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sábado, 14 de febrero de 2026

Laurence Cottet era alcohólica e iba a suicidarse, pero entró en una Iglesia: «Oré a Dios que me sanó: ‘escucha, estoy al límite de mis fuerzas, no puedo más, la pelota está en tu tejado’; desde ese día no he bebido más»

Llevada a la desesperación por las dificultades desde su infancia, Laurence Cottet se refugió en el alcohol durante casi 50 años. Hasta que un día, en lo más profundo de su desesperación, el Señor la ayudó / Foto: @Nicolas Guyonnet

* Decidió dejar su trabajo para dedicarse por completo a la prevención. Durante los últimos 15 años, lo ha dado todo, viajando por Francia con su frágil figura para concienciar y ofrecer consejos con delicadeza a cualquiera que esté dispuesto a escucharla. Licenciada en estudios sobre adicciones, es voluntaria en el Hospital Universitario de Grenoble, ha escrito varios libros, fundó la asociación "Enero Seco" para promover el movimiento británico "Enero Seco" en Francia y se pronuncia sobre una amplia gama de temas, todo de forma voluntaria

Camino Católico.- Fue a los 6 años que descubrió las virtudes terapéuticas del alcohol. Laurence Cottet, la segunda de seis hijos en una familia que le prestaba poca atención, empezó por terminarse la última copa: "Mis padres no se llevaban bien y no nos demostraban ningún cariño", lamenta a Raphaëlle Coquebert en  Aleteia. "En ese clima de violencia física y psicológica, solo el alcohol aliviaba mi dolor".

El refugio de una mujer sedienta de amor

Tenía 15 años cuando su padre se fue de casa: su madre luchaba por llegar a fin de mes, dejando a los niños a su suerte. Laurence decidió tomar las riendas de su destino y huir: con una serie de trabajos esporádicos, ¡pensó que se las arreglaría perfectamente! Aprobó el bachillerato y empezó a estudiar Derecho: tras apenas aprobar, ingresó en la escuela de negocios, trabajando a tiempo parcial para financiarse. 

Tiene sentimientos encontrados sobre aquellos años: "No tenía ni idea", recuerda. "En los grupos de amigos con los que salía, bebían mucho, y yo les seguía la corriente. Me animaban porque, al parecer, era graciosa con unas copas". Sin darse cuenta, bebía para calmar sus heridas, esa falta de cariño que la carcomía.

Un respiro de unos años 

Un romance fulgurante en el trabajo puso fin a esos años caóticos. A los 29 años, mientras disfrutaba de una prometedora carrera en los departamentos legales de empresas consolidadas, conoció a Pierre Cottet. A pesar de su cáncer, creía que la felicidad era posible: «Nos casamos rápidamente. Fueron seis años muy felices, durante los cuales bebí con moderación, por placer». Pero en tres meses, la salud de su esposo se deterioró rápidamente. El 31 de marzo de 1995, a las 5:00 a. m., murió en sus brazos. Laurence tenía 35 años. A partir de entonces, fue una espiral descendente.

Autodestrucción

Desesperada tras este último golpe, la joven viuda recayó. En un año, se bebió las 300 botellas. Fue entonces cuando se convirtió en una auténtica alcohólica: "Significa", explica, "que el alcohol se convierte en una obsesión. Toda tu vida gira en torno a él. Es un círculo vicioso: bebes... para olvidar que estás bebiendo". ¿Las consecuencias? Borracheras increíbles que la llevaron a la comisaría, pérdida de memoria y un aislamiento cada vez mayor.

"En aquella época, mi familia se estaba desmoronando y no tenía más amigos que mis compañeros de copas. Para guardar las apariencias, acabé bebiendo solo en casa, por las noches, lejos de miradas indiscretas. Me acostaba borracha".

Laurence Cottet al salir de la Iglesia, en la que entró y permaneció en ella orando, se fue a casa, vació todas las botellas de alcohol en el fregadero y no volvió a beber más / Foto: @Nicolas Guyonnet

Hasta el día en que cayó el telón. Laurence lo recuerda vívidamente: el 24 de enero de 2009, mientras trabajaba como ejecutiva en París para una importante constructora donde el alcohol era moneda corriente, bebió en exceso durante una recepción de Año Nuevo a la que asistieron 600 personas. Su cuerpo, exhausto, cedió y se desplomó en público, sembrando el pánico a su alrededor. Nadie le ofreció ayuda, su jefe ya no la quería y la vergüenza la abrumaba: era demasiado.

