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Hermana María Fabiola Villa: Sanada de una pancreatitis incurable por mediación de la Virgen de Fátima
* «En la eucaristía en Fátima, Me concentré en la Misa y en el momento de la consagración sentí un dolor insoportable. Estaba a punto de desmayarme y estaba convencida de que iba a morir. Sólo alcancé a tartamudear: ‘Dios, estoy en tus manos’. Cuando el sacerdote levantó la Hostia, el dolor desapareció repentinamente, como si un interruptor la hubiera apagado. No pensé en el prodigio, el milagro. Estaba feliz de estar bien»
Camino Católico.- La revista Maria con te cuenta la historia de sor María Fabiola Villa, que en 2022 tenía 88 años, y cómo la Virgen la sanó de una pancreatitis incurable.El 26 de abril de 1988, después de 14 años de enfermedad y sufrimiento, María Fabiola fue milagrosamente curada de su enfermedad crónica por intercesión de Nuestra Señora de Fátima.
María Fabiola nació en Verderio Inferiore (Lecco) y se unió a la congregación de la familia del Sagrado Corazón de Jesús con solo 18 años.
14 años de enfermedad
Al poco tiempo empezó a sentirse mal: calambres muy fuertes en el abdomen, fiebre alta. La operaron de apendicitis pero la situación no cambió, al contrario, empeoró aún más. Siguió una terapia de purificación del hígado pero su estado de salud no mejoró.
No podía llevar una vida normal. Solo comía pan seco y pasaba todo el día en cama por los dolores que la aquejaban. Después llegó el diagnóstico: pancreatitis crónica incurable.
La ausencia de enzimas pancreáticas que activaran los procesos digestivos estaba causando la destrucción de su páncreas. Era un cuadro clínico desolador.
Con sufrimientos pero contenta
Sin embargo, en el largo calvario de la enfermedad incapacitante que aquejaba a su cuerpo, la religiosa no perdió nunca la fe en el Señor y continuó encomendándose a Jesús y a la Madre Celestial:
"La ferocidad de ese mal nunca venció a la esperanza, nunca me hizo perder el contacto con María. Seguí confiando ciegamente en la Virgen, siendo devota suya. Mientras sufría terriblemente, en mi corazón me sentía libre, gozosa, llena de fe".
Esta es la primera gracia que recibió: la paz del corazón. No maldecía su historia, ofrecía y oraba con el alma serena.
Peregrinación a Fátima
A pesar de los terribles dolores, la religiosa decidió partir en peregrinación a Fátima, pues sentía a Nuestra Señora llamándola.
Los médicos le aconsejaron que no viajara en su estado pero Sor María insistió. No quería darse por vencida.
En la mañana de la partida para someterse a las inyecciones habituales, no pudo participar en la Santa Misa.
"Alguien del grupo que iba a partir para Fátima dijo que la presencia de un paciente tan grave les impediría llegar a su destino. Respondí que moriría a los pies de María. Pero estaba bien que me fuera".
El vuelo llevaba dos horas de retraso y la monja aprovechó para ir a rezar a la capilla del aeropuerto:
"Allí vi una cruz con un Cristo estilizado que me impresionó particularmente. Y me vino espontáneamente dirigirme a Jesús diciendo: "Jesús, yo también estoy en esa cruz… voy a tu madre -le dije de nuevo a ese Cristo en la cruz- pero no me escuches, escucha siempre a tu madre".
Una canción en honor a María
Una vez en Fátima, los peregrinos se reunieron para cenar, pero sor María Fabiola se encontraba mal.
Deseaba ir a visitar el santuario pero no era posible. Así que en el vestíbulo del hotel decidió cantar una canción en honor a la Virgen e invitó a los demás huéspedes a hacer lo mismo.
En poco tiempo se formó un coro que alababa unido con entusiasmo y fe:
"Había una energía especial en el aire. Lo recuerdo bien".
26 de abril de 1988: Su vida cambió
Al día siguiente, 26 de abril de 1988, la monja fue finalmente a la iglesia a ver a la Virgen de Fátima. Y ahí sucedió el milagro.
Con palabras llenas de asombro, emoción y agradecimiento, Sor María Fabiola cuenta:
"Me concentré en la Misa y en el momento de la consagración sentí un dolor insoportable. Estaba a punto de desmayarme y estaba convencida de que iba a morir. Sólo alcancé a tartamudear: "Dios, estoy en tus manos". Cuando el sacerdote levantó la Hostia, el dolor desapareció repentinamente, como si un interruptor la hubiera apagado. No pensé en el prodigio, el milagro. Estaba feliz de estar bien".
