Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

Mostrando entradas con la etiqueta Virgen de Lourdes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Virgen de Lourdes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de mayo de 2026

Sor Bernadette Moriau padecía una patología en cauda equina y su curación es el 70º milagro de Lourdes: «Era Jesús quien pasaba entre nosotros; una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’ y podía moverme»

¿Por qué yo? Sor Bernadette Moriau terminó aceptando su curación como un misterio de Dios. En la imagen, durante la entrevista que le hizo la CBS en diciembre de 2022

* «Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase… ¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!. Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante. Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez. He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma»

Camino Católico.- El 11 de febrero de 2018, festividad de la Virgen de Lourdes, el obispo de Beauvais, Noyon y Senlis, Jacques Benoit-Gonnin, se dirigió a los fieles de su diócesis para anunciarles "una hermosa gracia que el Señor ha hecho en la diócesis": la curación milagrosa de Sor Bernadette Moriau, que se convietió así en la septuagésima certificada por la exigente comisión médica de Lourdes.

Recientemente, el programa 60 Minutes de CBS News dedicó un reportaje conducido por Bill Whitaker a los milagros de Lourdes, que incluye una entrevista a Sor Bernardette y a varios médicos que analizaron el caso.



Sor Bernadette es una religiosa de 83 años, nacida cerca de Valenciennes, junto a la frontera belga. Religiosa de las Franciscanas Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús, ingresó en la congregación a los 19 años en Nantes, donde fueron fundadas a finales del siglo XIX por la Madre María Teresa de la Cruz (Sophie-Victorine Gazeau de La Brandanière, 1829-1911).


Incurable


Padecía una patología en la llamada cola de caballo o cauda equina, agrupación nerviosa en el extremo de la médula espinal fundamental para la movilidad de las extremidades inferiores y la funcionalidad de los órganos pélvicos. 


Fue operada cuatro veces de la columna vertebral, la primera en 1968 y la última en 1975. No hubo ninguna mejoría y a partir de 1988 fue quedando progresivamente inválida por las consecuencias neurológicas de su enfermedad.


En 1994 empezó a tomar morfina para paliar su dolor incapacitante. Llevaba un corsé lumbar, y además a partir del año 2000 le pusieron una sonda para orinar, dado que la parálisis le afectaba también a la vejiga.

 

En 2004 un pie se le torció a consecuencia de lo mismo, y tenía que llevar una prótesis día y noche para intentar corregirlo.


"Yo sabía que no podría mejorar", explica Sor Bernadette en un vídeo difundido entonces por la diócesis.


 


En diciembre de 2006 se trasladó desde Nantes de nuevo al norte, al departamento de L'Oise donde hoy vive, y comenzó a tratarla el doctor Christophe Fumery, quien en febrero de 2008 le propuso ir a Lourdes como enferma. "Yo había estado ya allí acompañando a otros, en la época en la que aún podía caminar, pero nunca había pensando en ir para mí", recuerda: "Pero me dije, ¿por qué no? Me llamo Bernadette [como la santa vidente, Bernadette Soubiroux], y es el 150º aniversario de las apariciones [1858], podría ser una gracia". Se apuntó para la peregrinación de julio.


"Jesús pasaba entre nosotros"


Espiritualmente fue una experiencia intensa: "Me impactó pasar por la gruta, esa presencia misteriosa de María y de la pequeña Bernadette. Realmente me impactó. Luego participé en el sacramento de la reconciliación y recibí junto a los enfermos el sacramento de la Unción, que para mí supuso una fuerza para continuar el camino”.


Luego tuvo lugar la procesión del Santísimo y la bendición de los enfermos en la basílica de San Pío X: "Realmente me impactó, porque yo estaba en una silla, no podía ir muy lejos. Era Jesús quien pasaba entre nosotros y nos bendecía por mediación de nuestro obispo. Y en mi oración sentí como una voz que me decía: ‘Estoy ahí, veo tus sufrimientos y el de tus hermanos y hermanas enfermos. Ofrécemelo todo’. Yo recé mucho por los enfermos, pero nunca había pedido mi curación, porque no se me ocurrió, pensaba que terminaría mis días así. Pero realmente sentí esa presencia de Jesús”.



