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viernes, 14 de marzo de 2025

Lola Sánchez, con 5 hijos, 2 adoptados con síndrome de Down: «Tengo la familia que Dios ha pensado para mí y me ha dado»


Lola Sánchez en el programa 'Ecclesia al día' de 13 TV contando su testimonio  / Foto: 13 TV

* «Nosotros el único plan desde el minuto cero que teníamos era casarnos y tener hijos. El resto lo ha ido haciendo Dios y ha sido pura misericordia de Dios» 

Vídeo de 13 TV en el que Lola Sánchez cuenta su testimonio

Camino Católico.- Lola Sánchez, una madre de familia numerosa, comparte en 'Ecclesia al día' de 13 TV su inspiradora historia de matrimonio, los desafíos de fertilidad y cómo la adopción transformó su vida, revelando cómo Dios guio su camino hacia la familia que siempre había soñado. Desde el principio de su relación, Lola y su esposo Pablo compartían una visión clara sobre su futuro juntos. "Nosotros el único plan desde el minuto cero que teníamos era casarnos y tener hijos. El resto lo ha ido haciendo Dios y ha sido pura misericordia de Dios", recuerda Lola. Este deseo mutuo fue la base sobre la cuál construyeron su vida en común.

El Deseo Profundo de Maternidad

Para Lola, la maternidad no era solo una opción, sino una vocación arraigada en lo más profundo de su ser. "Lo único que he tenido claro desde el minuto cero era que yo quería ser madre", afirma convencida. Este deseo la acompañó desde su juventud y moldeó sus aspiraciones de formar una familia numerosa.

El matrimonio de Lola y Pablo pronto se vio bendecido con la llegada de su primera hija, Teresa. Este momento de alegría y plenitud marcó el inicio de su vida como padres y fortaleció aún más su vínculo familiar. Sin embargo, tras este feliz acontecimiento, comenzaron a surgir obstáculos en su camino de ampliar la familia.

Lola Sánchez explica que orando encontró el camino, guiada por Dios,  para tener con su esposo la familia que deseaban desde el principio de casarse. En la imagen con su hija  Lola (Bubi) / Foto: 13 TV

Tras varios intentos fallidos por concebir, Lola y Pablo recibieron un diagnóstico que cambiaría sus planes de forma radical: Pablo padecía de esterilidad absoluta. "Los médicos nos decían, 'Mira, es que con esto en realidad no es posible'", recuerda Lola. Este golpe inesperado los llevó a replantearse su futuro y a explorar nuevos caminos para cumplir su deseo de tener más hijos.

La Adopción como un Llamado Divino

En medio de la incertidumbre y la búsqueda de respuestas, una catequista le propuso a Lola la idea de convertirse en "la madre de los que nadie quiere". Esta revelación la impulsó a considerar la adopción como una forma de expandir su familia y brindar amor a niños necesitados. "¿Por qué no adoptamos? A lo mejor Dios nos está dando hijos y nosotros no los estamos queriendo acoger, no los estamos viendo".

Aunque al principio Pablo se mostró reticente, Lola persistió en su búsqueda y comenzó a investigar sobre la adopción de niños con necesidades especiales. Para que su esposo aceptará adoptar, ella se dio cuenta que “debía ser el Señor quien se lo pusiera en el corazón”. Finalmente, “mi esposo un día me dijo: ‘Si tú lo ves, nos vamos a ir a rezar a un monasterio y si yo vuelvo con paz es que está es la voluntad de Dios para nosotros y que este hijo adoptado es el que Dios nos está dando’”.

Al volver del monasterio de rezar, Lola le preguntó a su esposo cómo estaba y le aseguro que “estoy muy tranquilo”. Y entonces, el 20 de julio de 2012, Lola y Pablo recibieron a Pepe, un niño con síndrome de Down, que llegó a sus vidas para llenarlas de alegría y amor incondicional. "Aquello fue un desborde de alegría", describe Lola. Pablo, quien inicialmente tenía dudas, se rindió ante el amor que emanaba de Pepe y lo aceptó como a un hijo propio.

