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miércoles, 27 de mayo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 27-5-2026: «Exhorto a todos y a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia»

* «Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a ‘una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia’, se lleve a cabo ‘después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes’ (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por  ‘una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral’ (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Sigo con preocupación la guerra en Ucrania, que se ha intensificado significativamente en los últimos días. Deseo expresar mi solidaridad con quienes sufren los recientes ataques, incluidos los perpetrados contra civiles. La guerra no resuelve los problemas, sino que los agrava; no crea seguridad, sino que multiplica el sufrimiento y el odio. Donde caen misiles y drones, también caen las esperanzas, se destruyen hogares y lugares de culto, se pierden vidas inocentes. Encomiendo a todos los pueblos heridos por la guerra a la protección de la Virgen María, Reina de la Paz»

 

27 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial”, ha dicho el Santo Padre León XIV al reflexionar en su catequesis de hoy sobre la continuidad magisterial en la reforma litúrgica, en la plaza de San Pedro ante decenas de miles de fieles.


León XIV ha destacado la necesidad de adaptar las formas rituales a las exigencias de los tiempos sin perder la tradición. El Papa ha explicado que, con el fin de favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establece una fórmula muy eficaz que marca la dirección a seguir para el futuro. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 27 de mayo de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 2. La reforma de la liturgia: tradición y desarrollo



Queridos hermanos y hermanas:

En la Encíclica Mediator Dei, el Venerable Pío XII escribe que «la Iglesia, en realidad, es un organismo vivo, y por eso crece y se desarrolla también en lo que toca a la sagrada liturgia, adaptándose a las circunstancias y a las exigencias que se presentan en el transcurso del tiempo y acomodándose a ellas» (I,V).

En plena continuidad con este principio, el Concilio Vaticano II en el Proemio de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) reconoce «que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia» (n. 1). De hecho, la asamblea conciliar se había reunido con el objetivo de «acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia» (ibid.).

En aquel momento histórico se advertía fuertemente la necesidad de una renovación de las formas rituales, mediante las que desde hacía siglos la Iglesia había realizado la glorificación de Dios y la santificación del pueblo cristiano. Gracias al movimiento litúrgico se había madurado la convicción, expresada posteriormente por san Juan Pablo II, de que «existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida» (Carta Dominicae Cenae, 13).

Para favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium indica, por lo tanto, con una fórmula muy eficaz la dirección a seguir: «Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso» (SC, 23).

El Papa Benedicto XVI acogió en esta declaración de intenciones el «programa de reforma» de los Padres conciliares, «en equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura» (Discurso a los participantes en el Congreso por el 50° aniversario de la fundación del Instituto litúrgico pontificio de San Anselmo, 6 de mayo de 2011).

El Concilio afirma la legitimidad de ese proceso arraigado en la auténtica Tradición, distinguiendo dentro de la liturgia «una parte que es inmutable por ser la institución divina» de «otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados» (SC, 21).

A lo largo de los siglos se han producido constantemente cambios de este tipo, con el fin de consentir a los fieles una fructuosa participación, por medio de las acciones rituales, en el ministerio pascual de Cristo, fundamento de la fe cristiana. El culto de la Iglesia, por lo tanto, se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización. Hoy es necesario renovar esta energía en continuidad con la auténtica y viva tradición católica, es decir, según una dinámica dirigida a introducir a los creyentes en la plenitud de la verdad.

Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a «una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia», se lleve a cabo «después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes» (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral» (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla.

Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy nos ilustra acerca de cómo la reforma de la Sagrada Liturgia, manifestada en la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, mientras custodia la sana tradición de la liturgia, al mismo tiempo supone un desarrollo. Por eso, con el fin de hacer crecer más la vida cristiana entre los fieles, favorecer la comunión de todos los creyentes en Cristo y fortalecer todo aquello que ayude a atraer a todos al seno de la Iglesia (cf. SC 1), la asamblea conciliar reconoció la necesidad de una adaptación a las exigencias actuales, renovando por ende las formas rituales de la Sagrada Liturgia.

