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jueves, 2 de abril de 2026

Enkhjin Baatar, de 21 años: «Perdí el móvil en el autobús, fui a rezar al Niño Jesús ante el Belén, el teléfono no apareció; comprendí el poder de la oración Jesús escucha y responde a su manera; y me bautizaré católica»


Enkhjin Baatar posa para una fotografía frente a la Catedral de San Pedro y San Pablo en Ulán Bator, Mongolia / Foto: Cedida - UCANews

* «Lo que me atrae de la Iglesia Católica es el altar, donde el Cuerpo y la Sangre de Jesús son sacrificados y entregados a los fieles. Esto alimenta el alma. Quiero experimentarlo personalmente, Anhelo el día en que reciba por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Jesús»

Camino Católico.- En una fría tarde de invierno en la capital de Mongolia, una estudiante universitaria se arrodilló en silencio ante un belén navideño en la Catedral de San Pedro y San Pablo. Había perdido su teléfono en un autobús abarrotado y se sentía impotente. Siguiendo la sugerencia de un amigo, había ido a rezar. Para Enkhjin Baatar, de 21 años, ese pequeño acto de confianza se convirtió en el punto de inflexión de un camino espiritual que aún continúa desarrollándose.

Enkhjin creció en la provincia de Hinti en el seno de una familia humilde y trabajadora. Sus padres, Uugan Baatar y Enkh Tuvshin, trabajan en una fábrica de procesamiento de carne para mantener a Enkhjin y a sus dos hermanas menores, Enkhguun, de 15 años, y Enkhmaa, de 13.

Al igual que muchos jóvenes de Mongolía de zonas rurales, se mudó a Ulán Bator para cursar estudios universitarios, llevando consigo la tranquila determinación de una estudiante de primera generación. Fue allí donde conoció a Khashdorj Michael Arvanai, un compañero de clase católico y monaguillo de la catedral.

Su familia —abuela, tía y primos— asisten regularmente a misa en la pequeña comunidad católica de Mongolia, que cuenta con poco más de 1.500 miembros en un país de más de tres millones de habitantes.

A través de la amistad, Enkhjin comenzó a encontrar una forma diferente de vivir la fe: “A través de él Khashdorj Michael Arvanai, comencé a conocer a Jesús de una manera más personal”, explica a UCANews

Una oración ante el pesebre

Tras perder su teléfono durante la Navidad, Enkhjin le confió su angustia a Arvanai. Él le sugirió rezar ante el pesebre, pidiendo la ayuda del Niño Jesús. “La experiencia fue profunda, No recuperé el teléfono gracias a las oraciones, pero sí obtuve mucha tranquilidad. “Fue entonces cuando empecé a comprender el poder de la oración. Jesús escucha. Cuando pedimos con fe y Él responde a su manera”, asevera.

Según ella, sus padres no tienen creencias religiosas y la dejaron en libertad de creer en la religión que quisiera.No se pudo contactar con sus padres, ya que viven en un pueblo remoto. “No hay razón para que rechacen mi decisión», añade. Mis padres confían en mí. Saben que las decisiones que tomo son buenas para mi vida”, añade.


Enkhjin, tercera por la derecha, posa para una fotografía con sus familiares / Foto: Cedida - UCANews

Atraída por el sacrificio de Cristo en el altar

Enkhjin había visitado previamente una iglesia protestante y notó su énfasis en las Escrituras. Sin embargo, según ella, lo que la atrajo al catolicismo fue el altar.

“Lo que me atrae de la Iglesia Católica es el altar, donde el Cuerpo y la Sangre de Jesús son sacrificados y entregados a los fieles. Esto alimenta el alma. Quiero experimentarlo personalmente, Anhelo el día en que reciba por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Jesús”, dice.

Fue aceptada oficialmente como catecúmena el año pasado, y en esta vigilia pascual será bautizada en la Catedral de San Pedro y San Pablo.

La Iglesia de Mongolia, establecida apenas en 1992 tras la caída del comunismo, es todavía joven, compuesta en gran parte por conversos y sostenida por comunidades muy unidas y el acompañamiento personal.

