Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

Mostrando entradas con la etiqueta Testigos de Jehová. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Testigos de Jehová. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de octubre de 2026

Vanesa Prieto, actriz, marcada por abusos en su infancia fue expulsada de los Testigos de Jehová: «A veces Dios viene a buscarnos a los lugares más insospechados y soy católica»


Vanesa Prieto es de Barcelona pero vive en París y tuvo su encuentro con Dios al conocer a su Oliver, su pareja / Foto: Facebook de Vanesa Prieto

* «Salí de los Testigos de Jehová hecha polvo. No me alejé de Dios por completo. Siempre he sido una persona espiritual y creo en un Dios que da sentido a todo. Tal vez por eso, ahí empezó para mí una etapa de mucha búsqueda. Me interesaba por el hinduismo, frecuentaba ciertas terapias o quería conocer el New Age. El catolicismo no entraba para nada en mis planes. Conocí a Olivier, quien al poco se convirtió en mi pareja. Era católico y estaba haciendo los ejercicios espirituales ignacianos. Poco a poco noté cómo el catolicismo empezaba a resonar en mi interior y sabía que, de algún modo, era un encuentro natural con la fe de mis ancestros, antes de abandonar su religión. En la vigilia pascual de 2019, el 20 de abril, recibí en la misma ceremonia el bautismo, la comunión y la confirmación. En 2021 recibí otro sacramento, el del matrimonio, al casarme con Olivier»

Camino Católico.-  Vanesa Prieto es una actriz franco-española que trabaja en todos los géneros. Interpretó el papel principal en Joyce (2018) de Martin Ziegler, se distinguió en Historia de un alma, una obra sobre Santa Teresa de Lisieux, y aparecerá en la serie de Netflix GIGN en julio. Actualmente, presenta In-secte, un monólogo que explora, con humor y tragedia, los mecanismos de manipulación a través del viaje de una niña que crece en una secta. Esta obra resuena con su propia historia.

Vanesa Prieto pasó su infancia con los Testigos de Jehová y los abandonó a los 19 años. Fue una experiencia dolorosa, y quiso ofrecer una perspectiva externa, a veces "un poco absurda", para concienciar al público sobre los mecanismos de manipulación. Dios le salió a su encuentro en sus inquietudes espirituales y fue bautizada en 2019 y en un taller de lectura de los textos de Teresa de Lisieux conoció en profundidad a la santa que fue transformando su vida. 

La historia de búsqueda y prueba de Vanesa Prieto comienza mucho antes de su nacimiento hace cerca de 40 años. Evoca a sus raíces más íntimas, cuando las familias de los que serían sus padres cambiaron por completo su vida: “Siendo ambos adolescentes en Barcelona, los abuelos y padres de ambos se convirtieron en bloque del catolicismo, que vivían más como algo tradicional y no tan vivencial, a una nueva fe, la de los Testigos de Jehová. Desde entonces, toda nuestra familia pertenece a lo que yo hoy no dudo en calificar de secta”.

Y es que la primera parte de su vida, la infancia y la adolescencia, “estuvo marcada por abusos de todo tipo, tanto emocionales como físicos. Crecí en un ambiente en el que, desde muy temprano, supe que Dios no podía estar ahí… Notaba que algo esencial no funcionaba, no estaba bien. Eran demasiadas las contradicciones entre el mensaje que se predicaba y las acciones que lo llevaban a la práctica”.

Años muy dolorosos

Fueron años muy dolorosos en los que sentía “la presión de ser muy buena a ojos de los demás para que mi entorno estuviera orgulloso de mí”. Y todo mientras sufría desgarros muy profundos, como saber de la existencia de dos hermanos suyos que fallecieron antes de nacer ella “casi por casualidad… Cuando preguntaba por ellos, apenas tenía respuestas. Mis padres no hablaban de ellos, era un tabú grandísimo. Lo que conozco es porque mis otros hermanos o abuelos en algún momento decían cosas sobre ese tema. Los dos nacieron con una enfermedad cardiaca congénita. Más allá de las circunstancias, lo que me entristece mucho es que no se hable de ellos, que no se les rememore, como si no hubieran existido”.