"Nuestra Señora de Fátima me tomó en sus brazos"
“Nuestra Señora de Fátima me había tomado en sus brazos y me había dado la gracia de curarme”, dice Sor María que no confió a nadie lo que había vivido. Permaneció en un gozoso silencio para disfrutar de los frutos de este repentino bienestar redescubierto.
Comió con todos sin sentirse mal, participó en viajes y excursiones, dejó de tomar medicinas.
Al regresar a casa, su médico le dijo que se ha recuperado por completo, que había sido un milagro:
"Volví a Fátima para agradecer a María, para contarle a la gente lo que me había pasado, para hablar de cómo el Señor usa a los pobres como yo, cómo Dios sana el cuerpo pero sobre todo el corazón, cómo nos muestra un camino hacia la alegría. Porque el milagro es ante todo creer en Él, en su Amor".
* La religiosa sufría inflamación constante de la piel de las manos y los dedos, y el contacto con jabón, champú o productos químicos le provocaba llagas. El dolor era tan intenso que no podía ni siquiera sostener un bolígrafo, y mucho menos lavarse, fregar los platos o limpiar; los detergentes le quemaban la piel. Ella misma dice que «me quedé impactada porque mis heridas sanaron por completo de repente. Mi piel quedó totalmente tersa, totalmente sana. Y así sigue hasta el día de hoy. Incluso puedo usar detergentes y lavavajillas»
Camino Católico.- Al Beato Jerzy Popieluszko, sacerdote y mártir, un "ardiente pastor de la clase trabajadora y del servicio de salud", que fue torturado y asesinado por agentes de la dictadura comunista polaca en 1984 se le atribuyen muchas sanaciones.Una de las curaciones atribuidas a él es la de Róża Falkiewicz, religiosa Ursulina que se encomendó a su intercesión ante una enfermedad debilitante, un eccema de contacto. El testimonio se cuenta en el libro "Los nuevos milagros del padre Jerzy Popiełuszko".
La hermana Róża Falkiewicz reside en el convento de las Ursulinas de la Unión Romana en Breslavia. Filóloga polaca de formación, dedicó años a la educación de niños y jóvenes. Primero en Cracovia, donde fue mentora de estudiantes que vivían en una residencia de monjas; luego en Varsovia; y finalmente en Kiev, Ucrania, donde impartió clases en el seminario y enseñó catequesis en la escuela durante muchos años. Desde 1996, padecía una enfermedad debilitante: eccema de contacto. Sufría inflamación constante de la piel de las manos y los dedos, y el contacto con jabón, champú o productos químicos le provocaba llagas. El dolor era tan intenso que no podía ni siquiera sostener un bolígrafo, y mucho menos lavarse, fregar los platos o limpiar; los detergentes le quemaban la piel.
«Pasaron los años, pero el tratamiento no dio resultado, no hubo mejoría y mis manos seguían sangrando», recuerda la hermana Róża. Ya entonces, se interesaba por la vida y la obra del padre Popiełuszko y rezaba fervientemente por su beatificación. A él le confiaba todos los problemas difíciles que encontraba en su vida, incluso los relacionados con otras personas.
Esto también ocurrió el domingo 13 de diciembre de 2000, cuando participó en la ceremonia de inauguración del busto del padre Jerzy en el Parque Jordan de Cracovia.
«Recuerdo bien aquel día: llegaron delegaciones de empleados de la acería de Varsovia y otros grupos vinculados al padre Popiełuszko; se reunieron representantes de muchas parroquias de Cracovia, autoridades municipales y clérigos. Solo el cardenal Franciszek Macharski no pudo asistir, a pesar de que debía bendecir el monumento, pero enfermó», cuenta la hermana Róża.
La ceremonia tuvo un carácter religioso, con himnos y oraciones . «Le pedí sinceramente ayuda al padre Popiełuszko. Al ver mis manos enyesadas y sangrantes, le mencioné tímidamente que tal vez intercedería ante Dios por mí y obtendría la gracia de la curación», recuerda la monja. También le rogó al padre Jerzy que intercediera para salvar la salud de una estudiante a la que conocía bien del dormitorio. Le confió su vida a Popiełuszko.