La trayectoria de Enkhjin es emblemática de esa realidad: la evangelización a través de la amistad. Tuya, la abuela de Arvanai, ha observado con cariño el crecimiento espiritual de la joven: “Es una chica inteligente y devota. Todavía no comprende muchas enseñanzas de la Iglesia, pero dice: ‘Tengo fe en Jesús’”.



Enkhjin y su amigo Khashdorj Michael Arvanai que la invitó a ir a rezar ante el Belén (a la derecha) posan para una fotografía / Foto: Cedida -
UCANews

El llamado misionero 

Enkhjin aún no ha elegido a sus padrinos, algo que, según ella, sucederá cuando Dios lo disponga.

En Mongolia, donde la práctica budista tradicional y las influencias seculares dan forma a gran parte de la sociedad, la conversión a menudo no comienza con la instrucción doctrinal, sino con la experiencia vivida. 

Cuando se le preguntó cómo esperaba servir a la Iglesia, Enkhjin respondió que quería convertirse en lectora, es decir, proclamar la Palabra de Dios a los demás.

Su imaginación está marcada por el Evangelio de Juan. Se ve reflejada en Andrés, quien lleva a su hermano, Simón Pedro, ante Jesús, diciendo: «Hemos encontrado al Mesías». 

“Al igual que el apóstol Andrés, mi amigo Arvanai me acercó a Jesús. Este es un momento muy importante en mi vida como joven mongola. En el futuro, también quiero convertirme en un ‘Andrés’ para muchos ‘Pedros’, llevándolos a Jesús. Entiendo que este es el papel de todo misionero en esta joven Iglesia en Mongolia”.

lunes, 23 de marzo de 2026

Justine Callis era evangélica, gimnasta tenaz, quiso saber qué era la Eucaristía y el Magisterio, un sacerdote le propuso hacer un retiro en silencio y «supe que Jesús había creado la Iglesia Católica y me la ofrecía»


Justine Callis fue una gimnasta de alto nivel hasta 2019, y evangelizadora protestante casi hasta 2022

* «Recuerdo haberle entregado mi vida en oración a Jesús, siendo sólo una niña de quizá seis o siete años. Repetí mi oración unas cien veces, quería asegurarme de que Dios me escuchara… Respecto a la presencia de Cristo en la Eucaristía, lo quise experimentar en una adoración. Mi madre me había enseñado que la oración es sentarse a los pies de Jesús. Cuando entré en adoración lo recordé. Dije a Dios: 'si esto es verdad, este es el único lugar en que puedo sentarme físicamente a los pies de Jesús en este lado del Cielo'» 

Camino Católico.-  Justine Callis, que fue gimnasta de éxito y entrenadora, es católica desde 2021. Le costó dar algunos saltos muy arriesgados, casi al vacío, confiando sólo en Jesús. Antes fue evangelizadora en una iglesia evangélica vibrante, llena de personas enamoradas del Señor, pero hoy, como católica, considera que Dios quiere una única Iglesia unida, con su jerarquía, y una comunión basada en la Eucaristía. Ha contado su testimonio en varios sitios en inglés, como CHNetwork y Pablo J. Ginés lo traduce y sintetiza en Religión en Libertad.

Sabe que hay muchos cristianos evangélicos con un gran amor por Cristo, que quieren hacer la voluntad de Dios, y les quiere presentar la propuesta católica desde su iniciativa Theology of conversion. Y a los católicos "de siempre", les quiere recordar la gran riqueza que es la Iglesia y sus sacramentos y el deber de trabajar por la unidad de los cristianos.

Justine creció y se educó en una familia evangélica. Era la más pequeña de 5 hijos. Sus padres eran devotos, su madre rezaba en casa con ella. "Mi madre leía la Biblia tomando café en la cocina y me citaba las Escrituras a todas horas", explica.

Devota desde niña

"Recuerdo haberle entregado mi vida en oración a Jesús, siendo sólo una niña de quizá seis o siete años", dice. Repitió su oración "unas cien veces, quería asegurarme de que Dios me escuchara".

Durante 20 años, desde pequeña, se volcó en la gimnasia y compitió en las categorías universitarias desde la Universidad Estatal de Arizona, donde también fue entrenadora. "Ese deporte dio forma a quien soy hoy", dice. 