Una mano amiga del cielo

Poco después, una mañana, Laurence se emborracha de nuevo, se calza las zapatillas y se dirige a la estación de metro de Denfert-Rochereau para acabar con todo de una vez por todas. Pero al pasar por la iglesia de Saint-Pierre de Montrouge, en el distrito 14, oye las campanas. La religión no es lo suyo; ya estaba harta de ella en su infancia: misa todos los domingos, bendiciones e imágenes religiosas a raudales, escuelas monásticas... Con tal distancia entre las palabras y los hechos, lo rechazó todo por completo hasta la muerte de su marido. Esta repentina pérdida la acercó a Dios, aunque de una forma bastante vaga.

¿Por qué entró entonces en la iglesia? No lo supo decir. Lo cierto fue que la homilía del sacerdote la impactó: «Huye del libertinaje, el Señor te ha dado un cuerpo, no te pertenece. Debes ponerlo a su servicio». ¿Ese cuerpo que tanto estaba dañando? En el momento de la comunión, avanzó como un autómata y se oyó responder al sacerdote que le ofrecía la hostia sagrada: «Señor, no soy digna de recibirte, pero solo di una palabra y sanaré». Laurence se dirigió a Dios en su corazón: «Escucha, estoy al límite de mis fuerzas, lo he intentado todo, no puedo más, la pelota está en tu tejado».

Permaneció en oración largo rato, conmovida por la belleza de los cantos y aliviada por el entorno. Cuando finalmente decidió irse, sus pensamientos sombríos se habían desvanecido. Volvió a casa, vació todas las botellas restantes por el fregadero y reflexiona en su corazón. «Desde ese día», se maravilló, «no he bebido ni una gota de alcohol».

De adicta a experta en estudios sobre adicciones

Sin embargo, su camino hacia la recuperación duró unos diez años: un psiquiatra especializado en adicciones la ayudó a responder a la pregunta crucial: "¿Por qué bebo?", a verbalizar su sufrimiento enterrado (incluida una violación familiar a los 16 años) y a encontrar la paz. Luego, por lealtad a la memoria de su hermana menor, quien también tuvo problemas con el alcohol y se quitó la vida a los 42 años, Laurence decidió dejar su trabajo para dedicarse por completo a la prevención. Durante los últimos 15 años, lo ha dado todo, viajando por Francia con su frágil figura para concienciar y ofrecer consejos con delicadeza a cualquiera que esté dispuesto a escucharla.

Licenciada en estudios sobre adicciones, es voluntaria en el Hospital Universitario de Grenoble, ha escrito varios libros, fundó la asociación "Enero Seco" para promover el movimiento británico "Enero Seco" en Francia y se pronuncia sobre una amplia gama de temas, todo de forma voluntaria. "Me llevó años apreciar plenamente el regalo que Dios me dio el día que quise morir. Se lo debo mucho, ¿verdad?"

sábado, 7 de febrero de 2026

Steve Botsford se sumergió en el alcohol, las drogas y el rock hasta que clamó a Dios: «El amor de Dios es implacable, paciente y siempre está obrando para nuestro bien, incluso cuando estamos lejos de Él»


Steve Botsford / Foto: Cortesía de Steve Botsford - Aleteia

* El primero de enero de 1990, mientras conducía bajo la influencia del alcohol y otras drogas, el joven Steven fue arrestado, por segunda vez. Sentado en su celda, se entregó a Dios orando de esta manera: «Dios, si estás ahí, te necesito, y te necesito ahora» 

Camino Católico.- Criado en un hogar Protestante, en el sureste de los Estados Unidos, experimentó las adicciones y excesos a los que miles de jóvenes estadounidenses están expuestos en la actualidad. Steve Botsford es Licenciado en Educación Religiosa y Administración de Empresas, y ha trabajo durante 10 años en ministerios juveniles; además, es Vicepresidente de la exitosa editorial católica William H. Sadlier Inc.,. En una entrevista con Ingrid Basaldúa Guzmán Aleteia comparte su camino de conversión desde las drogas hasta el servicio a la Iglesia Católica. 

