

Jesús-Cabello en una de sus interpretaciones / Foto: Instagram de Jesús Cabello

Jesús vive tres vocaciones que se integran y dan forma a la persona que es hoy. Busca compartir aquello que ha recibido:

“Cuando canto o pongo al servicio mis talentos, siento una profunda misericordia. Siento que tengo una deuda con Dios, porque me ha regalado dos vidas (al nacer y al sanarme), algo que otros compañeros no tuvieron. La música y los conciertos son solo una forma de corresponder, aunque sea mínimamente, a lo que Dios ha hecho por mí”.

Jesús Cabello en plena actuación / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

Así, testimonios como este muestran cómo Dios toca el corazón de quienes se abren a Él y los acompaña en sus dones. Jesús adelantó que su nuevo disco saldrá el 17 de junio, en el que busca narrar todo lo que Dios ha hecho en su vida, convirtiéndolo en alabanza. “Estamos aquí de paso y, como decía San Felipe Neri: ‘Yo prefiero el paraíso’”.

La oración que recomienda: “La letanías de la humildad”

A la hora de recomendar una oración, Jesús afirma que hay muchas que le han ayudado. «En la universidad conocí las Letanías de la humildad del cardenal Merry del Val y me hicieron mucho bien. No es fácil subirse a un escenario y tener el corazón en su sitio. Creo que a cualquier joven católico le vendría muy bien en este tiempo selfie que nos ha tocado vivir». Así ser rezan:

Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón parecido al tuyo.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor

del deseo de ser honrado, líbrame, Señor

del deseo de ser aplaudido, líbrame, Señor…

Concédeme, Señor, el deseo de que otros sean más amados que yo,

de que otros sean más estimados que yo,

de que otros crezcan susciten mejor opinión de la gente y yo disminuya…

De ser desconocido y pobre, Señor, me alegraré…

Dios mío, no soy más que polvo y ceniza…

viernes, 13 de marzo de 2026

Anne Yoches, jugadora de fútbol americano, llevó una vida de excesos, hasta que una homilía y la adoración la llevaron a ser monja: «Quería más de Jesús»


Anne Yoches, a la izquierda jugando al fútbol americano, y al lado como monja que al hacer los votos tomó el nombre de Rita Clare Yoches 

* «Salía toda la noche del viernes y toda la noche del sábado, pero siempre, siempre, iba a misa los domingos. Aun así, nunca me paraba a escuchar realmente a lo que Dios me estaba intentando decir… El sacerdote hablaba sobre la Comunión, y me di cuenta de que yo estaba comulgando en pecado. Necesitaba confesarme urgentemente… En la Adoración Eucarística es donde realmente sentí que Dios Padre me abrazaba y me apretaba contra su pecho como solo un padre puede abrazar a su hija. Y mi vida cambió para siempre» 

Camino Católico.- Anne Yoches, exjugadora de baloncesto de la Universidad de Detroit Mercy, dejó atrás su prometedora carrera deportiva para dedicarse a una vida de oración y servicio como monja franciscana. Conocida ahora como Sr. Rita Clare, vive en una comunidad religiosa en Steubenville, Ohio, donde combina su amor por el trabajo en equipo con una devoción profunda a Dios, ayudando a jóvenes y personas necesitadas.

Cuando era estudiante-atleta en la Universidad de Detroit Mercy, Anne Yoches se levantaba a las 5 a.m. para asistir a los entrenamientos de baloncesto que comenzaban una hora después y duraban tres horas. Hoy en día, sigue levantándose al amanecer, pero por un propósito completamente distinto. 

La hermana Rita Clare Yoches, TOR, asiste a un partido de baloncesto de la Universidad de Detroit Mercy contra Toledo el 16 de noviembre, acompañada por la ex entrenadora Anne Rexford y sus compañeras de equipo Molly Peterson, Tia Winters y Michelle James. En el entretiempo, la hermana Rita Clare recibió el prestigioso premio Fr. Norbert Huetter de la universidad, otorgado a quienes sirvieron en la misión de San Ignacio de Loyola como "hombres y mujeres para los demás" / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

«Ahora me despierto a las 5 a.m., rezo durante cuatro horas al día y luego realizo labores ministeriales con jóvenes universitarios o con personas necesitadas, enfermas o pobres», explica Yoches al Detroit Catholic, quien ahora es conocida como Sr. Rita Clare, miembro de las Hermanas Franciscanas T.O.R. de la Penitencia de la Madre Dolorosa. «Vivo en una comunidad con 24 hermanas, así que es como estar en un equipo de baloncesto, pero en un convento en lugar de un dormitorio».

