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miércoles, 18 de febrero de 2026

Kim, de madre atea y abuelos musulmanes, encontró a Cristo en el santuario de Lourdes: «Entendí que Dios existía; Al mirar a la Virgen María, sentí una paz total, una ausencia total de dudas»

Viendo la fe de los enfermos y peregrinos y como tocan la roca de la gruta de la Virgen de Lourdes, Kim entendió que Dios existía 

* «Durante la preparación de mi bautismo, mi madre no quiso acompañarme en este proceso y declaró que no vendría. Ella pensó que estaba influenciada por mis amigos. Convencida por mi padre, finalmente asistió a la misa de los ritos de elección y pudo escucharme dar mi testimonio. Ese día me dijo: ‘Entiendo, realmente conociste a Dios’» 

Camino Católico.-  Kim, de 23 años y su familia viven en Francia. Su madre, explica, es atea. Su padre es católico no practicante, y casi nunca dice nada de su fe. Sus abuelos son musulmanes. Ya antes de nacer ella, su familia decidió que no la formarían en ninguna religión. Pero la matricularon en colegios católicos por su buen nivel académico.

Los horarios familiares requerían llevar a la muchacha muy pronto por la mañana: a las 7:30 ya estaba en el instituto. «Una mañana, la responsable de pastoral me invitó a ir a la capilla, donde se organizaban tiempos de oración. Le dije que no sabía nada al respecto, que ni siquiera sabía si Dios existía. Ella me dijo: “Vamos, que hace calor en la capilla”. Curiosa, la seguí. El ambiente era muy especial, muy reconfortante, muy tranquilo. Leían pasajes del Evangelio. La vida de Jesús parecía bastante interesante. Me dejé retar y volví con regularidad», explica al portal de la Comunidad del Emmanuel.

Por esa curiosidad, se animó a apuntarse a unas clases de catequesis. Luego pidió permiso a sus padres para participar en una peregrinación a Lourdes.

Comprendió que Dios existía

El santuario le impactó y la hizo reflexionar. «Me llamó mucho la atención la inmensa fe de todos estos enfermos, gente que rezaba el rosario continuamente y esperaba una sola cosa: tocar la roca de la cueva. A través de esta fe en María, entendí que Dios existía», relata.

La fe de los enfermos impactó en Kim y tuvo su encuentro con Dios y la Virgen María                   

Al volver, convencida de que Dios existe, explicó a sus padres que se quería bautizar, pero ellos se oponían.

Al año siguiente volvió a Lourdes. «Al mirar a la Virgen María, sentí una paz total, una ausencia total de dudas», recuerda. De nuevo, pidió permiso a sus padres para bautizarse, pero ellos no se lo permitían.

Más adelante, durante la fiesta de Epifanía (Reyes), escuchó una moción interior: “En lo profundo de mi corazón escuché al Señor decirme: “¡Ve! » Al terminar la misa, fui a ver al sacerdote para pedirle el bautismo. Mis padres no lo tomaron muy bien pero yo sabía que Dios estaba conmigo».

Unos meses más tarde, el día antes de bautizarse, la estudiante volvió a Lourdes. «Traje un poco de agua de Lourdes, de la cual vertí unas gotas en el agua bautismal», explica, conmovida. Sucedió el 10 de junio de 2018.

«Durante la preparación de mi bautismo, mi madre no quiso acompañarme en este proceso y declaró que no vendría. Ella pensó que estaba influenciada por mis amigos. Convencida por mi padre, finalmente asistió a la misa de los ritos de elección y pudo escucharme dar mi testimonio. Ese día me dijo: ‘Entiendo, realmente conociste a Dios’».

Ahora es la madre la que anima a la hija a ser perseverante en la vida de fe y en la misa dominical. «Este año me pidió que fuéramos en familia a la misa de Navidad. Será la primera vez», explica.

Mirar a la Virgen cuando las cosas no van bien

Han pasado 6 años desde que se bautizó. Su fe ha soportado pruebas y dudas. «He tenido muchas dudas, pero nunca he cuestionado ni la existencia ni la presencia de María. Incluso cuando ya no ‘sentía’ nada con Dios, cuando tenía la impresión de atravesar el desierto, María estaba allí como un pilar imposible de desarraigar. María siempre me hace volver a lo básico. Constantemente me trae de regreso a Dios», explica.