Pasaron diez días y llegó la Nochebuena. La hermana Róża confiesa: «Me quedé impactada porque mis heridas sanaron por completo de repente. Mi piel quedó totalmente tersa, totalmente sana. Y así sigue hasta el día de hoy. Incluso puedo usar detergentes y lavavajillas. Estoy profundamente convencida de que el padre Popiełuszko intercedió por mí y me concedió una curación milagrosa».
A partir de entonces, la monja visitaba con regularidad la tumba del bienaventurado mártir. «Me encantaba visitar el antiguo apartamento del padre Popiełuszko, y allí, la señora Katarzyna Soborak, quien, con gran dedicación, siempre me contaba detalles de la vida del padre Jerzy, mostrándome diversos recuerdos, fotos y manuscritos», recuerda la hermana. La señora Katarzyna también recuerda con cariño estos encuentros: «Recuerdo muy bien cómo la hermana Róża vino a nuestro Centro, al antiguo apartamento del padre Jerzy, y cómo me contó sobre su curación milagrosa. Le pedí que escribiera el milagro que había experimentado. Añadí su testimonio a la colección de todas las gracias y curaciones extraordinarias».
«Las dolencias de antes del milagro nunca volvieron a aparecer», asegura la religiosa.
Cabe destacar que, en diciembre del año 2000, el Beato Jerzy Popieluszko obtuvo una segunda gracia para la monja: una estudiante por la que la Hermana Róża había rezado sanó física y espiritualmente. La joven cursaba su segundo año de universidad. Anteriormente había padecido una grave enfermedad y se sometió a un largo tratamiento, sin éxito. La Hermana Róża la ayudó en todo lo que pudo, la apoyó y le dedicó su tiempo. Finalmente, la estudiante abandonó sus estudios y la residencia. Justo cuando la monja la estaba confiando al Padre Popiełuszko en Cracovia, la estudiante sufrió un trágico accidente (la hermana prefiere no dar detalles y solicita confidencialidad). Tuvo que permanecer en casa con sus padres durante varios meses. «Se recuperó, sin embargo, y no quedó rastro del accidente; retomó sus estudios. Experimentó una transformación interior tan profunda que a sus compañeros les costaba creer que fuera la misma chica», recuerda la Hermana Róża. «Le dije que el padre Popiełuszko era su santo patrón, que la había rescatado de la opresión y que había rezado por su salud. Ella se interesó por su vida».
«¡En absoluto me siento elegida! Considero la sanación como una gracia de Dios. Y la gracia es gratuita, no algo por lo que se paga. La gracia es simplemente gracia», admite la hermana Róża. En sus palabras no hay rastro de orgullo, solo sencillez, humildad y profunda gratitud.
Mary Bartold, de 16 años, sanada de dos tumores por intercesión del Beato Solanus Casey / Foto: Cortesía de la Diócesis de Lansing
* «La doctora de Mary dijo: 'No hay nada. Han desaparecido los tumores... Disculpa que haya tardado tanto en llamar, pero hablé con el radiólogo... y luego con otro radiólogo. Quería asegurarme de que le estaba dando la noticia correcta. Podemos cancelar la cirugía»
Camino Católico.- Cuando repetidas pruebas de diagnóstico por imágenes a finales de julio de 2024 mostraron que los tumores ováricos de Mary Bartold, de 16 años, habían desaparecido antes de que pudiera someterse a la cirugía, "todo lo que pude decir fue: 'Alabado sea Dios'", dice su madre, Susan Bartold, de 55 años. "Esto es obra suya", aseguraDetroit Free Press. La familia y amigos habían orado al Beato Solanus Casey.
La familia regresó a la tumba de Casey el 2 de agosto, día en que Mary debía ser operada, en una peregrinación de acción de gracias, y presentó documentación de su sanación ese mismo día al Centro Solanus Casey. Esperan que el favor que creen que Dios le concedió a Mary por intercesión celestial de Casey merezca ser considerado un milagro, lo que podría llevar a la santidad de Casey, cofundador del Comedor de Beneficencia Capuchino en Detroit.
Susan Bartold, de 55 años, y su esposo, Rick Bartold, de 60, están detrás de su hija, Mary Bartold, de 16 años, en el patio trasero de su casa en DeWitt, Michigan / Foto: Matt Riedl, Diócesis de Lansing
Mary Bartold, estudiante de segundo año de la Escuela Secundaria Católica de Lansing, dice que "sería genial" si el Papa reconociera el relato de su curación como milagroso y canonizara a Casey. La familia Bartold no puede evitar preguntarse si Casey les abrió las puertas de San Buenaventura a los abuelos de Mary durante la Gran Depresión.