“En mi deseo de ser amado y aceptado comencé a perseguir a las chicas, beber alcohol y fumar marihuana, y con el tiempo, también cocaína. Al poco tiempo me uní a una banda de rock que me sumergió en una cultura que alimentaba estos deseos, convirtiéndose en actividades habituales en mi vida”, explica Steven.

Una adolescencia complicada y un reencuentro en el dolor

La familia del pequeño Steve atendía el servicio dominical de diferentes iglesias protestantes; sin embargo, se alejó de la fe durante la adolescencia. La contradicción que vio en los jóvenes de la Iglesia, entre el estilo de vida y su compromiso con el Evangelio, repercutió negativamente en su vida espiritual. A pesar de ello, nunca dejó de creer que existía algo -o alguien- más grande que nosotros. 

El primero de enero de 1990, mientras conducía bajo la influencia del alcohol y otras drogas, el joven Steven fue arrestado, por segunda vez. Sentado en su celda, se entregó a Dios orando de esta manera: “Dios, si estás ahí, te necesito, y te necesito ahora”. 

Al poco tiempo, conoció a una chica católica, con la cual se comprometió al año siguiente. En diciembre de 1990, la madre de su prometida le señaló a Steve que, si querían casarse, su matrimonio debería ser ante la Iglesia Católica. Pronto, el joven Botsford estaba preparándose para recibir los sacramentos.

Sin embargo, semanas antes de la boda, la joven rompió el compromiso con Steve argumentando que no estaba lista para casarse. Este rompimiento dejó al joven Botsford devastado, pero su padrino de bodas permaneció cerca de él para rezar juntos. En una de esas ocasiones, le dijo: ”Jesús te sostiene de la mano, déjalo que te guíe”.

“En medio de la confusión de romper el compromiso con el amor de mi vida, Dios estuvo y ha estado haciendo algo muy fuerte en mi vida. Ese fue otro encuentro con Dios que me llevó a mi conversión a la Iglesia Católica”, describe Steve. 

Como nuevo Católico, se sumergió en los estudios bíblicos y la oración carismática para adultos jóvenes, donde se acercó más a Dios a través de las Escrituras, la música y la comunidad. Pronto se había convertido en Ministro de la Juventud: “Quería ayudar a los jóvenes a evitar las trampas de la vida y encontrar el mismo amor que yo encontré en Dios”, reflexiona en retrospectiva.

Después de varios años como Ministro de la Juventud, Steve se casó y tuvo cuatro hijos. Por ese entonces, se unió a la Editorial SADLIER como publicista.

Steve Botsford junto a su familia / Foto: Cortesía de Steve Botsford - Aleteia


Al ser una editorial fundada por inmigrantes irlandeses con el propósito de proveer recursos Católicos en los Estados Unidos, esto le permitió a Steve continuar con su amor por la evangelización y la educación de jóvenes, catequistas y familias. 

Y no sólo eso, SADLIER representa la primera editorial en Estados Unidos y uno de los principales aliados en la evangelización en español en ese país, así lo explica Steve: 

“Apoyar la evangelización en español es esencial porque honra la realidad vivida de una parte amplia, vibrante y profundamente fiel de la Iglesia en los Estados Unidos. El lenguaje es más que un medio de comunicación: es la forma principal en que las personas rezan, aprenden y forman relaciones con Dios y entre sí. Cuando ofrecemos recursos en español, estamos afirmando la dignidad, la cultura y la herencia espiritual de los católicos hispanos y asegurándonos de que puedan acercarse al Evangelio en el idioma de su corazón. Sadlier fue la primera en reconocer esto y la primera en publicar recursos catequéticos bilingües como resultado.” 

El encuentro con la pastoral hispana, fuente de gratitud

En su trabajo en la evangelización a la Comunidad Hispana de los Estados Unidos, Steve ha profundizado en su ministerio y en la comprensión de su fe. La devoción, la centralidad de la familia y los vínculos personales que se viven en la Comunidad Hispana le hacen experimentar una vida de comunidad vibrante. 

“He recibido una enorme gratitud y amor de los líderes y las familias migrantes latinas a quienes he servido. Su aprecio por el acompañamiento —simplemente estar presente, escuchar y apoyarlos— me ha reforzado la idea de que el ministerio, en última instancia, se trata de caminar con las personas. Esto ha fortalecido mi convicción de que cuando honramos la cultura, el idioma y la historia, podemos proclamar mejor el Evangelio de maneras que realmente hablan al corazón”. 

