* «Si sienten que Cristo los llama a seguirlo en un camino de especial consagración —como sacerdotes, religiosas, religiosos, catequistas— no teman ponerse en sus huellas: como Él mismo ha asegurado —y yo también quiero decirles hoy con fuerza— recibirán ‘cien veces más y […] la vida eterna’ (Mt 19,29)»
Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News con todo el discurso del Papa
* «Muchos de ustedes se están preparando para el sacramento del Matrimonio. Ser esposos y padres es una misión apasionante, una alianza que se vive día a día, en la que siempre se redescubren el uno al otro, colaboradores con Dios en el milagro de la vida y constructores de felicidad, para ustedes y para sus hijos. Prepárense a vivir esta llamada como un camino de verdadero amor, que crece en la libertad; un camino de esperanza que nace de la conciencia de que Dios no los abandona; un camino de santidad que busca siempre el bien y la felicidad del otro»
22 de abril de 2026.- (Camino Católico) “Una vida entregada a Dios es una vida feliz, que se renueva cada día en la oración, en los sacramentos y en el encuentro con los hermanos y hermanas que el Señor pone en nuestro camino. En la comunión de los corazones y en el actuar solícito hacia quien lo necesita, se renuevan los milagros de la caridad” Ha subrayado el Papa León XIV a los jóvenes y las familias reunidas en el Estadio de Bata, en Guinea Ecuatorial. Además ha hablado del valor del esfuerzo y la disciplina en la vida y el trabajo digno, del reto laboral de la mujer y de la misión apasionante de ser esposos y padres.
Música, cantos, colores, sonrisas, alegría, en el Estadio de Bata, unas 50 mil personas, entre jóvenes y familias, seminaristas, sacerdotes y el pueblo fiel de Bata e incluso de Gabón, le han dado una “cálida bienvenida” al Papa. Al agradecer tanto afecto, el Pontífice ha recordado el lema de la visita a Guinea Ecuatorial “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”, asegurando que “ la luz más resplandeciente ahora es la de sus ojos, sus rostros, sus sonrisas y sus cantos, en los que todo da testimonio de que Cristo es alegría, sentido, inspiración y belleza para nuestra vida”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la alocución del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:
VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL
(13-23 DE ABRIL DE 2026)
ENCUENTRO CON JÓVENES Y FAMILIAS
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Estadio Bata
Miércoles, 22 de abril de 2026
Queridos jóvenes, queridas familias, ¡la paz esté con ustedes!
¿Quién tiene miedo de la lluvia? ¿Quién quiere la bendición de Dios? ¡Gracias por estar aquí! ¡Sigamos haciendo fiesta! ¡La Iglesia necesita el entusiasmo de todos ustedes!
Queridos hermanos y hermanas, con gran alegría los saludo y agradezco al Obispo por las palabras que me ha dirigido. Agradezco también a todos ustedes por la cálida acogida y por su entusiasmo que manifiesta la alegría de su fe.
Su Excelencia ha descrito Guinea Ecuatorial como un país “joven, lleno de energía, de preguntas, de ganas de vivir”, y al mismo tiempo deseoso de hacer de Cristo su luz. Es un llamado al lema de este viaje —Cristo, luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza—. Pero encuentra confirmación en la presencia de todos ustedes aquí. La luz más brillante, aquí, es la de sus ojos, de sus rostros, de su sonrisa, de los cantos, de los bailes, en los que todo es testimonio de que Cristo es alegría, sentido, inspiración y belleza para nuestra vida.
Su país, Guinea Ecuatorial, es un país rico en historia y tradiciones. Lo hemos visto hace poco, en las danzas, en los trajes y en los símbolos con los que cada grupo ha expresado su identidad, haciendo aún más evidente y conmovedor nuestro estar juntos. Han traído objetos simples y cotidianos —un bastón, una red, la representación de una isla, una barca, un instrumento musical— que hablan de su vida y de los valores antiguos y nobles que la animan, como el servicio, la unidad, la acogida, la confianza, la fiesta. Es la herencia luminosa y exigente de la que ustedes, queridos jóvenes, están llamados a ser, en la fe, el fundamento del futuro suyo y de esta tierra. ¡El futuro es suyo!
Lo recordaba san Juan Pablo II cuando, a su llegada a este país, al encontrarse con una Iglesia tan viva y dinámica, decía a los fieles presentes para acogerlo: «Den siempre ejemplo de concordia entre ustedes, de amor mutuo, de capacidad de reconciliación, de respeto efectivo de los derechos de cada ciudadano, de cada familia, de cada grupo social. Respeten y promuevan la dignidad de todas las personas en su país, como seres humanos y como hijos de Dios» (Discurso a la llegada a Guinea Ecuatorial, Malabo, 18 de febrero de 1982). Son palabras que aún hoy guían nuestros corazones y deben iluminar su camino, mientras se preparan para las responsabilidades que los esperan en el futuro.
