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viernes, 24 de julio de 2026

Luis Arroyo y Amparo Martínez, 60 años ayudando a personas con discapacidad: «Si no nos enamoramos de Jesucristo, ¿de qué nos vamos a enamorar? Y tenemos que dar a conocer que Jesucristo está vivo»

Amparo Martínez y Luis Arroyo, matrimonio y fundadores de la Fundación Juan XXIII   / Foto: Nicolás de Cárdenas - ACI Prensa

* «Toda esta labor está confiada a la Providencia: Nunca hemos tenido una peseta, pero nunca nos ha faltado una peseta. Nunca. Y el camino después de 60 años es muy largo. Tengo la seguridad del patronato que yo tengo arriba: el Señor, la Virgen, San José, mi banquero de ahora que no falla… Mi mayor preocupación es que todo el mundo conozca a Dios» 

 Vídeo de la EWTN con el testimonio de Luis Arroyo y Amparo Martínez

Camino Católico.-  Luis Arroyo y Amparo Martínez soñaban con ser misioneros lejos de España, pero la Providencia los unió para crear hace 60 años la Fundación Juan XXIII, al servicio de las personas con discapacidad. Casi nonagenarios, siguen al frente de esta misión que aborda una realidad: en España hay más de cuatro millones de personas que declaran tener una discapacidad, según el Instituto Nacional de Estadística. Y sólo uno de cada cuatro en edad de trabajar logra un empleo.

Luis y Amparo, junto a su hijo Javier, director general de la fundación, han comprobado a lo largo de su vida que, con la formación y los medios adecuados, estas personas pueden mejorar su calidad de vida, desarrollar su autonomía personal y, en muchos casos, obtener un empleo.

Un joven torero y una huérfana de guerra con alma de misioneros

Luis Arroyo iba para torero. Ganó un concurso para jóvenes talentos taurinos y cortó una oreja en la Plaza de Las Ventas. "Los toros en realidad fueron los que me llevaron a la fe. Claro, ante el miedo, pues 'bendito seas, Señor'", explica en conversación con ACI Prensa.

La experiencia de los ejercicios espirituales ignacianos transformó su vida: "Ahí tuve un impacto de fe muy fuerte y ya mi obsesión era las misiones", recuerda Así, ingresó en el Colegio Mayor de Vocaciones Tardías de Salamanca, donde estuvo cuatro años. Nunca llegó a ser misionero. Al menos, como lo soñó en un primer momento.

Amparo fue llevada en su infancia a un colegio religioso en Toledo donde iban hijas huérfanas tras la Guerra Civil española. Allí le dieron "una formación muy buena, tranquila, en época de postguerra, sin decir nada de la guerra ni nada de odios, nunca".

Al cumplir 12 años, se unió a un grupo de niñas comprometidas a "hacer cada día un sacrificio para la conversión de los pecadores", como pidió la Virgen María en Fátima. A los 19 decidió ingresar como novicia en una orden de religiosas misioneras. Su madre, pese a ser muy religiosa, no la acompañó. Allí fue feliz "Cuando ya hice el noviciado y el primer año en Cataluña, me dicen: usted no sirve para misionera", recuerda.

Así volvió a la vida secular a los 26 años con su título de pedagogía, con el que logró trabajo en un colegio para personas sordas durante un año. Poco después, puso en marcha un colegio de niñas al que le puso el nombre de Inmaculada Concepción.

Una misión confiada a la Providencia

En 1966 ambos fundaron el colegio de Educación Especial Juan XXIII. La humildad y la bonhomía del Papa les cautivó. Por eso eligieron su nombre, tres años después de fallecer el Pontífice que convocó el Concilio Vaticano II.

Allí acogieron a los primeros 50 alumnos con discapacidad y en un centro que es el origen de la actual fundación, que hoy abarca centros de día y de formación especial, servicios de empleo y pisos tutelados, entre otros servicios, que dan apoyo a más de 3.500 personas.

“Toda esta labor está confiada a la Providencia: Nunca hemos tenido una peseta, pero nunca nos ha faltado una peseta. Nunca. Y el camino después de 60 años es muy largo", detalla Amparo.

"Tengo la seguridad del patronato que yo tengo arriba: el Señor, la Virgen, San José, mi banquero de ahora que no falla", expone con humor.