Lola confidencia que “yo tenía claro en el corazón que eso era lo que Dios quería de mí y lo que me estaba dando era un hijo con necesidades especiales, pese a que yo no había tenido ningún contacto con nada que tuviera que ver con cualquier discapacidad”.

Lola Sánchez con su esposo Pablo y sus cinco hijos / Foto: 13 TV

La Familia se Multiplica

La historia de Lola y Pablo continuó sorprendiendo cuando, poco después de la llegada de Pepe, Lola descubrió que estaba embarazada de Juan, y luego tuvieron a Roque. Más adelante, la familia se completaría con la adopción de Lola (Bubi), también con síndrome de Down. 

A lo largo de su camino, Lola y Pablo se enfrentaron a críticas y juicios por parte de aquellos que no comprendían su elección de adoptar niños con necesidades especiales. Sin embargo, también encontraron un gran apoyo en su comunidad y en amigos que compartían su fe y sus valores. Lola ha aprendido a no tomar en cuenta las opiniones negativas y a enfocarse en el amor y la felicidad que encuentra en su familia. "Cuanto más das, más recibes".

Lola concluye que su familia, formada por su marido Pablo y sus hijos Teresa, Pepe, Juan, Roque y Lola (Bubi), es un reflejo del plan divino y una muestra de que el amor puede superar cualquier obstáculo. "Tenía la familia que Dios me había dado, y que el que la tenía pensada para mí era Dios", afirma con gratitud.

domingo, 9 de marzo de 2025

Paloma Carmona González, madre de 15 hijos: «Me casé confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio; nunca nos planteamos tener X hijos y pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno»


Paloma Carmona González, su marido y sus quince hijos forman la familia más numerosa de la Comunidad de Madrid / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

* «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos  siempre con la ayuda de mi esposo Luis y de Dios que siempre llega donde yo no puedo. Tengo a la Virgen María como Madre y referente, porque me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado» 

Camino Católico.- «Mi familia nace hace 40 años cuando mi marido, Luis Ángel Soler Areta, y yo decidimos casarnos por la Iglesia y confiando que Dios siempre estuviese en medio de nuestro matrimonio. Él ha sido fiel, ha estado grande y estamos alegres, aunque también hemos tenido dificultades» afirma Paloma Carmona González, madre de 15 hijos, de entre 38 y 15 años, a Sandra Madrid en Infomadrid.

Paloma Carmona González, recibió una insólita llamada que tan sólo atendió por la insistencia de su marido. «Estaba en un momento de caos y le dije a mi marido 'quita, quita' pero me dijo que era importante», revela Paloma, que forma parte del Camino Neocatecumenal, en una entrevista con Paula Baena en El Debate.

La llamada era para comunicarle que había sido galardonada por la Comunidad de Madrid con motivo del 8M, Día de la Mujer, por ser la madre de la familia más numerosa de la región. «Me sorprendió porque no sabía que daban estos reconocimientos y porque pensé '¡cómo me van a dar algo por ser madre si es algo tan natural!'», recuerda con humildad.      

Tener hijos, asegura Paloma Carmona González, fue algo que ella y su marido Luís  nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que Dios les iba indicando / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

El Señor siempre ha sido fiel

Sin embargo, lo que no es tan natural es tener 15 hijos. Algo que, según asegura Paloma, su marido y ella nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que el Señor les fuera trayendo. «Los dos venimos de familias grandes, los dos tenemos nueve hermanos, y nos educaron igual dentro de la Iglesia. Yo me casé muy jovencita confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio. Nunca nos planteamos tener X hijos. Pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno para nosotros», explica.

Paloma, que estudió Administrativo, explica que decidió no trabajar para cuidar de su familia. Su primer hijo nació a los 15 meses de casarse, «y a partir de ahí empezaron a llegar los demás». Asimismo, destaca que «ha sido fantástico no perderme ni un momento de sus vidas». En este sentido afirma que ha renunciado a mucho pero que ha recibido más. 