"Eran pobres y no tenían dinero. Como crecí en la fe católica, sabemos que mi padre probablemente se aprovechaba del comedor social, al igual que el padre de Susan", explica el padre de Mary, Rick Bartold, de 60 años. "Vivía casi a la vuelta de la esquina".
El Centro Solanus Casey se negó a revelar ningún detalle sobre el informe de la familia Bartold sobre la curación de Mary, a la que la iglesia se refiere como un "favor", comenta el reverendo Edward Foley, vicepostulador de la causa de canonización del beato Solanus.
El padre Solanus Casey fue homenajeado en una misa el 18 de noviembre de 2017 en Ford Field en Detroit / Foto: Provincia Franciscana Capuchina
"Le decimos a cualquier familia que nos envíe un informe de favor... 'Es su historia, pero mantendremos la confidencialidad porque Roma también exige confidencialidad si vamos a presentarles algo'", argumenta Foley. "No revelamos nada sobre ningún caso individual."
El diagnóstico de los tumores de Mary
Un dolor abdominal severo apareció a finales de abril de 2024, mientras Mary estaba en el segundo año en la escuela secundaria católica Lansing, en Michigan. "Me caí al suelo. No podía moverme en absoluto... porque me dolía muchísimo", recuerda la adolescente.
Su madre explica la llamada entre lágrimas que recibió de Mary desde la escuela ese día y se preguntó qué podría estar causando sus síntomas en su hija.
"Le hice las preguntas básicas de una madre... pensando que era solo un virus estomacal o que estaba empezando su período o algo así", dice Susan Bartold, de 55 años, de DeWitt, una pequeña comunidad al norte de Lansing. Pero cuando el dolor de Mary continuó, "supe que algo andaba mal".
A principios de mayo, Mary se sometió a una tomografía computarizada y una ecografía, que revelaron un tumor de 7,3 cm en el ovario izquierdo y otro de 1,5 cm en el ovario derecho. "En ese momento, pensaron que eran quistes", dice Susan Bartold. "De repente, todo esto se volvió urgente, porque temían una torsión ovárica".
La torsión ovárica ocurre cuando el tejido que sostiene el ovario se retuerce dentro del cuerpo, interrumpiendo el suministro de sangre. Se considera una emergencia potencialmente mortal y, en ocasiones, también puede incluir la torsión de la trompa de Falopio.
"Le dijeron: 'Si esto es una torsión, perderás los ovarios. Si sientes algún tirón en el abdomen en cualquier momento, debes acudir a urgencias de inmediato'", explica Susan Bartold.
Mary Bartold, de 16 años y residente de DeWitt, juega con su perra, Jolene, en el patio trasero de su casa en DeWitt, Michigan / Foto: Matt Riedl, Diócesis de Lansing
"Para ella, todo esto la hizo pensar: 'No voy a poder tener hijos'", dice su madre Susan Bartold. "Analiza pensando y se da cuenta de que existe una gran posibilidad de perder uno o ambos ovarios. Y lo único que pudo decirnos fue: 'Quiero ser mamá'. Y aunque entendemos que hay otras maneras de ser una madre hermosa, para una joven de 16 años... fue muy, muy difícil".
Concertaron una cita para Mary en el Centro de Salud de la Universidad de Michigan y trabajaron con médicos católicos para asegurarse de que "entendiéramos lo que estaba sucediendo y que estábamos tomando decisiones morales que no estaban guiadas por creencias seculares", relata Susan Bartold.
Los médicos programaron la cirugía de Mary y determinaron que las masas en sus ovarios no eran quistes, sino tumores llamados teratomas, que generalmente son benignos. La primera fecha de cirugía disponible era el 2 de agosto.
"Mary estaba fuera de sí", dice Susan Bartold. "Y cada vez que intentábamos hablar y preguntarle si tenía alguna pregunta, se ponía a llorar y se marchaba".
Una nueva prueba muestra que los tumores "han desaparecido por completo"
Los padres de Mary hicieron una peregrinación a la tumba de Casey el 6 de julio, orando para que el beato Solanus Casey intercediera no solo sanando físicamente a Mary, sino también trayéndole paz "para poder recorrer este camino que el Señor había puesto delante de ella", explica Susan Bartold.
Hablaron con Mary sobre si estaría dispuesta a ser ungida con el sacramento de la unción de los enfermos para pedir que si es la voluntad de Dios, se le concediera la sanación espiritual o física, junto con paz y coraje para enfrentar la operación. Dijo que sí, y no puedo expresar lo emocionada que estaba", asegura Susan Bartold. "Ahí estaba mi corazón de madre".
