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jueves, 21 de mayo de 2026

María Benedicta O’Brien trabajó 11 años de enfermera pediátrica y ahora es monja: «Mi vocación era casarme y tener una familia, fui a rezar en la Abadía de Santa Walburga y el Señor me dijo: ‘¿Me seguirás aquí?’»

 

La hermana María Benedicta O’Brien en el rito de su profesión solemne como monja benedictina / Foto: Grant Whitty - El Pueblo Católico

* «Me ha sorprendido, felizmente, descubrir que hacer lo que Dios me pidió me hace más feliz a un nivel mucho más profundo. San Benito dice varias veces en su Santa Regla que el monje, y también la monja, no debe ‘anteponer nada al amor de Cristo’. Para mí, eso significó sacrificar la enfermería pediátrica para entregarme completamente a Dios. Pero he descubierto que existe una profunda base de paz que nace de dejar de tratar de entenderlo todo y simplemente obedecer a Dios y descansar en su voluntad misteriosa y hermosa»

Camino Católico.- En la Abadía benedictina de Santa Walburga en Virginia Dale, en el estado de Colorado, Estados Unidos, el pasado 1 de mayo de 2026, la hermana María Benedicta O’Brien realizó su profesión solemne como religiosa asumiendo los votos de pobreza, castidad, obediencia y estabilidad en la Orden de San Benito, comprometiéndose a vivir una vocación contracultural de oración y trabajo al servicio de la Iglesia y del mundo. Ella era enfermera pediátrica, creía que su vocación era casarse y crear una familia y nunca había pensado en la vida religiosa. Esta es su historia.

Hija de la Arquidiócesis de Denver, la hermana María-Benedicta pasó su juventud en un vecindario bilingüe del noroeste de Denver, donde se hablaba tanto inglés como español. Ella y su familia asistían a la cercana Iglesia Católica Transfiguration of Our Lord Ukrainian, donde su padre trabajaba como conserje, y a la parroquia Our Lady of Mount Carmel en Littleton, donde su padre tocaba el órgano y ella cantaba en el coro.

Después de graduarse de la preparatoria, “asistí a Thomas Aquinas College en Santa Paula, California, y luego regresé a Denver después de graduarme para obtener un título en enfermería”, cuenta la hermana María-Benedicta a El Pueblo Católico. “Trabajé 11 años como enfermera, principalmente en el departamento de cardiología del Hospital Infantil de Colorado”.

La hermana María Benedicta O’Brien en el rito de su profesión solemne como monja benedictina con el obispo Steven Lopes / Foto: Grant Whitty - El Pueblo Católico

Un “sí” generoso: “obedecer lo que Dios me dijo con tanta claridad”

En el rito de la profesión solemne, la hermana María-Benedicta entró al santuario con una vela en la mano, también cantando en latín: “Y ahora te sigo con todo mi corazón: te temo y busco contemplar tu rostro: Señor, no me defraudes, sino trátame según tu bondad y la multitud de tus misericordias”.

Luego, el obispo Steven Lopes subió al ambón y predicó tanto a la hermana María-Benedicta como a los presentes sobre la virtud y el voto de la obediencia. “La obediencia es una escucha profunda. Aquí tenemos a una esposa [la hermana María-Benedicta] escuchando la voz del Esposo, Jesús. Así también, la Esposa de Cristo [la Iglesia] debe escuchar la voz del Esposo”, dijo el obispo. “La obediencia es esencial para el discipulado y edifica a la Iglesia. Cuando somos obedientes al Señor, siempre habrá alegría”.

Fue esa misma obediencia a Jesús, de la que habló el obispo Lopes, la que, con el tiempo, llevó a la hermana María-Benedicta a esta abadía y, en general, a su vocación.