Justine Callis contando su testimonio de conversión al catolicismo

De adolescente, a los 16 años, se bautizó en una megaiglesia de estilo evangélico. "En esa megaiglesia tenían más de 300 ministerios [servicios], desde un club de ciclismo de montaña al Centro de Rehabilitación de Personas Traficadas más grande de América del Norte. Me enamoró", detalla. También había en ella infinidad de grupos pequeños, también para jóvenes. No se consideraba de una denominación concreta, pero su iglesia no bautizaba bebés, así que hoy diría que es baptista.

En la universidad colaboraba en grupos evangélicos universitarios. "Dirigí algunos estudios bíblicos del equipo de gimnasia y pude ver a algunas de mis compañeras bautizarse y entregar su vida a Dios".

Evangelizadora y comunicadora

Terminó una licenciatura de comunicación y pasó a trabajar a tiempo completo con la megaiglesia, rodeada de cristianos excelentes, volcados en acoger y evangelizar. Usaban los dones del Espíritu Santo para orar por otras personas y acompañarlas y ella misma tuvo ocasión de comprobar que Dios respondía en esas ocasiones. Admiraba al pastor y usaba sus conocimientos como comunicadora. Los recuerda como unos años magníficos.

"Entendía que Jesús me amaba profundamente, quería que otras personas también vivieran eso. Me esforzaba en hacer que la gente que acudía nueva se sintiera acompañada, conectada. Dábamos a cada uno una nota escrita a mano agradeciendo que vinieran. También trabajábamos con donantes, con el centro de personas traficadas..." Los sermones eran muy inspiradores, la música de alabanza y adoración era muy buena.

Ella conocía algunos ex-católicos, que nunca le habían hablado de la fe. "Yo pensaba que los católicos, probablemente, podían ir al Cielo, a pesar de ser católicos, y me parecía que en el catolicismo había muchas cosas que distraían de Jesús". Pero tampoco había reflexionado apenas sobre eso, y de hecho ni siquiera conocía la palabra "protestante".

Justine Callis, cabeza abajo... como su edificio teológico cuando empezó a hacer preguntas serias y católicas

Cuando su fe tranquila quedó cabeza abajo

Un día encontró a un católico que sí conocía su fe. El católico preguntó a Justine a qué iglesia iba y por qué. Ella estaba encantada de responder: explicó todas las cosas magníficas que había en su megaiglesia.

- Y tú, ¿por qué vas a tu iglesia católica? -pregunto después ella, por amabilidad.

- Por la Eucaristía y el Magisterio - dijo él.

- ¿El qué? ¿Qué son esas cosas? -ella jamás había oído esas palabras.

- Y por los siete sacramentos...

- ¿Qué es eso? ¿Y te dan los siete? -preguntó ella, que tampoco conocía la palabra.

- El Magisterio es la autoridad para enseñar, la Iglesia Católica tiene esa autoridad porque se la dio Jesús, que es quien creó la Iglesia Católica -le dijo su interlocutor.

Justine pensó: "Estas afirmaciones son muy atrevidas y hasta algo ofensivas. ¿De dónde sale tanta audacia? ¿Cómo osan decir esas cosas?"

Y empezó a investigar. La misma pasión y tenacidad que antes aplicaba a la gimnasia, las aplicó ahora a investigar el catolicismo y sus audaces afirmaciones.

La Iglesia tiene que ser una

Una de las primeras cosas que notó es que, efectivamente, en su misma calle había diversas iglesias de diversas denominaciones, había una verdadera división entre los cristianos. Y enseguida entendió que Dios no quería una iglesia dividida.

También entendió que era necesario una autoridad, alguien que enseñara con autoridad, una Iglesia que enseñara con autoridad, una iglesia fundada por Jesús con la promesa de que podía y debía enseñar su doctrina.

Por primera vez habló con sus pastores protestantes de temas doctrinales. Descubrió que su megaiglesia tenía 14 principios como denominación, estaban en la web para quien le interesaran. "Pues estudiarlos si quieres, pero es común que muchos no estemos de acuerdo con todos", le dijeron. Le pareció que entonces esos principios no merecían mucha reverencia y debían ser bastante arbitrarios. 