"Señor, qué bonito, qué bien lo haces"

"Voy a hacer 91 y es como si tuviera 50", afirma Luis. A los 65 se jubiló, pero sólo de forma momentánea. Volvió porque “mi mayor preocupación es que todo el mundo conozca a Dios, porque todavía no dejo de sorprenderme el abandono en el que está la fe todavía en España".

"Cuanto más conozco a Jesucristo, más me enloquece", añade, antes de subrayar: "Si no nos enamoramos de él, ¿de qué nos vamos a enamorar? Y entonces eso es lo que tenemos que dar a conocer, que Jesucristo además está vivo" y que "va a venir en cualquier momento a preguntarnos a ver qué tal nos va".

La perspectiva de la muerte está muy presente también en Amparo, quien espera poder sumarse al "patronato del cielo" de la fundación: "Hasta tengo ganas de morir. Digo: ¡Ay!, voy a estar en el patronato de arriba, voy a continuar, pero desde arriba".

Ella afronta estos últimos años "aunque llore, alegre o tranquila, esperando con mi maleta lo que realmente me viene. Seguro, seguro, es la muerte".

¿Y cómo lo afronta?, le preguntamos. Amparo responde con serenidad y emoción contenida: "No digo gana, porque la vida es bonita. Pero voy diciendo: Señor, que me vas a venir a buscar: Que yo te he buscado a Ti y Tú me vas a venir a buscar a mí".

"Lo único que me llevo de verdad es lo que yo haya ayudado a la gente. No hay otra cosa. No queda nada. Ni dinero, ni bienestar", añade Amparo.

Luis, mirando el camino recorrido, añade: "¿Qué hemos hecho? Nada. Hacer bien, pero no hemos hecho nada. Venir, trabajar. Pero el camino ha sido un camino bonito, que te permite ver las situaciones de cada persona, masticarlas también y decir: Señor, qué bonito, qué bien lo haces".

sábado, 10 de mayo de 2025

Ismael Peralta, padece espina bífida: «Cristo crucificado me recuerda que tengo que vivir mi discapacidad sonriendo y sujetándome a la cruz; junto al Señor puedo conseguir cualquier cosa»


Ismael Peralta

Camino Católico.- Ismael Peralta vive con el tipo más grave de espina bífida. Desde que nació su discapacidad le marca el día a día, pero lejos de hundirse y tirar la toalla intenta subirse a la Cruz con Cristo. Incluso ha participado en la Javierada de este año con la Delegación de Juventud de la diócesis. Su testimonio se lo ha ofrecido a Hugo Luquero en el último número de 'Padre de Todos'. 

- ¿Cuántas veces has peregrinado a Javier?

- Dos veces. La primera no pude hacer el camino porque fui con una úlcera en el pie, y la segunda ha sido la de este año. Me animé y pude hacer la caminata. 

- ¿Qué es lo que te ha enganchado de estas peregrinaciones?

- En las peregrinaciones me gusta conocer a gente nueva de diferentes parroquias, acercarme más a Cristo, pero lo que especialmente tiene para mí más importancia en la de Javier es ver el Cristo crucificado sonriendo, porque cada vez que le miro me recuerda cómo tengo que vivir mi cruz. En mi caso es mi discapacidad. Así es como lo tengo que vivir: sonriendo y dándome cuenta de que Cristo sufrió más por mí y que va a estar presente en cada momento de mi vida sujetándome la cruz. 

- Y peregrinas con muletas…

- En esta última caminata logré hacer 9 Km con las muletas. No he llegado a hacerlo entero, pero con esto me he dado cuenta de mis límites y de lo afortunado que soy de poder recorrer esa distancia con entrega para seguir avanzando en el camino al cielo. 

- ¿Cuál es la gracia que te otorga Dios al peregrinar?

- La manera de amar. Dios lo que siempre me pide, lo que sabe que puedo dar, es el 1 %. Pero con amor y entrega puedo darlo, y con eso Cristo me da el 100 %. Junto al Señor puedo conseguir cualquier cosa porque no soy ningún héroe, el héroe es Cristo.

- ¿Volverías el año que viene?