Sor Bernadette Moriau, en Lourdes, junto a un sacerdote, en la peregrinación donde fue curada


El día 8 de julio regresaron: “Volví muy cansada del viaje y muy dolorida, pero realmente feliz".

Tres días después tuvo lugar el milagro.

"Es costumbre hacer una Adoración todas las semanas", explica: "El día 11 estaba en la capilla con una hermana, Sor María Albertina. La adoración era a las cinco de la tarde, y a las 17.45 reviví la experiencia de la presencia de Jesús que había vivido en la basílica, en la bendición de los enfermos. ¡Yo estaba en comunión con Lourdes, no podía ser de otra manera! Sentí un bienestar en todo mi cuerpo".


Sor Bernadette concluyó su turno de adoración y regresó a su celda: "Volví a mi habitación sobre las seis, y allí una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’. Yo, sin saber qué me pasaba, sin plantearme nada, me lo quité todo, en un acto de fe, como cuando en el Evangelio Jesús le dice al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete’. Para mi sorpresa, podía moverme. Mi pie, que estaba torcido, se recolocó. Fui a donde estaba la hermana y le dije: ‘Mira lo que me está pasando’".


La religiosa no lo dudó. Cortó el circuito de neuroestimulación que llevaba, dejó de tomar morfina de golpe y dejó de sondarse. "No tuve ningún síndrome de abstinencia de la morfina", añade.


Su conmoción personal fue intensa: "Me derrumbé, estuve llorando varios días. Me preguntaba qué me pasaba, porque no me lo podía ni imaginar". Su cuñada vio a verla y salieron de paseo por el bosque: "Anduve varios kilómetros, algo que no había podido hacer desde hacía años".


Perplejidad médica

Era un fin de semana. El lunes acudió al médico: "Llegué a las siete de la mañana, llorando, diciéndole ‘No sé qué me pasa’. Él vio el cambio. Me dijo que se sentía feliz. Me examinó y no encontró ningún signo clínico".


Al poco tiempo acudió a Nantes a una cita prevista desde hacía tiempo en la unidad del dolor: "Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase".


Sor Bernadette explica que, del mismo modo que acudió a Lourdes por indicación del doctor Fumery, fue él mismo quien se tomó "muy a pecho" lograr el reconocimiento de la curación: "Enseguida hizo un informe. Yo tenía un informe médico completo con cartas de los hospitales e historia clínica de todos los sitios por los que había pasado", que eran varios porque "en la vida religiosa se viaja, no se está siempre en el mismo lugar. Así que pude aportar todos esos documentos".


El reconocimiento


Ese dossier se envió a Lourdes el 11 de diciembre de 2008, y en julio de 2009, durante una nueva peregrinación, Sor Bernadette compareció en una gran sala ante "unas ochenta personas del mundo médico". 


Tras ser interrogada y examinada la documentación, el doctor Alessandro de Franciscis, quien ese mismo año había sido nombrado por el obispo de Tarbes y Lourdes como 15º Médico Permanente del santuario y presidente de la Oficina de Constataciones Médicas que examina cada caso de posible curación, preguntó a todos los científicos presentes y se abría o no el dossier. No hubo dudas.



El doctor Alessandro de Franciscis, desde 2009 al frente de la certificación de las curaciones extraordinarias en Lourdes. El proceso es exigente desde el punto de vista científico e incluso molesto para quien ha de pasar por él, por la multiplicación de revisiones y controles a lo largo del tiempo


"El dossier se abrió, y a partir de ahí todos los años me vieron expertos y pasé controles de todo tipo, incluso de psiquiatría", explica la religiosa: "A partir de ese momento tuve que someterme a muchos controles, porque es muy estricto. Pero al mismo tiempo ha sido una experiencia, porque he conocido gente muy comprensiva, ha sido un descubrimiento. Es cierto que hay que querer pasar por ello, y yo he querido porque la gracia que he recibido no la podía guardar para mí, significaba poder dar testimonio de las maravillas de Dios y de los beneficios de Dios".


La gran pregunta y su respuesta


Sor Bernadette vive "con emoción" el hecho de que su curación haya sido el septuagésimo milagro reconocido oficialmente en Lourdes. Pero una pregunta le rondó la cabeza desde el principio, y aún hoy: "¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!".


Pero no hay respuesta: "Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante".