Ya bautizada, pudo volver a Lourdes una cuarta vez. «Cuando las cosas no van bien, sólo tengo que mirar a María y siento que ella me lleva en sus brazos». Siente que se apoya en María cuando reza el rosario y cuando canta el Salve Regina. Cuando escucha esta oración, reconoce, «siempre me sale una pequeña lágrima porque esta canción realmente rinde homenaje a la belleza de María».

domingo, 7 de diciembre de 2025

Juman Al Qawasmi, hija del fundador de Hamas se convierte al cristianismo: «Antes de un bombardeó oré: ‘Dios, si existes, quiero conocerte y que me salves’; Vi el rostro de Jesús y me dijo: ’Tú eres mi hija; no tengas miedo'»

Juman Al Qawasmi encontró una web cristiana en árabe, donde se leía un mensaje que le llamó la atención: "Ama a tus enemigos" 

* «El islam enseña a los niños a odiar, a luchar, les llena la cabeza de violencia. Pero la verdad no nace del odio. Jesús ama a los musulmanes, los ama profundamente y quiere liberarlos.  Jesús nos está empujando ahora mismo. Déjalo entrar, porque es la vida y ha venido a darte la vida, a darte la alegría, a darte la libertad. Jesús ama a los musulmanes. Él nos ama tanto. Quiere que estemos libres de este miedo, quiere liberarnos. No tenemos que tener miedo, deberíamos poner nuestros ojos en Jesús y creer que Él es el camino. El único camino. Es el hombre más grande» 

Camino Católico.- Juman Al Qawasmi es la hija de uno de los fundadores del grupo terrorista Hamas y exesposa de uno de sus líderes. Juman creció siendo educada en que su lealtad debía estar con la causa de Hamás. Se le enseñó a ver a los judíos y a los cristianos como enemigos y como una amenaza religiosa.

"Nací y crecí en Catar, mi padre es uno de los fundadores de Hamas. Mis padres nos animaron a odiar a Israel, a los judíos, a los cristianos, incluso a todos los que no pertenecían a Hamas. Debíamos matarlos, porque es lo que dice el Corán", dice en una entrevista con CBN News.

En el año 2007, Hamás tomó el control de Gaza. Hasta entonces los judíos y los palestinos vivían en cierta calma, pero en esas fechas ella presenció actos de violencia incluso contra palestinos, mientras el grupo consolidaba así su poder. 

"Entre los años 2002 y 2012 viví en Gaza y vi lo que estaba haciendo Hamas cuando tomó el poder. Dijeron que venían para traer igualdad para todos y cumplir sus promesas, y nada de esto sucedió", comenta.

Estas experiencias alimentaron en ella una inquietud profunda. Juman empezó a cuestionar no solo la doctrina, sino también la forma en que su familia y su movimiento político ejercían la autoridad. "No estaba permitido hacer preguntas en el islam", afirma. 

Entre 2012 y 2014, vivió momentos de miedo. Cuenta que cuando el Ejército israelí le avisó de un bombardeo inminente en su vecindario; esa noche, mientras su familia escapaba, ella oró de forma muy personal: "Dios, si existes, quiero conocerte, quiero que me salves".

Juman se puso a rezar a Dios durante un bombardeo

Tras esa súplica, Juman cuenta que tuvo una experiencia que le cambió el rumbo de su vida: en un sueño vio a su madre, que había muerto un tiempo atrás, y estaban sentadas en un balcón mientras veían la luna, ésta se fue haciendo más grande y vio el rostro de Jesús en la luna, que le habló en árabe: "Soy Dios, Jesús. Tú eres mi hija; no tengas miedo'. Cuando me desperté, sentí que había una luz en la habitación, algo como, ¡esto es real!".

Nunca había escuchado el nombre de "Jesús" ni había tenido contacto con cristianos. "Mi comunidad era 100% musulmana, mis actividades eran ir al centro islámico y memorizar el Corán. Nunca había conocido a gente cristiana en mi vida", dice.

Sin embargo, aquella visión despertó en ella una paz interior desconocida. "Nadie me había hablado de Él antes, pero, cuando escuché Su nombre, sentí que era un nombre hermoso, un Dios hermoso, y sentí paz dentro de mí. Por primera vez, Alguien me amaba, nunca me había sentido amada por mi familia", explica. Y, motivada por esa experiencia, buscó más información. 

