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miércoles, 27 de mayo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 27-5-2026: «Exhorto a todos y a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia»

* «Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a ‘una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia’, se lleve a cabo ‘después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes’ (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por  ‘una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral’ (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Sigo con preocupación la guerra en Ucrania, que se ha intensificado significativamente en los últimos días. Deseo expresar mi solidaridad con quienes sufren los recientes ataques, incluidos los perpetrados contra civiles. La guerra no resuelve los problemas, sino que los agrava; no crea seguridad, sino que multiplica el sufrimiento y el odio. Donde caen misiles y drones, también caen las esperanzas, se destruyen hogares y lugares de culto, se pierden vidas inocentes. Encomiendo a todos los pueblos heridos por la guerra a la protección de la Virgen María, Reina de la Paz»

 

27 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial”, ha dicho el Santo Padre León XIV al reflexionar en su catequesis de hoy sobre la continuidad magisterial en la reforma litúrgica, en la plaza de San Pedro ante decenas de miles de fieles.


León XIV ha destacado la necesidad de adaptar las formas rituales a las exigencias de los tiempos sin perder la tradición. El Papa ha explicado que, con el fin de favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establece una fórmula muy eficaz que marca la dirección a seguir para el futuro. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 27 de mayo de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 2. La reforma de la liturgia: tradición y desarrollo



Queridos hermanos y hermanas:

En la Encíclica Mediator Dei, el Venerable Pío XII escribe que «la Iglesia, en realidad, es un organismo vivo, y por eso crece y se desarrolla también en lo que toca a la sagrada liturgia, adaptándose a las circunstancias y a las exigencias que se presentan en el transcurso del tiempo y acomodándose a ellas» (I,V).

En plena continuidad con este principio, el Concilio Vaticano II en el Proemio de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) reconoce «que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia» (n. 1). De hecho, la asamblea conciliar se había reunido con el objetivo de «acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia» (ibid.).

En aquel momento histórico se advertía fuertemente la necesidad de una renovación de las formas rituales, mediante las que desde hacía siglos la Iglesia había realizado la glorificación de Dios y la santificación del pueblo cristiano. Gracias al movimiento litúrgico se había madurado la convicción, expresada posteriormente por san Juan Pablo II, de que «existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida» (Carta Dominicae Cenae, 13).

Para favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium indica, por lo tanto, con una fórmula muy eficaz la dirección a seguir: «Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso» (SC, 23).

El Papa Benedicto XVI acogió en esta declaración de intenciones el «programa de reforma» de los Padres conciliares, «en equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura» (Discurso a los participantes en el Congreso por el 50° aniversario de la fundación del Instituto litúrgico pontificio de San Anselmo, 6 de mayo de 2011).

El Concilio afirma la legitimidad de ese proceso arraigado en la auténtica Tradición, distinguiendo dentro de la liturgia «una parte que es inmutable por ser la institución divina» de «otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados» (SC, 21).

A lo largo de los siglos se han producido constantemente cambios de este tipo, con el fin de consentir a los fieles una fructuosa participación, por medio de las acciones rituales, en el ministerio pascual de Cristo, fundamento de la fe cristiana. El culto de la Iglesia, por lo tanto, se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización. Hoy es necesario renovar esta energía en continuidad con la auténtica y viva tradición católica, es decir, según una dinámica dirigida a introducir a los creyentes en la plenitud de la verdad.

Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a «una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia», se lleve a cabo «después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes» (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral» (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla.

Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy nos ilustra acerca de cómo la reforma de la Sagrada Liturgia, manifestada en la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, mientras custodia la sana tradición de la liturgia, al mismo tiempo supone un desarrollo. Por eso, con el fin de hacer crecer más la vida cristiana entre los fieles, favorecer la comunión de todos los creyentes en Cristo y fortalecer todo aquello que ayude a atraer a todos al seno de la Iglesia (cf. SC 1), la asamblea conciliar reconoció la necesidad de una adaptación a las exigencias actuales, renovando por ende las formas rituales de la Sagrada Liturgia.