Esta necesidad la podemos constatar a lo largo del caminar de la Iglesia, pues bien, el culto se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Que la liturgia, que nos ayuda a la glorificación del Señor y a nuestra propia santificación, sea siempre valorada y respetada por todos, sobre todo en la celebración de los sagrados misterios. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Sigo con preocupación la guerra en Ucrania, que se ha intensificado significativamente en los últimos días. Deseo expresar mi solidaridad con quienes sufren los recientes ataques, incluidos los perpetrados contra civiles.

La guerra no resuelve los problemas, sino que los agrava; no crea seguridad, sino que multiplica el sufrimiento y el odio. Donde caen misiles y drones, también caen las esperanzas, se destruyen hogares y lugares de culto, se pierden vidas inocentes.

Encomiendo a todos los pueblos heridos por la guerra a la protección de la Virgen María, Reina de la Paz.

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que su peregrinación a Roma, y ​​en particular a las tumbas de los Apóstoles, reavive su fe en Cristo: que Él sea la luz y el camino de su vida.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV


Fotos: Vatican Media, 27-5-2026

lunes, 25 de mayo de 2026

Papa León XIV al presentar su Encíclica ‘Magnifica humanitas’, 25-5-2025: «La Inteligencia Artificial requiere hoy ser ‘desarmada’, liberada de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, de exclusión o de muerte»

* «La inteligencia artificial ya influye en muchos ámbitos de nuestra vida y afecta a decisiones que dan forma a la convivencia humana. Además, está cambiando drásticamente la forma en que se libran las guerras… Me han llegado otras voces muy preocupantes sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, prácticamente fuera del alcance humano para su control efectivo. Escucho relatos alarmantes sobre algoritmos que pueden bloquear el acceso a la atención médica, el empleo y la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias. Y he escuchado el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman decisiones, decisiones que probablemente generen nuevas formas de exclusión y sufrimiento… Nadie puede ser reducido a productividad, a rendimiento cognitivo o a meros datos. La persona lleva en sí misma una libertad, una interioridad y una vocación al amor y a la adoración que ninguna máquina puede reemplazar ni bloquear. Solo con una visión integral como esta se puede orientar la inteligencia artificial hacia el bien común. Solo juntos —quienes diseñan sistemas y quienes se ven afectados por ellos, países ricos y pobres, instituciones e individuos, centros de poder y periferias— podremos construir un futuro, no para unos pocos privilegiados, sino para toda la humanidad»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución del Papa León XIV

* «La Iglesia desea, con humildad y franqueza, participar en los diálogos sobre inteligencia artificial. No poseemos respuestas técnicas, ni pretendemos sustituir a los expertos. Pero aportamos una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita con urgencia: cada persona es única e irremplazable, un sujeto libre e inteligente con conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común. Por lo tanto, invito a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana: aprendamos a escucharnos unos a otros, a afrontar los retos actuales con valentía y a cooperar en la construcción de una sociedad más humana y fraterna. Con este lanzamiento de Magnifica Humanitas , les invitamos a comprometerse a permanecer despiertos y, como ‘artesanos de la esperanza’, a seguir construyendo la obra de nuestro tiempo. Que el Espíritu del Señor Jesucristo Resucitado sostenga nuestro trabajo conjunto»

25 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- Al igual que «el León de antaño», el Papa León XIII, también el «León» de hoy, el Papa León XIV, mira hacia las «res novae», esas «cosas nuevas» que desafían al tiempo, a la historia y a la humanidad. Y si en aquella época fue la revolución industrial, con los numerosos y complejos cambios en el mundo del trabajo y las nuevas formas de pobreza impuestas, hoy es la Inteligencia Artificial, con su potencial y sus peligros, la que está ante los ojos y en el corazón del Pontífice, quien lanza un llamamiento universal: «Desarmar la IA». “La Inteligencia Artificial requiere hoy ser ‘desarmada’, liberada de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, de exclusión o de muerte”.