La historia de Steve Botsford, es una historia de amor y redención. Demuestra que cada persona está llamada a algo grande, caminando de la mano de Jesús. El mismo Steve invita a todos aquellos jóvenes que están en un camino como el que experimentó:

“Debemos preguntar con amor y suavidad cómo está su corazón. No de una manera crítica pero de modo que les ayude a reflexionar sobre su anhelo de Dios. Invitándoles a abrirse a la oración. Finalmente recordarles que no tienen que encontrar su camino solos, significa estar dispuestos a que Dios entre en su historia y camine con ellos”. Y cierra de este modo: 

“Mi vida es un testimonio de la verdad de que el amor de Dios es implacable, paciente y siempre está obrando para nuestro bien, incluso cuando estamos lejos de Él”.

lunes, 5 de enero de 2026

Tony y Gerard Ford, padre e hijo, son diáconos permanentes, pero tuvieron que superar la adicción al alcohol y convertirse a Cristo: «Era una basura ¡Mira lo que Dios puede hacer con la basura!»


Nueve hombres fueron ordenados al Orden Sagrado del Diaconado para la Diócesis de Trenton el sábado 15 de noviembre de 2025, durante una solemne liturgia celebrada en la Concatedral de San Roberto Belarmino en Freehold, Nueva Jersey. Entre ellos se encontraba el diácono Gerald “Gez” Ford. Su padre, el diácono Tony Ford, también estuvo presente, sonriendo con orgullo en esta foto junto a su hijo / Foto: Jeffrey Bruno - National Catholic Register

* «Supe con certeza que Dios existía. Sabía con certeza que me amaba, que me creó por amor y que quería que amara a su pueblo. En un momento singular, me invadió una paz que nunca antes había experimentado» dice Gerard 

Camino Católico.-  La Concatedral de San Roberto Belarmino en Freehold, en Nueva Jersey (EE.UU), acogió el pasado 15 de noviembre la ordenación de nueve diáconos permanentes. En un rincón de la iglesia estaba Tony Ford, un padre peculiar que sonreía radiante. Este diácono de 80 años, estaba sentado con su esposa Mary y, a su lado, sus hijos y nietos, que habían llegado a Estados Unidos para la ordenación de su hijo de 59 años, Gerard "Gez" Ford.

Lo singular del caso es que Tony y Gez tuvieron similares caminos de adicción, recuperación y conversión. Durante un tiempo, se habían perdido en la vida pero Dios los curó por caminos separados, y volviendo sus corazones hacia Él.

"El Señor es tan bueno, tan inteligente y tan maravilloso", dice Tony en National Catholic Register.  "Gez tiene la misma edad que yo cuando me ordenaron". Atónito, añade: "Mi familia se había derrumbado. Estaba perdida. Era una basura. ¡Mira lo que Dios puede hacer con la basura!".

El anciano diácono creció en Manchester, Inglaterra, en los años 70. La imagen del Sagrado Corazón colgaba en todos los hogares católicos, todos animaban al Manchester United y no era raro ver niños en un pub. "Éramos católicos cultos", comentó su hijo Gez. "En el Reino Unido, diría que beber también formaba parte de la cultura en aquella época. Veía a los amigos de mi padre bebiendo, fumando, riendo y viendo fútbol. Pensé que me gustaría ser ese tipo de persona".

Cuando tenía menos de 10 años, Gez se emborrachó por primera vez. Poco a poco, se convirtió en una adicción. A los 16, había suspendido la mayoría de sus asignaturas del instituto y bebía casi a diario.

El diácono Gerald “Gez” Ford posa con su familia tras ser ordenado al Orden Sagrado del Diaconado para la Diócesis de Trenton el sábado 15 de noviembre de 2025, durante una liturgia solemne celebrada en la Concatedral de San Roberto Belarmino en Freehold, Nueva Jersey. En la imagen también está su padre, el diácono Tony Ford / Foto: Jeffrey Bruno - National Catholic Register

"Llegaba y esperaba a mi padre", dice Gez. "Estaba borracho. Empezábamos a dar vueltas por la sala: mi madre lloraba; mis dos hermanas estaban nerviosas. El perro aullaba. Y luego nos íbamos a la cama", recuerda. "Al día siguiente, iba al colegio y él a trabajar".