Justine Callis se hizo muchas preguntas y oró para llegar a su conversión al catolicismo

El factor Scott Hahn

Leyó Roma Dulce Hogar y La Cena del Cordero, dos libros del Scott Hahn, un biblista exprotestante que ha acercado a muchos al catolicismo. Le gustaron y fue a un encuentro con Hahn que visitaba su ciudad. "No estoy de acuerdo con todo lo que dice, pero me gustaría escucharle", pensó. Se sentó en la parte de atrás de la iglesia. Todo lo que Scott Hahn explicaba, acompañado de John Bergsma, era convincente y razonable. "Me estaban volviendo loca", recuerda. 

A la hora del descanso, confundió una cesta de estampitas para orar con una cesta para donativos, y pensó hacer un pequeño donativo y a la vez dejar una nota con un texto dirigido a Scott Hahn. "Haré una pequeña donación porque sé que aman a Jesús. Quizá su teología no me convence, pero puedo sentir que el Espíritu Santo está aquí", se dijo.

Resulta que todos los mensajes en la cesta entraban en un sorteo de un libro, y Hahn, ante todo el mundo, sacó su mensaje y lo leyó en voz alta: "Estimado Dr. Hahn, soy protestante. Pero después de hoy quizá no por mucho tiempo", había escrito ella sin saber que se leería en voz alta. Tuvo que levantarse y acercarse allí entre risas y aplausos. Hahn le dio un abrazo ante todos. Hoy, pasados los años, han colaborado ya en varios proyectos. 

Orar es ponerse a los pies de Cristo

Respecto a la presencia de Cristo en la Eucaristía, la quiso experimentar en una adoración. "Mi madre me había enseñado que la oración es sentarse a los pies de Jesús. Cuando entré en adoración lo recordé. Dije a Dios: 'si esto es verdad, este es el único lugar en que puedo sentarme físicamente a los pies de Jesús en este lado del Cielo'". Y al pensarlo y hacerlo, lloró. 'Esto es real o no lo es', se repitió.

Pero la gente ponía flores de verdad ante el Santísimo "como si realmente pensaran que este es Jesús".

Tenía que haber un Magisterio protegido por el Espíritu Santo. Y eso incluía la Eucaristía. 

Justine Callis en adoración eucarística, pero ya su madre evangélica la enseñó a ponerse a los pies de Cristo

Cada vez, más defendía las enseñanzas católicas. Anunció que estudiaría Teología Católica, para espanto de su familia. "En realidad, sólo quiero saber de dónde viene lo que dicen los católicos", les decía.

Una visión estando de retiro

Conoció un amigo sacerdote católico, que le recomendó un retiro en silencio. Hizo uno de cinco días, en la montaña, sin ordenador ni teléfono, ayunando. Sus pastores evangélicos se mostraron favorables: era tiempo para escuchar a Dios. "¿Qué estás haciendo, Señor?", le preguntaba.

El último día, el sacerdote le propuso hacer un ejercicio de imaginar o visualizar a Jesús, de pedir a Dios que le hablara con imágenes. En su iglesia, de estilo bastante carismático, ya había orado así en otras ocasiones, pidiendo "palabras del Señor" al interceder por otras personas.

Oró y durante 20 minutos no pareció pasar nada. Entonces tuvo una imagen en su imaginación, como "un boom de la nada". Jesús le conducía con los ojos vendados y le quitaba la venda en un templo católico. Luego, Jesús estaba de pie sobre el altar. Luego Jesús le enseñó cosas de la iglesia, la estatua de María, las escenas bíblicas de las vidrieras, las velas, y las manos del sacerdote en la elevación: "lo hice por ti", le dijo Jesús en esa visión. Ella le respondió llevando a Jesús a su megaiglesia y mostrándole sus pantallas, sillas, etc... y preguntándole: "hicimos esto para ti, ¿te gusta?" Pero Jesús la miró y le dijo: "Te amo". "Y en ese momento supe que Jesús había creado la Iglesia Católica y me la ofrecía, un regalo que nadie me había ofrecido".