El Papa León habla mediante metáforas, pero también con referencias a la historia, en su discurso pronunciado en el Aula del Sínodo, con motivo de la presentación de Magnifica humanitas, la primera encíclica de su pontificado publicada esta mañana, 25 de mayo. Nunca antes había ocurrido que un Papa estuviera presente en el Aula en la que se presenta al público uno de sus documentos magisteriales. Es también la primera vez que, además de cardenales y profesores, junto al Pontífice están sentados expertos en alta tecnología. Una señal de la importancia y la atención que se le da al tema tratado en la encíclica, símbolo y síntoma de la «gravedad del momento» que se vive y que provoca preocupación en la Iglesia, llamada a «descifrar las cosas nuevas a la luz del Evangelio y de la dignidad del hombre». Una inquietud a la que, sin embargo, León XIV contrapone la confianza: “La confianza de que, juntos, podemos discernir las grandes cuestiones de nuestro tiempo y, por lo tanto, el futuro de la humanidad”. 

Para leer el texto completo de la Encíclica ‘Magnifica humanitas’ pinchar sobre este texto. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la alocución del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:

PRESENTACIÓN Y PROMULGACIÓN DE LA CARTA ENCÍCLICA

“MAGNIFICA HUMANITAS”

DISCURSO DEL PAPA LEÓN XIV

Salón del Sínodo

Lunes 25 de mayo de 2026

Queridos hermanos y hermanas,

deseo agradecerles a todos por estar aquí hoy, por su interés.

Agradezco de corazón a quienes han organizado el encuentro de hoy, y en particular a quienes han compartido su conocimiento y su experiencia en las diversas ponencias que hemos escuchado.

De manera especial, deseo agradecer al señor Olah por haber aceptado nuestra invitación. A mi vez, en nombre de la Iglesia, acepto su invitación a caminar juntos, a escuchar y a dialogar, para encontrar el camino para la humanidad en este tiempo de la inteligencia artificial.

Qué gran signo de esperanza es el hecho de que, con nuestras diferencias, podamos escucharnos unos a otros. Este intercambio indica claramente la gravedad del momento, así como la convicción de que, juntos, podemos discernir las cuestiones más importantes de nuestro tiempo y, por tanto, el futuro de la humanidad.

En los momentos clave de la historia, la Iglesia está llamada a descifrar «cosas nuevas» a la luz del Evangelio y de la dignidad de la persona. Hace 135 años, mi venerable predecesor León XIII observó la situación de los obreros, de sus familias desarraigadas y las nuevas formas de pobreza generadas por la rápida transformación industrial. Comprendió que la Iglesia no podía permanecer al margen. En un momento de cambio trascendental que amenazaba la dignidad humana, la encíclica Rerum novarum expresó su mensaje evangélico y social sobre las «cosas nuevas» que estaban ocurriendo.

Hoy nos enfrentamos a una transformación de dimensiones similares, con consecuencias tal vez aún mayores. La inteligencia artificial ya afecta a muchos ámbitos de nuestra vida e incide en decisiones que moldean la convivencia humana. También está cambiando de manera dramática la forma en que se libra la guerra.

Al igual que el «León» anterior, me siento llamado a contemplar otra gran transformación con los ojos de la fe, con la lucidez de la razón, con apertura al misterio y con los gritos de los pobres de la tierra resonando en mi corazón.

Magnifica humanitas nació de escuchar como lo hizo León XIII. He escuchado a científicos e ingenieros que trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar inmensos sufrimientos; a líderes políticos y funcionarios públicos que han buscado con perseverancia normas justas; a padres y maestros profundamente preocupados por el futuro de las generaciones más jóvenes.