“Durante mi juventud adulta tenía tan claro en mi mente que mi vocación era casarme y tener una familia que nunca me detuve a considerar la vida religiosa”, explicó la recién profesa. “Ya en mis treinta y tantos años, deseaba una intimidad más profunda con Dios, así que decidí hacer un retiro ignaciano en la vida diaria. … Durante ese tiempo de retiro, me comprometí a hacer una hora de oración todos los días y, al regresar de un viaje por carretera un fin de semana, me detuve en la Abadía de Santa Walburga para realizarla”.

Al unirse esa noche a las monjas para Completas, oración Nocturna de la Liturgia de las Horas, la oración de la Iglesia compuesta por salmos, antífonas, cánticos y lecturas bíblicas, quedó “cautivada por la belleza de su vida escondida alabando a Dios” y “sintió un profundo deseo en su corazón de regresar allí y vivir el resto de su vida como esposa de Cristo”.

Mientras continuaba discerniendo la voluntad de Dios, se esforzaba por escuchar con claridad su llamado y responder con generosidad.

“Siento que mi proceso para convertirme en monja en la abadía no ha sido tanto discernir la voluntad de Dios, sino simplemente obedecer lo que él me dijo con tanta claridad. Nuestro Señor no me dijo: ‘Quiero que seas monja en algún lugar; puedes buscar y ver qué orden se adapta mejor a tu personalidad y deseos’. ¡No! Fue más bien como si me dijera:‘¿Me seguirás aquí? Sí o no’. Sentía que, cada vez que me iba después de una breve visita a la abadía, parecía que Jesús tenía más conversación que continuar conmigo allí”, comparte la hermana María-Benedicta.

La hermana María Benedicta O’Brien en el rito de su profesión solemne como monja benedictina con la abadesa, madre María-Michael que le toma las manos / Foto: Grant Whitty - El Pueblo Católico

Un nuevo nombre

En cuanto a su nuevo nombre religioso, María-Benedicta, la hermana dijo sentirse feliz de haberlo recibido de la abadesa, madre María-Michael.

“¡Hay muchísimas razones por las que amo mi nombre! Si rezas o cantas la avemaría en latín, proclamarás: ‘Ave María … Benedicta tu in mulieribus’, es decir: ‘Dios te salve, María… bendita tú eres entre todas las mujeres’. Como Benedicta significa ‘bendita’ o ‘bendición’, pienso en cuánto me ha bendecido el Señor”, cuenta. “Pero me impresiona particularmente la definición del Catecismo de la Iglesia Católica sobre bendecir a Dios como ‘adoración y entrega al Creador en acción de gracias’. Creo que eso realmente describe un aspecto fundamental de nuestra vocación benedictina”.

Una comunidad y vocación florecientes

La hermana María-Benedicta ahora se une plena y permanentemente a su comunidad de casi 30 monjas, con más en formación, donde pasan sus días orando y trabajando (ora et labora, como expresa su carisma), en la comunidad fundada originalmente en Boulder en 1936 por monjas benedictinas que huían de la Alemania nazi. La comunidad fue elevada al rango de abadía en 1989 y las monjas se trasladaron posteriormente a Virginia Dale en 1997, donde viven actualmente. La madre María-Michael Newe ha sido abadesa desde 2003.

La hermana María Benedicta O’Brien en el rito de su profesión solemne como monja benedictina firma sus votos sobre el altar / Foto: Grant Whitty - El Pueblo Católico

Junto con sus hermanas, la hermana María-Benedicta vive una vocación escondida pero vital de servicio en la Iglesia: amar a Jesucristo primero, por encima de todo y siempre. Al mirar atrás, después de su profesión solemne, no puede evitar sentirse agradecida por su discernimiento y vocación, y anima a otros a seguir a Dios adondequiera que él los llame.