Rememora sus inicios como madre -tuvo a sus primeros nueve hijos en nueve años- como complicados, también da gracias porque han sido «muy buenos». «El sueño lo respetaban. Hemos dormido muy bien. Seis horas pero muy bien dormidas», celebra.

Aunque reconoce que a lo largo de la crianza de sus hijos -de los cuales seis todavía siguen bajo el techo paterno, mientras que el resto ya les han dado 25 nietos, con dos en camino-, ha habido dificultades y momentos complicados, como cuando su marido se quedó en paro estando ella embarazada de su décimo tercer hijo, subraya que al final el Señor siempre les ha dado lo que han necesitado. «Quiero decir que nunca nos ha faltado de nada. Hemos comido todos los días», subraya.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus hijos y nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

«Educarlos en el amor y en el perdón»

También explica que su oficio- vocación es ser madre. «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos», siempre con «la ayuda de Luis», que es el padre de familia, y de «Dios que siempre llega donde yo no puedo».

Como familia, Paloma destaca que viven muchas alegrías, por ejemplo, cuando ves cómo tus hijos «se quieren, se perdonan, se aman, se ayudan y se aconsejan». En definitiva, «disfrutan unos de los otros». Además destaca que su familia «es una piña». Somos 53 entre hijos, nietos, nueras, yernos. En este sentido recuerda que su marido y ella han intentado «educarlos en el amor y en el perdón», y así que lo hagan con los demás. Y nos da la clave: «fiarnos de Dios». En este aspecto recuerda también a la Virgen María como «Madre y referente», porque «me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado».

Agradecida por el reconocimiento

Interrogada sobre qué comentarios ha recibido de la gente a lo largo de su vida por tener tantos hijos, Paloma sentencia que le han dicho «muchas tonterías». «¡Me han llegado a decir que si era una equivocación! Pero nosotros siempre hemos dado testimonio de nuestra fe», señala.

Con todo, admite que, al principio, lo pasaba mal porque la gente se metía mucho con ella. «Yo pensaba, '¿pero me meto yo en su vida, señora?'», evoca. «Íbamos en la furgoneta y veías a la gente contando cabezas, y yo salía y les decía ¡vamos diez! o los que fuéramos», cuenta, divertida.

Pero las críticas por sus 18 embarazos -de los cuales tres no llegaron a término-, con el paso de los años, dieron paso a muestras de admiración. «Madres del cole se quedaban asombradas y yo les daba hasta envidia. Me decían 'si yo hubiera hecho como tú, Paloma, y hubiera tenido otro hijo...», declara.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

Paloma señala que su familia llama la atención. Lo que más suele preocupar a la gente es la organización, pero cuando vienen a casa y nos conocen, lo que más les sorprende «es la relación que tenemos entre todos».

Sobre el descenso de la natalidad generalizada que existe en España, esta madre de familia numerosa cree que se debe, en parte, a que «la sociedad ha apartado a Dios de sus vidas y, si apartas al dueño de la vida, ¿para qué vas a dar vida?». Al mismo tiempo, también apunta a que esta generación «valora mucho el trabajo y el dinero, que está muy bien valorarlo, pero no te puede manipular ni condicionar para una serie de cosas».

En este sentido, sostiene que ellos nunca han «hecho las cosas sobre el papel, tipo en agua gastamos X... porque si realmente lo hiciéramos así, no podríamos vivir». «Mi marido, además, ahora está jubilado y todavía tenemos seis hijos en casa, o sea que sería imposible. Pero bueno, de todas hemos salido», agrega.

Por último, Paloma, está muy agradecida y asombrada. Nunca imaginó que mereciese un premio el «ser madre», algo que me parece «natural» y la madre que «más hijos tuviese de la Comunidad de Madrid. Aunque afirma que le parece muy bien que se den estos galardones, ya que «en esta sociedad no se da valor a la familia ni a la vida en sí, y mucho menos a ser madre».

martes, 5 de noviembre de 2024

Marija Kern se fue al noviciado, pero «quería hacer la voluntad del Señor» y es madre de 8 hijos: «Si dejas que Dios cuide de ti, Él se ocupará y lo solucionará todo»


Marija Kern con su esposo y algunos de sus hijos / Foto Tatjana Splichal | Družina

* «Dios siempre me reserva sorpresa. Mirando mi vida, puedo decir con certeza que el Señor escribe recto con renglones torcidos. Y de muchas maneras nos está diciendo que nos ama infinitamente»

Camino Católico.- Marija Kern es madre de ocho hijos y abuela de cuatro nietos. Es enfermera de profesión y, junto con su marido y su familia, gestiona una gran explotación con 150 cabezas de ganado.