También me han llegado otras voces muy preocupantes, sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, que prácticamente ningún ser humano ni ningún gobierno puede controlar realmente. Escucho relatos muy preocupantes sobre algoritmos que pueden bloquear el acceso a la atención médica, al trabajo y a la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias. Y he escuchado el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman las decisiones, decisiones que corren el riesgo de generar nuevas formas de exclusión y sufrimiento.

De esta escucha ha madurado una convicción alarmante expresada en Magnifica humanitas: la inteligencia artificial debe ser desarmada. Se trata de una palabra fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar las conciencias e indicar el camino a seguir para la humanidad.

La Iglesia lleva mucho tiempo trabajando por el desarme nuclear, consciente de que todo gran poder tecnológico puede afectar la vida de las personas y, por lo tanto, debe ir acompañado de un discernimiento moral y un control público adecuados. El desarme nuclear sigue siendo un servicio a la paz y a la dignidad de la familia humana.

De manera análoga, la inteligencia artificial exige ahora ser «desarmada», liberada de las lógicas que la transforman en un instrumento de dominación, exclusión y muerte. Al igual que la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común. Las decisiones relativas a la tecnología nunca deben separarse de la conciencia y la responsabilidad. «…no durmamos como los demás», advertía el apóstol Pablo, «sino velemos…» (1 Ts 5, 6). Esta vigilancia es necesaria hoy. La paz no es solo ausencia de guerra, sino justicia en acción. Pero, cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, la paz misma está en riesgo.

Sin embargo, el desarme no es suficiente. Debemos construir.

La palabra «construir» me recuerda los años que pasé en Perú como misionero. En 2017, el norte del país se vio afectado por lluvias torrenciales e inundaciones: muchas familias vieron cómo el lodo se llevaba sus hogares, y también muchas carreteras. Allí aprendí que reconstruir no significa simplemente reemplazar lo que ha sido destruido. Significa reparar vínculos, restablecer la confianza y despertar la esperanza en el futuro. Además, nadie reconstruye solo.

En Magnifica humanitas recuerdo al profeta bíblico Nehemías. Ante las ruinas de los muros de Jerusalén, él reúne a las personas desanimadas para dar vida a un renacimiento. La imagen de las murallas no justifica cierres ni divisiones, sino que invita a todos y cada uno a aportar su granito de arena. Ladrillo a ladrillo va tomando forma una convivencia más justa, capaz de salvaguardar la dignidad de todos. El esfuerzo de Nehemías nos habla en el tiempo presente. La inteligencia artificial puede ser una obra de la historia dentro de un horizonte de comunión, en el que el progreso técnico aprende a servir a la vida humana.

«¡Que cada uno se fije bien de qué manera construye!» (1 Cor 3, 10), advierte san Pablo. Él no teme la obra; más bien advierte contra construir sin cimientos sólidos. No temamos a la inteligencia artificial, pero sigamos manteniendo viva la cuestión de lo humano. No podemos ser descuidados en el uso de nuestras herramientas técnicas más poderosas.

El verdadero desarrollo, afirma san Pablo VI, se refiere siempre a «cada persona y a la persona en su totalidad». «Cada» significa que no se puede dejar a nadie al margen de la transformación digital. «En su totalidad» significa que nadie puede ser reducido a la productividad, al rendimiento cognitivo o a simples datos. Cada persona lleva en sí misma una libertad, una interioridad y una vocación al amor y a la adoración que ninguna máquina puede sustituir ni detener.

Solo con esta visión integral la inteligencia puede orientarse hacia el bien común. Solo juntos —quienes diseñan los sistemas y quienes sufren sus efectos, los países más ricos y los más pobres, las instituciones y los individuos, los centros de poder y las periferias— lograremos construir un futuro no para unos pocos privilegiados, sino para toda la familia humana.

Esta es la civilización del amor de la que hablaba san Pablo VI y que san Juan Pablo II señaló con tanta fuerza como el horizonte que debemos buscar juntos. No es un sueño ingenuo. Es una dirección. Es el camino que Jesucristo abre en la historia.