“Me ha sorprendido, felizmente, descubrir que hacer lo que Dios me pidió me hace más feliz a un nivel mucho más profundo. San Benito dice varias veces en su Santa Regla que el monje, y también la monja, no debe ‘anteponer nada al amor de Cristo’. Para mí, eso significó sacrificar la enfermería pediátrica para entregarme completamente a Dios. Pero he descubierto que existe una profunda base de paz que nace de dejar de tratar de entenderlo todo y simplemente obedecer a Dios y descansar en su voluntad misteriosa y hermosa”, concluye.

jueves, 26 de marzo de 2026

Sor Anna Maria, con 106 años, 36 de monja, sirve en clausura, adora y lleva el Evangelio a YouTube: «Esperé bastante antes de cumplir la voluntad de Dios, pero cuando es Dios quien quiere algo, se logrará siempre»


Sor Anna María del Sagrado Corazón / Foto: Adoratrici Perpetue Seregno

* «Jesús me pide continuamente amar al prójimo… Hay que tener mucha confianza, mucha fe, mucha esperanza y mucha paciencia. Mi abuelo nos decía que es la fidelidad la que nos mantiene jóvenes, y que es necesario mantener los ojos y el alma abiertos a lo bello, a lo bueno y a lo verdadero; así se tendrá una vejez serena. El amor mantiene joven el corazón… La vida es Cristo, camino, verdad y vida»

Camino Católico.- Sor Anna María del Sagrado Corazón, una religiosa italiana, cumplió 106 años el 14 de marzo en su monasterio en Seregno, cerca de Milán, donde continúa sirviendo a sus hermanas enfermas y compartiendo reflexiones sobre el Evangelio incluso a través de YouTube.

Sr. Annamaria ha reso lode a Dio e a tutti coloro che l'hanno accompagnata con la preghiera e hanno partecipato all Santa Messa di ringraziamento per i suoi 106 anni. pic.twitter.com/bCxJeRBWMm

Lúcida “en pensamiento y palabra” y con 36 años de vida en clausura, la religiosa —cuyo nombre civil es Anna Perfumo— pertenece a las Adoratrices del Santísimo Sacramento, según informó el diario italiano Il Giorno.  A pesar de su avanzada edad, sigue participando diariamente en la adoración eucarística, incluso durante la noche, y colabora en la enfermería del monasterio cuidando a religiosas ancianas o enfermas.

La celebración de su cumpleaños se realizó con una Misa de acción de gracias y un encuentro con familiares, vivido a través de las rejas de la clausura, donde sor Anna Maria permanece dedicada a la oración.

“Lo hago, como muchas otras cosas, por amor a Jesús, que me pide continuamente amar al prójimo”, afirma la religiosa en un video compartido por su comunidad.

“Los años son muchos, pero el corazón… con paciencia se cumplirá la voluntad de Dios. Recen por mí, y yo los recordaré siempre, en la tierra y en el cielo”, añade.

Carissim: quello che Dio vuole per noi, lo compie. Buon Pomeriggio! pic.twitter.com/KHUfjcUzFO

Según recoge Il Giorno, la vida de la religiosa estuvo marcada desde el inicio por dificultades. A los cuatro meses de nacida sufrió bronconeumonía —entonces prácticamente mortal— y, a los cuatro años, escorbuto, una enfermedad incurable en esa época. “El médico le dijo a mi madre: ‘Mañana no volveré porque la niña estará muerta’. Y sané milagrosamente”, recuerda.

Antes de ingresar al monasterio, trabajó durante años como institutriz y docente con niños, además de servir a personas necesitadas y a sacerdotes ancianos y enfermos. Sin embargo, siempre mantuvo en su corazón el deseo de consagrarse a Dios en la vida contemplativa.

Ese anhelo se concretó recién a los 70 años, tras la muerte de su madre. Luego de varios intentos, fue admitida en el monasterio de las Adoratrices en Génova, desde donde sería trasladada años más tarde a Seregno, donde vive actualmente.

En el video, Sor Anna Maria agradeció las muestras de cariño recibidas y comentó su vocación tardía: “Es verdad, tuve que esperar bastante antes de cumplir la voluntad de Dios, pero cuando es Dios quien quiere algo, se logrará siempre. Por eso hay que tener mucha confianza, mucha fe, mucha esperanza y mucha paciencia”.