Al volver a la iglesia evangélica en la que trabaja, Justine anunció que dejaba su trabajo y esa congregación.

Le costó explicarlo a su familia. De hecho, se quedaba sin trabajo. Estaba renunciando a todo por seguir a Jesús. Ella había rezado "Jesús, cualquier cosa menos el catolicismo" y ahora le pedía ser católica.

Hacerse católica en total le costó dos años y medio y 3 cursos de RCIA (iniciación católica para adultos).

Desde lo bueno de los protestantes, la unidad

Hoy le dice a los protestantes que, en realidad, tienen muchas cosas buenas, bellas y verdaderas, y que sólo les faltan unas pocas. "Yo diría que el catolicismo es el 100% de la verdad, mientras que el protestantismo tiene un porcentaje muy alto de la verdad. Por ejemplo, el Espíritu Santo sí puede obrar mucho entre protestantes, yo lo vi en mi ministerio allí. Y yo me enamoré de Jesús siendo protestante. Y hay diferentes formas de adoración. Pero ahora sé que el Santo Sacrificio de la misa es la forma más alta de oración y la Liturgia de las Horas es la segunda más alta".

"Los católicos nos hacemos un flaco favor cuando simplemente actuamos como si no hubiera verdad ni eficacia allí, porque creo que en realidad hay mucho que podríamos aprender de la iglesia protestante.

Y por supuesto, también hay mucho que la Iglesia protestante podría aprender de la Iglesia católica para entrar en el mundo".

"Hay protestantes que son cristianos devotos y hermosos, que nunca han leído una página ni de GK Chesterton ni de Tomás de Aquino, y si lo hicieran ¡se harían católicos!", dice en una tertulia con entusiasmo.

Ella cumple años el 15 de agosto. Al hacerse católica, descubrió que la Iglesia le pide ir a misa cada año, el día de su cumpleaños, por ser la fiesta de la Asunción de la Virgen. "Me encanta, es el mejor regalo", dice.

Justine desea una iglesia unida para cumplir "la Gran Comisión", el gran mandato de ir y hacer discípulos. Desde agosto de 2024 puso en marcha su iniciativa Theology of Conversion. Su objetivo: "equipar a los católicos para acercar a casa a sus seres queridos protestantes". Y juntos, anunciar a Cristo al mundo.

viernes, 6 de marzo de 2026

Maree Ataya: «llevaba una vida salvaje de sexo, drogas y rock hasta que dije: `Por favor, Dios, sácame de esta situación. Jesús, quiero entregarte mi vida’. Y tuve un encuentro increíble con Él»


* «Utilizo mi trabajo para evangelizar. Ha sido una verdadera oportunidad de compartir mi fe. Y eso es un regalo para mí, porque mi mayor deseo es ver a nuestros jóvenes encontrar el sentido de la vida. Estaré eternamente agradecida con Dios. Ha habido muchos giros, vueltas y muchos callejones aparentemente sin salida, pero por medio de la fe Dios cambia todo para su gloria y para nuestra bendición»

Camino Católico.-    Como una de las principales suministradoras de publicaciones y artículos católicos en Australia, la Mustard Seed Bookshop es toda una referencia en la archidiócesis de Sídney. Las presentaciones, envíos y clientes son atendidos desde cada mañana por Maree Ataya, una afable mujer nacida en los 70 y entregada por completo a la evangelización juvenil junto con su esposo, Atef. Lo que no todos saben es que Maree no siempre se presentó como la amable librera y hermana en la fe que hoy ven en ella.

Antes, su día a día también se desarrollaba en un local, pero en lugar de una librería diocesana era un pub reconocible por el estruendo de icónicas estrellas de la escena musical como los Midnight Oil o The Angels. Como relató recientemente a la archidiócesis, para ella "todo era sexo, drogas y rock". Y la fe vino a cambiarlo todo.

Un estilo de vida salvaje

Criada en las soleadas playas de Sídney en una familia católica como más pequeña de nueve hermanos, recuerda  que todos fueron criados en la fe, pero conforme pasó el tiempo, la piedad mutó en una precoz vida de excesos. "Nos criaron en la fe, pero a medida que crecimos, mis hermanos y hermanas mayores se volvieron totalmente salvajes", comenta.