Vanesa Prieto en plena interpretación este año 2026 / Foto: Facebook de Vanesa Prieto

Además, ella misma fue víctima de abusos de distinto tipo por parte de quienes debían ser sus principales protectores. Una mirada retrospectiva de esa época lleva a Vanesa a lamentar con mucha tristeza el papel de su madre: “Era una mujer que siempre miró exclusivamente por mi padre, quien muchas veces actuaba con gran dureza contra sus hijos. No sé si fue por miedo o por sumisión, pero nunca nos protegió”.

Algo que se puso de manifiesto en el momento más complicado de esos años: “Cuando naces Testigo de Jehová, lo habitual es recibir el bautismo en la adolescencia. Cuando uno decide aceptarlo, lo hace con todas sus consecuencias y sabe que ya no hay salida posible de esa vida, salvo que se acepte romper radicalmente con todo. Es lo que me ocurrió… Yo me había bautizado por responsabilidad hacia la familia, pero atravesaba un período de cierta rebeldía. Tenía mis amigos fuera de ese ambiente y quería vivir mi vida, lo que generaba una gran tensión en mi casa. Hasta que todo se rompió”.

La expulsión

De pronto, un día su madre descubrió algo que la golpeó: “Supo que estaba con un chico y habíamos tenido relaciones. Sin dudarlo, me denunció ante la asamblea de ancianos y me sometieron a juicio. Yo reconocí que, a sus ojos, lo que había hecho era un pecado, pero no me podía engañar a mí misma y aclaré que, no solo no me arrepentía de nada, sino que no quería seguir formando parte de los Testigos de Jehová. El juicio acabó con mi condena y mi expulsión de la comunidad”.

“Cuando me echaron de la secta –continúa–, me fui de casa de mis padres y me independicé. Unos años después, cuando tenía 22, me casé con un chico. Después, nos divorciamos y, con 24, empecé a formarme y a trabajar como actriz.

Me vine a París con 30 años. Durante los primeros años después de la ruptura familiar intenté seguir teniendo un contacto razonable con ellos. Les llamaba y acudía a verlos muy de vez en cuando. Hace unos años me di cuenta de que el movimiento solo iba de mí hacia ellos. Les llamaba, pero, si no lo hacía yo, ellos nunca me contactaban. Fui consciente de que podía estar viva o muerta y para ellos no tenía ninguna importancia, así que dejé de llamarlos. Desde entonces, el contacto es prácticamente nulo. Como mucho, un mensaje de texto alguna vez”.

Con todo, pese a que “salí de esa experiencia hecha polvo”, de algún modo “no me alejé de Dios por completo. Siempre he sido una persona espiritual y creo en un Dios que da sentido a todo. Tal vez por eso, ahí empezó para mí una etapa de mucha búsqueda. Me interesaba por el hinduismo, frecuentaba ciertas terapias o quería conocer el New Age. Me movía con mucha libertad e inquietud en distintos ambientes, pero nunca quería comprometerme con nada. El solo concepto de jerarquía o la presencia de sacerdotes me echaba para atrás, me repelía en lo más profundo. No quería formar parte de nada y, según empezaba a conocer algo, en seguida veía en ello el eco de una secta”.

Vanesa Prieto, actriz, ante uno de los carteles de una de sus representaciones en marzo de 2026 / Foto: Facebook de Vanesa Prieto

Camino de sanación

Fue un “camino de sanación que tenía que hacer en solitario, fiel a mí misma”. En este sentido, “el catolicismo no entraba para nada en mis planes. Veía demasiados puntos en común con los Testigos de Jehová y lo rechazaba. Y eso que, en el tiempo en el que aún pertenecía a la secta, en parte por rebeldía y en otra porque me sentía bien, me gustaba entrar a las iglesias vacías y sentarme un rato en sus bancos. Era una sensación extraña, pues era algo que no me estaba permitido y, sin embargo, me daba una gran sensación de paz”.

Entonces, en 2018, sucedió algo que lo volvió a cambiar todo: “Conocí a Olivier, quien al poco se convirtió en mi pareja. Era católico y estaba haciendo los ejercicios espirituales ignacianos. Cuando me hablaba de estas cosas, yo era muy reacia y lo veía carca. Se abría y me explicaba cómo era su fe, ¡y hasta me invitaba a ir a misa con él! Me daba algo de miedo todo eso, pero, al mismo tiempo, me sorprendía porque con él todo era distinto. Veía coherencia entre lo que decía y hacía. Sin ser un camino ni mucho menos perfecto, le veía feliz, demostraba que era algo natural a él y que le hacía mejor. Además, en un ambiente de mucha libertad, participamos juntos en iniciativas ecuménicas, conocimos varios carismas y valoré la diversidad del mundo católico”.