Sr. Rita Clare siempre fue una atleta. En la secundaria Divine Child, en Dearborn, practicó baloncesto, voleibol, fútbol, sóftbol y golf. En la cancha de baloncesto, ayudó a su equipo, los Falcons, a ganar dos campeonatos estatales. 

Anteriormente conocida como Anne Yoches, la Hna. Rita Clare jugó cuatro temporadas de baloncesto en la Universidad de Detroit Mercy desde 1997-98 hasta 2000-01 / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Recibió una beca completa para jugar baloncesto en la Universidad de Detroit Mercy. Durante cuatro temporadas, promedió 5.3 puntos, 3.3 rebotes y 2.0 asistencias por partido. Durante ese tiempo, los Titans ganaron 60 partidos, terminaron entre los tres mejores equipos de la Horizon League en tres ocasiones y llegaron a la final del campeonato de la liga en 1999. 

«Cuando llegó al equipo, jugaba como delantera, pero en su último año la movimos a la posición de base, y fue simplemente extraordinaria», comenta su entrenadora universitaria, Anne Rexford. «Conocía todas las jugadas, sabía dónde debía estar cada jugadora, podía pasar el balón al poste y era una gran líder, obviamente». 

¿Alguna vez se le ocurrió a Rexford que su jugadora terminaría convirtiéndose en monja? 

«Nunca», respondió Rexford. «Bueno, tal vez, porque siempre resplandecía su bondad». 

¿Y a Sr. Rita Clare? ¿Se le había pasado por la mente que se convertiría en monja? 

«Fui educada por hermanas franciscanas toda mi vida en Divine Child, y definitivamente tuve a Sr. Beth aquí (en la Universidad de Detroit Mercy) como ministra de campus, además de los sacerdotes jesuitas, pero nunca pensé que sería una», confiesa Sr. Rita Clare. «Siempre pensé que viviría en el mundo, quizás casándome, pero trabajando en el mundo. Dios realmente irrumpió en mi vida y me llevó por un camino que no esperaba». 

El director de atletismo de la Universidad de Detroit Mercy, Robert Vowels, y el presidente Donald Taylor, Ph.D., entregan el premio Padre Huetter a la Hna. Rita Clare Yoches en la mitad de la cancha durante el entretiempo del partido del 16 de noviembre contra Toledo / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Después de graduarse en 2001 con un título en Medicina Deportiva, Sr. Rita Clare trabajó como entrenadora de fuerza y acondicionamiento en Notre Dame. Dos años después, se unió al equipo de fútbol americano femenino Detroit Demolition, donde jugó como fullback durante cuatro años (2003-2006) y ayudó al equipo a ganar cuatro títulos nacionales. 

Sin embargo, finalmente dejó el equipo cuando descubrió que su corazón estaba en otro lugar. 

«Salía toda la noche del viernes y toda la noche del sábado, pero siempre, siempre, iba a misa los domingos», ha contado Yoches en un vídeo de Redeemed Online sobre su conversión. «Aun así, nunca me paraba a escuchar realmente a lo que Dios me estaba intentando decir».

«Tuve una gran conversión de regreso a la fe a los 23 años, a través de una homilía. El sacerdote hablaba sobre la Comunión, y me di cuenta de que yo estaba comulgando en pecado. Necesitaba confesarme urgentemente y me confesé», explica. El mismo sacerdote que dio la homilía, su párroco, le ayudó en este nuevo camino. Yoches comenzó a leer la palabra de Dios cada día y a ir a la Adoración Eucarística. «Ahora pienso que, igual que vemos la tele o miramos Facebook durante una hora, también podemos leer la Biblia, la Palabra, durante un rato al día».