Encontró un sitio web cristiano en árabe, donde se leía un mensaje que le llamó la atención: "Ama a tus enemigos". Esa enseñanza le resultó completamente opuesta a lo que le habían inculcado desde pequeña: había que matar a los enemigos, no amarlos. Eso le hizo darse cuenta de que estaba ante un Dios diferente al que le habían enseñado en el islam.

A través de esa página contactó con otros creyentes, comenzó a leer la Biblia y se adentró en la nueva fe hasta que, finalmente, decidió convertirse al cristianismo. Además de su conversión espiritual, Juman ha realizado críticas explícitas hacia Hamás. Afirma que el grupo no solo predicaba la lucha contra Israel, sino que también gobierna mediante el miedo y la opresión.

"Nací en el Islam y nunca he estado satisfecha con Dios. Sentía que Dios nunca estaría feliz conmigo, no tenía ninguna garantía de ir al paraíso. Siempre tenía miedo del infierno. El Islam no te da paz, siempre tienes miedo de que algo malo sucederá", comenta.

"El islam enseña a los niños a odiar, a luchar, les llena la cabeza de violencia. Pero la verdad no nace del odio". Y, añade: "Jesús ama a los musulmanes, los ama profundamente y quiere liberarlos".

Hoy, Juman afirma que su identidad ya no está definida por su linaje familiar ni por su pasado en Hamás, sino por su nueva relación con Dios: se describe a sí misma como "hija del Dios viviente".

"Jesús nos está empujando ahora mismo. Déjalo entrar, porque es la vida y ha venido a darte la vida, a darte la alegría, a darte la libertad. Jesús ama a los musulmanes. Él nos ama tanto. Quiere que estemos libres de este miedo, quiere liberarnos. No tenemos que tener miedo, deberíamos poner nuestros ojos en Jesús y creer que Él es el camino. El único camino. Es el hombre más grande", concluye.

La entrevista completa en inglés puedes escucharla en este vídeo

martes, 2 de diciembre de 2025

Azar y Omid, matrimonio de Irán que se ha convertido del islam al catolicismo: «Nuestra vida cambió gracias a la Biblia, viviendo la fe oculta; podemos confiar los problemas a Dios y nos hemos bautizado»

Azar y Omid son un matrimonio de Irán que se acaban de convertir al catolicismo. Actualmente residen en Alemania 

* «En nuestra iglesia, hemos encontrado muchos amigos en el extranjero que siempre nos ayudan y nos apoyan. Todo esto ha sucedido gracias a la obra de Jesucristo y es una gran oportunidad para nosotros» 

Camino Católico.- El matrimonio formado por Azar y Omid (que hablan bajo seudónimos) son originarios de Irán, se criaron como musulmanes y ahora son católicos; por eso, una pareja de conversos que viven hoy en Alemania no puede regresar a su país de origen. En una entrevista con katholisch.de, hablan sobre su fe y su visión del islam en la actualidad. El contacto del marido con el cristianismo les acarreó dificultades a ambos. Actualmente residen en Alemania. ¿Cómo se llega al catolicismo? ¿Y cuál es su visión del islam hoy en día? La pareja aborda estas cuestiones en la entrevista.

Omid empieza relatando cómo entró en contacto con el cristianismo: “A través de las manifestaciones contra el régimen. Participé en ellas en 2007, y eso me hizo reflexionar profundamente: cómo se había llegado a esta situación y por qué existía este régimen teocrático. Los mulás en Irán son despiadados, y me preguntaba cómo todo eso podía encajar con una religión que supuestamente promueve la paz. Así que empecé a leer libros sobre el islam. Durante ese tiempo, también hablé de estos temas con un amigo cristiano. Él me regaló una Biblia. Al leerla, encontré muchas cosas que coincidían con mis propias opiniones y creencias. Así que seguí aprendiendo y reflexionando sobre ello. Ese fue el comienzo de mi camino”.

Reconoce que “fue un impulso político. Siempre he tenido problemas con los mulás. Pero en Irán, mucha gente dice: un mulá es un mulá, el islam es completamente diferente. He leído algunos libros críticos con el islam —aquí están prohibidos, claro, pero se pueden encontrar en internet— y he llegado a la conclusión de que el islam puede ser, en efecto, una de las causas principales de un régimen como el de Irán. Eso ha cambiado significativamente mi actitud hacia el islam”.