Monseñor George Michalek realizó el rito el 14 de julio, y "se le veía bajar los hombros" de alivio al terminar, dice Susan Bartold. "Entonces le pregunté si estaba dispuesta a recibir oraciones de familiares y amigos, y también respondió que sí, lo cual fue muy importante para ella porque no quería que se lo contáramos a nadie. No quería que nadie lo supiera. Así que, de inmediato, contactamos a nuestra familia, amigos, comunidad y comunidad eclesial, y les pedimos que se unieran a nosotros en una novena al beato Solanus Casey y le pidieran que intercediera por su sanación.
El Cardenal Angelo Amato de Roma, Italia, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano y representante del Santo Padre inciensa la reliquia durante la beatificación del Padre Solanus Casey en Ford Field en Detroit el sábado 17 de noviembre de 2017 / Foto: Ryan Garza, Detroit Free Press
A medida que se acercaba la fecha de la cirugía de Mary, sus médicos le pidieron que se hiciera pruebas de diagnóstico por imágenes adicionales para reevaluar los tumores.
Susan Bartold recuerda haber llevado a Mary a Ann Arbor para una resonancia magnética en la madrugada del 30 de julio, que coincidió con el día de la fiesta de Casey.
"Mary dormía en el asiento trasero y eran las 4:30 de la madrugada", relata Susan Bartold. "Llueve a cántaros. Está muy oscuro. No hay luna, ni una sola estrella en el cielo, y hay un montón de obras alrededor. Solo recuerdo haber dicho en voz alta: 'Solanus, este es tu día festivo. Hago esto por ti. Sé que tienes una gran noticia'".
Luego añade: “Esa noche los resultados de la resonancia magnética de Mary aparecieron en su portal electrónico para pacientes, lo que hizo reflexionar a la familia. Parecía como si los tumores de Mary hubieran desaparecido. Los leí y le dije a Rick: ‘Parece que no hay nada. Pero no sé... Esperaremos a que nos llame el médico’.
Al día siguiente, el teléfono sonó poco antes del mediodía.
La doctora de Mary "estaba eufórica", dice Susan Bartold. "Me dijo: 'No hay nada. Han desaparecido los tumores... Disculpa que haya tardado tanto en llamar, pero hablé con el radiólogo... y luego con otro radiólogo. Quería asegurarme de que le estaba dando la noticia correcta. Podemos cancelar la cirugía'".
Al principio Mary no lo podía creer. "Pensé que era un error", dice. Pero a medida lo asimiló plenamente, añadió: "Simplemente me sentí agradecida. No tuve que operarme".
Los informes sobre los favores de Casey continúan llegando
Desde 2018, Foley del Centro Solanus Casey dijo que ha habido al menos 300 informes de favores que los fieles católicos han presentado para revisión y documentado como relatos de la intercesión de Casey.
Foley detalló el proceso que ocurre cuando los informes de favores como el de Mary involucran la curación de condiciones médicas.
"Los enviamos a médicos certificados", explica Foley. "Nos consultan sobre si debemos obtener los historiales médicos. Si investigamos los historiales médicos y se determina que no hay una explicación médica, los enviamos a Roma. Ellos son quienes deciden qué hacer con ellos.
"Ese es el procedimiento que seguimos con todos los informes de favor que recibimos".
El abogado Will Bloomfield, asesor general de la Diócesis de Lansing y ex fiscal general adjunto de Michigan, revisó los documentos médicos de Mary.
Le dijo al Detroit Free Press que está "satisfecho de que el informe médico del 16 de mayo de 2024 haya revelado dos teratomas: uno, una masa quística compleja más grande (7,3 cm) en el anexo izquierdo". El otro, dijo, era "una pequeña masa hipoecoica irregular de 1,5 cm en el ovario derecho, también probablemente un teratoma".
Bloomfield confirmó que también revisó el informe de la resonancia magnética a la que se sometió Mary en julio de 2024. Este no reveló evidencia de masa ovárica ni anexial.
Una exploración de seguimiento realizada seis meses después, el 13 de febrero de 2025, tampoco encontró evidencia de tumores.
"Nos olvidamos del poder de la oración, y esto es sólo un testimonio del poder de la oración", dice Susan Bartold.
El Papa Francisco reconoció un milagro previo de Casey en 2017. Una mujer con una afección cutánea genética oró ante la tumba de Casey en Detroit y sanó milagrosamente. Si el Vaticano reconoce otro milagro, impulsaría aún más la canonización de Casey.