En su mensaje, la religiosa también compartió una reflexión sobre el paso del tiempo y la fidelidad: “Mi abuelo nos decía que es la fidelidad la que nos mantiene jóvenes, y que es necesario mantener los ojos y el alma abiertos a lo bello, a lo bueno y a lo verdadero; así se tendrá una vejez serena. El amor mantiene joven el corazón”.

Finalmente, dirigió un saludo con ocasión de la Pascua: “La vida es Cristo, camino, verdad y vida. Que el Señor les conceda la paz y la alegría… también la paz entre los pueblos, para la fraternidad entre las naciones”.

Las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento son una orden contemplativa femenina de clausura cuyo centro es la adoración continua de Jesucristo en la Eucaristía. Su misión es interceder por la Iglesia y el mundo desde el silencio del monasterio, ofreciendo su vida como una oración constante. 

La congregación fue fundada en 1807 en Roma por la beata María Magdalena de la Encarnación (Caterina Sordini), quien impulsó un carisma centrado profundamente en la adoración eucarística.

viernes, 13 de marzo de 2026

Anne Yoches, jugadora de fútbol americano, llevó una vida de excesos, hasta que una homilía y la adoración la llevaron a ser monja: «Quería más de Jesús»


Anne Yoches, a la izquierda jugando al fútbol americano, y al lado como monja que al hacer los votos tomó el nombre de Rita Clare Yoches 

* «Salía toda la noche del viernes y toda la noche del sábado, pero siempre, siempre, iba a misa los domingos. Aun así, nunca me paraba a escuchar realmente a lo que Dios me estaba intentando decir… El sacerdote hablaba sobre la Comunión, y me di cuenta de que yo estaba comulgando en pecado. Necesitaba confesarme urgentemente… En la Adoración Eucarística es donde realmente sentí que Dios Padre me abrazaba y me apretaba contra su pecho como solo un padre puede abrazar a su hija. Y mi vida cambió para siempre» 

Camino Católico.- Anne Yoches, exjugadora de baloncesto de la Universidad de Detroit Mercy, dejó atrás su prometedora carrera deportiva para dedicarse a una vida de oración y servicio como monja franciscana. Conocida ahora como Sr. Rita Clare, vive en una comunidad religiosa en Steubenville, Ohio, donde combina su amor por el trabajo en equipo con una devoción profunda a Dios, ayudando a jóvenes y personas necesitadas.

Cuando era estudiante-atleta en la Universidad de Detroit Mercy, Anne Yoches se levantaba a las 5 a.m. para asistir a los entrenamientos de baloncesto que comenzaban una hora después y duraban tres horas. Hoy en día, sigue levantándose al amanecer, pero por un propósito completamente distinto. 

La hermana Rita Clare Yoches, TOR, asiste a un partido de baloncesto de la Universidad de Detroit Mercy contra Toledo el 16 de noviembre, acompañada por la ex entrenadora Anne Rexford y sus compañeras de equipo Molly Peterson, Tia Winters y Michelle James. En el entretiempo, la hermana Rita Clare recibió el prestigioso premio Fr. Norbert Huetter de la universidad, otorgado a quienes sirvieron en la misión de San Ignacio de Loyola como "hombres y mujeres para los demás" / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

«Ahora me despierto a las 5 a.m., rezo durante cuatro horas al día y luego realizo labores ministeriales con jóvenes universitarios o con personas necesitadas, enfermas o pobres», explica Yoches al Detroit Catholic, quien ahora es conocida como Sr. Rita Clare, miembro de las Hermanas Franciscanas T.O.R. de la Penitencia de la Madre Dolorosa. «Vivo en una comunidad con 24 hermanas, así que es como estar en un equipo de baloncesto, pero en un convento en lugar de un dormitorio».

Sr. Rita Clare siempre fue una atleta. En la secundaria Divine Child, en Dearborn, practicó baloncesto, voleibol, fútbol, sóftbol y golf. En la cancha de baloncesto, ayudó a su equipo, los Falcons, a ganar dos campeonatos estatales. 