Esta necesidad la podemos constatar a lo largo del caminar de la Iglesia, pues bien, el culto se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Que la liturgia, que nos ayuda a la glorificación del Señor y a nuestra propia santificación, sea siempre valorada y respetada por todos, sobre todo en la celebración de los sagrados misterios. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Sigo con preocupación la guerra en Ucrania, que se ha intensificado significativamente en los últimos días. Deseo expresar mi solidaridad con quienes sufren los recientes ataques, incluidos los perpetrados contra civiles.

La guerra no resuelve los problemas, sino que los agrava; no crea seguridad, sino que multiplica el sufrimiento y el odio. Donde caen misiles y drones, también caen las esperanzas, se destruyen hogares y lugares de culto, se pierden vidas inocentes.

Encomiendo a todos los pueblos heridos por la guerra a la protección de la Virgen María, Reina de la Paz.

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que su peregrinación a Roma, y ​​en particular a las tumbas de los Apóstoles, reavive su fe en Cristo: que Él sea la luz y el camino de su vida.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV


Fotos: Vatican Media, 27-5-2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 20-5-2026: «La liturgia está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y es un signo de la unidad del género humano en Cristo»

* «la liturgia sostiene a los fieles sumergiéndolos siempre y de nuevo en la Pascua del Señor y, por lo tanto, a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y la oración común, estos son fortalecidos, animados y renovados en su compromiso de fe y en su misión. En otras palabras, la participación de los fieles en la acción litúrgica es al mismo tiempo ‘interior’ y ‘exterior’. Esto significa también que está llamada a desarrollarse concretamente a lo largo de toda la vida cotidiana, en una dinámica ética y espiritual, de modo que la liturgia celebrada se traduzca en vida y exija una existencia fiel, capaz de hacer concreto lo que se ha vivido en la celebración: es así como nuestra vida se convierte en 'sacrificio vivo, santo y agradable a Dios', realizando nuestro 'culto espiritual'»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV y la síntesis que ha hecho en nuestro idioma

* «Hace cuarenta años, san Juan Pablo II publicó la encíclica Dominum et Vivificantem, en la que recordaba que el Espíritu Santo es la «Luz de los corazones» y nos permite «llamar por su nombre al bien y al mal». Mientras esperamos Pentecostés, pidamos al Espíritu de Dios que despierte las conciencias humanas con sus dones, que las aparte de la injusticia, la violencia y la guerra, ¡y que renueve la faz de la tierra!» 


20 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “La liturgia edifica día a día a los que están dentro de la Iglesia para ser templo santo en el Señor, y forma una comunidad abierta y acogedora para con todos. De hecho, está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y, en todas sus dimensiones, representa un signo de la unidad de todo el género humano en Cristo”, ha subrayado el Papa León XIV, ante 20.000 fieles, en la plaza de San Pedro, en su catequesis de la Audiencia General, al iniciar una nueva serie dedicada al Concilio Vaticano II, comenzando por el primer documento aprobado: la Constitución Sacrosanctum Concilium.



Antes de iniciar su catequesis, el Papa León XIV ha dirigió un especial saludo de bienvenida a Su Santidad Aram I, Catolicós de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia, presente junto a su delegación en la plaza de San Pedro y que se ha sentado al lado del Pontífice. El Santo Padre recuerda la situación en el Líbano y Oriente Medio, “una vez más desgarrados por la violencia y la guerra” y pide rezar por la paz. Además, demuestra su aprecio por la contribución personal del Catolicós al ecumenismo, con miras a la “plena unidad”.



En sus saludos a los fieles Polacos, León XIV, ante la próxima solemnidad de Pentecostés, que la Iglesia celebrará este domingo, ha invitado a pedir a Dios "que despierte las conciencias humanas con sus dones, que las aleje de la injusticia, de la violencia y de la guerra". El Pontífice ha recordado que, hace 40 años, San Juan Pablo II subrayó que el Espíritu Santo es la “Luz de los corazones” y quien permite al ser humano “llamar por su nombre al bien y al mal”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 13 de mayo de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosantum Concilium. 1. La liturgia en el misterio de la Iglesia 

Saludo del Santo Padre a Su Santidad Aram I, Catolicós de Cilicia al iniciar la Audiencia General:

Me complace enormemente dar la bienvenida a Su Santidad Aram I, Catolicós de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia, junto con la distinguida delegación que lo acompaña. Esta visita fraterna representa una importante oportunidad para fortalecer los lazos de unidad que ya existen entre nosotros, en nuestro camino hacia la plena comunión entre nuestras Iglesias.