Por esta razón, la Iglesia desea, con humildad y franqueza, ser parte de las conversaciones sobre la inteligencia artificial. No tenemos respuestas técnicas, ni pretendemos sustituir a quienes poseen las competencias. Pero aportamos una sabiduría sobre el ser humano que el tiempo presente necesita desesperadamente: cada persona es única e insustituible, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común.

Por lo tanto, invito a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana: aprendamos a escucharnos unos a otros, a afrontar los desafíos actuales con valentía y a cooperar en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

De esta presentación de Magnifica humanitas, por favor, lleven consigo el compromiso de permanecer vigilantes y, como «artesanos de la esperanza», de seguir construyendo la obra de nuestro tiempo. Que el Espíritu del Señor Jesús Resucitado sostenga nuestro trabajo conjunto.

Encomiendo a cada uno de ustedes a nuestra Madre María. Su Magnificat canta la grandeza de Dios, que exalta a los humildes. Que ella nos enseñe a reconocer la verdadera grandeza de cada hombre y cada mujer en el amor y en el servicio. Que Dios Todopoderoso haga fecunda la gran empresa que hoy confiamos a su gracia, haciendo madurar en la historia la civilización del amor.

Sobre todos ustedes invoco de corazón la bendición de Dios.

[Bendición]

Gracias.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 25-5-2026

Para leer el texto completo de la Encíclica ‘Magnifica humanitas’ pinchar sobre este texto

miércoles, 20 de mayo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 20-5-2026: «La liturgia está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y es un signo de la unidad del género humano en Cristo»

* «la liturgia sostiene a los fieles sumergiéndolos siempre y de nuevo en la Pascua del Señor y, por lo tanto, a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y la oración común, estos son fortalecidos, animados y renovados en su compromiso de fe y en su misión. En otras palabras, la participación de los fieles en la acción litúrgica es al mismo tiempo ‘interior’ y ‘exterior’. Esto significa también que está llamada a desarrollarse concretamente a lo largo de toda la vida cotidiana, en una dinámica ética y espiritual, de modo que la liturgia celebrada se traduzca en vida y exija una existencia fiel, capaz de hacer concreto lo que se ha vivido en la celebración: es así como nuestra vida se convierte en 'sacrificio vivo, santo y agradable a Dios', realizando nuestro 'culto espiritual'»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Hace cuarenta años, san Juan Pablo II publicó la encíclica Dominum et Vivificantem, en la que recordaba que el Espíritu Santo es la «Luz de los corazones» y nos permite «llamar por su nombre al bien y al mal». Mientras esperamos Pentecostés, pidamos al Espíritu de Dios que despierte las conciencias humanas con sus dones, que las aparte de la injusticia, la violencia y la guerra, ¡y que renueve la faz de la tierra!» 


20 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “La liturgia edifica día a día a los que están dentro de la Iglesia para ser templo santo en el Señor, y forma una comunidad abierta y acogedora para con todos. De hecho, está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y, en todas sus dimensiones, representa un signo de la unidad de todo el género humano en Cristo”, ha subrayado el Papa León XIV, ante 20.000 fieles, en la plaza de San Pedro, en su catequesis de la Audiencia General, al iniciar una nueva serie dedicada al Concilio Vaticano II, comenzando por el primer documento aprobado: la Constitución Sacrosanctum Concilium.



Antes de iniciar su catequesis, el Papa León XIV ha dirigió un especial saludo de bienvenida a Su Santidad Aram I, Catolicós de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia, presente junto a su delegación en la plaza de San Pedro y que se ha sentado al lado del Pontífice. El Santo Padre recuerda la situación en el Líbano y Oriente Medio, “una vez más desgarrados por la violencia y la guerra” y pide rezar por la paz. Además, demuestra su aprecio por la contribución personal del Catolicós al ecumenismo, con miras a la “plena unidad”.