Sor Bernadette Moriau en Lourdes onde ha seguido acompañando enfermos con regularidad después de su cruración milagrosa 


Y tiene claro para qué ha de servir: "Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez".


“He seguido yendo a Lourdes acompañando enfermos, algunos terminales, y a sus familias. He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma".


(Testimonio publicado originalmente  en Religión en Libertad el 12 de febrero de 2018 y actualizado posteriormente)

miércoles, 18 de febrero de 2026

Kim, de madre atea y abuelos musulmanes, encontró a Cristo en el santuario de Lourdes: «Entendí que Dios existía; Al mirar a la Virgen María, sentí una paz total, una ausencia total de dudas»

Viendo la fe de los enfermos y peregrinos y como tocan la roca de la gruta de la Virgen de Lourdes, Kim entendió que Dios existía 

* «Durante la preparación de mi bautismo, mi madre no quiso acompañarme en este proceso y declaró que no vendría. Ella pensó que estaba influenciada por mis amigos. Convencida por mi padre, finalmente asistió a la misa de los ritos de elección y pudo escucharme dar mi testimonio. Ese día me dijo: ‘Entiendo, realmente conociste a Dios’» 

Camino Católico.-  Kim, de 23 años y su familia viven en Francia. Su madre, explica, es atea. Su padre es católico no practicante, y casi nunca dice nada de su fe. Sus abuelos son musulmanes. Ya antes de nacer ella, su familia decidió que no la formarían en ninguna religión. Pero la matricularon en colegios católicos por su buen nivel académico.

Los horarios familiares requerían llevar a la muchacha muy pronto por la mañana: a las 7:30 ya estaba en el instituto. «Una mañana, la responsable de pastoral me invitó a ir a la capilla, donde se organizaban tiempos de oración. Le dije que no sabía nada al respecto, que ni siquiera sabía si Dios existía. Ella me dijo: “Vamos, que hace calor en la capilla”. Curiosa, la seguí. El ambiente era muy especial, muy reconfortante, muy tranquilo. Leían pasajes del Evangelio. La vida de Jesús parecía bastante interesante. Me dejé retar y volví con regularidad», explica al portal de la Comunidad del Emmanuel.

Por esa curiosidad, se animó a apuntarse a unas clases de catequesis. Luego pidió permiso a sus padres para participar en una peregrinación a Lourdes.

Comprendió que Dios existía

El santuario le impactó y la hizo reflexionar. «Me llamó mucho la atención la inmensa fe de todos estos enfermos, gente que rezaba el rosario continuamente y esperaba una sola cosa: tocar la roca de la cueva. A través de esta fe en María, entendí que Dios existía», relata.

La fe de los enfermos impactó en Kim y tuvo su encuentro con Dios y la Virgen María                   

Al volver, convencida de que Dios existe, explicó a sus padres que se quería bautizar, pero ellos se oponían.

Al año siguiente volvió a Lourdes. «Al mirar a la Virgen María, sentí una paz total, una ausencia total de dudas», recuerda. De nuevo, pidió permiso a sus padres para bautizarse, pero ellos no se lo permitían.

Más adelante, durante la fiesta de Epifanía (Reyes), escuchó una moción interior: “En lo profundo de mi corazón escuché al Señor decirme: “¡Ve! » Al terminar la misa, fui a ver al sacerdote para pedirle el bautismo. Mis padres no lo tomaron muy bien pero yo sabía que Dios estaba conmigo».

Unos meses más tarde, el día antes de bautizarse, la estudiante volvió a Lourdes. «Traje un poco de agua de Lourdes, de la cual vertí unas gotas en el agua bautismal», explica, conmovida. Sucedió el 10 de junio de 2018.

«Durante la preparación de mi bautismo, mi madre no quiso acompañarme en este proceso y declaró que no vendría. Ella pensó que estaba influenciada por mis amigos. Convencida por mi padre, finalmente asistió a la misa de los ritos de elección y pudo escucharme dar mi testimonio. Ese día me dijo: ‘Entiendo, realmente conociste a Dios’».

Ahora es la madre la que anima a la hija a ser perseverante en la vida de fe y en la misa dominical. «Este año me pidió que fuéramos en familia a la misa de Navidad. Será la primera vez», explica.