Santidad, en estos días de preparación para Pentecostés, invoco la gracia del Espíritu Santo sobre su peregrinación a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo, e invito a todos los presentes a orar fervientemente al Señor para que su visita y sus encuentros constituyan un paso más en el camino hacia la plena unidad. Oremos también por la paz en el Líbano y en Oriente Medio, nuevamente asolados por la violencia y la guerra.

Santidad, deseo expresar mi especial gratitud por su constante compromiso personal con el ecumenismo, especialmente con el diálogo teológico internacional entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales.

¡Bienvenidos, Santidad, queridos obispos y queridos amigos! Juntos, invoquemos la intercesión de San Gregorio el Iluminador, San Gregorio de Nareg, Santa Nerses la Graciosa y, sobre todo, de la Virgen Madre de Dios, para que iluminen nuestro camino hacia la plenitud de esa unidad que todos anhelamos.

Catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II: la Constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium (SC).

Al elaborar esta Constitución, los Padres conciliares quisieron no solo emprender una reforma de los ritos, sino también llevar a la Iglesia a contemplar y profundizar en ese vínculo vivo que la constituye y la une: el misterio de Cristo. La liturgia, en efecto, toca el corazón mismo de este misterio: es a la vez el espacio, el tiempo y el contexto en el que la Iglesia recibe de Cristo su propia vida. En la liturgia, de hecho, «se ejerce la obra de nuestra Redención» (SC, 2), que nos convierte en linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios (cf. 1Pt 2,9).

Como ha puesto de manifiesto la triple renovación —bíblica, patrística y litúrgica— que ha atravesado la Iglesia a lo largo del siglo XX, el Misterio en cuestión no designa una realidad oscura, sino el designio salvífico de Dios, oculto desde la eternidad y revelado en Cristo, según la afirmación de San Pablo (cf. Ef 3,3-6). He aquí, pues, el Misterio cristiano: el acontecimiento pascual, es decir, la pasión, la muerte, la resurrección y la glorificación de Cristo, que precisamente en la liturgia se nos hace sacramentalmente presente, de modo que cada vez que participamos en la asamblea reunida «en su nombre» (Mt 18,20) estamos inmersos en este Misterio.

Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz. En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre. Ejerce su sacerdocio absolutamente único, Él que está presente en la Palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros que celebran, en la comunidad reunida y, en grado sumo, en la Eucaristía (cf. SC, 7). Así es como, según San Agustín (cf. Serm., 277), al celebrar la Eucaristía, la Iglesia «recibe el Cuerpo del Señor y se convierte en lo que recibe»: se convierte en el Cuerpo de Cristo, «morada de Dios en el Espíritu» (Ef 2,22). Esta es «la obra de nuestra redención», que nos configura a Cristo y nos edifica en la comunión.

En la santa liturgia, dicha comunión se realiza «por medio de los ritos y de las oraciones» (SC, 48). La ritualidad de la Iglesia expresa su fe —según el célebre dicho lex orandi, lex credendi— y, al mismo tiempo, plasma la identidad eclesial: la Palabra proclamada, la celebración del Sacramento, los gestos, los silencios, el espacio, todo ello representa y da forma al pueblo convocado por el Padre, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. Cada celebración se convierte así en una verdadera epifanía de la Iglesia en oración, como recordó san Juan Pablo II (Carta apostólica Vicesimus quintus annus, 9).

Si la liturgia está al servicio del misterio de Cristo, se comprende por qué se la ha definido como «la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza» (SC, 10). Es cierto que la acción de la Iglesia no se limita únicamente a la liturgia; sin embargo, todas sus actividades (la predicación, el servicio a los pobres, el acompañamiento de las realidades humanas) convergen hacia esta «cumbre». En sentido inverso, la liturgia sostiene a los fieles sumergiéndolos siempre y de nuevo en la Pascua del Señor y, por lo tanto, a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y la oración común, estos son fortalecidos, animados y renovados en su compromiso de fe y en su misión. En otras palabras, la participación de los fieles en la acción litúrgica es al mismo tiempo «interior» y «exterior».