Cuando sus padres le amenazaron con echarlo, "me alegré de irme", dice Gez. Se quedó con unos amigos durante meses y con el tiempo empezó a dormir en las calles de Manchester. A los 17 años, vender drogas era su gran ocupación a tiempo completo.

Tony tenía muchos problemas. "La bebida casi destrozó a nuestra familia, mi matrimonio y todo lo demás. Perdí mi negocio. Perdí la casa y los coches. Me despidieron seis o siete veces. Nuestra hija mayor se fue de casa, y la menor pasaba el menor tiempo posible".


El momento en que el obispo David M. O'Connell impuso las manos al diácono Gerald “Gez” Ford durante el antiguo rito de ordenación y otra imagen de ambos en primer plano / Fotos: Jeffrey Bruno - National Catholic Register

Para la abuela de la familia, todo esto había sido suficiente. Recurrió a Al-Anon, un programa internacional de recuperación para familiares alcohólicos. "Ni siquiera recuerdo haber decidido ir. Fue como si yo misma hubiera perdido el conocimiento", dice Mary. "Recuerdo salir de la reunión y sentir como si me hubieran quitado un yunque de encima. Decidí seguir adelante".

Fue el principio de la curación de la familia. "Un día, se acercó a un hombre que yo conocía. Había logrado la sobriedad y me invitó a una reunión de Alcohólicos Anónimos (AA). Al principio fue lento, pero con el tiempo mi recuperación fue cada vez más profunda. Todavía voy a las reuniones", dice el abuelo.

Aunque nunca dejó de ir a misa totalmente, Tony empezó a volver a Dios. Tras asistir a una conferencia carismática de "Vida en el Espíritu", el Espíritu Santo reavivó su corazón. Finalmente, escuchó la llamada a convertirse en diácono y fue ordenado en julio de 2004. Hoy, su ministerio se centra en la recuperación de adicciones.

"Hubo al menos tres intentos de quitarme la vida. Buscaba un dulce alivio. Fue tan doloroso. Pensaba: 'Si no hay Dios, no tiene sentido. No hay esperanza'. Pero entonces, estaban mis padres...", recuerda.

Gez fue arrestado varias veces. Recuperó la conciencia tras un desmayo en la parte trasera de una furgoneta de la Policía. Sucio y cubierto de sangre, finalmente clamó a Dios. "No sé si existe... pero si existe, me rindo". En un instante, todo cambió.

"Supe con certeza que Dios existía. Sabía con certeza que me amaba, que me creó por amor y que quería que amara a su pueblo. En un momento singular, me invadió una paz que nunca antes había experimentado", confiesa.

Gez no fue a la cárcel esa noche. El policía lo llevó a casa y su madre lo envió a una reunión de Alcohólicos Anónimos. "Me encantaría decir: 'vivimos felices para siempre'. ¡La verdad es que me llevó décadas!", dice.

Se graduó en la Universidad de Manchester. Se unió a los Frailes Franciscanos de la Renovación y se mudó a Estados Unidos. Meses antes de sus votos perpetuos, Gez descubrió que Dios lo llamaba a otro camino. Conoció a su esposa, Nadine, y se casó con ella. Tuvieron tres hijos y, hasta la fecha, nueve nietos.

El diácono Gerald "Gez" Ford bendice a su esposa, Nadine / Foto : Jeffrey Bruno - National Catholic Register

Gez también fundó Tabor House, un hogar para hombres que se recuperan de la adicción a las drogas y al alcohol en Trenton. Durante los últimos 23 años, Tabor House ha ayudado a unos 250 hombres en su recuperación. También fundó Carmel House, un hogar de transición para graduados de Tabor House.

Su mujer, Nadine, fue la primera en discernir el llamado a la vocación. Le hizo la pregunta: "¿Crees que te llama a ser diácono?". Gez respondió: "Rotundamente no". Ante la insistencia de su mujer, él prometió rezar.

Habló con sus padres y ambos le advirtieron de lo difícil que puede ser el diaconado para la vida familiar. "Cuando mi padre entró en la sacristía y empezamos a vestirnos, fue un momento muy profundo para mí. Apenas nos intercambiamos palabras", comenta Gez.