«Fui a un viaje a Roma y Asís, y sentí mi llamado a la vida religiosa mientras estaba en Asís. El Señor siguió llamándome durante tres años, y finalmente, un chico con el que estaba saliendo me llevó a una sesión de oración en la Universidad Franciscana de Steubenville, y después de ese momento, terminé la relación y decidí convertirme en monja». 

Recuerda vívidamente esa experiencia. 

«La homilía era sobre 1 Corintios 11:27: “Quien come y bebe el cuerpo y la sangre de Cristo sin discernirse a sí mismo, come y bebe su propia condenación. Por eso muchos entre ustedes están enfermos y débiles”», relata. «Y pensé: “Esa soy yo”. Tenía una vida social increíble, un gran trabajo, jugaba fútbol profesional para los Detroit Demolition y tenía una familia y amigos maravillosos, pero me estaba muriendo por dentro porque no cuidaba mi alma». 

«En la Adoración Eucarística es donde realmente sentí que Dios Padre me abrazaba y me apretaba contra su pecho como solo un padre puede abrazar a su hija», explica Yoches. “Y mi vida cambió para siempre. Quería más de Jesús».

Ese fue el comienzo de un cambio profundo en su vida. Hizo sus votos temporales en 2012 y sus votos perpetuos seis años después. 

«Nadie lo esperaba; fue realmente Dios quien me lo dijo, y yo escuché. Todos los demás estaban realmente sorprendidos», recuerda Sr. Rita Clare. «Nunca lo había hablado antes con mis amigos o mi familia». 

El equipo de porristas de la Universidad de Detroit Mercy se reúne a su alrededor después de que la Hna. Rita Clare recibió el Premio Padre Huetter / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Después de profesar sus votos, se convirtió en ministra de campus en la Universidad Estatal de Florida, donde coincidió nuevamente con su antigua entrenadora universitaria. 

«Mi hijo murió en Tallahassee en 2021», comparte Rexford, la entrenadora. «No lo sabía en ese momento, pero Sr. Rita estaba a cargo del ministerio familiar en la universidad. La mañana del funeral, que fue muy temprano, se enteró gracias a su padre y llegó justo a tiempo para la misa. Fue un consuelo enorme para todos nosotros». 

Sr. Rita Clare sirvió en Florida durante siete años y, a principios de 2024, se trasladó a un convento en Steubenville, Ohio. 

«Lo mejor de mi vida actual es que vivo con Jesús», dice. «Tenemos un sagrario, una iglesia —la presencia de Dios en nuestra casa. No tengo que trabajar en un horario de 9 a 5 y buscar tiempo para Dios. Dios está integrado en mi día, y eso me encanta». 

Durante el medio tiempo de un partido de baloncesto en Detroit Mercy el 16 de noviembre, recibió el prestigioso Premio Fr. Norbert Huetter por su dedicación a la misión de formar «hombres y mujeres para los demás». «Estoy agradecida de estar de regreso y de la experiencia que tuve aquí”, dice. «Definitivamente me siento como los 10 leprosos de las Escrituras: uno regresó para agradecerle a Dios por haberlo curado y yo siento que esta es mi oportunidad de regresar y agradecerle».

Sor Rita Clare asegura que no ha abandonado la actividad física personal después de convertirse en monja.«Camino o corro, levanto pesas y, siempre que puedo, juego un partidito de fútbol americano o de baloncesto con las dos manos», afirma. 

Al reflexionar sobre su vida, Sr. Rita Clare anima a aquellos que consideran la vida religiosa: «Visiten una orden religiosa y hablen con una monja para saber cómo es, pero también pasen tiempo en silencio y oración para escuchar lo que Dios les dice. No se preocupen por lo que digan los demás o el mundo, hagan lo que Dios les pida»

La hermana Rita Clare Yoches, TOR, cuenta su historia de conversión y vocación en este vídeo en inglés

miércoles, 25 de febrero de 2026

Nina Benedikta Krapić, nueva subdirectora de la Sala Stampa: «Me agarraba fuerte al pecado con una mano y con la otra buscaba a Dios; fui a Medjugorje, Dios usó la mirada de una monja e hizo algo en mi y me consagré»

Nina Benedikta Krapić, Hija de la Caridad y periodista, ha sido nombrada subdirectora de la Sala de Prensa Vaticana / Foto de 2025 Dario Topic-Vecernji List

Camino Católico.- Nina Benedikta Krapić, Hija de la Caridad, croata de 36 años, ha sido nombrada nueva subdirectora vaticana del Dicasterio de Comunicación, en sustitución de la laica brasileña (y veterana periodista de Radio Vaticano) Cristiane Murray, en el cargo desde 2019.