Fue así como consiguió romper con sus prejuicios y se decidió a dar un paso muy importante: “Poco a poco noté cómo el catolicismo empezaba a resonar en mi interior y sabía que, de algún modo, era un encuentro natural con la fe de mis ancestros, antes de abandonar su religión. No le dije nada a casi nadie, pues quería que fuera algo propio e íntimo, pero decidí inscribirme en una catequesis para conocer profundamente la fe católica. En ese momento lo hice por probar, por darle una oportunidad a esa experiencia, pero sin saber si la completaría hasta el final o no”.

Bautismo, comunión y confirmación

Ese tiempo de formación en un ambiente parroquial, acompañada por un matrimonio “cuyo testimonio personal de coherencia también fue clave”, desembocó en un día inolvidable para ella: “En la vigilia pascual de 2019, el 20 de abril, recibí en la misma ceremonia el bautismo, la comunión y la confirmación. y en 2021 recibí otro sacramento, el del matrimonio, al casarme con Olivier”.

Fue entonces, después de bautizarse cuando conoció a Santa Teresa de Lisieux. "Buscaba una actividad relacionada con mi espiritualidad cristiana, y mi ahora esposo me habló de un taller de lectura de los textos de Santa Teresa de Lisieux en la iglesia de Saint-Leu-Saint-Gilles en París", recuerda. Durante la pandemia de Covid, que paralizó el mundo, trabajó con el director y montó la obra Historia de un alma, que se representó en iglesias parisinas. “Fue una puesta en escena muy sencilla, pero muy bonita y a mí me permitió estrechar aún más en mi vida la relación con la fe”.

"Así conocí a Teresa de Lisieux, y siempre ha estado presente en mi vida. A menudo le confío mis inquietudes, comparto mis proyectos con ella porque ¡ella también era actriz!". Santa Teresa de Lisieux escribió, en efecto, ocho obras de teatro, antes llamadas recreaciones piadosas. Dos de ellas están dedicadas a Santa Juana de Arco, a quien ella misma interpretó.

Santa Teresita de Lisieux interpretando a Juana de Arco / Foto: Office Central de Lisieux

"Lo que más me inspira de Teresa es su increíble seguridad en sí misma, su asombro ante las cosas y su capacidad de soltar. Aprendo mucho de ella porque yo suelo intentar controlarlo todo", afirma Vanesa Prieto.

Una nueva vida en la que Vanesa continúa caminando en la fe: “He completado dos años de formación en Teología. Lo he hecho por conocer más cosas cada día y porque lo que más me fascina del catolicismo es que, al abrir mi alma, tengo muchas más preguntas que respuestas. Y eso es apasionante”.

Dinamismo espiritual

Con todo, si se tiene que quedar con unos instantes que simbolicen este complejo camino, el primero es el que se dio hace tres años, al principio de esta nueva etapa: “Fue una ceremonia en Notre Dame poco antes del incendio. Fue un momento de gran belleza, reflejo del dinamismo espiritual que se percibe en ciertos ambientes de la ciudad. Aquí la llaman la ‘llamada decisiva’. Éramos unas 800 personas y para mí tuvo un significado muy emotivo, pues era la ceremonia previa al bautismo”.

El recorrido vital de Vanesa ha estado marcado por el dolor tanto como por la aspiración a la belleza y el deseo de jamás dejar de ser ella misma. Y siempre con un gran mar de fondo: la búsqueda espiritual. Porque, como concluye, “a veces Dios viene a buscarnos a los lugares más insospechados”.

viernes, 1 de mayo de 2026

Aideé Citlali Manzano, psicóloga de 42 años: «Había sido Testigo de Jehová, me alejé de Dios, me detectaron un tumor y vi que necesitaba tener la guía de Dios... el respaldo de la Iglesia Católica y me he bautizado»

Aideé Citlali Manzano Mediana es bautizada la noche de la Vigilia Pascual, el sábado santo, 4 de abril de 2026 / Foto: EWTN Noticias

* «Dios es un Padre muy amoroso, que sabe cuántos cabellos tenemos, qué hay en nuestros sentimientos, qué hay en nuestro corazón»

Camino Católico.- Aideé tenía 42 años, dos hijas y un tumor recién extirpado cuando decidió que ya no podía más sola. Había sido Testigo de Jehová de niña, pero hacía años que no pertenecía a ninguna iglesia.  