"Miré fuera y vi tantos rostros que habían venido a celebrar la Santa Misa. Tantas relaciones de diferentes orígenes, todas sentadas alrededor de la mesa, todas siendo tocadas de diferentes maneras por la abundante gracia del Señor", añade.

"Mi madre, como esposa y madre de diáconos, y Nadine, como nuera y esposa de un diácono, resplandecían de orgullo". Gez añade: "Pude ver un nuevo amor compartido entre ambas... tanto sacrificio, tanta confianza y fe".

viernes, 19 de diciembre de 2025

Belén Ayuso, cantante católica: «Cantaba reguetón, me sumergí en el sexo, el alcohol, caí en depresión y le clamé a Dios: `Si existes, o me sanas o me llevas contigo; si me sanas, te dedico mi vida y mi voz para siempre’; y Él me sanó»

Belén Ayuso contando su testimonio en 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

* «Yo me siento completamente un milagro, soy testigo de la misericordia tan grande que tiene Dios, porque yo he sido muy perdonada. Dios ha cambiado mi manera de sentir, mi manera de pensar, mi manera de tratar a los demás. Las liberaciones son muy dolorosas, Dios tiene que destruir todo lo que tú eres para convertirte en lo que Él quiere que seas» 

Vídeo del testimonio de Belén Ayuso en el  programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.-  La cantante Belén Ayuso, conocida por su pasado en el reguetón y por su proceso de conversión, ha relatado en 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV un recorrido vital marcado por la oscuridad, la búsqueda y, finalmente, una profunda experiencia de fe. Durante la conversación, la artista murciana ha compartido cómo ha transformado su vida, su música y su relación con Dios tras años de ansiedad, depresión, malas compañías y violencia de género.

Ayuso asegura estar viviendo una etapa completamente renovada. “En mi vida ahora mismo tengo una paz que me da Dios, que me permite hacer todo esto con muchísima ilusión”, ha confesado la artista, subrayando el contraste con su pasado artístico: “Yo vengo del reguetón y mis letras iban en contra de todo lo que dice Dios: apología a las drogas, alcohol, lujuria, todo lo que va en contra de la palabra de Dios.” 

La artista admite que el cambio ha sido tan radical que sólo puede atribuirlo a la acción divina. “Yo me siento completamente un milagro, soy testigo de la misericordia tan grande que tiene Dios, porque yo he sido muy perdonada”.

Preguntada por si en la actualidad encuentra espacios donde expresarse sin ser juzgada, Belén Ayuso reconoce avances, aunque también episodios incómodos: “Tengo espacios donde puedo hablar de mi fe con total libertad, pero hace un par de días, en una televisión nacional, pasé un mal trago que no te puedes imaginar”. 

Aun así, la cantante siente que el clima cultural ha cambiado y que cada vez más artistas hablan de espiritualidad sin complejos. En este sentido, afirma sentirse preparada: “Aunque tenga críticas, aunque muchas personas no lo entiendan, yo me siento muy fuerte y me da muchísima felicidad cantar para Dios”.

Belén Ayuso empezó a cantar reguetón y sumergirse en ambientes no adecuados

Reguetón, malas compañías, depresión y ansiedad 

La cantante ha explicado que empezó en el mundo del reguetón empujada por una adolescencia marcada por la rebeldía: “Yo era una pieza que no te puedes imaginar, me encantaba la fiesta, salir por la noche... Me junté con muy malas compañías, que me incitaban a salir, a beber, lo típico. En ese momento, me sentía muy perdida, con muy malos hábitos, y lo que quería era cantar reggaetón porque lo que me gustaba era bailar y salir de fiesta”. 

Su relación con su familia también se deterioró en esa etapa: “Yo era un toro desbocado, mis padres son muy tradicionales, trabajadores, con bases cristianas, y ver que su hija se tira al reggaetón con ese tipo de letras estaban escandalizados”.

Belén reconoce que “yo en ese momento estaba llena de pecado, llena de mal, en la oscuridad. Siempre digo que el infierno existe porque yo he estado en él. El infierno es un estado físico, mental, psicológico, espiritual, es como sentirte en una cárcel de la cual no puedes salir. Tenía mucha ansiedad, depresión, y estaba medicada: “Las pastillas me relajaban, pero no me daban la paz, sobrevivía”, ha recordado.