La hermana Nina llevaba desde 2023 trabajando en el Dicasterio vaticano de Comunicación. Tomará posesión como subdirectora el 1 de marzo. Su superior es el periodista laico italiano Paolo Ruffini, en el cargo de director desde 2018.

Antes de llegar al Vaticano (donde estudia un doctorado en Ciencias Sociales en el Collegium Maximum de la Pontificia Universidad Gregoriana) fue jefa de prensa de Cáritas Diocesana de Rijeka (en Croacia) y aprovechó su título de Derecho de 2015 para acompañar y asesorar a niños y mujeres víctimas de violencia doméstica. En 2023 sacó otro título, en Relaciones Públicas, por la Universidad de Zagreb.

La hermana Nina declara haber sido una apasionada de la prensa y la comunicación desde su adolescencia, pero trabajando de periodista estuvo alejada de la fe muchos años, hasta que en una peregrinación a Medjugorje se convirtió y, de hecho, empezó a sentir la vocación religiosa. Cuentó su historia con cierto detalle en un testimonio en vídeo en 2022 (en croata), que Pablo J. Ginés traduce y sintetiza en Religión en Libertad.

Fascinada por el periodismo

Nina Krapić nació en Rijeka, Croacia, el 7 de junio de 1989. Se graduó en Derecho en la universidad de esa ciudad en 2015.

Desde adolescente estaba apasionada por el teatro, la radio y la comunicación. "Todo lo que me movía eran cosas relacionadas con el arte, los medios de comunicación y la política. No sabía de otra cosa y no sabía que existían otras cosas", recordaba en 2022.

Sólo le interesaba el trabajo, y sólo en el trabajo veía sentido. Cuando había elecciones, como periodista joven quedaba enganchada a la silla de redacción, buscaba, analizaba, editaba, publicaba, devoraba datos. "Ni siquiera dormía", detalla. Incluso pasados unos años, ya veterana en el oficio, "me quedaba en blanco cuando venía un senador o alguien importante, recuerdo que mi corazón latía, no podía respirar, sólo quería que esa entrevista saliera bien".

Pero llegó a una radio donde había católicos sinceros. Era la primera vez que conocía católicos con fe.

"Con ellos me di cuenta de lo que significa ser cristiano. Esa gente de verdad vivía con el Señor. Se querían de manera diferente, perdonaban de manera diferente, conversaban de manera diferente. Aquí yo despacito con ellos empecé a vivir los sacramentos. Regresé a la vida sacramental, volví a confesarme, a encuentros de fe. Pero, todo eso, muy a medias. Yo me agarraba fuerte al pecado con una mano, mientras con la otra buscaba a Dios".

 Nina Benedikta Krapić, a la izquierda, antes de su conversión cuando era periodista laica, y, a la derecha, siendo Hija de la Caridad / Fotos: Medjugorje tutti i giorni

A Medjugorje, casi por despiste y en minifalda

En una fiesta, una colega periodista la invitó a ir a Medjugorje. Ella, distraída, dijo "¡vale, bueno, apúntame!" Se olvidó por completo hasta que dos meses después la amiga le telefoneó: '¿Te acuerdas que este fin de semana nos vamos a Medjugorje?'" Ella buscó excusas para no ir, pero los compañeros en la radio le dijeron "vete, que te cubrimos en el trabajo".

"Estaba sentada en el bar con mi amiga Kristina, con mi ropa de la mañana, tacones y falda corta. Dije: Mira, Kristina, probablemente no tomaré ese autobús. Ven conmigo, miramos como es esa gente dentro del bus, y si no está bien, no entro".