Fue en la Rectoría de San Buenaventura, al sur de la capital, durante la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Esa noche, junto a otras 18 personas, Aideé Citlali Manzano Mediana recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y contrajo matrimonio por la Iglesia. 

Redescubrir a Dios 

Aideé, psicóloga de 42 años, es madre de dos hijas junto a su esposo Francisco. En entrevista con ACI Prensa, relata que durante mucho tiempo pensó que sólo con “creer en Dios era suficiente para salir adelante”. Sin embargo, algo cambió en los últimos años.

“A pesar de que yo había tenido acercamiento con la Iglesia Católica, yo decía: ‘sí me gusta, pero pues yo no necesito pertenecer a ninguna iglesia, ni a ninguna religión, porque yo tengo a Dios en mi corazón y eso es suficiente’”, cuenta. 

Reconoce que un momento decisivo de aprender más de Dios llegó cuando le detectaron un tumor en 2024. Aunque enfrentó la operación para extirparlo con valentía, el proceso posterior fue distinto. “A los dos meses empecé a sentir como que me iba para abajo, depresión, empezaron a cambiar muchas cosas”, recuerda. 

Cuenta que se decía a sí misma: “yo puedo sola”. Sin embargo, llegó a un límite y en 2025 reconoció que no podía más y que “necesitaba tener la guía de Dios... el respaldo de una iglesia como la Iglesia Católica, de una religión”. 

Antes ya había sido Testigo de Jehová. “Participé activamente hasta la edad de 15 años. Aunque yo creía en Dios no sentía que pertenecía a esa ideología”, dice. Con el paso del tiempo, se alejó por completo de la práctica religiosa y, como ella misma relata, “varios años me alejé de Dios”. 

Tras concluir sus estudios en psicología, comenzó a hacer voluntariado en el Hospital General Dr. Rubén Leñero, en el área de urgencias y traumatología. Fue en ese entorno donde, gracias al testimonio de un sacerdote y dos psicólogas católicas, comenzó a tener nuevas preguntas de fe.  Sin embargo, reconoce que en ese momento “no tenía oídos para oír”. 

Después de admitir que necesitaba a Dios y a la Iglesia Católica, se acercó con la convicción de permanecer en ella. En la comunidad de San Buenaventura encontró el acompañamiento espiritual que buscaba. 

Con el apoyo de Francisco, su pareja, se preparó para recibir los sacramentos. En la pasada Vigilia Pascual recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y contrajo matrimonio por la Iglesia. 

Hoy vive esta nueva etapa con entusiasmo. En su hogar colocó una repisa donde conserva su Cirio Pascual y espera añadir imágenes y otros signos religiosos para que ese espacio “sea un lugar para Dios”.  

También reconoce que aún desea seguir aprendiendo, ya que “hay otras oraciones que yo los escucho decir y no me las sé”. “Nuestros padrinos de boda nos hicieron el favor de regalarnos unos rosarios y nos dijeron: ‘los rezan juntos’, y yo dije: ‘sí, pero no sé rezar el rosario’”. 

Aunque siempre creyó en Dios, hoy lo contempla de otra manera: como “un Padre muy amoroso”, que sabe “cuántos cabellos tenemos, qué hay en nuestros sentimientos, qué hay en nuestro corazón”.

Hay que dejar actuar a Dios 

El P. Guillermo, que ha acompañado a Aideé en su proceso, asegura que ha visto cambios evidentes. Entre ellos destaca “una mayor conciencia de la filiación divina”. 

También observa “una conciencia que Dios hace nuevas todas las cosas y por lo tanto una renovada esperanza”, así como la experiencia de saberse que dentro de la Iglesia Católica siempre se sentirá “acogida, amada e impulsada para caminar renovando su vida y su vida concreta de cada día”. 

Un signo que el sacerdote subraya es que  ha vivido un verdadero “encuentro personal con el Señor” a partir del “testimonio callado, silencioso, entregado, alegre” de las personas que han influido en su vida. 