La familia de Mary aboga firmemente por que reciba esa categoría. Mary declaró a la Diócesis de Lansing que se sentiría honrada si su historia fuera la que llevó a Casey a la santidad. "Merece ser canonizado", afirma.
Vídeo en inglés del testimonio de curación de Mary Bartold y sus padres
Karolina Koniarska y su esposo Kamil / Foto: Karolina Koniarska - archivo propio
* «Desde hacía algún tiempo, los sacerdotes nos enseñaban que teníamos una gran ayuda para implorar gracias en el sacramento del matrimonio»
Camino Católico.- Karolina Koniarska, de Bydgoszcz en el norte de Polonia, debe su profunda fe a sus abuelos y a su madre. Creció junto a su hermano, dos años mayor que ella. Estaba en quinto grado cuando, durante una excursión escolar a Jasna Góra, visitó por primera vez el poco conocido santuario de Gidle. La estatua de Nuestra Señora de la Curación de los Enfermos era tan pequeña que Karolina no la habría visto en el gran altar dorado si no hubiera sido por la preocupación de la maestra, que preguntó varias veces si todos los niños la habían visto.
El encuentro con Nuestra Señora de Gidle influyó especialmente en Karolina. La noche después de regresar a casa, soñó con María en esa estatuilla y, al día siguiente, cuando encendió la televisión, vio un programa sobre esa imagen.
"Me asusté un poco", recuerda con una sonrisa a Dorota Niedźwiecka en Aleteia. "Pero pronto comprendí que María me estaba haciendo saber que me cuidaba especialmente. Me prometí a mí misma que algún día volvería a ese santuario...".
Sabes cuánto los quiero
Karolina Koniarska y su esposo Kamil el día de su boda / Foto: Karolina Koniarska - archivo propio
Pasaron los años. Karolina se casó con Kamil y quedó embarazada. Desgraciadamente, pronto sufrieron un gran dolor: perdieron a su primer hijo.
Durante todo el segundo embarazo estuvo en reposo. Rezaba todos los días con confianza: "María, deseo tanto tener este bebé. Te lo ofrezco. Si es niña, y tú lo deseas, puede ser monja; si es niño, sacerdote". Sus amigos le dieron una oración de la Gruta de la Leche en Belén, a través de la cual muchos padres piden hijos sanos.
Lilianka nació prematura, a los ocho meses, con neumonía. Solo después del parto los médicos le dijeron a Karolina que había sido un embarazo de alto riesgo y que solo tenía un 30 % de posibilidades de llevarlo a término. Pronto se descubrió que el embarazo más corto había salvado la vida del bebé.
"Me diagnosticaron un grave conflicto serológico y una fuerte infección intrauterina", dice Karolina Koniarska. "Si no hubiera roto aguas, Lilianka se habría infectado y habría muerto en mi vientre. Sin embargo, tras el parto, se recuperó rápidamente. Fue un milagro de la Virgen María", añade.
Se sentían felices. Karolina se ocupaba de Lilianka, Kamil trabajaba y ayudaba con entusiasmo en el cuidado de la niña. Se alegraban con cada nueva habilidad que adquiría su hija. Empezaron a pensar en tener otro hijo. Desgraciadamente, no consiguieron quedarse embarazados durante los tres años siguientes, hasta que pidieron un hijo en sus oraciones, y el embarazo de Dominek transcurrió de forma ejemplar.
"Gracias a ello, nos dimos cuenta de que los hijos son un regalo de Dios. Él nos los ha confiado para que los preparemos para la vida independiente", dice.
Una conversión aún más profunda
Karolina Koniarska con su hija / Foto: Karolina Koniarska - archivo propio
Era el año 2021, visitaron juntos el santuario de Nuestra Señora en Gidle, que desde su infancia había sido tan importante para Karolina. A los niños les gustó mucho el lugar. Unos meses más tarde, Karolina se dio cuenta de que desde esa peregrinación se habían acercado aún más a Dios.
Kamil comenzó su formación en la comunidad de los Guerreros de María. Juntos comenzaron a rezar el rosario y ofrecieron su vida a la Virgen María en la Consagración 33.
"Nos hemos acercado aún más como matrimonio", dice Karolina. "Pasamos muchas horas conociéndonos mejor que nunca. Al ver dónde había cometido un error en nuestra relación, también me di cuenta de cómo Dios sacaba bien de lo difícil".
Desde entonces, ya no han tenido "días de silencio", con los que antes intentaban ocultar los asuntos difíciles. Hablan de todo y tratan de resolverlo de inmediato.
El tumor desapareció
Otra prueba de fe llegó en 2022. Durante una ecografía abdominal rutinaria, el médico descubrió un tumor considerable en el útero. Medía 5 por 6 cm. Preocupado, pidió la opinión de un segundo médico, quien también recomendó un diagnóstico rápido. Karolina estaba aterrorizada.
"Desde hacía algún tiempo, los sacerdotes nos enseñaban que teníamos una gran ayuda para implorar gracias en el sacramento del matrimonio", dice. "Y recuerdo que, durante una de las oraciones, Kamil comenzó a pedirle a Dios que me sanara por el poder de nuestro sacramento del matrimonio".
Bendijo la zona enferma y yo me sentí cada vez más tranquila. También participaron en el retiro del padre Dominik Chmielewski "Despierta la esperanza", que se celebraba precisamente en Bydgoszcz.
Karolina estaba convencida de que la esperaba una operación, pero durante un diagnóstico detallado se descubrió que... no había tumor, aunque se veía claramente en las ecografías que había traído a la consulta. Era la prueba de que, en virtud del sacramento del matrimonio, se puede pedir la curación de una manera especial. Llorando de felicidad, dio gracias a Dios por el milagro.
Expectación
Karolina Koniarska junto a su esposo Kamil / Foto: Karolina Koniarska - archivo propio
Lilianka tiene ahora 15 años, es girl scout y asiste a una escuela militar. Dominik tiene 11 años, es monaguillo y le apasiona el fútbol y la música. Ambos esperan a su hermano, que llegará pronto.
"Nuestra Señora de Gidle sigue ocupando un lugar especial en nuestra familia", dice Karolina Koniarska. "Es a María, en esta imagen, a quien me encomiendo a mí misma, a mis seres queridos y a todas las personas que ella pone en mi camino".
Astrid Chereau en 2024. Ahora, prosigue su camino de conversión después de su milagrosa recuperación / Foto: CORINNE SIMON - Famille Chretienne
* Los médicos le dijeron que tras una larguísima y dura rehabilitación quizás pudiera recuperar algo de movilidad, pero que sería “largo y difícil”… El último día de la novena a la beata Chiara Badano esta joven salía del hospital completamente curada, y sin ninguna explicación plausible de los médicos, tan sorprendidos como ella ante esta situación. En su expediente médico sigue registrada como “parapléjica”, pero en su día a día ella camina, sube las escaleras, se sienta y hasta corre…
Camino Católico.- Una joven desde el cielo intercediendo por otra en la tierra. Esto es lo que ocurrió con la beata Chiara Badano y Astrid Chereau, una chica que se recuperó de manera insólita de quedarse parapléjica en el último día de la novena dedicada a esta joven beata.
Todo ocurrió cuando Astrid tenía 20 años. Esos días se fue a Suiza a esquiar. La montaña estaba llena de nieve y se atrevió a realizar algunos saltos. Todo iba muy bien. El tiempo era estupendo, brillaba el sol y su cuerpo respondía perfectamente a aquel esfuerzo que tanto le gustaba. Aquellos Alpes suizos eran su refugio frente a la rutina de París, el metro, el ritmo frenético de la capital de Francia… pero en el último salto que hizo esquiando el tiempo se paró para ella.
Astrid se desequilibró y cayó violentamente contra el duro y frío suelo de la pista de esquí. Un estremecedor y desconocido dolor recorrió su cuerpo. Y de repente notó que no podía moverse.
Esta joven francesa fue trasladada en helicóptero a un hospital, aunque ella para sus adentros se decía que tan sólo sería un esguince. Pero no era un esguince.
Trece minutos después Astrid estaba en el hospital con una vértebra facturada y la medula espinal muy afectada. Unas horas después era operada de urgencia para evitar que la médula se partiera del todo.
Los médicos le dijeron que la gran prioridad es que pudiera mover los dedos de los pies cuanto antes. En su cabeza no aparecía el derrotismo. “Quiero bailar en mi boda y tener hijos”, repetía, tal y como recoge Famille Chretienne.
