martes, 9 de junio de 2026

Papa León XIV en homilía en Vigilia rn Barcelona, 9-6-2026: «Dialogar con Dios y entre nosotros acogiendo el Evangelio, con la certeza de que experimentaremos un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz»

 


* «Dios ha amado tanto al mundo hasta darnos a su Hijo unigénito y, en Él, se unió para siempre a nuestra carne. Él está siempre junto al Padre y junto a nosotros; así, cada vez que el misterio de nuestra vida se despliega a la luz de un nuevo día, en todo lo que somos y obramos, estamos en la presencia de Dios y somos custodiados por su abrazo eterno: nuestra vida «está con Cristo escondida en Dios» (Col 3,3). Y, con todo, a veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, el cansancio del espíritu, el sentido de la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces»   

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «El camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer, un vientre que siempre alumbra vida nueva. Estas noches nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día, para que no nos reconozcan o para dar una imagen de nosotros diferente de lo que somos; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad, más allá de la presunción de pensar que nuestro camino ya esté cumplido y que avancemos como si tuviéramos una luz clara sobre todo, sobre todos e incluso sobre Dios» 


9 de junio de 2026.- (Camino Católico) “No dejemos de buscar, de cuestionarnos y de dialogar, con Dios y entre nosotros, también en el corazón de la noche. Caminemos juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades, para buscar la verdad que nos guía hacia el bien común, para que este país sea un espacio acogedor para todos, donde cada uno es respetado en su dignidad de persona y amado por lo que es. Abrámonos al don del Espíritu, buscando al Señor como Nicodemo y acogiendo la luz de su Evangelio, con la certeza de que experimentaremos en nosotros una vida nueva, una presencia que bendice, un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz. Porque Dios quiere que nada se pierda y ya desde ahora desea darnos la vida eterna, para conducirnos a la felicidad que no tiene fin”, ha subrayado el Papa León XIV en su homilía en la Vigilia con los jóvenes en el Estadio Olímpico “Lluís Companys” de Barcelona, ante 40.000 personas.


“Estamos llamados a dialogar con la penumbra de nuestra misma condición humana”, conocer la verdad, la profundidad del misterio de los que somos, comprender la realidad que nos rodea y de los acontecimientos que presenciamos y buscar “una luz que ilumine el camino”. “A veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, el cansancio del espíritu, el sentido de la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces”, ha dicho León XIV.



Unas “noches” que nos enseñan - asegura el Papa-, que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos y que son “un lugar de bendición, un espacio para renacer”, que nos “despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas”, y que nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

VIGILIA DE ORACIÓN


HOMILÍA DEL SANTO PADRE

Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Martes, 9 de junio de 2026



Estimats germans i germanes, fills i filles estimats de Déu. També nosaltres som com Nicodem, peregrins en la nit. Aquesta icona evangèlica, sobretot, ens ofereix un missatge del camí de la vida.

[Queridos hermanos y Hermanas, hijos e hijas amados de Dios. También nosotros somos como Nicodemo, peregrinos en la noche. Este icono evangélico nos ofrece un mensaje ante todo sobre el camino de la vida.]

Nuestro caminar, nuestro desear y todo aquello que abrazamos y vivimos cotidianamente, en las alegrías y en las derrotas, en las aspiraciones y en los proyectos, es la expresión de nuestra búsqueda continua: somos mendigos de amor, tenemos hambre y sed de verdad, buscamos un significado pleno que nos sostenga, nos anime y nos ayude a comprender el misterio de nuestra vida. Mientras avanzamos lentamente, con pequeños pasos, estamos llamados a dialogar con la penumbra de nuestra misma condición humana: nos falta la verdad completa, no conocemos en profundidad el misterio de nosotros mismos y el verdadero rostro de los demás, no siempre logramos comprender la verdad escondida de la realidad que nos rodea y de los acontecimientos que se presentan ante nuestros ojos. Buscamos una luz que ilumine el camino.

Però Nicodem també ens parla del camí de la fe. No es tracta d’un sender paral·lel respecte al de la nostra existència, però aquests dos itineraris estan sempre entrellaçats entre ells. Com hem proclamat en l’Evangeli, Déu ha estimat tant el món fins a donar-nos el seu Fill unigènit i, en Ell, s’ha unit per sempre a la nostra carn. Ell està sempre amb el Pare i amb nosaltres; així, cada vegada que el misteri de la nostra vida s’obre a la llum d’un nou dia, en tot el que som i obrem, estem en la presencia de Déu i som custodiats pel seu braç etern: la nostra vida “està en Crist amagada amb Déu”. I, amb tot, a vegades experimentem la nit de la fe, la fatiga de creure, el cansament de l’esperit, el sentit de la desproporció davant la crida de l’Evangeli, l’amargura dels nostres fracassos i la por a no ser capaços.

Germans i germanes, Nicodem ens ensenya que aquestes nits, que acompanyen la nostra vida, el camí de la fe i la historia en la qual vivim, són un lloc de benedicció, un espai per renéixer, unes entranyes que sempre engendren nova vida. Aquestes nits ens despullen i ens retornen a allò essencial; ens treuen les màscares humanes i religioses que utilitzem cada dia, per a que no ens reconeguin o per a donar una imatge de nosaltres diferents de la que som; ens deixen al descobert, en les nostres llums i les nostres ombres, tornant-nos a la humilitat de saber-nos mirar en la veritat, més enllà de la presumpció de pensar que el nostre camí ja està complert i que avancem com si tinguéssim una llum clara sobre tota cosa, sobre tots i fins i tot sobre Déu.

[Pero Nicodemo también nos habla del camino de la fe. No se trata de una senda paralela respecto a la de nuestra existencia humana, sino de dos itinerarios que están siempre entrelazados. Como hemos escuchado en el Evangelio, Dios ha amado tanto al mundo hasta darnos a su Hijo unigénito y, en Él, se unió para siempre a nuestra carne. Él está siempre junto al Padre y junto a nosotros; así, cada vez que el misterio de nuestra vida se despliega a la luz de un nuevo día, en todo lo que somos y obramos, estamos en la presencia de Dios y somos custodiados por su abrazo eterno: nuestra vida «está con Cristo escondida en Dios» (Col 3,3). Y, con todo, a veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, el cansancio del espíritu, el sentido de la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces.

Hermanos y hermanas, Nicodemo nos enseña que estas noches —que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer, un vientre que siempre alumbra vida nueva. Estas noches nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día, para que no nos reconozcan o para dar una imagen de nosotros diferente de lo que somos; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad, más allá de la presunción de pensar que nuestro camino ya esté cumplido y que avancemos como si tuviéramos una luz clara sobre todo, sobre todos e incluso sobre Dios.]

Este “espacio vacío” que la noche crea, aun cuando se presenta bajo la forma del sufrimiento o de la insatisfacción, de la desilusión o de la incredulidad, puede ser ocasión para recibir una nueva vida, para cambiar y renovarse, para “renacer de lo alto”, como dice Jesús a Nicodemo. Dios, en efecto, no ha venido a juzgar el mundo con su pecado y la noche de su infidelidad, sino que ha enviado a su Hijo para salvarlo, para dar al mundo la vida eterna.

Por eso, también nosotros estamos llamados a no juzgar las “noches”; ni las noches de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea. En la noche, debemos en cambio ponernos en camino como hace Nicodemo, seguir interpelando al Señor, abrirnos al viento del Espíritu para acoger la noche ya no como el signo de un fracaso sino como el inicio de una nueva vida.

Y pensando en nuestro camino personal, pero también en las noches de nuestro camino eclesial y de España, en sus ciudades, de sus antiguas y nuevas pobrezas, de su sociedad y cultura, podemos entonces preguntarnos: ¿cuáles son las noches que atravesamos? ¿Qué nos sugieren? Entrando en ellas y mirando con humildad y sin prejuicios la realidad de lo que somos, ¿qué estamos llamados a cambiar?, ¿dónde debemos renovarnos, en qué dirección queremos ir, qué sociedad queremos construir?

No deixem de buscar, de qüestionar-nos i de dialogar, amb Déu i entre nosaltres, també en el cor de la nit. Caminem junts en la fe que harmonitza la diversitat de les nostre idees i sensibilitats, per a buscar la veritat que ens guia cap al bé comú, per a que aquest País sigui un espai acollidor per a tothom, on cadascú sigui respectat en la seva dignitat de persona i estimat per allò que és. Obrim-nos al do de l’Esperit, buscant el Senyor com Nicodem i acollint la llum del seu Evangeli, amb la certesa que experimentarem en nosaltres una vida nova, una presència que beneeix, un amor gratuït que ens ajudarà a passar de la nit a la llum. Perquè Déu vol que res es perdi i ja des d’ara desitja donar-nos la vida eterna, per conduir-nos a la felicitat que no té fi.

[No dejemos de buscar, de cuestionarnos y de dialogar, con Dios y entre nosotros, también en el corazón de la noche. Caminemos juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades, para buscar la verdad que nos guía hacia el bien común, para que este país sea un espacio acogedor para todos, donde cada uno es respetado en su dignidad de persona y amado por lo que es. Abrámonos al don del Espíritu, buscando al Señor como Nicodemo y acogiendo la luz de su Evangelio, con la certeza de que experimentaremos en nosotros una vida nueva, una presencia que bendice, un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz. Porque Dios quiere que nada se pierda y ya desde ahora desea darnos la vida eterna, para conducirnos a la felicidad que no tiene fin.]

Que el Senyor ens concedeixi, per intercessió de la Mare de Déu, obrir-nos a Ell i deixar-nos sacsejar pel vent del seu Esperit.

[Que el Señor nos conceda, por intercesión de la Virgen María, abrirnos a Él y hacernos sacudir por el viento de su Espíritu.]


PAPA LEÓN XIV



Fotos: Vatican Media, 9-6-2026

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