Por su parte la esposa, Azar explica que “Como tantas otras mujeres iraníes, crecí en una familia musulmana con todos los rituales que conlleva. Cuando empecé a estudiar, me quedó cada vez más claro que no me identificaba con nada de eso. Ya no quería ser musulmana; de hecho, no quería tener nada que ver con ninguna religión. Por eso, cuando mi marido empezó a informarse al respecto, yo tampoco quise saber mucho. Simplemente, no había tenido buenas experiencias con la religión”.

Omid cuenta sus inicios en el cristianismo mientras aparentaban que eran musulmanes: “El bautismo no es posible en Irán: la conversión del islam está prohibida, y los cristianos locales tampoco pueden bautizar. Así que yo estaba en una etapa en la que creía en Jesucristo y rezaba con amigos, pero oficialmente seguía siendo musulmán. Usábamos nuestro apartamento como iglesia doméstica con otros cristianos. Claro que todo eso está prohibido, y nos metimos en problemas”.

Eso le supuso a Omid perder su empresa: “En Irán, tenía una constructora con un amigo. Construimos muchas casas juntos, y también le hablé de mi fe. Pero me delató a la policía. Cuando mi esposa y yo estábamos en Alemania para el Oktoberfest, me denunció por apostasía. No podía regresar, porque me habrían arrestado. Para él, era una oportunidad para apoderarse de toda la empresa sin compensación alguna. Tenía mi poder notarial, así que todo sucedió muy rápido”.

En Alemania, la vida de Omid y su esposa Azar   evolucionó así: “Por un lado, tuve que reconstruir mi vida por completo, empezar de cero, de hecho, incluso menos que de cero. Fue muy difícil. No tenía apartamento ni trabajo. Tuve que aprender un nuevo idioma y mi licencia de conducir ya no era válida. Afortunadamente, el nuevo comienzo aquí funcionó: nuestros títulos universitarios fueron reconocidos y encontramos nuevos trabajos. Por otro lado, estoy muy feliz con mi nueva libertad: puedo ir a misa sin miedo. Puedo vivir y profundizar mi fe. Me puse en contacto con un centro comunitario y pude aprender mucho más sobre mi fe a través de muchas conversaciones”.

Omid asegura que “estoy muy contento con mi conversión. A menudo he comparado el Corán y la Biblia: el islam tiene normas muy estrictas, que se aplican con bastante precisión en Irán. En ese país, hombres y mujeres no son valorados por igual, y lo mismo ocurre con la relación entre religiones; esto se nota, por ejemplo, en asuntos de herencia o indemnizaciones. Pero para mí, lo importante es la humanidad. Para mí, Dios solo ve seres humanos, no géneros ni religiones. Todos tenemos el mismo valor. Encuentro esto más fácilmente en el cristianismo”.

Azar comparte su cambio en la experiencia respecto a la práctica de la fe: “Empecé poco a poco porque al principio tenía prejuicios y quería ser libre. Siempre he creído en Dios, pero después de mis experiencias en Irán, no quería seguir tantas reglas. Claro, siempre me habían enseñado que el islam es la mejor y más humana religión, así que al principio no quería saber nada de las demás. Solo gradualmente me involucré con la iglesia y entablé contacto con la congregación. Percibí todo como muy amigable y limpio. Al principio, todavía tenía la sensación en la iglesia de que algo me pesaba, que no podía respirar bien, que algo me oprimía. Probablemente eso tenía algo que ver con mi actitud defensiva. Hoy me siento muy bien. Tomé un curso sobre el cristianismo y ahora tengo una meta clara. Si no me siento bien, simplemente puedo hablar con alguien o encender una vela en la iglesia, y entonces me siento mejor. He llegado a apreciar verdaderamente el cristianismo: hay tanta paz y alegría en él. Por eso quise bautizarme".

Azar y Omid se han bautizado católicos

Aunque vive en Alemania con su esposo, Azar subraya que “no hablo con musulmanes sobre mi religión. Si alguien me pregunta, le digo que soy católica. En el trabajo, suelo llevar mi cruz al cuello; creo que eso lo dice todo. Pero, por lo demás, evito el tema. He conocido a mucha gente muy obsesionada con su religión. Me da miedo discutir con ellos, porque puede ser peligroso. En Irán, vi con frecuencia las consecuencias de que la gente, por ejemplo, reniegue de sus propios hijos”.