Mirar a la Virgen cuando las cosas no van bien

Han pasado 6 años desde que se bautizó. Su fe ha soportado pruebas y dudas. «He tenido muchas dudas, pero nunca he cuestionado ni la existencia ni la presencia de María. Incluso cuando ya no ‘sentía’ nada con Dios, cuando tenía la impresión de atravesar el desierto, María estaba allí como un pilar imposible de desarraigar. María siempre me hace volver a lo básico. Constantemente me trae de regreso a Dios», explica.

Ya bautizada, pudo volver a Lourdes una cuarta vez. «Cuando las cosas no van bien, sólo tengo que mirar a María y siento que ella me lleva en sus brazos». Siente que se apoya en María cuando reza el rosario y cuando canta el Salve Regina. Cuando escucha esta oración, reconoce, «siempre me sale una pequeña lágrima porque esta canción realmente rinde homenaje a la belleza de María».

martes, 17 de febrero de 2026

John Traynor, protagonista del 71 milagro de Lourdes, relata cómo fue curado: «Salté de la cama, me arrodillé, acabé el Rosario, corrí hacia la puerta, aparté a los dos camilleros y veloz fui hasta la gruta»


John Traynor saliendo de Lourdes, y a su llegada a Liverpool empujando la silla de ruedas

* «Aquel día el arzobispo de Reims llevaba el Santísimo y a su paso me bendijo. Acababa de pasar cuando me di cuenta de que se había producido un gran cambio en mí. Mi brazo derecho, que había estado muerto desde 1915, estaba violentamente agitado. Rompí los vendajes y me santigüe con él por primera vez en años» 

Camino Católico.- Hace poco más de un siglo, el 11 de noviembre de 1918, acabó la Primera Guerra Mundial, uno de los conflictos bélicos más sangrientos de la historia y que dejó millones de muertos y otros tantos de heridos. Uno de ellos fue el soldado británico natural de Liverpool, John Traynor, que quedó inválido debido a los múltiples disparos de una ametralladora en Gallipoli (Turquía) y que ahora es el protagonista del 71º milagro oficialmente reconocido de la Virgen Lourdes, el 8 de diciembre de 2024, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

Pobre y desahuciado tras una guerra que le dejó sin poder andar, con un brazo también paralizado, con una herida abierta en la cabeza y con varios ataques de epilepsia al día, su curación milagrosa en Lourdes en 1923 resultó un auténtico acontecimiento en Liverpool, pues había pasado por las manos de numerosos médicos que le dieron como un caso de imposible curación.

Una fe y amor a la Virgen transmitida desde niño

El padre Patrick O´Connor, misionero de San Columbano, conoció bien a Jack Traynor y recopiló toda la documentación que pudo para contar este hecho sobrenatural.

De origen irlandés, Traynor quedó huérfano joven pero la fe, el amor a la Eucaristía y la devoción a la Virgen María quedaron impreso en él desde su infancia. Algo que le sería de gran ayuda en la dura vida que le tocaría vivir.

Tras estallar la I Guerra Mundial en 1914 fue movilizado en la marina británica. En Amberes recibió en la cabeza el impacto de metralla y durante cinco semanas estuvo inconsciente. Al año siguiente fue enviado como expedicionario a Egipto y la actual Turquía. Allí él y sus compañeros fueron masacrados hasta que gracias a numerosos refuerzos pudieron abrirse paso ante los otomanos. Así siguió hasta que el 8 de mayo realizando una carga de bayonetas fue alcanzado por los disparos de una ametralladora. Recibió numerosos impactos de bala: en la cabeza, en el pecho, en un brazo, en la clavícula…

De origen irlandés, John Traynor quedó huérfano joven pero la fe, el amor a la Eucaristía y la devoción a la Virgen María quedaron impreso en él desde su infancia

Este fue el inicio de un sinfín de intervenciones quirúrgicas y de traslados de un hospital a otro. Tenía un brazo destrozado el cual querían amputar, comenzó a sufrir ataques de epilepsia y a perder la movilidad en las piernas hasta no poder ni moverlas. Y además buena parte de sus órganos estaban dañados.

Un desecho humano

Finalmente llegó de vuelta a Liverpool donde junto a su mujer vivió una vida muy humilde hasta que en 1923 ocurrió algo que cambiaría su vida para siempre. Una vecina llegó a su casa y le habló de una peregrinación diocesana a Lourdes. Con el escaso dinero que tenía guardado la familia, vendiendo algunas de sus pertenencias y empeñando otras, decidió que iría a ver a la Virgen. Y se apuntó.