Así era la estética de Belén Ayuso antes de convertirse a Cristo

Sexo, alcohol y prácticas esotéricas

Reconoce que “mi espíritu no estaba en sintonía con el Señor, como estoy ahora, que canto para Dios y siento una paz, aunque tenga problemas, porque todos en este mundo tenemos problemas, pero la diferencia es que Dios te da una paz en medio de esos problemas que yo no quiero perderla por nada del mundo. Y le pregunto al Señor: ‘¿por qué me has dejado pasar por todo esto si Tú me amas?’  Y el Espíritu Santo me reveló que Dios me ha permitido pasar por toda esa oscuridad porque sabía perfectamente que el tocar tan bajo me iba a permitir mirarlo, acercarme al Señor, y que ya una vez que yo estuviera en esa presencia de Dios, yo ya nunca querría volver atrás”.

De hecho, “me había adentrado en el en sexo, alcohol... Todo lo que te puedas imaginar. Por eso, siempre digo que las oraciones nunca son en balde. Mi abuela, por ejemplo, rezaba muchísimo por mí en esa época y yo siempre le digo: ‘abuela, gracias a tus oraciones, me encontré con el Señor’.

En esa búsqueda de alivio, Belén Ayuso admite haber entrado en prácticas esotéricas: “Nosotros estamos diseñados para vivir en la presencia de Dios. Muchas veces intentamos llenar ese vacío que solo llena Dios con cosas que si tú estás lejos de Él no son las adecuadas. En mi caso fue con las cartas. Practicaba adivinación a través de cartas, me entró un espíritu de adivinación” relata la artista, precisando que llegó a acertar predicciones a sus amigas. Pero asegura que aquello abrió una puerta peligrosa: “Me empezaron a pasar muchas cosas en casa… caí muy enferma”.

Belén Ayuso sumergida en el esoterismo adivinaba con las cartas del taror

El encuentro con Dios y la sanación

Ese deterioro emocional y espiritual la llevó finalmente a una certeza: “Ni pastillas, ni psicólogos… nada. O acudía al más grande o de ahí no me sacaba nadie”, señala tajante.

Ella admite que “no tengo ni palabras para explicar cómo lo hizo el Señor. Entré en esa depresión tan mala, en esa ansiedad, y me rendí ante el Señor porque yo ya no quería vivir, sobrevía, Siempre he creído en Dios, pero no siempre lo obedecía. Yo estaba muy alejada de Dios. Pensaba que me iba a ir mejor vivir a mi manera. Vivía como si alguien me estuviera asfixiando, así. Todo el día cogiendo aire, muy mala”.

Y llegó el momento crucial: “Un día me rendí ante el Señor y le dije: ‘Señor, si tú existes, que sé que existes, por favor, te lo pido, sáname, porque yo así ya no quiero vivir. O me sanas o me llevas contigo. Yo te prometo que si tú me sanas, Señor, y me quitas toda esta enfermedad, todo este mal, yo te dedico mi vida y mi voz para siempre’. Y Dios me sanó”.

Belén Ayuso cantando a Dios después de que Él la sanara

Maltrato de género manipulando en nombre de Dios

Uno de los testimonios más duros de Belén Ayuso ha sido cuando ha compartido el maltrato que sufrió en una relación. “Ha sido el proceso más complicado y difícil de mi vida, cuando eres una mujer que sufres violencia de género, no quieres contarlo por no hacer sufrir a la familia”. 

La manipulación emocional marcó aquella etapa: “Entré en un bucle, él utilizaba mucho el tema de Dios para manipularme”. En medio de ese aislamiento, su fe se convirtió en refugio: “Una mujer maltratada suele estar muy sola, yo ahí necesité muchísimo del Señor”, apunta.


Belén Ayuso ahora evangeliza con la música y la Palabra de Dios

Tras su proceso de conversión, Ayuso describe una profunda renovación personal: “Dios ha cambiado mi manera de sentir, mi manera de pensar, mi manera de tratar a los demás”.

Pero admite que no fue fácil: “Las liberaciones son muy dolorosas, Dios tiene que destruir todo lo que tú eres para convertirte en lo que Él quiere que seas”. Esta reconstrucción afectó todos los ámbitos de su vida, incluida su relación con sus padres: “Ha cambiado muchísimo, nos ha llenado a todos de luz”, agradece.