Alicia, al respecto, nos ha hablado de la importancia de ser fieles a los propios deberes y de contribuir, con el trabajo cotidiano, al bien de la familia y de la sociedad. Ha compartido con nosotros su sueño de una tierra “en la que los jóvenes, hombres y mujeres, no busquen el éxito fácil, sino que elijan la cultura del esfuerzo, de la disciplina, del trabajo bien hecho y que esto sea valorado”. Ha dicho que ser cristiana significa, además de participar en la celebración eucarística, también trabajar con dignidad y tratar a todos con respeto, recordando también el desafío de su condición de mujer en el mundo del trabajo. Esto nos invita a reflexionar sobre la importancia del compromiso fecundo y la necesidad de promover siempre la dignidad de todo ser humano.
Lo mismo ha testimoniado Francisco Martin, refiriéndose al llamado al sacerdocio. Ha abierto ante nosotros una ventana sobre la hermosa realidad de tantos jóvenes que se entregan totalmente a Dios para la salvación de los hermanos. No ha ocultado haber tenido dificultad para encontrar el valor de decir su “sí”, su fiat, “sí” Señor, pero en sus palabras todos hemos comprendido que confiar en la voluntad de Dios da alegría y profunda serenidad. Una vida entregada a Dios es una vida feliz, que se renueva cada día en la oración, en los sacramentos y en el encuentro con los hermanos y hermanas que el Señor pone en nuestro camino. En la comunión de los corazones y en el actuar solícito hacia quien lo necesita, se renuevan los milagros de la caridad. Por eso, si sienten que Cristo los llama a seguirlo en un camino de especial consagración —como sacerdotes, religiosas, religiosos, catequistas— no teman ponerse en sus huellas: como Él mismo ha asegurado —y yo también quiero decirles hoy con fuerza— recibirán «cien veces más y […] la vida eterna» (Mt 19,29).
Queridísimos, han venido a este encuentro con sus familias. Ellas son el terreno fértil en el que el árbol fresco y frágil de su crecimiento humano y cristiano hunde sus raíces. Por eso, quiero invitar a todos a dar gracias juntos al Señor por el don de sus seres queridos y, como nos han dicho Purificación y Jaime Antonio, a confiarse a Él para que sus familias puedan crecer en la unión, acoger la vida como un don que hay que custodiar y educar para el encuentro con el Señor, el Señor que es Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14,6). Muchos de ustedes se están preparando para el sacramento del Matrimonio. Ser esposos y padres es una misión apasionante, una alianza que se vive día a día, en la que siempre se redescubren el uno al otro, colaboradores con Dios en el milagro de la vida y constructores de felicidad, para ustedes y para sus hijos. Prepárense a vivir esta llamada como un camino de verdadero amor, que crece en la libertad; un camino de esperanza que nace de la conciencia de que Dios no los abandona; un camino de santidad que busca siempre el bien y la felicidad del otro.
Agradezco mucho a Víctor Antonio por la sinceridad y el valor con los que ha compartido con nosotros su historia. Sus palabras nos ayudan a comprender aún más profundamente el valor de lo que hemos dicho. Caen como una piedra en medio de nosotros, pero no para destruir. Son más bien palabras que deben animarnos a construir un mundo mejor, fundado en el respeto por la vida que nace y crece, y en el sentido de responsabilidad hacia los niños y los pequeños. Víctor Antonio nos ha recordado que acoger la vida exige amor, compromiso y cuidado, y estas palabras en labios de un adolescente deben hacernos pensar seriamente en lo importante que es proteger y custodiar la familia y los valores que en ella se aprenden. Cultivémoslos, vivámoslos y démosles testimonio también cuando hacerlo cueste sacrificio o cuando, como decían Jaime Antonio y Purificación, juicios, prejuicios y estereotipos intenten disminuir su valor. Una familia que sabe acoger y amar es luz, es calor. El Papa Francisco nos dejó palabras bellísimas sobre esto: «La pareja del padre y de la madre con toda su historia de amor […], la pareja que ama y genera la vida es la verdadera “escultura” viviente […], capaz de manifestar al Dios creador y salvador» (Exhort. ap. Amoris laetitia, 9.11).
Queridos jóvenes, padres, y todos ustedes aquí presentes, dejémonos entusiasmar por la belleza del amor, ¡seamos testigos del amor que Jesús nos ha dejado y enseñado! Testimoniemos cada día que amar es hermoso, que las mayores alegrías, en todos los ambientes, vienen de saber dar y de darse, especialmente cuando uno se inclina hacia quien más lo necesita. La luz de la caridad, cultivada en los hogares y vivida en la fe, puede verdaderamente transformar el mundo, también en sus estructuras e instituciones, para que toda persona encuentre respeto y nadie sea olvidado (cf. Francisco, Mensaje con ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación, 14 de octubre de 2022). Hermanas y hermanos, hagamos juntos de esto un propósito firme, un compromiso gozoso, para que Cristo, Crucificado y Resucitado, luz de Guinea Ecuatorial, de África y del mundo entero, pueda guiarnos a todos hacia un futuro de esperanza.
PAPA LEÓN XIV
Fotos: Vatican Media, 22-4-2026










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