No fue sencillo pero logró montar en el tren que le llevaría hasta el santuario. En varias ocasiones ya en Francia estuvieron a punto de dejarle en algún hospital pensando que iba a morir al no soportar el viaje.

Su terrible llegada a Lourdes

“Llegamos a Lourdes el 22 de julio, y fui trasladado con el resto de los enfermos al hospital ‘Asile’ cerca de la gruta. Estaba en unas condiciones terribles, ya que mis heridas y llagas no habían sido vendadas ni cambiadas desde que salí de Lourdes”, recordaba John en el testimonio escrito que dejó al padre O´Connor.

John Traynor, una vez curado pero todavía débil a su salida de Lourdes en 1923

Seis días sería la estancia en Lourdes. Los primeros días estuvo muy enfermo, con hemorragias y ataques constantes. Todos creían que moriría allí. Sin embargo, debido a su obstinación y cierta terquedad logró que lo bañaran ocho veces en las piscinas del manantial.

Algo ocurrió en una de las piscinas

Era la tarde del 25 de julio y todo seguía igual en él. No notaba ningún tipo de mejoría. Pero él quiso que le volvieran a bajar a las aguas del manantial de Lourdes. Recuerda en su escrito que “llegó mi turno, y cuando estaba en el baño, mis piernas paralizadas se agitaron violentamente. Los camilleros se alarmaron una vez más pensando que estaba teniendo otro ataque. Luché por ponerme de pie sintiendo que podía hacerlo fácilmente, y me pregunté por qué todo el mundo parecía estar en mi contra. Cuando me sacaron de la piscina lloré de pura debilidad y agotamiento”.

Los camilleros le vistieron rápidamente para montarlo en la camilla y llevarlo a la procesión. “Aquel día el arzobispo de Reims llevaba el Santísimo y a su paso me bendijo. Acababa de pasar cuando me di cuenta de que se había producido un gran cambio en mí. Mi brazo derecho, que había estado muerto desde 1915, estaba violentamente agitado. Rompí los vendajes y me santigüe con él por primera vez en años”, escribía.

Se quiso levantar pero los camilleros y enfermos que ya conocían su temperamento pensaron que podría montar el espectáculo y se lo llevaron dándole algo para tranquilizarlo. Le acostaron. Aquella noche apenas durmió, pero sí rezó bastante tiempo, sobre todo el Rosario.

El milagro se había producido

Por la mañana –recordaba- “salté de la cama. Primero, me arrodillé en el suelo para terminar el Rosario que había estado recitando, luego corrí hacia la puerta, aparté a los dos camilleros y salí corriendo por el pasillo hacia el aire libre”.

No había caminado desde 1915 y su peso había disminuido sobremanera. Ya en la calle, John Traynor corrió velozmente hacia la gruta de la Virgen, que se encontraba a unos 300 metros. Allí volvió a arrodillarse todavía con el pijama y empezó a rezar y a dar las gracias a la Virgen María. “Todo lo que sabía era que debía agradecérselo y la Gruta era el lugar para hacerlo”.

John Traynor a su llegada a Liverpool le esperaba una multitud, y él apareció empujando su propia silla

La noticia empezó a difundirse por Lourdes casi al instante, al punto de que cuando dejó de rezar, John encontró a una multitud asombrada mirándole fijamente. Lo mismo ocurría con las personas que se fue cruzando por la calle o en el hospital. De hecho, afirmaba que “fui al baño a lavarme y afeitarme. Otros hombres estaban allí antes que yo. Les di los buenos días a todos, pero ninguno de ellos me respondió, sólo me miraban asustados, me preguntaba por qué”.

Un nuevo examen médico

Ahora la multitud se congregaba a las puertas del hospital. El sacerdote de la peregrinación que en un primer momento no quería que fuera porque moriría en el camino quería verlo pero era imposible llegar a él. Al final logró sortear a las personas, y una vez que vio a John Traynor completamente curado se derrumbó y se echó a llorar.

El día que debía volver a Inglaterra tres médicos volvieron a examinarle y confirmaron que podía caminar perfectamente, que había recuperado la función de su brazo derecho, que recuperó la sensibilidad en las piernas, que la abertura de su cráneo había disminuido considerablemente y que no había tenido más crisis epilépticas.