Le encanta leer, rezar, está muy implicada en su comunidad parroquial de Velesovo, y también participa con su marido en un grupo matrimonial. La vida de Maríja ha estado marcada por muchas pruebas en las que ha visto una y otra vez el amor y la ayuda de Dios, incluso en los momentos más difíciles. Cuenta su testimonio de vida en una entrevista en Aleteia.  

Marija Kern / Foto Tatjana Splichal | Družina

- Marija, ¿has "heredado" el amor a Dios o lo has descubierto más tarde?

- Soy originaria de Estiria (Austria), pero ahora vivo en Gorenjska (Eslovenia). Vengo de una familia campesina tradicionalmente religiosa. Vivíamos modestamente, llenos de trabajo y al mismo tiempo de gratitud por cada día.

Tengo una imagen muy vívida de mi difunto padre que, cada noche, cuando terminábamos nuestra oración, decía: "Gracias a Dios por todo lo que hemos hecho hoy". Si eres agradecido, la vida es mucho mejor.

Ambos padres eran muy religiosos, muy activos en la parroquia. Mi abuela, que leía la Biblia todos los días y rezaba mucho, sin duda tuvo mucho que ver. Mi párroco de entonces también fue una gran influencia, porque sabía reconocer el talento de cada joven y cómo implicarlo en la parroquia.

- En tu juventud sentiste el deseo de llevar una vida santificada, pero hoy estás casada. ¿Cuál ha sido el camino de tu vida?

- No ha sido sencillo. Quería hacer la voluntad de Dios, así que tal vez hubo más búsqueda. Cuanto mayor me hago, más agradecida estoy por mi camino.

De joven, entré en el noviciado, donde aprendí mucho, y estoy agradecida por el tiempo que pasé allí. Cuanto más se acercaba el momento de los votos, más sentía que no era el momento. Era como si hubiera planeado casarme con alguien pero no le amara lo suficiente. No me refiero al amor a Dios, por supuesto, sino al amor a la vocación.

Sabía que mi decisión acarrearía una terrible decepción para mi madre, y así fue. Cuando dejé la comunidad, un día me quedé en la calle, completamente desesperada, llorando: "He traicionado a Dios, no tengo casa…"

En ese momento sentí que algo cálido y agradable me agarraba la mano. Todavía puedo sentir ese contacto y oír las palabras con tanta claridad que hoy puedo repetirlas: "No tengas miedo. Te quiero". Cuando miré alrededor de la calle, no había nadie. Solo podía ser Dios. Estoy agradecida por ese contacto, que todavía está conmigo.

- Poco después te casaste con Stefan, viudo y con un hijo pequeño. ¿Cómo fueron sus comienzos?

- Si alguien ha estado alguna vez muy solo, entenderá el resto de la historia. Trabajaba en el Instituto Oncológico, como enfermera, y un domingo por la tarde, después de trabajar todo el día, fui a Misa a la iglesia franciscana.

Le dije a mi querido Dios: "Te doy cinco años para que me traigas un marido. Si no, es una clara señal de que me voy a África de misiones y no vuelvo".

A los pocos meses conocí a mi marido, era el primero de abril. Pronto nos casamos, supe que era viudo y que tenía una niña. A las tres semanas empezó a llamarme "mamá". Nunca olvidaré esa primera llamada, fue muy agradable. A los tres meses nos casamos.

Tenía miedo porque me mudé a una casa grande donde también vivían mi cuñado, mi cuñada y mis suegros. No fue fácil. Pero si dejas que Dios cuide de ti, Él se ocupará y lo solucionará todo. No tengo ninguna duda al respecto.