Esto significa también que está llamada a desarrollarse concretamente a lo largo de toda la vida cotidiana, en una dinámica ética y espiritual, de modo que la liturgia celebrada se traduzca en vida y exija una existencia fiel, capaz de hacer concreto lo que se ha vivido en la celebración: es así como nuestra vida se convierte en «sacrificio vivo, santo y agradable a Dios», realizando nuestro «culto espiritual» (Rom 12,1).

De este modo, «la liturgia edifica día a día a los que están dentro de la Iglesia para ser templo santo en el Señor» (SC, 2), y forma una comunidad abierta y acogedora para con todos. De hecho, está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y, en todas sus dimensiones, representa un signo de la unidad de todo el género humano en Cristo. Como decía el Papa Francisco: «El mundo todavía no lo sabe, pero todos están invitados al banquete de bodas del Cordero (Ap 19,9)» (Carta apostólica Desiderio desideravi, 5).

Queridísimos, dejémonos moldear interiormente por los ritos, por los símbolos, por los gestos y, sobre todo, por la presencia viva de Cristo en la liturgia, que tendremos ocasión de profundizar en las próximas catequesis.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

En esta catequesis comenzamos a reflexionar sobre el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II: la Constitución Sacrosanctum Concilium, dedicada a la sagrada liturgia. Su propósito es conducir a la Iglesia a contemplar y profundizar el vínculo que la une con el misterio de Cristo; es decir, con su pasión, muerte, resurrección y glorificación. Esta comunión se realiza en la sagrada liturgia a través de ritos y oraciones. La Iglesia expresa así su fe y modela su identidad como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.

En la liturgia, Cristo sigue actuando, presente en la Palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros que celebran, en la comunidad reunida y, sobre todo, en la Eucaristía. La participación de los fieles en la acción litúrgica los edifica, los renueva y los envía a manifestar lo celebrado en la vida cotidiana, haciendo de la propia existencia un «sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (Rm 12,1).

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a dejarnos formar interiormente por la liturgia, para que toda nuestra vida sea una continua “acción de gracias”. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Hace cuarenta años, san Juan Pablo II publicó la encíclica Dominum et Vivificantem, en la que recordaba que el Espíritu Santo es la «Luz de los corazones» y nos permite «llamar por su nombre al bien y al mal». Mientras esperamos Pentecostés, pidamos al Espíritu de Dios que despierte las conciencias humanas con sus dones, que las aparte de la injusticia, la violencia y la guerra, ¡y que renueve la faz de la tierra!

Finalmente, me dirijo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, deseándoles que sirvan siempre a Dios con alegría y que amen a su prójimo con espíritu evangélico.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 20-5-2026

miércoles, 13 de mayo de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 13-5-2026: «Al dejarse moldear por la obra de la Gracia y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, la Virgen María es el modelo de lo que toda la Iglesia está llamada a ser»

* «Dejémonos pues interpelar por tal modelo sublime que es María, Virgen y Madre, y pidámosle a Ella que nos ayude con su intercesión a responder a cuanto se nos pide a través de su ejemplo: ¿vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco la comunidad de la alianza que Dios me ha donado para corresponder a su amor infinito? ¿Miro a María como modelo, miembro excelente y madre de la Iglesia, y le pido a Ella que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la catequesis del Papa León XIV

* «En este día, fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Fátima, dirigimos nuestra mirada al Santuario donde la Virgen María entregó un mensaje de paz a los tres pastorcitos. Encomendemos al Inmaculado Corazón de María el clamor por la paz y la concordia que surge de todas partes del mundo, especialmente de los pueblos afligidos por la guerra. Tal día como hoy, hace cuarenta y cinco años, se intentó asesinar al Papa Juan Pablo II, y por ello, dedico mi catequesis de hoy a la Santísima Virgen María. Asimismo, pronto celebraremos la Ascensión del Señor, que marca la entrada de su humanidad al cielo. Mientras esperamos la segunda venida de Jesús en gloria, que, como los Apóstoles, nos encomendemos a la Santísima Virgen. Sobre ustedes y sus familias, invoco con alegría la paz y el gozo de Cristo el Señor»