- Todas las veces que Dios me lo pida.

viernes, 14 de marzo de 2025

Lola Sánchez, con 5 hijos, 2 adoptados con síndrome de Down: «Tengo la familia que Dios ha pensado para mí y me ha dado»


Lola Sánchez en el programa 'Ecclesia al día' de 13 TV contando su testimonio  / Foto: 13 TV

* «Nosotros el único plan desde el minuto cero que teníamos era casarnos y tener hijos. El resto lo ha ido haciendo Dios y ha sido pura misericordia de Dios» 

Vídeo de 13 TV en el que Lola Sánchez cuenta su testimonio

Camino Católico.- Lola Sánchez, una madre de familia numerosa, comparte en 'Ecclesia al día' de 13 TV su inspiradora historia de matrimonio, los desafíos de fertilidad y cómo la adopción transformó su vida, revelando cómo Dios guio su camino hacia la familia que siempre había soñado. Desde el principio de su relación, Lola y su esposo Pablo compartían una visión clara sobre su futuro juntos. "Nosotros el único plan desde el minuto cero que teníamos era casarnos y tener hijos. El resto lo ha ido haciendo Dios y ha sido pura misericordia de Dios", recuerda Lola. Este deseo mutuo fue la base sobre la cuál construyeron su vida en común.

El Deseo Profundo de Maternidad

Para Lola, la maternidad no era solo una opción, sino una vocación arraigada en lo más profundo de su ser. "Lo único que he tenido claro desde el minuto cero era que yo quería ser madre", afirma convencida. Este deseo la acompañó desde su juventud y moldeó sus aspiraciones de formar una familia numerosa.

El matrimonio de Lola y Pablo pronto se vio bendecido con la llegada de su primera hija, Teresa. Este momento de alegría y plenitud marcó el inicio de su vida como padres y fortaleció aún más su vínculo familiar. Sin embargo, tras este feliz acontecimiento, comenzaron a surgir obstáculos en su camino de ampliar la familia.

Lola Sánchez explica que orando encontró el camino, guiada por Dios,  para tener con su esposo la familia que deseaban desde el principio de casarse. En la imagen con su hija  Lola (Bubi) / Foto: 13 TV

Tras varios intentos fallidos por concebir, Lola y Pablo recibieron un diagnóstico que cambiaría sus planes de forma radical: Pablo padecía de esterilidad absoluta. "Los médicos nos decían, 'Mira, es que con esto en realidad no es posible'", recuerda Lola. Este golpe inesperado los llevó a replantearse su futuro y a explorar nuevos caminos para cumplir su deseo de tener más hijos.

La Adopción como un Llamado Divino

En medio de la incertidumbre y la búsqueda de respuestas, una catequista le propuso a Lola la idea de convertirse en "la madre de los que nadie quiere". Esta revelación la impulsó a considerar la adopción como una forma de expandir su familia y brindar amor a niños necesitados. "¿Por qué no adoptamos? A lo mejor Dios nos está dando hijos y nosotros no los estamos queriendo acoger, no los estamos viendo".

Aunque al principio Pablo se mostró reticente, Lola persistió en su búsqueda y comenzó a investigar sobre la adopción de niños con necesidades especiales. Para que su esposo aceptará adoptar, ella se dio cuenta que “debía ser el Señor quien se lo pusiera en el corazón”. Finalmente, “mi esposo un día me dijo: ‘Si tú lo ves, nos vamos a ir a rezar a un monasterio y si yo vuelvo con paz es que está es la voluntad de Dios para nosotros y que este hijo adoptado es el que Dios nos está dando’”.

Al volver del monasterio de rezar, Lola le preguntó a su esposo cómo estaba y le aseguro que “estoy muy tranquilo”. Y entonces, el 20 de julio de 2012, Lola y Pablo recibieron a Pepe, un niño con síndrome de Down, que llegó a sus vidas para llenarlas de alegría y amor incondicional. "Aquello fue un desborde de alegría", describe Lola. Pablo, quien inicialmente tenía dudas, se rindió ante el amor que emanaba de Pepe y lo aceptó como a un hijo propio.

Lola confidencia que “yo tenía claro en el corazón que eso era lo que Dios quería de mí y lo que me estaba dando era un hijo con necesidades especiales, pese a que yo no había tenido ningún contacto con nada que tuviera que ver con cualquier discapacidad”.