En sus saludos a los fieles Polacos, León XIV, ante la próxima solemnidad de Pentecostés, que la Iglesia celebrará este domingo, ha invitado a pedir a Dios "que despierte las conciencias humanas con sus dones, que las aleje de la injusticia, de la violencia y de la guerra". El Pontífice ha recordado que, hace 40 años, San Juan Pablo II subrayó que el Espíritu Santo es la “Luz de los corazones” y quien permite al ser humano “llamar por su nombre al bien y al mal”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 13 de mayo de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 1. La liturgia en el misterio de la Iglesia 

Saludo del Santo Padre a Su Santidad Aram I, Catolicós de Cilicia al iniciar la Audiencia General:

Me complace enormemente dar la bienvenida a Su Santidad Aram I, Catolicós de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia, junto con la distinguida delegación que lo acompaña. Esta visita fraterna representa una importante oportunidad para fortalecer los lazos de unidad que ya existen entre nosotros, en nuestro camino hacia la plena comunión entre nuestras Iglesias.

Santidad, en estos días de preparación para Pentecostés, invoco la gracia del Espíritu Santo sobre su peregrinación a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo, e invito a todos los presentes a orar fervientemente al Señor para que su visita y sus encuentros constituyan un paso más en el camino hacia la plena unidad. Oremos también por la paz en el Líbano y en Oriente Medio, nuevamente asolados por la violencia y la guerra.

Santidad, deseo expresar mi especial gratitud por su constante compromiso personal con el ecumenismo, especialmente con el diálogo teológico internacional entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales.

¡Bienvenidos, Santidad, queridos obispos y queridos amigos! Juntos, invoquemos la intercesión de San Gregorio el Iluminador, San Gregorio de Nareg, Santa Nerses la Graciosa y, sobre todo, de la Virgen Madre de Dios, para que iluminen nuestro camino hacia la plenitud de esa unidad que todos anhelamos.

Catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II: la Constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium (SC).

Al elaborar esta Constitución, los Padres conciliares quisieron no solo emprender una reforma de los ritos, sino también llevar a la Iglesia a contemplar y profundizar en ese vínculo vivo que la constituye y la une: el misterio de Cristo. La liturgia, en efecto, toca el corazón mismo de este misterio: es a la vez el espacio, el tiempo y el contexto en el que la Iglesia recibe de Cristo su propia vida. En la liturgia, de hecho, «se ejerce la obra de nuestra Redención» (SC, 2), que nos convierte en linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios (cf. 1Pt 2,9).

Como ha puesto de manifiesto la triple renovación —bíblica, patrística y litúrgica— que ha atravesado la Iglesia a lo largo del siglo XX, el Misterio en cuestión no designa una realidad oscura, sino el designio salvífico de Dios, oculto desde la eternidad y revelado en Cristo, según la afirmación de San Pablo (cf. Ef 3,3-6). He aquí, pues, el Misterio cristiano: el acontecimiento pascual, es decir, la pasión, la muerte, la resurrección y la glorificación de Cristo, que precisamente en la liturgia se nos hace sacramentalmente presente, de modo que cada vez que participamos en la asamblea reunida «en su nombre» (Mt 18,20) estamos inmersos en este Misterio.

Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz. En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre. Ejerce su sacerdocio absolutamente único, Él que está presente en la Palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros que celebran, en la comunidad reunida y, en grado sumo, en la Eucaristía (cf. SC, 7). Así es como, según San Agustín (cf. Serm., 277), al celebrar la Eucaristía, la Iglesia «recibe el Cuerpo del Señor y se convierte en lo que recibe»: se convierte en el Cuerpo de Cristo, «morada de Dios en el Espíritu» (Ef 2,22). Esta es «la obra de nuestra redención», que nos configura a Cristo y nos edifica en la comunión.

