«Uno no puede estar sentado junto a la cama de gente que se enfrenta al final de sus vidas sin que ello te afecte. Cuando ellos me hablaban de «nacer de nuevo» no sabía a lo que se estaban refiriendo… Luché durante dos años con este debate dentro de mí mismo, llegando gradualmente a la conclusión de que creer en Dios era la más plausible de las opciones»
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