Lola Sánchez con su esposo Pablo y sus cinco hijos / Foto: 13 TV

La Familia se Multiplica

La historia de Lola y Pablo continuó sorprendiendo cuando, poco después de la llegada de Pepe, Lola descubrió que estaba embarazada de Juan, y luego tuvieron a Roque. Más adelante, la familia se completaría con la adopción de Lola (Bubi), también con síndrome de Down. 

A lo largo de su camino, Lola y Pablo se enfrentaron a críticas y juicios por parte de aquellos que no comprendían su elección de adoptar niños con necesidades especiales. Sin embargo, también encontraron un gran apoyo en su comunidad y en amigos que compartían su fe y sus valores. Lola ha aprendido a no tomar en cuenta las opiniones negativas y a enfocarse en el amor y la felicidad que encuentra en su familia. "Cuanto más das, más recibes".

Lola concluye que su familia, formada por su marido Pablo y sus hijos Teresa, Pepe, Juan, Roque y Lola (Bubi), es un reflejo del plan divino y una muestra de que el amor puede superar cualquier obstáculo. "Tenía la familia que Dios me había dado, y que el que la tenía pensada para mí era Dios", afirma con gratitud.

lunes, 13 de mayo de 2024

Familia Gómez Samblas con 8 hijos, 5 adoptados con discapacidad: «Unos nos los ha enviado Dios y otros nos ha mandado Dios a buscarlos. Somos adictos a los milagros»

 


* «Lo que nos mueve es el amor. Lo esencial es invisible a los ojos. Somos creyentes y pensamos que Dios no elige a los capacitados si no que capacita a los que elige. Nos llamaron de todo, locos e irresponsables, y nos decían que al tener más hijos era una locura. Pero a nosotros nos parecía lo contrario»

Vídeo del testimonio de Coro Samblas en el Congreso Nacional Provida

Camino Católico.- Alejandro  Gómez, 47 años, y Coro Samblas, 45 años, son un matrimonio, ambos controladores aéreos, casados desde hace 23 años y que tienen ocho hijos, tres biológicos y otros cinco adoptados, todos ellos con graves discapacidades tanto físicas como intelectuales. Coro hizo de portavoz de la familia  Gómez Samblas en el Congreso Nacional Provida celebrado en 2020 para explicar su testimonio:

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lunes, 29 de abril de 2024

El esposo de Sophie Barut quedó discapacitado tras ocho meses de matrimonio: «Dios me dio el amor para dárselo a Cédric y me ayudó a insuflar vida a nuestro hogar»

 


* «Hay que echarse en brazos del Señor, confiárselo todo, gritar, llorar, reír con Él, tener una relación verdadera y espontánea con Cristo. Pedir sin cesar, agradecer, contemplar. Vivir el momento que se nos regala sin proyectarnos demasiado en el futuro ni detenernos en el pasado. Vivir con confianza. Toda prueba puede conducir a un bien mayor; es una serie de decisiones que hay que tomar, una tras otra. Tenemos que discernir lo que Dios nos llama a hacer. Cada situación es diferente. Es importante ser fieles a nosotros mismos y a Dios. Sentía que si dejaba a Dios trabajar en mi vida iba a ser feliz, verdadera y permanentemente feliz. Dios iba a poner brillo en mi vida, más allá de las apariencias. Y Él cumplió sus promesas»

Video publicado en el mes de octubre de 2014 por el Opus Dei  en el que Sophie Barut cuenta la esencia del testimonio matrimonial y familiar

Camino Católico.-  Cédric y Sophie Barut formaban una pareja joven que, tras ocho meses de matrimonio, recibió un golpe que les dejó sin aire. Él se había despedido de su esposa apenas unas horas antes para dar una vuelta con su bicicleta, algo habitual que le ayudaba a calmar los nervios. Sin embargo, la noche llegó y Cédric todavía no había vuelto a casa. Preocupada, Sophie empezó una carrera en busca de su marido. Realizó el recorrido en coche que él habría seguido, volvió a casa, le llamó… Nada. Hasta que contactó con la policía y empezaron a llegar las respuestas. Poco después se desplazó al hospital, donde por fin encontró a su marido.