Por ello, hace una invitación a los demás católicos a ser testimonio y dejarse “guiar por el Señor y compartir esta vida, esta alegría que nos inunda a nosotros, esta esperanza que tenemos”.

viernes, 21 de marzo de 2025

Estebane, 35 años, es gendarme y recibirá el bautismo: «El amor que me viene de Cristo es mi misión para testimoniarlo y compartirlo; la fe ha cambiado mi alma, dejando aún más espacio para amar y compartir»


Estebane, de 35 años, es gendarme y se bautizará la próxima Pascua / Foto: Cortesía de  Estebane

* «En los momentos cruciales de una investigación, cuando anunciamos la muerte de alguien a su familia, cuando acompañamos a menores que han sido violados, a mujeres maltratadas pero también a acusados, rezo e intento ser ese guardián, esa persona que aporta un poco de luz. Desde que entré en el catecumenado, es como si mi corazón se hubiera abierto completamente. Amo algo más que a mi familia y a mis amigos íntimos»

Camino Católico.-  Escuchar a Estebane relatar su itinerario de fe es un poco como recuperar el aliento después de haber corrido demasiado para subir a un autobús. Su vida, sus elecciones, su compromiso profesional y su camino espiritual se entrelazan con la sensación de que ahora todo está en su sitio, cuando tenía que estar. Estebane, de 35 años, gendarme y padre del pequeño Augustin, vive con su novia Aurore cerca de Chambéry. En Pascua recibirá el bautismo y se convertirá en hijo de Dios.

"Es difícil explicar lo que siento, pero al mismo tiempo parece muy sencillo", dice rápidamente, con las palabras revolviéndose en su boca. "Es un poco como escalar al aire libre", intenta explicar este aficionado al deporte. "Escalo la pared y cuando algunos pasos parecen infranqueables me preocupo menos porque sé que estoy a salvo con Jesús, aunque no pueda ver la cuerda", explica a  Agnès Pinard Legry en Aleteia.

Cuando le trasladaron a Chambéry hace dos años, Estebane fue a comprar una Biblia. "Recuerdo que el librero me dijo entonces: 'Cuando llevas a Jesús contigo, siempre viajas en primera clase'", cuenta. "Y es verdad: mi vida ha adquirido una dimensión totalmente nueva. Es increíble cómo, en tan poco tiempo, la fe ha cambiado mi alma, dejando aún más espacio para amar y compartir".

Aunque no cayó en ello de niño, Estebane oyó hablar de la fe y de Dios desde muy pequeño. Su padre procedía de una familia comunista y anarquista que huyó de España durante la guerra, pero su madre creció en una familia católica. "Recuerdo tener una Biblia ilustrada cuando tenía 8 años", recuerda. "Mi madre no quería dejarnos a la intemperie".

Estebane confiesa que siempre ha tenido "esa lucecita", y creció viendo a sus amigos bautizarse, hacer la Primera Comunión, etcétera. Iba a misa de vez en cuando e incluso llegó a organizar una peregrinación cuando estaba en la escuela de gendarmería. "Es como una semilla plantada que necesitaba crecer un poco, florecer. Sentía que estaba en el buen camino, pero aún no estaba preparado para pedir el bautismo”.

Al hacer balance de su carrera, admite que la elección de su profesión, gendarme, no fue de poca importancia: "Siempre he querido defender a los más pequeños, a los más vulnerables", resume. También recuerda una misión en el Jura al principio de su carrera, cuando buscaba a un enfermo de Alzheimer de 80 años. "Era como buscar una aguja en un pajar", recuerda.

"Cuando llegué a un pueblo tras varias horas de búsqueda, vi una estatua de la Virgen María e instintivamente puse la mano sobre ella, pidiéndole que me ayudara". Treinta segundos después, Estebane entró en una casa y encontró al nonagenario. "Simplemente estalló, no se puede explicar", admite. "Tuve la sensación de que alguien me apoyaba". Unos años después, en 2017, el gendarme fue desplegado en las Antillas, en San Martín, tras el paso del huracán Irma. Allí fue movilizado a un poblado chabolista que había quedado completamente destruido. "Recuerdo la Misa de Navidad allí… Fue increíble. A esa gente no le quedaba nada, pero lo dieron todo. Me llegó al corazón".

Cuando empezó su catecumenado, asegura Estebane, recibió "un puñetazo de amor". "Volví a casa de puntillas. Me sentía un poco culpable por haber tardado tanto en pedir el bautismo, no me sentía legítimo. Pero conocí a gente increíble que no me juzgó y que simplemente me acogió". Desde entonces, "todo tiene más sentido".

Especializado en investigaciones sobre menores y violencia contra las mujeres, entra regularmente en contacto con el sufrimiento y la oscuridad. Una misión que también cobra mayor sentido hoy, a pocas semanas de su bautismo. "Cada uno es el guardián de su hermano. Tanto para las víctimas como para los acusados, me esfuerzo por serlo aún más", resume con sobriedad.

"En los momentos cruciales de una investigación, cuando anunciamos la muerte de alguien a su familia, cuando acompañamos a menores que han sido violados, a mujeres maltratadas pero también a acusados, rezo e intento ser ese guardián, esa persona que aporta un poco de luz".

Estebane va aún más lejos: "Desde que entré en el catecumenado, es como si mi corazón se hubiera abierto completamente. Amo algo más que a mi familia y a mis amigos íntimos. El amor que me viene de Cristo es mi misión para testimoniarlo y compartirlo". A todos.

jueves, 20 de marzo de 2025

Livia era musulmana y se va a bautizar católica en Pascua: «Jesús es toda mi vida, es una relación de amor que lo ilumina todo; Fue este amor absoluto el que me impactó hasta el punto de seguirle»


Livia era musulmana y se va a bautizar como católica en la Pascua de este 2025 / Foto: Cortesía de Livia

* «Soy capaz de superar todo gracias a Jesús. En cuanto tengo dudas, sé que el enemigo está detrás de ellas, así que voy por el buen camino. La duda no viene de Dios. ‘Quien pone la mano en el arado y luego mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios’»

Camino Católico.- Porque estamos llenos del amor de Cristo cuando recordamos que uno murió por todos, y así todos han pasado por la muerte (…) Si alguno, pues, está en Cristo, es una nueva creación". (2 Cor 5, 14) Al acercarse la Pascua, Livia también se prepara para ser renovada por la gracia del bautismo. Cuando empieza a hablar de Cristo, esta mujer de unos cuarenta años se llena de una alegría incompresible, pero al otro lado de la línea se le quiebra la voz. "Lo siento si estoy llorando", se disculpa, antes de tranquilizarnos: "Son solo lágrimas de alegría",  explica a Cécile Séveirac en Aleteia. 

Musulmana practicante desde hace unos veinte años, esta auxiliar de cuidados paliativos del hospital de Narbona llegó a la fe católica tras un largo itinerario personal. Aunque de origen gabonés, procedía de una familia católica tradicional, pero sus padres no eran católicos practicantes y el hecho de haber asistido a una escuela católica no bastó para convencerla. "Hacia los 13 años, empecé a interesarme por el Islam", explica a Aleteia. "Acabé convirtiéndome un poco más tarde y tuve a mi primer hijo muy pronto, a los 18 años, sin ni siquiera estar casada".

Sin mirar atrás

Cuando llegó a Francia en 2016, conoció a un hombre católico tradicional que se convirtió en su marido. Menos asidua a la práctica del islam, Livia sintió que se instalaba "un vacío". "Me iba alejando de Dios sobre la marcha y acabé sintiendo la necesidad de volver a conectar con Él", explica.

"Me interesé por el cristianismo, pero no quería precipitarme. El razonamiento era sencillo: cristianismo significa seguir a Cristo, así que necesito conocer a Cristo", explica Livia. Así que allí estaba ella, Biblia en mano… con los Testigos de Jehová. "Cuando era pequeña, en Gabón, había una iglesia justo enfrente de mi casa. Sabía que esta gente estudiaba la Biblia [de la que hacen un mal uso, refutando en particular la divinidad de Cristo, la Trinidad, la existencia del infierno y la inmortalidad del alma, nota del editor] así que fui allí a ver".

Fue allí donde "encontró a Jesús", conmovida hasta el corazón por el sacrificio de Cristo en la cruz. "Me sentí dispuesta a aceptarle como mi salvador. Advertida por su marido del carácter sectario de los Testigos de Jehová, Livia fue dirigida por su suegra a los franciscanos de Narbona y atendida por los feligreses antes de comenzar su catecumenado en septiembre de 2024.

Livia encontró a Jesús en los Testigos de Jehová estudiando la Biblia, pero advertida por su marido que eran sectarios fue a los Franciscanos de Narbona a iniciar el catecumenado / Foto: Cortesía de Livia

Hoy, Livia es categórica: su conversión ha transformado su vida. "Jesús es toda mi vida. Me di cuenta de que no era un simple profeta: es el camino, la verdad y la vida. Es una relación de amor que lo ilumina todo. Fue este amor absoluto el que me impactó hasta el punto de seguirle", confiesa, con la voz entrecortada por la emoción.