Su hermano mayor, "como un padre" para ella, abrió el camino al volverse adicto a la heroína. Para cuando entró en la adolescencia, la familia al completo había abandonado la práctica religiosa. Aunque nunca abandonó por completo la Iglesia, el alcohol, el consumo de drogas ocasionales y "un estilo de vida bastante salvaje" se convirtieron en su nueva norma de vida. Maree "era una niña salvaje de los años 70".


Maree, en su etapa de `vida salvaje´

De jueves a domingo, el pub era su hogar. Pero cuando acababan las noches de exceso, "estar borracha o drogada" no era impedimento para entrar a la parroquia, en la misma calle que el bar. "Era sincera, estaba buscando y le pedía a Dios que me ayudara", comenta. En una de esas ocasiones, recuerda, "me acerqué a Él y le dije: `Por favor, Dios, sácame de esta situación´".

El encuentro con Jesús y la llamada a evangelizar

Poco después conoció "casualmente" a un joven que se preparaba para el sacerdocio y le invitó a un evento con miles de jóvenes católicos. Al ir, quedó impactada, viendo como "a algunas chicas les brillaba el rostro y había algo diferente en ellas".

Y entonces rezó de nuevo: "Jesús, quiero entregarte mi vida".

Lo siguiente que recuerda son las palabras de uno de los ponentes evangelizadores, como si fuese la respuesta que esperaba. "Todo lo que tienes que hacer es clamar a Dios para que te salve y te ayude".

Y así lo hizo, quedando completamente rendida a su redescubierta fe, empezando a ser consciente de que ese paso supondría "cambiar, dejar ir a mis amigos, mi estilo de vida y mi ego".

"Tuve un encuentro increíble con Dios. ¡Nadie me había dicho nunca que podía encontrarme con Él! Sentí una alegría increíble e inexplicable porque era como si me quisiera de todas formas, sin importar lo que pasara. Jesús cambió totalmente mi vida", menciona.

Cuando despertó al día siguiente, recuerda que "todo era más brillante" y lo veía todo "como si tuviera ojos nuevos", comparando su experiencia a la de una "luna de miel, como si me hubiese enamorado". Con la fuerza del converso, fue consciente de que "muchos jóvenes no sabían que Jesús quiere que le encontremos, empoderarnos y cambiarnos" y sintió un llamado a dedicar su vida a evangelizar.

Su nueva fe la llevó a unirse al incipiente Youth Mission Team, un vigoroso apostolado radicado en Australia próximo a cumplir 40 años de misión. Entonces eran los años 80, cuando también conoció a Atef Ataya, su actual esposo, con quien tuvo tres hijos y con el que siempre compartió su pasión por evangelizar.

“Como madre, fui parte de la comunidad escolar y solía invitar a la gente a los eventos que organizábamos. Dirigí un grupo de oración de mujeres en la parroquia y teníamos varios programas a los que también animaba a venir", menciona.


Maree, en el centro, con su marido Atef y sus hijos

Pasadas las décadas, su compromiso evangelizador persiste. Actualmente lo desarrolla desde la Mustard Seed Bookshop, una de las librerías católicas más relevantes del país adscrita a la archidiócesis de Sídney y regentada por su marido, donde se ofrecen recursos para profundizar en el discipulado de los católicos y la evangelización.

"Utilizo mi trabajo para evangelizar. Ha sido una verdadera oportunidad de compartir mi fe. Y eso es un regalo para mí, porque mi mayor deseo es ver a nuestros jóvenes encontrar el sentido de la vida. Me encanta trabajar aquí, sinceramente, siento que he encontrado mi lugar", detalla.

Concretamente dedica sus esfuerzos a los que, como lo fue ella, son considerados "niños salvajes" y espera que, "como Iglesia, abramos espacio para las personas que regresan a nuestra fe".

"Estaré eternamente agradecida con Dios. Ha habido muchos giros, vueltas y muchos callejones aparentemente sin salida, pero por medio de la fe Dios cambia todo para su gloria y para nuestra bendición", concluye.

Se puede escuchar su historia en inglés, en el siguiente vídeo: