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domingo, 3 de mayo de 2026

Davide Fiorillo murió de leucemia con 8 años: veía a Jesús, la Virgen, los ángeles y cambió la vida de sus padres: «Comprendimos que Jesucristo está vivo en la Eucaristía»



Davide Fiorillo cambió desde que empezó a ver junto a sí a Jesús, la Virgen y los ángeles. Y su alegría cambió la vida de fe de sus padres / Foto: Cubierta de 'Davide', la historia del pequeño contada por Costanza Signorelli

* «Sabiendo cuánto le gustaba comprar juguetes, le dije: ‘¿Ves cuánto dinero te han regalado? ¡Tienes que decirle a los angelitos y a la Virgen que te curen para que puedas gastarlo!’. Me contestó enseguida, sin pensárselo: ‘No, papá. Me están esperando. Me tengo que ir’. ¿Se imaginan a un niño de ocho años hablando así de su muerte, con una certeza y una serenidad indescriptibles? Davide nos mostró que la muerte no es el final, sino el principio de la vida. Antes de ir al cielo, se hizo coser un traje especialmente para volar con los angelitos: lo eligió todo hasta el último detalle, y cuando se lo probó, parecía que se estaba preparando para una boda, ¡para el día más hermoso de su vida!»

Camino Católico.-  Davide Fiorillo murió a los 8 años de edad a consecuencia de una larga enfermedad. Durante esa etapa final de su corta vida vio con frecuencia a Jesús, la Virgen y los ángeles. Una historia extraordinaria que sus padres, Salvatore y Elisa, han contado a Riccardo Caniato en Maria con te y reproduce Famiglia Cristiana.

-¿Quieres parar un poco y ver el mar?


-¡No mamá, tenemos que irnos! La Virgen nos espera.


En este intercambio entre Elisa y su hijo se incluye ya el misterio de una vida, recogido por la periodista Costanza Signorelli en el volumen David. El niño que hablaba con los ángeles (Ares). Una historia conmovedora que será fuente de esperanza para todos aquellos que cargan con una cruz en su enfermedad.


Davide Fiorillo, calabrés de Piscopio, en la provincia de Vibo Valentia, murió de leucemia a los 8 años, el 22 de junio de 2021, en circunstancias especiales que hacen que su historia sea extraordinaria. Nacido en el seno de una familia no practicante, Davide abrazó en un momento dado su enfermedad incurable con una serenidad sorprendente: lo hizo desde el momento en que, según testimonió el pequeño a sus padres, los ángeles vinieron a hacerle compañía, después la Virgen y por último Jesús. Todos le prepararon y acompañaron en su paso al Cielo.



Davide Fiorillo con su madre Elisa / Foto: Famiglia cristiana


Dentro de esta historia, un pasaje significativo se refiere al santuario de Nuestra Señora de los Ángeles de Cassano delle Murge, que relatamos en el número 5 del semanario Maria con te [María contigo]: fue aquí donde la Virgen invitó dos veces al niño, y donde este se apresuró a reunirse con ella a costa de renunciar al mar que tanto amaba; y fue aquí donde las dos veces se le vio caer en éxtasis ante la estatua de la Virgen de los Ángeles.

Pero María también salió al encuentro del sufrimiento de Davide en la vida cotidiana de su casa: como nos testimonian directamente sus padres, Salvatore y Elisa, en la siguiente entrevista.


-¿Cuándo comenzaron los fenómenos místicos para Davide?


-Salvatore: Los descubrimos el 19 de marzo de 2021. Davide estaba hospitalizado en Roma, en el Bambin Gesù, los médicos acababan de decirnos que no había esperanza para él. Elisa y yo estábamos desesperados, ya no sabíamos ni qué decirle a nuestro hijo. En un momento dado, Elisa le habló del ángel de la guarda, para aferrarse a una imagen consoladora, como el que se refugia en los cuentos de hadas, y Davide, todo alegría, le contestó: "Mamá, uno no, ahora veo tres. Y si cierras los ojos, también tú los ves".


-¿También veía a la Virgen?


-Elisa: "La Virgen es muy hermosa", nos decía. La vio rodeada de ángeles, como está representada en la estatua del santuario de Cassano. Él no conocía ese lugar, ninguno de nosotros lo conocía, fue María quien se lo indicó, quien le hizo encontrar esa imagen suya en internet y pedirnos que fuéramos en peregrinación.



Nuestra Señora de los Ángeles, en el santuario que le está consagrado en Cassano delle Murge (Apulia, Italia).


-Salvatore: Primero vio a los ángeles, que le prepararon para el encuentro con la Virgen. En ese momento Ella ya no le abandonó nunca más y a su vez le preparó para el encuentro con Jesús que tuvo lugar con su Primera Comunión.


-Ad Jesum per Mariam. El capítulo del libro dedicado a la Eucaristía se titula: "Veo a Jesús". ¿Qué ocurrió exactamente ese día?


-Elisa: Era la primera misa a la que asistía Davide. Durante la celebración tenía una mirada seria y profunda, estaba sereno y decidido en sus movimientos, como si ya lo supiera todo. Le oíamos hablar en voz baja y no entendíamos si estaba participando en el rito (que desconocía) o conversando con alguien. En un momento dado le pregunté si la Virgen había venido a la misa, como había prometido. Me contestó que ya estaba en la iglesia esperándole y, tras mirar hacia arriba como cuando se escruta el cielo, lleno de felicidad le dijo a su padre que los angelitos también estaban allí. Por la noche, cuando todo había terminado, tuve el valor de preguntarle si también Jesús se había presentado, me contestó que solo después de comer la Hostia consagrada había visto a Jesús y nos lo describió.


-¿Cómo lo describió?


-Elisa: Con estas palabras exactas: "¡Guapo! Joven como San Miguel, sin barba, con el pelo no muy largo, vestido con una túnica blanca y un manto rojo". También nos dijo que Jesús le había acariciado con una mano y le había tocado el corazón con la otra.


-En el libro se relata la primera comunión de Davide como un giro radical en vuestra vida…


-Elisa: Tanto Salvatore como yo vivíamos lejos de la Iglesia y de los sacramentos; y Davide había crecido sin ninguna formación religiosa. Nunca antes habíamos comprendido lo que significa que Jesucristo está vivo y presente en la Eucaristía. A través de nuestro hijo tocamos con nuestras manos esta presencia real. Davide nos dijo que vio a Jesús, pero nosotros vimos cómo él nos lo dijo: su confianza, su fe, su espontaneidad, sus ojos llenos de una luz que no existe en esta tierra.


-Salvatore, usted es apicultor, un hombre concreto, de la tierra: ¿cómo pudo creer en las palabras de su hijo y cómo le cambiaron?


-Salvatore: La pregunta que me hago es la contraria: ¿cómo no iba a creer? Desde el primer momento en que oí a mi hijo hablar del Cielo, algo dentro de mí cambió. Es como si las palabras de Davide respondieran a tantas preguntas que yo llevaba dentro de una manera que nadie había respondido nunca. La primera vez que Elisa me llevó corriendo al hospital, diciéndome que Davide había hablado de los angelitos y del Cielo, rompí a llorar y sentí dentro de mí una certeza inquebrantable. Día tras día, Elisa y yo -cada uno a su manera, pero juntos- comprendíamos que si lo que nuestro hijo nos contaba era verdad, ¡nuestra vida ya no podría volver a ser la misma! Yo soy un hombre racional y había vivido como si nada existiera más allá de lo que podíamos ver y tocar. Pero Davide nos mostró otra vida, la verdadera, y es la que él más esperaba y deseaba.



Davide Fiorillo / Foto: Famiglia cristiana


-¿Cómo les comunicaba estas cosas?


-Salvatore: De muchas maneras. Le pondré un ejemplo. Al día siguiente de la Primera Comunión vi a Davide jugueteando con su hucha en forma de casita de abejas. Sabiendo cuánto le gustaba comprar juguetes, le dije: "¿Ves cuánto dinero te han regalado? ¡Tienes que decirle a los angelitos y a la Virgen que te curen para que puedas gastarlo!". Me contestó enseguida, sin pensárselo: "No, papá. Me están esperando. Me tengo que ir". ¿Se imaginan a un niño de ocho años hablando así de su muerte, con una certeza y una serenidad indescriptibles? Davide nos mostró que la muerte no es el final, sino el principio de la vida. Antes de ir al cielo, se hizo coser un traje especialmente para volar con los angelitos: lo eligió todo hasta el último detalle, y cuando se lo probó, parecía que se estaba preparando para una boda, ¡para el día más hermoso de su vida!


-¿Les describió también lo que hay después de la muerte?


-Elisa: Nunca habló de la muerte. Un día nos contó que los angelitos le llevaron a ver el Paraíso y lo describió como un lugar precioso, lleno de luz y con un arcoíris. Un lugar donde ocurren las cosas bonitas que deseas y donde no hay sufrimiento, de hecho repetía: "En el Paraíso no se toman medicinas y no hay hospitales". Piense que Davide estaba muy unido a mí, hasta el punto de que durante las estancias en el hospital no me dejaba salir de la habitación, pero desde el momento en que vio el Paraíso empezó a decir que quería ir allí. Tenía una serenidad inexplicable y me decía que tenía que estar tranquila porque siempre vendría a verme.


-Salvatore: No solo escuchamos sus historias, sino que le vimos cambiar por completo: antes de partir hacia el Cielo, Davide había superado la angustia típica de los niños que sufren enfermedades graves durante años. Ya no lloraba ni tenía rabietas. Se había vuelto alegre y lleno de vida, daba gracias por todo, quería a todo el mundo y siempre hablaba del Cielo. Incluso su hermano Antonio, al que estaba muy unido, se sintió abrumado por este cambio. Uno de sus últimos días, reunió a su familia, incluidos sus tíos y primos pequeños, y nos llevó a misa. En la iglesia, viendo que íbamos rezagados, nos "empujó" a los bancos de delante para que estuviéramos cerca del altar. Iba en el cochecito porque el dolor le impedía caminar, pero estaba lleno de una alegría que nos dejaba sin palabras. Era el día del Corpus Christi.


-La estatua de Nuestra Señora de los Ángeles de Cassano es una figura regia…


-Elisa: Para Davide la "Madonnina" -así la llamaba- era ante todo una madre. Un día, cuando le pregunté qué hacía o qué le decía la Virgen, me respondió con franqueza: "Se acerca a mi cama y me abraza como una madre, ¡como haces tú!".


-Salvatore: Davide, con la espontaneidad y la ingenuidad de un niño, nos hizo comprender que el Cielo -los Ángeles, la Virgen, Jesús, los Santos- son personas familiares, y están más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar.

lunes, 18 de septiembre de 2023

¿Qué debe de hacer el cristiano ante los ataques a los valores de la familia? Responde Mons. José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante

 


«Si hubiera más santos, esta crisis no habría podido acontecer. La gran crisis de secularización también se explica por la poca fuerza que hemos tenido de convicción desde la santidad, se ha impuesto por carencia nuestra. Si hubiésemos vivido con más santidad el mensaje de Cristo, difícilmente nos habría invadido con tanta facilidad. Lo que hay es una crisis de santidad. Hay que vivir en un estado continuo de revisión y conversión»

«Necesitamos familias que recen unidas y hagan de la oración el lugar en el que encontrarse, que sepan que de ella reciben la fuerza. Los hijos no necesitan superpadres, sino unos padres que posiblemente sean débiles y frágiles, pero que se quieran y que amen a Dios. Ese amor les traerá la fuerza y gracia»

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lunes, 14 de diciembre de 2020

Pedro Ruiz y Yolanda Muñoz, padres de dos hijos: «Tratamos de que puedan decir ‘mirad como se aman’ y vivir como testigos de Dios en nuestras relaciones»