Anteriormente conocida como Anne Yoches, la Hna. Rita Clare jugó cuatro temporadas de baloncesto en la Universidad de Detroit Mercy desde 1997-98 hasta 2000-01 / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Recibió una beca completa para jugar baloncesto en la Universidad de Detroit Mercy. Durante cuatro temporadas, promedió 5.3 puntos, 3.3 rebotes y 2.0 asistencias por partido. Durante ese tiempo, los Titans ganaron 60 partidos, terminaron entre los tres mejores equipos de la Horizon League en tres ocasiones y llegaron a la final del campeonato de la liga en 1999. 

«Cuando llegó al equipo, jugaba como delantera, pero en su último año la movimos a la posición de base, y fue simplemente extraordinaria», comenta su entrenadora universitaria, Anne Rexford. «Conocía todas las jugadas, sabía dónde debía estar cada jugadora, podía pasar el balón al poste y era una gran líder, obviamente». 

¿Alguna vez se le ocurrió a Rexford que su jugadora terminaría convirtiéndose en monja? 

«Nunca», respondió Rexford. «Bueno, tal vez, porque siempre resplandecía su bondad». 

¿Y a Sr. Rita Clare? ¿Se le había pasado por la mente que se convertiría en monja? 

«Fui educada por hermanas franciscanas toda mi vida en Divine Child, y definitivamente tuve a Sr. Beth aquí (en la Universidad de Detroit Mercy) como ministra de campus, además de los sacerdotes jesuitas, pero nunca pensé que sería una», confiesa Sr. Rita Clare. «Siempre pensé que viviría en el mundo, quizás casándome, pero trabajando en el mundo. Dios realmente irrumpió en mi vida y me llevó por un camino que no esperaba». 

El director de atletismo de la Universidad de Detroit Mercy, Robert Vowels, y el presidente Donald Taylor, Ph.D., entregan el premio Padre Huetter a la Hna. Rita Clare Yoches en la mitad de la cancha durante el entretiempo del partido del 16 de noviembre contra Toledo / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Después de graduarse en 2001 con un título en Medicina Deportiva, Sr. Rita Clare trabajó como entrenadora de fuerza y acondicionamiento en Notre Dame. Dos años después, se unió al equipo de fútbol americano femenino Detroit Demolition, donde jugó como fullback durante cuatro años (2003-2006) y ayudó al equipo a ganar cuatro títulos nacionales. 

Sin embargo, finalmente dejó el equipo cuando descubrió que su corazón estaba en otro lugar. 

«Salía toda la noche del viernes y toda la noche del sábado, pero siempre, siempre, iba a misa los domingos», ha contado Yoches en un vídeo de Redeemed Online sobre su conversión. «Aun así, nunca me paraba a escuchar realmente a lo que Dios me estaba intentando decir».

«Tuve una gran conversión de regreso a la fe a los 23 años, a través de una homilía. El sacerdote hablaba sobre la Comunión, y me di cuenta de que yo estaba comulgando en pecado. Necesitaba confesarme urgentemente y me confesé», explica. El mismo sacerdote que dio la homilía, su párroco, le ayudó en este nuevo camino. Yoches comenzó a leer la palabra de Dios cada día y a ir a la Adoración Eucarística. «Ahora pienso que, igual que vemos la tele o miramos Facebook durante una hora, también podemos leer la Biblia, la Palabra, durante un rato al día».

«Fui a un viaje a Roma y Asís, y sentí mi llamado a la vida religiosa mientras estaba en Asís. El Señor siguió llamándome durante tres años, y finalmente, un chico con el que estaba saliendo me llevó a una sesión de oración en la Universidad Franciscana de Steubenville, y después de ese momento, terminé la relación y decidí convertirme en monja». 

Recuerda vívidamente esa experiencia. 

«La homilía era sobre 1 Corintios 11:27: “Quien come y bebe el cuerpo y la sangre de Cristo sin discernirse a sí mismo, come y bebe su propia condenación. Por eso muchos entre ustedes están enfermos y débiles”», relata. «Y pensé: “Esa soy yo”. Tenía una vida social increíble, un gran trabajo, jugaba fútbol profesional para los Detroit Demolition y tenía una familia y amigos maravillosos, pero me estaba muriendo por dentro porque no cuidaba mi alma». 

«En la Adoración Eucarística es donde realmente sentí que Dios Padre me abrazaba y me apretaba contra su pecho como solo un padre puede abrazar a su hija», explica Yoches. “Y mi vida cambió para siempre. Quería más de Jesús».

Ese fue el comienzo de un cambio profundo en su vida. Hizo sus votos temporales en 2012 y sus votos perpetuos seis años después. 

«Nadie lo esperaba; fue realmente Dios quien me lo dijo, y yo escuché. Todos los demás estaban realmente sorprendidos», recuerda Sr. Rita Clare. «Nunca lo había hablado antes con mis amigos o mi familia». 

El equipo de porristas de la Universidad de Detroit Mercy se reúne a su alrededor después de que la Hna. Rita Clare recibió el Premio Padre Huetter / Fotografía de Wright Wilson | Especial para Detroit Catholic

Después de profesar sus votos, se convirtió en ministra de campus en la Universidad Estatal de Florida, donde coincidió nuevamente con su antigua entrenadora universitaria. 

«Mi hijo murió en Tallahassee en 2021», comparte Rexford, la entrenadora. «No lo sabía en ese momento, pero Sr. Rita estaba a cargo del ministerio familiar en la universidad. La mañana del funeral, que fue muy temprano, se enteró gracias a su padre y llegó justo a tiempo para la misa. Fue un consuelo enorme para todos nosotros». 

Sr. Rita Clare sirvió en Florida durante siete años y, a principios de 2024, se trasladó a un convento en Steubenville, Ohio. 

«Lo mejor de mi vida actual es que vivo con Jesús», dice. «Tenemos un sagrario, una iglesia —la presencia de Dios en nuestra casa. No tengo que trabajar en un horario de 9 a 5 y buscar tiempo para Dios. Dios está integrado en mi día, y eso me encanta». 

Durante el medio tiempo de un partido de baloncesto en Detroit Mercy el 16 de noviembre, recibió el prestigioso Premio Fr. Norbert Huetter por su dedicación a la misión de formar «hombres y mujeres para los demás». «Estoy agradecida de estar de regreso y de la experiencia que tuve aquí”, dice. «Definitivamente me siento como los 10 leprosos de las Escrituras: uno regresó para agradecerle a Dios por haberlo curado y yo siento que esta es mi oportunidad de regresar y agradecerle».

Sor Rita Clare asegura que no ha abandonado la actividad física personal después de convertirse en monja.«Camino o corro, levanto pesas y, siempre que puedo, juego un partidito de fútbol americano o de baloncesto con las dos manos», afirma. 

Al reflexionar sobre su vida, Sr. Rita Clare anima a aquellos que consideran la vida religiosa: «Visiten una orden religiosa y hablen con una monja para saber cómo es, pero también pasen tiempo en silencio y oración para escuchar lo que Dios les dice. No se preocupen por lo que digan los demás o el mundo, hagan lo que Dios les pida»

La hermana Rita Clare Yoches, TOR, cuenta su historia de conversión y vocación en este vídeo en inglés

miércoles, 25 de febrero de 2026

Nina Benedikta Krapić, nueva subdirectora de la Sala Stampa: «Me agarraba fuerte al pecado con una mano y con la otra buscaba a Dios; fui a Medjugorje, Dios usó la mirada de una monja e hizo algo en mi y me consagré»

Nina Benedikta Krapić, Hija de la Caridad y periodista, ha sido nombrada subdirectora de la Sala de Prensa Vaticana / Foto de 2025 Dario Topic-Vecernji List

Camino Católico.- Nina Benedikta Krapić, Hija de la Caridad, croata de 36 años, ha sido nombrada nueva subdirectora vaticana del Dicasterio de Comunicación, en sustitución de la laica brasileña (y veterana periodista de Radio Vaticano) Cristiane Murray, en el cargo desde 2019.