En la santa liturgia, dicha comunión se realiza «por medio de los ritos y de las oraciones» (SC, 48). La ritualidad de la Iglesia expresa su fe —según el célebre dicho lex orandi, lex credendi— y, al mismo tiempo, plasma la identidad eclesial: la Palabra proclamada, la celebración del Sacramento, los gestos, los silencios, el espacio, todo ello representa y da forma al pueblo convocado por el Padre, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. Cada celebración se convierte así en una verdadera epifanía de la Iglesia en oración, como recordó san Juan Pablo II (Carta apostólica Vicesimus quintus annus, 9).

Si la liturgia está al servicio del misterio de Cristo, se comprende por qué se la ha definido como «la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza» (SC, 10). Es cierto que la acción de la Iglesia no se limita únicamente a la liturgia; sin embargo, todas sus actividades (la predicación, el servicio a los pobres, el acompañamiento de las realidades humanas) convergen hacia esta «cumbre». En sentido inverso, la liturgia sostiene a los fieles sumergiéndolos siempre y de nuevo en la Pascua del Señor y, por lo tanto, a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y la oración común, estos son fortalecidos, animados y renovados en su compromiso de fe y en su misión. En otras palabras, la participación de los fieles en la acción litúrgica es al mismo tiempo «interior» y «exterior».

Esto significa también que está llamada a desarrollarse concretamente a lo largo de toda la vida cotidiana, en una dinámica ética y espiritual, de modo que la liturgia celebrada se traduzca en vida y exija una existencia fiel, capaz de hacer concreto lo que se ha vivido en la celebración: es así como nuestra vida se convierte en «sacrificio vivo, santo y agradable a Dios», realizando nuestro «culto espiritual» (Rom 12,1).

De este modo, «la liturgia edifica día a día a los que están dentro de la Iglesia para ser templo santo en el Señor» (SC, 2), y forma una comunidad abierta y acogedora para con todos. De hecho, está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y, en todas sus dimensiones, representa un signo de la unidad de todo el género humano en Cristo. Como decía el Papa Francisco: «El mundo todavía no lo sabe, pero todos están invitados al banquete de bodas del Cordero (Ap 19,9)» (Carta apostólica Desiderio desideravi, 5).

Queridísimos, dejémonos moldear interiormente por los ritos, por los símbolos, por los gestos y, sobre todo, por la presencia viva de Cristo en la liturgia, que tendremos ocasión de profundizar en las próximas catequesis.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

En esta catequesis comenzamos a reflexionar sobre el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II: la Constitución Sacrosanctum Concilium, dedicada a la sagrada liturgia. Su propósito es conducir a la Iglesia a contemplar y profundizar el vínculo que la une con el misterio de Cristo; es decir, con su pasión, muerte, resurrección y glorificación. Esta comunión se realiza en la sagrada liturgia a través de ritos y oraciones. La Iglesia expresa así su fe y modela su identidad como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.

En la liturgia, Cristo sigue actuando, presente en la Palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros que celebran, en la comunidad reunida y, sobre todo, en la Eucaristía. La participación de los fieles en la acción litúrgica los edifica, los renueva y los envía a manifestar lo celebrado en la vida cotidiana, haciendo de la propia existencia un «sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (Rm 12,1).

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a dejarnos formar interiormente por la liturgia, para que toda nuestra vida sea una continua “acción de gracias”. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Hace cuarenta años, san Juan Pablo II publicó la encíclica Dominum et Vivificantem, en la que recordaba que el Espíritu Santo es la «Luz de los corazones» y nos permite «llamar por su nombre al bien y al mal». Mientras esperamos Pentecostés, pidamos al Espíritu de Dios que despierte las conciencias humanas con sus dones, que las aparte de la injusticia, la violencia y la guerra, ¡y que renueve la faz de la tierra!

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, deseándoles que sirvan siempre a Dios con alegría y que amen a su prójimo con espíritu evangélico.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 20-5-2026