 


* «Queremos que nuestro estilo de vida como familia y personalmente esté marcado por el Evangelio, y eso implica alegría, transparencia, acogida… ya que somos conscientes de que nuestra vida tiene que ser fermento y transformar las realidades en las que nos movemos cada uno y como familia, sabiendo que son muchas las personas con las que compartimos la vida, regalos del Señor para nosotros»

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viernes, 27 de noviembre de 2020

José María Mayoral y Paola Mendiburu, padres de una niña: «Con Dios en medio de nuestra relación todo es más fácil. Luchamos por corresponder al amor de Dios y llegar al cielo»

 


* «Los pilares que nos sostienen son el amor a Dios, el diálogo entre nosotros, el perdón y los sacramentos. A diario intentamos ir a misa, hacer oración y rezar el Rosario. Frecuentemente acudimos al sacramento de la confesión para descargar nuestras miserias. Todo esto nos ayuda a sentirnos hijos de Dios y recibir la gracia para afrontar las dificultades que van surgiendo en la vida y nos sirve para aprender a amar a los demás más y mejor. Si de verdad dejamos trabajar a Dios en nosotros a través de la oración y la participación en los sacramentos habrá un algo que nos diferencie del resto y que llamará la atención. Trataremos a todos como hermanos, llevaremos de una manera sobrenatural tanto las cosas que para el mundo son buenas como las que son negativas y hablaremos con naturalidad de nuestra relación con Dios. Este testimonio se notará en nuestros ambientes y también en cómo nos comportamos virtualmente en WhatsApp y en las demás redes sociales»

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miércoles, 11 de noviembre de 2020

Francisco Javier Cabrera y Ester Toral, padres de cinco hijos: «La oración nos tiene unidos a Jesucristo, ya que rezar es reconocer que necesitamos que Dios nos eche una mano»

 


* «Pasarle la Fe a los hijos es un “combate” diario en el que o estás agarrado a Cristo y su AMOR o es muy difícil.  El primer instrumento que tenemos los cristianos es recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia que es lo que decimos el día que celebramos nuestro matrimonio en la iglesia. Con hacer eso, ya sería más que suficiente para mostrar a los demás que quieres ser cristiano. Intentamos que sientan que el Señor es su Padre y que los quiere, y para ello les mostramos cuántas cosas les regala el Señor, cosas sencillas, desde unos padres, la ropa, un aparcamiento cerca del cole. Todos los domingos, celebramos juntos el día del Señor, para nosotros es una fiesta y lo celebramos rezando y cantando las maravillas que el Señor ha hecho con el pueblo de Israel y les contamos la vida de los santos»

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martes, 6 de octubre de 2020

Fernando Rivera y Mercedes González de Quevedo, padres de tres hijos: «El Señor está en nuestra vida y es la llave para ser Feliz. Es muy importante hablar de Dios en la familia»

 


* «El antídoto para equivocarse lo menos posible, es mucho pensar, compartir en el matrimonio y poner nuestras mejores intenciones en manos de Dios y dejarnos hacer por Él… La fe, es la causante de que acojamos el proyecto de Dios en nuestro corazón, es la que nos impulsa para que lo demos a conocer en la familia, y desde ella al cole, al trabajo, a nuestras amistades, a nuestra vida social,… es a través de ella desde donde se favorece la paz, el crecimiento y la felicidad…  La trasmisión de la fe a nuestros hijos es una misión a la que estamos llamados por nuestra vocación matrimonial. Esta misión apasionante, difícilmente podemos llevarla a cabo, si antes no tenemos conciencia de la presencia del Señor en nuestra vida, si no reconocemos que está en nosotros la llave para ser Feliz. Es desde ahí, desde la perseverancia en nuestro proceso de conversión, desde donde podemos acompañar de forma respetuosa el proceso de conversión de nuestros hijos. En nuestro matrimonio entendimos la importancia de: Estar, hablar de Dios, de la Iglesia con nuestros hijos, de vivir juntos el Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y acompañarlos en su caminar»

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