Omid dice que “mi vida cambió en Irán, por ejemplo, gracias a la Biblia. Mi fe estaba oculta. Hoy soy mucho más libre; eso supone un gran cambio para mí. Aquí puedo profundizar en mi fe”.

La transformación que ha vivido Azar la explica así: “Tengo una meta y un rumbo en mi vida; puedo encontrar la paz. Tengo a Dios a quien puedo confiar mis problemas. En nuestra iglesia, hemos encontrado muchos amigos en el extranjero que siempre nos ayudan y nos apoyan. Todo esto ha sucedido gracias a la obra de Jesucristo y es una gran oportunidad para nosotros”. 

Respecto a su relación con su familia de Irán, Omid afirma que “no he visto a mi familia en seis años y no pude ir al funeral de mi hermano en enero. Ninguno de los dos podrá volver a Irán. Eso me entristece mucho. La nostalgia es muy fuerte”.

Por su parte, Azar cuenta que “cuando viajamos a Alemania, le dije a mi padre que volvería en nueve días. Eso fue hace seis años, y mi padre falleció de Covid. No he podido volver a verlo. Echo de menos a mis hermanas y sobrinas que siguen en Irán. Nunca hice nada ilegal en Irán, pero siempre tengo miedo de que me pase algo si viajo allí”.

Pese a todo, las familias de este matrimonio no son contrarias a la fe católica que han abrazado. Omid dice que “eso no es un problema para mi familia. Son musulmanes, pero no radicales”. Y 

Azar concluye: “Mi familia tiene tan poca relación con la religión como yo antes. Es algo común en Irán. Por lo tanto, no es un tema importante para ellos. Me dijeron: «Lo más importante es que te sientas a gusto». Un cuñado mío también se convirtió al cristianismo, y allí fue igual”.

sábado, 3 de mayo de 2025

Iman Hijaze era atea y de familia musulmana, recogió un rosario del suelo y se lo quedó: «Supe que tenía que empezar a rezar, he afrontado una batalla espiritual con el diablo, he sido exorcizada y me he bautizado católica»


Iman Hijaze y su madre, Hadidza, en la Casa de San José. | Foto: Alexey Gotovskiy - EWTN Oficina del Vaticano

Camino Católico.- Iman Hijaze, criada en una familia chií del sur del Líbano y atea convencida durante años, emprendió un sorprendente camino de conversión al cristianismo tras una experiencia que se podría definir como mística con un rosario. Su historia está marcada por la fe, el conflicto familiar y la guerra que devastó su hogar en 2024.

En 2017, Iman Hijaze trabajaba en la oficina del Programa Mundial de Alimentos, en el edificio Azarieh del centro de Beirut. Un día, al ver un rosario caído en el suelo, lo recogió. Era de su compañero Alex Imad, un exmusulmán chií convertido al cristianismo. «Cuando lo toqué, sentí una descarga eléctrica en todo el cuerpo», recuerda a CNA. En lugar de devolvérselo, se lo guardó en el bolsillo.

Al revisar las cámaras de seguridad, Imad descubrió lo ocurrido. En lugar de reprenderla, la abrazó con delicadeza y trazó una cruz sobre su espalda. «Sentí otra descarga eléctrica. Fue la primera vez que experimenté algo religioso», confiesa Hijaze.

Educada en un entorno culturalmente chií en el sur del Líbano, Hijaze se consideraba atea. «Me burlaba de los creyentes», reconoció. Pero algo cambió. Pidió asistir con Imad a una iglesia para observar cómo rezaban los cristianos. Al día siguiente, él le regaló tres libros: la Biblia, el Corán y un folleto sobre cómo rezar el rosario.

El Rosario me llevó a otro mundo

«No abrí el Corán —ya lo conocía—, pero el folleto del rosario me llevó a otro mundo. Supe que tenía que empezar a rezar», explicó.

Compartió su creciente interés por el cristianismo con Ravid, un entrenador cristiano. Al conocer su historia, la presentó al padre Francis, un sacerdote católico que se convirtió en su guía espiritual.

Durante sus visitas a santuarios cristianos, Hijaze comenzó a tener pesadillas. «Soñaba con monjes con caras de momias, con el demonio pegándome. Alex aparecía en los sueños intentando protegerme».

Aterrada, pensó abandonar el camino de la fe. «No podía dormir. Le dije al padre Francis que ya no quería rezar ni bautizarme. Sentía que me estaba destruyendo la vida». Sin embargo, el sacerdote no se rindió. La recogía a diario después del trabajo para rezar oraciones de exorcismo. «Me dijo que estaba en una batalla espiritual y no debía rendirme nunca».

Bautismo de Iman Hijaze en el Santuario de Nuestra Señora del Líbano en Harissa, el 1 de marzo de 2021 / Foto: Cortesía de Iman Hijaze.

Rechazo en su casa

También sufrió rechazo en casa. «Mi familia me vio con la Biblia y entendió que quería cambiar de religión. Fueron tres años muy duros».

A comienzos de 2021, volvió al monasterio con la esperanza de bautizarse. Tres días después, lo consiguió en el Santuario de Nuestra Señora del Líbano, en Harissa. Eligió el nombre cristiano de Rita, en honor a santa Rita de Casia.

«Después del bautismo, cesaron las pesadillas. Pero el diablo buscó otro camino: la agresividad de los que me rodeaban. Ya no podía llegar a mi mente, así que usaba a los no bautizados».

Su madre, Hadidza, fue la primera en confrontarla. Al verla llegar con imágenes de santos y regalos de bautismo, temió por su seguridad. Una amiga le advirtió que no regresara a casa, pero lo hizo.

Al principio, su madre no le dirigió la palabra, pero aquella noche tuvo un sueño impactante. «Vi a un hombre alto y apuesto, con una corona de oro. No habló, pero supe que era Isa al-Masih —¡la paz sea con Él!» Poco después, soñó con la Virgen María, como la estatua de Harissa, con el Niño Jesús en brazos.

«Lo besé en la frente. Entonces me dije: ‘Déjala vivir su religión en paz. No me voy a oponer más’», relató Hadidza.

A Iman Hijaze le apasiona la cocina y ha estudiado artes culinarias / Foto: Cortesía de Iman Hijaze.

La guerra

En septiembre de 2024 estalló la guerra en Líbano. Bombardeos israelíes alcanzaron Douris, su localidad natal. «Nos fuimos justo a tiempo. Diez días después, nuestra casa ya no existía», diice Hijaze. Había vendido su coche para construir un pequeño restaurante junto a su vivienda. Todo quedó destruido.

Ella y su madre se refugiaron en escuelas y albergues superpoblados. «Somos personas limpias. Dormir entre sesenta personas fue durísimo». Gracias a su madrina, lograron salir de un sótano y fueron acogidas en la «Casa de San José», un antiguo monasterio en Harissa, junto al santuario mariano. El lugar está siendo transformado en centro de retiros por Doud y Kate Tayeh, un matrimonio libanés-estadounidense con seis hijos.

Kate confesó sus miedos: «¿Y si traen a alguien de Hezbolá? ¿Y si somos objetivo? ¿Y si los vecinos nos odian por ver a mujeres con hiyab? Pero lo peor sería perder nuestra humanidad. No vamos a permitirlo».

Acordaron recibirlas con la única condición de que no se alojaran hombres. «Ellas estaban encantadas con eso», dijo Kate.

Poco después, una hermana de Hijaze llegó también con sus cuatro hijos, huyendo de otro ataque. Otra hermana permanece a salvo en Beirut.

«Cuando bombardean pueblos chiíes, muchas familias buscan refugio en iglesias de montaña. Creen que son lugares menos propensos a ser atacados», explicó Kate.

Al llegar a la Casa de San José, Hijaze vio a Doud con un rosario y le pidió uno. Desde entonces, no se separa de él. Lo lleva colgado al cuello como símbolo de su nueva vida.

Hoy, Iman Hijaze —ahora Rita—, su madre y su hermana viven en Harissa, entre la incertidumbre y la esperanza. Pide oraciones por un futuro seguro y estable, ya sea en el Líbano o en otro lugar del mundo.

viernes, 21 de marzo de 2025

Estebane, 35 años, es gendarme y recibirá el bautismo: «El amor que me viene de Cristo es mi misión para testimoniarlo y compartirlo; la fe ha cambiado mi alma, dejando aún más espacio para amar y compartir»


Estebane, de 35 años, es gendarme y se bautizará la próxima Pascua / Foto: Cortesía de  Estebane

* «En los momentos cruciales de una investigación, cuando anunciamos la muerte de alguien a su familia, cuando acompañamos a menores que han sido violados, a mujeres maltratadas pero también a acusados, rezo e intento ser ese guardián, esa persona que aporta un poco de luz. Desde que entré en el catecumenado, es como si mi corazón se hubiera abierto completamente. Amo algo más que a mi familia y a mis amigos íntimos»