La hermana Nina llevaba desde 2023 trabajando en el Dicasterio vaticano de Comunicación. Tomará posesión como subdirectora el 1 de marzo. Su superior es el periodista laico italiano Paolo Ruffini, en el cargo de director desde 2018.

Antes de llegar al Vaticano (donde estudia un doctorado en Ciencias Sociales en el Collegium Maximum de la Pontificia Universidad Gregoriana) fue jefa de prensa de Cáritas Diocesana de Rijeka (en Croacia) y aprovechó su título de Derecho de 2015 para acompañar y asesorar a niños y mujeres víctimas de violencia doméstica. En 2023 sacó otro título, en Relaciones Públicas, por la Universidad de Zagreb.

La hermana Nina declara haber sido una apasionada de la prensa y la comunicación desde su adolescencia, pero trabajando de periodista estuvo alejada de la fe muchos años, hasta que en una peregrinación a Medjugorje se convirtió y, de hecho, empezó a sentir la vocación religiosa. Cuentó su historia con cierto detalle en un testimonio en vídeo en 2022 (en croata), que Pablo J. Ginés traduce y sintetiza en Religión en Libertad.

Fascinada por el periodismo

Nina Krapić nació en Rijeka, Croacia, el 7 de junio de 1989. Se graduó en Derecho en la universidad de esa ciudad en 2015.

Desde adolescente estaba apasionada por el teatro, la radio y la comunicación. "Todo lo que me movía eran cosas relacionadas con el arte, los medios de comunicación y la política. No sabía de otra cosa y no sabía que existían otras cosas", recordaba en 2022.

Sólo le interesaba el trabajo, y sólo en el trabajo veía sentido. Cuando había elecciones, como periodista joven quedaba enganchada a la silla de redacción, buscaba, analizaba, editaba, publicaba, devoraba datos. "Ni siquiera dormía", detalla. Incluso pasados unos años, ya veterana en el oficio, "me quedaba en blanco cuando venía un senador o alguien importante, recuerdo que mi corazón latía, no podía respirar, sólo quería que esa entrevista saliera bien".

Pero llegó a una radio donde había católicos sinceros. Era la primera vez que conocía católicos con fe.

"Con ellos me di cuenta de lo que significa ser cristiano. Esa gente de verdad vivía con el Señor. Se querían de manera diferente, perdonaban de manera diferente, conversaban de manera diferente. Aquí yo despacito con ellos empecé a vivir los sacramentos. Regresé a la vida sacramental, volví a confesarme, a encuentros de fe. Pero, todo eso, muy a medias. Yo me agarraba fuerte al pecado con una mano, mientras con la otra buscaba a Dios".

 Nina Benedikta Krapić, a la izquierda, antes de su conversión cuando era periodista laica, y, a la derecha, siendo Hija de la Caridad / Fotos: Medjugorje tutti i giorni

A Medjugorje, casi por despiste y en minifalda

En una fiesta, una colega periodista la invitó a ir a Medjugorje. Ella, distraída, dijo "¡vale, bueno, apúntame!" Se olvidó por completo hasta que dos meses después la amiga le telefoneó: '¿Te acuerdas que este fin de semana nos vamos a Medjugorje?'" Ella buscó excusas para no ir, pero los compañeros en la radio le dijeron "vete, que te cubrimos en el trabajo".

"Estaba sentada en el bar con mi amiga Kristina, con mi ropa de la mañana, tacones y falda corta. Dije: Mira, Kristina, probablemente no tomaré ese autobús. Ven conmigo, miramos como es esa gente dentro del bus, y si no está bien, no entro".

Entró al autocar, pensando en irse... pero no se decidió a escapar. "Hasta la frontera estuve pensando si salirme. ¡Todo era demasiado! ¡Demasiados rosarios, demasiado rezo, todo exagerado! Yo pensaba: 'si siguen rezando, volveré con el cerebro lavado'".

 Nina Benedikta Krapić, ya Hija de la Caridad, cuenta su testimonio en el Mladifest de 2022, el festival de la Juventud de Medjugorje / Foto: Mladifest

Una confesión, y una mirada especial

En Medjugorje pasaron varias cosas. Una de ellas, fue que se confesó bastante en serio. "Confesé muchas cosas que no sabía que eran pecado, que vivía en el pecado", recuerda.

Al salir, cerca del confesionario había una monja. "Yo la miré a ella y ella me miró a mí. Era una mirada que no he encontrado nunca antes ni después. Nos quedamos mirando una a otra. Sus ojos estaban enfocados en mi profundidad".

"Aquí me di cuenta que no era ella, que era la mirada de nuestro Señor, que Él usó la mirada de la monja en ese momento. El Señor hizo algo en mi corazón".

Al día siguiente, los peregrinos subían al pedregoso monte Podbrdo, coronado con una imagen de la Virgen. "Perdí a mi grupo, aún no sé como, y me incorporé a un grupo de monjas. Viéndolas a ellas, con sus sandalias, lloré sin parar. Arriba, me dije: 'Cálmate, subiste la colina, ahora pídele a la Virgen todo lo que quieras'".

Y le pidió el regalo de ser madre. Ya que en lo profesional estaba bastante bien quería ahora un propósito familiar, tener hijos.

De vuelta en casa, monjas por todas partes

Pero una vez de vuelta en casa, en Croacia, notó que había cambiado mucho. Para empezar, veía monjas y más monjas por doquier, por las calles, por todas partes. Y su corazón latía fuerte, como antes cuando buscaba una noticia con alguien famoso o importante. Ahora le daba igual tratar con el Presidente o el Primer Ministro, ya no le emocionaba, ni tenía miedo a equivocarse en el trabajo. En cambio, se paralizaba al ver una monja cualquiera.

Quedó a tomar un café con una amiga, con sus tacones y vestido corto. Y se dio cuenta que no estaba a gusto. Se lo dijo. "No puedo levantarme y pasear así por la ciudad después del café. Me da vergüenza. Llevo vestido corto, mangas cortas, tengo vergüenza de caminar, no puedo levantarme", le dijo. Fueron juntas a la primera tienda y se compró una falda larga. Y su amiga le dijo: "A ti te ha pasado algo en Medjugorje, regresaste completamente diferente".

La hermana Nina Benedikta Krapić saludando al Papa León XIV (Ciudad del Vaticano, 11 de octubre, 2025) / Foto: Vatican Media

Entró en la capilla: "Este es tu lugar"

Nina conoció más religiosas y habló con ellas. En la capilla de las Hijas de la Caridad, nada más entrar, sintió: "puff, ya, ese es tu lugar, es tu casa". "No tenía que pensarlo más", asegura.

Dejó el trabajo, hizo un año de prueba, pero desde que entró en esa capilla "no tenía ninguna duda de que el Señor me llamaba y de lo que la Virgen hizo en Medjugorje". 

Entró en las Hijas de la Caridad en 2014. Inspirada por Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), tomó el nombre eclesial de Nina Benedicta. Hizo los votos perpetuos en 2019.

¿Y su petición de ser madre? Trabajando en Cáritas Diocesana pudo ser "madre" espiritual y cercana de muchos niños de familias rotas, golpeadas por la violencia doméstica. "Los tengo en mi corazón porque los quiero con amor que no es mío, que viene de la Virgen", detalla. Su carrera de Derecho le sirvió para ayudar a estas familias.

Entrevistada en 2022, añadía que de la Virgen aprendió a simplificar las cosas, a hacerlo todo más sencillo. Y de Medjugorje, sus viajeros y la gente que acoge, la importancia de acoger.

Este es el perfil de la mujer que, junto con Paolo Ruffini, a partir de marzo presentará la comunicación vaticana a periodistas de todo el mundo, de muy diversas lenguas, culturas, países e ideologías.