Entró al autocar, pensando en irse... pero no se decidió a escapar. "Hasta la frontera estuve pensando si salirme. ¡Todo era demasiado! ¡Demasiados rosarios, demasiado rezo, todo exagerado! Yo pensaba: 'si siguen rezando, volveré con el cerebro lavado'".

 Nina Benedikta Krapić, ya Hija de la Caridad, cuenta su testimonio en el Mladifest de 2022, el festival de la Juventud de Medjugorje / Foto: Mladifest

Una confesión, y una mirada especial

En Medjugorje pasaron varias cosas. Una de ellas, fue que se confesó bastante en serio. "Confesé muchas cosas que no sabía que eran pecado, que vivía en el pecado", recuerda.

Al salir, cerca del confesionario había una monja. "Yo la miré a ella y ella me miró a mí. Era una mirada que no he encontrado nunca antes ni después. Nos quedamos mirando una a otra. Sus ojos estaban enfocados en mi profundidad".

"Aquí me di cuenta que no era ella, que era la mirada de nuestro Señor, que Él usó la mirada de la monja en ese momento. El Señor hizo algo en mi corazón".

Al día siguiente, los peregrinos subían al pedregoso monte Podbrdo, coronado con una imagen de la Virgen. "Perdí a mi grupo, aún no sé como, y me incorporé a un grupo de monjas. Viéndolas a ellas, con sus sandalias, lloré sin parar. Arriba, me dije: 'Cálmate, subiste la colina, ahora pídele a la Virgen todo lo que quieras'".

Y le pidió el regalo de ser madre. Ya que en lo profesional estaba bastante bien quería ahora un propósito familiar, tener hijos.

De vuelta en casa, monjas por todas partes

Pero una vez de vuelta en casa, en Croacia, notó que había cambiado mucho. Para empezar, veía monjas y más monjas por doquier, por las calles, por todas partes. Y su corazón latía fuerte, como antes cuando buscaba una noticia con alguien famoso o importante. Ahora le daba igual tratar con el Presidente o el Primer Ministro, ya no le emocionaba, ni tenía miedo a equivocarse en el trabajo. En cambio, se paralizaba al ver una monja cualquiera.

Quedó a tomar un café con una amiga, con sus tacones y vestido corto. Y se dio cuenta que no estaba a gusto. Se lo dijo. "No puedo levantarme y pasear así por la ciudad después del café. Me da vergüenza. Llevo vestido corto, mangas cortas, tengo vergüenza de caminar, no puedo levantarme", le dijo. Fueron juntas a la primera tienda y se compró una falda larga. Y su amiga le dijo: "A ti te ha pasado algo en Medjugorje, regresaste completamente diferente".

La hermana Nina Benedikta Krapić saludando al Papa León XIV (Ciudad del Vaticano, 11 de octubre, 2025) / Foto: Vatican Media

Entró en la capilla: "Este es tu lugar"

Nina conoció más religiosas y habló con ellas. En la capilla de las Hijas de la Caridad, nada más entrar, sintió: "puff, ya, ese es tu lugar, es tu casa". "No tenía que pensarlo más", asegura.

Dejó el trabajo, hizo un año de prueba, pero desde que entró en esa capilla "no tenía ninguna duda de que el Señor me llamaba y de lo que la Virgen hizo en Medjugorje". 

Entró en las Hijas de la Caridad en 2014. Inspirada por Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), tomó el nombre eclesial de Nina Benedicta. Hizo los votos perpetuos en 2019.

¿Y su petición de ser madre? Trabajando en Cáritas Diocesana pudo ser "madre" espiritual y cercana de muchos niños de familias rotas, golpeadas por la violencia doméstica. "Los tengo en mi corazón porque los quiero con amor que no es mío, que viene de la Virgen", detalla. Su carrera de Derecho le sirvió para ayudar a estas familias.

Entrevistada en 2022, añadía que de la Virgen aprendió a simplificar las cosas, a hacerlo todo más sencillo. Y de Medjugorje, sus viajeros y la gente que acoge, la importancia de acoger.

Este es el perfil de la mujer que, junto con Paolo Ruffini, a partir de marzo presentará la comunicación vaticana a periodistas de todo el mundo, de muy diversas lenguas, culturas, países e ideologías.