Livia puede tener sus dudas, pero sabe que nunca volverá atrás. "Soy capaz de superar todo eso gracias a Jesús. En cuanto tengo dudas, sé que el enemigo está detrás de ellas, así que voy por el buen camino. La duda no viene de Dios". Y concluye: "Quien pone la mano en el arado y luego mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios" (Lc 9,62).

domingo, 16 de marzo de 2025

Noa creció entre los Testigos de Jehová, pero se va a bautizar en Pascua: «La primera vez que entré a rezar en una Iglesia me puse de rodillas, hablé con el corazón y sentí algo que nunca antes había sentido»


Noa -en la imagen en el Santuario de Lourdes- va a ser acogido en la Iglesia Católica en la Pascua de este año 2025 / Foto: Cortesía de Noa

* «Mi mejor amigo, Ismael, se hizo católico. Cuando se bautizó en 2023, empezó a hablarme de la Iglesia. Al principio era escéptico, pero luego empecé a interesarme. Es Él quien me llevó a Dios. Todavía tengo muchas preguntas, pero sé que por fin he encontrado el camino de la verdad»

Camino Católico.-  “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Estas palabras están siendo preparadas por miles de catecúmenos en todo el mundo para escucharlas en la noche de Pascua cuando recibirán el bautismo. Noa, que creció entre los Testigos de Jehová. Nos habla de su alegría al encontrar por fin las respuestas a sus preguntas.

Noa se educó en la fe desde muy pequeño. Pero no fue hasta los 22 años cuando, según dice, encontró por fin la verdad. Nacido en una familia de Testigos de Jehová, esta estudiante de administración en Narbona (Aude) estuvo muy implicado en la vida de su comunidad hasta los 17 años, a pesar de su particular entorno familiar. "Vengo de una familia mixta. Tengo un hermano y una hermana mayores, pero nuestros padres se separaron cuando yo tenía 9 años. Mi padre se volvió a casar y mi madre también empezó una nueva vida con otra persona", explica a Anna Ashkova en Aleteia. 

Mientras que su madre ha dejado de practicar su religión desde el divorcio, su padre ha seguido acudiendo a las reuniones de los Testigos de Jehová. "Iba con él cuando estaba en casa, pero cuando llegué a la adolescencia me fui alejando poco a poco. Lo que me molestaba de los Testigos de Jehová eran sus muchas prohibiciones. Estaba un poco harto de eso. En casa de mi madre ya no había obligaciones, uno quiere estar cómodo cuando es joven. Yo necesitaba libertad", recuerda. Una separación que decepcionó a su padre. Aunque el ambiente entre ambos fue tenso durante dos o tres meses, al final la elección de Noa no dañó su relación. Ahora tiene que contarle algo nuevo a su padre: la noche de Pascua se bautizará.

Si la familia es la primera escuela de santidad, como atestiguan los numerosos ejemplos de madres-padres-hijas-hijos que han llegado a ser santos, la amistad también parece ser un apoyo útil y beneficioso. Noa es la prueba viviente de ello.

"Mi mejor amigo, Ismael, se hizo católico. Cuando se bautizó en 2023, empezó a hablarme de la Iglesia. Al principio era escéptico, pero luego empecé a interesarme…", explica. A este testimonio vivo se añade el de las piedras. Gran amante de Francia, Noa empezó a preguntarse por el patrimonio de su país y por todas sus iglesias. "Me encanta todo lo relacionado con las iglesias, ya sean grandes o pequeñas: el ambiente, la belleza del lugar… Es tan maravilloso pensar que la gente fue capaz de crear estos lugares llenos de historia".

Ya había visitado iglesias para contemplar las vistas, pero un día experimentó una conversión no muy distinta a la de Charles Péguy. "La primera vez que entré a rezar, sentí algo que nunca antes había sentido. No sabía cómo rezar, pero me puse de rodillas en una pequeña iglesia de un pueblo cercano a Narbona y hablé con el corazón".