 


13 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- “Al dejarse moldear por la obra de la Gracia, venida a cumplirse en Ella, y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, María es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo”, ha dicho el Papa León XIV en la Audiencia General de este miércoles, 13 de mayo, ante decenas de miles de fieles, continuando con su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en esta ocasión reflexionando sobre el capítulo VIII de la Constitución dogmática Lumen Gentium, dedicado a la Virgen María, modelo de la Iglesia.

El Papa León ha señalado que, el Concilio nos ha dejado una clara enseñanza sobre el lugar reservado a la Virgen María en la obra de la Redención (cfr Lumen gentium, 60-62): “Ha recordado que el único Mediador de salvación es Jesucristo y que su Madre Santísima «no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder» (LG, 60). Al mismo tiempo, «la Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, […] cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia» (ibid., 61)”.

Antes de su catequesis el Papa León XIV protagonizó un momento profundamente simbólico al recordar el atentado contra san Juan Pablo II ocurrido hace cuarenta y cinco años, en el mismo lugar donde hoy el Pontífice recorre en papamóvil para saludar a los fieles. En medio del ambiente de oración y recogimiento, León XIV descendió del vehículo y caminó hacia el punto exacto donde el Papa polaco fue herido en 1981. Allí, a pocos pasos de la Puerta de Bronce, se encuentra una placa de mármol blanco que marca el sitio del atentado. El Papa se detuvo ante la baldosa incrustada entre los adoquines, permaneció unos instantes en silencio y oración, y finalmente se arrodilló para acariciar el escudo de Karol Józef Wojtyła, gesto que conmovió a los presentes y evocó el doloroso episodio que sacudió al mundo entero. En sus saludos en inglés y portugués, el Pontífice ha vinculado la memoria del hecho con la festividad de Nuestra Señora de Fátima y encomendó a la Virgen el clamor de paz de los pueblos golpeados por la guerra. En el vídeo superior de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Vídeo del momento en que León XIV se detiene en el punto donde san Juan Pablo II fue herido en 1981

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles, 13 de mayo de 2026


Los documentos del Concilio Vaticano II. II. Constitución dogmática Lumen gentium. 9. La Virgen María, modelo de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

El Concilio Vaticano II quiso dedicar el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia a la Virgen María (cfr Lumen gentium, 52-69). Ella «proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad» (n. 53). Estas palabras nos invitan a comprender cómo en María, que bajo la acción del Espíritu Santo ha acogido y generado al Hijo de Dios hecho carne, se puedan reconocer tanto el modelo, como el miembro excelente y la madre de toda la comunidad eclesial.

Al dejarse moldear por la obra de la Gracia, venida a cumplirse en Ella, y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, María es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo. En cuanto que, además, es la creyente por antonomasia, donde se nos ofrece la forma perfecta de la apertura incondicional al misterio divino en la comunión del pueblo santo de Dios, María es miembro excelente de la comunidad eclesial. En cuanto que, finalmente, genera hijos en el Hijo, amados en el eterno Amado venido entre nosotros, María es madre de toda la Iglesia, que a Ella puede dirigirse con filial confianza, en la certeza de ser escuchada, custodiada y amada.

Se podría expresar el conjunto de estas características de la Virgen María hablando de Ella como de la mujer icono del Misterio. Con el término mujer se evidencia la concreción histórica de esta joven hija de Israel, a quien se le ha dado la extraordinaria experiencia de convertirse en madre del Mesías. Con la expresión icono se subraya que en Ella se cumple el doble movimiento de descenso y ascenso: en Ella resplandecen tanto la elección gratuita por parte de Dios, como el libre consentimiento de la fe en Él. María es por tanto la mujer icono del Misterio, es decir del diseño divino de salvación, en una época oculto y revelado en plenitud en Jesucristo.