La noticia corrió como la pólvora y los amigos de Astrid empezaron rápidamente a rezar el Rosario, otros fueron al sagrario a pedir al Señor su ayuda… Lo importante era rezar urgentemente por ella. Sus amigos, pero también muchos desconocidos, iniciaron una novena a la beata Chiara “Luce” Badano para que intercediera por Astrid. Personas de Suiza, Bélgica, Francia, pero también de sitios lejanos de Asia y África se sumaron a dicha novena en lo que se convirtió en una enorme cadena de oración.
Al principio las noticias eran muy malas. Una pierna estaba muy débil, la otra ni siquiera respondía. El veredicto era claro: Astrid se había quedado parapléjica. Los médicos le dijeron que tras una larguísima y dura rehabilitación quizás pudiera recuperar algo de movilidad, pero que sería “largo y difícil”.
Un día después la joven tenía una prueba de esfuerzo que sería decisiva para su futuro. Se entrenó durante todo el día, pero no consiguió mover la pierna. Sin embargo, en el momento de la prueba y con un ejército rezando por ella en todo el mundo sus pies empezaron a moverse. Astrid no daba crédito. No sabía ni cómo ni por qué pero sus pies se movían.
El último día de la novena a Chiara Badano esta joven salía del hospital completamente curada, y sin ninguna explicación plausible de los médicos, tan sorprendidos como ella ante esta situación y dos años después, en su día a día. ella camina, sube las escaleras, se sienta y hasta corre… La oración hace milagros.
Quién es Chiara Badano
La beata Chiara «Luce» Badano era una adolescente italiana perteneciente al Movimiento de los Focolares que murió en 1990 cuando solo tenía 18 años de edad. Nació en Sassello, Liguria, el 29 de octubre de 1971. Su nacimiento llenó de alegría a sus padres, Ruggero Badano, camionero, y María Teresa Caviglia, obrera, quienes durante once años esperaron tener un hijo.
«Si bien en medio de una inmensa alegría,comprendimos enseguida que no era sólo nuestra hija sino que ante todo era hija de Dios», señaló su madre según la biografía publicada por los Focolares. jovencita
Beata Chiara Badano
Desde muy pequeña, Chiara mostró un profundo amor por Dios, al tiempo que revelaba un carácter fuerte pero dócil, era alegre, bondadosa y muy activa. A los nueve años de edad ingresó al Movimiento de los Focolares.
A los 16 años discernió su vocación y decidió consagrarse a Dios. Mantuvo una relación muy cercana con la fundadora de los Focolares, Chiara Lubich, quien le puso el sobrenombre de «Luce». Poco tiempo después le diagnosticaron un tumor en el hombro. El diagnóstico fue «sarcoma ostiogénico con metástasis», uno de los tumores más graves y dolorosos.
Chiara se propuso superar la enfermedad y comenzó un intenso tratamiento de quimioterapia, mientras trataba de seguir con su vida habitual sin perder nunca la alegría ni la fe. Entregó todos sus ahorros a un amigo que partió en misión humanitaria a África. A pesar de los esfuerzos de los médicos, la enfermedad avanzaba rápidamente y perdió el uso de las piernas.
«Si tuviera que elegir entre caminar o ir al paraíso, elegiría esta última posibilidad», dijo a sus familiares, Ya no pedía curarse, sino encontrarse con Jesús. Su fuerza conmovía a sus seres queridos y los médicos que la atendían. En julio de 1989 sufrió una severa hemorragia y parecía que el desenlace llegaría en cualquier momento.
Dijo a sus padres: «No derraméis lágrimas por mí. Yo voy donde Jesús. En mi funeral no quiero gente que llore, sino que cante fuerte». En la cama, Chiara rezaba mucho pidiendo ser capaz de cumplir con la voluntad de Dios. «No le pido a Jesús que me venga a buscar para llevarme al paraíso; no quisiera darle la impresión que no quiero sufrir más», decía y decidió preparar con su madre la que llamaba «fiesta de bodas», es decir su funeral.
Dio a su madre instrucciones muy precisas sobre cómo debía ser su vestido, la música, las flores, los cantos y las lecturas. Le pidió a su madre que mientras preparase su cuerpo se repitiera a sí misma: «Ahora Chiara Luce ve a Jesús». El domingo 7 de octubre de 1990 Chiara falleció acompañada de sus padres. Tras la puerta de la habitación aguardaban sus amigos. Sus últimas palabras fueron para su mamá: «Chao. Sé feliz porque yo lo soy». Unas dos mil personas asistieron a su funeral.
El entonces Obispo de Acqui, Mons. Livio Maritano, inició el proceso de beatificación de Chiara en 1999 y en 2010 fue beatificada por el Papa Benedicto XVI.