Camino Católico.-  Escuchar a Estebane relatar su itinerario de fe es un poco como recuperar el aliento después de haber corrido demasiado para subir a un autobús. Su vida, sus elecciones, su compromiso profesional y su camino espiritual se entrelazan con la sensación de que ahora todo está en su sitio, cuando tenía que estar. Estebane, de 35 años, gendarme y padre del pequeño Augustin, vive con su novia Aurore cerca de Chambéry. En Pascua recibirá el bautismo y se convertirá en hijo de Dios.

"Es difícil explicar lo que siento, pero al mismo tiempo parece muy sencillo", dice rápidamente, con las palabras revolviéndose en su boca. "Es un poco como escalar al aire libre", intenta explicar este aficionado al deporte. "Escalo la pared y cuando algunos pasos parecen infranqueables me preocupo menos porque sé que estoy a salvo con Jesús, aunque no pueda ver la cuerda", explica a  Agnès Pinard Legry en Aleteia.

Cuando le trasladaron a Chambéry hace dos años, Estebane fue a comprar una Biblia. "Recuerdo que el librero me dijo entonces: 'Cuando llevas a Jesús contigo, siempre viajas en primera clase'", cuenta. "Y es verdad: mi vida ha adquirido una dimensión totalmente nueva. Es increíble cómo, en tan poco tiempo, la fe ha cambiado mi alma, dejando aún más espacio para amar y compartir".

Aunque no cayó en ello de niño, Estebane oyó hablar de la fe y de Dios desde muy pequeño. Su padre procedía de una familia comunista y anarquista que huyó de España durante la guerra, pero su madre creció en una familia católica. "Recuerdo tener una Biblia ilustrada cuando tenía 8 años", recuerda. "Mi madre no quería dejarnos a la intemperie".

Estebane confiesa que siempre ha tenido "esa lucecita", y creció viendo a sus amigos bautizarse, hacer la Primera Comunión, etcétera. Iba a misa de vez en cuando e incluso llegó a organizar una peregrinación cuando estaba en la escuela de gendarmería. "Es como una semilla plantada que necesitaba crecer un poco, florecer. Sentía que estaba en el buen camino, pero aún no estaba preparado para pedir el bautismo”.

Al hacer balance de su carrera, admite que la elección de su profesión, gendarme, no fue de poca importancia: "Siempre he querido defender a los más pequeños, a los más vulnerables", resume. También recuerda una misión en el Jura al principio de su carrera, cuando buscaba a un enfermo de Alzheimer de 80 años. "Era como buscar una aguja en un pajar", recuerda.

"Cuando llegué a un pueblo tras varias horas de búsqueda, vi una estatua de la Virgen María e instintivamente puse la mano sobre ella, pidiéndole que me ayudara". Treinta segundos después, Estebane entró en una casa y encontró al nonagenario. "Simplemente estalló, no se puede explicar", admite. "Tuve la sensación de que alguien me apoyaba". Unos años después, en 2017, el gendarme fue desplegado en las Antillas, en San Martín, tras el paso del huracán Irma. Allí fue movilizado a un poblado chabolista que había quedado completamente destruido. "Recuerdo la Misa de Navidad allí… Fue increíble. A esa gente no le quedaba nada, pero lo dieron todo. Me llegó al corazón".

Cuando empezó su catecumenado, asegura Estebane, recibió "un puñetazo de amor". "Volví a casa de puntillas. Me sentía un poco culpable por haber tardado tanto en pedir el bautismo, no me sentía legítimo. Pero conocí a gente increíble que no me juzgó y que simplemente me acogió". Desde entonces, "todo tiene más sentido".

Especializado en investigaciones sobre menores y violencia contra las mujeres, entra regularmente en contacto con el sufrimiento y la oscuridad. Una misión que también cobra mayor sentido hoy, a pocas semanas de su bautismo. "Cada uno es el guardián de su hermano. Tanto para las víctimas como para los acusados, me esfuerzo por serlo aún más", resume con sobriedad.

"En los momentos cruciales de una investigación, cuando anunciamos la muerte de alguien a su familia, cuando acompañamos a menores que han sido violados, a mujeres maltratadas pero también a acusados, rezo e intento ser ese guardián, esa persona que aporta un poco de luz".