Noa no tardó en pedirle a su mejor amigo que le llevara a Misa. Así conoció al padre Marc-Olivier de Vaugiraud. "Me respondió a las muchas preguntas que ya había hecho a los testigos de Jehová y para las que no encontraba una respuesta satisfactoria. Sus respuestas me parecieron mucho más pertinentes. Era exactamente lo que esperaba. Todavía tengo muchas preguntas, pero sé que por fin he encontrado el camino de la verdad", dice Noa, que enseguida tuvo el deseo de bautizarse. Naturalmente, pidió a su amigo Ismaël que se convirtiera en su padrino. "Él fue quien me llevó a Dios, me apoya en todo". Juntos fueron a Lourdes el año pasado. "¡Fue magnífico! El Vía Crucis, la Misa, la basílica… ¡No me lo esperaba!"

Su decisión de recibir el bautismo fue bien acogida por su madre y sus hermanos, aunque hacía tiempo que se habían alejado de la fe. "Hablo con ellos de lo que estoy pasando. Me dicen que mientras sea feliz y me haga bien, debo seguir adelante. Sé que tarde o temprano me harán preguntas. Haré todo lo posible para que ellos también se unan a la Iglesia", promete el joven, que aplaza la discusión con su padre, deseoso de "encontrar las palabras y los argumentos adecuados". Aunque está deseando que llegue la noche de Pascua, también sabe que le espera una gran responsabilidad. "Es un verdadero cambio de vida el que he emprendido", concluye Noa, feliz.

lunes, 3 de junio de 2024

Sandrine: «Estuve 10 años en los Testigos de Jehová, pero en una noche de oración Jesús transformó mi vida, me confesé, me liberó y vuelvo a ser católica»

 


* «Era escéptica, pero dijeron unas palabras que me tocaron personalmente. Estas palabras me decían que fuera a reconciliarme con Dios, que me confesara y me liberara de lo que pensaba. Dios me había perdonado pero yo tenía que perdonarme a mí misma para poder seguir adelante en mi vida cristiana. Me siento mal si durante una comida no hablo sobre mi fe, se lo que he leído o he comprendido. Estoy encantada de que Jesús haya transformado mi vida porque conlleva mucho bien y plenitud»

Vídeo del testimonio de  Sandrine en Découvrir Dieu que traduce y edita Mater Mundi TV

Camino Católico.-  Aunque nació en una familia cristiana, en la adolescencia se empezó a hacer preguntas para las que no encontraba respuestas. La animaron a buscar en la Biblia a través de una comunidad de Testigos de Jehová. «Ellos te hablarán de la Biblia mucho mejor que en la Iglesia Católica», le dijeron. Le tentó la idea y confió en su propio discernimiento para distinguir lo que sería mejor.

Leer más...

jueves, 28 de diciembre de 2023

Otto Bermúdez, testigo de Jehová y músico, se hundió y quería suicidarse pero la Virgen lo hizo católico en Pentecostés: «La oración activa la fe y la fe el milagro. Soy un milagro»

 


* «Oré: ‘Yo no te conozco Virgen María, no sé si existes, pero si haces algo por mí, entonces te voy a conocer’… Uno se arrodilla con angustia y se levanta con una bendición. Cuando haces un pacto de fe con Jesús, Él siempre paga por adelantado, se sale del negocio… Perdí una familia y Dios me dio una familia inmensa, que es la Santa Iglesia Católica»

Vídeo de Mater Mundi TV del testimonio de Otto Bermúdez

Camino Católico.-  Otto Bermúdez creció en una familia de músicos y de testigos de Jehová. Y lo hizo entre grandes talentos, exigencias, disciplina… y apartado de cualquier tipo de milagros, resurrecciones y de la propia Virgen María. Nieto de Lucho Bermúdez, el gran intérprete de la música popular colombiana del siglo XX, Otto iba a descubrir la fe católica a través de personas y situaciones que Dios ponía en su camino, de un modo totalmente insospechado.

Leer más...

jueves, 2 de septiembre de 2021

Paqui García y Manuel Soriano están casados, eran testigos de Jehová y cuentan su testimonio de por qué y cómo se han convertido en católicos después de un largo camino


 Camino Católico.- Paqui García y Manuel Soriano están casados y han recibido juntos el sacramento de la Confirmación, tras un recorrido que parte del alejamiento de la religión, pasa por los testigos de Jehová, y arranca verdaderamente cuando el dial de Radio María se queda misteriosamente «atascado». Ha sido la Diócesis de San Sebastián quien ha publicado una entrevista testimonial del matrimonio y su acción de gracias, puesto que la celebración de su entrada en la Iglesia la presidió  Mons. José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, el pasado 18 de agosto de 2021.