Cuando John se quitó el último de los vendajes al volver de la gruta el día antes de volver a casa encontró que todas las llagas habían cicatrizado.

La bendición no del arzobispo sino al arzobispo

En el tren viajaba aturdido por todo lo que le había pasado y por todo lo que le rodeaba. En una de las paradas se abrió la puerta de su compartimento y era el arzobispo Keating de Liverpool, que también estaba en la peregrinación. “Me arrodillé para obtener su bendición. Me levantó y me dijo: ‘John, creo que debería recibir yo tu bendición’. No podía entenderlo. Nos sentamos, y al mirarme me dijo: ‘John, ¿te das cuenta de lo mal que estabas y de que la Virgen Santísima te ha curado milagrosamente?’. Entonces todo volvió a mí, el recuerdo de mis años de enfermedad y los sufrimientos del viaje a Lourdes y lo mal que había estado. Comenzó a llorar, y el arzobispo comenzó a llorar, y los dos nos sentamos allí, llorando como dos niños. Me di cuenta plenamente de lo que había sucedido”.


La noticia también había llegado a Liverpool y la prensa contaba la asombrosa noticia del milagro de John. La Policía tuvo que custodiar la estación de tren ante la cantidad de gente que había allí esperándole.

Una vida nueva para John

Ya sanó pudo tener su propio negocio de transporte de carbón y hasta 12 trabajadores a su cargo. “Levantó sacos de carbón que pesan casi 200 libras y puedo hacer cualquier otro trabajo que pueda hacer un hombre sano. ¡Pero oficialmente todavía estoy clasificado como 100% discapacitado y permanentemente incapacitado!”.

Era tal la seguridad que los médicos tenían de que nunca se curaría de su invalidez que los facultativos y funcionarios del Ministerio de Pensiones de Guerra nunca quisieron revocar  la pensión de invalidez completa.

Cada año desde su curación John Traynor fue a Lourdes como camillero

Viajó a Lourdes cada año desde su curación

“Nunca he permitido que ningún dinero llegue a mi familia en relación con mi cura o la publicidad que la ha seguido. Sin embargo, Nuestra Señora también ha mejorado mis asuntos temporales, y gracias a Dios y a Ella, ahora tengo una situación cómoda y todos mis hijos están bien provistos. Tres de ellos han nacido desde mi cura, uno de ellos es una niña a la que hemos llamado Bernadette”.

Además, aseguraba que “una gran cantidad de conversiones en Liverpool se han dado tras el milagro”. Tras esto John, volvió a Lourdes como enfermo. No faltó ni un solo año hasta su muerte, yendo incluso en algunas ocasiones hasta dos o tres veces en el mismo año.

John falleció en 1943,  víspera de la Inmaculada, por una hernia, nada relacionado con sus antiguas dolencias. Vivió 20 años de forma sana y mostrando al mundo el amor de María por el hombre.

El relato de un testigo

Quienes le conocieron años después de la curación nos dejan un fresco vívido y consolador de él. Así nos lo describe un testigo ocular:

“Le vi por primera vez cuando caminaba por el andén con mi maleta y le vi esperando para subir al vagón en el que esperaba viajar. Era un hombre de complexión robusta, de un metro setenta y cinco de estatura, con un rostro fuerte, sano y rubicundo, vestido con un traje gris algo desaliñado y cargado con su bolsa de viaje, que destacaba entre la multitud que le rodeaba. Le acompañaban dos de sus hijos pequeños y ocho o diez peregrinos irlandeses e ingleses que regresaban de Lourdes. John Traynor era un milagro porque, según todas las leyes de la naturaleza, no debería estar allí de pie, robusto y sano. Debería haber estado, si hubiera estado vivo, paralizado, epiléptico, lleno de llagas, encogido, con el brazo derecho arrugado e inútil y un enorme agujero en el cráneo. Esto era lo que había sido. Así fue como la habilidad médica tuvo que dejarlo, después de hacer todo lo posible. Así fue como la ciencia médica certificó que debía quedarse». De él recuerda con gratitud su fe viril sin excesos, su personalidad natural y modesta, una inteligencia limpia enriquecida precisamente por la fe sin haber podido forjarla con estudios superiores”.