Estebane va aún más lejos: "Desde que entré en el catecumenado, es como si mi corazón se hubiera abierto completamente. Amo algo más que a mi familia y a mis amigos íntimos. El amor que me viene de Cristo es mi misión para testimoniarlo y compartirlo". A todos.

jueves, 20 de marzo de 2025

Livia era musulmana y se va a bautizar católica en Pascua: «Jesús es toda mi vida, es una relación de amor que lo ilumina todo; Fue este amor absoluto el que me impactó hasta el punto de seguirle»


Livia era musulmana y se va a bautizar como católica en la Pascua de este 2025 / Foto: Cortesía de Livia

* «Soy capaz de superar todo gracias a Jesús. En cuanto tengo dudas, sé que el enemigo está detrás de ellas, así que voy por el buen camino. La duda no viene de Dios. ‘Quien pone la mano en el arado y luego mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios’»

Camino Católico.- Porque estamos llenos del amor de Cristo cuando recordamos que uno murió por todos, y así todos han pasado por la muerte (…) Si alguno, pues, está en Cristo, es una nueva creación". (2 Cor 5, 14) Al acercarse la Pascua, Livia también se prepara para ser renovada por la gracia del bautismo. Cuando empieza a hablar de Cristo, esta mujer de unos cuarenta años se llena de una alegría incompresible, pero al otro lado de la línea se le quiebra la voz. "Lo siento si estoy llorando", se disculpa, antes de tranquilizarnos: "Son solo lágrimas de alegría",  explica a Cécile Séveirac en Aleteia

Musulmana practicante desde hace unos veinte años, esta auxiliar de cuidados paliativos del hospital de Narbona llegó a la fe católica tras un largo itinerario personal. Aunque de origen gabonés, procedía de una familia católica tradicional, pero sus padres no eran católicos practicantes y el hecho de haber asistido a una escuela católica no bastó para convencerla. "Hacia los 13 años, empecé a interesarme por el Islam", explica a Aleteia. "Acabé convirtiéndome un poco más tarde y tuve a mi primer hijo muy pronto, a los 18 años, sin ni siquiera estar casada".

Sin mirar atrás

Cuando llegó a Francia en 2016, conoció a un hombre católico tradicional que se convirtió en su marido. Menos asidua a la práctica del islam, Livia sintió que se instalaba "un vacío". "Me iba alejando de Dios sobre la marcha y acabé sintiendo la necesidad de volver a conectar con Él", explica.

"Me interesé por el cristianismo, pero no quería precipitarme. El razonamiento era sencillo: cristianismo significa seguir a Cristo, así que necesito conocer a Cristo", explica Livia. Así que allí estaba ella, Biblia en mano… con los Testigos de Jehová. "Cuando era pequeña, en Gabón, había una iglesia justo enfrente de mi casa. Sabía que esta gente estudiaba la Biblia [de la que hacen un mal uso, refutando en particular la divinidad de Cristo, la Trinidad, la existencia del infierno y la inmortalidad del alma, nota del editor] así que fui allí a ver".

Fue allí donde "encontró a Jesús", conmovida hasta el corazón por el sacrificio de Cristo en la cruz. "Me sentí dispuesta a aceptarle como mi salvador. Advertida por su marido del carácter sectario de los Testigos de Jehová, Livia fue dirigida por su suegra a los franciscanos de Narbona y atendida por los feligreses antes de comenzar su catecumenado en septiembre de 2024.

Livia encontró a Jesús en los Testigos de Jehová estudiando la Biblia, pero advertida por su marido que eran sectarios fue a los Franciscanos de Narbona a iniciar el catecumenado / Foto: Cortesía de Livia

Hoy, Livia es categórica: su conversión ha transformado su vida. "Jesús es toda mi vida. Me di cuenta de que no era un simple profeta: es el camino, la verdad y la vida. Es una relación de amor que lo ilumina todo. Fue este amor absoluto el que me impactó hasta el punto de seguirle", confiesa, con la voz entrecortada por la emoción.

Livia puede tener sus dudas, pero sabe que nunca volverá atrás. "Soy capaz de superar todo eso gracias a Jesús. En cuanto tengo dudas, sé que el enemigo está detrás de ellas, así que voy por el buen camino. La duda no viene de Dios". Y concluye: "Quien pone la mano en el arado y luego mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios" (Lc 9,62).