El Concilio nos ha dejado una clara enseñanza sobre el lugar reservado a la Virgen María en la obra de la Redención (cfr Lumen gentium, 60-62). Ha recordado que el único Mediador de salvación es Jesucristo (cfr 1 Tm 2,5-6) y que su Madre Santísima «no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder» (LG, 60). Al mismo tiempo, «la Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, […] cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia» (ibid., 61).

En la Virgen María se refleja también el misterio de la Iglesia: en Ella el pueblo de Dios encuentra representado su origen, su modelo y su patria. En la Madre del Señor la Iglesia contempla el propio misterio, no solo porque se reencuentra el modelo de la fe virginal, de la caridad materna y de la alianza esponsal, a la que está llamada, sino también y sobre todo porque reconoce en ella el propio arquetipo, la figura ideal de lo que está llamada a ser.

Como se puede ver, las reflexiones sobre la Virgen María recogidas en la Lumen gentium, nos enseñan a amar a la Iglesia y a servir en ella al cumplimiento del Reino de Dios que está por venir y que se realizará plenamente en la gloria.

Dejémonos pues interpelar por tal modelo sublime que es María, Virgen y Madre, y pidámosle a Ella que nos ayude con su intercesión a responder a cuanto se nos pide a través de su ejemplo: ¿vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco la comunidad de la alianza que Dios me ha donado para corresponder a su amor infinito? ¿Miro a María como modelo, miembro excelente y madre de la Iglesia, y le pido a Ella que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?

Hermanas y hermanos, el Espíritu Santo, que descendió sobre María e invocado por nosotros con humildad y confianza, nos done vivir plenamente estas realidades maravillosas. Y, después de haber profundizado en la Constitución Lumen gentium, pidamos a la Virgen que nos conceda este don: crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia. ¡Así sea!

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

La catequesis de hoy la dedicaremos a meditar en la particular relación que existe entre la Virgen María y la Iglesia, expresada en el último capítulo de la Constitución conciliar Lumen gentium. En efecto, María, dócil a la acción del Espíritu Santo, es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser; ella, con su incondicional apertura al misterio divino, es también miembro excelente de la Iglesia, porque es la creyente por antonomasia; y en cuanto a que genera hijos en el Hijo, María es madre de toda la Iglesia, la cual se puede dirigir a ella con confianza filial, y con la certeza de ser escuchada y amada.

La Iglesia, consciente de que el único Mediador del misterio de la salvación es Jesucristo, reconoce que la figura de su Madre Santísima, lejos de oscurecer este misterio, lo ilumina; pues es la Virgen María quien, por un designio divino, con obediencia y con fe cooperó de manera singular en la obra del Salvador (cf. LG 60-61).

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a nuestra Madre Santísima que interceda por nosotros para que, como ella, vivamos con fe humilde, obediente y operante nuestra pertenencia a la Iglesia. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

En este día, fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Fátima, dirigimos nuestra mirada al Santuario donde la Virgen María entregó un mensaje de paz a los tres pastorcitos. En ese lugar, tan querido por todos los cristianos, se congregan hoy numerosos peregrinos de los cinco continentes: su presencia es signo de la necesidad de consuelo, unidad y esperanza entre los pueblos de nuestro tiempo. Encomendemos al Inmaculado Corazón de María el clamor por la paz y la concordia que surge de todas partes del mundo, especialmente de los pueblos afligidos por la guerra.

Tal día como hoy, hace cuarenta y cinco años, se intentó asesinar al Papa Juan Pablo II, y por ello, dedico mi catequesis de hoy a la Santísima Virgen María. Asimismo, pronto celebraremos la Ascensión del Señor, que marca la entrada de su humanidad al cielo. Mientras esperamos la segunda venida de Jesús en gloria, que, como los Apóstoles, nos encomendemos a la Santísima Virgen. Sobre ustedes y sus familias, invoco con alegría la paz y el gozo de Cristo el Señor.

Finalmente, mis pensamientos se dirigen a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Les agradezco su presencia e invoco sobre ustedes y sus familias los dones del Espíritu Santo para que mantengan un compromiso cristiano constante en los diversos llamados y situaciones que la Providencia nos reserva a cada uno.

¡Mi bendición para todos!

Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 13-5-2026