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sábado, 24 de febrero de 2024

Loli Merino lleva 37 años paralizada ofreciendo a Dios el dolor por la evangelización: «El Señor toco mi corazón y me dio una fuerza especial»

 


 «Decidí, con la fuerza y la ayuda del Señor, intentar salir adelante y ser feliz y por lo menos hacer un poquito más llevadera la vida a los que tenía a mi alrededor. Si todo lo entregas al Señor y si tú le pides que te ayude y a la Virgencita, puedes llegar a ser feliz y puedes, sentir como algo dentro de ti que no lo encuentras en este mundo, o sea, a nivel humano no encuentras esa paz ni ese amor interno. Entonces yo lo que le diría a los enfermos es que lo ofrezcan todo, porque un sufrimiento que no se ofrece es un sufrimiento perdido» 

Vídeo del testimonio de Loli Merino en Obras Misionales Pontificias

Camino Católico.- Loli Merino tenía 29 años y una hija de un año cuando recibió su diagnóstico: tenía una lesión medular y no iba poder mover la parte inferior de su cuerpo nunca más. Han pasado ya 37 años desde que su vida cambió. “Desde aquel momento el Señor toco mi corazón porque la verdad es que no pregunté ni por qué, ni me hundí, ni nada; sino que me dio como una fuerza especial”, explica en un video de Obras Misionales Pontificias. Es una de los Enfermos Misioneros que ofrecen su dolor por la evangelización del mundo, a los que se les recuerda especialmente este domingo, Jornada Mundial del Enfermo.

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domingo, 18 de febrero de 2024

Carolina se encontró con Cristo leyendo los evangelios: «Vi que Jesús era mi amigo y que a pesar de mi discapacidad, Dios me a querido así y era hermosa a sus ojos»

 


 «Me gustaría decir a las personas que se rebelan contra Dios: No temas tu cólera. ¡Cuéntasela! Yo, cuando las cosas no van bien, se lo digo claramente. Pero díselo dejando el corazón abierto, es decir, dejándole la posibilidad de unirse a ti. Si uno dice que está irritado pero no quiere escuchar lo que Él tenga que decirnos, Él no va a forzar la puerta para hacerlo. Y luego un segundo consejo: Abrid un libro, abrid la Palabra de Dios, id a ver a algún sacerdote o a otros creyentes para preguntarles. No dudéis en plantear preguntas. ¡No es un pecado ser inteligente! Y confiad en Dios. Él os ama. Tenéis a sus ojos un valor increíble. Es lo que yo he vivido verdaderamente. ¡Qué triste está el Señor cuando alguien no se ama a sí mismo, sobre todo en su cuerpo! Así pues, ¡confianza!» 

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lunes, 4 de septiembre de 2023

Lucia Otgongerel ante el Papa: «Comprendí que Jesús había sido crucificado por mí, sentí que esa era también mi Cruz, y así acepté con felicidad mi Cruz de discapacitada»



* «Por eso digo a muchos hermanos y hermanas creyentes discapacitados que Dios lo da todo, da oportunidades a todas las personas, y dependiendo de cómo veas y aceptes esta oportunidad, tu vida se llena del amor de Dios. A mí me faltan dos brazos y dos piernas, pero quiero decir que soy la persona más afortunada del mundo, porque tomé la decisión de aceptar plenamente el amor de Dios, el amor de Jesús»

Video completo de Vatican News del testimonio de ante el Papa Francisco en Mongolia traducido al español 

Camino Católico.-  En un emotivo testimonio ante al Papa Francisco, Lucia Otgongerel, laica de Mongolia, que carece de brazos y piernas, aseguró que la experiencia de comprender el sacrificio de Jesús en la cruz como un acto de amor la llevó a una profunda aceptación de su propia discapacidad.

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martes, 6 de junio de 2023

Mariaan Strauss rechazó abortar cuando los médicos le dijeron que su bebé no tendría brazos: «Rezas y pides un niño sano, pero Hendré es el mejor regalo que hemos recibido»

 


* «Aprendió solo a rodar de un sitio a otro, y fue como si se levantara una nube. Me di cuenta de que mi hijo estaba bien, luego yo estaba bien  Me gustaría que me escucharan cuando les digo que está bien tener un hijo que es diferente de la idea que la sociedad tiene de lo ‘normal’»

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