Marija Kern con su esposo / Foto Tatjana Splichal | Družina

- ¿Cómo era vuestra relación?

- Medio año después de casarnos, mi suegra y yo nos llevábamos muy bien. Yo estaba muy contenta porque pensaba que había conseguido una segunda madre, ya que la mía me cerró la puerta en las narices el día que salí del convento. Durante seis meses, mi suegra y yo nos llevamos muy bien, y luego, un sábado, "se rompió". Ese fue el principio de nuestros conflictos.

Pero tengo un marido fenomenal. No está exento de defectos, tiene sus problemas, pero ha sabido reaccionar con increíble sabiduría en situaciones de conflicto y encontrar compromisos. Así que poco a poco he ido viendo que no es justo para él que los demás tengamos relaciones tensas, porque él se debate entre dos bandos. Me dije que esto tenía que acabar.

Un domingo estaba en la fila para recibir la comunión, y mi suegra estaba en otra fila a mi lado. Recé: "Jesús, no puedo vivir tan hipócritamente, Tú no puedes ver esto. Haz que algo se mueva en nosotros". Y lo hizo. No inmediatamente, pero sí poco a poco.

La parroquia tenía talleres de Oración y Vida y yo me apunté encantada. Mi suegra también quería ir, pero ya no podía ir a la iglesia porque estaba enferma. Así que le pregunté al responsable si podía tener algún material para pasárselo a casa, para que pudiera escuchar todo lo que allí oiríamos.

Así que empezamos a reunirnos para leer la Palabra de Dios y reflexionar. Nos perdonamos y conseguimos convivir. En nuestro último Adviento juntas, me apresuré a ordenar la casa. Mi suegra percibió mi angustia y me dijo que le trajera calcetines para guardar, ya que ella aún podía hacerlo. Unos días después fue al hospital. Vino a casa para Nochevieja para que ella y mi suegro pudieran tener una buena cena de Nochevieja, y en la fiesta de los Reyes Magos se despidió.

Fue muy difícil para mí cuando murió, pero hoy, a pesar de todos los conflictos, estoy muy agradecida por la relación que construimos y también me gusta decir cosas bonitas de ella a mis hijos.

Marija Kern con su esposo / Foto Tatjana Splichal | Družina

- Las relaciones no han sido el único calvario. También tuvisteis un incendio que lo destruyó casi todo. ¿Cómo se recuperó todo?

- El año anterior a la muerte de mi suegra fue un gran año, un año de 50, 80 y 90 aniversarios, un año de bodas, un año de alegría. Justo después de Año Nuevo murió mi suegra, en mayo perdimos al hermano de mi marido por suicidio y en agosto tuvimos un incendio.

Se quemó la mitad de la granja. Se destruyó mucha maquinaria, todo el forraje y el grano. Gracias a Dios, el ganado sobrevivió, pero poco después perdimos 30 vacas, que enfermaron o murieron de estrés. La salud de mi marido se resintió mucho con todas estas cargas.

Mi hijo mayor tenía entonces 24 años y empezó a preguntar qué planes y visiones teníamos para el futuro. Le dije: "Marko, lo siento, sólo respiro por hoy. Sé que tenemos que comer y que hay que alimentar y ordeñar a las vacas y eso es todo". Así que mi hijo pensó que podía encargarse él mismo de la explotación.

Mi marido se resistió un poco al principio, porque es muy difícil repartir equitativamente la herencia entre todos los hijos de la granja. Pero pronto vimos que era la mejor solución. Mi hijo empezó a construir sobre lo que había quedado del incendio. Empezó a modernizar el granero y a ampliar el negocio de servicios de maquinaria. Con mucho esfuerzo por parte de todos, lo consiguió y hoy nuestra explotación está a un buen nivel.

Cuando los bomberos apagaron el incendio aquella mañana, una amiga me llamó y me dijo que sabía que no podía ayudar mucho, pero que esa mañana había rezado y se le había abierto la Palabra de Dios: "He aquí que hago nuevas todas las cosas". Me dijo que confiara. Y efectivamente, después de ocho años, puedo decir que Dios está haciendo nuevas todas las cosas y no "retocando".

