La hermana Carine Tangiri Mangu contando su testimonio ante el Papa León XIV en Camerún / Foto: Vatican Media
* «Iniciamos una huelga de hambre y les explicamos a nuestros secuestradores que simplemente estábamos haciendo nuestro trabajo por los pobres y que no teníamos nada que ver con la política. Fuimos liberadas al cabo de tres días. Santo Padre, estas son las condiciones en las que muchas mujeres consagradas realizan su labor y viven en zona de guerra. Algunas han vivido experiencias más dramáticas y traumáticas, pero seguimos confiando en la ayuda de Dios y en la intercesión de la Santísima Virgen María. Contamos con sus oraciones y con su solicitud paterna»
Video de Vatican News del testimonio de la hermana Carine Tangiri Mangu ante el Papa León XIV en Camerún
Camino Católico.- En una región marcada por la violencia brutal de los grupos rebeldes, la Iglesia Católica sigue siendo un pilar de consuelo para la población del Noroeste de Camerún.
Así lo puso de manifiesto ante el Papa, durante el encuentro por la paz celebrado en la Catedral de San José de Bamenda, la hermana Carine Tangiri Mangu, religiosa de la congregación de las Hermanas de Santa Ana, que puso voz a los peligros que viven a diario las consagradas que trabajan en esta provincia eclesiástica.
Esta región del país se encuentra sumida desde 2017 en un conflicto armado ligado a las aspiraciones independentistas de la zona anglófona frente al resto del país, de mayoría francófona. Las bandas armadas siguen perpetrando ataques esporádicos, como el del 10 de abril tras unas ordenaciones sacerdotales.
A esta crisis se suma la acción violenta del grupo terrorista Boko Haram en el norte de Camerún, en la franja fronteriza con Nigeria y Chad.
Con todo, este martes los grupos rebeldes anunciaron una pausa en las hostilidades con motivo de la visita del Pontífice.
En este contexto de constante inseguridad, las religiosas desarrollan su misión en condiciones extremadamente difíciles, acompañando a los más vulnerables de comunidades profundamente heridas por la violencia. “Trabajamos entre los pobres y los indigentes, llevando no sólo ayuda material, sino también esperanza”, ha explicado la religiosa ante el Papa.
Sin embargo, esta entrega desinteresada está plagada de riesgos. Así lo ha explicado ante el Papa León XIV la hermana Carine Tangiri Mangu:
La hermana Carine Tangiri Mangu saludando al Papa León XIV que se ha emocionado al escuchar su testimonio / Foto: Vatican Media
Nosotras las mujeres consagradas de la provincia eclesiástica de Bamenda estamos encantadas de tenerle entre nosotros. Es un gran consuelo para nosotras que trabajamos entre los pobres y los indigentes de nuestras comunidades.
Nos dedicamos principalmente al trabajo pastoral en las diócesis, al apostolado hospitalario y educativo, a las obras sociales, al apoyo psicosocial, a las personas que han sufrido traumas y a las actividades espirituales en nuestras comunidades. Su presencia aquí es un gran estímulo para nosotros que llevamos a cabo nuestro apostolado en circunstancias muy difíciles. Desde que comenzó esta crisis, realizamos nuestro trabajo con mucho miedo y una gran inseguridad.
El 14 de noviembre, mientras regresábamos de Bamenda a Elad Oku, donde enseñamos en la escuela primaria, la hermana Mediatrix y yo fuimos secuestradas por unos hombres armados cerca de Baba y llevadas al bosque donde nos mantuvieron como rehenes durante tres días y tres noches. Durante todos esos días y noches no dormimos ni comimos, nos trasladaban en moto de un lugar a otro, a veces a la una de la madrugada para evitar que nos localizaran.
Iniciamos una huelga de hambre y les explicamos a nuestros secuestradores que simplemente estábamos haciendo nuestro trabajo por los pobres y que no teníamos nada que ver con la política.
Nos exigieron que le diéramos números de teléfono para poder pedir un rescate. Fue un momento difícil para nosotros porque además de ser trasladadas de un lugar a otro, no podíamos lavarnos ni comer o beber agua a nuestro antojo ni siquiera dormir. Lo que mantuvo viva nuestra esperanza fue el rosario que rezamos sin cesar durante todos estos días.
Fuimos liberadas al cabo de tres días. Santo Padre, estas son las condiciones en las que muchas mujeres consagradas realizan su labor y viven en zona de guerra. Algunas han vivido experiencias más dramáticas y traumáticas, pero seguimos confiando en la ayuda de Dios y en la intercesión de la Santísima Virgen María.
Contamos con sus oraciones y con su solicitud paterna.
Hermana Carine Tangiri Mangu, religiosa de la congregación de las Hermanas de Santa Ana


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