- Con ocho hijos, es cierto que es difícil que algo te sorprenda, ¿cierto?

- ¿Qué es la vida sin sorpresas? Aburrimiento. Pues aquí no tenemos de eso. Justo cuando pensábamos que habíamos terminado nuestro viaje de aceptación de nuevas vidas, porque ya teníamos siete hijos, Stephen apareció de la nada.

Cuando me enteré de que estaba embarazada, discutí con Dios durante tres semanas, acusándole de burlarse de mí. Después del último parto, cuando tuvimos a Thomas, estaba cansadísima. Cada día dedicaba cada átomo de energía a cuidar de él y, por supuesto, de todos los demás niños.

Algunos de los hijos de Marija Kern con su esposo / Foto Tatjana Splichal | Družina

Dios me aguantó durante tres semanas, y luego me hizo saber poco a poco -a través de mi marido- que la situación no era tan mala después de todo. Mi marido y yo siempre dijimos que no queríamos que nuestro hijo menor se sintiera solo. Había una diferencia de cinco años entre James y Thomas, por lo que Thomas estaría realmente algo aislado en cuanto a la edad. Dios lo dispuso de tal manera que 17 meses después de Tomaz, Stephen vino al mundo. Y eso es algo bueno.

Dios siempre me reserva sorpresas de este tipo en mi vida. Mirando mi vida, puedo decir con certeza que el Señor escribe recto con renglones torcidos. Y de muchas maneras nos está diciendo que nos ama infinitamente.

jueves, 31 de octubre de 2024

Papa Francisco pide rezar en noviembre «para que los padres que lloran la muerte de un hijo encuentren apoyo en la comunidad y obtengan del Espíritu consolador la paz del corazón»

 

 Foto: Vatican Media, 31-10-2024

* «Y estos padres, sostenidos por la fe ciertamente, pueden encontrar un consuelo en otras familias que, tras sufrir una tragedia tan terrible como esta, han renacido en la esperanza»

31 de octubre de 2024.- (Camino Católico) Oremos para que todos los padres que lloran la muerte de un hijo o de una hija encuentren apoyo en la comunidad y obtengan del Espíritu consolador la paz del corazón”, pide el Santo Padre en el  “Video del Papa” para el mes de noviembre del 2024.

El Pontífice explica que “Para ofrecer consuelo a estos padres que han perdido a un hijo hay que escucharlos, estar cerca de ellos con amor, cuidando ese dolor que tienen con responsabilidad, imitando la forma en que Jesucristo consolaba a los que estaban afligidos”. El texto completo de las palabras de Francisco en  “el Video del Papa” es el siguiente:

¿Qué se puede decir a unos padres que han perdido a un hijo? ¿Cómo consolarlos?

No hay palabras.

Fíjense que un cónyuge que pierde al otro es un viudo o una viuda. Un hijo que pierde a un padre, es un huérfano o una huérfana. Hay una palabra que lo dice. Pero un padre que pierde a un hijo… no hay una palabra. Es tan grande el dolor que no hay una palabra.

Y vivir más tiempo que tu hijo no es natural. El dolor que causa su pérdida especialmente es intenso.

Las palabras de ánimo, a veces son banales o sentimentales, no sirven. Dichas con la mejor intención, por supuesto, pueden acabar agrandando la herida.

Para ofrecer consuelo a estos padres que han perdido a un hijo hay que escucharlos, estar cerca de ellos con amor, cuidando ese dolor que tienen con responsabilidad, imitando la forma en que Jesucristo consolaba a los que estaban afligidos.

Y estos padres, sostenidos por la fe ciertamente, pueden encontrar un consuelo en otras familias que, tras sufrir una tragedia tan terrible como esta, han renacido en la esperanza.

Oremos para que todos los padres que lloran la muerte de un hijo o de una hija encuentren apoyo en la comunidad y obtengan del Espíritu consolador la paz del corazón.

Francisco